Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

septiembre 1, 2014

Enrique Jardiel Poncela. La tournée de Dios.

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Enrique Jardiel Poncela, La tournée de Dios
Blackie books, 2010. 488 páginas.

Empecé a leer este libro en formato electrónico, pero vista la originalidad compositiva, con señales, gráficos y demás decidí acercarme a la biblitoeca y pedirlo prestado. Por suerte hay una buena edición de Blackie Books que parece que quieren recuperar las obras de Jardiel.

Dios anuncia que va a venir a la tierra. Incredulidad en el mundo que se transforma en admiración al ocurrir un milagro cuando menos curioso. La llegada de Dios trastocará a la humanidad y, de paso, la vida del periodista Federico Orellana y su vida sentimental. Pero Dios no resultará ser lo que la humanidad espera…

El autor escribió esta obra en plena república y no deja de ser sorprendete lo moderna que resulta dado lo que vino después. Pero no gustó en ningún bando; a la gente de izquierdas les rechinaba que se hablara de Dios y a la de derechas les resultaba blasfema. Ninguno de los dos puntos de vista es cierto; Jardiel nos plantea un Dios coherente con la Biblia y por eso decepciona a todo el mundo.

Entre medio grandes dosis de humor, retrato de una época y muchas páginas deliciosas llenas de frescura real (y no como algunos escritores de ahora). Un autor a recuperar.

Otras reseñas: La tournée de Dios – Enrique Jardiel Poncela y La tournée de Dios y una semblanza de Amat: Humorismo Pt. 2: Sí a la violencia (de Jardiel)

Extractos:
* Hipócrates, o Ἱπποκράτης, que de las dos maneras puede escribirse, aunque cuando se escribe de la última manera no lo entiende nadie, nació en la isla de Cos, en 460 y murió en Larissa en 370 (a. de J. C). Ideó la curación de las enfermedades por medio del régimen, novedad que han puesto de moda ahora los médicos de fama, diciendo que es cosa de ellos. (Hipócrates, hombre correcto, no les ha llevado la contraria.) Más tarde, y valiéndose de sus extensos conocimientos, cerebro privilegiado y atenta observación, escribió acerca de las mujeres la frase más feliz que se conoce: «femina est quod estpropter uterum». (Preferimos no traducirla del latín para evitarnos cartas insultantes de las lectoras.)

Animado así, Perico Espasa contó lo sucedido en el salón de actos de ABC el pasado día 4, explicando cómo él personalizaba en aquel momento la prensa de todo el Globo, y cómo se disponía a presentarle el famoso cuestionario, cuyas respuestas exactas debía recoger el taquígrafo que les escuchaba.
—Esto último tiene por objeto —explicó— no confundir tus contestaciones, Señor; porque si el hombre es falible comúnmente, cuando se trata, como en mi caso, de un reportero, resulta más falible todavía…
Dios acentuó otra vez su sonrisa, y perdiendo la mirada en el árido paisaje que corría ante la ventanilla, al fondo del cual
aún se distinguía la cúspide del Cerro de los Ángeles, dejó escapar:
—¡Los reporteros!… ¿Qué vas a mí a decirme, hijo, qué vas a mí a decirme?…
Suspiró.
—He conocido de cerca a los primeros reporteros de la Tierra y no eran superiores a vosotros en exactitud, créeme…
Y, como Perico Espasa, Flagg, Federico y el propio taquígrafo hicieran un gesto común de sorpresa, Dios aclaró acto seguido:
—Al decir que he conocido de cerca a los primeros reporteros de la Tierra, me refiero a los evangelistas…
Y agregó:
—Todos vieron los Hechos de mi Hijo con sus propios ojos. Todos fueron testigos presenciales de la Catástrofe, y, sin embargo, cada cual contó la cosa de un modo diferente… ¡Reporteros, reporteros!… No te avergüences, que sé de sobra lo que es un reportero. Y ahora vamos a ver tu cuestionario…
Había llegado el momento cumbre de la vida de Perico Espasa y, probablemente, de la vida de la Humanidad. El momento en que Dios iba a ser interviuvado sobre problemas que siglos enteros habían dejado en pie y para los que inútilmente se habían ideado respuestas y respuestas…

agosto 29, 2014

Juan Jacinto Muñoz Rengel. El libro de los pequeños milagros.

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Juan Jacinto Muñoz Rengel, El libro de los pequeños milagros
Páginas de espuma, 2013. 134 páginas.

Despues de sus dos últimas novelas (El sueño del otro y El asesino hipocondríaco), Juan Jacinto Muñoz Rengel vuelve al cuento. Cuentos breves e hiperbreves de alta calidad.

Están divididos en tres secciones; Orbi, Orbe y Extramundi. Se puede decir que cada una tiene una temática conductora y el libro entero intenta escapar de ser una mera agrupación de cuentos.

Para puntuar los libros de este estilo tengo mi baremo particular. Cada vez que un cuento me parece lo suficientemente interesante para ser contado doblo la página. El número de dobleces es un buenindicador de la calidad. En este caso los había abundantes. No obstante dejo una muestra al final para que se puedan hacer una idea.

Más reseñas: “El libro de los pequeños milagros”, de Juan Jacinto Muñoz Rengel y El libro de los pequeños milagros, de Juan Jacinto Muñoz Rengel .

Calificación: Muy bueno.

Extractos:
Spoilers

Hacía días que los spoilers sobrevolaban la ciudad. La gente trataba de salir lo menos posible a la calle, y los que no teníamos más remedio que hacerlo nos protegíamos con unos paraguas enormes que vendían en las bocas del metro y en las plazas, reforzados con un revestimiento de caucho.
Aun así, podían alcanzarte en cualquier momento de descuido, golpearte en una rodilla, estrellársete en plena cara. Hubo profesionales de todo tipo, deportistas de élite, músicos, científicos, que abandonaron sus carreras al saber que nunca alcanzarían sus objetivos; los aspirantes de cualquier proceso selectivo se diezmaron; los enfermos de los hospitales perdieron la esperanza; por supuesto, ya nadie hacía cola a la puerta de los cines, y apenas alguien se atrevía a leer en espacios públicos. Eran tiempos confusos. Una tarde, a mi mujer le entró uno por la ventana y supimos que nunca tendríamos el hijo que buscábamos hacía años. A mí, aunque ella no lo sabe, uno de aquellos spoilers me hundió su pico en la espalda, y no he vuelto a ser el mismo desde que sé lo que de verdad nos espera tras la muerte.

Aberraciones
Uno de los fracasos más estrepitosos de la multinacional BioLabs Corporation -después de la creación años atrás del oso polar de color pardo, o de la serpiente con orejas de elefante, que como una pesada mariposa de carne no podía despegarse del suelo- fue sin duda el proyecto del megatauro.
Concebido como un animal de guerra, el megatauro estaba dotado de un esqueleto de adamantio, oculto bajo una tonelada de músculo. Sus brazos podían volcar los más pesados carros de combate, su pecho era una coraza de ligamentos, su cuello un bastión inexpugnable. Sin embargo, cuando la torre de carne apenas llevaba unos meses en el ejército, la casualidad quiso que fuese descubierto su punto más débil. Bastaba recitar algún verso dirigido a la luna, como La luna vino a la fragua con su polisón de nardos, o Luna refulgente, antorcha de la noche, o ¿Qué haces luna, en el cielo? ¿Qué haces silenciosa luna?, para atravesar aquellas capas y más capas de tendones; el poema tocaba al instante su tierno corazón, y la bestia quedaba ovillada en el suelo deshaciéndose en sollozos.

Extraños seres
Había un planeta en el que cuanto más negro y descarnado era un corazón, más finos ropajes, más preciosos tejidos y más suntuosas joyas se utilizaban para ocultarlo.

agosto 27, 2014

Juan Soto Ivars. Ajedrez para un detective novato.

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Juan Soto Ivars, Ajedrez para un detective novato
Algaida, 2013. 374 páginas.

Me gustó mucho la antología Mi madre es un pez, así que busqué algo de los compiladores. Ya he leído Agua dura de Sergi Bellver y ahora le toca a Juan Soto Ivars.

El protagonista se gana mal la vida como negro literario, hasta que en una fiesta con asesinato sorpresa pasa a convertirse en aprendiz del legendario detective Lapiedra. Iniciará un duro aprendizaje que cada día comienza con una partida de ajedrez. Atentados en retretes, estrangulamientos de prostitutas e incluso ninjas son algunos de los peligros a los que se irá enfrentando.

Con este libro me ha pasado una cosa curiosa; a medida que iba pensando cosas el propio libro parecía confirmarlas. Una vez comenzado el aprendizaje del detective en diferentes habilidades pensé que se parecía a Stone Junction (que todavía no he reseñado pero que cuando le toque su momento la pondré a parir). A las pocas páginas aparecía una referencia a esa misma novela (curiosamente en el apartado de como disfrazarse que toman opciones totalmente opuestas). Mediado el libro pensé que el autor lo estaba tomando como una inmensa broma; al poco me encuentro con el manifiesto de la agrupación dignidad del que pueden leer un fragmento al final. Lo que no he entendido es la cita de Knockemstiff, porque nada hay más alejado de tema y estilo de este libro que los cuentos de Donald Ray Pollock. Me ha dado la impresión de que el autor no se toma en serio su libro, y si él no lo hace, mal lo podemos hacer los lectores.

En uno de los poquísimos pies de página en referencia a un chiste malo el protagonista afirma que pedir perdón no es cosa suya, aunque el chiste sí lo es. Así es también el libro; una sucesión de chistes malos por los que no pide perdón. No le he encontrado mucho sentido ni, lo que es peor, la gracia.

Insustancial. Que lo pongan a parir aquí: “Ajedrez para un detective novato” de Juan Soto Ivars es más o menos normal (en esta ocasión tienen razón). En el resto de sitios lo ponen muy bien: Reseña – “Ajedrez para un detective novato” de Juan Soto Ivars y Ajedrez para un detective novato – Juan Soto Ivars , aunque muchos reconocen que la editorial les ha enviado el libro. Es curioso que se destaque su frescura, cuando una de las cosas que menos me ha gustado han sido sus tópicos.

Calificación: Flojillo.

Extracto:
A mí me salvó la vida el cagar, y puesto que a ello se lo debo todo me comprometí a dignificar este asunto tan necesario como el comer, y hoy me complace mucho estar ante ustedes inaugurando esta fundación. Han sido muchos años de trabajo y tremendas batallas y desoladoras cuitas lo que hemos tenido que atravesar. Bien cierto es que empecé yo solo, igual que se caga solo, en esta cruzada por la dignidad y la defensa del zurullo y del asunto de echarlo por el culo, pero también es verdad que no hubiéramos llegado tan lejos de no ser por todos ustedes y algunos que tristemente ya no están.
Hagamos un minuto de silencio por quienes no cagarán más.
Gloria a todos.
Bien. Nuestra fundación nace hoy con el mismo vigor con que asoma del cuerpo humano un recio bastón intestinal. Su misión es defender la deyección humana y dignificarla, en contra de todas las personas que se han mofado de ella, que han hecho bromas a costa de la almorrana o el forúnculo y aun de las barrocas creaciones del intestino grueso. Contra todos aquéllos que, en una sociedad civilizada, se empeñan todavía en hacer chiste de algo tan natural y tan necesario. Lucharemos contra la tradición, contra esa palabra malvada que es «escatolo-
gía», batallaremos todos los sentidos cagones que consideramos esta parte final del proceso nutritivo un asunto de importancia capital para la supervivencia humana.
Todo el mundo sabe cómo fue que me salvé de la muerte, pero es bonito recordarlo. Yo estaba cagando cuando los ladrones entraron en mi vivienda y asesinaron a mi compañera, Isis Velasco, y de no haber estado yo en el cuarto de aseo hubiera corrido la misma suerte. Salí de mi fortaleza después de limpiarme el culo con esmero. Todos sabemos que hasta en la mayor catástrofe conviene observar la higiene del culo, pues si hay que correr será menos fatigoso y si hay que sentarse será más cómodo. Así que me limpié el culo hasta que el papel quedaba blanco después de la pasada y me subí los pantalones y salí. Mi esposa estaba tirada en el suelo. Se habían llevado la televisión de plasma y las joyas que ella guardaba y luego la habían matado. Después de llamar a la ambulancia y la Policía recordé que no había tirado de la cadena. Fui al váter y cuando vi mis zurullos en la taza empecé a
llorar.
Gracias. Gracias, por vuestros aplausos, amigos míos, compañeros. Empecé a llorar de gratitud al ver esa masa vitalista que se apretaba en el cuenquillo de la taza. Esa parte de mí que no sabía de mi pena, que tampoco sabía que me había salvado la vida. Ese objeto inanimado y marrón al que yo le debía tanto. Tiré de la cadena y fue entonces cuando tuve la idea de ayudar al ñordo, pero tardaría algún tiempo en darme cuenta de cuáles eran sus verdaderos problemas.

agosto 25, 2014

Laurence Sterne. Tristram Shandy.

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Laurence Sterne, Tristram Shandy
Cátedra, 2007. 646 páginas.
Tit. or. The life and opinions of Tristram Shandy gentleman. Trad. José Antonio Lópeza de Letona.

Cuando hablé en estas páginas sobre el Quijote ya avisaba de que no se podía decir nada nuevo, este es un caso parecido. Aunque no sea una novela tan conocida mucho se ha hablado sobre sus pirotecnias verbales y su construcción basada en meandros. La pongo bajo la categoría de novela aunque muchos hablan de antinovela.

Bebe principalmente de dos fuentes, el Quijote y Gargantua y Pantagruel y aporta su propio estilo e invenciones. Se puede decir que es una parodia de las típicas novelas de personajes. Uno cree que leerá sobre la vida de Tristram Shandy pero descubre que el protagonista no nace hasta mediada la novela (y después no es que aparezca mucho más). La causa: el autor va acumulando disgresiones que nos apartan del camino principal (que realmente no existe) y así es difícil llegar a cualquier parte.

Es admirable la libertad creadora que derrocha una novela tan antigua, y es que junto a las antes mencionadas acumulan más innovaciones estilísticas que todas las que vendrían después en el XIX, y marcan un camino que no empezó a recorrerse de nuevo hasta el siglo XX. Páginas en blanco o en negro, diagrama de lineas del curso del relato, diferentes tipos de letras, increpación al lector…

Es muy divertida y tiene páginas realmente gloriosas, aunque reconozco que en algunos momentos se me hizo largo y supongo que la traducción tiene algo que ver. Hay otra versión más moderna traducida por Javier Marías, pero como no me fío del autor seguí con esta.

Ojo a los extractos, desde un buen consejo moral:

Esto era tan rigurosamente cierto que una noche, cenando, cuando un moscardón se obstinaba en zumbar en torno a su nariz atormentándolo insistentemente, se limito a decir: ¡Vete! Y cuando después de infinitas tentativas lo cogió le dijo: No te voy a hacer daño, y levantándose de la mesa abrió su mano y lo dejó escapar tras abrir la ventana. Vete, pobre diablo, ¿por qué habría de hacerte daño? Este mundo es lo suficientemente amplio para que quepamos juntos tú y yo.
Solamente tenía yo diez años cuando esto ocurrió; pero fuese porque la cosa en sí concordaba mejor con mi temperamento en aquella edad de compasión en la que por cualquier cosa vibraba toda mi sensibilidad, o fuese en cierto modo por la expresión, por la magia del tono de su voz y la armonía de sus movimientos, atemperados por la conmiseración que tocaron mi corazón; fuese por lo que fuese, lo cierto es que la lección de buena voluntad universal que entonces aprendí de mi tío Toby se quedó para siempre grabada en mi mente. Y aunque no desestimo el bien que me ha hecho la lectura de los literae humaniores en la universidad, ni menospreciaré otras influencias benéficas de una exquisita educación que me han sido dadas tanto en casa como fuera, debo reconocer con frecuencia que la mitad de mi filantropía la debo a aquella impresión accidental.
-> Esto va dedicado a padres y educadores y puede aprovecharles más que un volumen entero sobre la cuestión.

Hasta momentos en los que después de un humor tan moderno que lo podría firmar cualquier cómico moderno se descuelga con una frase de impactante hondura:

Resulta un recurso bastante socorrido en materia de elocuencia (al menos lo era cuando se cultivaba en Atenas y Roma y lo seguirá siendo mientras los oradores usen túnica) no mencionar el nombre de algo cuando uno lo tiene in petto dispuesto siempre para cuando se necesite. Una cicatriz, un hacha, una espadaa, un jubón manchado de sangre, un casco roñoso, libra y media de potasa en una urna, un cacharro de barro de tres peniues con pepinillos en vinagre, pero —sobre todo— un tierno infante principescamente ataviado, son algunos de los objetos que en oratoria pueden sacarse de la túnica como por arte de encantamiento. Bien es verdad que tratándose del niño, si el discurso fuese tan largo como la segunda filípica de Cicerón’, terminaría haciéndose sus necesidades en la túnica del orador, y si es demasiado mayor, puede estorbar al accionar, haciéndole perder por un lado lo que gane por otro. De no ser así, cuando un orador público atina de lleno con la edad oportuna de su bambino ocultándose astutamente bajo su manto y sin que nadie se lo malicie y produciéndose tan críticamente que nadie pueda decir que lo ha colocado de rondón, entonces, ¡señores!, los resultados son maravillosos, las bocas se abrirán de admiración, la persuasión se adueñará de los cerebros y hasta es posible que se conmuevan los principios y se desquicie la política de medio país.
Estas hazañas, sin embargo, sólo son posibles en aquellas profesiones y ocasiones, decía, donde los oradores gastan túnica y más bien larga, hermanos míos en Jesucristo, con unas veinte o veinticinco yardas de buena púrpura y con un forro de paño superfino, comerciable, una túnica provista de amplias vueltas y ondulantes pliegues. Todo ello del mejor corte y estilo que permita dejar bien a las claras —si me permiten vuestras señorías— que la decadencia de la elocuencia y lo poco para lo que sirve, aquí y fuera de aquí, sólo es achacable al uso de levitas cortas y al desuso de las calzas valonas. Ya no podemos esconder nada, señora, que valga la pena enseñar.

En un momento dado afirma tener un texto que no ha incluído porque era demasiado bueno y deslustraría el resto de la obra:

Ocurre que la descripción de este viaje, cuando la revisé, me pareció que era tan superior al estilo y al modo del resto de lo que yo había sido capaz de hacer en este libro, que no podía dejarla sin desmerecer las otras escenas y sin romper, además, ese equilibrio y ese reposado empaque (para bien o para mal) entre capítulo y capítulo, de los que dimanan la armonía y el ritmo de toda la obra. Por mi parte, como no hace mucho que me dedico a esto, no tengo mucha experiencia al respecto, pero estimo que escribir un libro es para todo el mundo algo así como tararear una canción, no hay que perder el tono —señora mía— independientemente de lo alto o bajo que se haga.

Otras reseñas: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne , Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy – Laurence Sterne y Tristam Shandy, o la antinovela.

Calificación: Muy bueno.

Otro extracto sobre la muerte:

—«¿Hubo nunca personaje tan serio en tan vil trabajo?», dijo la muerte. —Te has librado por los pelos Tristram, dijo Eugenius agarrándome de la mano cuando concluí mi historia.
—Pero esto ya no es vivir, Eugenius, le contesté, pues esta bija de puta ya ha descubierto mi paradero.
—Tu calificativo es correcto, dijo Eugenius, pues es a través del pecado cómo, según nos han dicho, la muerte llegó a este mundo. No me importa cómo haya entrado, dije, siempre que no se dé demasiada prisa en sacarme a mí de él, pues aún me quedan cuarenta volúmenes por escribir y cuarenta mil cosas que decir y hacer. Cosas que nadie en el mundo puede decir o hacer por mí excepto tú; y como ves, ella me tiene cogido por el cuello (ya que Eugenius apenas podía oírme hablar desde el otro lado de la mesa) y ya no puedo combatirla en campo abierto con estos pocos arrestos que me quedan y estas patas de araña que tengo (dije agarrándome una de mis piernas y mostrándosela) y que apenas pueden sostenerme. —¿No me traería más cuenta, Eugenius, tratar de huir para salvar mi vida? —Tal creo, dijo Eu-. genius. —Entonces, por Dios, que le voy a proporcionar un baile que ni sospecha, pues voy a galopar, le dije, sin mirar hacia atrás hasta las orillas de Garona, y si oigo que me viene pisando los talones seguiré huyendo hasta el monte Vesubio y desde allí a Joppa1 y desde Joppa al mismísimo fin del mundo donde, si todavía me sigue, rogaré a Dios que se parta la cabeza.
Allí ciertamente ella corre más riesgos que tú, dijo Eugenius.
La agudeza y el afecto de Eugenius devolvieron el calor a las mejillas que la sangre había abandonado durante algunos meses. Fue un duro instante el de la despedida. Me condujo a mi silla de posta. —¡Allons!, dije. El joven postillón hizo restallar su látigo y salimos disparados como por un cañonazo llegando a Dover en seis o siete tumbos.

agosto 22, 2014

Michael Shermer. Por qué creemos en cosas raras.

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Michael Shermer, Por qué creemos en cosas raras
Alba editorial, 2008. 520 páginas.
Tit. Or: Why people believe weird things. Trad. Amado Diéguez.

Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo

Lo primero que tengo que decir es que el título engaña -o al menos, me engañó a mí. Esperaba encontrar un estudio psicológico o antropológico acerca de las razones por las que el ser humano sigue creyendo en cosas con poca o ninguna evidencia y esto sólo aparece en las páginas finales del libro. Sin embargo me ha gustado más lo que me he encontrado que lo que me esperaba encontrar. Michael Shermer es el fundador de la Skeptics Society y en este libro se argumenta con amabilidad y una buena dosis de sentido común la poca fiabilidad de muchas creencias de moda.

La eficacia de la ciencia no requiere demostración. Que ustedes puedan estar leyendo estas líneas es una prueba de ello. Para el autor constituye nuestro bien más preciado. Personalmente no tengo ninguna duda de que vivimos hoy mejor que hace cien años, pero por si algún amante del retorno a la naturaleza discrepa lo que es indudable es que conocemos el universo cada vez mejor. En el libro se pone como ejemplo la precisión de los relojes, que ha tenido un incremento exponencial, pero hay muchos otros (la tasa de supervivencia en un transplante, la velocidad de los ordenadores…).

Pero paradójicamente seguimos creyendo en cosas sobrenaturales que nunca se han confirmado. En la encuesta que aparece en el libro -de 1990- se muestra que un 52% de los estadounidenses creen en la astrología, un 65% en el diluvio universal y un 67% cree haber tenido una experiencia parapsicológica. Aunque hoy los porcentajes son diferentes, la creencia en cosas tales como los mediums, los poderes de las pirámides o el triángulo de las Bermudas siguen gozando de buena salud.

Así que además de cantar sus bondades el autor nos explica las muchas diferencias que hay entre ciencia y pseudociencia. Por ejemplo, a partir de una anécdota no se puede desarrollar una teoría; que alguien se curara del cáncer por comer castañas asadas no las convierten en un tratamiento eficaz. Usar lenguaje científico parece dar enjundia a cualquier afirmación, pero tiene que tener un sentido. Decir que algo ‘equilibra homeostáticamente la energías cuántica de las protomoléculas’ realmente no tiene mucho sentido.

A continuación se dedica a exponer algunas ideas descabelladas que tienen bastante arraigo en la sociedad de los Estados Unidos, y que por suerte aquí no tienen tanta fuerza -y esperemos que no la tengan. Si en la edad media existía la caza de brujas, en pleno siglo XX tenemos la epidemia de recuerdos de abusos sexuales en la infancia, obtenidos bajo hipnosis, y que posteriormente se demostró que eran falsos. Pero para entonces el daño ya estaba hecho.

El grueso de los ataques se dedica al creacionismo, un movimiento con mucha fuerza en los Estados Unidos y que intenta de varias maneras conseguir que en las escuelas se enseñe la versión bíblica de la creación con la misma categoría que la teoría de la evolución. Parece mentira que un país con tantos premios Nobel tenga que pelear para defender la razón y evitar que la religión se cuele en las aulas, pero todos los grandes divulgadores científicos y las figuras señeras del escepticismo han tenido que dedicar mucho tiempo al tema. El autor resume veinticinco argumentos de los creacionistas y da otras tantas respuestas que deberían zanjar la cuestión -pero que no lo harán.

Otra parte importante del libro analiza los negacionistas del holocausto. Estos afirman que el genocidio nazi no existió, y que se trata de una exageración o un mito. Al igual que con los creacionistas parece increíble que haya gente que se dedique a ignorar y falsear los datos objetivos para que encajen con su ideología, pero la gran cantidad de libros que han escrito merece que alguien conteste alguna de sus afirmaciones. Puede parecer que es tarea fácil, pero los negacionistas son gente informada, con muchos datos en la mano, y hay que tener similar información para refutar sus afirmaciones.

La última parte del libro hace honor al título y se dedica a explicar el por qué personas inteligentes pueden llegar a creer en cosas raras. Para el autor, la gente lista cree en cosas raras porque es buena justificando cosas. El proceso vendría a ser que nosotros creemos en algo por razones irracionales, pero las justificamos racionalmente. Cuanto más inteligente, mejor la justificarás. Algo que determinados experimentos parecen corroborar (Ceguera a la elección). Aún estando totalmente de acuerdo con el autor me hubiera gustado encontrar una mayor justificación experimental de sus afirmaciones.

Hay un par de cosas muy destacables en este libro. La primera es que la información es de primera mano. El autor ha entrevistado y hablado con creacionistas, negacionistas y muchas de las personas que aparecen en estas páginas. No hace falta conocer a alguien para refutar sus ideas, pero puede ayudar a entender mejor su postura. La segunda es que en ninguna ocasión ataca a quienes refuta. Discutirá sus ideas con vigor, pero a ellos les dedica epítetos como amable, brillante o experto. Una actitud que da la impresión de que al autor va de buena fe, alejado de rencillas personales y que creo más eficaz para que quienes no compartan sus ideas puedan, por lo menos, escucharlas.

Un libro de lectura muy amena, imprescindible en cualquier biblioteca escéptica.


Extracto:[-]

Otras ideas populares de nuestro tiempo con poco o ningún respaldo científico son el arte de los zahoríes, el Triángulo de las Bermu-das, los duendes, los biorritmos, el creacionismo, la levitación, la psi-coquinesia, la astrologia, los fantasmas, los detectives videntes, los ovnis, la visión remota, las auras de Kirlian, que las plantas tienen emociones, que hay vida después de la muerte, los monstruos, la gra-fología, la criptozoología, la clarividencia, los médiums, el poder de las pirámides, la curación por la fe, el yeti, la prospección paranormal, las casas encantadas, las máquinas en movimiento perpetuo, los lugares con antigravedad y una idea muy divertida: el control de natalidad astrológico. En estos fenómenos no sólo creen un puñado de raros o lunáticos. Han calado en nuestra sociedad mucho más de lo que la mayoría de nosotros pensamos, lo cual es curioso considerando lo lejos que ha llegado la ciencia desde la Edad Media. ¿No deberíamos saber ya que los fantasmas no existen a no ser que las leyes de la ciencia sean defectuosas o incompletas?

El movimiento de recuperación de recuerdos como caza de brujas
Un paralelo espeluznante con las cazas de brujas de la Edad Media es lo que ha llegado a conocerse como «movimiento de recuperación de recuerdos». Los recuerdos recuperados son, presuntamente, recuerdos de abusos sexuales en la infancia que las víctimas han reprimido pero recuerdan décadas después mediante técnicas terapéuticas especiales como preguntas sugestivas, hipnosis, regresión hipnótica, visualización, inyecciones de amital sódico (el suero de la verdad) e interpretación de sueños. Lo que hace que este movimiento se explique como un bucle de retroalimentación es el ritmo cada vez más acelerado de intercambio de información. Normalmente, el terapeuta aconseja a su cliente que lea libros sobre recuperación de recuerdos, vea en vídeo tertulias sobre recuperación de recuerdos y participe en grupos de ayuda junto a otras mujeres que hayan recuperado sus recuerdos. Ausente al principio de la terapia, el recuerdo de haber sido víctima de abusos sexuales en la infancia se crea muy pronto tras aplicar durante semanas y meses técnicas terapéuticas especiales. Y entonces aparecen los nombres: padre, madre, abuelo, tío, hermano, amigos del padre, etcétera. A continuación sigue el careo con los acusados, quienes, inevitablemente, niegan los cargos y ponen fin a su relación con los acusadores. La consecuencia: familias rotas (véase Hochman, 1993).

Y es posible que encontrara su solución tras consultar «Reviewing and Correcting Encyclopedias» [Revisión y corrección de enciclopedias] , del bibliotecario Ray Martin, guía para cristianos sobre la manipulación de libros:
Las enciclopedias constituyen una parte esencial de muchas bibliotecas escolares. [...] representan la filosofía de los humanistas de hoy. Esto resulta obvio por el atrevido despliegue de ilustraciones que acompañan a los textos dedicados a pintura, arte y escultura [...]. Una de las partes que es necesario corregir es la falta de decoro de la desnudez y las posturas. Esto se puede conseguir dibujando ropa sobre las figuras o tachando toda la ilustración con un rotulador mágico. Hay que hacerlo con cuidado o el rotulador mágico se puede borrar del papel satinado que se usa para las enciclopedias. Para que no se borre hay que raspar suavemente con una cuchilla de afeitar hasta que el papel pierda brillo. [...] [En cuanto a la evolución,] cortar las partes [que se dedican a ella] resulta práctico si lo que quitamos no es lo bastante grueso para dañar el lomo del volumen y éste se puede abrir y cerrar normalmente. Cuando las partes que necesitan corrección son demasiado gruesas, hay que pegar las páginas con cuidado de no manchar las secciones del libro que no se quieren corregir. (Christian SchoolBuilder, abril de 1983, pp. 205-207.)

8. En realidad, la teoría de la evolución es, junto con su compañero de cama, el humanismo secular, una religión; por tanto, no es apropiado enseñarla en los colegios.
Calificar de «religión» la ciencia de la biología evolutiva es ampliar la definición de religión hasta tal extremo que el término llega a carecer de sentido. En otras palabras, es como decir que religión es cualquier lente a través de la cual miramos el mundo. La religión tiene que ver con la adoración y la dedicación a Dios o a lo sobrenatural; la ciencia, con los fenómenos físicos. La religión está relacionada con la fe y lo que no se ve; la ciencia se centra en los datos empíricos y en el conocimiento comprobable. La ciencia es un conjunto de métodos diseñados para describir e interpretar fenómenos observados o inferidos del pasado o del presente y tiene como meta la organización de un cuerpo comprobable de conocimientos que se pueden desechar o confirmar. La religión puede ser muchas cosas, pero desde luego no es comprobable ni se pueden encontrar testimonios que la confirmen o la descarten. Por su metodología, la ciencia y la religión son totalmente opuestas.

Los escépticos y los científicos no son inmunes. Martin Gardner -uno de los fundadores del movimiento escéptico moderno y azote de todo tipo de credos raros- se define como teísta filosófico o con un término más amplio: fideísta. Y explica:
El fideísmo alude a la creencia en algo sobre la base de la fe o de las razones emocionales más que intelectuales. Como fideísta, no creo que existan argumentos que demuestren la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Es más, creo que los mejores argumentos están del lado de los ateos. Así que más bien se trata de un caso de fe quijotesca verdaderamente en contra de las pruebas. Si contamos con grandes razones emocionales para la fe metafísica y ni la ciencia ni el razonamiento lógico las contradicen tajantemente, tenemos derecho a un salto de fe si nos proporciona satisfacción suficiente. (1996)
De igual modo, a la frecuente pregunta «¿Cuál es su opinión sobre la vida después de la muerte?», yo suelo dar la siguiente respuesta: «Estoy a favor, naturalmente». El hecho de que yo esté afavorde que haya vida después de la muerte, no significa que la haya. Pero ¿quién no la querría? Y ésa es la cuestión. Es una respuesta muy humana creer en cosas que hacen que nos sintamos mejor.

Sin embargo, en 1977 James McGarry y Benjamín Newberry dieron un interesante giro a estos resultados con un estudio sobre personas que creían firmemente en las experiencias extrasensoriales y en la videncia y las practicaban. Sorprendentemente, este grupo tenía un alto locus de control interno. Los autores proponían la siguiente explicación: «A raíz de estas creencias [percepción extra-sensorial] los problemas de la persona pueden volverse menos difíciles y más solubles, disminuye la probabilidad de sucesos impredeci-bles y se alberga la esperanza de que se puede influir en las decisiones políticas y gubernamentales». Es decir, creer con firmeza en la percepción extrasensorial, lo cual, normalmente, conlleva creer que uno goza de ella, cambia el locus de control, que pasa de ser externo a ser interno.
También el entorno mitiga la influencia del locus de control en las creencias, porque existe una relación entre la incertidumbre de un entorno y el nivel de creencias superticiosas (cuando la incertidumbre crece, también aumenta la creencia en las supersticiones). El antropólogo Bronislaw Malinowski (1954), por ejemplo, descubrió que, cuanto más se internaban en el océano para pescar, los habitantes de las islas Trobriand (junto a las costas de Nueva Guinea) más rituales supersticiosos desarrollaban. En las tranquilas aguas de la laguna interior, los rituales eran muy escasos. En las peligrosas aguas de alta mar, los habitantes de las islas Trobriand también practicaban la magia. Malinowski llegó a la conclusión de que el pensamiento mágico derivaba de las condiciones del entorno, no de estupideces internas: «Vemos magia donde los elementos de azar y accidente, y el juego emocional entre la esperanza y el miedo, tiene un gran alcance. No vemos magia donde la búsqueda es segura, fiable y está bajo el control de métodos racionales y procesos tecnológicos. Además, vemos magia donde el elemento de peligro es conspicuo».

La observación y la predicción estaban vinculadas dentro de un círculo de confirmación mutua en vez de ser independientes la una de la otra, como cabe esperar en lo que es nuestra idea tradicional de prueba experimental». Dicho de otro modo: Eddington encontró lo que estaba buscando. Naturalmente, la ciencia tiene un mecanismo de autocorrección para evitar el prejuicio de la confirmación: otras personas comprueban los resultados de tu experimento o lo repiten. Si los resultados son producto del prejuicio de confirmación, tarde o temprano alguien acabará por pillarte. Es lo que diferencia a la ciencia de otras formas de conocimiento.
Por último, y es lo más importante para lo que aquí nos proponemos, el prejuicio de confirmación opera para confirmar y justificar la creencia en cosas raras. Por ejemplo, los videntes, los echadores de cartas, los quirománticos y los astrólogos dependen del poder del prejuicio de confirmación a la hora de decirles a sus clientes (algunos dirían que son sus «blancos») qué esperar del futuro. Con lecturas de una sola cara (en vez de lecturas de dos caras, en las que es posible más de un resultado), en las que se da importancia a que el suceso ocurra y ninguna a que no ocurra. Pensemos en la numerolo-gía. La búsqueda de relaciones significativas en las diversas cifras y medidas que nos ofrecen casi todos los elementos del mundo (incluidos el propio mundo y también el cosmos) ha conducido a numerosos observadores a encontrar un significado profundo en la relación entre esas cifras y medidas. El proceso es sencillo. Se puede empezar con el número que se está buscando e intentar encontrar alguna relación que concluya en él o en alguno próximo a él. O, lo cual es más frecuente, se les da vueltas a los números y se ve qué sale de los datos que parezca familiar.
La segunda parte del cursillo era práctica. Aprendimos a meditar y luego cantamos un tipo de mantra para centrar nuestras energías. Esto requirió algún tiempo. Jack explicó que algunas personas podían experimentar emociones sorprendentes. A mí no me ocurrió, por mucho que lo intenté, pero a otros sin duda sí. Algunas mujeres se cayeron de la silla y se retorcieron en el suelo, respirando con dificultad y gimiendo en lo que a mí me pareció un estado orgásmico. Estado que algunos hombres alcanzaron también. Para ayudarme a sintonizar con mis chakras, una mujer me llevó a un cuarto de baño con un espejo de pared, cerró la puerta y apagó las luces para intentar enseñarme las auras de energía que rodean nuestros cuerpos. Yo me esforcé cuanto pude, pero no vi nada. Una noche en que íbamos en coche por una tranquila carretera de Ore-gón, la mujer me señaló el arcén, donde, dijo, había pequeñas criaturas luminosas. Pero tampoco pude verlas.
Asistí a otros cuantos seminarios de Jack Schwarz, y puesto que eso sucedió antes de mi conversión al escepticismo, puedo decir que intenté experimentar con toda honradez lo que otros parecían experimentar… y nunca lo conseguí. Considerándolo ahora, creo que el caso es que algunas personas son propensas a la fantasía, otras susceptibles a la sugestión y a la influencia del grupo, y otras, aún que tienen facilidad para entrar en estados alterados de conciencia.

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