Cuchitril Literario

Mayo 19, 2005

Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez. La especie elegida.

Archivado en: Ensayo — Palimp @ 10:20 am
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Temas de hoy, 2001, 2002 y 2003. 342 páginas.

La evolución humana

El único libro de ensayo que he leído en estos días, quizá porque he tenido bastante con los dos libros de SQL Server que he estado manejando para impartir un curso. Los libros divulgativos sobre la evolución siempre me han interesado, desde que de pequeño me aficioné a discutir con testigos de Jehová. Son estos creacionistas y para poder defender la postura evolucionista con un poco de conocimiento de causa, tuve que informarme. Ayudó que mi profesor de filosofía en el instituto, un sacerdote, no ocultase también sus querencias creacionistas. Entre todos me animaron (si quería llevarles la contra) a profundizar en el tema. La afición me dura hasta ahora, y ganas tenía de leer este libro que ya tiene unos añitos.

A través de 17 capítulos, y con una destreza divulgativa envidiable, los autores nos irán explicando desde los principios de la evolución hasta la aparición del hombre ‘moderno’. Veremos el esquema evolutivo de nuestra especie, conoceremos a nuestros antepasados más o menos directos como el Australopitecus, el Homo Habilis y el Homo Erectus, así como a nuestros primos cercanos los Neardenthales. Nos enteraremos de como evolucionó el cerebro y las teorías que explican la aparición de la inteligencia social y el lenguaje.

Escrita por dos perfectos conocedores del tema, de renombre mundial gracias a sus trabajos en Atapuerca y el descubrimiento del Homo Antecesor, nos ofrece una expléndida panorámica del estado actual de los conocimientos científicos sobre la evolución humana. Su gran amenidad y su rigor hacen de éste uno de los mejores libros de divulgación sobre el tema. Imprescindible.

P.D. Por desgracia, el debate sigue vivo, como puede verse en esta entrada de Microsiervos.

(Un día, un libro 38/365)

Mayo 18, 2005

[*] Charles Dickens. Historia de dos ciudades.

Archivado en: Novela — Palimp @ 3:24 pm
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El Mundo, Colección MIllenium, 1999. Tit. Original, A Tale of two cities
Trad. Salustino Masó. Prólogo Rafael Torres. 378 páginas.

Humanidad desbordante

Cada vez que algún periódico o editorial saca alguna colección de clásicos se me alegra el alma, porque se que, al cabo de un par de años, podrán encontrarse en las librerias de viejo a precios muy reducidos. Sí, ya se que hablo demasiado acerca del coste de los libros, y que esta bitácora más que ‘Cuchitril Literario’ debería llamarse ‘El rincón del Avaro’. Pero los que tenemos la desgracía de sufrir el vicio de la lectura no nos podemos permitir el pagar entre 18 y 24 euros por un libro nuevecito. Así que sólo nos quedan las bibliotecas y las librerías de viejo, donde se pueden encontrar verdaderas joyas por poco dinero.

Pero vayamos al tema, que para eso estamos. Seguimos con los clásicos del siglo XIX, pero con una calidad totalmente diferente. Si la obra posteada ayer, ‘Los Amantes de Teruel’, es perfectamente prescindible, no podemos decir lo mismo de ‘Historia de dos ciudades’. Me reconozco culpable; aún siendo un clásico reconocido y con marchamo universal, dejando de lado el libro que nos ocupa, sólo había leído de Dickens el ‘Cuento de Navidad’ y ‘El grillo del hogar’. Grave error por mi parte.

Ya cuando vi la adaptación (y renovación) cinematográfica de ‘Grandes Esperanzas’ me maliciaba que me estaba perdiendo algo. Y así es. Si en ‘Cuento de Navidad’ Dickens nos regaló un nuevo arquetipo (y de paso unas obligadas reposiciones todas las navidades), con una estructuración y una redacción fuera de lo común, en ‘Historia de dos ciudades’ nos obsequia con un hermoso tapiz donde las historias personales de los protagonistas se entretejen con los grandes acontecimientos históricos.

El argumento es más propio de un folletín victoriano que de una obra maestra: Nos encontramos en los albores de la revolución francesa. En una taberna del barrio de San Antonio, el matrimonio Defarge va acumulando odio sobre la aristocracia francesa mientras preparan la revolución. El doctor Manette, injustamente encarcelado durante 15 años es liberado y puesto a su cuidado. Un banquero londinense, Lorry, se encargará de presentarlo a su hija Lucía, que lo creía muerto, y de llevarlos a Londres. Allí nos encontraremos al joven Charles Dornay acusado de traición en un juicio que no presagia nada bueno para él. La buena actuación de sus abogados y la declaración de Lucía conseguirán su liberación. A partir de este punto de arranque se desarrolla toda la trama de la novela; Lucía y Charles se acabarán casando, la revolución francesa supondrá un vuelco en sus vidas y el desenlace transcurrirá en París, donde Charles sufrirá un particular calvario por sus orígenes aristocráticos. Todo un drama con lacrimógeno final incluido, que la habilidad de Dickens consigue hacer creíble e interesante.

Nos encontramos antes del nacimiento de la novela contemporánea, y lejos quedan todavía los excesos estilísticos de un James Joyce, o la senbilidad refinada del grupo de Bloomsbury. Para la sensibilidad actual, habituada a estilos de escritura más cinematográficos, las novelas del siglo XIX muchas veces resultan pesadas en sus descripciones. No es el caso de esta novela, que ha envejecido como un buen vino. El fascinante fondo de la revolución francesa es descrito con toda su crudeza, sin hacer juicios de valor político, destacando la crueldad de la misma, pero sin olvidar las causas justas que llevaron a ella. La gran humanidad de Dickens comprende a la perfección que los largos años de opresión y de abusos por parte de una aristocracia decadente provoquen esta respuesta desmesurada. Pero también le duele que el péndulo oscile hasta el otro costado; y que los oprimidos se conviertan en unos verdugos tan o más crueles que las víctimas a las que juzgan.

La novela cuenta, además, con una galería de personajes tan rica como entrañable. Desde el banquero Larry, obsesionado por los negocios, pero de gran corazón, hasta el abogado Carton, personaje atormentado, alcohólico y con ínfulas de cínico, que tampoco puede ocultar que tras esa fachada se esconden grandes sentimientos y una enorme capacidad de sacrificio. En realidad, los personajes más planos son la pareja protagonista; la profundidad psicológica se encuentra en los secundarios (y es que los galanes nunca han dado mucho de sí).A destacar la traducción del habla del factotum Jerry Cruncher; es todo un placer enterarse de que un personaje tiene una manrea diferente de hablar por la propia lectura y no por un pie de página.

Resumiendo, un clásico que animo a leer y disfrutar.

(Un día, un libro 37/365)

Mayo 17, 2005

Dashiell Hammett. La maldición de los Dain.

Archivado en: Novela — Palimp @ 10:57 am
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Biblioteca básica Salvat, 1971. 181 páginas.

Detective sin nombre

Como relativo aficionado al género, comparto la opinión de muchos críticos que afirman que la novela negra esconde autores de gran calidad literaria. Creo que Hammett es uno de ellos. Famoso sobre todo por su novela ‘El halcón Maltés’, llevada con éxito al cine, y por su detective Sam Spade, el resto de su producción es tambíen interesante. Como este libro, publicado en 1929, un año antes que ‘El halcón…’, que me gustó cuando lo leí, hace ya unos años, y cuya relectura no me ha decepcionado.

Una maldición parece perseguir a Grabielle Dain; todos los que le rodean acaban muertos en misteriosas circunstancias. Pero el detective encargado del caso opina que ninguna maldición funciona de un modo tan sistemático. Seguro que detrás de los crímenes existe un responsable y él se encargará de descubrirlo.

Más que una novela son tres novelas con un hilo conductor que enlaza las tres sin dejar resquicio. Aparece la figura del detective solitario, aunque de ánimo optimista y no el personaje cínico y desencantado que llegaría a crear escuela con escritores como Chandler. Destacables los diálogos del detective y que el nombre de éste no aparezca en toda la novela. Para amantes del género y público en general; estas novelas también son clásicos.

(Un día, un libro 36/365)

Mayo 16, 2005

Mini quedada

Archivado en: General — Palimp @ 6:04 pm
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El domingo estuvimos de mini quedada Cristina, Vigo y un servidor. Mini porque sólo éramos tres. Mínimo el tiempo que estuvimos en tan buena compañía, o quizá me lo pareció a mí. A Vigo espero verlo pronto. A Cristina, con un poco de suerte, la veré cuando vaya por Madrid. Una delicia.

Llevo el fin de semana de obras. Colgando lámparas y cuadros. Hace ya tiempo vi en el blog de P.Jorge una excelente herramienta para crear fotos panorámicas (aquí está la entrada) y me he decidido a utilizarla. Vean los resultados:

PanoramicaBiblioteca

Mi biblioteca

pano4

Medio despacho

pano2b

El otro medio

pano

Todo junto…

Pinchando en las imágenes pueden verse en un tamaño mayor.

Hablando de fotos panorámicas tengo que volver a sacar a relucir la página de Deval Software, los creadores del mejor plug-in del mundo para fotos panorámicas -hecho en La Rioja-. Para muestra basta un botón. U otro. No se pierdan el modo de pantalla completa.

[*] Juan Eugenio Hartzenbusch. Los amantes de Teruel.

Archivado en: Teatro — Palimp @ 11:34 am
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Clásicos Universales Planeta, 1989. 120 pág.
Edición, introducción y notas de Ramón Andrés.

Una ventana al romanticismo español

Este es el segundo de los libros que compré al módico precio de 50 céntimos. La colección de clásicos universales de Planeta es un clásico (y valga la redundancia) en los mercadillos de saldo; lo que está muy bien porque puedes hacerte una buena colección sin dejarte el bolsillo en ello.

Además, las anotaciones y el prólogo siempre están muy bien cuidadas, llegando el caso (como este que nos ocupa) en que son más interesantes que la obra en sí. Hay clásicos que, cuando se leen, sorprenden por lo modernos e interesantes que son (por eso son clásicos; porque han envejecido bien). Recuerdo cuando me embarqué en la lectura del ‘Guzmán de Alfarache’, temeroso porque eran dos tomos bien nutridos, y pensaba para entre mí ‘Como sea un tostón, la llevo clara’; entre otras cosas porque tengo la manía de acabar los libros que empiezo, además de la disciplina de obligarme a leer obras que considero deben ser leídas. Pues bien, me encontré con una novela muy entretenida, que se leía con placer, y en ocasiones muy moderna. Todo un hallazgo, vamos. Y así me ha pasado con cantidad de ‘Clásicos’ a los que se les coge un poco de aprensión cuando te los obligan a leer en la escuela, pero que si te los encuentras sin prejuicios suelen ser una maravilla.

No es el caso de esta obra que estoy contento de acabar y para no volver a saber nada más del autor. Menos mal que es una obra de teatro y se lee rápido. La historia se basa en la famosa leyenda de los amantes de Teruel, que paso a copiar del prólogo:

En la iglesia de San Pedro, en la capilla de San Cosme y San Damián, de la dicha ciudad, está la sepultura de los amantes, que llaman de Teruel, y dicen que era un mancebo y una doncella que se querían mucho, ella rica y el al contrario; y como el pidiese por mujer la doncella, y por ser pobre no se la diesen se determinó a ir por el mundo a adquirir hacienda y ella aguardarle ciertos años, al cabo de los cuales y dos o tres días más, volvió rico y halló que aquella noche se casaba la doncella. Tuvo trazas de meterse debajo de su cama y, a media noche, le pidió un abrazo dándose a conocer; ella le dijo que no podía ser por no ser ya suya, y él murió luego al punto. Lleváronle a enterrar, y ella fue al entierro, y cuando le querían echar en la sepultura, se arrimó al ataud y quedó allí muerta, y así los enterraron juntos en una sepultura, sabido el caso.

Sobre este armazón, y con el añadido de una reina mora, un rival celoso y algo de artificio construye Hartzenbusch su drama. Un drama que tuvo un éxito arrollador en su tiempo y le valió a su autor una fama que no desmereció su escasa en cantidad y calidad obra posterior. Esta obrita que, al menos en mi humilde opinión, no merecía tantos elogios y menos la entrada de su autor en el panteón de ilustres, con lo que generaciones de escolares hemos tenido que lidiar con su apellido alemán tan difícil de recordar (hay una calle en Sants con ese nombre y siempre que pasaba por ahí me hacía la promesa de leer ‘Los Amantes…’. Promesa cumplida.). Fuera de bromas, el romanticismo fue un estilo que ha envejecido muy mal, pero Becquer siempre será recitado, aunque sólo sea por los adolescentes, y el ‘Don Juan’ seguirá teniendo la misma fuerza cada noche de difuntos. Pero ‘Los Amantes de Teruel’ sólo podemos leerlo como un ejemplo más de la generación romántica española.

Así pues, me quedo con la introducción (casi más larga que la propia obra) que nos despliega una información muy interesante acerca de la leyenda de los amantes, del romanticismo y de la situación del teatro en el siglo XIX, y aunque no me arrepiento de haberla leído, dejo de lado la obra, bastante decepcionante. Para filólogos y poco más.

P.D. Por poco se me olvida poner el famoso dicho popular dedicado a los dos amantes: ‘Los amantes de Teruel; tonta ella y tonto él’. Lo que, una vez leída la obra, no puedo por menos que suscribir.

(Un día, un libro 35/365)

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