[*] Isaac Asimov. Memorias.
Ediciones B, 1998. 745 pág.
Tit. Or. I, Asimov. Trad. Teresa de Leon.
Biografía del Buen Doctor
Tengo este libro desde hace mucho tiempo, pero me daba un poco de miedo. 745 páginas del escritor más prolífico y de más autobombo de la historia (sí, no sólo de la historia de la ciencia ficción) podían ser un ladrillo infumable. Pero la suerte me ha acompañado. Asimov es, como sólo él sabe serlo, profundamente entretenido.
Además que este no es exactamente un libro de memorias. El título original le hace más justicia: ‘Yo, Asimov’. El buen doctor se dedica a hablar de varios temas, con una cierta pero no rigurosa organización temporal, ya que antes de este libro ya había escrito dos tomos de memorias que deben ser para verlos, y este libro es un poco más ligerito. Menos mal.
Asimov no es uno de mis escritores preferidos de ciencia ficción. Siempre lo he encontrado algo flojo, y nunca ha sabido darle profundidad a sus personajes. Pero cuando leías alguna historia suya, sabías que siempre te ibas a encontrar un mínimo de calidad, y que el entretenimiento estaba asegurado. Así son también sus memorias.
A mí me han servido para conocer más detalles de algunos escritores de ciencia ficción (sí, Asimov parace confirmar que Heinlein era un fascista y Harlan Ellison una bellísima persona), enterarme de que estuvo veinte años sin escribir ficción y por qué, y saber de sus aventuras y desventuras y, por el camino, cogerle cariño.
Al poco de acabar estas memorias murió, y el ya debía tenerlo bastante claro, y me parece increíble el optimismo y el ánimo de una persona ante las puertas de la muerte, cuando para él estaba claro que después de la muerte no había nada. Recuerdo que cuando murió, un grupo de amigos hicimos un ‘funeral irlandés’ y comentamos, medio en broma, que ahora, por fin, podrían leerse las obras completas de Asimov. Él quería entrar en la historia. No cabe duda de que lo ha conseguido, y estas memorias son una buena manera de recordarlo.
(Un día, un libro 163/365)
Escuchando: Barbie debe morir. Nancys rubias.




