Espasa Calpe col. Austral 1940, 1943, 1944, 1946 y 1952. 146 páginas.

Derroche de ingenio
De Wenceslao sólo había leído ‘El bosque animado’, una novela tan productiva que dos películas le deben su guión, la de 1987, dirigida por José Luis Cuerda y la de 2001, de animación, dirigida por Ángel de la Cruz y Manolo Gómez. La novela me gustó lo suficiente como para querer repetir, pero hasta hace poco no pude encontrar este libro de saldo en el -cómo no- mercado de San Antonio.
El libro es una colección de artículos costumbristas, y empecé a leerlo con un poco de hastío. Nunca he sido amigo de recolecciones periodísticas y en el primer artículo el autor nos cuenta als vicisitudes que tuvo que pasar para cobrar un cheque, novedad del momento (casualidades de la vida, en esos momentos estaba cobrando yo uno). Recuerdo que pensé que como todo el libro fuera así, comentando peculiaridades de la vida de hace diez lustros, tostón a la vista. Menos mal -me consolé- que no tiene muchas páginas…
La cosa cambió con el siguiente artículo, ‘Lances entre caballeros’ que empezó a arrancarme las primeras sonrisas. ‘Psicología de los banquetes’ puede leerse hoy en día sin cambiar ni una coma. La cosa empieza a animarse con ‘Teoría del Gallego’, que empieza a alcanzar cotas de obra maestra. El autor empieza confesando su aversión a las entrevistas y narra el final abrupto de la primera que le hicieron:
Suspiramos los dos ruidosamente. Luego me preguntó:
—¿Cuáles son los escritores favoritos de usted?
—Zutano, Mengano y Perengano —dije.
Pero mientras escribía los nombres, se me ocurrió que esta declaración mía habría de agraviar a J., a H. y a K., y los cité también. E instantáneamente pensé que los literatos que encuentro en algún café o en algún círculo y los que me envían sus obras, y los que no pueden publicarlas, y muchos que ni siquiera puaden escribirlas, y -todos aquellos, en fin, con quienes charlo o con quienes cambio un saludo, habrían de dolerse de mi olvido y no me perdonarían jamás el no tenerles en mi devota preferencia, cuando esta preferencia iba a ser expresada públicamente en un periódico. Entonces comencé a pronunciar nombres y nombres.
Primero fui leyéndolos en el lomo de los libros de mi biblioteca; luego apelé al cuaderno de direcciones, a la memoria, a las cartas viejas, a los periódicos atrasados.
—Escriba usted: Pérez, el ilustre Pérez; López, Gómez, Fernández, un tal Juanito, de mi pueblo, que no recuerdo ahora cómo se apellida, pero al que todos le llamamos Juanito; González, Ramírez, Menéndez …
Era un censo, un verdadero censo. Mi colega sudaba. Llenó de garabatos tres cuartillas, diez, veinte cuartillas …
—¡Basta ya! —rogó, extenuado.
—Perdone usted —objeté—; creo indispensable consignar todos mis escritores favoritos. No pasaremos a otro asunto mientras tanto.
Al fin dijo que volvería al día siguiente con un taquígrafo, y se fue alabando mi erudición con dolorido tono.
No volvió.
Y acaba contándonos como transcurrió su entrevista con un político ilustre, ex ministro de la Corona. ¿El tema? El problema de las regiones ¿Sus opiniones? Poniendo como ejemplo a los gallegos, el sabio político demostrará su conocimiento de la región gallega.
El artículo sobre el cuplé también esconde alguna joya:
Cuando hay cupletistas, sus canciones pasan a una previa censura: se limitan por centímetros sus escotes y se les hace entender que la Empresa prefiere el uso de las medias de algodón. No se toleran alusiones dudosas ni frases de doble sentido. Se exige una escrupulosa formalidad. Cierta cupletista de repertorio regional cantó una noche la conocida canción asturiana que dice:
Caminito del puerto
ya no va nadie.
Ya no va nadie, no;
ya no va nadie, sí;
ya no va nadie.
Al día siguiente la llamó la Empresa.
—Hemos observado —le dijeron— que en su repertorio hay una canción poco seria. Es una en que asegura que nadie va por el camino del puerto. Eso bastaría para disgustarnos, porque no queremos que en el puerto creanque nosotros le tenemos inquina. Pero es que inmediatamente dice usted: «ya no va nadie, no; ya no va nadie, sí». Y esto no lo podemos tolerar. Esta casa es muy seria. Nuestros abonados salen de la función sin saber, a la postre, si va alguien o no va nadie por ese camino. Nuestros abonados son gentes tranquilas; son rentistas apacibles, señores del Roperillo de San Juan, jóvenes de buenas costumbres y jefes de familia bien. Ninguno de ellos viene aquí para buscar preocupaciones. Usted les dice: «Ya no va nadie, sí; ya no va nadie, no», y les quita el sueño. ¿Es sí? ¿Es no?… Decídase usted por uno de los monosílabos.
En todo caso, elija usted una fórmula intermedia. Puede usted decir, por ejemplo, que le parece que ya no va nadie por ese camino, sin que pueda asegurarlo muy concretamente; que usted lo ha oído decir por ahí… Cualquier cosa, en fin; pero sin contradecirse …
Y cuando la cupletista iba a retirarse, la Empresa añadió:
—¡ Oiga! … Y … en el caso de que insista usted en que ya no va nadie… pues … a ver cómo se las arregla para decir que no va nadie al puerto asturiano porque todo el mundo viene a este otro puerto, que tiene una hermosa playa, un Gran Casino, hoteles de primer orden e hipódromo … Esto como cosa suya, ¿eh?
Pero basta de citas, o me saldra una entrada descomunal. Les apunto el resto de títulos, como es costumbre en este Cuchitril:
Los ricos y los pobres
La madre Naturaleza
El ilustre americanista
El asesinato como función social
Los viajes
El tapete verde
Los remeros
Los pelotaris
Meditaciones sobre el «Juanito»
Jerusalén libertada
Todos son muy buenos, pero con ‘Los Viajes’ no podía reprimir las carcajadas. Como ven, mis vaticinios eran equivocados; no sólo no es un tostón, sino que es el libro más gracioso que he leído este año, y al final ha sido una pena que tuviera tan pocas páginas.
Si el ‘El bosque animado’ me gustó, con éste he acabado de enamorarme del autor. Si hacen la prueba, creo que no quedarán defraudados.
(Un día, un libro 305/365)
Escuchando: Baila la pulga. Los Brincos.