Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

junio 22, 2015

Gracias por los cuentos

Filed under: Audiovisual — Palimp @ 9:36 am
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Hay una página que recopila retablos de agradecimiento: Retablos. No sabía que esta tradición existiera, es algo maravilloso. Podemos encontrar de todo: desde el típico agradecimiento por salir bien de una operación hasta el haber obtenido el perdón por una infidelidad. Hay retablos muy bizarros: gente agradeciendo que los ovnis hayan devuelto al ganado, o mujeres satisfechas porque con su bonito cuerpo han encontrado trabajo de prostituta.

El Listo va colgando los que le parecen más interesantes, y a mí me encantó el que aquí les traigo. Tiene el siguiente texto:

Rosita Martínez agradece al sagrado corazón porque desde que ella empezó a leer cuentos de hadas, tiene maravillosos sueños, y ahora quiere ser escritora cuando sea mayor y escribir muchos cuentos de unicornios, sirenas y dragones etc.

retablo

Me da la impresión de que cuenta una verdad muy grande sobre la literatura.

Enlaces originales:

El listo

Retablos

abril 20, 2015

11 años ya…

Filed under: Noticias — Palimp @ 1:29 pm
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11Casa

Un poco más y se me pasa el aniversario; es lo malo de no cobrar por mantener la bitácora. No tienes fechas de entrega ni obligaciones y siempre hay algo que se cuela por medio.

A lo tonto casi hace un año que no escribo por aquí, las entradas que han ido apareciendo estaban programadas. Supongo que en breve las cosas volverán a la normalidad.

Como siempre dar gracias a los lectores habituales y ocasionales. Sigan atentos; seguiré compartiendo lecturas y recomendaciones.

febrero 17, 2015

Arne Bellstorf. Baby’s in black.

Filed under: Cómic — Palimp @ 7:41 am
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Arne Bellstorf, Baby's in black
Sins entido, 2011. 212 páginas.

No sabía nada ni del autor ni de la historia, pero gracias a su lectura me he enterado de que existió un quinto beatle, Stuart Sutcliffe. Amigo de John Lenon era más pintor que músico, pero cuando vendió un cuadro John le convenció para que comprara un bajo y les acompañara en su gira por Hamburgo. A veces tocaba de espaldas para que la gente no viera lo mal que tocaba.

En Hamburgo conoce a la fotógrafa Astrid Kirchherr, que fue la que hizo las primeras fotos profesionales de los Beatles, y que siempre le ha perseguido la anécdota -falsa, según ella- de ser la inventora del corte de pelo del grupo.

Stuart se enamora de Astrid y se queda con ella en Hamburgo, obteniendo una beca en una escuela de diseño y dejando al grupo, quedándose Paul a cargo del bajo. Como pintor prometía mucho pero por desgracia murió un año después de un derrame cerebral.

Esta es, básicamente, la historia que cuenta el cómic. Muy bien contada y dibujada aunque, si se me permite ser un poco gañán, las caras que dibuja Arne me resultan todas iguales y me era difícil distinguir quién era quién.

Instructivo. Más reseñas: Baby’s in Black (Sins Entido) Una novela gráfica desvela la historia de un quinto ‘beatle’ y “Baby’s in black”, el romance de Astrid Kirchherr y el quinto Beatle (con entrevista).

Califiación: Bueno.

Arne Bellstorf, Baby's in black_

febrero 16, 2015

Alison Bechdel. ¿Eres mi madre?

Filed under: Cómic — Palimp @ 7:22 am
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Alison Bechdel, Eres mi madre

Tenía muchas ganas de leer a esta autora y he empezado al revés, lo que no siempre está mal. Tras el éxito que tuvo con Fun Home. Una familia tragicómica, centrada en la figura de su padre, en este libro explora la relación con su madre con el telón de sus sesiones psicoanalíticas de fondo, sus miedos e inseguridades y sus sueños.

Los que me conocen saben que abomino del psicoanálisis y alrededores, así que cada vez que salía a escena Winicott se me ponían los pelos de punta, y sigo pensando que la terapia psicoanalítica es pura palabrería que no conduce a nada.

Pero sí que a veces da fruto en el terreno de la creación, y este cómic es un buen ejemplo. Me ha gustado como presenta la relación con su madre y su formato de autobiografía muy introspectiva. A pesar del psicoanálisis.

Más reseñas: Alison Bechdel: ¿Eres mi madre? y ¿Eres mi madre?, de Alison Bechdel .

Bechdel

febrero 13, 2015

Javier Sáez de Ibarra. Bulevar.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 7:26 am
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Javier Sáez de Ibarra, Bulevar
Páginas de espuma, 2013. 242 páginas.

No sé a quién oí comentar que de tanto leer ya no había nada que le sorprendiera. Que ya se conocía todos los esquemas y todo lo tenía visto, que la ficción ya no le llenaba. Desde entonces vivo con miedo de que me pase lo mismo. Cuando enlazo dos o tres malas lecturas, cosas sin gracia, pienso ‘ya está, ya me ha pasado’. Pero luego aparecen libros como éste o el siguiente que he leído y respiro aliviado. Hay muy buenos relatos en esta lista:

Defensa
Permiso
No se acaba nunca
Sacar al perro
Manda aquí
El señor Remáser
Fuerza
Hermanos
Una historia reciente
Enciclopedia occidental
Actividades de refuerzo
Ya lo entenderás
La reina
La inocencia
Bulevar
Recordatorio
Termina primero
Contarlo

Yo siempre había hecho una clasificación un tanto artificial pero que también había escuchado en algún sitio. Un cuento es una narración breve con su inicio, nudo y desenlace (muchas veces con sorpresa). Un relato es un fragmento de vida, un paisaje, una viñeta. Lo que no imaginaba es que hay textos, como estos de javier, que son ambas cosas. Son un fragmento, una ventana por donde vemos a unos personajes. Y, aunque no hay resolución, uno se la imagina. Intuímos que hay un desenlace, que el autor no nos cuenta.

Se juega además con diferentes estilos, desde cambios de lenguaje y pies de página en Manda aquí, hasta la comparación de un libro de texto en diferentes años de Una historia reciente. Mis preferidos son más clásicos: La anécdota de Fuerza o las relaciones familiares de El señor Remáser y Hermanos.

Me ha gustado mucho. Más reseñas aquí: Javier Sáez de Ibarra y su “Bulevar” , Bulevar, de Javier Sáez de Ibarra y Bulevar, de Javier Sáez de Ibarra .

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
-Conque dos hijos -dijo de pronto Esteban-. Lo felicito. -Gracias -le contestó Remáser. -Tiene suerte con ellos. Cuando se pierde a la mujer, sólo queda ese consuelo de los hijos. ¿Sabe?, yo no tuve, y eso que me casé tres veces. Quise cuidar al chaval de mi última mujer; pero no conseguí que hiciéramos migas. Además, tenía a su padre en contra… No pudo ser y decidí no preocuparme más. Soy de los que piensa que contra lo imposible es mejor no pelearse.
En aquel momento sonaba otro blues; la charla de Esteban impedía el efecto de la vez anterior.
-El mayor se parece a usted -continuó-: serio, responsable, un buen chico. Imagino que el otro saldría a su señora. ¿Lo molesto? -preguntó. La ausencia de respuesta podía significar cualquier cosa-. Suele ocurrir, es como un reparto de la naturaleza para que los padres no discutan. Así cada uno tiene su espejo… La gente se lleva mejor con el más distinto. Yo, si hubiera tenido un hijo, habría preferido que no se me pareciera…
Esteban se volvió hacia el señor Remáser, distinguía su perfil un poco de soslayo, no podía saber la repercusión de sus palabras.
-Apuesto a que Pablo es más nervioso que el otro, más independiente. Aunque no haya venido, se nota que usted lo quiere mucho. Está orgulloso de él -dijo. Esteban calló de pronto. La última canción siguió sonando todavía un rato. Un hombre que viajó en largos trenes por la llanura recordaba el color de las trenzas de una muchacha. Aunque quería volver con ella, no podía, le faltaban dos dólares… en torno a esos dos dólares avanzaban las estrofas. Al ter-

minar, se hizo el silencio sobre el que pasó como la huella de una copia fallida.
Al día siguiente, entró en la habitación un hombre viejo de mediana estatura, conservaba algo de pelo sobre las orejas y el cogote, llevaba unas gafas pasadas de moda. Su traje negro y el alzacuellos lo identificaron. Saludó a Esteban, le tendió las manos a su viejo amigo. El cura actuaba con determinación, o se diría con un exceso de energía del que quisiera librarse. Enseguida arrimó la butaca a la cama de Remáser y se puso a hablar con él en voz baja. Esteban lo veía de espaldas.
Oyó la risa breve del sacerdote; se referían a terceras personas y bromeaban. Luego cambiaron el tono; ya sólo entendía palabras sueltas como «hijo», «alma», «Dios». El señor Remáser le respondía con susurros. Esteban se quedó mirando al techo.
El sacerdote hizo un brusco movimiento para sacar de entre sus ropas una banda de tela que se echó al cuello. El gesto atrajo la curiosidad de Esteban. Entendió que Remáser iba a confesarse; entonces se levantó y fue al baño. Orinó, se aseó con calma y dejó pasar el tiempo que consideró necesario para aquellos casos.
Al salir, ya habían terminado. Con el chirrido de la puerta el sacerdote se volvió.
-Tengo la estola puesta. Si quiere puedo confesarle
-dijo.
-No, no, padre; gracias -le contestó Esteban, y empezó a acostarse-. Tengo muchos pecados.
-Por eso mismo, entonces -propuso el cura sonriente.
-Pero no se deben contar -concluyó Esteban.

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