Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

junio 17, 2009

Hieráticos e insólitos

Filed under: Noticias — Palimp @ 4:36 pm
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El viernes 19 de junio presentamos el nuevo trabajo del grupo Tots a l’Agora, Hieráticos e insólitos. Cuentos de humor absurdo fuera de toda lógica.

En el Centro Cultural Valentina (Plaza Regomir, 2) a las 21 h.

Hieráticos e insólitos

junio 12, 2009

John Scalzi. La vieja guardia.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 7:30 am
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Ediciones Minotauro, 2007. 300 páginas.
Tit. Or. Old Man’s War. Trad. Rafael Marín.

John Scalzi, La vieja guardia
Tropas de geriátrico

Para enterarme de las novedades en el género de la ciencia ficción suelo leer con detalle la bitácora En clave pública, escrita por un verdadero coleccionista que siempre está al tanto las últimas novedades. Según la puntuación que le adjudique en su personal y eficaz Fichita ya sé si me puede interesar o no.

En este caso su reseña me animó a leerlo: La vieja guardia. Vayan al enlace anterior para leer su entrada, mucho más trabajada que la mía. Las Fuerzas de Defensa Coloniales son capaces de devolver la juventud a los ancianos y lo hacen… por un precio. Servir 10 años en el ejército. Entre morir de viejo y arriesgarse en el combate con un cuerpo de nuevo joven la elección para muchos está clara.

Seamos sinceros: no es un libro que hará historia, tiene la misma defensa del militarismo que Tropas del espacio y no tiene mucha profundidad. Pero entretiene, es original y sin pretensiones y para los tiempos que corren ya es mucho. Es algo inverosímil que con la tecnología de las Fuerzas de Defensa Coloniales las guerran se ganen en el terreno, pero puede pasar. He leído mejores descripciones de guerras futuras en relatos de Vladimir Hernández pero el objetivo en esta novela es entretener, no ser realista.

Es sólo para pasar el rato, pero se pasa a gusto.

Descárgalo gratis:

Scalzi, John – La vieja guardia-doc.zip

Scalzi John – La Vieja Guardia.RTF

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

Juzguen por ustedes mismos. Cuando se tienen por ejemplo veinticinco, treinta y cinco, cuarenta y cinco o incluso cincuenta y cinco años, todavía se siente uno capaz de enfrentarse al mundo. En cuanto se cumplen sesenta y cinco y el cuerpo empieza a recorrer la cuesta abajo de la ruina física, esos misteriosos «regímenes y procedimientos médicos, quirúrgicos y terapéuticos» empiezan a parecer interesantes. A los setenta y cinco, los amigos han muerto y ya hemos sustituido al menos un órgano importante; tenemos que orinar cuatro veces durante la noche y no somos capaces de subir una escalera sin acabar exhaustos… y encima tenemos que escuchar que estamos en buena forma para nuestra edad.

Cambiar eso por una década de vida nueva en una zona de combate en ese momento te empieza a parecer un chollo. Sobre todo porque, si no lo haces, al cabo de diez años más ya tendrás ochenta y cinco y no habrá ninguna diferencia entre una pasa y tú: los dos estaréis arrugados y sin próstata, la pasa nunca tuvo próstata.

¿Cómo consiguen las FDC invertir el transcurso de la edad? Nadie lo sabe aquí abajo. Los científicos terrestres no pueden explicar cómo lo hacen y no pueden copiar sus éxitos, aunque no por falta de intentos. El ámbito de actuación de las FDC no está en los planetas, así que no se le puede preguntar a ningún veterano, y, por otra parte, las FDC sólo recluían en los planetas, de modo que, aunque pudieras preguntarles, los colonos tampoco lo saben. Las terapias que las FDC llevan a cabo tienen lugar en el espacio, en las zonas de autoridad de las propias FDC, lejos de las miradas de los gobiernos globales y nacionales. Así que nada de ayuda por parte del Tío Sam ni de nadie más.

De vez en cuando, un primer ministro, un presidente o un dictador decide prohibir el sistema de reclutamiento de las FDC hasta que revelen sus secretos. Las FDC nunca discuten: recogen sus bártulos y se largan. Luego, todos los ancianos de setenta y cinco años de ese país se toman unas largas vacaciones internacionales de las cuales no regresan nunca. Las FDC no ofrecen ninguna explicación, ningún argumento, ninguna pista. Para averiguar cómo logran que la gente vuelva a ser joven, hay que apuntarse.

junio 10, 2009

Richard P. Feynman. Conferencias sobre Computación.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 8:26 am
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Editorial Crítica, 2003. 328 páginas.
Tit. Or. Feynman lectures on computation. Trad. Ignacio Zúñiga.

Richard P. Feynman, Conferencias sobre Computación
Maestro

Soy poco dado a la mitomanía, pero admiro mucho a Richard P. Feynman. Por su contribución a la física y por su persona, retratada admirablemente en los libros ¿Está usted de broma, Sr. Feynman? y su continuación ¿Qué te importa lo que piensen los demás?. No hace mucho pude ver la obra QED en el versus y se me puso la piel de gallina.

Por eso empecé este libro con aprensión. Muchas veces los expertos en un tema patinan cuando escriben sobre cosas que no son su especialidad. Fallo mío. Debería haber confiado más. El método de Feynman para enfrentarse a un problema del que no sabe nada es ir a lo básico y aprender todo de nuevo hasta que entiende el concepto. En este caso se nota que lo ha hecho, y bien.

A través de siete capítulos y un epílogo el autor nos hace una descripción exacta de los fundamentos de la computación. Desde cual es el funcionamiento físico de los circuitos hasta las bases de un computador cuántico, pasando por las máquinas de Turing y la teoría de la información. Todo lo que hace falta saber para entender el funcionamiento profundo de estas máquinas.

Datos que no han envejecido. Aunque en la informática la evolución es muy rápida, hay cosas que nunca cambian. El ordenador que está utilizando para leer esto usa la misma arquitectura Von Neumann que las primeras máquinas construídas. Los límites de lo computable se conocen aún antes de que se hubiera construído una computadora como hoy la conocemos, y las leyes de la física no van a cambiar en un futuro próximo.

El único defecto es que se extiende más en los apartados físicos entre los que se cuentan la construcción de circuitos con métodos que ya están obsoletos. Aún así es el mejor libro que he leído sobre el tema. Ojalá lo hubiera tenido cuando yo empecé la carrera, ya que me hubiera facilitado el entendimiento de muchos conceptos.

Imprescindible para informáticos en ciernes.

Descarga otros libros del autor (en inglés):

Feynmann – Feynman Lectures On Physics, Complete Volumes.pdf
Richard Feynmann – Surely you’re joking, Mr.Feynmann.pdf


Extracto:[-]

Seamos un poco abstractos por un momento y preguntémonos-¿cómo se conectan qué conjunto de elementos para que hagan la mayor parte de las cosas? Ésta es una pregunta profunda cuya respuesta es, de nuevo, que hasta cierto punto no importa. Una vez que se tiene un computador que puede hacer unas cuantas cosas —estrictamente hablando, uno que tiene un «conjunto suficiente» de procedimientos básicos—ese computador puede hacer básicamente lo mismo que cualquier otro. Esto es vagamente la base del gran principio de «universalidad». «¡Ah! —gritas—. ¡Mi calculadora de bolsillo no puede simular las manchas rojas de Júpiter como un conjunto de supercomputadores Cray!» Pues sí, sí puede: habría que modificar algunos circuitos, tendríamos que añadirle memoria y sería terriblemente lento, pero si se espera lo suficiente podría reproducir cualquier cosa que los Crays puedan hacer. En general, supongamos que tenemos dos computadores, A y B. y que sabemos todo acerca de A, la forma en que trabaja, sus «reglas de transición entre estados» y cosas así. Supongamos que el computador B es capaz simplemente de describir el estado de A. Entonces podemos utilizar B para simular el proceso de A describiendo sus transiciones sucesivas; en otras palabras, B imitará a A. Podrá tardar una eternidad si B es muy elemental y A muy sofisticado, pero al final podrá hacer todo lo que haga A. Más adelante en el curso demostraremos esta afirmación diseñando tal computador B, conocido como la máquina de Turing.

Veamos la universalidad de otra forma. El lenguaje nos proporciona una útil fuente de analogías. Dejadme que os pregunte esto: ¿cuál es el mejor lenguaje para describir algo? Digamos, un vehículo de gasolina de cuatro ruedas. Desde luego, la mayoría de las lenguas, al menos en Occidente, tienen una palabra sencilla para ello: nosotros decimos «automóvil», en inglés se dice «car», en francés «voiture», y así sucesivamente-Sin embargo, habrá algunos idiomas en los que no se haya creado una palabra para el «automóvil», y los que hablen en ese idioma tendrán que recurrir a una descripción seguramente larga y complicada utilizando elementos lingüísticos básicos. Ninguna de estas dos descripciones es intrínsecamente «mejor» que la otra, porque ambas cumplen su cometido v sólo se distinguen por su eficiencia. No tenemos por qué introducir la democracia al nivel de las palabras; podemos bajar a ras de los alfabetos. Cuál es, por ejemplo, el mejor alfabeto para la lengua inglesa? Es decir, • por qué tenemos que quedarnos con las 26 letras usuales? Todo lo que Se puede hacer con éstas, se puede hacer sólo con tres símbolos —punto, raya y espacio del código Morse; o dos— un cifrador baconiano que representa desde la A hasta la Z con números binarios de cinco dígitos. Vemos, pues, que podemos elegir nuestro conjunto básico de elementos con mucha libertad y nuestra elección realmente afecta a la eficiencia de nuestro lenguaje y, por lo tanto, al tamaño de nuestros libros: no existe el «mejor» lenguaje o alfabeto —cada uno es lógicamente universal y cada uno puede imitar a los demás—. Volviendo a la computación, la universalidad establece, de hecho, que el conjunto de tareas complicadas que se pueden realizar utilizando un conjunto «suficiente» de procedimientos básicos es independiente de la estructura específica y detallada del conjunto básico.

Para que los computadores actuales realicen una tarea compleja necesitamos una descripción precisa y completa de cómo realizar esa tarea en términos de una secuencia de procedimientos básicos sencillos —el software— y necesitamos una máquina para que realice esos procedimientos en un orden específico —esto es, el «hardware»—. Estas instrucciones tienen que ser exactas y sin ambigüedad. Las personas no tienen que decirse unas a otras exactamente lo que quieren expresar; no es necesario porque el contexto, el lenguaje corporal, la familiaridad con el interlocutor y demás recursos nos permiten «llenar los huecos» y resolver cualquier ambigüedad en lo que queremos decir. Los computadores, sin embargo, aún no son capaces de «seguir» lo que se está diciendo de la torma que lo hace una persona. A éstos hay que decirles escrupulosamente todos los detalles de lo que tienen que hacer. Quizá algún día las maquinas sean capaces de entender descripciones aproximadas de tarcas, Pero mientras tanto tenemos que ser muy quisquillosos acerca de cómo le decimos a los computadores que hagan las cosas.

junio 8, 2009

Federico García Lorca.La Zapatera prodigiosa.

Filed under: Teatro — Palimp @ 8:46 am
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RBA editores, 2008. 50 páginas.

Federico García Lorca, Obras completas
Reconquista del amor

Amor bruto, descarnado, el de esta Zapatera por su Zapatero; sin rastro de amabilidad. Sólo tiene ternura para el niño que de tanto en tanto aparece. ¿Es de extrañar que el Zapatero marche? Pero en el amor no hay punto final, sólo punto y seguido. Muchas veces se puede deshacer lo andado y aprovechar la sabiduría que nos ha dado el camino.

Sin ser escrita para títeres, tiene elementos en común con El retablillo, e incluso hay un guiño al entrar el Zapatero como titiritero. Personaje fuerte, de ternura escondida, esa Zapatera. Paciente y constante, hasta demasiado, el Zapatero. Uno se alegra del final feliz.

Pica, salta, brilla, el lenguaje de Lorca.

Puedes leerlo aquí:

La Zapatera prodigiosa


Extracto:[-]

Acto Segundo

La misma decoración. A la izquierda, el banquillo arrumbado. A la derecha, el mostrador con botellas y un lebrillo con agua donde la Zapatera friega las copas. La Zapatera está detrás del mostrador. Viste un traje rojo encendido, con amplias faldas y los brazos al aire. En la escena, dos mesas en una de ellas está sentado Don Mirlo, que toma un refresco y en la otra el Mozo del sombrero en la cara. La Zapatera friega con gran ardor vasos y copas que va volcando en el mostrador. Aparece en la puerta el Mozo de la faja, y el sombrero plano del primer acto. Está triste. Lleva los brazos caídos y mira de manera tierna a la Zapatera. Al actor que exagere lo más mínimo en este tipo, debe el director de escena darle un bastonazo en la cabeza. Nadie debe exagerar. La farsa exige siempre naturalidad. El autor ya se ha encargado de dibujar el tipo y el sastre de vestirlo. Sencillez. El Mozo se detiene en la puerta. Don Mirlo y el otro Mozo vuelven la cabeza y lo miran. Ésta es casi una escena de cine. Las miradas y expresión del conjunto dan su expresión. La Zapatera deja de fregar y mira al Mozo fijamente. ( Silencio)

ZAPATERA Pase usted.

MOZO DE LA FAJA Si usted lo quiere…

ZAPATERA (Asombrada) ¿Yo? Me trae absolutamente sin cuidado, pero como lo veo en la puerta…

MOZO DE LA FAJA Lo que usted quiera. (Se apoya en el mostrador.) (Entre dientes): Éste es otro al que voy a tener que…

ZAPATERA ¿Qué va a tomar?

MOZO DE LA FAJA Seguiré sus indicaciones.

ZAPATERA Pues la puerta.

MOZO DE LA FAJA ¡Ay, Dios mío, cómo cambian los tiempos!

ZAPATERA No crea usted que me voy a echar a llorar. Vamos. Va a usted a tomar copa, café, refresco, ¿diga…?

MOZO DE LA FAJA Refresco.

ZAPATERA No me mire tanto que se me va a derramar el jarabe.

MOZO DE LA FAJA Es que me estoy muriendo ¡ay!

(Por la ventana pasan dos majas con inmensos abanicos. Miran, se santiguan escandalizadas, se tapan los ojos con los pericones y a pasos menuditos cruzan.)

ZAPATERA El refresco.

MOZO DE LA FAJA (mirándola) ¡Ay!

MOZO DEL SOMBRERO (mirando al suelo) ¡Ay!

MIRLO (mirando al techo) ¡Ay!

(La Zapatera dirige la cabeza hacia los tres ayes.)

ZAPATERA ¡Requeteay! ¿Pero esto es una taberna o un hospital? ¡Abusivos! Si no fuera porque tengo que ganarme la vida con estos vinillos y este trapicheo, porque estoy sola desde que se fue por culpa de todos vosotros mi pobrecito marido de mi alma, ¿cómo es posible que yo aguantara esto? ¿Qué me dicen ustedes? Los voy a tener que plantar en lo más ancho de la calle.

MIRLO Muy bien, muy bien dicho.

MOZO DEL SOMBRERO Has puesto taberna y podemos estar aquí dentro todo el tiempo que queramos.

ZAPATERA (fiera) ¿Cómo? ¿Cómo?

(El Mozo de la faja inicia el mutis y Don Mirlo se levanta sonriente y haciendo como que está en el secreto y que volverá.)

MOZO DEL SOMBRERO Lo que he dicho.

ZAPATERA Pues si dices tú, más digo yo y puedes enterarte, y todos los del pueblo, que hace cuatro meses que se fue mi marido y no cederé a nadie jamás, porque una mujer casada debe estarse en su sitio como Dios manda. Y que no me asusto de nadie, ¿lo oyes?, que yo tengo la sangre de mi abuelo, que esté en gloria, que fue desbravador de caballos y lo que se dice un hombre. Decente fui y decente lo seré. Me comprometí con mi marido. Pues hasta la muerte.

(Don Mirlo sale por la puerta, rápidamente y haciendo señas que indican una relación entre él y la Zapatera.)

MOZO DEL SOMBRERO (levantándose) Tengo tanto coraje que agarraría un toro de los cuernos, le haría hincar la cerviz en las arenas y después me comería los sesos crudos con estos dientes míos, en la seguridad de no hartarme de morder.

(Sale rápidamente y Don Mirlo huye hacia la izquierda.)

ZAPATERA (con las manos en la cabeza) Jesús, Jesús, Jesús y Jesús. (Se sienta.)

junio 3, 2009

Bitácoras y Libros en Barcelona IX, vamos a contar mentiras

Filed under: Noticias — Palimp @ 4:19 pm
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BLB

Parece mentira que llevemos ya nueve ediciones de Bitácoras y libros, pero así es, y la mentira fue el tema de los deberes el sábado pasado ¿Cuál es la mentira más gorda que has contado?

Los asistentes fueron:

Anna (Veleidades vitales)
Dsdmona (Dsdmona)
Nacho (El último peatón)
Mon (En clave pública)
Frida, (Porque el mundo me ha hecho así)
María José (32 líneas)
Musa Rella (Las tres musas)
Mezkal (Sumidero Mental)
Silvia (Tots a l’Agora, Contes al cove)
Vigo (La librería, Poemas en inglés, Poemas en francés)
Palimp (Cuchitril Literario)

Había pasado mucho tiempo desde la última vez, y fue un placer el reencuentro. Tanto que supo a poco; muchos temas de conversación y poco tiempo. Coincido con la queja de María José, las mesas deberían ser redondas para poder hablar con todo el mundo.

Sé que hay gente que no se anima a venir porque le da vergüenza, porque cree que todos nos conocemos, o porque piensa que esto es una tertulia de nivel. Pues bien, pedí un cameo de los asistentes para un fragmento de las historias vecinales y me servirá para ilustrar lo erróneo de esas suposiciones.

Puede dar la impresión de que cuando nos reunimos pasa esto:

Pero lo cierto es que la realidad se asemeja más a esto otro:

Aquí cabe todo el mundo y, como ven, la diversión está asegurada. Les dejo con las mentiras que se confesaron bajo estricto anonimato la noche de autos:


Hace un par de veranos, estando de vacaciones con unos amigos en la costa, decidimos gastarle una broma a uno de ellos. Esta consistió en colocarle una trucha en el anzuelo, aprovechando que iba abuscar unas cervezas. A día de hoy aún se sorprende cómo un pez de río abó en el mar y, finalmente, en nuestra barbacoa.


“Claro que me gusta Bisbal, cariño. Claro que no me importa ir ocntigo al concierto”
P.D. Ni siquiera me la follé.


Nunca te quise, aunque siempre te dije lo contrario. Te lo repetía una y otra vez para ver si, a base de decirlo, me lo terminaba creyendo… jamás te amé, aunque tú te merecieras que lo hiciera. Te mentí, vilmente, con premeditación y alevosía y todo para no quedarme sola… Nunca te quise y es ahora, pasado el tiempo, cuando te puedo decir la verdad; aunque tú siempre pensarás que te amé toda mi vida.


Ante la situación violenta en la que me encontraba, me vi en la necesidad de presentar a mi amante como a mi pareja.


La mayor de mis mentiras fue no reconocer ante mi mismo que estaba loco por ti. No quería enamorarme, de modo que me empeñé en convertirte en un ángel virginal, a pesar de que, cada día, tú desplegabas ante mí tus artes de hechicera, tratando de subyugarme. Encantado, no quise ver la red que de pronto me cercaba, ni quise comprender la intención de tus favores, así me obstiné en que tus juegos eran inocentes. No pude concebir que pensaras en mí como en una de tus presas. Cuando me obligaste a darme cuenta, ya era demasiado tarde. Perdí mi oportunidad, pero, a cambio, me quedó el triste consuelo de no saberme derrotado.


Sólo he mentido en cuestiones sentimentales… pequeñas mentiras para no hacer daño y salvarme el culo.


La mentira más grande que he contado fue cuando le dije “ya no te quiero”


Hoy en día lo que está de moda es la mentira virtual. Conocí a un pobre muchacho por Internet y le dije que era muy fácil crear a una super mujer de 1,80 de altura, con unas piernas de infarto, con unos pechos turgentes más duros que los de “Afrodita A”, con una sonrisa cautivadora y una melena negra azabache que ríete de “Pocahontas”. Le dije que nada de eso era verdad, que yo era una mujer de lo más corriente, una persona que pasaba desapercibida y creo que se lo creyó, qué inocente, pensar que yo soy una mujer normal. Me supo mal por él, mentirle de esa manera y mentirle con una verdad desmentida. En fin, seguro que con la descripción que os he hecho de mí, me reconoceréis enseguida. Aunque dicen que la peor mentira es la que uno se dice a sí mismo.


Yo no me hubiera acordado de Nuñez si no hubiera sido porqué un amigo me invitó a una reunión de blogeros en la cual debíamos explicar la mentira más grande que habíamos contado.

Mentir siempre ha sido mi condición, las pocas verdades que he dicho en mi vida las recuerdo perfectamente, pero las mentiras. ¿Cuál escoger? y entonces recordé a Nuñez, quizá porqué fuera una mentira con visos de estafa que se extendió a todo el colectivo laboral.

Nuñez era valenciano y si bien eso por si mismo no es remarcable, hay que señalar que en Nuñez era su marca de la casa y, ya es hora de decirlo: Nuñez no caía bien a nadie.

Hace años se pusieron de moda unas corbatas estrechas de piel en diferentes colores, y yo me compré una roja que me costó 300,- ptas., en cierta ocasión Nuñez me comentó que la corbata le gustaba y yo, que siempre necesitaba pasta, le respondí que se la vendía por 700,- ptas., es decir 400 más de lo que me había costado, debo aclarar que la desproporción de esa cifra no era premeditada sino fruto de mi primaria condición falseística incluso añadiría que, en este caso, fue involuntaria y sólo supe —reaccionar cuando Nuñez dijo que me la compraba y evidentemente no era de recibo volverme atrás.


La mentira adquirió entidad al día siguiente cuando Nuñez entró en la oficina y a voces se dirigió a mi increpándome, y es que su mujer, que si sabía el precio de la corbata, lo más bonito que le dijo fue incauto y burro, yo que ya había aprendido a curtirme en mis propias mentiras, le solté: “no dudo que tu mujer en alguna tienda haya visto una corbata similar a ésta por menor precio, pero seguro que no era de la misma calidad”. La mecha prendió, empezando por Dolores la secretaria quien apuntó a mi favor sumándose el resto de la oficina a mi causa, conscientes que el precio era abusivo y la trola descomunal. Nuñez dejó de hablarnos, solicitó el traslado a otra sucursal y aún hoy no me saluda en las comidas de Navidad. Pero lo peor fue que allí donde se trasladaba ya estaban al corriente del suceso con lo que todo el asunto adquirió ribetes de drama, sobretodo porqué una vez le confesó a alguien que en cada discusión con su mujer surgía la humillante corbata, en fin.

Aunque, también podría ser que dada mi afición a la invención, todo cuanto he contado no fuera más que otra mentira que no he podido controlar.


No suelo mentir nunca. Se me da fatal el intentarlo. Por poner un ejemplo, soy de los/las que si intentaba copiar en un examen sabía que el profesor me acabaría pillando con solo mirarme fijamente la cara. Así que de muy pequeñito/a mi mamá siempre me enseñó a no decir mentiras y yo puedo decir que prácticamente toda mi vida la he hecho caso… Tal vez las únicas mentiras dignas de mención en mi caso son las que uno/a se hace consigo mismo/a, pero ni siquiera esas las tengo claras.

Es por eso que antes de seguir rebuscando infructuosamente en mi memoria una mentira que tenga un mínimo de interés para ser contada, me permito la licencia de transcribir un fragmento del libro que estoy leyendo y donde el tema de las mentiras tiene bastante peso en la trama. El libro es de Luis Landero y lleva por nombre Juegos de la edad tardía. Vamos allá.

“Comprenda mi petición. Los lunes y jueves me digo: “Hoy llamaré al señor Olías y él me dirá la verdad de lo que ocurre en el mundo “. Esa, si quiere que le sea sincero, es mi única ilusión. Gregorio se aficionó tanto a las noticias, y a su papel de informador indiscutible, que muchas noches se quedaba hasta tarde escuchando la radio, como en los tiempos lejanos de la adolescencia. Había emisoras que al filo de la madrugada transmitían desde rincones remotos y hablaban de mundos ignorados hasta entonces. Y como Gil exigía sobre todos sucesos extraños, que creía reservados a los privilegios de la gran ciudad, Gregorio no tardó en centrar la información en países exóticos del África y del Extremo Oriente, y cuanto más singulares y rebuscados eran los sucesos, más los valoraba y se admiraba Gil. Así que para complacer mejor su sed de novedades, y también por comodidad, alteró algunas noticias, y otras sencillamente se las inventó. Allá por enero se inventó una guerra, la “Guerra de las Grandes Minas “, entre dos países imaginarios, a los que llamó Tamarca y Suilán. Dio nombre a los caudillos (el general Bantuka y su antagonista, el sanguinario mariscal Fusio, que era calvo y macizo y con monóculo de oro), a los accidentes geográficos, a las batallas y a los pactos. Situó el teatro de operaciones en la selva, en torno a unas minas de diamantes, y todas las noches — pues la imaginación era sincera y cronológica- se dormía siguiendo el curso de las hostilidades. Tomó partido por Tamarca pero durante tres meses la victoria estuvo indecisa.

- ¿Cómo va la Guerra de las Grandes Minas? -no dejaba nunca de preguntar Gil. Gregorio le informaba con toda suerte de detalles, y a veces analizaba los hechos con tan buena lógica que predecía sus consecuencias. “Me temo que el mariscal Fusio ha cometido aquí un error de estrategia que le ha de costar caro. ” Y le costaba caro, tarde o temprano. Gil se admiraba de la perspicacia de Gregorio, y su respeto por el crecía tanto como su gratitud. “Aquí nadie sabe nada de esos países ni de esa guerra, para que luego diga que las noticias llegan a todas partes. Aquí señor Olías, lo que hay es mucha ignorancia y mucho orgullo.”

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