Ana María Matute. Olvidado Rey Gudú.
Espasa Calpe, 1998. 869 páginas.
Creo recordar que este libro lo leí cuando todavía estaba en la universidad. Como amante de la ciencia ficción y -en ocasiones- de la fantasía tenía ganas de echarle un vistazo. Mi impresión en aquella época no fue mala.
El Reino de Olar no es paradisíaco. Olvidado en las fronteras debe sufrir los acosos de saqueadores de las estepas y luchar con el próspero reino del sur. Al Norte se encuentra la selva y al oeste los fiordos. Para reinar en ese territorio hay que tener un temple especial. Como el que tienen los hijos de Olar, creador de una estirpe de reyes.
En la contraportada afirman que Esta novela es, sin duda, la obra maestra de Ana María Matute ¡Qué van a decir! Yo los detendría por publicidad engañosa. En cualquier cuento de Algunos muchachos hay más calidad que en las más de ochocientas páginas de este libro. Me ha parecido peor que cuando la leí por primera vez, así que o me he vuelto más exigente, o es que no recordaba bien.
Dentro de la fantasía hay obras mejores, y dentro del amplio campo de la literatura no digamos. Bastante floja y en algunos momentos aburrida.
Escuchando: El Tren. Leño.
Extracto:[-]
Pero los inviernos, y los hielos y deshielos, y el brotar de la hierba, cayeron aún sobre el Torreón con silencio y ausencia. Tiempo sobre tiempo, el Torreón creció algo, ensanchó la granja y algún pequeño barón fue sometido definitivamente. La nueva vida de Sikrosio fue tomando, poco a poco, el viejo color de la de su padre. Olvidó aquel amanecer, aquella noche en que oyó el restallar del látigo en las orillas del Oser, y el piar de los tordos, inexistentes amigos. O pareció que lo olvidaba.
El Conde Olar era ya viejo, pero no era, ni lo fue jamás, un viejo como los demás. Sikrosio llegó a entenderlo, por fin, y colocó de nuevo a su padre en su pedestal, hasta el día de su muerte.
Y llegó el día en que, de nuevo, el Abad de los Abundios entregó al Conde un pergamino con el sello que ya Sikrosio identificaba: era el mismo emblema que lucía en su dedo índice, grabado en anillo de oro, el Príncipe Bastardo.
El Conde Olar era hombre adusto, poco dado a efusiones de ningún género, sin otra explosión de sentimientos visible que el restallar
de su látigo. Pero tenía una especial costumbre: en las raras ocasiones en que un gozo intenso desbordaba sus espesos muros de contención, solía golpearse la cabeza con los puños de tal forma, que si no se hubiera tratado de su propia morra, todos hubieran creído que intentaba reducirla a bien poca cosa. Así, aquel día, se propinó toda suerte de puñetazos capaces de dar fin a testas más jóvenes o aparentemente más robustas. Después, bebió en abundancia, más que de costumbre —en esto nunca fue moderado—. Lo hizo rodeado de sus caballeros, de sus vasallos y del primogénito Sikrosio —recién investido caballero—. Luego partió hacia Occidente, con nutrida escolta, lo mejor trajeado que le fue posible.
Sikrosio le acompañó hasta el borde de la tundra. Como clavado en el suelo, la cabeza alzada y los ojos ansiosos, le vio marchar, hasta que desapareció el último de sus hombres. Luego, un viento furioso lanzó aquel misterioso polvo gris sobre él y, cuando lo sacudió de su traje y montura, le pareció que una lluvia de ceniza intentaba sepultarle. Volvió grupas y galopó, desazonado, durante todo el día. Al anochecer, a su vez, bebió mucha cerveza: porque aquella ceniza se había pegado a su paladar y no parecía barrarse fácilmente. No obstante, una intensa alegría le llenaba, y su risa rodó como un trueno por las orillas del Oser, estremeciendo a quien halló en su camino.



Estoy de acuerdo contigo. Lo leí hace años y se me hizo pesado. Tenía partes muy buenas, o que me gustaron mucho, pero otras que eran exasperantes. En conjunto se quedó en un aprobado sin más. Lo vi demasiado extenso para lo que cuenta, y muy desperdigado. Lo que sí hay que concederle es una excelente prosa, eso no se puede negar. Quizás lo que falla es el ritmo…
Comentario por M.C.Mendoza — Octubre 15, 2007 @ 7:45 pm
Palimp, que exigente
Comentario por ericz — Octubre 15, 2007 @ 9:33 pm
A mí me marcó ese libro, toda su mitología, toda su magia, sus hitorias, sus personajes. También me lo leí en la universidad. No sé si es su mejor libro, pero es un gran libro.
Comentario por Magapola — Octubre 16, 2007 @ 1:03 pm
Tiene buena prosa, pero los personajes no tienen muchas dimensiones.
ericz, todo se pega
Magapola, creo que no es su mejor libro, pero como suelo decir hay tantos libros como lectores.
Comentario por Palimp — Octubre 17, 2007 @ 9:11 am
Me pasó exactamente lo mismo con Olvidado rey Gudú. Es un libro flojito dentro de la producción de Ana María Matute. Puede que en la fantasía española sea un gran libro, pero ya se sabe: en el país de los ciegos, un tuerto es el rey.
Eso sí, da la impresión de que la autora se lo pasó bomba escribiendo. Lo disfrutó. Lo vivió incluso.
Y eso es muy de agradecer.
Comentario por Al — Octubre 19, 2007 @ 12:38 am
Hombre, es raro que una autora ‘consagrada’ tenga la idea de escribir en un género dentro de otro género como es la fantasía. Pero tuvo buen ojo: vendió mucho y luego la han imitado hasta la saciedad.
Comentario por Palimp — Octubre 19, 2007 @ 5:50 pm
Acabo de terminarlo. Me quedé con la idea de que el libro podía haber sido excelente de veras si le hubieran metido una buena corrección. Tal parece que pasó de la máquina de escribir de Matute directamente a las prensas. No sólo hay erratas, sino descuidos, barullos, palabras mal utilizadas, frases directamente incomprensibles… Un buen corrector de estilo lo habría pulido muchísimo. Escribo esto no como crítica a la autora, sino a la editorial que lo publicó por primera vez. ¡Cómo se echan en falta esos editores del mundo anglosajón!
(Mi primer comentario, pero leo este blog de cuando en cuando y me gusta mucho.)
Comentario por Zumaque — Abril 7, 2008 @ 5:54 pm
Gracias por el comentario y por las visitas. Puede ser que sea como dices y que el libro hubiera ganado. Pero creo que también tiene algún defecto estructural que no sé a que es debido.
Comentario por Palimp — Abril 8, 2008 @ 9:16 am