Xavier Uriarte. Los peligros de las vacunas.
Editorial Atica, 2002. 262 páginas.
Los que sigan con asiduidad esta bitácora o me conozcan personalmente saben mi postura frente a las mal llamadas medicinas alternativas. Como ya decía en la entrada de John Diamond, L’Escandol de la medicina alternativa creo que ninguna ha demostrado su pretendida eficacia. Pero tampoco soy un apostol de la medicina ¿cómo llamarla? ¿no alternativa? Que cada cual se gaste los cuartos donde quiera y haga de su capa un sayo.
Pero hay un tema que me preocupa bastante, y son grupos como Vacunación libre que se oponen a que los niños sean vacunados. Que un adulto haga lo que quiera, pero jugar con la salud de los niños me parece casi un delito.
Soy de los que opinan que el progreso científico nos ha dado un mundo mejor. Antes opinaba así todo el mundo, aunque ahora hay gente que reniega de tanto adelanto. Stephen Jay Gould argumentaba que sólo por la reducción de la mortalidad infantil ya merece la pena el desarrollo tecnológico. Los cementerios antiguos están llenos de lápidas; las familias tenían diez o doce hijos de los que sobrevivían tres o cuatro con suerte.
Comentaba en Eureka que si hace treinta años un transplante de corazón era casi ciencia ficción hoy es rutinario. Pasteur o Jenner verían maravillados como se ha erradicado la viruela o la práctica desaparición de la tuberculosis. Pero los ojos se les saldrían de las órbitas si escucharan a personas como el autor de este libro porque ¿Quién en su sano juicio no querría evitar estas enfermedades a sus hijos?
Podría pensarse que quienes se oponen a la vacunación deben tener argumentos de peso. Las ventajas son evidentes y las disfrutamos todos, así que veamos que tiene que decir el autor.
Para empezar, el título del libro es engañoso. De los 26 capítulos del libro sólo tres hablan de los efectos adversos de las vacunas. Los siete primeros explican qué son las vacunas, cómo se producen y cual es su dinámica en el organismo. El octavo explica lo que es el bloqueo posvacunal y la hiperestimulacion posvacunal sin dar datos de frecuencia ni estudios del tema. El capítulo 10, titulado de las contraindicaciones de las vacunas expone en que casos debe valorarse administrar o no una vacuna. El 13 y 14 hablan de los efectos adversos de las vacunas en general y según el tipo de la vacuna. En ningún caso hablan de estudios, porcentajes, etcétera. El resto informa de calendarios de vacunación, situación legal y servicio de farmacovigilancia. El capítulo 22 detalla todas las enfermedades vacunables y los efectos adversos de cada una de las vacunas. Para ser objetivos, tendrían que haber hablado también de los efectos adversos de sufrir la enfermedad.
En definitiva, el libro no aporta ningún estudio ni tasas de incidencia para saber realmente cual es el peligro real de administrar una vacuna. Enumerar una lista de efectos adversos sin indicar si es probable o improbable sufrirlos es meter miedo, no informar. Pero la falta de credibilidad no es sólo una opinión mía. En la página 147 hablan de que cuatro muertes subitas pueden haberse debido a la administración de una vacuna, pero tal y como dicen en el libro:
Tampoco La Asociación Muerte Súbita del Lactante mostró nunca el más mínimo interés por informar sobre el tema ni revisar la opinión expresada por nosotros.
Revisando bien el libro los únicos argumentos en contra realmente fundados son los de una partida de vacunas en mal estado y que el mercurio utilizado como conservante en muchas de las vacunas provoca efectos adversos -algo que se está empezando a eliminar en las vacunas. El primer caso no es algo achacable a la vacuna en sí, y el segundo tampoco. El resto son afirmaciones sin pruebas, sin estudios y sin tasas de incidencias. No vale decir que la vacuna de la tuberculosis puede causar meningitis sin indicar la fuente y la probabilidad del peligro.
¿Por qué, entonces, la gente cree que las vacunas son peligrosas? Este es un caso típico de post hoc ergo propter hoc, es decir, que lo que sucede después de algo parece que es es su consecuencia. Si vacunamos a un niño y después enferma, entonces la vacuna es la culpable -aunque no tenga nada que ver. El ser humano es así, y es difícil sustraerse a esta falsa causalidad. Pero para eso están los estudios, para comprobarlo.
Mientras estos movimientos no tengan muchos seguidores no hay peligro; el resto de vacunados impiden la transmisión de la enfermedad. Pero si cobran fuerza pueden resurgir enfermedades que estaban olvidadas. Así pasó en Japón y Reino Unido hace unas décadas; tras un auge de estos movimientos se detectaron niveles anormalmente altos de incidencia de las enfermedades contra las que no se vacunaron.
Como decía al principio no me importa lo que cada uno haga con su vida. Utilicen Feng Shui, consuman homeopatía, pero, por favor, respeten la salud de los niños.
Actualización: En Magonia hablan del tema: Las víctimas de la campaña antivacunación de Jenny McCarthy






