Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

octubre 17, 2008

P.G. Wodehouse. Dieciocho agujeros.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 9:24 am
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Plaza y Janés, 1980. 256 páginas.
Tit. Or. The heart of a goof. Trad. Luis Jorda.

P.G. Wodehouse, Dieciocho agujeros
Locos por el golf

Está considerado uno de los mejores humoristas ingleses y su mayordomo Jeeves es todo un arquetipo utilizado hasta en internet -Ask Jeeves, pero no había leído nada de P. G. Wodehouse. Este ejemplar de la famosa colección Reno que indica bien clarito que se trata de una edición no resumida se vendía por un euro con veinte céntimos. Una buena oportunidad para paliar mi ignorancia.

El libro es una colección de relatos con el golf como eje central. Todos están narrados a espectadores incautos por el socio veterano, una especie de abuelo cebolleta que engancha al primero que pasa y le suelta alguna de las muchas historias que conoce. Los títulos de los nueve cuentos son los siguientes:

La timidez de un golfista
Las grandes apuestas
El mayordomo Vosper
Chester se olvida de sí mismo
Los pantalones mágicos de golf
El despertar de Rollo Podmarsh
El fracaso de Rodney
Jane abandona el golf
La purificación de Rodney Spelvin

Que van desde las desventuras de un tímido enamorado incapaz de declararse por culpa de su mal juego hasta las dificultades matrimoniales de una pareja muy bien avenida dentro y fuera del campo por culpa de un petrimetre intelectual pero inútil para el golf. Incluyendo también una historia sobre una apuesta muy alta; ni más ni menos que un mayordomo ejemplar.

No es un humor de carcajada y hace falta conocer algo de golf para disfrutarlo -por suerte yo he jugado mucho… en simuladores de ordenador- pero resulta muy entretenido y te mantiene en todo momento con una sonrisa en los labios. Para pasar un buen rato.

Descarga libros de Wodehouse:

Wodehouse, P G – El inimitable Jeeves.doc

Wodehouse, P. G – De acuerdo Jeeves.doc

Wodehouse, P.G – Locuras de Hollywood(1.1)[rtf].zip

Wodehouse, P.G. – Llamen a Jeeves [doc].zip

Escuchando: Hey Little Rich Boy. Sham 69.


Extracto:[-]

Cada mañana exhibían en aquellos campos de juego los más terribles estilos que se hayan podido ver jamás. Allí estaba el hombre que parecía querer engañar a su pelota y atentar contra su seguridad dándole un mazazo de sorpresa, tras una serie de actitudes encaminadas, al parecer, a despistarla. También se veía a esos que hacen imprimir a su mazo de hierro las ondulaciones de una serpiente; a los que tratan a la pelota como si azotaran a un gato: a los que mueven el bastón como quien restalla un látigo; a los que meditan a cada mazazo con idéntica actitud de quien acaba de recibir la noticia de la muerte de un familiar, y también a aquellos que empuñan el palo como si fuera un cucharón con el que revolvieran el potaje de una sopera.

Al finalizar la primera semana, Ferdinand Dibble estaba ya consagrado como el campeón indiscutible de aquel lugar. Había hecho entre aquella gente una entrada de caballo siciliano.

Al principio, sin atreverse apenas en ninguna posibilidad de éxito, había jugado con el hombre que trataba de engañar a su pelota, derrotándole de manera fulminante. Luego, con gradual y creciente auge, fue venciendo al que azotaba gatos, al que parecía manejar un látigo, al de la sopera, comenzando a mirar a todos los demás con cara de triunfador. Y como éstos eran los jugadores más destacados, cuyas proezas se esforzaban inútilmente en emular los octogenarios y los paralíticos de aquellos lugares, Ferdinand Dibble se encontró a los ocho días de su llegada al hotel, ante el sorprendente hecho de que ya no le quedaban más mundos que conquistar. Era el campeón de todos aquellos jugadores, y, lo que es más aún, había obtenido su primer trofeo: la gran medalla de plata del torneo handicap, que ganó fácilmente, en pocos minutos, luchando con su más próximo rival, un venerable anciano, por medio de un brillante e inesperado cuatro en el último agujero. El premio consistía en un elegante cubilete de peltre del tamaño de un antiguo cubo de roble, y Ferdinand solía correr a su cuarto apenas terminaba de cenar, para quedarse contemplándolo, como haría una madre con su hijo.

Se preguntará usted, sin duda, por qué, en tales circunstancias, no aprovechó el nuevo estado de espíritu de exuberante orgullo que había remplazado a su antigua humildad, para declararse inmediatamente a Barbara Medway. Voy a explicarlo. No se declaró a Barbara Medway, porque ella no estaba allí. A última hora se había visto obligada a quedarse en casa para atender a un pariente enfermo, y tuvo que aplazar el viaje por espacio de dos semanas. Claro que Dibble podía haberse declarado en alguna de las muchas cartas que diariamente escribía a Barbara, pero por una u otra razón, cada vez que cogía la pluma advertía que empleaba tanto espacio para escribir sus excelentes jugadas en los links, que luego le era dificilísimo ponerse a hacer declaraciones de amor eterno. Al fin y al cabo, estas cosas no pueden ponerse en una simple posdata.

Por consiguiente, decidió aguardar a que llegara la joven, y, entretanto, prosiguió su triunfal carrera deportiva. Cuanto más esperara, era mejor, en cierto modo, ya que cada mañana y cada tarde que pasaba recolectaba nuevas causas para mostrarse satisfecho de sí mismo.

¡Día tras día, se sentía más triunfador!

Sin embargo, se amontonaban, entretanto, negros nubarrones. En los rincones del hotel empezaron a oírse murmuraciones, y comenzó a extenderse un espíritu de rebelión. Porque la vanidad de Ferdinand, su satisfacción por sentirse triunfador, no había escapado a sus rivales. No existe nadie que se muestre tan orgulloso como la persona que normalmente no lo es, y que súbitamente cree tener motivos para serlo. Siento tener que decir que el orgullo que se había apoderado de Ferdinand era de esa especie agresiva, que, inevitablemente, crea enemigos.

octubre 16, 2008

Han vuelto

Filed under: Noticias — Palimp @ 9:25 am
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Las reflexiones de Repronto. Con la explicación de la gran cantidad de vídeos japoneses con humillaciones y su insospechada relación con Godzilla. El final tiene su miga:

Hijos de las bombas

octubre 15, 2008

Manuel Lozano Leyva. Los hilos de Ariadna.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 7:47 am
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Editorial Debate, septiembre, octubre 2007. 522 páginas.

Manuel Lozano Leyva, Los hilos de Ariadna
Nuevas visiones

Uno de los libros que más me gustó del 2007 fue De Arquímedes a Einstein, divulgación científica de la que se encuentra pocas veces. No debo ser el único al que le gustó el libro y gracias a eso podemos disfrutar de Los hilos de Ariadna, parecido pero diferente.

En esta ocasión no son los mejores experimentos científicos los que vertebran el libro, sino los diez descubrimientos que, en opinión del autor, han cambiado más nuestra imagen del mundo. Aunque es una selección personal y como tal podríamos opinar sobre si sobra o falta algo, no cabe duda de que los descubrimientos que aquí aparecen cambiaron la visión del mundo. La lista es la siguiente:

Las galaxias (Los ladrillos del universo)
Los átomos (Los pilares de la materia)
La simetría en el microcosmos (La belleza íntima del mundo)
La tectónica de placas (Continentes a la deriva)
La piedra Rosetta (La civilización misteriosa)
La circulación de la sangre (La ciencia cruel)
La evolución selecta (La irreverencia de la ciencia)
Los genes (La evolución discreta)
Los microorganismos (El mundo invisible)
Del cero al infinitésimo (La diferencia entre nada y un poco)

De lo más grande (galaxias) a lo más pequeño (átomos) pasando por la dinámica terrestre, incluyendo las leyes que gobiernan el universo y un vistazo sobre las matemáticas. Sobre el mundo vivo una explicación de la evolución, los genes, los organismos más pequeños, el funcionamiento del cuerpo humano y el funcionamiento de las civilizaciones.

Al no estar centrado en un único experimento, cada capítulo abarca una extensión mayor de la historia de la ciencia. Pero no se pierde en profundidad porque la extensión del libro es mayor que en De Arquímedes a Einstein. Los datos biográficos que aporta de cada científico siguen siendo novedosos e interesantes, y la prosa no ha perdido nada de su gracia. Sigue transmitiendo el mismo amor por la ciencia y mi mayor pena es que lo he cogido en la biblioteca y lo tengo que devolver.

Una anécdota de Pauli:

Hablaremos de Pauli, un físico genial pero de un humor de perros.Ya he dicho, para zaherir cariñosamente a mis colegas químicos más que nada, que cuando el estudio del, átomo empezó a tomar seriedad tuvo que pasar de manos de los químicos a las de los físicos. Esta inofensiva rivalidad quizá fuera Pauli el que la introdujo, porque su mujer, seguramente cargada de razones, lo abandonó y se fue con un profesor de química. La reacción del genio fue montar en cólera y clamar: «¡Con un simple químico! ¡Si al menos se hubiera ido con un torero español…!».

Una dedicatoria de Medeliev, del que no sabía nada y me he quedado enamorado:

Esta investigación está dedicada a la memoria de una madre por su hijo menor. Ella lo educó por sus propios medios mientras dirigía una fabrica. Lo instruyó con el ejemplo, lo corrigió con amor, y, para hacer que se dedicara a la ciencia, dejó Siberia con él gastando sus últimos recursos y fuerzas. En su lecho de muerte, ella le dijo: «Refrena las quimeras, insiste en el trabajo y no en las palabras, busca pacientemente las verdades científica y divina». Ella comprendió que los métodos dialécticos engañan muy a menudo; cuánto queda por aprender y cómo, con la ayuda de la ciencia sin violencia, con amor pero con firmeza, se eliminan toda superstición, mentira y error, porque la ciencia conlleva la certeza de verdades aún no descubiertas, libertad de futuros desarrollos, bienestar general y felicidad íntima. Dmitri Mendeléiev considera sagradas las palabras de su madre moribunda.

Medeleiev decía que su educación se basaba en tres pilares: Todo en el mundo es ciencia, según su cuñado Bessargin, Todo en el mundo es arte, según el soplador de vidrio Timofei y Todo en el mundo es amor, según su madre María. Para enmarcarlas.

Un autor que les hará enamorarse de la ciencia.

Escuchando: Protection. 08001.


Extracto:[-]

Y ya tenemos al norteamericano alto y guapo en el Queen College de Oxford, donde lo primero que hizo fue adoptar el acento vernáculo de aquella insigne universidad. Pero lo hizo de forma tan exagerada que se convirtió en el hazmerreír de todos: oxonienses y colegas norteamericanos. A los primeros les divertían los fallos tan graciosos que cometía; los segundos encontraban inexplicable que Edwin adoptara un acento que ellos evitaban que se les contagiara, como si de la peste se tratara, al considerarlo una auténtica mamarrachada.Tanto le impresionó Oxford a Hubble que inmediatamente solicitó el ingreso en el equipo de remo. Lo obtuvo, remó como un loco y terminó lesionado, por lo que al fin se pudo dedicar a estudiar leyes, nada de astronomía, porque no era cuestión de enemistarse con su padre, aunque poco a poco fue asistiendo a algunos cursos de astronomía.

Un norteamericano en la Europa de la primera década del siglo xx con dólares en el bolsillo era un personaje fuera a donde fuera. Por ejemplo, en Alemania. Allí el joven Hubble quedó gratamente impresionado. ¡Qué eficiencia, qué poderío militar! El deporte que eligió practicar durante su larga estancia en Alemania no podía ser más apropiado a su sentimiento: esgrima, pero la esgrima que se practicaba en los duelos de honor, si bien no participó en ninguno de verdad.

Cuando Edwin regresó a Estados Unidos, concretamente a Kentucky, donde se había mudado su familia después de la reciente muerte del padre, causó sensación. O estupefacción, lo dejo a la imaginación del lector, porque se presentó vistiendo pantalones bombachos, un reloj de pulsera (una excentricidad como la anterior en aquel lugar y en aquella época), un anillo en cada dedo meñique, un sombrerito de paja, una capa y un bastón de caña.Y, encima, hablando de aquella manera que al principio no se le entendía y después provocaba la risa tonta.

El mejor empleo que encontró Hubble fue de profesor de instituto. Enseñaba ciencias y, curiosamente, español. Tenía a los chavales fascinados, porque, por una parte, lo consideraban amanerado hasta el ridículo, pero, por otra, era un maestro del baloncesto. Tanto fue así que como entrenador llevó al equipo del colegio hasta el tercer puesto del campeonato estatal.Y ya estamos en el infausto 1914, año en que empezó la Gran Guerra.Y la guerra, cosa que a poquísima gente le pasa, fue para Hubble una bendición.

Harto del instituto, solicitó plaza en los observatorios astronómicos. Era un momento muy apropiado porque se estaban construyendo nuevos telescopios por todo el país. Las respuestas por carta eran lacónicas, pero en cuanto le hacían una entrevista personal, quienquiera que se la hiciera caía presa de los encantos del atlético y simpático astrónomo. Empezó en el Observatorio Yerkes de la Universidad de Chicago, que estaba a unos cien kilómetros de la ciudad. Hubble inició allí un periodo de cuarenta años mirando al cielo nocturno. Corría el año 1915. Comenzó a observar lo que entonces se llamaban nebulosas tenues. A continuación, paso a hacer una breve digresión para que el lector no se líe con los términos antiguos y modernos.

Lo que Hubble estudiaba era lo que hoy llamamos galaxias: conjuntos de centenares de miles de millones de estrellas, polvo estelar y muchas más cosas de las que todavía no sabemos nada, y que muy pronto las describiremos más adecuadamente. La palabra «galaxia» era la preferida por Shapley, curiosamente porque él no creía que hubiera más que una, aunque pronto se convenció de su abundancia. Así pues, y para más ironía, Hubble dedicó su vida profesional a estudiar objetos que casi se podían considerar bautizados por el que sería su enemigo mortal: el propio Shapley. La palabra nebulosa se utiliza hoy día para designar no las manchas tenues con las que Húbole comenzó su carrera de astrónomo, sino a las* nubes de polvo que vagan por nuestra galaxia y que son remanentes de explosiones su-pernovas, o sea, los restos de las estrellas muertas. Los cúmulos globulares son parecidos a lo que se suponía antiguamente: inmensas agrupaciones de estrellas (entre miles y centenares de miles) más o menos esféricas y que están situadas normalmente por encima y por debajo del disco galáctico de estrellas.

octubre 14, 2008

¿Crisis? Quítate la camisa, amor

Filed under: Noticias — Palimp @ 6:20 pm
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Este viernes 17 de octubre a las 21 h. Silvia Fortuño, Gemma Grèvol y un servidor contarán cuentos eróticos en el Valentina. Por sólo 6 euros con consumición incluída disfrutarán de un buen rato. Más barato que el cine y mejor.

octubre 10, 2008

Bruce Sterling. Distracción.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 10:04 am
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La factoría de ideas, 2001. 396 páginas.
Tit. Or. Distraction. Trad. Domingo Santos.

Bruce Sterling, Distracción
Política circense

Mi amigo Mon me dio un chivatazo: en Gigamesh estaban saldando ejemplares de la colección Solaris de La Factoría de ideas. Allí que me fui a ver que pescaba… desgraciadamente, poca cosa, porque lo que había ya lo tenía o no me interesaba. Compré este libro porque me gusta el ciber punk y Bruce Sterling es uno de sus mejores exponentes.

Estamos en 2044 y los Estados Unidos de América han cambiado mucho. El gobierno federal no tiene el poder de antaño, el ejército cobra impuestos revolucionarios y las ciudades son de propiedad privada. En este ambiente se mueve Oscar Valparaíso, un experto jefe de campaña que acaba de llevar al senado a su candidato Alcott Bambakias. Claro que, una vez conseguido su objetivo él y su equipo están de más, así que les darán un destino en el Colaboratorio Nacional de Burna. Allí conocerá a Greta Penninger, una destacada neuróloga y su vida cambiará de objetivo.

El futuro está bastante bien construído, y la trama en general es bastante robusta. Me ha parecido poco creíble los recelos que provoca el protagonista por su extraño origen -que no revelaré por si alguien lee la novela-, aunque hoy en día para la sociedad de los Estados Unidos les resultan chocantes cosas tan normales como que una mujer de el pecho en público. Como buena novela ciberpunk que se precie hay un enorme despliegue de tecnología desquiciada y construcciones sociales extravagantes.

La novela está comentada en El archivo de Nessus y en Bibliópolis, de una manera más extensa que aquí, así que sólo comentaré mi acuerdo con la extraña traducción. O Domingo Santos ha perdido facultades, o los sistemas de corrección automática están haciendo mucho daño. Porque hay muchas cosas que dañan a la vista y uno no sabe si las últimas novelas de ciencia ficción que ha leído tienen el mismo estilo porque los autores se parecen o porque cada vez se cuidan menos las traducciones. Tendremos que aprender inglés.

Entretenido; buenas ideas pero, en definitiva, poca profundidad. Lo que puede ser un fallo porque parece que hay una intención de crítica política que no acaba de cuajar.

Escuchando: The First Rumours of Spring. The Montgolfier Brothers.


Extracto:[-]

Cruzaron la frontera de Texas en el pegajoso calor de la noche. El equipo se hartó de langostinos asados calientes y cola de caimán frita, todo ello rematado con, al parecer, interminables rondas de hurricanes batidos y llameantes cafés al brandy. La comida en los casinos cajún era de alcance épico. Incluso alardeaban de interesantes precios especiales para autobuses turísticos.

Había sido una buena idea pararse a comer algo. Osear pudo captar que el humor de su público en miniatura había cambiado radicalmente. El equipo se lo había pasado realmente bien. Habían sido informados repetidamente de que se hallaban en el estado de Luisiana, pero ahora podían sentir ese hecho en sus intensamente coagulados torrentes sanguíneos.

Aquello ya no era Boston. Aquello ya no era el sórdido final de la campaña de Massachusetts. Estaban viviendo en un interregno y quizá, de algún modo, si simplemente creías, en el inicio de algo mejor. Osear no podía sentirse mal acerca de aquella vida. No era una vida normal y nunca lo había sido, pero ofrecía retos muy interesantes. Estaba ascendiendo hacia el siguiente reto. ¿Cuan mala podía ser la vida? Al menos estaban bien alimentados.

Excepto el atareado conductor, Jimmy, que era pagado específicamente para no beber, Osear fue la última persona despierta dentro del autobús. Oscar era casi siempre el último en dormirse, así como el primero en despertar, Oscar dormía muy poco. Desde los seis años había dormido normalmente unas tres horas cada noche.

Cuando era pequeño, simplemente permanecía tendido en silencio en la oscuridad durante aquellas largas horas extras de consciencia, complotando en silencio cómo manejar las locas extravagancias de sus padres adoptivos en Hollywood. Sobrevivir al maelstrom de dinero, drogas y celebridad de la casa de los Valparaíso había requerido una gran cantidad de concentrada previsión.

En su vida posterior, Osear había dedicado sus horas nocturnas de buho a cosas más prácticas: primero, el máster en Administración de Empresas de Harvard; luego, el arranque en biotecnología, donde había conocido a su durante largo tiempo contable y hombre de las finanzas, Yosh Pelicanos, y también a su fiel programadora/recepcionista, Lana Ramachandran. Los había conservado a los dos tras el fracaso de su primera compañía y durante los boyantes días de capital de riesgo en la Ruta 128. Los negocios encajaban perfectamente en los talentos e inclinaciones de Osear, pero pese a todo se había trasladado rápidamente al activismo político de partido. Una exitosa e innovadora campaña para el ayuntamiento de Boston habían llamado la atención de Alcott Bambakias hacia él. Luego siguió la campaña para el Senado de los Estados Unidos. La política se había convertido en su nueva carrera. El desafío. La causa.

Y así Oscar estaba despierto en la oscuridad, trabajando. En general terminaba el día con una anotación en su diario, un resumen de las opciones tomadas y los más importantes acontecimientos operativos. Esta noche transcribió sus cuidadosas anotaciones en la audiocinta de los bandidos de las Fuerzas Aéreas en la autopista. Envió el archivo a Alcott Bambakias, cifrado y etiquetado “personal y confidencial”. No había forma de saber si ese retazo del caos moderno en Luisiana llamaría la mercurial atención de su patrón. Pero era necesario mantener un firme flujo de noticias y opiniones a través de la red. Estar fuera de la vista del senador podía ser muy útil en algunos sentidos, pero salirse de su mente podía ser un craso error profesional.

Oscar compuso y envió una nota amistosa a través de la red a su amiga Clare, que vivía en la casa de él en Boston. Estudió y actualizó su archivo personal. Examinó y totalizó los gastos del día. Compuso las entradas cotidianas de su diario. Se sintió confortado por la fuerza de sus rutinas.

Se había encontrado con muchos reveses pasajeros, pero todavía tenía que enfrentarse a un reto que pudiera derrotarle de una manera concluyente.

Cerró su ordenador portátil con una sensación de satisfacción y se preparó para dormir. Dio vueltas en la cama, se agitó. Finalmente se sentó y abrió de nuevo su portátil.

Estudió el vídeo de los disturbios de Worcester por quincuagésima segunda vez.

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