Grupo Editorial AJEC, 2008. 245 páginas.
Tit. Or. The steampunk trilogy. Trad. Teresa Ponce.

La nueva ciencia ficción
Comprar un libro sin referencias, porque te llama la atención la portada y porque te quema el dinero en el bolsillo, es un riesgo. Lo normal es encontrarse una decepción pero si aciertas, como es esta ocasión, el placer es doble.
La trilogÃa se compone de tres novelas cortas independientes pero que transcurren en el mismo ambiente: un siglo XIX con personajes históricos pero dónde las cosas han ocurrido de una manera muy diferente. En Victoria la reina ha desaparecido y un original cientÃfico capaz de hacer salamandras casi humanas y de aplicar la energÃa atómica a las locomotoras de vapor se encargará de buscarla. Hotentotes está protagonizada por Louis Agassiz y también es una búsqueda, pero de un fetiche con poderes sobrenaturales y de una naturaleza muy pintoresca. Por el camino se encontrarán a unos personajes totalmente desquiciados que también andan detrás del poder del talismán y acabarán encontrarse con el horror de horrores. En el tercero Emily Dickinson y Walt Whitman se verán embarcados en una extraña expedición al más allá de la mano de una medium.
La estructura en tres partes me ha recordado a El mapa del tiempo y el estilo a La verdadera guerra de los mundos. Son libros de ciencia ficción diferentes, de mucha calidad, llenos de referencias, bien escritos y que son un verdadero placer leer. Victoria es una novela normalita, pero Hotentotes está repleta de humor satÃrico y ácido y Walt y Emily es un tour de force narrativo para paladear despacio, dónde es difÃcil saber qué es parodia y qué homenaje. Al final reproduzco unos fragmentos de esta última historia; la descripción del acto sexual entre los dos poetas es para enmarcarla.
Una verdadera delicia.
Extracto:[-]
—¿Qué sabes del Movimiento Espiritista, Emily?
Con orgulloso desprecio creciendo en su pecho, Emily respondió:
—Sólo sé una cosa, después de leer claramente lo que a menudo estaba escrito entre lÃneas en la prensa sensacionalista: que hace doce años, dos jóvenes hermanas descerebradas (de apellido Fox y entonces residentes en Rochester, Nueva York) decidieron gastar una broma a sus padres, una broma que ascendió rápidamente a una farsa que ni remotamente se hubieran podido imaginar. Mediante golpeteos ocultos y otros trucos, insinuaron que estaban en contacto con el llamado «mundo de los espÃritus», engañando fácilmente a su crédula madre y a su hermana mayor, quien se erigió como su representante en seguida. De unos inicios tan humildes, han pasado a hacer una fortuna convirtiéndose en charlatanas comunes, timando a miles de almas afligidas y pobres con trucos sencillos que ya eran viejos cuando nació Cagliostro y provocando la misma conducta en millones de personas por todo el globo.
La cara de Austin de ojos rojos mostró un semblante sombrÃo.
—Pareces terriblemente segura de la falsedad y la avaricia de las hermanas Fox y, por extensión, de todos los demás médiums. CreÃa que, de toda la gente, tú apoyarÃas la apertura de este tipo de diálogo entre este mundo y el siguiente. ¿Cómo puedes estar segura de que no hay nada de verdad en sus afirmaciones?
—¿Cómo podrÃa pensar de otra manera, teniendo en cuenta los mensajes pueriles y ultramundanos que transmiten tales «médiums»? Obviamente, su origen está en la imaginación insÃpida del propio estafador. Caray, sà fuera a creer por un minuto que la gloria indescriptible del siguiente mundo estuviera en semejantes declaraciones como «Madre, no llores por tu hijo, aquà en el otro lado todo está lleno de regalices y piruletas de menta», entonces tendrÃa que… bueno, no sé qué harÃa. ¡Desde luego suicidarme no, no vaya a acabar antes de lo necesario entre esos espÃritus ñoños!
[--]
—Sé todo lo que va a decir, querida Emily. Tenga por seguro que yo también he pensado en la muerte largo y tendido. Tan glorioso como es nacer, sé que igual de glorioso es morir. Pues de no ser por la muerte —y sin duda es falso hablar siquiera de las dos por separado— la vida misma no tendrÃa sentido. SÃ, he oÃdo susurros de muerte celestial toda mi vida, en la voz de las olas sobré la orilla y en el canto quejumbroso de las aves marinas. Pero a diferencia de usted, yo no anhelo la muerte, ni le doy más de lo que se merece. Estoy demasiado ocupado viviendo, demasiado ocupado dando placer a todos mis sentidos, para concederle a la muerte algo más que un saludo al pasar. ¡Mientras que usted, querida Emily, parece más decidida a abrazarse a la Muerte como a un amante!
[--]
—¡Oh, Walt, me alegro tanto por usted!
Walt trasladó las manos a la cintura de Emily.
—PermÃtame compartir mi alegrÃa y mi fuerza renovadas, Emily.
Y entonces le besó.
George Gould le habÃa besado una vez. Pero eso habÃa sido hacÃa años. Y habÃa sido un joven de cara suave, ¡no un hombre viril y con barba!
Walt se separó y susurró:
—¡Tú, tacto villano! ¿Qué estás haciendo? ¡Mi aliento está preso en su garganta! ¡Abre tus compuertas! Eres demasiado para mÃ. Mis sentidos han desertado de sus puestos…
—Los mÃos también… —dijo Emily.
Y se tumbó sobre el césped arrastrando a Walt con ella.
Las manos de Walt estaban muy atareadas bajo la ropa de Emily.
—Impulso, impulso e impulso, siempre el impulso procreador del mundo. De la penumbra, avanzan iguales opuestos. Siempre sustancia y aumento, siempre sexo. Siempre un entramado de identidad, siempre un brote de vida. Cultos e incultos sienten que asà es. Es inútil explicarlo…
—¡Pues no lo hagas! —susurró Emily.
Walt estaba ya encima de ella, con las manos enterradas en el cuello de su blusa y su peso, como el tronco de un árbol, separándole las piernas. PodÃa oler el fragante herbaje de su pecho.
Emily le agarraba fuerte, con la boca contra su oreja.
—¡Mi rÃo corre a ti, mar azul! ¿Me recibirás? Mi rÃo espera respuesta, oh mar —ten compasión. Te llevaré arroyos de perdidos recodos. Dime, mar —tómame
Walt dijo:
—Ma femme —después presionó con fuerza lenta y ruda contra ella.
Emily derramó una lágrima, y se mordió el labio.
En el cielo, una nube sangró alizarina.
Walt se movÃa despacio.
—Bajamar aguijoneada por el flujo, y flujo aguijoneado por la bajamar. Carne de amor hinchándose y ardiendo deliciosamente en deseos. LÃmpidos chorros de amor ilimitados, calientes y enormes. Trémula jalea de amor, zumo espumoso y delirante. Noche nupcial de amor abriéndose camino con certeza y suavidad hacia el amanecer postrado, ondulándose hacia el dÃa que cede complaciente. ¡Estoy perdido en el abismo del dÃa que con su dulce carne me estrecha!
—¡SÃ, Walt, yo soy el dÃa, y tú eres mi noche!
—¡Y aquà llega el alba!
Walt lanzó un alarido bárbaro, y se dejó caer sobre ella, eclipsando el cielo.