Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

febrero 17, 2015

Arne Bellstorf. Baby’s in black.

Filed under: Cómic — Palimp @ 7:41 am
     0votes

Arne Bellstorf, Baby's in black
Sins entido, 2011. 212 páginas.

No sabía nada ni del autor ni de la historia, pero gracias a su lectura me he enterado de que existió un quinto beatle, Stuart Sutcliffe. Amigo de John Lenon era más pintor que músico, pero cuando vendió un cuadro John le convenció para que comprara un bajo y les acompañara en su gira por Hamburgo. A veces tocaba de espaldas para que la gente no viera lo mal que tocaba.

En Hamburgo conoce a la fotógrafa Astrid Kirchherr, que fue la que hizo las primeras fotos profesionales de los Beatles, y que siempre le ha perseguido la anécdota -falsa, según ella- de ser la inventora del corte de pelo del grupo.

Stuart se enamora de Astrid y se queda con ella en Hamburgo, obteniendo una beca en una escuela de diseño y dejando al grupo, quedándose Paul a cargo del bajo. Como pintor prometía mucho pero por desgracia murió un año después de un derrame cerebral.

Esta es, básicamente, la historia que cuenta el cómic. Muy bien contada y dibujada aunque, si se me permite ser un poco gañán, las caras que dibuja Arne me resultan todas iguales y me era difícil distinguir quién era quién.

Instructivo. Más reseñas: Baby’s in Black (Sins Entido) Una novela gráfica desvela la historia de un quinto ‘beatle’ y “Baby’s in black”, el romance de Astrid Kirchherr y el quinto Beatle (con entrevista).

Califiación: Bueno.

Arne Bellstorf, Baby's in black_

febrero 16, 2015

Alison Bechdel. ¿Eres mi madre?

Filed under: Cómic — Palimp @ 7:22 am
     0votes

Alison Bechdel, Eres mi madre

Tenía muchas ganas de leer a esta autora y he empezado al revés, lo que no siempre está mal. Tras el éxito que tuvo con Fun Home. Una familia tragicómica, centrada en la figura de su padre, en este libro explora la relación con su madre con el telón de sus sesiones psicoanalíticas de fondo, sus miedos e inseguridades y sus sueños.

Los que me conocen saben que abomino del psicoanálisis y alrededores, así que cada vez que salía a escena Winicott se me ponían los pelos de punta, y sigo pensando que la terapia psicoanalítica es pura palabrería que no conduce a nada.

Pero sí que a veces da fruto en el terreno de la creación, y este cómic es un buen ejemplo. Me ha gustado como presenta la relación con su madre y su formato de autobiografía muy introspectiva. A pesar del psicoanálisis.

Más reseñas: Alison Bechdel: ¿Eres mi madre? y ¿Eres mi madre?, de Alison Bechdel .

Bechdel

febrero 13, 2015

Javier Sáez de Ibarra. Bulevar.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 7:26 am
     0votes

Javier Sáez de Ibarra, Bulevar
Páginas de espuma, 2013. 242 páginas.

No sé a quién oí comentar que de tanto leer ya no había nada que le sorprendiera. Que ya se conocía todos los esquemas y todo lo tenía visto, que la ficción ya no le llenaba. Desde entonces vivo con miedo de que me pase lo mismo. Cuando enlazo dos o tres malas lecturas, cosas sin gracia, pienso ‘ya está, ya me ha pasado’. Pero luego aparecen libros como éste o el siguiente que he leído y respiro aliviado. Hay muy buenos relatos en esta lista:

Defensa
Permiso
No se acaba nunca
Sacar al perro
Manda aquí
El señor Remáser
Fuerza
Hermanos
Una historia reciente
Enciclopedia occidental
Actividades de refuerzo
Ya lo entenderás
La reina
La inocencia
Bulevar
Recordatorio
Termina primero
Contarlo

Yo siempre había hecho una clasificación un tanto artificial pero que también había escuchado en algún sitio. Un cuento es una narración breve con su inicio, nudo y desenlace (muchas veces con sorpresa). Un relato es un fragmento de vida, un paisaje, una viñeta. Lo que no imaginaba es que hay textos, como estos de javier, que son ambas cosas. Son un fragmento, una ventana por donde vemos a unos personajes. Y, aunque no hay resolución, uno se la imagina. Intuímos que hay un desenlace, que el autor no nos cuenta.

Se juega además con diferentes estilos, desde cambios de lenguaje y pies de página en Manda aquí, hasta la comparación de un libro de texto en diferentes años de Una historia reciente. Mis preferidos son más clásicos: La anécdota de Fuerza o las relaciones familiares de El señor Remáser y Hermanos.

Me ha gustado mucho. Más reseñas aquí: Javier Sáez de Ibarra y su “Bulevar” , Bulevar, de Javier Sáez de Ibarra y Bulevar, de Javier Sáez de Ibarra .

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
-Conque dos hijos -dijo de pronto Esteban-. Lo felicito. -Gracias -le contestó Remáser. -Tiene suerte con ellos. Cuando se pierde a la mujer, sólo queda ese consuelo de los hijos. ¿Sabe?, yo no tuve, y eso que me casé tres veces. Quise cuidar al chaval de mi última mujer; pero no conseguí que hiciéramos migas. Además, tenía a su padre en contra… No pudo ser y decidí no preocuparme más. Soy de los que piensa que contra lo imposible es mejor no pelearse.
En aquel momento sonaba otro blues; la charla de Esteban impedía el efecto de la vez anterior.
-El mayor se parece a usted -continuó-: serio, responsable, un buen chico. Imagino que el otro saldría a su señora. ¿Lo molesto? -preguntó. La ausencia de respuesta podía significar cualquier cosa-. Suele ocurrir, es como un reparto de la naturaleza para que los padres no discutan. Así cada uno tiene su espejo… La gente se lleva mejor con el más distinto. Yo, si hubiera tenido un hijo, habría preferido que no se me pareciera…
Esteban se volvió hacia el señor Remáser, distinguía su perfil un poco de soslayo, no podía saber la repercusión de sus palabras.
-Apuesto a que Pablo es más nervioso que el otro, más independiente. Aunque no haya venido, se nota que usted lo quiere mucho. Está orgulloso de él -dijo. Esteban calló de pronto. La última canción siguió sonando todavía un rato. Un hombre que viajó en largos trenes por la llanura recordaba el color de las trenzas de una muchacha. Aunque quería volver con ella, no podía, le faltaban dos dólares… en torno a esos dos dólares avanzaban las estrofas. Al ter-

minar, se hizo el silencio sobre el que pasó como la huella de una copia fallida.
Al día siguiente, entró en la habitación un hombre viejo de mediana estatura, conservaba algo de pelo sobre las orejas y el cogote, llevaba unas gafas pasadas de moda. Su traje negro y el alzacuellos lo identificaron. Saludó a Esteban, le tendió las manos a su viejo amigo. El cura actuaba con determinación, o se diría con un exceso de energía del que quisiera librarse. Enseguida arrimó la butaca a la cama de Remáser y se puso a hablar con él en voz baja. Esteban lo veía de espaldas.
Oyó la risa breve del sacerdote; se referían a terceras personas y bromeaban. Luego cambiaron el tono; ya sólo entendía palabras sueltas como «hijo», «alma», «Dios». El señor Remáser le respondía con susurros. Esteban se quedó mirando al techo.
El sacerdote hizo un brusco movimiento para sacar de entre sus ropas una banda de tela que se echó al cuello. El gesto atrajo la curiosidad de Esteban. Entendió que Remáser iba a confesarse; entonces se levantó y fue al baño. Orinó, se aseó con calma y dejó pasar el tiempo que consideró necesario para aquellos casos.
Al salir, ya habían terminado. Con el chirrido de la puerta el sacerdote se volvió.
-Tengo la estola puesta. Si quiere puedo confesarle
-dijo.
-No, no, padre; gracias -le contestó Esteban, y empezó a acostarse-. Tengo muchos pecados.
-Por eso mismo, entonces -propuso el cura sonriente.
-Pero no se deben contar -concluyó Esteban.

febrero 12, 2015

Cesare Pavese. Ciau Masino.

Filed under: Novela — Palimp @ 7:58 am
     0votes

Cesare Pavese, Ciau Masino
Alianza, 1971. 216 páginas.

Creo que es el único libro que he leído del autor, al que conocía de oídas. El libro lo encontré gratis en algún sitio de intercambio.

Al igual que en las vidas paralelas se nos presentan dos historias contrapuestas; los protagonistas sólo coinciden en el nombre. Uno es un periodista que irá prosperando en el medio, el otro es un corredor de pruebas que pierde su trabajo y después de dar tumbos de aquí para allá acaba saliendo con una bailarina. Entre medio se intercalan unos poemas.

Pese a su brevedad el retrato está muy bien conseguido, aunque la idea de poner una vida al lado de la otra no sé si logra algún efecto especial más allá de los diferentes destinos de los Masinos. Los poemas, personalmente, me han sobrado totalmente.

Lectura interesante. No he encontrado nada por la red.

Calificación: Bueno.

Extracto:
Y Masino pensaba que aquel hombre, aunque se quedase cojo, ciego, leproso o soportase cualquier maldición, seguiría sabiendo gozar de la vida, seguiría dando a sus actos un valor supremo, incluso al más humilde, al más inútil: la más extraordinaria figura de hombre que nunca había encontrado. Ahora Masino sonreía. Sabía cómo era. Pero hubo un tiempo en que había meditado en matarlo.
— ¡Aquí lo que nos hace falta es alcohol! —estalló de nuevo el judío después de una gran carcajada dramática, deteniéndose de golpe y dándose aires entre los dos redactores—. ¡Satanás habla por mi boca! ¡Hay que emborracharse! Uno de los redactores, riéndose, aconsejó en voz baja: —Más bajo. Luego nos iremos de putas.
Hoffman agarró a Masino por un brazo: — ¡Ahí los tienes! La escoria de la humanidad. ¡Hombres pequeños! Para disfrutar no saben más que hablar bajo y largarse de putas! ¡No! ¡No! ¡No! Esta noche quiero bailar la danza de la sangre. ¡Fuera las hipocresías de los pequeños hombres! ¿Hablar más bajo? Esta noche despertaremos al Padre Eterno a fuerza de eructos y agrediremos a las mujeres por la calle y las violentaremos a sangre y fuego…
La avenida estaba desierta, pero los dos se volvían a mirar alrededor preocupados, riendo nerviosos y dando palmadas en los hombros a Hoffman. Masino no creía que Hoffman no fuese capaz de hacer lo que decía. Pero no tenía miedo. Había
visto a su amigo borracho como una uva insultar a los guardias y salir bien librado.
— ¡Beber! ¡Beber! —gritó él también—. Era una especie de locura común que se había apoderado de ellos, como por juego, y Masino se dejaba arrastrar por el torrente de Hoffman. Pero solo, no sabía hacer nada.
Entraron, con Hoffman en vena de echar discursos, en una tasca. Hoffman se calló. Acumulaba energías. Y en su exaltación en frío seguía conservando una gran razón, que dominaba los pequeños miedos de cualquiera.
Bebieron no se sabe cuánto. Vinazo fuerte de cuba. Masino, al que repugnaba el color del vino, se dedicó a los licores entre los insultos de Hoffman. Entonces, enfadado, se echó la botella al coleto en un trago de novato. Los dos redactores también se encontraban bien ahora. Empezaron a cantar. Hoffman los hizo callar, pegó un grito y saltó sobre la mesa. Llegó corriendo el dueño. Algunos carreteros que estaban allí se echaron a reír. Los dos colegas también reían como dos melones. Masino fumaba con las sienes que le zumbaban.
El dueño le indicó un cartel y Masino silabeó: —Se prohibe hablar de política y cant… —comentando—: Que pongan este aviso en la Cámara de Diputados y no aquí. Hoffman agarró el frasco de vino y le gritó: — ¡Muera la pequeña política y quien habla de ella!

febrero 11, 2015

Miguel Serrano Larraz. Autopsia.

Filed under: Novela — Palimp @ 7:30 am
     0votes

Miguel Serrano Larraz, Autopsia
Candaya, 2013. 400 páginas.

Mal, muy mal. Nos empeñamos en exagerar las virtudes de los libros para venderlos y luego, cuando no están a la altura, nos parecen peor de lo que son. En la contraportada se afirma sin rubor que es el heredero de la chupa de Bolaño. Pues va a ser que no.

El protagonista del libro se llama como el autor, vive en Zaragoza como el autor y ha escrito los mismos libros que el autor, pero según afirma en una entrevista no es el autor. Narra vivencias de su niñez y juventud, que giran principalmente alrededor de unos pocos ejes. Una paliza que le dieron unos skins y a partir de la cual escribió un poema por el que le premiaron. La culpabilidad por lo que le hizo a una niña en el colegio. La figura de Hans Cartop, un dj famoso que salía en crónicas marcianas y que lo admite en su círculo de amigos.

Poco más. El resto, hasta completar las 400 páginas del libro, es barroquismo verbal y no del mejor (tampoco del malo insoportable, pero sí algo cansino). Me he reconocido en algunas anécdotas cotidianas pero ¿para qué contarlas si no tienen ningún interés, ni siquiera en mi vida? El personaje de Hans me ha resultado estomagante. A partir de la mitad del libro el estilo empieza a depurarse y el libro gana en ritmo, lo que ya es algo.

Vamos, que el libro no es malo de solemnidad pero no entiendo los elogios superlativos que leo por todas partes. Mucho humo y poca chica. Aquí: Autopsia de Miguel Serrano Larraz entre otras cosas la califican de brillante, aquí: “Autopsia” de Miguel Serrano Larraz le dan los palos que merece y este Crónica de una lectura. Autopsia, de Miguel Serrano que habla de la lectura pero no del libro.

Calificación: Aprobado justito.

Extracto:
En mi imaginación siempre era una niña la que venía a buscarme, la niña de la película, aunque con el tiempo sus rasgos se fueron borrando y solo quedó una máscara blanca o violeta, apenas unos ojos, unos labios, el pelo revuelto, como un esbozo de lo que la niña había sido cuando estaba viva o cuando yo la había visto, viva o ya muerta, en aquella película. Cuando veía aquella figura (puedo jurar que la veía, a pesar de que dormía siempre con la persiana bajada), el sueño tardaba en llegar o se confundía con mi presencia allí, en la cama, inmóvil, ofrecida a esos colmillos y esa lengua áspera y seca como la de un gato. A los trece o los catorce años dejé de pensar en la niña de la ventana, poco a poco, casi sin darme cuenta. Coincidió, creo, con la época en que empecé a masturbarme. Me hice mis primeras pajas en la cama, antes de dormir, tal vez como una forma de expulsar a aquel espectro, aunque esa explicación me parece ahora estúpida, una explicación psicoanalítica, mítica o simbólica (al fin y al cabo da lo mismo), evidente y falsa. Recuerdo mis primeras pajas, que no llegaron a serlo, noches en las que me detenía, asustado por la sacudida, antes de eyacular, sin saber que lo que venía o habría venido a continuación, lo que estaba a punto de ocurrir, lo que habría sucedido si yo hubiese insistido solo unos segundos más, era el orgasmo, la eyaculación. Empezaba a rozar o mover la piel del pene bajo la sábana, o bajo la sábana y la colcha, o bajo la sábana, la colcha y una
manta, poco a poco mi pene (pequeño, imagino) se endurecía con la sangre concentrada y llegaba un momento en que me faltaba la respiración y mi cuerpo se incorporaba como si tuviera voluntad propia y dejaba de ser yo, sentado en la cama, atónito. Creo que he pasado toda mi vida buscando esa sensación, tratando de recuperarla. Se dice que quienes consumimos o hemos consumido cocaína de forma habitual no hacemos sino tratar de recuperar la primera vez que esnifa-mos esa droga, la revelación absoluta, comprenderlo todo en ausencia, por reducción al absurdo. Algo parecido podría decirse del sexo, tal vez, aunque no lo creo, la búsqueda del primer orgasmo que a su vez remite a una sensación primordial, anterior a todo, el orgasmo de la especie. Alguien me dijo entonces, un compañero del colegio al que expliqué mis avances, que había que seguir, a pesar de todo, que no había que tener miedo, que no había que detenerse hasta que saliera “la leche” o “la lefa”, así decían, tienes que seguir hasta el final, Miguel, ya verás qué pasada, decían, tardé semanas en conseguirlo, la sensación previa al orgasmo tocaba todos los centro nerviosos, el cuerpo y lo que no era mi cuerpo sino una especie de aura que me rodeaba y me insertaba en el mundo de una forma violenta y, hasta donde puedo recordar, desesperada.

Página siguiente »