Cuchitril Literario

Marzo 12, 2007

Borges, una vida

Archivado en: General — Palimp @ 8:56 am
          0 votos

El año pasado editó Seix Barral Argentina la biografía de Borges de Edwin Williamson, y este año lo ha hecho su homóloga española. En El País puede encontrarse un artículo con numerosos extractos. Una biografía completa (640 páginas) y bendecida por Harold Bloom que hará las delicias de los seguidores del genial escritor argentino.

Un extracto:

De los treinta y siete lectores que compraron un ejemplar de Historia de la eternidad, uno fue Adolfo Bioy Casares, un aspirante a escritor. Tal era el apetito del joven por las curiosidades literarias que fue engañado por la reseña falsa de El acercamiento a Almotásim y pidió la novela inexistente a un librero de Londres. Con el tiempo, Bioy Casares se convertiría en uno de los compañeros más cercanos y leales de Borges, así como en el autor, con él, de una serie de cuentos y unos guiones cinematográficos

Marzo 11, 2007

Que piensen ellos.

Archivado en: Ensayo — Palimp @ 10:54 am
          0 votos

Editorial Opera Prima, 2001. 288 páginas.

MicroensayosPiensenEllos
Filosofía joven

Si Unamuno se oponía al progreso con su famosa frase ¡Que inventen ellos! los jóvenes filósofos que escriben en este volumen parecen empeñados en llevarle la contraria. Regalo de mi mujer que lo encontró huérfano en un montón de un mercadillo de saldo lo cogí con ganas ¿De que hablarán los jóvenes filósofos españoles?

Como indica la contraportada el único requisito era ser sinceros, valientes y contundentes. Tampoco es que vivamos momentos críticos como para enarbolar estas banderas, y tampoco es que los escritos rebosen de estas virtudes, pero el conjunto queda muy apañado. Como es habitual en este blog, aquí tienen la lista:

Presentación. Reinventar la filosofía: una sociedad crítica. Antonio Pastor Bustamante
Coca-Cola, democracia e imitación de Cristo. Juan A. Herrero Brasas
Transparencias violentas, opacas libertades. Germán Cano
Crítica de la razón ebria. Enrique Ocaña
La explosión de la metafísica nuclear. Karol Wojtyla y la filosofía post-metafísica contemporánea. Joan Pipó Comorera
(Auto)biografía de un órgano. Beatriz Preciado
A vueltas con el diablo. Julio Díaz Galán
Denuesto de la actualidad. Antonio Valdecantos
La rala-topo lampiña (y otro extraño espécimen). Francisco Lapuerta Amigo
El obstáculo de la transparencia: filosofía y metáfora. José A. Marín-Casanova
Ellos y ellas. Antonia Nájar Ruiz
Deseo de realidad. Un fragmento (autobiográfico) de mi Discurso del método. César Moreno
El precio de las palabras: entre Maurice Blanchot y Francisco de Quevedo. Emilio Velasco Bartolomé
Valores y educación. Juan Antonio Rivera
La nostalgia perpetua o una revisión del paradigma creador. Pilar Adón
Al jilo de la postmodernidad: el tiempo de la mathesis multiversalis. Manuel Barrios Casares
El problema del nacionalismo: ¿que piensen otros?. Ángel Muñoz Álvarez
La máquina de experiencias y el sentido de la vida. Jorge Mínguez Diez
El soporte de la escritura. Carolina Meloni González
Un divertimento heideggeriano. Óscar L. González-Castán
Imagen, lenguaje, medios: elementos de una teoría de la imagen. Ana García Varas
Equipaje ontológico para andar por casa. José Navarro
Passe-partoul (en torno al «soporte de la violencia»). Paco Vidarte
Lo bestias que somos. Pere Saborit
Nosotros, los humanos… (pequeño manifiesto para un siglo que empieza). Luis Arenas
Entre fantasmas: imaginando a los otros. Elena Nájera
Deseo de otra realidad, deseo de la palabra otra. Jorge Riechmann

Hay de todo. Algunos artículos son demasiado técnicos para un profano como yo. Alguno hay tan surrealista que no me he enterado de nada (el del órgano). Otros, por el contrario, se leen con facilidad e incluso con una sonrisa en los labios (el de Wojtyla, entre otros). Algunos son flojos o poco originales (la presencia del postmodernismo y Derrida abunda demasiado). Y con otros discrepo en mayor o menor medida (La máquina de experiencias y el sentido de la vida me parece fallida en la base).

Pero todos comparten una virtud: te hacen pensar. Soy enemigo de pedanterías vanas y de aquellos que dicen que todo debe ser profundo. Pero también me cansa el otro extremo; creo que a nuestra sociedad no le vendría mal un poco de sustancia. Ya que lo máximo que vamos a ver en la televisión es al infumable del Punset y que los únicos programas con un poco de enjundia están en la radio, no está nada mal leer un libro que ponga sobre el tapete problemas interesantes sobre los que debatir.

Yo quiero más.

Escuchando: La mañana, de Peer Gynt. Grieg.


Extracto:[-]
Cuántas palabras gastamos y cuan pocas son nuestras, dijo Canetti.

Una poesía que voluntariamente se priva del poder de dar nombres nuevos renuncia a sus capacidades más íntimas y necesarias, y de poca ayuda nos será, por más que menudeen las invocaciones a su utilidad. Normalización es siempre empobrecimiento .

La normalidad como programa me parece tan alicorta e inútil como la persecución sistemática de la extravagancia. Prestemos menos atención a la figura del poeta: volvamos la mirada al mundo, al mundo grande y terrible y extranjero. A las cosas —que son relaciones—, a las cosas mismas. A cavar tras el núcleo de brasa, tal y como lo intuyeron Guillevic y Wittgenstein.

Cada día veo la belleza de la gente en la calle, en el metro —belleza a veces agostada, a veces inicial— y me digo: este mundo tiene que salvarse. A pesar de los pesares, de las atrocidades y de las indignidades, este mundo tiene que salvarse. Sería de una imperdonable ingenuidad confiar tal salvación al poder del poema. Pero sería un terrible error olvidar que no hay poema que deje el mundo intacto.


En cualquier caso, hoy la devastación y la decadencia d lenguaje corren raudas hacia su propio desconocimiento Cada vez son menos las personas que se preguntan por la corrección de su propio lenguaje. Menos son aún aquellas que tratan de enriquecerlo y pulirlo. El resultado es un mundo lleno de faltas de ortografía al que contribuye el propio Ministerio de Fomento, que no pone acentos en los carteles que informan de los nombres de muchos pueblos o ríos. En conjunto, tenemos un lenguaje breve, simple, cotidiano, machacado, dócil y que no se queja nunca de sí mismo. Con él pretendemos enjuiciar la lucidez, el rigor, la claridad y complejidad de todo pensamiento. Como la complejidad del lenguaje en general y del filosófico en particular corre pareja a la complejidad del ser humano, y como la dificultad del lenguaje es el reflejo de la dificultad de nuestra inserción en la realidad cotidiana, tenemos como resultado que nuestro pobre ser lingüístico actual es el que mejor se baña en esa realidad, medida de todas las demás, al que no le cuesta ser uno con ella. De ahí que los filósofos, desde Sócrates, estén siempre en las nubes y alejados del mundo, según una cierta imagen incomprensible popular.

En resumen, cuando no queremos que el pensador nos cause desasosiego, cuando lo reducimos a una pildora contra el aburrimiento y cuando le exigimos, además, que se exprese en la forma de la cotidianidad, entonces nos quedamos con una pura nada. Dadas estas condiciones, ¿cómo es posi que todavía pretendamos encontrar en el pensamiento una novación y repristinación de la mirada sobre la realidad renovación de la mirada sobre la cotidianidad no es mas dianidad. Sin embargo, cuando nos situamos, como omb ig satisfechos, en el centro del epiciclo de nuestro mundo, c estrecha órbita planetaria marca los límites de la realidad lo que se puede decir inteligiblemente, entonces lo que no está con nosotros, acompañándonos fiel y acompasadamente, es locura y desvarío, desviación de los perfiles bien delimitados del mundo y del lenguaje. Si ahora oímos una señal lejana, que apenas se puede amplificar, de otro mundo, si nuestros sensores de radio, casi desmantelados y abandonados por el convencimiento de que no hay más mundos que el que marca nuestro pequeño vivir receloso, se conmueven mínimamente por las ondas de unas voces antiguas, intermitentemente oídas, entonces nuestra capacidad para prestar atención a los mensajes de extramuros, agostada por el hábito de no esperar la visita de nadie que no seamos nosotros, volverá a centrarse en lo que puede distinguir nítidamente a su alrededor. Se dirá persuadida: «si hay alguien más, si hay alguna exhortación que de verdad quiere hacerse oír, entonces que se muestre inequívocamente como uno más, aquí y ahora, con nuestra voz y nuestro rostro». Por este convencimiento siempre renovado, el dicho ilustrado «¡atrévete a pensar!» deja de tener fuerza porque, finalmente, aquello a lo que apunta es lo más mico de la existencia humana, una zona del espacio alejada y remota, aunque existente y pertinaz en sus mensajes, hacia la que sólo un descuido, casi un milagro, nos puede hacer girar otra vez la cabeza. Por eso tiene todo el sentido devolver la exhortación con otra: ¡que piensen ellos, los que sean que están o visitan de vez en cuando ese espacio sideral! Y, sin embargo, es muy probable que aquel milagro esté en cada uno de nosotros, esperando a que una fe contenida y pisoteada, que nadie, de verdad, quiere perder, le obligue a actuar.


Los doctores descubren al retirar la piel un órgano erecto

Es preciso despellejar los lazos gelatinosos que podrían unir la familia al gesto monstruoso que sale de esa boca.

El teatro operatorio ha comenzado cuando una mujer inesperada abre la puerta del quirófano y dice, dirigiéndose al rostro dormido, «Recuerda que yo soy Medea, tu madre» Los doctores la ignoran. Sólo yo, en la claridad de la hipnosis la he visto. Es una mujer seria, con el pelo muy negro atado a la cabeza en forma de moño. Podría ser María Callas pero en ese caso el jefe del quirófano tendría que ser Passolini.

La mujer me persigue como un Orlan que documenta el paso del bisturí sobre su propia carne. Mother_data_base. Al mismo tiempo arkhe y arkheion, principio y domicilio; ley de acuerdo a la que toda imagen puede volverse documento público y guardián del secreto más privado. Mamá_digital archiva, recuerda mientras yo no soy consciente, para que yo pueda no ser consciente.

—Pero, ¿cómo puede asistir a la tortura de su casta sin desfallecer? ¿Cómo puede soportar el corte, la castración por segunda vez? ¿Podría mi madre ser Medea y haberme entregado gustosa al sacrificio de la sierra? ¿Acaso soy yo el fruto de esta violencia que me da refugio?

De un solo golpe de sierra el cuerpo bascula, se desequilibra, falla, exactamente ahí donde el cuello se hace garganta, estrechamiento, angostura y por fin degolladero. Los maxilares
superior e inferior han sido separados, sus junturas abiertas. La coyuntura deshecha, la articulación desmontada. El tiempo se ha salido de madre4. Durante unos minutos, el labio y la uijada inferior permanecen alejados del rostro, de tal modo ue si el cuerpo fuera puesto en pie, sin ayuda de tenedores y fórceps, la mandíbula caería sobre el pecho dejando la lengua al descubierto como un órgano externo. El músculo más flexible y esponjoso, el más tierno y delicado, quedaría así expuesto al afuera. Libre de su caja de resonancia, la lengua sería al mismo tiempo visible y silenciosa, groseramente agresiva e impotente.

La inscripción en la carne se anuncia primero como trazo de lápiz sobre la piel. El dibujo es un diagrama performativo que promete que en cada línea se abrirá un tajo, un mapa futuro que indica que todo lo que excede la línea roja es ya carne muerta. La reconstrucción prostética es ante todo un trabajo brutal de la Forma y en ese sentido, la cirugía no es sino una rama carnal y sangrienta de las artes que denominamos «estéticas». El objetivo de la prostética y de la estética, salvando la distancia, es el mismo, a saber, hacer una abertura y modificar el curso natural de los órganos.

La conciencia, antes y después de la sensibilidad, es una abertura: yacimiento, circuncisión, cueva, vagina, boca, hoyo, ano, túnel, pliegue del oído, cripta, párpado, huella, entrada del paraíso, glándula linfática, ojo, guante, bollo, vertedero, cloaca, repliegue del ombligo, mina, lagrimal, puerta, arteria, sumidero, poro, pasillo, vaso sanguíneo, galería, cuerpo. El mundo de lo vivo es, como tú, madre, infinitamente cavernoso.
De cada fosa emerge una lengua que canta en doce idiomas: «… el Capital se hizo carne y habitó entre nosotros… ».

Marzo 10, 2007

Cuentos completos de Di Benedetto

Archivado en: General — Palimp @ 3:02 pm
          0 votos

En octubre del año pasado leí la noticia de la publiación de los cuentos completos de Di Benedettoen el estupendo blog de Seikilos, casi coincidiendo con mi descubrimiento del autor. Lo ha editado Adriana hidalgo e incluye la totalidad de sus cuentos más algunos inéditos.

En ese momento no lo pude encontrar en ninguna librería, pero hoy en El País Edgardo Dorby hacía también una reseña del libro (aunque, curiosamente, sin indicar editorial), lo he buscado, y he visto que está disponible por menos de 24 euros en cualquiera de las librerías que tienen tienda en internet. Un precio que, para las setecientas páginas que tiene el volumen, es más que asequible.

No tardará en caer.

Di Benedetto en el Cuchitril

Reseña de Aballay en Luz de limbo

Di Benedetto en Seikilos

Marzo 9, 2007

Recibido: La biblia ante la biblia

Archivado en: General — Palimp @ 8:47 pm
          0 votos

Acabo de recibir el segundo tomo de La biblia ante la biblia, cuya primera parte reseñamos aquí, y promete ser mejor incluso que la primera. El esquema es el mismo, desmontar casi versículo a versículo las contradicciones del supuesto texto santo. Les daremos cumplida reseña.

También anunciarles que ya ha sido anunciado el ganador del X premio Alfaguara de Novela, que ha sido el murciano Luis Leante con su novela Mira si yo te querré.

Como anécdota comentar que la estrategia de crispación que está promoviendo la derecha en este país tiene, al menos, un resultado positivo: se ha disparado la venta de banderas de España. Que al menos alguien saque beneficio de tanto sinsentido.

Marzo 6, 2007

José Antonio Marina. Elogio y refutación del ingenio.

Archivado en: Ensayo — Palimp @ 8:08 pm
          0 votos

Editorial Anagrama, 1992. 282 páginas.

José Antonio Marina, Elogio y refutación del ingenio
Defensa insípida, torpe refutación

Estoy hambriento de ensayos. No suele haber muchos en el mercado de San Antonio y pocos en edición de bolsillo. Las bibliotecas municipales tampoco están especialmente surtidas. Y para una vez que compro uno, nuevecito, me estrello.

Mucho sonaba el nombre de Jose Antonio Marina pero no había leído nada de él. Lo he solucionado comprando este Elogio y refutación del ingenio, premio Anagrama de ensayo, cuyo tema me resultaba atractivo.

Comienzo la lectura y me encuentro con lo siguiente:

En 1894, Paul Valéry escribía a André Gide: «Entre los libros realmente indispensables y que nadie escribirá, hojeo frecuentemente en mi espíritu la Historia y filosofía de la ingeniosidad.» Pues bien: aquí está. No lo he escrito por inspiración de Valéry, pero cito este texto porque es delicioso saberse tan esperado y necesario.

¡Modesto, baja, que sube Marina! Decido tomarlo como una ingeniosidad y sigo p’alante:

Este libro es un ejercicio de «psicoanálisis lingüístico». Sobre el diván está tendida la palabra «ingenio». Mejor dicho: un hablante que utiliza la palabra «ingenio» y que nos representa a todos. Así pues, el lector va a ser psicoanalizado a través de ese representante ideal.

¡Si yo no puedo ni ver al psicoanálisis! Empezamos mal. A partir de aquí confieso haber leído el libro a la contra, pero el resto de páginas no consiguieron darle la vuelta a mis prejuicios. No es que el libro no valga nada, pero tampoco es que valga mucho.

Como bien dice el título, empezamos por un elogio de las virtudes del ingenio: libertad, frescura, juego… una serie de características positivas que indudablemente parece poseer. Pero toda cara tiene su cruz, y el ingenio también: no profundiza, se queda en las meras apariencias, el placer estético… Ya tienen resumido el libro. Les prometo que no hay mucho más.

Uno espera de un ensayo muchas cosas, y en particular que le iluminen el objeto del estudio. Marina ni clarifica, ni define, ni acota, ni tiene una teoría ni ataca a otra. No se limita a hacer un catálogo de ingeniosidades pero tampoco ofrece material para la discusión. Salvo un par de ideas (como que el problema del arte contemporáneo es que está basado en el ingenio) el resto es dar vueltas alrededor de lo que les he resumido en el párrafo anterior: algo que ni es nuevo ni merece un libro. Mucho juego etimológico que no pasa de mera anécdota. Aunque Marina afirma que esto es un prólogo a un ensayo más profundo acerca de la inteligencia creadora, ni es excusa ni me anima a seguir con sus libros.

Personalmente, además, estoy en contra de mucho que lo que afirma sin más prueba que su palabra. Así, afirma que en la ciencia no tiene cabida el ingenio, por ser una disciplina cuadriculada. Veo muchos científicos llevándose las manos a la cabeza. Sí, en la ciencia y en la tecnología el ingenio está tan presente como en cualquier otra rama del saber humano. Recuerdo el ingenio de Arquímedes no sólo al descubrir su famoso principio (que quizá puede definirse como perspicacia) sino al recortar maderas con formas de círculos o secciones para averiguar, mediante el peso, cual es el valor de su área y a partir de ahí intentar deducirlo geométricamente.

Se jacta también el autor de que una vez descubierto el truco es fácil imitar el ingénio y plantea un juego. En una lista mezcla frases de Oscar Wilde, greguerías de Gómez de la Serna y definiciones del diccionario de Coll con otras de su propia cosecha y reta al lector a distinguir el trigo de la paja. Confieso que fui incapaz de distinguir las greguerías, con las definiciones me fue mejor y en el caso de las frases de Wilde no fallé ni una. ¿Por qué? Porque además del truco hace falta tener talento, que a Wilde le sobraba y que Marina no tiene en la abundancia que se piensa.

Soy de la opinión de que el ingenio es una más de las herramientas cognitivas que tiene nuestro cerebro para enfrentarse al mundo, y que al conjunto de todas las herramientas de las que disponemos le llamamos inteligencia. Tiene tanto sentido hacer un elogio y refutación del ingenio como hacerlo de la memoria.

En definitiva, el libro tiene el peor defecto que el autor achaca al ingenio (no profundiza y se queda en las formas) pero carece de las virtudes del mismo (ni en sueños se podía calificar este libro como chispeante). Una decepción de la editorial de mis amores y un libro que, de más está decirlo, no puedo recomendarles.

Escuchando: Estoy en la luna. Tequila.


Extracto:[-]
Resumiendo: con el juego, el sujeto pretende disfrutar de una libertad absoluta. Es, pues, un espejismo del paraíso. Sin normas, sin trabas, sin límites, sin peso, la conciencia se expande en un aire triunfal. Leo en Borges una línea de Petronio citada por Addison. Dice que el alma, cuando está libre de la carga del cuerpo, juega. En efecto, hay en el juego una nota de ingravidez, y también de utopía e inocencia. Niega la necesidad de una norma heterónoma, pues cree en el fair play, que es su aristocrática derivación ética. El jugador se percibe como sujeto activo, ejerciendo con exaltación su libertad y poderío, a salvo del mundo, que se le presenta enfurruñado bajo la severa figura de la seriedad, el orden de los fines, el interés y las consecuencias.

El afán lúdico ha guiado todos los movimientos contraculturales de este siglo, como expondré más adelante. Vivimos el momento de la «de-construcción», o lo que es igual, de la sistemática construcción del desguace, actividad contradictoria que se afirma negando y demuestra desmontando. En el fondo de su violencia alienta un concepto de libertad desligada. Toda religación implica una atadura, Nietzsche lo vio
con nitidez. Era necesario desprenderse de todos los valores acuñados, porque aniquilan nuestra libertad. Hay una religiosidad implícita en toda religación a una norma. Por ello el vigoroso y atormentado profeta de nuestra época escribió: «Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática.» Una fuerza tremenda nos acecha oculta en la sintaxis y la ortografía. Quien se preocupe de ellas acabará utilizando agua bendita. Un texto del mismo autor me convence de que las asociaciones señaladas en este capítulo no son arbitrarias. Lo escribió en Ecce homo, su autobiografía, y dice así: «No conozco ningún otro modo de tratar con tareas grandes que el juego.» Así anunciaba la aurora de una nueva época en la que el nacimiento y la desaparición de las figuras finitas y temporales se experimentarían como baile, como danza, como juego (Nietzsche, 1888; Fink, 1966).

Me reafirmo, pues, en mi tesis: el campo semántico del ingenio está unificado por ser un proyecto de existencia basado en la búsqueda de la libertad desligada, cuyo emblema y triunfo es el juego.

« Entradas AnterioresEntradas Siguientes »