Connie Willis. Remake.
Ediciones B, 1997. 286 páginas.
Tit. Or. Remake. Uncharted Territory. Trad. Rafael MarÃn Trechera.
No es la primera vez que aparece Connie Willis en estas páginas y ya he declarado mi rendida admiración por ella. Este volumen alberga dos novelas cortas, un género muy habitual en la ciencia ficción:
Territorio inexplorado
Findriddy y Carson son dos exploradores en un planeta reseco. Su mayor preocupación no son los peligros que puedan acechar en su superficie, sino en evitar que su guÃa les multe por perturbar el modo de vida local. Evelyn Parker, un socioexozoólogo se une a ellos desde una rendida admiración.
Remake
En el futuro, los actores sobran. Gracias a la tecnologÃa digital pueden conseguirse las más famosas caras del pasado y hacerlas actuar sin ninguna queja. ¿Tiene sentido que una joven aspirante a actriz esté obsesionada con llegar a ser bailarina?
Probablemente sean las dos novelas más flojas que leÃdo de esta autora. Aún asÃ, son mejores que muchas de otros autores. Willis siempre sigue un esquema fijo, hay un McGuffin que mueve la historia. En la primera novela son los ritos de cortejo y la identidad sexual. En el segundo los guiones de las pelÃculas de Hollywood.
Pero si en Territorio inexplorado el argumento resulta creÃble, en Remake uno no acaba de creerse del todo esa especie de televisión de ida y vuelta a prueba de copias sobre la que se basa toda la novela. Quizá por eso, y pese a haber sido finalista de los Hugos, me ha gustado menos que la primera. Quizá sea tenga menos pretensiones, pero es fresca y, como todo lo de Willis, está muy bien escrita.
Para leer sólo cuando ya sean fans de la escritora.
Escuchando: El Monstruo. Los Shains.
Extracto:[-]
—S×dijo Ev—. ¿Hice algo mal?
—¿Mal? —estalló Carson—. ¿Mal?
—No te acalores —dije—. Bult no puede multar a Ev hasta que sea miembro de la expedición.
—Pero no comprendo —balbuceó Ev—. ¿Qué he hecho mal? Si sólo conduje el rover…
—Levantar polvo, dejar huellas de neumáticos, emitir humo…
—Los vehÃculos con ruedas no están permitidos fuera de las instalaciones del gobierno —le expliqué a Ev, que nos miraba asombrado.
—Entonces, ¿cómo van por ah� —preguntó.
—No vamos —dijo Carson, mirando al poni de Bult, que parecÃa a punto de desplomarse otra vez—. ExplÃcaselo, Fin.
Yo sentÃa demasiado cansancio para explicar nada, menos aún sobre la idea del Gran Hermano de cómo explorar un planeta.
—Cuéntale tú lo de las multas mientras yo resuelvo esto con Bult —dije, y me dirigà a la zona vallada atravesando el compuesto.
Para mà no hay nada peor que trabajar para un gobierno con complejo de culpabilidad. Lo único que hacÃamos en Booh-te era explorar el planeta, pero el Gran Hermano no querÃa que nadie los acusara de «implacable expansión imperialista» y de arrasar a los indÃgitos como hicieron cuando colonizaron América.
Asà que crearon todas esas reglas para «preservar los ecosistemas planetarios» (lo que implicaba que no se nos permitÃa construir presas o matar la fauna local), y «proteger a las culturas indÃgenas de la contaminación tecnológica» (lo que significaba que no podÃamos darles agua de fuego ni armas), e implantaron multas por romper las normas.
Y ahà fue donde cometieron el primer error, porque pagaban las multas a los indÃgitos, y Bult y su tribu sabÃan reconocer una ventaja en cuanto la veÃan, y antes de que te dieras cuenta te multaban por dejar pisadas, y Bult compraba contaminación tecnológica a diestro y siniestro con lo que recaudaba.
Supuse que estarÃa en la zona de la puerta, hundido hasta la segunda articulación en objetos de consumo, y no me equivoqué. Cuando abrà la puerta, estaba abriendo una caja de paraguas.
—Bult, no puedes cargarnos las multas cometidas por el rover —dije.
Él sacó un paraguas y lo examinó. Era de esos plegables. Sostuvo el paraguas ante él y pulsó un botón. Se encendieron luces por todo el reborde.
—Destrucción de superficie terrestre —dijo.
Le tendà su cuaderno.
—Ya conoces las reglas. «La expedición no es responsable de las violaciones cometidas por cualquier persona que no sea miembro oficial de ella.»
Él seguÃa enfrascado con los botones. Las luces se apagaron.
—Bult miembro —dijo, y el paraguas se abrió y se cerró, a un pelo de mi estómago.
—¡Cuidado! —Salté hacia atrás—. Tú no puedes cometer infracciones, Bult.
Bult soltó el paraguas y abrió una gran caja de dados, cosa que harÃa feliz a Carson. Su ocupación favorita, aparte de echarme la culpa de todo, es el juego.
—¡Los indÃgitos no pueden cometer infracciones! —exclamé.
—Tono y modales inadecuados —dijo él.
También sentÃa demasiado cansancio para esto, y seguÃa teniendo que hacer el informe y el paradero. Lo dejé desempaquetando una caja de cortinas de baño y me marché.




Julio 22nd, 2008 at 5:31 pm
Yo después de “Por No Mencionar al Perro” creo que me arriesgaré a leer más cosas suyas aunque sean flojas
Julio 24th, 2008 at 9:54 am
¡Pero no tardes tanto
!
Julio 30th, 2008 at 5:49 pm
Para mi es de lo mejorcito…
Julio 31st, 2008 at 11:12 am
Opino lo mismo.