Cuchitril Literario

Setiembre 21, 2005

[*] Isaac Asimov. Memorias.

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Ediciones B, 1998. 745 pág.
Tit. Or. I, Asimov. Trad. Teresa de Leon.

Biografía del Buen Doctor

Tengo este libro desde hace mucho tiempo, pero me daba un poco de miedo. 745 páginas del escritor más prolífico y de más autobombo de la historia (sí, no sólo de la historia de la ciencia ficción) podían ser un ladrillo infumable. Pero la suerte me ha acompañado. Asimov es, como sólo él sabe serlo, profundamente entretenido.

Además que este no es exactamente un libro de memorias. El título original le hace más justicia: ‘Yo, Asimov’. El buen doctor se dedica a hablar de varios temas, con una cierta pero no rigurosa organización temporal, ya que antes de este libro ya había escrito dos tomos de memorias que deben ser para verlos, y este libro es un poco más ligerito. Menos mal.

Asimov no es uno de mis escritores preferidos de ciencia ficción. Siempre lo he encontrado algo flojo, y nunca ha sabido darle profundidad a sus personajes. Pero cuando leías alguna historia suya, sabías que siempre te ibas a encontrar un mínimo de calidad, y que el entretenimiento estaba asegurado. Así son también sus memorias.

A mí me han servido para conocer más detalles de algunos escritores de ciencia ficción (sí, Asimov parace confirmar que Heinlein era un fascista y Harlan Ellison una bellísima persona), enterarme de que estuvo veinte años sin escribir ficción y por qué, y saber de sus aventuras y desventuras y, por el camino, cogerle cariño.

Al poco de acabar estas memorias murió, y el ya debía tenerlo bastante claro, y me parece increíble el optimismo y el ánimo de una persona ante las puertas de la muerte, cuando para él estaba claro que después de la muerte no había nada. Recuerdo que cuando murió, un grupo de amigos hicimos un ‘funeral irlandés’ y comentamos, medio en broma, que ahora, por fin, podrían leerse las obras completas de Asimov. Él quería entrar en la historia. No cabe duda de que lo ha conseguido, y estas memorias son una buena manera de recordarlo.

(Un día, un libro 163/365)
Escuchando: Barbie debe morir. Nancys rubias.

Setiembre 20, 2005

Platón. Diálogos Socráticos.

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Biblioteca general Salvat, 1972. 1440 pag.

Platon Dialogos Socraticos

Primer Sócrates

No se que hacía yo de preadolescente leyendo un libro como éste. Mi dieta en aquella época eran novelas de Agatha Christie (vicio que abandoné en cuanto adivinaba al asesino a las treinta páginas) y los tebeos (vicio que continúo practicando). La lectura de la defensa de Sócrates ante el jurado lo convirtió a mis ojos en el paradigma de la injusticia. Las sátiras que de Sócrates hizo Aristófanes consiguieron que aborreciera a éste y me costó mucho trabajo volver a reconciliarme con él (aunque finalmente lo hice; la calidad manda).

El mayor problema de Sócrates es que siempre lo hemos visto con los ojos de Platón. Existen otros textos (entre ellos uno que se reseñará en breve), pero en menor cantidad y no con forma de diálogos -la marca de la casa-. El objetivo del autor de esta edición ha sido seleccionar los textos más socráticos entre los platónicos. Como dice el prólogo:

La suposición de que aquí partimos, de que estos diálogos los escribiera un Platón joven, con la voz de Sócrates reciente en los oídos, y cuando no estaba lejos de ser él mismo un estudiante distinguido y apasionado, como el Cármides o el Teages que en ellos aparecen, que luego poco a poco se hubiera ido liberando de ese influjo y consolidando de más en más en sus ideas propias, es una suposición que apenas se funda más que en la observación común de que los hombres suelen pasar de una juventud apasionadamente fiel a las palabras de algún otro a una vejez cada vez más fiel a sí misma y más segura en su fe propia cuanto más cercana de la muerte. Pero bien podría ser del todo falsa en este caso, y que nada sino Platón tuviéramos en estos diálogos; y así la propia persona de Sócrates está para nosotros condenada a la incertidumbre. No es, con todo, de la verdad histórica de Sócrates de lo que aquí se trata, sino acaso de otra que no fuera histórica justamente.

La selección, además de la ya citada ‘Apología de Sócrates o defensa ante el jurado’ la componen los diálogos Teages, los enamorados, Cármides y Clitofonte. En todos ellos el tema central es el mismo: cual debería ser la educación de los jóvenes, y que podemos entender o no por conocimiento. Sócrates no da ninguna receta o método del buen saber. Al contrario, confiesa que él lo desconoce y que todo su esfuerzo está en intentar averiguar que es; esa es su enseñanza.

Los cuatro diálogos son cortos y de fácil lectura. Ideales, pues, para un primer acercamiento a Sócrates. En los enamorados vemos que era normal entonces no sólo la homosexualidad, sino que los jóvenes quinceañeros tuvieran relaciones con adultos. Todos aquellos que se manifestaron en contra del matrimonio homosexual ¿cómo es que permiten publicaciones como ésta?

(Un día, un libro 162/365)
Escuchando: En un mercedes blanco. Kiko Veneno.

Setiembre 19, 2005

[*] Cordwainer Smith. El juego de la rata y del dragón.

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Ediciones Minotauro, 1973. 191 pág.
Tit. Or. You will never be the shame. Trad. Marcial Souto.

Poética espacial

Tanto tiempo oyendo hablar de este autor y de ‘los señores de la instrumentalidad’ y todavía no había leído ningún libro suyo. Asignatura pendiente cumplida con esta colección de relatos sobre las aventuras de la humanidad por el espacio.

La obra de Smith tiene ese estilo poético fruto de lo sesenta, y una imaginación desbordante, pero no por ello menos lógica o coherente que los libros de una ciencia ficción más ‘hard’. Contados como ‘poemas épicos de una era por venir’ los relatos avanzan o retroceden en ese futuro incierto mostrándonos distintos momentos de la conquista espacial de la raza humana.

Desde la ‘ojeada’ al futuro por parte de nuestro presente ed ‘No, no, Rogov, no’ hasta el extraño aterrizaje de una superviviente del Reich en ‘Mark Elf’, pasando por lecciones magistrales del arte militar como en ‘La nave era dorada oh, oh, oh’, el autor nos ofrece una panorámica de su peculiar futuro.

Éxótico pero sabroso, consigue ser original sin perder la esencia de la más pura ciencia ficción, y consigue un estilo particular y poético sin caer en las ñoñerías de un Bradbury, ni en algunos de los excesos psicotrópicos de algunas obras de la época. Obligado para los amantes de la Ciencia ficción.

(Un día, un libro 161/365)
Escuchando: Mechanical. Cycle.

Setiembre 18, 2005

Carlos Ruiz Zafón. La sombra del viento.

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Planeta, 2004. 576 pag.

Zafon Sombra Viento

Ni tanto, ni tan calvo

Empecé a leer este libro de la peor manera posible: lleno de prejucios. Para empezar, dada su categoría de best seller no lo hubiera leído hasta que lo hubiera encontrado de saldo por ahí. En el lector a la sombra daban noticias de uno que lo llamaba prosa leprosa. Otros lo utilizaban como papel de tornasol; si disfrutas con su lectura es que no eres digno. Otras personas, sin embargo, lo recomendaban, e incluso había quien lo consideraba una obra maestra.

Así pues, abrí el libro con sentimientos encontrados ¿sería tan malo? ¿Sería tan bueno? ¿Me repugnaría? ¿Me encantaría? Como tantas veces en las que hay mucha expectativas, ni frio ni calor: 0 grados.

La trama es sugerente, me permito copiarla de su web oficial

Un amanecer de 1945, un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: el Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambiará el rumbo de su vida y le arrastrará a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad.

Y eso fue lo que me decidió. Que caray, cualquier libro que trate sobre libros me va a parecer interesante. Cuando leí las primera frase pensé que era verdad, que eran algo rebuscadas ¡temor! ¿Sería así todo el libro? No, por suerte. Cuando el autor decide descansar de sus atrevidas metáforas, es otra cosa. Andaba leyéndolo y riendo y pensando ‘pues no está tan mal’ así hasta la mitad del libro más o menos. A partir de ahí se suceden unas cuantas páginas bastante pesadas de las que sobran aproximadamente las tres cuartas partes. Por suerte, a poco de acabarse el libro vuelve a animarse y se recupera un poco; al final no deja mal sabor de boca.

¿Opinión? Cierto, no va convertirse en un clásico de la literatura, pero está mucho mejor que otros bestsellers como el famoso código o los pilares de la tierra. ¿Obra maestra? Tampoco, muchas alubias tiene que comer el autor hasta que se haga grande. Es un libro entretenido al que estoy seguro que el éxito le ha pillado por sorpresa. Seguro que de saber que se iban a vender tantos ejemplares, hubiera corregido bastantes anacronismos. Las expresiones de los personajes son contemporáneas, no de los años 50. Estoy dispuesto a perdonar que la calle Joaquín Costa salga como tal cuando todavía hoy los vecinos de la Ronda la siguen llamando ‘Carrer Ponent’, pero que el protagonista se suba en la parada de metro de Hospital Clínico, cuando todavía no estaba construida, me parece exagerado. El autor es de Barcelona.

Otra crítica. Al principio, el cementerio de los libros olvidados parece un lugar mágico, casi borgiano, y en el transcurso del libro acaba siendo una especie de libreria de viejo escondida. Un concepto muy bonito pero mal utilizado.

Señores literatos, lo confieso, he pasado buenos ratos leyendo este libro. Amantes incondicionales del libro, creo que no es para tanto.

(Un día, un libro 160/365)
Escuchando: Nunca escaparán. Quique González.

Setiembre 17, 2005

[*] John Osborne. Amb la rabia al cos.

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Institut del teatre, 1986. Biblioteca teatral. 109 páginas.
Tit. Or. Look back in anger. Trad. y prol. Joaquim Mallafré. 5 personajes. 3 hombres y dos mujeres

Juventud airada

Uno, dentro de su ignorancia, ya había oído hablar de los ‘jóvenes airados’, pero todavía no había tenido el gusto de encontrármelos. Esta pieza me ha dado la oportunidad. Escrita en 1957 y versionada en el cine en 1958, fue modelo de toda una generación.

Estoy de acuerdo en que es un teatro iconoclasta y enérgico, pero estructuralmente poco innovador. Más cercano a las obras de Williams que a Beckett, lo que facilitó, en cierta manera su éxito. La pieza está al servicio de Jimmy Porter, quizá su personaje teatral con más fuerza, alguien que no ha nacido en su tiempo, portador de una instatisfacción perpetua que salpicará a las personas de su alrededor.

A pesar de ser un clásico, y aunque no está mal, reconozco que no es de mi estilo -aunque Williams me encante-. Supongo que hay que leerlo, o en su defecto, ver la película, pero para mí ha pasado sin pena ni gloria.

(Un día, un libro 159/365)
Escuchando: vendrán Días. Manolo García.

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