Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

mayo 14, 2012

Dámaso Alonso. Cancionero y romancero español.

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Dámaso Alonso, Cancionero y romancero español
Salvat, 1969. 202 páginas.

Este sí. Un libro que recoge una gran variedad de romances con buen ojo. Algo tendrá que ver que Dámaso Alonso sea un excelente poeta. No hay aparato crítico, pero no hace falta. Al leer estos romances casi se escucha la música. Una delicia que quiero compartir en parte con ustedes, por lo que les pongo una buena cantidad.

Estos libritos se encuentran en casi todos los saldos, por muy poco precio. Creo que no puede haber mejor compra.

Calificación: Imprescindible.

Un día, un libro (257/365)

No quiero ser monja, no,
que niña namoradica só.
Dejadme con mi placer,
con mi placer y alegría,
dejadme con mi porfía,
que niña malpenadica só.

Quien amores tiene, ¿cómo duerme?
Duerme cada cual como puede.
Quien amores tiene de la casada,
¿cómo duerme la noche ni el alba?
Duerme cada cual como puede.
Quien amores tiene, ¿cómo duerme?
Duerme cada cual como puede.

¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!
El amor de la doncella
que fuera discreta y bella,
para el que gozare de ella
será gustoso, aunque tardo.
¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!
El amor de la casada
me satisface y agrada,
porque como está encerrada
ni la celo ni la guardo.
¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!
El amor de la viuda
por mi casa y puerta acuda,
que no hay peligro ni duda,
si la pica sólo un cardo.
¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!
El amor de la beata
es apacible y no mata,
que no pide oro ni plata,
mas secreto y paño pardo.
¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!
El amor de cualquier monja
que me chupa como esponja
y todo es una lisonja,
y muero, padezco y ardo.
¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!
El amor de la soltera
lo trocaré por cualquiera,
aunque vuestro dolor fuera
más que Narciso gallardo.
¡Ay, Dios, quién hincase un dardo
en aquel venadico pardo!

Quiero dormir y no puedo,
que el amor me quita el sueño.
Manda pregonar el rey
por Granada y por Sevilla
que todo hombre enamorado
que se case con su amiga:
que el amor me quita el sueño.
Que se case con su amiga.
¿Qué haré, triste, cuitado,
que era casada la mía?
Que el amor me quita el sueño.
Quiero dormir y no puedo,
que el amor me quita el sueño.

Romance de la guirnalda

—”Ese guirnalda de rosas,
hija, ¿quién te la endonara?”
—”Donómela un caballero
que por mi puerta pasara;
“tomárame por la mano,
a su casa me llevara,
“en un portalico oscuro
conmigo se deleitara,
“echóme en cama de rosas
en la cual nunca fui echada,
“hízome —no sé qué hizo—
que de él vengo enamorada;
traigo, madre, la camisa
de sangre toda manchada.”
—”¡ Oh sobresalto rabioso,
que mi ánima es turbada!
“Si dices verdad, mi hija,
tu honra no vale nada:
“que la gente es maldiciente,
luego seras deshonrada.”
—”Calledes, madre, calledes,
calléis, madre muy amada,
“que más vale un buen amigo
que no ser mal maridada.
Dame el buen amigo, madre,
buen mantillo y buena saya:
la que cobra mal marido
vive malaventurada.”
—”Hija, pues queréis así,
tú contenta, yo pagada.”

Romance de la hija del rey de Francia

De Francia partió la niña,
de Francia la bien guarnida;
íbase para París,
do padre y madre tenía.
Errado lleva el camino,
errada lleva la guía;
arrimárase a un roble
por esperar compañía.
Vio venir un caballero,
que a París lleva la guía.
La niña desque lo vido
desta suerte le decía:
—”Si te place, caballero,
llévesme en tu compañía.”
—”Pláceme”, dijo, “señora,
pláceme”, dijo, “mi vida.”
Apeóse del caballo
por hacelle cortesía;
puso la niña en las ancas
y él subiérase en la silla.
En el medio del camino
de amores la requería.
La niña desque lo oyera
díjole con osadía:
—”Tate, tate, caballero,
no hagáis tal villanía:
hija soy yo de un malato
y de una malatía;
“el hombre que a mí llegase
malato se tornaría.”
El caballero con temor
palabra no respondía.
A la entrada de París
la niña se sonreía.
—”¿De qué vos reís, señora?
¿De qué vos reís, mi vida?”
—”Rióme del caballero,
y de su gran cobardía,
“¡tener la niña en el campo,
y catarle cortesía!”
Caballero con vergüenza
estas palabras decía:
—”Vuelta, vuelta, mi señora,
que una cosa se me olvida.”
La niña, como discreta,
dijo: —”Yo no volvería,
“ni persona, aunque volviese,
en mi cuerpo tocaría:
hija soy del rey de Francia
y de la reina Constantina,
“el hombre que a mí llegase
muy caro le costaría.”

Romance del prisionero

Que por mayo era, por mayo
cuando los grandes calores,
cuando los enamorados
van servir a sus amores,
sino yo, triste, mezquino,
que yago en estas prisiones,
que ni sé cuándo es de día
ni menos cuándo es de noche,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor;
matómela un ballestero:
¡ déle Dios mal galardón!

El enamorado y la muerte

Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte, que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando:
junto a ti, vida sería.
—Vete bajo 4a ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadirla.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.

mayo 13, 2012

Robert Crumb y David Zane Mairowitz. Kafka.

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Robert Crumb y David Zane Mairowitz, Kafka
La Cúpula, 2011. 178 páginas.

Creo que me enteré de la existencia de este cómic por esta reseña en tono irónico: Kafka. Siendo admirador de Crumb y de Kafka, aunque no conocía a Mairowitz tenía que leerla.

Ha sido un placer; los dibujos de Crumb ilustran a la perfección el texto y el argumento de algunas de las obras de Kafka, aunque se aprecian mejor si ya has leído los libros. Kafka era todo un personaje, no cabe duda.

Todo esto me recuerda que no lo releo desde que se me quemaron sus obras completas. Algo a lo que hay que ponerle remedio de inmediato.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (256/365)

mayo 12, 2012

Oriol Pi de Cabanyes. Pel bell nord glaçat.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 6:39 am
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Oriol Pi de Cabanyes, Pel bell nord glaçat
Círculo de lectores, 1995. 160 páginas.

Lo tomé de la sección de intercambio más que nada por la portada y debería haberlo dejado donde estaba, por si alguien le sacaba mejor provecho. Me ha resultado bastante aburrido, con un lenguaje excesivamente florido para mi gusto, pero que a otro lector puede que le agrade.

Son artículos escritos sobre y en Praga, Berlín, Finlandia… con descripciones de situaciones y paisajes, reflexiones, etcétera. Me he enterado de por qué Vaclav Havel fue elegido presidente, al tener los actores un importante peso político en la sociedad. Coincido con el extracto que compara el alma rusa con la española. Y poco más.

Calificación: Regular.

Un día, un libro (255/365)

Extracto:
Un bosc espès… El món físic, el món on un home pot ser enterrat, és un patchwork de la gamma dels verds, amb bona harmonia de clorofil·les. Quan el dia es desarma, l’atmosfera es va espessint, envernissada de blau. Passa per sota nostre una planura extensa, salpebrada amb un llarg escampall de poblacions.
Aquesta és una terra de grans extensions, amb límits on, visualment, es confon el que es pot recórrer a peu i el que no. De manera que si d’una banda se senten atrets, místicament, per l’impossible, de l’altra desenrotllen ja ben aviat la consciència que el més enllà és un impossible, que només els pertany, si de cas, a tots plegats… És un món exterior diferent i atractiu per emmotllar al seu voler, per conquistar i ficar dins el seu destí comunal…
Però mentre els russos i els castellans han demostrat històricament que tenen tendència a esdevenir uns místics de gran puresa, amb un essencialisme pujat de to, molt separat de la realitat, els germànics han estat uns pastors pràctics i contundents, d’una eficàcia provadíssima.

mayo 11, 2012

Iván Humanes. Los canibales.

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Iván Humanes, Los canibales
Libros del innombrable, 2011. 168 páginas.

Me costó conseguir este libro. No estaba en la mesa de novedades de la Central, y cuando lo pedí mandaron otro sobre procedimientos judiciales del antiguo egipto que ni en mis locos sueños podía imaginar que existiera.

Un libro que contiene los siguientes relatos:

Frigg
Boogie boogie
Fractal
El arcón
La sanción
El campamento Güstrow
Unida
Matemática precisa
Retomada
El segundero de oro
Una madeja
La máquina del lenguaje
Corte francés
Alianza
La revolución posible
La zona
R’lyeh
El señor McDonald
Arquitectura secreta
Q93n
King Elvis
Los caníbales

Todos comparten un ambiente oscuro, en ocasiones mundos, si no postapocalípticos, sí al margen de la realidad, con pulsiones primitivas, leyes absurdas que se acatan al pie de la letra, ojeadas a los abismos…

El relato que da título al libro, magnífico. El canibalismo aparece en otros relatos al tomar referentes de otros escritores y reutilizarlos (así en Retomada, donde la casa tomada de Cortázar vuelve a sus antiguos propietarios).

Lo mejor es que entre tanto relato bueno hay además verdaderas joyas. La sanción, por ejemplo, donde se condensa una pasión casi en el breve trayecto de un ascensor. Y siguiendo con pasión, R’lyeh porque ¿quién dice que no se puede hablar de amor y de los dioses antiguos a la vez?

Las tramas, buenas y nuevas, pero los relatos se sustentan en un lenguaje que, para los que vamos siguiendo al autor, va superándose cada nuevo libro. Aunque sea difícil de conseguir y nos arriesgamos a obtener un tratado egipcio, merece la pena el esfuerzo.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (253/365)

Extracto:
R’LYEH
Antes de pintar hay que examinar con pausa los pliegues del cuerpo de Sarah y esperar el hallazgo de cualquier signo antiguo. Es una tarea minuciosa que puede llevar horas, pero la diferencia con otros artistas está en el detalle. La búsqueda es dificultosa. Aún más si se conoce que, recientemente, el historiador Lascaurt ha reinterpretado los mitos con conclusiones más o menos probables que nos afectan. Afirmaciones como que ellos serán liberados, o que esperan desde entonces para salir a la superficie y volver a someternos, podemos considerarlas precipitadas, sólo añai en más literatura a lo consabido. Pero son varias las corrientes que se debaten dentro de la doctrina y Lascaurt hubiera instigado la herejía si se hubiera situado en otro tiempo y orden, pues su tesis pasa por el combate definitivo con los portadores de ciertos símbolos para evitar el regreso de los primeros dioses.
Para dominar el arte del cuerpo no sólo es preciso añadir pintura al objeto y decorar las zonas con exactitud, la sutileza se encuentra al comprender los elementos anatómicos como iconos concretos, designados ya por la providencia para ser convertidos en ratón, nido de pájaro o boca de lagarto. Y claro, ¿cómo decirle a ella que he estado pintando durante años, y que hasta ahora esperaba el elemento concreto y no había llegado? Ese signo que atesora tanto tiempo de sacrificio y que dispara las teorías al infinito. Decirle que ahora la suerte ha cambiado, porque ese pliegue de su cuerpo, esa terminación que conforma una letra, precisamente esa letra, podría combinarse con otras que se esconden en ella. Que el resultado del examen de dichos signos podría ser el nombre de R’lyeh.
El arte corporal es exclusivo, arrogante, intransigente. Así consta en el primer manifiesto de la disciplina escrito en los setenta en París. El body art practica el derribo de la estética y la moral. Fue el continente africano el primer lugar donde el arte en el cuerpo se aplicó sabiamente, los dibujos eran símbolos y las personas meros objetos receptores de la sabiduría. El artista se acerca al examen microscópico de la zona, pero no para llegar al epitelio y contar las células, sino para generar un macrocosmos, un mundo mayor y universal. Si fuese R’lyeh el resultado, las historias que se han leído, y que autores como H. P. Lovecraft han llevado al papel, serán reinterpretadas.
—Soy tu lienzo —dice ella cuando está preparada para el trabajo.

mayo 10, 2012

Grandes poetas de hispanoamérica

Filed under: Poesía — Palimp @ 6:28 am
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Grandes poetas de hispanoamérica
Salvat, 1972. 196 páginas.

Si ya soy un negado para apreciar la poesía mucho más para reseñar un libro. Una recopilación de los mejores poetas de hispanoamérica, supongo que bien escogida, aunque pocas han sido de mi gusto. Seguramente porque la mayoría son antiguas y demasiado carrinclosas para mí. Con todo hay poemas que me han gustado y los modernos mucho más.

A continuación la selección:

Canción
Hermosa flor eres tú,
Punzante espina soy yo.
Tú eres ventura hecha vida
Pensar que cunde soy yo.
Tú eres virginal paloma,
Odiosa mosca soy yo.
Luna de nieve eres tú,
Noche de pena soy yo.
Tú eres el árbol frutecido,
Carcomido tronco yo.
Tú eres mi sol, mi sol eres,
Noche de pesar soy yo.
Tú eres vida de mi vida,
Eres amor de amor.
Alfombra a tus pies tendida
Seré eternamente yo.
Blando helecho que despliega
Su traje de verde nuevo;
Vestida de blanco, eres
La estrella de mi mañana.
Blanca nube, la más leve,
Clara fuente de agua pura,
Tu serás mi dulce engaño,
Yo seré tu oscura sombra.

Juan Zorrilla de San Martín
IX

Cayó la flor al río.
Se ha marchitado, ha muerto.
Ha brotado, en las grietas del sepulcro,
un lirio amarillento.
La madre ya ha sentido
mucho frío en los huesos;
La madre tiene, en torno de los ojos,
amoratado cerco;

Y en el alma la angustia,
y el temblor en los miembros,
y en los brazos el niño, que sonríe,
y en los labios el ruego.

Duerme hijo mío. Mira: entre las ramas
está dormido el viento;
el tigre en el flotante camalote,
y en el nido los pájaros pequeños …

¿Sentís la risa? Caracé, el cacique
ha vuelto ebrio, muy ebrio.
Su esclava estaba pálida, muy pálida…
Hijo y madre ya duermen los dos sueños.

Los párpados del niño se cerraban.
Las sonrisas entre ellos
asomaban apenas, como asoman
las últimas estrellas a lo lejos.

Los párpados caían de la madre,
que, con esfuerzo lento,
pugnaba en vano porque no llegaran
de su pupila al agrandado hueco.

Pugnaba por mirar el indio niño
una vez más al menos;
pero el niño, para ella, poco a poco,
en un nimbo sutil se iba perdiendo.

Parecía alejarse, desprenderse,
resbalar de sus brazos, y, por verlo,
las pupilas inertes de la madre
se dilataban en supremo esfuerzo.

Jose Asuncion Silva

EL MAL DEL SIGLO

El paciente:

Doctor, un desaliento de la vida
que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,
el mal del siglo… el mismo mal de Werther,
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio por lo humano… un incesante
renegar de lo vil de la existencia
digno de mi maestro Schopenhauer;
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis…

El médico:

—Eso es cuestión de régimen: camine
de mañanita; duerma largo, báñese;
beba bien; coma bien; cuídese mucho,
¡Lo que usted tiene es hambre!…

Leopoldo Lugones
Historia de mi muerte

Soñé la muerte y era muy sencillo;
una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo,
con una vuelta menos me ceñía
y cada beso tuyo
era un día;
y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte era muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por solo un cabo entre los dedos…
Cuando de pronto te pusiste fría
y ya no me besaste…
y solté el cabo, y se me fue la vida.

Cesar Vallejo

Un hombre pasa con un pan al hombro

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

MASA
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

Nicolás Guillén
LA MURALLA

Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
Los negros, su manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte.
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—Una rosa y un clavel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El sable del coronel…
—¡Cierra la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—La paloma y el laurel…
—¡Abre la muralla!
—¡Tun, tun!
—¿Quién es?
—El alacrán y el ciempiés…
—¡Cierra la muralla!
Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla…
Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá sobre el horizonte…

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (253/365)

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