Alianza Editorial, 1966, 1967, 1969, 1971, 1973, 1976, 1978,1979, 1980, 1981, 1982, 1983, 1984. 256 páginas.
Baroja temprano
Ya comenté en este post mi intención de reconciliarme con Baroja. Dentro de la polémica sobre si fue, o no, un gran escritor, ya he tomado mi partido. Pero su sobrino Julio en el prólogo ve necesaria una defensa, señal de que la polémica sigue viva. Leamos algunas de sus palabras:
Tuvo, pues, mi tío, antes de los primeros y relativos éxitos, un choque bastante doloroso con los representantes de cierto doctrinarismo político
En este libro encontramos los relatos pertenecientes a ‘Vidas sombrías’, publicadas en 1900, junto con algún otro relato posterior. Muchos de ellos descripciones de tipos o estampas vascas. Como dijo el autor:
Los cuentos que forman este volumen los escribí casi todos siendo médico en Cestona. Tenía allí un cuaderno grande, que compré para poner la lista de las igualas, y como sobraban muchas hojas me puse a llenarlo de cuentos.
Unos cuentos, en los que, como dice su sobrino en el prólogo, está todo Baroja y algo más. La calidad, pese a todo, es desigual, aunque sus ‘errores’ son a veces tan o más entrañables que sus aciertos. Es difícil elegir los mejores, por la sencilla razón de que el libro lo leí hace más de un mes y tendría que volver a leerlo. Uno me queda en la memoria: ‘Las coles del cementerio’, donde veremos la vida de Pachi, enterrador del pueblo porque el ayuntamiento puso el cementerio en sus tierras pensando que había muerto.
La totalidad de los cuentos son:
Medium
Mari Belcha
Los panaderos
marichu
Playa de otoño
Parábola
Águeda
El trasgo
La sombra
La venta
Piedad postrera
Hogar triste
El carbonero
El amo de la jaula
Errantes
nihil
“Angelus”
Noche de médico
Lo desconocido
El reloj
Conciencias cansadas
La trapera
La sima
Caídos
Las coles del cementerio
La mujer de luto
El vago
De la fiebre
La vida de los átomos
La enamorada del talento
Grito en el mar
Lecochandegui, el jovial
Allegro final
La dama de Urtubi
El charcutero
Elizabide el vagabundo
Breves cuentos de un primer Baroja , broncos, austeros y salados como el mar cantábrico. Pero rellenos de ternura.
(Un día, un libro 40/365)
Actualización: un excelente post sobre Baroja puede
leerse aquí (Gracias, Cristina)