Cuchitril Literario

Agosto 19, 2007

Documento: La biblioteca nacional

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Las polémicas declaraciones de Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional, han aparecido en numerosas bitácoras y medios de comunicación. No está de más traer hoy, por tanto, este documento de Radio Nacional de España sobre la Biblioteca Nacional, que incluye otras declaraciones suyas más mesuradas. Un interesante documento sobre la historia de esta institución:

Pensar que tienen tres copias de todos los libros editados en España me produce escalofríos. ¿Cómo tiene que ser una visita por esos almacenes?

Actualización Entre otras cosas la señora Rosa Regás dijo lo siguiente:

Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos.

Cada uno podemos tener nuestras filias y fobias, pero de ahí a alegrarse de que no se vendan periódios de la oposición va un paso. También afirmó:

Hace dos meses que no leo la prensa, ni veo la tele, ni escucho la radio. Porque me inquieta tanto la crispación que no me deja trabajar. Sé a quien voto, ya sé los insultos y las mentiras por dónde van, y no soy masoquista.

Cierto es que hay crispación, y que yo mismo soy incapaz de escuchar la COPE más de diez minutos ni de ver el telediario de Antena 3, pero semejante alejamiento de las noticias no creo que sea normal.

Las reacciones no se hicieron esperar y fueron muy criticadas -no creo que hubiera silencio o no me lo pareció. Como muestra los siguientes titulares del propio diario El País:

La directora de la Biblioteca Nacional celebra que se vendan menos periódicos

El modelo ‘Granma’ de Rosa Regàs

De este último me gustaría destacar este párrafo:

Periodistas y asociaciones profesionales han lanzado una dura crítica contra Regàs por su ataque a los medios de comunicación. “Tal vez en Cuba, con Granma y Juventud Rebelde, estaría más satisfecha”, afirma Jorge del Corral, secretario general de Uteca, entidad que agrupa a las televisiones privadas. “Quizá no ha meditado bien lo que ha dicho y, si lo ha dicho conscientemente, denota un pensamiento totalitario”, agrega. Del Corral mantiene que “como persona culta”, Regàs “debería saber que los medios son un contrapoder del poder legítimamente constituido y su función es ejercer la crítica, de manera constructiva y rigurosa, pero la crítica”.

En El País apareció la siguiente aclaración:

Aclaración

Que en mi opinión no es suficiente, aunque a Maruja Torres la tranquilizó un poco.

Los propios datos de los estudios contradicen las opiniones de Rosa Regás: Los españoles compran más prensa hoy que hace cinco años.

Rafael Reig criticó muy acertadamente este tipo de pensamiento jíbaro: Socialismo bonsái y pensamiento jíbaro.

Como bien indica pixi-dixi en los comentarios no son las únicas críticas que ha tenido la escritora. Luis María Ansón la pone En entredicho. Zarzalejos cree que es una mentecata. En Libertad Digital destacan que llamó delincuentes a sus compañeros del congreso y que no firmó un manifiesto contra ETA. Por último, los de la fiera literaria destrozan La canción de Dorotea. No comulgo con las ideas de Ansón y mucho menos con las de Libertad Digital, pero su opinión es respetable. Tampoco me gusta el estilo de la Fiera, pero muchas veces tienen más razón que un santo.

Lean los artículos y juzguen ustedes mismos.

Agosto 17, 2007

Mark Twain. Narraciones cortas.

Archivado en: Cuentos — Palimp @ 12:18 pm
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Editorial Extremadura.

Mark Twain, Narraciones Cortas
Ingenio en pequeñas dosis

Supongo que se podrá ganar dinero cogiendo textos cuyos derechos ya han caducado y publicándolos a bajo precio con un mínimo de gasto editorial: sin diseño, sin revisiones e incluso sin índice. No es una crítica -no del todo- gracias a esto me hice por un euro con varios clásicos nuevos. Me gustaría indicarles los relatos de este volumen, pero no sé donde tengo el ejemplar: cuando lo encuentre, los pongo.

Muchas de las narraciones no son muy conocidas -al menos por mí- y, en algunos casos, con razón. Pero otras son pequeñas joyas del humor que merecen ésta y otras reediciones. La del elefante blanco, feroz parodia de las novelas policiales. La rana saltarina, que encaja sin problemas en el universo de Tom Sawyer. El muchachito bueno, certero palo a los relatos moralizantes con escaso reflejo en el mundo real. Y las aventuras del agente de viajes un tanto inepto, de una comicidad desbordante.

Sorpresas muy agradables.

Escuchando: El Límite. La Frontera.


Extracto: Léanlo directamente en Wikisource: La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras

Agosto 15, 2007

César Aira. Las noches de flores.

Archivado en: Novela — Palimp @ 4:55 pm
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Editorial Mondadori, 2004. 140 páginas.

César Aira, Las noches de flores

Reparto alucinógeno

Después de la decepción que me llevé con La mendiga, con mi marcador 2-1 todavía favorable a Aira, esperaba encontrar algo mejor en estas Noches .

El libro empieza bien. Una pareja mayor tiene que ponerse a trabajar por falta de dinero. Lo curioso es su empleo: repartidores nocturnos de pizza. A pie por falta de moto recorrerán el barrio para entregar la comida. Mientras tanto la ciudad está conmocionada por el secuestro y asesinato de un niño, un crimen que todavía no se ha conseguido resolver.

Adolece de defectos ya aparecidos en La mendiga, pero al menos los personajes son más entrañables y se les coge cariño. Hasta que, en un determinado punto del libro, todo cambia de una manera extraña y sin sentido. A partir de ahí pierde toda tensión e interés. Un giro que no tiene razón de ser y que tampoco aporta nada ni a la estructura ni a la trama.

Ahora entiendo perfectamente a ericz. A partir de cierta página el libro se va por el desagüe. Sigo sin entender como el tipo que escribió una maravilla como Ema, la cautiva es capaz de salir con un libro como éste. Mi marcador está 2-2 en estos momentos. Espero que lo salve Como me hice monja, que viene recomendado. Lo que yo les recomiendo es que eviten este libro.

Escuchando: Que hace una chica como tú en un sitio como éste. Burning.


Extracto:[-]
Aldo y Rosita Peyró, un matrimonio maduro de Flores, adoptaron un curioso oficio en el que eran únicos y despertaban la curiosidad de los pocos que se enteraban: hacían delivery nocturno para una pizzería del barrio. No es que fueran los únicos en hacerlo, como quedaba patente por el ejército de jovencitos en motoneta que iban y venían por las calles de Flores, y de todo Buenos Aires, desde que caía el sol, como ratones en el laberinto de un laboratorio. Pero no había otra pareja madura (ni joven) que lo hiciera, y a pie, en sus propios términos.

Eran miembros muy característicos de nuestra vapuleada clase media, con una jubilación mediocre, casa propia, sin apremios graves pero sin un gran desahogo. Con salud y energía, relativamente jóvenes, sin nada que hacer, habría sido asombroso que no buscaran alguna ocupación con la que complementar su modesta renta. No se propusieron ser originales: el empleo surgió un poco por casualidad, por conocimiento con el joven encargado de la pizzería, y quizá también porque se parecía a un no trabajo. La crisis, que tantas adaptaciones extrañas en los hábitos venía produciendo, terminó de redondear la oportunidad: las pizzerías dejaron de financiar las motonetas, desde que percibieron que podían operar con repartidores con vehículo propio; hubo una drástica reducción de oferta de trabajo, y la que quedó se hizo más imprevisible pues los adolescentes dueños de motonetas se presentaban a trabajar sólo cuando necesitaban el dinero, y cambiaban de patrón a capricho. Los Peyró eran puntualísimos, responsables, y su paso a paso rendía. Les reservaban las entregas cercanas, de un radio reducido, y ni siquiera podía decirse que tardaran más que los motociclistas, ni que las pizzas llegaran frías. Cobraban el pequeño honorario establecido, más las propinas. Y además se obligaban a caminar, ejercicio recomendado a su edad, buenísimo para la salud, eso no necesitaban que se lo dijera un médico.

El trabajo los puso en contacto con una cara de la sociedad que de otro modo habrían ignorado. También con una cara de ellos mismos que no habría salido a luz. Como tantas parejas de su edad, se habrían ido «quedando» cada vez más, pasando las veladas frente al televisor, acostándose cada día más temprano. Al abrírseles la noche, se les renovaba una especie de juventud. Y los chicos extremadamente jóvenes que eran sus colegas de reparto en la pizzería los tomaban con la mayor naturalidad. Eran casi niños, o directamente niños desde la altura de la edad de Aldo y Rosita, lo que no les impedía aprender de ellos. Las generaciones al renovarse aportan cosas nuevas, que no tienen nada que ver con la experiencia, o ponen a la experiencia en otro plano. Estos chicos además eran especiales: las motonetas, los horarios nocturnos, la calle, les daban un carácter muy seductor de libertad, de audacia, de independencia; o quizá era ese carácter con el que habían nacido lo que los llevaba a ejercer el oficio. El encargado de la pizzería les confió una vez a los Peyró que ellos eran «una buena influencia» sobre la tropa juvenil; esa noche, en las largas charlas de las caminatas llevando las pizzas, le dieron vueltas a esa información, y concluyeron que las influencias siempre eran mutuas, y por fantástico que pudiera parecer, ellos también se enriquecían por lo que recibían.

Los trayectos tenían un dibujo muy peculiar por un curioso motivo. Peatones prudentes de la vieja escuela, cruzaban las calles sólo en las esquinas, respetando las luces de tránsito cuando las había, si bien el peligro de los autos disminuía bastante pasadas las diez u once de la noche. Disminuía y aumentaba al mismo tiempo, porque los vehículos, al ser menos, iban más rápido. Ahora bien, al caminar, Rosita se ubicaba siempre a la izquierda de Aldo, porque el oído izquierdo de Aldo funcionaba mejor que el derecho, y como siempre iban charlando de una cosa u otra, él prefería tenerla del lado por donde la oía más. Por una larguísima costumbre (siempre habían sido muy caminadores), él le cedía el lado de la pared, como había aprendido en su infancia que debía hacer un verdadero caballero, y se sentía incómodo cuando quedaban ubicados al revés.

Agosto 13, 2007

Henri Poincaré. Sobre la ciencia y su método.

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Círculo de lectores, 1997. 364 páginas.
Trad. M. García Miranda, L. Alonso, A. B. Besio y J. Banfi.

Henri Poincare, Sobre la Ciencia y su Metodo
Pensamientos de un precursor

Jules Henri Poincaré, pese a no ser muy conocido, fue un matemático brillante que hizo aportaciones muy interesantes y precursoras en la ciencia. En su trabajo sobre el problema de los tres cuerpos -averiguar la posición en un momento dado de tres cuerpos conocidas su masa y posición inicial- anticipó la posibilidad de que un sistema determinista tuviera un comportamiento caótico. Sus estudios sobre la luz y el encargo de sincronizar los relojes del mundo le llevaron a conclusiones que se introducirían en la teoría de la relatividad especial. Por último, su famosa conjetura ha sido demostrada hace poco con lo que se ha convertido definitivamente en el Teorema de Poincaré.

Cuando se editan libros como éste, selecciones de textos de grandes científicos, siempre es difícil escoger obras que puedan tener interés divulgativo. En este caso han tenido mucha suerte porque Poincaré escribió varios libros de divulgación, de los que en este volumen están Ciencia y método, la segunda parte de La ciencia y la hipótesis y extractos de Últimos pensamientos.

En la wikipedia leo esta frase sobre el autor: Los hábitos de trabajo de Poincaré han sido comparados con los de una abeja que vuela de flor en flor.. No sólo estaba interesado en la ciencia, también en como funcionaba su propia mente. De ahí que el siguiente extracto haya sido reproducido muchas veces cada vez que se habla de la inspiración científica -el eureka-:

Quise a continuación representar estas funciones por el cociente de dos series; esta idea fue perfectamente consciente y reflexionada: la analogía con las funciones elípticas me guiaba. Me pregunté cuáles debían ser las propiedades de estas series si existiesen, y llegué sin dificultad a formar las series que he llamado thetafuchsianas.

En ese momento me fui de Caen, donde vivía, para tomar parte en un concurso geológico emprendido por la Escuela de Minas. Las peripecias del viaje me hicieron olvidar mis trabajos matemáticos; al llegar a Coutances, subimos en un ómnibus para dar no sé qué paseo; en el momento en que ponía el pie en el estribo la idea me vino, sin que nada en mis pensamientos anteriores me hubiera podido preparar para ella, que las transformaciones de que había hecho uso para definir las funciones fuchsianas eran idénticas a las de la geometría no-euclidiana. No hice la verificación, no hubiera tenido tiempo, puesto que apenas sentado en el ómnibus proseguí la conversación comenzada, pero tuve enseguida la absoluta certidumbre. De regreso a Caen verifique el resultado más reposadamente para tranquilidad de mi espíritu.

Ignoro qué mecanismos provocan este curioso funcionamiento del cerebro, pero realmente es así: muchas veces me he estado rompiendo la cabeza con un problema toda una tarde y al día siguiente, nada más entrar en la ducha, me viene la solución a la cabeza.

El libro resulta muy entretenido e interesante; de toda esta colección quizás sea el que más me ha gustado. Poincaré sabe hacer divulgación científica con un extra añadido; nos ofrece una visión de la matemática de la época. Como intuicionista que era le pega unos buenos palos al programa de Hilbert, y machaca las intenciones de Bertrand Russell de edificar toda la matemática a partir de la lógica. Elogia a Cantor con buen tino, y me ha enseñado ¡por fin! por qué es necesario el axioma de elección de Zermelo (aunque sigo sin entenderlo).

Muy recomendable.

Escuchando: Summertime girl. Los iberos.


Extracto:[-]

Señalé un segundo error de los logísticos en el artículo del señor Hilbert. Hoy el señor Hilbert está excomulgado, y el señor Couturat no lo mira más como logístico; me va a preguntar si he encontrado la misma falta en los logísticos ortodoxos. No, no la he visto en las páginas que he leído; no sé si la encontraré en las trescientas páginas que están escritas y que no tengo ganas de leer.

Necesario es que las cometan el día„que quieran sacar de la ciencia matemática una aplicación cualquiera. Esta ciencia no tiene por objeto único contemplarse eternamente su ombligo; toca la Naturaleza y un día u otro tomará contacto con ella; este día necesitará sacudir las definiciones verbales y no valerse más de palabras.

Volvamos al ejemplo del señor Hilbert. Se trata siempre del razonamiento por recurrencia y de la cuestión de saber si un sistema de postulados no es contradictorio. El señor Couturat me dirá sin ninguna duda que entonces esto no le toca a él, pero puede ser que les interese a los que nos reivindican como él la libertad de contradicción. Queremos establecer como antes que no encontramos contradicción después de un número cualquiera de razonamientos, tan grande como se quiera siempre que este número sea finito. Para esto es preciso aplicar el principio de inducción. ¿Debemos”entender aquí por número finito, todo número al cual, por definición, se aplique el principio de inducción? Evidentemente no, pues de lo contrario nos veríamos conducidos a las más molestas consecuencias.

Agosto 12, 2007

Documento: Juan Ramón Jiménez.

Archivado en: Audiovisual — Palimp @ 8:37 pm
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Si la semana pasada escuchábamos el documento que sobre Jorge Luis Borges habían preparado en Radio Nacional de España, hoy les traigo otro documental sobre la figura de otro grande de las letras: Juan Ramón Jiménez:

Pueden escuchar y descargar el archivo en la web del programa: Juan Ramón Jiménez.

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