Ed. Planeta, 2004. 209 pág.

Humanidad en tres actos
Un libro que fue todo un bombazo editorial y del que se hizo una película que -supongo yo- ayudaría todavía más al éxito de ventas. Una historia diferente sobre la guerra civil, en la que un periodista descubre como escapó de la muerte Rafael Sánchez Mazas, escritor y fundador de la falange. En el primer capítulo vemos al protagonista reunir todos los cabos de la historia que nos contará en el segundo. En el el tercero y último la historia avanzará un paso más ¿quién fue el miliciano que le perdonó la vida a Sánchez Mazas?
Los libros que son un éxito de ventas y de los que se hacen películas normalmente me dan repelús. Pero cuando descubrí que Roberto Bolaño era uno de los personajes del mismo cambié automáticamente de opinión. Por algo soy un fan declarado del escritor chileno. En el libro me he encontrado otra serie de coincidencias.
El título del libro se debe a una entrevista del protagonista con Rafael Sánchez Ferlosio. Aunque ya comenté en el anterior Cuchitril el vínculo que me une a este autor no está de más recordarlo aquí. En la EGB teníamos un libro de texto para la asignatura de literatura que se llamaba ‘Senda’. Contenía fragmentos de obras y a mí me impresionaron dos que contaban las andanzas de un niño llamado Alfanhuí, que descubría una araña fosforescente en una cueva debajo de un pozo, y que junto con un sabio teñían las hojas de un árbol poniendo agua de colores en las raices. La suerte quiso que ‘Alfanhui’ formara parte de la biblioteca básica Salvat que teníamos en casa (y que se quemó en el incendio y que he vuelto a reconstruir, con paciencia de hormiga, comprando los volúmenes en librerías de saldo).
Poco tardé en leerme ese libro extraño y misterioso, que contiene mucho más que las aventuras de un joven sin nombre. Hoy como entonces todavía me quedo inexplicablemente triste cuando llego al final, con una especia de melancolía que no sé dónde se ha agarrado. Fue la primera vez que supe que hay libros que no se acaban cuando los cierras. Sánchez Ferlosio tiene fama de tener mal genio, pero aunque fuera un comeniños matabuelas no me importaría demasiado ¿Cómo no voy a admirar al que escribió mi primer amor?
Nada sabía yo de la historia de Sánchez Mazas, su padre. Pero, sin saberlo, lo había leído. La hermana de la biblioteca básica Salvat (de tapa amarilla) era la biblioteca general Salvat (de tapa verde). Aquella era más popular y ésta más selecta. También se quemó y también la he ido comprando de a poco y, ya que la compraba ¿por qué no leerla? Hará unos tres años que me leí, dentro de esta colección, ‘La vida nueva de Pedrito de Andia’ y pensé ‘que bien hago en ir leyendo estos libros porque descubro autores que están bastante bien y de los que no sabía nada. Intentaré acordarme del nombre de este autor por si veo alguna otra cosa de él.’ Está de más decir que no encontré nada, entre otras cosas, porque soy un desastre para los nombres (a las pruebas me remito), pero, mira por donde, aparece aquí.
A los dos escritores anteriores hay que sumar la aparición de Bolaño en el tercer capítulo, como amigo del protagonista, en una especie de cameo literario. Supongo que bastante realista, además, porque las historias que cuenta sobre su trabajo en un camping aparecen también en sus libros de ficción.
Oiga, usted ¿yo? Sí, sí, usted, el de este blog, y el libro ¿qué? ¡Ah, sí, que estoy escribiendo una reseña! Para utilizar una frase del propio Javier Cercas, no es un gran libro, pero es un buen libro. Lo que ya es bastante; al menos bastante más de lo que yo me esperaba. Tiene algunos momentos flojos, perdonables en una primera novela, y algo de artificio, pero me ha gustado. Leyendo estos libros, asequibles pero con un mínimo de calidad, siempre me pregunto lo mismo ¿Por qué se leen basuras como las de Dan Brown?
Además, debo confesarlo; el final me emocionó. Sí, ya lo decía muy bien Vailima, tengo una sensibilidad de quinceañera. O, como dice ericz, quizá sea un viejito reblandecido. Leyendo las últimas páginas estuve a punto de soltar las lágrimas. Si no lo hice no fue por aquello de que los hombres no lloran, sino porque estaba en el metro y no era cuestión de montar un espectáculo. Pero los ojos me delataban, y en un momento que levanté la vista descubrí a una señora mirándome con cara de ‘no se que estará leyendo ese sensible y apuesto joven tío, pero que pena da’. No es la primera vez que me pasa; ‘Billar a las nueve y media’ no lo pude leer en el metro porque era incapaz de contener el llanto. (offtopic: cuando hago teatro, voy repasando el papel en el metro. Es imposible repasar la letra y no poner expresiones. Varias veces me he descubierto poniendo cara payaso y a más de uno mirándome como dudando de mi salud mental.).
Resumiendo, un libro muy recomendable que aunque no esté a la altura de los paladares más exigentes se lee con gusto.
Un último apunte (sí, ya se que estoy sobrepasando con mucho la longitud adecuada de un post, pero de perdidos al río). La querella que puso la vidente Jasmine a Javier cercas ha sido archivada. Leído el libro sorprende que se sintiera reflejada -e injuriada- en el personaje de Conchi cuando ésta es la novia del protagonista y es tratada en todo momento con mucho cariño. Para mí quisiera yo que me injuriaran así en algún libro.
(Un día, un libro 312/365)
Escuchando: Un bacio a mezzanotte. Putumayo italian Café.
Última de las peticiones de mi amigo Mezkal. Consulten los libros que tengo pendientes y hagan las suyas.