Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

enero 25, 2016

Jaroslav Hasek. Las aventuras del buen soldado Svejk.

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Jaroslav Hasek, Las aventuras del buen soldado Svejk
Círculo de lectores, 2008. 790 páginas.
Tit. or. Osudy dobrého vojáka Svejka. Trad. Monika Zgustova.

Con el habitual miedo a enfrentarse a los clásicos encaré la lectura de esta magna obra… y como también es habitual era un miedo infundado. Además de su calidad, es un libro muy divertido.

Publicado por partes nos va narrando la historia del soldado Svejk, del que uno no sabe si es tonto o muy listo, o ambas cosas a la vez. Estalla la primera guerra mundial y comienzan sus desventuras: detenido por infamar al emperador, investigado por su supuesta incapacidad y alistado finalmente. En la guerra será asistente de diversos oficiales y llegará a ir al frente, acompañado siempre por el despropósito.

El autor aprovecha las andanzas de Svejk para criticar duramente la guerra, la burocracia, a los oficiales, el sinsentido de la burocracia… y según parece con nombres y apellidos reales, lo que le debió causar más de un problema. Svejk adereza sus peripecias con una cantidad inagotable de historias de conocidos suyos, que alcanzan cotas de auténtico surrealismo. El humor negro abunda, con anécdotas crudas pero que nos hacen reir. Nunca el horror de una guerra fue descrito con tanta gracia.

No sé si es recomendable leerlo de un tirón. Llegando al final pensaba que el autor había perdido fuelle, pero la escena en la que Svejk recibe consuelo espiritual en la cárcel es de antología. Por desgracia pocas páginas después murió el autor dejando el libro inacabado.

Un libro fascinante. Tiene su entrada en la wikipedia: El buen soldado Svejk y aquí otras reseñas:LAS AVENTURAS DEL BUEN SOLDADO ŠVEJK de Jaroslav Hašek
y Aventuras Svejk

Calificación: Muy bueno

El último recurso de aquellos que no querían ir a la guerra era la prisión militar. Conocí a un profesor que no quería ir a disparar en la artillería porque era matemático, de manera que robó un reloj a un teniente para que lo encerraran en la prisión militar. Lo hizo después de habérselo pensado mucho. La guerra no le atraía ni le entusiasmaba. Disparar contra el enemigo y matar a otros profesores de matemáticas tan desgraciados como él mismo le parecía una bestialidad.
«No quiero que me odien por cometer actos brutales», se dijo, y con toda tranquilidad robó el reloj. Primero, examinaron su estado mental, pero cuando declaró que lo había hecho para enriquecerse lo trasladaron a la prisión militar. Había muchas personas recluidas por robo o estafa.

Los preparativos para las matanzas de gente siempre se han llevado a cabo en nombre de Dios o de algún otro hipotético ser supremo que la humanidad haya engendrado en su imaginación.
Antes de cortar el cuello a un prisionero de guerra, los antiguos fenicios celebraban un solemne rito sagrado de la misma manera que, unos milenios más tarde, lo harían las nuevas generaciones antes de ir a la guerra y matar a sus enemigos a sablazos.
Los antropófagos de las islas de Guinea y de Polinesia, antes de devorar ceremoniosamente a sus prisioneros o a las personas inútiles como los misioneros, los exploradores, los representantes comerciales o los simples curiosos, los ofrecen a sus dioses mientras ejecutan los más variados rituales litúrgicos. Como todavía no les ha llegado la cultura de la casulla, se adornan las nalgas con coronas hechas de vistosas plumas de pájaros selváticos.
Antes de quemar a sus víctimas, la Santa Inquisición celebraba la más solemne de las ceremonias religiosas, es decir, una gran misa cantada.
A la ejecución de un delincuente acude siempre un sacerdote que lo importuna con su presencia. En Prusia, es un pastor el que acompaña al desgraciado hasta el hacha, en Austria un sacerdote católico lo conduce a la horca, en Francia a la guillotina, en España al garrote, en América un pastor lo lleva a la silla eléctrica y en Rusia es un pope barbudo quien acompaña a los revolucionarios.

Por la noche, recibió la visita del piadoso capellán que por la mañana había querido celebrar la misa para los gastadores. Era un fanático que intentaba acercar a Dios a todo el mundo. Como catequista, pretendía desarrollar el sentimiento religioso de los niños a bofetadas. En aquellos días, habían aparecido artículos sobre él en diversas revistas con los títulos «Un catequista salvaje», «Un catequista que endosa bofetadas», etc. El catequista estaba convencido de que el mejor método para que un niño aprendiera la religión era darle una paliza con regularidad.
Cojeaba de un pie, a consecuencia de la visita del padre de un alumno al cual el catequista había dado una buena tunda, porque el alumno manifestaba dudas sobre la Santísima Trinidad. Recibió tres golpes. Uno por el Padre, otro por el Hijo y el tercero por el Espíritu Santo.
Hoy iba a ver a su colega Katz para llevarlo por el buen camino y hablarle al alma. Intentó acercarse a su objetivo con la siguiente observación:
-Me extraña que en su casa no haya ninguna cruz colgada. ¿Dónde reza el breviario? Sus paredes no están decoradas con ninguna estampa. ¿Qué es esto que tiene encima de la cama?
Katz sonrió:
-Susana en el baño, y aquella mujer desnuda de debajo es una amiga suya. A la derecha hay un cuadro japonés que representa el acto sexual de una geisha y un viejo samurai. Es muy original, ¿no cree? El breviario lo tengo en la cocina. SVejk, tráelo y ábrelo por la página tres.
Svejk salió y al cabo de un rato se oyó cómo alguien descorchaba tres botellas de vino.
El capellán piadoso se quedó horrorizado cuando, encima de la mesa, aparecieron tres botellas.
-Es un vino de misa muy ligero, compañero -dijo Katz-, de primera calidad, Riesling. Por lo que se refiere al sabor, se parece al Mosela.
-No beberé -dijo el capellán piadoso obstinadamente-. He venido para apelar a su conciencia.
-Pero entonces se le secará la garganta -dijo Katz-. Beba y yo le escucharé. Soy una persona muy tolerante y estoy abierto incluso a otras opiniones.

Epílogo a la primera parte
Tras concluir la primera parte de Las aventuras del buen soldado Svejk («En la retaguardia»), quiero comunicar que pronto aparecerán dos partes más: «En el frente» y «La paliza gloriosa». También en estos libros los soldados y los ciudadanos hablarán y actuarán tal como lo hacen en la realidad.
La vida no es una escuela de delicadeza y cortesía. Cada uno habla como puede. El doctor Guth habla de una manera diferente a como lo hace el tabernero Palivec que sirve cervezas; además, esta novela no es un manual de comportamiento aristocrático de los salones que enseñe cómo expresarse en la alta sociedad, sino un retablo histórico de una época determinada. Si es preciso utilizar alguna palabrota de uso corriente, no dudo en hacerlo. Expresarlo de otro modo o poner puntos suspensivos lo consideraría la más estúpida de las hipocresías. Las palabrotas se usan hasta en el Parlamento.
Alguien dijo, muy acertadamente, que una persona bien educada puede leerlo todo. Sólo a las personas malpensadas y a las de una vulgaridad refinada, a las que en su hipocresía de baja estofa se lanzan sobre palabras determinadas en lugar de sobre el contenido general, les sorprende lo que es natural. Hace unos cuantos años leí la reseña de una novela en la que el crítico se enojaba ante lo que el autor había escrito: «Se sonó la nariz y al acabar se la limpió». A su parecer, esta manera de escribir era antiestética y nada noble, contraria a lo que la literatura tendría que ofrecer al pueblo.
Ésta es sólo una pequeña muestra del tipo de cabezas de chorlito que nacen bajo la capa del sol.
Los hombres que se sorprenden al leer un exabrupto no son sino unos cobardes, porque lo que les sorprende es la vida real; es precisamente este tipo de gente la que causa peor daño al carácter de una cultura. Esta gente educaría al pueblo como si fuese un grupo de personas hipersensibles, masturba-
dores de una falsa cultura; es el tipo de gente como san Luis, de quien se dice en el libro del monje Eustaquio que, cuando oyó que un hombre soltaba sus ventosidades con mucho ruido estalló en llanto y no se calmó hasta que se puso a rezar.
Este tipo de gente se indigna en público, pero encuentran un placer extraordinario en leer inscripciones groseras en los lavabos.
Si en mi novela he recurrido a unas cuantas palabrotas, ha sido para retratar la manera corriente de hablar.
No podemos pedir al tabernero Palivec que hable tan refinadamente como la señora Laudová, el doctor Guth, la señora Olga Fastrová y toda una serie de personas que, con mucho gusto, convertirían la República Checoslovaca en un gran salón con parqué donde la gente se movería vestida con frac y guantes, donde todos hablarían sofisticadamente y cultivarían la delicadeza de los salones que, en el fondo, disfrazan los peores vicios y extravagancias.

enero 17, 2016

Santiago Fondevola. José Sanchis Sinisterra.

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Santiago Fondevola, José Sanchis Sinistera
Institut del teatre, 1998. 174 páginas.

Libro-entrevista de hace diecisiete años de mi admirado Sanchis Sinisterra, que dudo pueda encontrarse más allá de las bibliotecas. Acompañado de gran cantidad de material gráfico explica las andanzas del teatro fronterizo, las peleas del dramaturgo con unos y otros y hace un repaso de la producción del autor hasta ese momento. Ya había triunfado con ¡Ay, Carmela! pero le quedaba mucho recorrido por delante.

Pequeños placeres para admiradores. No hay reseñas por ninguna parte, tampoco hay nada que explicar: lo mejor es leerlo.

Calificación: Bueno

Extracto:
– Dramatúrgicament no podies dir: «Em quedo amb sis personatges fonamentals.»
– No. A més, jo combregava absolutament amb aquell sentit
assembleari. Crec que abans havia assistit a les assemblees, però sense dir ni ase ni bèstia. A partir d’aquell moment m’hi vaig integrar plenament. Vaig viure d’una manera molt intensa i exaltada aquella possibilitat que la professió es fes càrrec de la política cultural, encara que en principi només fos per a aquell Festival Grec. Hi havia un projecte de continuïtat. Per això per a mi va ser frustrant l’escissió de l’Assemblea.
– Vas participar en la ruptura?
– En aquells debats sí. Vaig participar en la ruptura en la mesura que em vaig decantar per un dels dos bàndols. Ho vaig viure com un fracàs de l’esquerra, que sembla condemnada a dividir-se, a fraccionar-se, als anatemes, tal com ho vivim aquests dies. És una espècie de fatalisme històric. La dreta no es divideix mai, sempre va unida, canvia el que calgui. Reconec que vaig prendre part clarament pel sector més proper al PSUC, al PCC, perquè m’irritaven bastant les posicions, per a mi adolescents i immadures, dels anarcos. Tenien una concepció de l’anarquisme molt còmoda. A mi sempre m’ha interessat la filosofia de l’anarquisme, i de vegades dic si no dec tenir més d’anarquista que de marxista. Em semblava infantil que en nom d’aquell esperit àcrata es justifiqués qualsevol arbitrarietat, qualsevol individualisme, qualsevol posició insolidària. En aquell moment em decantava més a una certa disciplina col·lectiva, en un sentit comunitari.
– La ruptura va significar que els anarcos se n’anessin al Saló Diana i els psu-queros es quedessin en el no-res.
– Ens vam quedar en aquell projecte de muntatge que va ser
Crack, en què em van sol·licitar com a autor. Es va fer un espectacle que es deia Crack, em sembla que coordinat per Jaume Melendres. Frederic Roda fill em va demanar un text. Feia molt que no escrivia, tenia alguns textos empantanegats des de feia anys. Vaig escriure un text breu que es diu La Edad Media va a empezar. Fruit també d’aquella exaltació, o d’aquella obertura envers la política sense traves, va ser un text que vaig començar —que per a mi encara no he acabat—, Terror y misèria en el primer franquismo, del qual vaig escriure diverses escenes. Era un homenatge, era fer l’ullet en complicitat amb Brecht, d’una banda, però al mateix temps era un intent, que es recollia en una espècie de pròleg que vaig escriure per al text, de parlar sobre el perill de l’oblit, de l’amnèsia, ja que ens endinsàvem en un futur resplendent i semblava que calia oblidar el passat. Creia que el teatre tenia entre les seves tasques preservar la memòria. Vaig voler escriure una espècie de quadre, de mosaic, prenent l’estructura de Brecht, d’aspectes molt particulars, molt concrets, del que va ser el terror i la misèria del primer franquisme, prenent records de família, lectures, testimonis que començaven a publicar-se. Recordo els talps, una gent que havia viscut molts anys enterrada, el que passava a les presons. El projecte era molt ampli. Em vaig quedar en quatre o cinc escenes.
– Per què no ho vas acabar?, realment era el moment.
– Potser perquè, davant el fracàs del moviment assembleari i el que va resultar el Crack, vaig decidir fer un cop de cap i fundar, crear, un grup permanent estable, d’investigació i de creació, que és El Teatro Fronterizo.

enero 15, 2016

Gustau Nerín. Blanc bo busca negre pobre.

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Gustau Nerín, Blanc bo busca negre pobre
La Campana, 2011. 258 páginas.

Inmisericorde crítica a la cooperación internacional, las ONG, los voluntarios y todo el entramado del que se nutre. Pese a que en la introdución el autor afirma conocer cooperantes cuya labor es encomiable, en el grueso del libro reparte palos a diestro y siniestro.

Critica desde las motivaciones de quienes van a África a vivir una experiencia hasta las grandes organizaciones que malgastan dinero en grandes fastos mientras hay necesidades por cubrir, hasta a los destinatarios de las ayudas que pasan a un estado de dependencia del grifo internacional.

Las mayores críticas van, sin embargo, a los organismos internacionales que perpetuan una situación injusta a base de créditos que se destinan a gobiernos corruptos que compran material de los países donantes, en muchas ocasiones obsoleto o innecesario. También los países que impiden con sus aranceles que los productos africanos puedan competir en otros mercados en pie de igualdad.

Yo, que en su momento fui parte de alguna ONG y que conozco algo de su funcionamiento interno, puedo dar fe de que muchas cosas de las que aquí se cuentan son ciertas. otras, por lo que he podido hablar con otros cooperantes, también. Sin embargo da la impresión de que nada bueno se saca del trabajo de las ONG y tampoco estoy de acuerdo en ese extremo. Quizás es poco, pero algo se hace. Totalmente de acuerdo en que el enfoque paternalista y condescendiente de la ayuda internacional está equivocado desde la raíz.

Disfruten de lo extractos que pongo al final y opinen por su cuenta. Otras reseñas: Blanc bo busca negre pobre: crítica de la cooperació i les ONG / Gustau Nerín y Blanc bo busca negre pobre.

Calificación: Bueno.

Extractos:
Aquests «cooperants d’estiu» aprofiten «l’experiència» per fer una ràpida immersió en la cultura africana: es vesteixen amb teles virolades, es pentinen amb trenetes, porten polseres de petxines, fan llargues xerrades amb el seu xofer o amb la seva cuinera… Generalment, els africans adpren aquests cooperants, que tenen un fort complex de Pare Noel. Duen motxilles gegantesques carregades de bolígrafs, arracades de plàstic, transistors, condons, samarretes de publicitat i mòbils vells; i durant la seva curta estada reparteixen totes aquestes andròmines a tort i a dret. Quan tornin al seu país, encara enviaran per correu algun regal més.
Alguns d’aquests cooperants durant el temps que són a l’Àfrica pareixen una idea genial per donar continuïtat a les seves il·lusions: uns planegen portar un porc i una truja i muntar una granja on produir embotits, d’altres volen organitzar un curs de brodat per alliberar les dones africanes de l’opressió masclista que pateixen, d’altres pensen fer una reserva per protegir les tortugues marines i evitar que els africans se les fotin per esmorzar… No hi ha perill: generalment aquestes idees, tal com els han arribat, els marxen. Ben aviat hauran oblidat els seus somnis de desenvolupar el continent africà.
La gran majoria d’aquests cooperants amateurs no tornen mai al continent africà. L’estiu següent decideixen que és millor anar-se’n de vacances a un resort del Carib, es casen o s’apunten a un trekking pels Picos de Europa… Però hi ha un nombre estimable de cooperants d’estiu que en la seva breu estada s’enamoren. Descobreixen que la seva mitja taronja en realitat era al Senegal, o al Camerun, o a Cap Verd. Aquests enamorats solen tornar a l’Àfrica, però ja no com a cooperants, sinó com a pretendents o pretendentes. Organitzen una gran festa, com més «tradicional» millor, es casen i s’enduen la seva parella a Europa. Habitualment els seus matrimonis resulten catastròfics, però en uns temps on gairebé tots els matrimonis són desastrosos, això no importa gaire.
Els organismes de cooperació que presumeixen de ser «seriosos» critiquen molt la cooperació amateur, la feina d’aquests cooperants acostuma a ser de poca qualitat, i no té continuïtat. Però els cooperants amateurs sempre estan molt satisfets d’allò que han fet. Han anat a viure una «experiència» i tornen amb ella. Grans quantitats de fotografies els serviran per perllongar-la i continuar amb «l’aventura d’ajudar» des del sofà de casa seva. Alguns tornen tan convençuts que durant aquell mes han conegut l’Àfrica de debò que fins i tot publiquen algun llibre per relatar les seves «increïbles» experiències.
Els cooperants amateurs no es pregunten quin sentit té el projecte en què han col·laborat, ni si serveix mínimament per al desenvolupament. Per ells, el que és realment important és que «cal fer alguna cosa». Qualsevol cosa.

La major part d’aquests crèdits es concedeix de forma molt fosca. La iniciativa sovint no sorgeix dels governs africans ni dels governs europeus, sinó d’algun empresari amb contactes a les administracions del Nord i del Sud. Aquest individu es presenta a algun alt càrrec d’un govern africà i li ofereix la possibilitat de crear alguna infraestructura o d’obrir un negoci al seu país, tot assegurant-li que, en cas que la proposta tiri endavant, hi haurà un crèdit europeu a punt. L’alt funcionari normalment exigeix a l’empresari una bona comissió per defensar aquest projecte davant el seu govern, ja que molts dels seus col·legues també voldran treure’n alguna cosa. A causa d’aquestes cor-rupteles, les obres i serveis contractats amb crèdits FAD es paguen de mitjana entre un 15 i un 50% més cars que el preu de mercat.
A més a més, sovint aquests projectes no encaixen en cap pla de desenvolupament, perquè tan sols responen a interessos empresarials. Amb els FAD es financen des d’hotels de luxe fins a instal·lacions per a empreses pesqueres europees. A vegades amb aquests crèdits s’han pagat vendes d’armes a governs africans, tot i que darrerament això és il·legal. Espanya va vendre camions militars Pegaso a la dictadura de Siad Barre; ho van disfressar comptabilitzant-los com a «material per al transport terrestre». Angola, en plena guerra civil, va rebre avions i vehicles militars espanyols mitjançant aquests préstecs. Hi ha països que encara avui dia estan pagant els interessos d’aquests crèdits per a armament.
El Govern espanyol, no obstant, no en tenia prou amb els FAD i va inventar un mecanisme similar, el Fons d’Internacionalització de l’Empresa, que es comptabilitza parcialment com a ajuda oficial al desenvolupament. D’aquesta forma el Govern tracta de satisfer els seus empresaris, i alhora vol convèncer els seus electors que destina el 0,7% del PIB a ajudar el Tercer Món.

A més a més, durant molt de temps els estats europeus han explotat els països africans mitjançant el deute extern. Europa ha tret molt més de l’Àfrica, amb els interessos del deute, que el que ha donat en cooperació. En molts casos els préstecs internacionals van servir per finançar projectes sense cap viabilitat o van anar a parar, directament, a les butxaques de dirigents corruptes. Els que deixaven els diners sabien perfectament que es malversaven. Més endavant, els països africans es van veure obligats a demanar nous préstecs per pagar els interessos dels anteriors. Molts estats destinen més diners al servei del deute que al Ministeri d’Educació. El Fons Monetari Internacional pressiona contínuament la República Democràtica del Congo perquè pagui els interessos dels deutes contrets per Mobutu, tot i que és conscient que quan es van donar aquests crèdits se sabia perfectament que serien desviats pel dictador… Ho deien els mateixos informes de l’FMI.

A l’Àfrica, les polítiques sanitàries, educatives, econòmiques, industrials i agràries estan més condicionades pels dictàmens de la cooperació que per la voluntat de les pròpies poblacions. Els occidentals ho decideixen tot i els africans són espectadors passius. Això sí, una de les bases del desenvolupament, segons els teòrics del tema, és la «participació» de les poblacions. Però aquesta «participació» mai no passa per la presa de decisions: es «participa» en el que han decidit els altres. D’aquesta forma, la cooperació esdevé una eina d’autoritarisme incomparable: la sobirania popular ha estat usurpada pels organismes d’ajuda al desenvolupament, que amb el pretext d’orientar els governs sobre decisions «tècniques» assumeixen bona part de les decisions polítiques. Es reclama que hi hagi democràcia a l’Àfrica, però no es deixa que les poblacions dels països d’aquest continent triïn les polítiques que vulguin.

Els projectes de cooperació responen a un missatge de fons: si l’Àfrica no funciona és perquè està mal organitzada. El que caldria, doncs, no és modificar les relacions internacionals, sinó modificar la forma de ser dels africans. A molts cooperants els encanta l’Àfrica, però es passen el dia intentant canviar els africans. En aquesta línia acostumen a ser molt útils els antropòlegs, especialistes en l’estudi de les «tradicions». Els organismes de cooperació els contracten sovint perquè dissenyin estratègies per combatre els «costums perversos» dels africans i per cercar estratègies perquè acceptin els projectes de cooperació. En canvi no hi ha cap organisme d’ajuda que financi cap antropòleg per estudiar, en el seu si, el paternalisme, la prepotència, el papanatisme o la corrupció. Deu ser que no ho consideren «costums perversos».
Captaires bojos o bojos captaires?

Als relats de viatges sovint se’ns dóna la imatge d’una Àfrica plena de captaires que assalten el turista tan aviat com arriba. Això és cert en algunes zones del continent; no recomano a cap blanc passejar-se pel centre de la ciutat de Niamey: el seguiran desenes de petits pòtols sol·licitant-li diners o algun obsequi al crit repetitiu de «cadeau, cadeau, cadeau»… Però, en canvi, a d’altres bandes, com al Gabon o al sud del Camerun, pràcticament no hi ha captaires. Tan sols pidolen els bojos, que circulen nus pel carrer. De fet, en llengua fang es fa servir un mateix terme, nkukuannem (malalt del cor), per designar un captaire i un boig. Els veïns, de tant en tant, donen als bojos del barri un plat de menjar, una mica de cervesa o alguns cigarrets. Els que no estan bojos no pidolen, perquè per pobres que siguin sempre tenen algun parent que els acull i els dóna llit i menjar. Però que en aquestes societats no hi hagi sense sostre, ningú ho ha valorat mai com una mostra de desenvolupament.

enero 13, 2016

José Ángel Barrueco. Asco.

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José Ángel Barrueco, Asco
Eutelequia, 2011. 172 páginas.

Resumen rápido del libro: Un tío se va de vacaciones a un crucero y lo pasa muy mal porque es un esnob. Valoración aún más rápida: Si ya me importa poco cuando mis suegros me cuentan sus vacaciones (no es verdad, querida suegra, es una licencia estilística), se pueden imaginar lo que me interesa las de este tipo. Absolutamente nada.

Puestos a repartir leña no nos quedemos ahí, porque el estilo es malo con ganas. Es un libro con tantos defectos que no sé ni por donde empezar. El personaje se hace insoportable desde la página uno, y no creo que se efecto intencionado porque parece autobiográfico. El crucero es el mismo en el que viajó Foster Wallace y se abusa de citas de su artículo y de otros autores. Se abusa muchísimo. También nos detalla los menús y las películas que se ofrecían diariamente. No sé si para hacer más largo el libro o para aburrir un poco más.

Todo son quejas. Se encuentra a unos niños jugando al mus y se escandaliza (fragmento al final) porque es un juego poco menos que demoníaco. No debe haber jugado nunca, me parece. Otra: quiere leer un libro y le molesta la gente que juega, la música de los altavoces… Lo entiendo. Hace tiempo yo iba a las discotecas a leer a Schopenhauer y era complicado. Poca luz, música estridente, gente borracha… hasta que un amigo me sugirió que probara a leer en una cafetería ¡menudo cambio!

La única queja que entiendo y comparto es la mala educación de la gente cuando tienes un carrito de bebé. Pero cuando se repite por décima vez también te hartas. Hace poco le comentaba a una amiga sobre Caterva: abre por dónde quieras, todo es bueno. Aquí es al contrario: abre por donde quieras, estará mal escrito. No se salva ni una página.

Este es un libro que no se debería haber publicado nunca. Yo llegué a través de esta elogiosa crítica: Asco, José Angel Barrueco y maldigo al autor de la misma con que sus lecturas de ahora hasta el fin de los tiempos sean de igual calidad que este libro. En esta reseña de Tongoy: “Asco” de Jose Angel Barrueco le meten caña sin medida hasta el punto de decir la siguiente frase:

Leyendo el ensayo de David Foster Wallace inmediatamente antes o inmediatamente después o inmediatamente antes y después de la cosa esta de Barrueco, este medio ensayo medio novela medio artículo periodístico, o leyendo, simplemente, como sea, ambos escritos, no puede hacer uno otra cosa que lamentar la enésima injusticia del día: que siempre se suicide el escritor equivocado.

Esto me sirve para criticar a los dos. En la tormenta son siempre tan buenistas que ponen bien libros infumables. No te vuelves a fiar de sus críticas. Tongoy, por el contrario, se pasa demasiado. Tampoco te lo crees. Ni tanto ni tan calvo, señores.

Valoración: Posiblemente el peor libro que he leído en mucho tiempo.

Porque, para las personas como yo, esto es, las que son felices con un libro en las manos, el silencio de la popa sólo mitigado por las olas y la vista del mar desde la silla o desde la tumbona, esa suma de actividades sobra. O, rectifico, no sobra: viene bien para que los animadores y el personal que trabaja en el barco entretengan a la masa mientras yo me voy a otro lado. Y aquí puedo enumerar una lista de las cosas que no me gustan o que no quise hacer a bordo:
No me conecté a internet porque una hora de conexión costaba veinte euros y porque quería vivir una semana sin ver la pantalla de un ordenador.
No pasaba en la discoteca más tiempo del que se necesita para beber un mojito porque ya no voy a las discotecas.
No iba a los bares porque las bebidas no incorporaban el Todo Incluido.
No me bañaba en la piscina ni en los jacuzzis porque detesto meterme en el agua con tanta gente.
No tomaba el sol porque odio hacerlo y mi dermatólogo lo desaconseja.
No iba al gimnasio porque te cobraban por ello y no me agrada el deporte.
No me involucraba en las actividades festivas, los concursos, las clases de relajación y demás espectáculos porque no soy sociable.
No compraba en las tiendas de impuestos libres porque yo sólo compro libros.
No iba a la biblioteca porque prefería leer en el exterior, mirando hacia el mar.
No jugaba en el casino porque no me gusta apostar ni tengo dinero para ello.
No me dedicaba a ver películas en la tele’porque eso sería como estar en casa.
Y alguien me hará dos preguntas, entonces:
¿Qué cojones hacías allí?
¿Y por qué fuiste?
Las respuestas son sencillas: fui porque quería conocer mundo, porque necesito viajar; y lo que hacía allí era leer, conversar con la familia, ponerme a la sombra, beber cervezas, observar a la gente y extraer conclusiones de sus conductas, mirar hacia el agua y hacia el cielo sin pensar en nada, o a veces sólo pensando en cómo sería caerse al mar y ahogarse.
Bien, ya lo has adivinado: yo era el pasajero más raro.
Aquella mañana me desperté descansado aunque habíamos dormido muy poco. En realidad, desde que pisamos el barco creo que nunca llegué a dormir más de seis horas. El aire acondicionado del techo, una brisa ligera pero efectiva, ayudaba a dormirse. Por las mañanas, tras el aseo, me fascinaba correr las cortinas y salir al balcón a ver el mar. La visión relaja a cualquiera. Uno se asoma y no ve personas: los únicos síntomas de vida comparecen cuando se divisa algún carguero en alta mar o varios barcos y lanchas cuando te aproximas a un puerto.
Desayunamos pronto porque ese día estaba programado el Ejercicio de Emergencia General para Pasajeros a las 11:00 horas. Si el ejercicio comienza a las 11:00 de la mañana, eso quiere decir que deberías estar listo y atento un rato antes. Pongamos a las 10:30, por si acaso: para que te sobre tiempo entre el desayuno y el simulacro. Pero antes debes desayunar, y eso dura bastante si lo haces en familia. Y antes debes ir a la zona del bufet, y antes deberías ducharte. De modo que terminas desayunando en torno a las 9:00 o 9:30 y te levantas a las 8:00, dependiendo del día (da igual que te hayas acostado tarde la noche previa).
Hablaré más tarde del bufet libre del Windsurf Café de la cubierta 11, donde anuncian «Café, Zumos y Bollería» pero ofrecen variados platos.


¿A qué jugáis, chavales?, preguntó uno de nosotros.
Ninguno de los muchachos respondió, estaban jugando muy erguidos y muy dignos, y nunca supimos si no habían oído la pregunta o es que eran ya muy estirados y muy cretinos (como muchos de sus padres), tal vez no hicieron caso o se hicieron los sordos al oír la palabra «chavales».
Los cabrones están jugando al mus, observó entonces quien había preguntado.
En efecto: aquellos pequeños cabrones no jugaban a los juegos de naipes que a uno le enseñan o le permiten aprender cuando es niño, la brisca o la escoba, sino que jugaban al mus, un juego más propio de adultos en el que se hacen muecas y guiños y engaños y se suele apostar cierta cantidad de dinero o de legumbres.
No sé si los padres son cada vez más permisivos o si son totalmente pasivos. No sé si son capaces de permitírselo todo a sus hijos o si les da igual lo que sus hijos hagan.

enero 11, 2016

Alejandro Ambrad Chalela. La estrategia del delfín.

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Alejandro Ambrad Chalela, La estrategia del delfín

Andar de emprendedor por la vida te expone a lecturas poco recomendables. Coachings, managements y movidas varias que te hacen reconsiderar la posición de la humanidad en el mundo. Algun libro se deja leer, pero hay otros con calidad inferior a los libros de colorear de mis chiquillos. Éste es uno de ellos.

El prólogo de Alex Rovira ya me tendría que haber puesto sobre aviso. Aquel infumable Laberinto de la felicidad todavía hace que me despierte por las noches bañado en sudor frío. Si el laberinto era autoayuda de la peor en este encontramos liderazgo de bolsillo.

Todo el libro se resume en lo siguiente:

En resumen:
O El adiestrador quiere que el delfín haga un truco.
O El delfín quiere que el adiestrador le dé el pescado.
O El delfín prefiere no tener que hacer el truco para obtener el pescado porque sabe que de esta forma mantiene e incluso puede incrementar su poder de manipulación o porque el pescado no le interesa lo suficiente.
O El adiestrador tiene la opción de dar o no el pescado al delfín; sin embargo muchas veces el delfín se sale con la suya, pues logra quitarle el pescado sin hacer bien el truco.
O Al adiestrador no le importa acabar dando el pescado si el delfín ejecuta correctamente el truco; es más, en caso de no darlo, acabaría convirtiéndose en delfín.

Según el autor en cada negociación hay un entrenador y un delfín, alguien que quiere que hagas algo y otro que no quiere o quiere obtener algo a cambio. Chispón. No busquen más. El libro está con letra gorda y sobran páginas. Ni rastro de cómo actuar en cada caso o estrategias a utilizar si eres entrenador o delfín. Se incluyen unos ejemplos sacados de la ficción que me resultaron incluso contraproducentes.

Lo único bueno su brevedad, pero expandir el bloque que les cito hasta alcanzar el tamaño de un libro les orienta acerca de su enjundia. No he sido capaz de encontrar ninguna reseña en la red, y no me extraña.

Calificación: Malo.

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