Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

marzo 30, 2007

Piero Boitani. La sombra de Ulises.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 11:06 am
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Ediciones Península, 2001. 216 páginas.
Tit. Or. L’ombra di Ulisse. Trad. Bernardo Moreno Carrillo.

BoitaniSombraUlises
Imágenes de un mito en la literatura occidental

Un miserable euro costaba un ejemplar de este libro en un puesto de la feria del libro de Barcelona (y tenían muchos). ¿Tan poco interés tienen las aventuras de Ulises? Aunque el libro fuera muy malo, por un euro tenía que comprarlo.

La Ilíada es una sucesión de batallas, pero la Odisea es una historia, una serie de aventuras por las que parece no pasar el tiempo. Ulises se ha convertido en un arquetipo capaz de integrarse en todas las épocas. De la capacidad de adaptación del mito a cada momento trata este libro.

No se trata de hacer un catálogo sobre la aparición de Ulises en diversas obras de la literatura universal, catálogo que además de incompleto sería innecesario, sino de analizar como se interpreta el mito de Ulises en diferentes épocas y culturas. La interpretación de Dante en la divina comedia no es la misma que la de Tennyson.

Aviso; el libro, aunque didáctico, no es divulgativo. Para un lector medio como yo tiene párrafos que se hacen cuesta arriba. No estoy acostumbrado al lenguaje técnico que maneja, aunque supongo que cualquier estudiante de filología no tendrá los problemas que he tenido yo.

No se dejen asustar por la dificultad de la empresa; el esfuerzo merece la pena, sobre todo en la segunda mitad del libro. Una visión erudita y original de uno de los mitos más vivos de occidente.

Escuchando: He sido infiel. Sonotones.


Extracto:[-]

Ulises se ha convertido en prisionero de un campo de concentración. La alta mar abierta quiere decir «cuando el horizonte se cierra sobre sí mismo, libre, recto y simple», cuando no hay más que el olor a mar, una «dulce cosa ferozmente lejana» de la realidad de Auschwitz. La poesía es capaz de expresar la experiencia presente y de evocar con transida nostalgia la experiencia pasada, de unir el otro mundo con éste, que es el verdadero otro.
En la memoria se produce otra laguna. Levi quiere relatar el loco vuelo allende las Columnas de Hércules en prosa («un sacrilegio»); y, sin embargo, sólo ahora, en el lager, nos percatamos de que la orden aceto che Vuom piú oltre «non si metta» tiene que ver precisamente con el impulso personal de Ulises {misi me). Como si la poesía cobrara un sentido más profundo en el recuerdo y en la exaltación súbita en medio de la «muerte en la vida» de Auschwitz; como si la crítica literaria pudiera tener origen precisamente en este suprema hora de sufrimiento.

La prisa, la ansiedad, se adueñan del comentador. Habría tantas otras cosas que decir… Hay una frase especial: «Considerad vuestra naturaleza». Levi puntualiza a Pilcólo que se trata de un pasaje crucial. Pero este apostrofe lo impresiona a él más que a nadie. «Como si también yo lo sintiera por primera vez; como un toque de clarín, como la voz de Dios». Durante un instante, ha olvidado quién es y dónde está, pues éste es un mensaje dirigido a «todos los hombres dolientes» y, en particular, a los prisioneros del campo de concentración y a ellos dos, que se atreven a «razonar de estas cosas con los varales de la marmita a cuestas». En un abrir y cerrar de ojos, desde el lager de Auschwitz, Levi da al traste con la interpretación ortodoxa y tradicional del terceto. En medio de la catástrofe de la civilización europea, la realidad del presente y la cultura clasico-humanista de un judío italiano hacen coincidir el deseo pagano de conocimiento y la virtud con el destino primigenio del hombre, antes del pecado original, en el Génesis: el hombre no fue hecho para vivir como un bruto, sino, según «la voz de Dios», a su imagen y semejanza.

Interpretación ejemplarmente revolucionaria, que va incluso más allá que la exégesis «romántica» de la que se ha hablado en el segundo capítulo. A esta lectura nadie se atreverá a negar una verdad de fondo. Es verdadera para quien lee la poesía en circunstancias extremas, en el otro mundo. Y contra esta verdad no hay filología (no hay reconstrucción del
contexto epistémico-cultural originario del poema dantesco) que valga. Es el hombre en la historia quien presta sentido al texto poético.

Pero el mismo texto que estamos leyendo ahora aparece también dividido. Otra laguna memorística hace a Levi saltarse los cuatro tercetos del viaje allende las Columnas bajo las estrellas y la luna. Aquí está la montaña, oscura por la distancia como las que se ven al atardecer cuando se vuelve en tren de Milán a Turín («dulces cosas ferozmente lejanas» «que se piensan, pero no se dicen»), y el naufragio. Levi daría el rancho cotidiano por conseguir enlazar «non ne avevo alcuna» con el final; pero le bailan en la cabeza otros versos dantescos que no tienen nada que ver. A las puertas de la cocina, la nave es ludibrio del mar tempestuoso, se hunde popa arriba y proa abajo «como a otro plugo». Levi encarece a Pikolo:

Es absolutamente necesario y urgente que escuche, que comprenda este «come altrui piaeque» antes de que sea demasiado tarde, mañana, él o yo podemos estar muertos, o no volver a vernos, debo hablarle, explicarle lo de la Edad Media, del tan humano y necesario y sin embargo inesperado anacronismo y de algo más, de algo gigantesco que yo mismo sólo he visto ahora, en la intuición de un instante, tal vez el porqué de nuestro destino, de nuestro estar hoy aquí…

Las historias de prisioneros de Auschwitz, nos había dicho Levi anteriormente, son todas «sencillas e incomprensibles» como las de la Biblia; todas están «llenas de una trágica y sorprendente necesidad». El anacronismo del relato dantesco, el conflicto entre el pasado pagano de Ulises y su presente cristiano en el infierno, el encuentro de los dos horizontes culturales, hacen del canto XXVI del Infierno el equivalente de la Biblia y, al mismo tiempo, de la tragedia, cuya trama, según Aristóteles, se desarrolla según lo necesario y lo verosímil, y donde hechos terribles y lamentables nacen el uno del otro «contra toda expectativa».

marzo 29, 2007

Servidor nuevo

Filed under: Sin categoría — Palimp @ 5:28 pm
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Ya he cambiado de servidor y la cosa no ha sido tan traumática como creía. Se han conservado todas las entradas y comentarios. Es posible que algo no funcione como es debido, pero lo que he podido probar no ha dado ningún problema.

El motivo del cambio es el gran aumento de visitas que ha tenido la página desde sus comienzos, que superaban hasta cinco veces el ancho de banda contratado. Esto provocaba fallos de la página y facturas más elevadas, puesto que el exceso de consumo se cobra aparte.

En el nuevo servidor tenemos cien veces más ancho de banda, más que suficiente de momento. He aprovechado para cambiar la versión de WordPress (más costoso de lo que parece, porque lo tengo muy tuneado) y modificar el vínculo de las entradas, que ahora incluye el título de la entrada.

Quería anunciar novedades, pero he decidido seguir el modelo google, no anunciar nada hasta que esté en funcionamiento. Pero alguna habrá.

marzo 27, 2007

Arthur Schnitzler. Relato soñado.

Filed under: Novela — Palimp @ 10:49 pm
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Arthur Schnitzler. Relato soñado.
El Acantilado (Quaderns crema), 1999. 132 páginas.
Tit. Or. Traumnovelle. Trad. Miguel Sáenz.

SchnitzlerRelatoSoñado
Carnaval, te quiero

Descubrí a Schnitzler cuando leí La ronda. Me sorprendió la calidad y la modernidad de un autor a caballo entre el siglo XIX y el XX. Me dejó con ganas de leer más y he tenido la suerte de encontrar este libro. A medida que iba leyéndolo me di cuenta de que es el libro en el que está basado Eyes Wide Shut.

La trama empieza cuando Fridolin y su esposa, regresando de un baile de carnaval, intercambian confidencias. Ella le hubiera sido infiel con un oficial, él estuvo a punto de hacerlo con una joven…los relatos se interrumpen porque debe salir para atender a un enfermo. Durante la noche el médico se verá envuelto en una extraña aventura dentro de una sociedad secreta.

Me quito el sombrero, señores. Que pedazo de libro -nada que ver con la película, de la que nos ocuparemos en nuestra nueva sección audiovisuales. La trama es sencilla pero sugerente. Las inquietudes psicológicas de los protagonistas son sexualmente turbadoras, pese a que ni son infieles ni en ninguna parte del libro hay sexo. La historia de la sociedad a la que le lleva su amigo Nachtigall le da el punto de fantasía suficiente para que la ficción sea más interesante. Las historias de la hija del enfermo y la joven prostituta, tentaciones en el camino del protagonista, están narradas con mano maestra.

Olvídense del pelanas de Cruise, compren el libro y disfruten.

Escuchando: Sentencias. Traidores.


Extracto:[-]
Albertine, que acaso fuera la más impaciente, la más franca o más buena de los dos, fue la primera en encontrar valor para hablar abiertamente; y, con voz un tanto indecisa, le preguntó a Fridolin si recordaba a un joven que, el pasado verano, en la playa danesa, estaba sentado una noche, con dos oficiales, a una mesa cercana, recibió un telegrama mientras cenaba y al punto se despidió apresuradamente de sus amigos.

Fridolin asintió.

—¿Quién era? —preguntó.

—Lo había visto ya por la mañana—respondió Albertine—, en el momento en que él subía deprisa las escaleras del hotel con su bolsa amarilla. Me miró fugazmente, pero sólo unos escalones más arriba se detuvo, se volvió hacia mí y nuestras miradas se encontraron. No me sonrió; de hecho, más bien me pareció que su rostro se ensombrecía, y sin duda a mí me ocurrió lo mismo, porque me sentí conmovida como nunca. Durante todo el día permanecí echada en la playa, perdida en mis sueños. Si me hubiera llamado (pensaba saber), no hubiera podido resistirme. Me creía dispuesta a todo; creía estar prácticamente decidida a renunciar a ti, a la niña y a mi futuro, y al mismo tiempo (¿puedes comprenderlo?) me eras más querido que nunca. Precisamente esa tarde, te acordarás aún, ocurrió que hablamos con toda confianza de mil cosas, también de nuestro futuro común y también de la niña, como desde hacía tiempo no hablábamos. A la puesta de sol estábamos sentados en el balcón, tú y yo, y él pasó abajo por la playa, sin levantar la vista, y me sentí feliz al verlo. A ti, sin embargo, te acaricié la frente y te besé el cabello, y en ese amor mío por ti había al mismo tiempo mucha compasión dolorosa. Aquella noche yo estaba muy guapa, tú mismo me lo dijiste, y llevaba una rosa blanca en el talle. Tal vez no fuera casualidad que el extraño y sus amigos se sentaran cerca de nosotros. No me miraba, pero yo jugaba con la idea de aproximarme a su mesa y decirle: aquí estoy, mi esperado, mi amado… llévame contigo. En ese instante le trajeron el telegrama, lo leyó, palideció, susurró unas palabras al más joven de los oficiales y, rozándome con una mirada enigmática, abandonó la sala.

—¿Y luego? —preguntó Fridolin secamente, cuando ella se quedó en silencio.

—Nada más. Sólo sé que, a la mañana siguiente, me desperté con cierta angustia. Qué era lo que me angustiaba (que él se hubiera ido o que pudiera estar aún allí) no lo sé, y tampoco Ib sabía entonces. Sin embargo, cuando, al mediodía, siguió ausente, respiré aliviada. No me preguntes más, Fridolin, te he dicho toda la verdad… Y también tú tuviste en esa playa una experiencia parecida… lo sé.

Fridolin se levantó, recorrió la habitación varias veces de un lado a otro y dijo luego:

—Tienes razón. —Estaba de pie junto a la ventana, con el rostro en la oscuridad. —De mañana— comenzó a decir con voz velada, un tanto hostil—, a veces muy temprano aún, antes de que tú te levantaras, solía caminar a lo largo de la orilla, saliendo del pueblo; y, aunque era tan pronto, el sol lucía ya claro y fuerte sobre el mar. Allí en la playa, como sabes, había pequeñas villas que se alzaban como pequeños mundos independientes, algunas con jardines rodeados de vallas, otras sólo rodeadas de bosque, y las casetas de baño estaban separadas de las casas por la carretera y por un trozo de playa. Rara vez encontraba a nadie a esa hora tan temprana; y bañistas no se veía a ninguno. Una mañana, sin embargo, divisé de pronto una figura femenina que, hacía un momento invisible todavía, estaba de pie en la pequeña terraza de una de las casetas de baño le

marzo 26, 2007

Revista Narrativas

Filed under: Sin categoría — Palimp @ 8:46 am
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Acaba de salir el número 5 de la Revista Narrativas, un proyecto editorial a cargo de Magda Díaz y Morales y Carlos Manzano.

La revista se abre con la siguiente cita de Sergio Pitol: «Una cosa es redactar y otra, muy distinta, escribir.» La calidad de los contenidos nos hace pensar que los que aquí publican escriben, y escriben muy bien. A destacar la gran cantidad de relatos que aparecern en este número.

No se la pierdan.

marzo 25, 2007

Wisława Szymborska y el Quijote

Filed under: Sin categoría — Palimp @ 2:02 pm
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Wisława SzymborskaEn el semanal de la Vanguardia leo una entrevista a la ganadora del premio Nobel Wisława Szymborska y me ha gustado su breve opinión sobre el Quijote:

Creo que es una obra maestra, pero que ha cambiado mucho con el tiempo. Cuando se publicó, hace más de 400 años, era un libro enormemente divertido. En estos momentos, al menos para mí, es un libro triste. Cuando lo cierras, lo que queda en el alma del lector es un poso de amargura. Es como si el humor hubiera envejecido ¿verdad?

Vive austeramente en Cracovia y sigue fumando a sus 83 años. En Poéticas (no dejen de visitar el blog) puede leerse aquí el siguiente poema:

A ALGUNOS LES GUSTA LA POESÍA

A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.

La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.
Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos.

Más poemas suyos aquí.

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