Institut del Teatre. Biblioteca Teatral, 1988. 73 páginas.
Trad. Cristián Carandell.
10 personajes. 6 hombres y 4 mujeres. Coro femenino y masculino.
El arma definitiva
Me imagino a Aristófanes como un viejo reaccionario y algo cascarrabias. Conservador y un poco demagogo era sin embargo un pacifista acérrimo; varias de sus obras son una apología de la paz. Si muchas de sus escenas son realmente graciosas, en otras recurre a un humor escatológico y de ’sal gruesa’ (humor sólo entendible si se lee bien el griego -que no es mi caso-, o se disponen de buenas ediciones anotadas). Me gusta Aristófanes y le tengo cariño; el volumen anotado de sus obrascompletas que encontré en una librería de viejo es uno de los pocos libros que se quemaron en el incendio de mi biblioteca al que sigo echando de menos.
Fragmentos de sus obras, junto con algunas de Catulo (’pedicabo ego uos et irrumabo’) me han servido para ilustrar que la liberalidad en el lenguaje no son privativas del siglo XX. ‘Lisístrata’ es una de las mejores obras de teatro de todos los tiempos, y el más divertido y original alegato contra la guerra que pueda leerse. Para conseguir la paz, Lisístrata ha encontrado un método infalible; convencer a las mujeres de ambos bandos de que no tengan relaciones sexuales con sus maridos hasta que no se haya firmado la paz. Una estrategia que tendrá éxito y dará lugar a unas escenas de una comicidad espléndida.
Tanto jugo se puede sacar del argumento, que el dibujante de comics Ralph König ha hecho su particular adaptación (de la que puede haber adaptación cinematográfica), aunque en este caso la huelga sexual provoca que atenienses y espartanos decidan decantarse por la homosexualidad consiguiendo la paz pero de una manera diferente.
A la excelencia de la obra se une una traducción ‘hecha para representar’, porque ‘el actor de teatro no puede pararse a leer los pies de página’. Las obras de Aristófanes están repletas de juegos de palabra que resultan intraducibles, y que, inevitablemente, se han perdido en esta adaptación. Pero se han conservado con gran maestría otros tipos de gags, y el resultado merece la pena. Un clásico con toda la frescura de una obra actual. Excelente.
Como muestra, la primera página de la traducción, traducida del catalán más o menos como he podido:
Lisístrata: ¡Estas mujeres! Las invitas a una bacanal y no se puede ni entrar; vienen todas volando y ¡ala! a tocar el timbal. Pero para esto, en cambio, no se presenta ni una. Calla, que aquí viene la vecina. ¡Buenos días, Kalonike!
Kalonike: Buenos días, Lisístrata. ¿Que pasa, que estas preocupada? ¡Hija, no pongas esta cara! ¡No te favorece nada!
Lisístrata: ¡Es que se me enciende la sangre!¡Damos pena, las mujeres! ¡Para empezar, los hombres nos tienen por unas sinvergüenzas!
Kalonike: ¡Porque lo somos!
Lisístrata: Las convoco por una cuestión de vida o muerte que tenemos que tratar y mira, ellas durmiendo, no aparecen.
Kalonike: Ya vendrán, mujer. ¿No ves que no podemos salir de casa así como así? Tenemos que estar por el marido, por la escalava, cuidar de los niños, hacer la sopa, la colada…
Lisístrata: Sí, ¡pero hay cosas más urgentes y penetrantes!
Kalonike: ¿Cosas penetrantes, dices? ¿Y como son de gordas?
Lisístrata: ¡Uy, muy gordas!
Kalonike: ¡Coño! ¡Y que esperan para venir!
Lisístrata: No, no es lo que imaginas. Ya estarían todas aquí, si fuera eso. No, no. Hace días que me ronda por la cabeza una cosa que me hurga cada noche y me quita el sueño.
Kalonike: ¡Ah, debe ser una cosa fina! ¿Y quieres decir que es por la cabeza por dónde te ronda? ¡Si tanto te hurga!
Lisístrata: ¿Otra vez con eso? Sí, señora, una cosa muy fina. Los hombres son unos bestias. Tendríamos que agarralos y…
Kalonike: ¿Por donde?
Lisístrata: ¡Y dale! Es la salvación de Grecia la que proyecto. De las mujeres, sí, de las mujeres depende…
Kalonike: ¡Pues sí que estamos bien!
(Un día, un libro 49/365)