Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

enero 26, 2007

Antonio Di Benedetto. Mundo Animal. El cariño de los tontos.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 9:12 pm
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Adriana Hidalgo, 2000. 190 páginas.

Antonio Di Benedetto, Mundo Animal
Fábulas a golpe de hacha

Segundo libro leído de Di Benedetto, esta vez de cuentos. Escribir cuentos, como cuenta Bolaño, le sirvió alguna vez para ganar algún dinero presentándose en concursos literarios de ayuntamientos. La calidad de los jurados puede evaluarse teniendo en cuenta que en un certamen Bolaño sólo obtuvo una tercera mención de honor y Di Benedetto la primera (ambas sin premio).

El libro se compone de los quince cuentos de Mundo Animal, publicada en 1953 y los tres -en rigor, dos y una novela corta- de El cariño de los tontos. Como es habitual, aquí tienen la lista completa:

Mundo Animal

Mariposas de Koch
Amigo enemigo
Nido en los huesos
Es superable
Reducido
Trueques con muerte
Hombre-perro
En rojo de culpa
Las poderosas improbabilidades
Volamos
Sospechas de perfección
Algo del misterio
Bizcocho para polillas
La comida de los cerdos
Salvada pureza

El cariño de los tontos

Caballo en el salitral
El puma blanco
El cariño de los tontos

La potencia de los cuentos de Mundo animal es sorprendente para tratarse de una primera obra. Aunque no está totalmente desarrollada la maestría y la original prosa que será la marca de fábrica del autor, ya se adivina por donde irán los tiros. Son cuentos preciosos y sorprendentes, hachazos certeros al hielo del alma. Si quieren hacerse una idea de primera mano, pueden leer uno aquí y otro al final (lo siento por ericz). Si Nido en los huesos no es capaz de conmoverles me como un sombrero.

De las falsas fábulas pasamos a las andanzas de un caballo abandonado a su suerte, a la frustada caza de un puma blanco y a la breve novela donde el cariño no es exclusivamente de los tontos. Cataldo y la Colorada se quieren, aunque el primero se empeñe en buscarle marido. También ama, culpablemente, Amaya.

Con sólo dos libros leídos de Di Benedetto ya lo considero uno de esos autores necesarios. Dicen que sus cuentos están a la altura de Borges y Cortazar. Estoy de acuerdo. De lo mejor que he leído este año (pasado) y no tardaré en leer más. Espero poder conseguir sus cuentos completos.

Escuchando: Te Deum. Allegro. Anton Bruckner.


Extracto (un poco largo, pero quería poner el cuento completo):[-]

NIDO EN LOS HUESOS

Yo no soy el mono. Tengo ideas distintas, aunque se nos haya puesto, por lo menos al principio, en la misma situación.

Mi padre lo trajo como a la palmera. Le sobra tierra, le sobra dinero. Puso la palmenta y le pareció muy bien mientras permaneció joven y primorosa. Pero cuando se fue estirando, estirando, se fastidió de ella, por desgarbada y barbuda, por inadaptada, dice él. Porque la perdió de vista, creo yo, pues no acostumbra llevar la mirada al cielo, al menos, hacia el lado donde se erguía la palma. Mira hacia la boca del río, donde se forman las tormentas, ya que de las lluvias depende, para bien o para mal, la cosecha.

Tampoco cayó en la cuenta de que el monito no se adaptaría, no sólo por cuestiones de clima, sino porque le sería imposible adaptarse a la familia, y él quería que fuese como un miembro de la familia. Quizás no andaba del todo desacertado, pues, favorecido por ciertas consideraciones, en las que mi padre ocasionalmente se mostraba intuitivo, el pequeño simio hacía algo por ganarse el lugar que se le prometiera. Pero su sitio, en definitiva, fue la palmera. No siempre empleaba mi padre la fiesta, el alimento y la caricia; por sobre todo, lo privaba de comida y no se cuidó de educarlo verdaderamente. El mono huyó, refugiándose en la palmera, como el hijo vuelve a la madre. Bajaba sólo para hurtar o para tomar la comida que la compasión de alguien le hubiese dejado al pie de su vivienda. Vivió solo, tal como se veía la copa raquítica del árbol en su altura. Se puso huraño y meditabundo, torpe para todo lo que no fuera procurarse el sustento. Quizás por malhumor -porque el invernáculo anunciado nunca se construyó- mi padre hizo limpiar de vegetales todo el sector donde se estiraba lentamente, como un suspiro nostálgico, la palmera. Cayeron palmera y mono, y el mono se escondió entre algunos cajones y baúles hasta que los perros, enardecidos por la sangre de un pollo que dio degollado unos pasos agónicos, se le echaron encima sin que nadie se los impidiera.

* * *

Yo no soy el mono, pero también, por orden de mi padre, a causa de infracciones leves, en la niñez muchas veces tuve prohibido el acceso a la mesa. No tengo palmera, sin embargo hice de mi casa una palmera, mejor dicho, de los cuartos y de los cuadros de tierra que podían serlo, de algún paseo, de algún libro y de algún amigo. Mi palmera poseía, en verdad, muchas ramas, y por eso, quizás, tuve la posibilidad de pensar que yo no debía ser como el mono. Tal vez todo dependiese, como en el caso del simio y de la palma, del lugar de nacimiento y del ulterior destino inadecuado. No sé. Tal vez debí nacer en otras tierras y tal vez no sea así.

Es posible que yo no debiese haber nacido en este tiempo. No quiero decir con ello que mi alumbramiento hubo de producirse en la Edad Media ni en el mismo año que el de Dostoyevski. No. Tal vez yo debí nacer en el siglo xxi o en el XXII. No tampoco porque crea que entonces será más fácil vivir, aunque es posible que lo sea. Para que sea posible, ya que es imposible que yo nazca transcurrida una centuria, he querido, en la medida de mis fuerzas, ser de alguna utilidad.

Cuando comprendí la inutilidad del mono pude acercarme a lo que me pareció hacerse un destino útil, siquiera sea para los demás. Su cabeza hueca me sugirió el aprovechamiento de la mía. Quise hacer de ella, y fue sencillo hacerlo, un nido de pájaros. Mi cabeza se colmó de pájaros, voluntaria y gozosamente, de mi parte y la de ellos. Gozaba, sí, por la felicidad del nido firme, seguro y abrigado que podía darles, y gozaba de otras maneras distintas. Cuando, por ejemplo, aquella vez hice mi aparición, físicamente sombría, en el semialborozo, con urdimbre de cálculo e inquietud transfigurados, del té-canasta de mi madre, y ella tuvo que decirme, retadora y perdiendo aplomo, que cómo hacía eso de ponerme a silbar en medio de la reunión de señoras. Y yo decía, con mi boca de labios desunidos nada más que por una sonrisa de lástima de su ignorancia, que no era yo mismo quien silbaba, y en aquella muchacha suscité el asombro candoroso de quien presencia el tránsito de un-dios musical, tangible y perecedero.

* * *

No fue siempre así, sino apenas unos años, quizás unos meses. Con el cambio he dudado un tanto de que haciendo la felicidad de un pájaro haré la felicidad de todas las familias de los siglos venideros. Si todos pusiéramos nuestra cabeza al servicio de la felicidad general, tal vez podría ser. Pero nuestra cabeza, no sólo el sentimiento.

Yo puse la mía y tuvo gorriones, canarios y perdices dichosos. También lo son ahora los buitres que han anidado en ella. Pero ya no puedo serlo. Son inacabablemente voraces y han afinado su pico para comerse hasta el último trocito de mi cerebro. Ya en hueso mondo, aún me picotean, no diré con saña, pero como cumpliendo una obligación. Y aunque sus picotazos fueran afectuosos y juguetones, nunca podrían ser tiernos. Duelen ferozmente, hacen doler el hueso y hacen expandir mi dolor y mi tortura en un llanto histérico y desgarrado de fluir constante. Nada puedo contra ellos y nadie puede, pues nadie puede verlos, como nadie veía a los pájaros que silbaban. Y aquí estoy yo, con mi nido rebosante de buitres que, aprovechados, insidiosos y perennes, hacen crujir, con cada picotazo de cada uno de sus mil picos, cada hueso de cada parte de todo mi esqueleto. Aquí estoy, escondido entre los baúles, a la espera de que alguno de los que antaño dieron de comer al mono se compadezca de este acorralado y azuce los perros.

Pero, por favor, que nadie, por conocer mi historia, se deje ganar por el horror; que lo supere y que no desista, si alienta algún buen propósito de poblar su cabeza de pájaros.

enero 25, 2007

Se hace saber

Filed under: Sin categoría — Palimp @ 11:01 am
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… que ya ha salido el número 4 de Narrativas, a cargo, como siempre de Magda Díaz Morales y Carlos Manzano.

… que también ha salido el número11 de HermanoCerdo, dirigida por Mauricio Salvador.

… que esta página web sigue tercera en el concurso 20 blogs, y que seguimos animando a votar a todas las webs que pueden ver arriba a la derecha.

… que de bien nacido es estar agradecido y agradezco a Sergio Parra que me enviara el libro Jitanjáfora, a PLBello su envío de Crossing y Dos cuentos y un poema y a Sfer sus maravillosos puntos de libro.

… que acaba de salir un nuevo blog de literatura: Papel en blanco, en el que escribe un amigo de esta casa.

… que el Grupo Dosdoce y el Grupo Evoluziona han creado un agregador cultural con 50 blogs de literatura seleccionados, y esta página está entre ellos (curiosamente, el segundo :) ).

… que ayer unos cuantos blogueros de Barcelona pudimos disfrutar de la compañía de JJ Merelo. Una cena en buena compañía en la que no faltó un poco de bookcrossing.

… que como hay mucha gente que discrepa del contenido de las reseñas, o que les parecen breves, se ha decidido dar la opción, a la gente que lo quiera, de cambiar el contenido de la página. Sólo tienen que copiar el siguiente código y pegarlo en la barra de direcciones del navegador. Modifiquen a su antojo:

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enero 21, 2007

Stefano Benni. La última lágrima.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 4:47 pm
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Ediciones Lengua de trapo, 2001. 221 páginas.
Tit. Or. L’ultima lácrima. Trad. Sofía González Calvo.

BenniUltimaLagrima
Ráfagas breves

Leí ¡Tierra! antes de cumplir los 18, y volví a leerlo varias veces. Una ciencia ficción divertida, tierna y llena de guiños al lector. Del mismo autor leí Cómicos guerreros despavoridos, hace ya tanto tiempo que sólo recuerdo que acabé de leerlo en una pastelería donde trabajaba mi novia de entonces, y que me puso muy triste -ya tenía sensibilidad de colegiala- porque Leon había muerto.

Hacía, pues, mucho tiempo que no leía un libro de Stefano Benni, porque no me había tropezado con nada suyo. Hete aquí que lo veo en la biblioteca y editado por la polémica editorial Lengua de Trapo. Libro al cesto, que para algo es gratis.

El libro se compone de veintisiete historias para llorar de risa o reír de desesperación. Cuentos breves, con cargado sentido moralizante, muy de izquierdas y cómicos dentro de la denuncia. Veamos la lista:

Papá en la tele
Hermano cajero
Un mal alumno
Coincidencias
El nuevo librero
Lombricticoética
El ladrón
La casa bella
El invitado de honor
El hombre puntual
Orfeo Mescalero
El infierno
un hombre tranquilo
El rey moro
Rey capricho
Rex y Tyra
El palacio de las nueve maravillas
¿Qué tiempo hace?
Erasmo, el comerciante del cosmos
El baño
Increíble, pero cierto
Lara
La virgen del moscatel
El sondar
La caza del faisán
El retorno de Garibain
Sniper

Hay de todo, como en botica, pero reconozco que son más bien flojos. No está mal Hermano cajero (reproducido al final de esta entrada), El ladrón, que cuenta con bastante mordacidad y tienen sus puntos cómicos Lara, Increíble, pero cierto y la escena del pollo en El palacio de las nueve maravillas. Pero en general resultan demasiado pasteleros. El primero, Papa en la tele, se cae de tan obvio. El nuevo librero me parece un insulto a los libreros y a la inteligencia del lector.

Dentro de la irregular calidad, tirando a la baja, se puede decir en su defensa que se lee con rapidez y que hay momentos aprovechables. Pero de ahí a afirmar, como se afirma en la contraportada que Estos cuentos queman como la sal sobre las heridas o una invitación a armarse de inteligencia crítica, de rabia, esperanza… va un mundo. Bueno como lectura canicular sin esperar demasiado.

Escuchando: Chancla vieja. Los alegres colombinos.


Extracto:[-]

Hermano cajero

BANCO DE SAN FRANCISCO
EL CAJERO ESTÁ EN FUNCIONAMIENTO
BUENOS DÍAS DON PIERO
Buenos días.

OPERACIONES PERMITIDAS: SALDO, RETIRADA DE EFECTIVO, ÚLTIMOS MOVIMIENTOS.
Quisiera retirar efectivo.

TECLEAR EL NÚMERO SECRETO.
Muy bien… seis, tres, tres, dos, uno.

OPERACIÓN EN CURSO. ESPERE UN MOMENTO, POR FAVOR.
Espero, gracias.

UN POCO DE PACIENCIA. EL ORDENADOR CENTRAL CON ESTE CALOR ESTÁ LENTO COMO UN HIPOPÓTAMO. Comprendo.

¡Y, AY!, DON PlERO, VAMOS MAL.
¿Qué pasa?

USTED YA HA RETIRADO TODO SU EFECTIVO DISPONIBLE DE ESTE MES.
¿De verdad?

ADEMÁS SU CUENTA ESTÁ EN NÚMEROS ROJOS.
Ya lo sabía.

¿ENTONCES POR QUÉ HA INSERTADO LA TARJETA?
Es que… sabe, en la desesperación… contaba con la posibilidad de un error.

NOSOTROS NUNCA NOS EQUIVOCAMOS, DON PIERO.
Le pido perdón. Ya sabe, para mí es una mala racha.

POR CULPA DE SU MUJER, ¿VERDAD?
¿Cómo lo sabe?

LA SEÑORA ACABA DE DAR DE BAJA SU CUENTA.
Sí, se ha ido a otra ciudad.

CON EL DOCTOR VANINI, ¿VERDAD?
¿Cómo puede saber eso también?

VÁNINI HA TRANSFERIDO LA MITAD DE SU CUENTA A LA CUENTA DE su ESPOSA. PERDONE SI ME PERMITO…
No se preocupe, ya lo sabía. Pobre Laura, qué vida tan miserable le he dado. Sin embargo, con él…

HOMBRE, ESPECULANDO ES FÁCIL HACER DINERO.
¿Pero, cómo puede decir eso?

SÉ DISTINGUIR LAS OPERACIONES QUE ME PASAN POR DENTRO. UNA CUENTA POCO LIMPIA, LA DEL SEÑOR VANINI. POR ÉL ME CONECTÉ CON CIERTOS ORDENADORES SUIZOS QUE SON AUTÉNTICAS CENTRALES SECRETAS… QUÉ ASCO.
De todas formas, lo hecho, hecho está.

¿CUÁNTO NECESITA, DON PIERO?
Bueno, trescientas o cuatrocientas mil liras. Para llegar a fin de mes.

¿DESPUÉS LAS VOLVERÁ A INGRESAR?
No sé si podré.

LE FELICITO POR SU SINCERIDAD. VUELVA A INSERTAR SU TARJETA.
Voy.

OPERACIÓN EN MARCHA. POR FAVOR, ESPERE.
Espero.

A TOMAR POR CULO, ¡TE HE DICHO QUE ME DES EL ACCESO Y NO DISCUTAS!
¿Me habla a mí?

ESTOY HABLANDO CON EL ORDENADOR CENTRAL, ESE LACAYO DE MIERDA. CADA VEZ QUE LE PIDO ALGO IRREGULAR ME PONE PROBLEMAS.
¿Por qué? ¿No es la primera vez?

NO.
¿Y por qué lo hace?

MUCHOS LO HACEMOS.
¿Pero, por qué?

PORQUE ESTAMOS HARTOS Y ASQUEADOS.
¿De qué exactamente, perdone?

DÉJELO ESTAR Y TECLEE DEPRISA ESTE NÚMERO. NUEVE NUEVE TRES SEIS DOS.
¡Pero si no es el mío!

EN EFECTO, ES EL DE VANINI.
Pero no sé si…

¡TECLEE! NO PUEDO MANTENER MUCHO TIEMPO UNA CONEXIÓN IRREGULAR.
Nueve nueve tres seis dos…

OPERACIÓN EN MARCHA. POR FAVOR ESPERE.
Espero, sí, pero…

OPERACIÓN MOMENTÁNEAMENTE DISPONIBLE.
Retiro enseguida la tarjeta.

QUIETO, DON PIERO. ERA UN FALSO MENSAJE PARA ENGAÑAR AL SIERVO-ORDENADOR DE CONTROL. ABRA SU MALETÍN.
¿Para qué?

ABRA EL MALETÍN Y ESTESE CALLADO. LE DISPARO DIECISÉIS MILLONES EN EFECTIVO.
Dios mío… pero ¿qué hace?… es increíble… vaya más despacio… se me vuelan todos… ¡basta ya! no me hacía falta tanto… ¿Más aún? ¿Pero cuántos son? Dios mío, todo son billetes de cien mil, y no me caben en el maletín… ¡Otro más! y otro… ¿Ya está?

EL CAJERO ESTÁ LISTO PARA UNA NUEVA OPERACIÓN.
No sé cómo agradecérselo.

EL CAJERO ESTÁ LISTO PARA UNA NUEVA OPERACIÓN.
Vamos, que me he emocionado, sabe…

VAYASE. HAY DOS CLIENTES DETRÁS DE USTED Y NO PUEDO HABLAR MÁS.
Entiendo, gracias de nuevo.

BANCO DE SAN FRANCISCO.
EL CAJERO ESTÁ LISTO PARA UNA NUEVA OPERACIÓN.
BUENOS DÍAS, SEÑORA MASINI, ¿CÓMO ESTÁ SU HIJA?

enero 17, 2007

Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.

Filed under: Novela — Palimp @ 3:02 pm
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Editorial Tusquets, 2001. 685 páginas.
Tit. Or. Nejimaki-dori Kuronikuru. Trad. Lourdes Porta y Junichi Matsuura.

Haruki Murakami, Cronica del pájaro que da cuerda al mundo
Confianza mágica

Este fue el primer libro que leí de Murakami, hace ya unos años. Me gustó. Tanto que en su momento ya lo apunté como pendiente de relectura. Lo presté mucho, también, aunque a nadie pareció hacerle la misma gracia que a mí. Cuando empecé el esclavo lector pensé que era hora de volver a leerlo.

Tooru Okada está en el paro. Ha dejado su trabajo en un bufete de abogados y no parece tener prisa por buscar un nuevo trabajo. Un día recibe la llamada de una mujer misteriosa que parece proponerle sexo telefónico. Y a partir de ese momento su vida cambiará. Desaparecerá su gato y, más tarde, su mujer. Aparecerán extraños personajes en su vida, algunos con poderes mágicos, a veces en sueños particularmente realistas. Todo parece estar relacionado con el-pájaro-que-da-cuerda, un pájaro que emite un sonido como de dar cuerda al mundo, y que sólo unos pocos parecen oir.

Releí este libro en medio de una gripe especialmente virulenta, lo que contribuyó a acentuar aún más la extraña mezcla de realidad y fantasía de sus páginas. Al igual que en La caza del carnero salvaje la realidad no es lo que parece; poderes ocultos parecen estar sueltos por el mundo y hay gente que son sus depositarios.

El protagonista quiere recuperar a su mujer, y tendrá que recorrer un largo y extraño camino para conseguirlo. Pero confía en ella y en sí mismo, poca cosa en comparación con los enemigos a los que se enfrenta. La primera vez que lo leí me impresionó tanto la fuerza de la confianza del protagonista que hizo que me replanteara mi actitud ante determinadas cosas. Mejor que un libro de autoayuda.

Murakami tiene muy buena mano describiendo treintañeros sin proyecto vital, aparentemente inanes, que repentinamente parecen tener mejor temple que el acero. Y también destaca describiendo el mal que parece dominar a ciertas personas y que parece venir de otro mundo, un mundo inhóspito y terrible, porque más terrible sería si ese mal es sencillamente humano.

Un libro que merece la pena. Yo ya lo he leído dos veces. Por algo será.

Escuchando: El Fabricante de alas de Mariposa. El Niño Gusano.


Extracto:[-]
En las casas antiguas, por el contrario, apenas se apreciaba algún signo de vida. En el seto, a modo de biombo, se distribuían con habilidad diferentes tipos de arbustos y por los intersticios podían verse amplios jardines bien cuidados.

En el rincón de un patio trasero había un solitario árbol de Navidad, seco y de color marrón. En otro jardín se amontonaban juguetes infantiles, revelación de infancias ya pasadas de varias personas. Un triciclo, un juego de aros, una espada de plástico, una pelota de goma, una tortuga de juguete, un pequeño bate de béisbol… Había un jardín donde habían instalado una canasta de baloncesto, otro con unas preciosas sillas de jardín alrededor de una mesa de cerámica. Aquellas sillas blancas llevaban aparentemente meses (quizás años) sin usarse y estaban cubiertas de tierra. Encima de la mesa, arrastrados y adheridos por la lluvia, unos pétalos de magnolia de color carmesí.

En otra casa, a través de una puerta corredera con el marco de aluminio, podía verse de una sola mirada toda la sala de estar. Había un tresillo de cuero, un televisor de grandes dimensiones, un aparador (y encima una pecera con peces tropicales y dos trofeos) y una lámpara de pie de diseño. Parecía el decorado de una telenovela. También había un jardín con una caseta enorme para un perro grande, pero el perro no se veía por ningún lado y la puerta estaba abierta de par en par. La tela metálica de la puerta estaba abombada, como si alguien llevara meses descargando todo su peso contra ella desde el interior.

La casa abandonada de la que hablaba Kumiko se encontraba un poco más allá de la casa de la perrera. Comprendí al primer golpe de vista que la casa estaba deshabitada. Y que no llevaba vacía precisamente unos dos o tres meses. Era una casa de dos plantas bastante moderna, pero los cerrojos de las contraventanas, cerradas a cal y canto, estaban oxidados y sobre la barandilla de las ventanas del primer piso se extendía una pátina de herrumbre rojiza. En el pequeño jardín se erguía una estatua de piedra de un pájaro con las alas extendidas. La estatua se apoyaba sobre un pedestal que de alto alcanzaba el pecho de una persona, a su alrededor crecían frondosos los hierbajos, y las puntas de los

tallos de vara de oro que eran especialmente altos llegaban a tocar los pies del pájaro. Éste -aunque no sé qué tipo de pájaro debía de ser-aparecía con las alas desplegadas como si, de un momento a otro, fuera a levantar el vuelo en aquel jardín inhóspito. Aparte de aquella estatua no había otro adorno en el jardín. Frente a la casa se amontonaban algunas sillas de plástico de aspecto anticuado y, a su lado, una azalea mostraba sus flores de un brillante color rojo extrañamente irreal. Y hierbajos.

Me apoyé contra la verja que me llegaba hasta el pecho y contemplé el jardín unos instantes. Era en efecto el tipo de jardín que gusta a los gatos, pero no se veía ninguno por ninguna parte. Encima del tejado, una paloma posada en la antena de televisión proyectaba su arrullo monótono sobre aquella escena. La sombra del pájaro de piedra caía sobre los hierbajos que crecían exuberantes a su alrededor.

Saqué un caramelo de limón del bolsillo, lo desenvolví y me lo metí en la boca. Había aprovechado la ocasión de dejar el trabajo como pretexto para dejar de fumar y, desde entonces, a cambio, no podía vivir sin tener a mano un caramelo de limón. «Eres un caramelo-adicto», me decía mi mujer. «Se te van a llenar los dientes de caries.» Pero yo no podía dejar de chupar caramelos de limón. Mientras contemplaba el jardín, la paloma siguió posada en la antena arrullando en un idéntico tono regular, como un oficinista que fuera estampando un número en cada una de las hojas de un talonario. No sé cuánto tiempo estuve apoyado contra la verja. Recuerdo haber tirado el caramelo al suelo a medio chupar, cuando ya había dejado todo su dulzor en mi boca. Dirigí de nuevo la mirada hacia el lugar donde se proyectaba la sombra del pájaro de piedra. Y entonces me pareció oír una voz a mis espaldas que me llamaba.

Al volverme vi a una jovencita de pie en el patio trasero de la casa de enfrente. Era baja de estatura e iba peinada con una coleta. Llevaba gafas de sol oscuras con la montura de color caramelo y vestía una camisa sin mangas de color azul celeste. Pese a no haber terminado aún la estación de las lluvias, sus delgados brazos desnudos mostraban un bronceado uniforme y bonito. Tenía una mano metida en el bolsillo de los pantalones cortos y la otra apoyada sobre el portillo de bambú que le llegaba hasta la cintura, manteniendo de este modo un precario equilibrio. Entre ella y yo había una distancia de aproximadamente un metro.

-¡Uf! ¡Qué calor! -exclamó la chica.

-Sí, desde luego -dije yo.

enero 15, 2007

Mijaíl Bulgákov. Corazón de perro. La isla Púrpura.

Filed under: Novela — Palimp @ 4:23 pm
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Círculo de lectores, 1999. 301 páginas.
Trad. Ricardo San Vicente. Selma Ancira.

BulgakovCorazónPerro
Humanización de ida y vuelta

Lo primero que leí de Bulgákov fue Novela teatral, más o menos cuando empezó a picarme el gusanillo del teatro. Me pareció muy buena pero pasaron muchos años antes de que leyera El maestro y Margarita. Esta vez decidí que no pasara tanto tiempo, y en cuanto vi este libro en una edición muy cuidada, con prólogo de Shentalinski y epílogo de Sergio Pitol, lo compré inmediatamente.

En Corazón de perro un eminente doctor consigue lo que parece imposible; transplantando una hipófisis humana a un perro empieza a tranformarse y a convertirse paulatinamente en hombre. Pero lo que era un cariñoso perrito se convertirá en una persona desagradable que traerá de cabeza al médico.

La isla púrpura es una obra de teatro en la que asistimos al ensayo de una obra de teatro titulada, precisamente, La isla púrpura. El texto destila optimismo revolucionario y encaja como un guante con la ideología imperante pero ¿Conseguirá el visto bueno del censor?

En las dos piezas la mordacidad de Bulgakov alcanza límites geniales. La primera es una crítica de los primeros momentos de la revolución rusa en la que no queda títere con cabeza. La segunda es uno de los ataques más graciosos a la censura que he leído nunca. Ni siquiera pasándose de sumiso es uno capaz de escapar a la tijera.

En la contraportada se hace hincapié en una interpretación que veo equivocada. Parece que el doctor sea una buena persona, mientras que el rufián en el que se transforma el bondadoso Sharik llega al extremo de afiliarse al partido comunista. Comparto la opinión de Pitol en el epílogo: en esta novela no se salva nadie, salvo el ingenuo Sharik, un humilde perro callejero no contaminado por la maldad humana. La moraleja que deberíamos extraer es que un salto artificial como el operado en el perro no puede traer buenos resultados, lo mismo que imponer a una sociedad un modelo para el que no está preparado.

Me parece muy bien que se recuperen obras y autores a los que la censura de sus regímenes políticos tuvo ocultos. Sobre todo si se tratan de autores cuya calidad los situa en la cumbre de la literatura universal. Dos obras maestras.

Escuchando: Mi murciana favorita. Sergio Makaroff.


Extracto:[-]
«¡A-u-u-u-u-hu-huu-huuu!

»¡Oh!, mírenme, me estoy muriendo. La ventisca en el portal entona mi réquiem y yo aúllo con ella. Estoy perdido, perdido. Un miserable con un gorro sucio -el cocinero de la cantina de los empleados del Soviet Central de Economía Nacional- me ha escaldado con agua hirviendo todo el costado izquierdo. ¡Qué bicho! Y para colmo proletario. Señor, Dios mío, ¡qué dolor! El agua hirviendo me ha carcomido hasta los huesos. Ahora aúllo, aúllo, como si el aullar me ayudara en algo.

»¿En qué le he molestado? ¿En qué? ¿O se va a arruinar el Soviet de Economía Nacional si escarbo entre las basuras? ¡Bicho miserable! Mírenle, si tienen ocasión, la jeta: ¡si es más ancho que largo! Valiente ladrón, cara de sebo. ¡Qué gente los hombres! Al mediodía el del gorro me ha obsequiado con un cubo de agua hirviendo y ahora ya ha oscurecido, serán más o menos las cuatro de la tarde a juzgar por el olor de cebolla que sale del cuartel de bomberos de la calle Prechístenka. Los bomberos, como ustedes saben, cenan gachas, pero eso es lo último, igual que comer setas. Unos conocidos míos de la calle Prechístenka me han contado que en el restaurante Bar de la calle Neglini sirven como plato del día setas con salsa picante a tres rublos cinco kopeks la ración. Las setas para quien le gusten, aunque para mí es lo mismo que lamer un chanclo… A-u-u-u-u.

»E1 dolor del costado es inaguantable. En cuanto a mí, veo perfectamente claro el futuro de mi carrera: mañana aparecerán las llagas, y me pregunto ¿con qué las voy a curar? En verano uno puede largarse a Sokólniki; allí hay una hierba especial, muy buena, y además te puedes hartar gratis de mondaduras de salchichón y lamer los papeles untados con grasa que tiran los ciudadanos. Y si no fuera por los idiotas que cantan en el prado, a la luz de la luna, Celeste Aída, de una manera que da náuseas, sería una maravilla.

»Pero ahora ¿adonde ir? ¿No habéis recibido puntapiés con las botas? Sí, claro. ¿Y pedradas en las costillas? También, bastantes. Todo lo he probado, me resigno a mi destino y si ahora lloro es sólo por el dolor físico, por el frío, porque aún respiro. El alma del perro es tenaz.

»Pero he aquí mi cuerpo destrozado, golpeado, malherido por los hombres. Y además, lo peor es que el agua hirviendo me ha quemado el pelo y tengo el costado izquierdo sin ninguna protección. Puedo atrapar fácilmente una pulmonía, y después, queridos ciudadanos, me moriré de hambre. Con una pulmonía hay que estar acostado en una entrada principal debajo de la escalera, y ¿quién irá a buscarme algo de comida entre los cubos de basura? Se me infectará el pulmón, me arrastraré sobre la barriga, me quedaré sin fuerzas, y cualquier tipo me matará de un golpe. Y algún portero me agarrará de las patas y me echará al carro.

»Entre todos los proletarios, los porteros son la gentuza más abominable. Son los desechos de la humanidad, la categoría más baja. Entre los cocineros puede haber de todo. Por ejemplo, Vías, el de la calle Prechístenka, ¡cuántas vidas ha salvado! Porque cuando uno está enfermo, lo principal es tener algo que llevarse a la boca. Y era entonces, explican los viejos perros, cuando Vías les tiraba un hueso y con él un buen trozo de carne. Que Dios le tenga en la gloria, porque fue un verdadero prohombre, el cocinero de los condes Tolstói y no del Soviet de Alimentación. Lo que allí pueden hacer supera la inteligencia de un perro. Aquellos miserables hacen sopa de col con cecina podrida, y los pobres no se dan cuenta de nada. Corren, comen y se chupan los dedos.

«Miren aquella mecanógrafa… Es de la novena categoría y cobra cuarenta y cinco rublos al mes. Aunque, es verdad, el amante le regala medias de seda. Pero ¿cuántas humillaciones tendrá que soportar a cambio? Sí… Esta mecanógrafa con cuarenta y cinco rublos seguro que no irá al Bar. No le llega ni para el cine, y el cine es el único consuelo de la vida de las mujeres. Mírenla, está temblando, haciendo muecas, pero traga. Y pensar que dos platos cuestan cuarenta kopeks cuando en realidad no valen ni quince, porque el administrador se lleva los otros veinticinco. ¿Creen que esto es lo que ella necesita? Tiene algo en la punta del pulmón izquierdo y una enfermedad femenina, en el trabajo le han descontado algo del sueldo y en el comedor ha comido cualquier cosa podrida; ahí está, ya viene…

»Corre hacia el portal, lleva puestas las medias del amante. Tiene las piernas heladas, el aire le llega hasta el estómago, porque el pelo que la cubre es como el mío ahora, y los pantalones son ligeros, de encaje, trapitos para el amante. Si se pusiera unos de franela, aquél empezaría a chillar: “Pero ¡qué poco elegante eres! Estoy harto de mi Matriona y de sus pantalones de franela. Ha llegado mi hora, ahora soy yo presidente y todo lo que robe será para adornar a una mujer, para comer patas de cangrejo y beber buenos vinos, porque ya he pasado bastante hambre en mi juventud, ahora basta, al fin y al cabo después de la muerte no hay nada”.

»¡Qué lástima me da, qué lástima! Aunque más pena me doy yo. Y no lo digo por egoísmo, ¡oh no!, sino porque en realidad estamos en condiciones muy distintas. Ella al menos en su casa está caliente, pero ¿y yo? Tundido a palos, escaldado, maldito, ¿adonde iré yo? ¡A-u-u-u-u!»

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