Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

diciembre 17, 2008

María José Buj. Psicopatología infantil.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 8:01 am
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Editorial Horsori, 2007. 162 páginas.

María José Buj, Psicopatología infantil
Trastornos tempranos

Comentaba no hace mucho el libro Práctica educativa en la primera infancia y ahora es el turno del monográfico que lo acompaña. La idea de la editorial es que cada libro venga acompañado de un monográfico orientado a los especialistas.

Es importante la detección temprana de cualquier tipo de psicopatología porque será posible dar al niño un tratamiento adecuado. En la actualidad existen técnicas que permiten aliviar o curar el problema.

El libro plantea los factores que pueden dar origen a un trastorno y en siete apartados que incluyen trastornos emocionales, del comportamiento, del desarrollo, psicobiológicos, del sueño, de la alimentación y del lenguaje explica cuales con los síntomas que nos permiten identificarlos y pautas de tratamiento.

Cada niño es un mundo, por lo que la autora ya nos advierte que ante la detección de un problema es necesaria la intervención de un especialista que haga un seguimiento y establezca unas pautas para tratar el problema. El libro es una guía excelente que puede llevarnos a identificar cuando es necesaria esta intervención y cuando no debemos preocuparnos.

Imprescindible para maestros, logopedas, psicólogos y pedagogos.


Extracto:[-]

Existen dos sistemas visuales:

1. El sistema de “visión central”, denominado también “focal”, cuya función es la de analizar formas y objetos, detalles y posiciones de éstos.

2. El sistema de “visión periférica” o “visión ambiental”, cuya función consiste en analizar las relaciones espaciales y el desplazamiento de objetos.

El bebé ciego necesita ayuda desde el inicio de la vida, dado el riesgo que supone la adaptación a la ceguera y el descubrimiento que debe hacer de un mundo en el cual muchos de los estímulos, en principio, no le atraen.

La vista supone un estímulo constante para la actividad de la persona, sea afectiva, cognitiva o física. Aproximadamente, el 80% de la información es recibida por medio de la visión, que además nos proporciona una verificación inmediata de aquello que vemos, y la impresión de elementos que estimulan la curiosidad y el interés del niño, elementos que una vez procesados en el cerebro, podrán integrarse en una totalidad.

La visión tiene un papel básico como organizadora de la experiencia, en la función de síntesis y en la formación de imágenes en el pensamiento. Los niños ciegos deben de construir la imagen del mundo mediante el uso de los sensores de que disponen. Así, las imágenes serán formadas con la ayuda de percepciones auditivas, táctiles, propioceptivas y cinestésicas. Sin embargo, muchos objetos y fenómenos quedan inaccesibles al oído humano, y al tacto (sol, luna, paisajes, etc.)

Todas las experiencias proporcionadas a un niño ciego deben ser presentadas de forma apropiada y con un ritmo lento que le permita la aprehensión del mundo que le rodea paso a paso, haciéndolo significativo.

Para realizar diagnósticos de deficiencias se utilizan los Potenciales Evocados Visuales (PEV) y los electrorretinogramas, los cuales pueden orientar acerca de la dimensión del problema.

Bases para la estimulación visual del niño con baja visión

Se ha de transformar el entorno del niño, en la medida de lo posible, en un entorno sugerente, lleno de potentes reclamos visuales. Un mundo vivo, lleno de color, con fuertes contrastes (plateados, tonos amarillentos, blancos, negros, espejos, etc.).

El objetivo básico de la estimulación es, en principio, conseguir que el niño dé significado al estímulo que recibe, de forma que pueda llegar a formar un proceso visual que sea potenciado al máximo.

Por otro lado, ayudaremos al pequeño a descubrir la alegría de mirar, de potenciar su curiosidad, que experimente con sus ojos, con sus manos y con su cuerpo, las posibilidades que le ofrece el entorno, estimulando no solo su visión, sino también su inteligencia y personalidad.

Se podrá considerar y evaluar, al principio, su reacción a la luz, su capacidad de fijación y seguimiento, el campo visual que utiliza, la acomodación, la agudeza visual que presenta de cerca y de lejos, la formación de convergencia, el contacto visual que realiza, la percepción cromática y la percepción de la profundidad, para finalizar con la observación de la coordinación ojo-mano y ojo-pie.

Pero, sin duda, uno de los aspectos más importantes es que cualquier ejercicio de estimulación visual que se presente al niño, se realice en forma de juego, en una situación relacional y motivadora, que agrade al niño, y lo potencie para convertirse en un participante activo en el proceso de mejora de la funcionalidad del resto visual que conserva.

Estimulación precoz del niño ciego y disminuido visual

Es fundamental el compromiso de padres y reeducadores, el afianzamiento de vínculos afectivos entre niño, padres, reeducador, compañeros y entorno social.

Se deben respetar los estados emocionales del niño, estimular la actividad espontánea y jerarquizar la lúdica para favorecer la independencia. El juego actuará como una actividad totalizadora, como una zona intermedia entre la fantasía y la realidad.

El tratamiento se adecuará a las necesidades individuales, después de un exhaustivo diagnóstico y pronóstico oftalmológico y del médico pediatra, para planificar el tipo de estimulación más adecuada al caso.

Las actividades como la música, la plástica, la dramatización y la expresión corporal, evitarán el aislamiento y favorecerán al desarrollo de la creatividad.

diciembre 15, 2008

Blocs i Llibres a Barcelona / Bitácoras y Libros en Barcelona (VIII)

Filed under: Noticias — Palimp @ 11:04 am
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BLB

Octava edición de este evento que se celebrará el próximo 20 de diciembre, a las 20:00 h. en el Bohemia Café de Barcelona.

¿Qué es esto?

Entre los bitacoreros existe una larga tradición de celebrar reuniones o quedadas para poder ver en persona a tus conocidos en la red. En reuniones como la Beers & Blogs bloggers de Barcelona -principalmente del sector tecnológico- se han ido conociendo.

Los amantes de los libros, escritores o seguidores de bitácoras no vamos a ser menos y para compartir unas horas de conversación y buena compañía se han montado estas reuniones. ¿Requisitos para asistir? Que te apetezca. Ya llevamos siete ediciones: la primera , la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta y la séptima.

Programa

La reunión empezará el sábado 20 de diciembre a las 20:00 h. en el bar Bohemia Café, situado en la calle Diputación número 174. El mapa es el siguiente:


Ver mapa más grande
Está muy cerca de la plaza Universidad. No es necesario llegar a las 20:00. Si alguien quiere venir más tarde, no hay problema, estaremos hasta las 21:30 h.

La cena, como viene siendo habitual, la haremos en el restaurante Eucaliptus (ver mapa). Como tenemos que hacer reserva es importante que confirméis la asistencia a la cena lo más pronto posible.

Para tomar las últimas copas -si alguien se anima- iremos al bar Raval, si cabemos. De todas maneras, no habrá ningún problema en encontrar un sitio.

Deberes

Para aportar nuestro granito de arena a la campaña de El Listo Estas navidades regala sexo oral hemos decidido decantarnos por lo erótico:

escribir 10 líneas con lo más raro que te hayan pedido en una relación sexual, si aceptaste y como resultó

Hago hincapié en el anonimato: todo los escritos se meten en una bolsa y nadie sabe quién ha escrito qué. Se incluyen dos o tres inventados para hacer más difícil la identificación y en ninguna de las ediciones anteriores nadie ha sabido quien ha escrito qué.

Si sólo quieres pasarte a tomar una copa no hay problema, pero si quieres asistir a la cena hay que confirmar asistencia. Podéis hacerlo en los comentarios o enviando un correo a liblit@gmail.com.

Difúndelo en tu bitácora, llama a tus amigos, escríbelo en las paredes…

¡Os esperamos!

diciembre 12, 2008

Gabriel García Márquez. Cien años de soledad.

Filed under: Novela — Palimp @ 10:19 am
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Asociación de academias de la lengua española, 2007. 612 páginas.

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad
Novela total

Me lo releí para quitarme el mal sabor de boca de El amor en los tiempos del cólera. Mi opinión de este libro ha ido variando a lo largo del tiempo, pero aunque lo considere inferior a otros -como Rayuela- creo que merece su condición de clásico. La edición de las reales academias de la lengua está justificada y además se agradece. Un clásico bien arropado gana mucho.

El argumento lo pueden encontrar en la wikipedia: Cien años de soledad, con todo lujo de detalles. Es la historia de la estirpe de los Buendía, desde que fundan el ya mítico Macondo hasta que llegan a su ocaso. Por el camino amor, pasión, guerras, sucesos maravillosos, historia viva… Imposible resumir una novela total.

Así la califica -con acierto- Mario Vargas Llosa en el estudio que aparece en el prólogo. Supongo que lo escribió antes de que se enfadaran. A través de las aventuras de los Buendía García Márquez abarca toda la historia de latinoamérica. La inclusión de lo real maravilloso no es casual; si Kafka hubiera vivido en México hubiera sido un escritor costumbrista. La eficacia de la mezcla está fuera de toda duda. Su accesibilidad ilimitada le franqueó las puertas del gran público sin perder el visto bueno de la crítica. El premio Nobel terminó de bendecirlo.

Los artículos que acompañan al texto son los siguientes:

Lo que sé de Gabriel, Álvaro Mutis.
Para darle nombre a América, Carlos Fuentes.
Cien años de soledad. Realidad total, novela total, Mario Vargas Llosa.
Gabriel garcía Márquez, en busca de la verdad poética, Víctor García de la Concha.
Algunas literariedades de Cien años de soledad, Claudio Guillén.
Cien años de soledad en la novela hispanoemaericana, Pedro Luis Barcia.
El patio de atrás, Juan Gustavo Cobo Borda.
Cien años de soledad y la narrativa de lo real-maravilloso americano, Gonzalo Celorio.
Atajos de la verdad, Sergio Ramírez.

De los cuales sólo me sobra el de Guillén. Además se han intentado corregir todos los posibles gazapos de ediciones anteriores. Todo un lujo por un precio muy económico. No se lo piensen.

Escuchando: Hearts on Fire. Gram Parsons.


Extracto:[-]

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas, tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.» Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. «Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa», replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.
En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. «La ciencia ha eliminado las distancias», pregonaba Melquíades. «Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.» Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Úrsula lloró de consternación. Aquel dinero formaba parte de un cofre de monedas de oro que su padre había acumulado en toda una vida de privaciones, y que ella había enterrado debajo de la cama en espera de una buena ocasión para invertirías. José Arcadio Buendía no trató siquiera de consolarla, entregado por entero a sus experimentos tácticos con la abnegación de un científico y aun a riesgo de su propia vida. Tratando de demostrar los efectos de la lupa en la tropa enemiga, se expuso él mismo a la concentración de los rayos solares y sufrió quemaduras que se convirtieron en úlceras y tardaron mucho tiempo en sanar. Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas, tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.» Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. «Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa», replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo xv con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.

En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. «La ciencia ha eliminado las distancias», pregonaba Melquíades. «Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.» Un mediodía ardiente hicieron una asombrosa demostración con la lupa gigantesca: pusieron un montón de hierba seca en mitad de la calle y le prendieron fuego mediante la concentración de los rayos solares. José Arcadio Buendía, que aún no acababa de consolarse por el fracaso de sus imanes, concibió la idea de utilizar aquel invento como un arma de guerra. Melquíades, otra vez, trató de disuadirlo. Pero terminó por aceptar los dos lingotes imantados y tres piezas de dinero colonial a cambio de la lupa. Úrsula lloró de consternación. Aquel dinero formaba parte de un cofre de monedas de oro que su padre había acumulado en toda una vida de privaciones, y que ella había enterrado debajo de la cama en espera de una buena ocasión para invertirías. José Arcadio Buendía no trató siquiera de consolarla, entregado por entero a sus experimentos tácticos con la abnegación de un científico y aun a riesgo de su propia vida. Tratando de demostrar los efectos de la lupa en la tropa enemiga, se expuso él mismo a la concentración de los rayos solares y sufrió quemaduras que se convirtieron en úlceras y tardaron mucho tiempo en sanar. Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades acompañado de numerosos testimonios sobre sus experiencias y de varios pliegos de dibujos explicativos, al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, y se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos tormentosos y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la peste, antes de conseguir una ruta de enlace con las mulas del correo. A pesar de que el viaje a la capital era en aquel tiempo poco menos que imposible, José Arcadio Buendia prometía intentarlo tan pronto como se lo ordenara el gobierno, con el fin de hacer demostraciones prácticas de su invento ante los poderes militares, y adiestrarlos personalmente en las complicadas artes de la guerra solar. Durante varios años esperó la respuesta. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa, y el gitano dio entonces una prueba convincente de honradez: le devolvió los doblones a cambio de la lupa, y le dejó además unos mapas portugueses y varios instrumentos de navegación. De su puño y letra escribió una apretada síntesis de los estudios del monje Hermann, que dejó a su disposición para que pudiera servirse del astrolabio, la brújula y el sextante. José Arcadio Buendía pasó los largos meses de lluvia encerrado en un cuartito que construyó en el fondo de la casa para que nadie perturbara sus experimentos. Habiendo abandonado por completo las obligaciones domésticas, permaneció noches enteras en el patio vigilando el curso de los astros, y estuvo a punto de contraer una insolación por tratar de establecer un método exacto para encontrar el mediodía. Cuando se hizo experto en el uso y manejo de sus instrumentos, tuvo una noción del espacio que le permitió navegar por mares incógnitos, visitar territorios deshabitados y trabar relación con seres espléndidos, sin necesidad de abandonar su gabinete. Fue ésa la época en que adquirió el hábito de hablar a solas, paseándose por la casa sin hacer caso de nadie, mientras Úrsula y los niños se partían el espinazo en la huerta cuidando el plátano y la malanga, la yuca y el ñame, la ahuyama y la berenjena. De pronto, sin ningún anuncio, su actividad febril se interrumpió y fue sustituida por una especie de fascinación. Estuvo varios días como hechizado, repitiéndose a sí mismo en voz baja un sartal de asombrosas conjeturas, sin dar crédito a su propio entendimiento. Por fin, un martes de diciembre, a la hora del almuerzo, soltó de un golpe toda la carga de su tormento. Los niños habían de recordar por el resto de su vida la augusta solemnidad con que su padre se sentó a la cabecera de la mesa, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, y les reveló su descubrimiento.

diciembre 11, 2008

Leer tiene premio

Filed under: Noticias — Palimp @ 1:26 pm
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Leo en el Blog de libros y bitios la iniciativa Leer tiene premio, una especie de juego en línea destinado al fomento de la lectura. Al menos uno de los patrocinadores es el Plan de Fomento de la Lectura. Pues bien, puede que me haya levantado con el pie izquierdo porque cuando lo vi me pareció una tontería pero a medida que han pasado los días mi opinión ha empeorado. Ahora me parece una mierda. Por más que busco, sólo encuentro defectos.

El juego consiste en una serie de personajes que van correteando por la pantalla y cuando pinchamos en uno de ellos nos sale una pista a partir de la cual tenemos que adivinar de que libro es. Señores, ¿saben que existe google? Porque no hace falta leerse el libro para saber de dónde sale el personaje, una simple búsqueda nos da la respuesta. Cierto que se le va la gracia al juego, pero si se ofrecen premios todo vale. La prueba es que en este momento los siete mejores tienen todos la misma puntuación: la máxima.

No me voy a meter con el que los premios sean un móvil de última generación, receptores GPS y marcos digitales. Está bien romper los tópicos de que en un concurso de lectura siempre se regalen libros. Como nos encaminamos a una nueva era de lectura digital de libros está bien ir dando los primeros pasos.

Pero no, lo peor son los libros escogidos. Coincido con José Antonio Millán en que la inclusión de Caballo de Troya es de juzgado de guardia, pero es que los demás no le van a la zaga:

Harry Potter
La biblia de barro
Los pilares de la tierra
El código Da Vinci
La catedral del mar
Don Quijote de la Mancha
El niño del pijama de rayas
La sombra del viento
El capitán Alatriste
Cien años de soledad
El ocho
El último Catón
Todo bajo el cielo
El corazón helado
Memorias de una Geisha
Inés del alma mia
El señor de los anillos
El médico
El cuento número 13
Caballo de Troya
La sangre de los inocentes

Salvo el Quijote y Cien años de soledad -que curiosamente han sido editados por la Real academia- y algún otro el resto son bestsellers de la peor calaña y bastante viejos, además. No lo critico por elitismo, todo el mundo tiene derecho a leer lo que le de la gana. Lo critico por la nula variedad, por el pensamiento único. ¿Tanto costaba poner dos o tres libros diferentes? Que los hay, incluso que se venden bien. No, mejor ir a los cuatro super ventas. Como los tópicos; en este país hay flamenco y toreros, pero también otras cosas. En la literatura puede que ni se imaginen la cantidad de otras cosas que hay. Y cuando hay una oportunidad de enseñar algunas, se pasa por alto.

No soy de los que se llevan las manos a la cabeza ante la mercantilización de la cultura. En una economía de mercado todo se compra y se vende, no hay nada malo en ello. Pero -llámenme idealista- creo que el arte tiene un componente que no tienen otros objetos. Creo que no es lo mismo comprar un libro que una silla. Tonto de mí, creo que la literatura puede llegar a cambiarnos. Me parece muy bien que existan libros cuyo único fin es el entretenimiento -yo también los leo- pero ¿Vamos a eliminar al resto de la estantería?

Que este progresivo empobrecimiento lo provoquen las editoriales es comprensible; para ellas lo único que cuenta son los beneficios. Pero que organismos oficiales participen en esta lobotomía cultural y lo publiciten y se sientan orgullosos de ello me parece muy triste. ¿Quién es el responsable de esta insensatez?

diciembre 10, 2008

Blocs i Llibres a Barcelona / Bitácoras y Libros en Barcelona (VIII)

Filed under: Noticias — Palimp @ 9:33 am
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BLB

La gente tenía ganas de montar una nueva edición de BLB y ya tenemos fecha: el 20 de diciembre de 2008. En breve daremos más datos (lugar de reunión, hora y tema) pero de momento reserven la noche del sábado. Como una cena de empresa más nos reuniremos todos los amantes de la literatura con o sin bitácora.

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