Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

diciembre 22, 2009

Felices fiestas

Filed under: Noticias — Palimp @ 8:30 am
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El Cuchitril Literario les desea

Rubem Fonseca, Feliz año nuevo

Y aunque muchos afirman que son unas fiestas llenas de

Iban Zaldua, Mentiras, mentiras, mentiras

e hipocresía, yo creo que

Connie Willis, El espíritu de la navidad

está más vivo que nunca, así que poniéndome

Sergi Pàmies, Sentimental

espero que aunque haga

Hugh Laurie, Una noche de perros

podamos conseguir,

Henning Mankell, Antes de que hiele

que en nuestra vida entre

Víctor García Antón, Amor del bueno

porque con amor, familia y amigos no hay duda de que éste es un

Javier Calvo, Mundo maravilloso

y todavía queda mucho para poder disfrutar de los

Andrea Camilleri, Ardores de agosto

Pasen todos ustedes unas felices fiestas.

P.D. Esta bitácora se toma vacaciones hasta después de reyes. Me gustaría prometer que después volveremos a la regularidad habitual, pero prefiero tomármelo como una de tantas promesas de año nuevo que luego se pueden cumplir a voluntad.

diciembre 21, 2009

Blocs i Llibres a Barcelona / Bitácoras y Libros en Barcelona (X). La crónica.

Filed under: Noticias — Palimp @ 12:29 pm
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A causa de varias bajas de última hora justificadas y algún que otro despiste, la décima edición de Bitácoras y Libros transcurrió en familia. Ocho asistentes que aprovechamos para ponernos al día y hablar, como siempre, de lo divino y humano. Incluso, extrañamente, se habló de literatura y comentamos la figura de Unamuno.

Pero no puedo ser un cronista fiable, porque aunque salimos del restaurante a las 12, yo llegué a casa a las cinco de la mañana, con un gran agujero en la memoria (producto sin duda del alcohol ingerido) y alguna cosa extrañaen los bolsillos: un globo de color verde, una caja de cerillas con una cerilla gastada y otra sin estrenar y un follero del museo Picasso. Supongo que para saber que ocurrió tendré que recurrir a la hipnosis.

Sin más dilación, les dejo con lo mejor de la crónica. Los secretos que nos confiaron y que nosotros traicionamos revelándolos al mundo:


Creía que era cosa de las películas, pero un amigo me confesó que cuando su mujer no estaba se ponía su ropa interior y se miraba en el espejo y se masturbaba. El afirma que no le gustan los tíos. A mí me da igual, aunque me gustaría verlo.


El periódico de anuncios clasificados Anuntis Primeramá tenía una política muy curiosa con sus anunciantes de alquileres.
Cuando se enteraba de que un anunciante usaba el método de la venta de listas falsas de alquileres, en lugar de quitar los anuncios y denunciarlos, lo que hacía era subirles la cuota. Había una tarifa especial para empresas estafadoras.


Nos conocemos desde hace 20 años, siempre hemos sido las mejores amigas y aunque ahora nuestros caminos estén algo separados siempre estaremos allí.
Salíamos siempre a las discotecas de moda cuando éramos jóvenes, trazábamos nuestro plan y atacábamos, nunca terminó mal la noche.
Un día después de casi dos semanas sin vernos me vino a buscar, estaba más delgada, ojerosa y parecía haber llorado. ‘Estoy embarazada’, me dijo, no pude dejar de pensar en como reaccionarían sus padres ante la noticia, pero me preocupó mucho más como estaba ella. ¿Qué quieres hacer tú? levantó los ojos y lo supe. Haríamos lo que fuera por conseguirlo y aún ahora nadie lo ha sabido.


Cuando era un adolescente, e iba a pasar el fin de semana con mi padre, éste solía repetirme constantemente que los hombres son más de fiar que las mujeres. Son más sinceros, nobles y leales. Es más fácil entenderse con ellos, porque son menos complicados y piden menos explicaciones. Puedes confiar, te dicen la verdad. Y creo que es por eso que cuando mi amigo me contó un secreto que había guardado durante todos sus años universitarios, no tuve más remedio que creerle. En más de una ocasión había visto en un bar gay a mi padre.


Ignoro por qué, pero me han contado muchos secretos. Mi cara debe ser propicia a ello. Por desgracia, lo que me cuentan son diferentes versiones de la misma historia. Uno, que frecuenta prostitutas. Otro, que intentó ligar con una del trabajo porque no estaba a gusto con su mujer, pero como la otra no le hizo caso, siguió tranquilamente con su matrimonio. La llegada de Internet ha provocado una explosión de infidelidades virtuales y un amigo mío no sólo es un cibersalido, sino que de vez en cuando queda con algún ligue. También está casado. Algunas mujeres también me han contado sus secretos y ¡sorpresa! Más de lo mismo. Cuidado con os monitores de pilates y similares porque deben tener mucho peligro. Incluso una no se cansó de decirme lo aburrido que era desde hacía tiempo el sexo en su matrimonio. Si me quería decir algo, no me di por enterado. Conclusión; mejor no me caso.


Cada vez que veo a mi vecina, siento una sensación extraña. Si no fuera por culpa del precio de la vivienda, os aseguro que me hubiera cambiado de piso por evitar encontrarme con ella. Aunque no fue en el rellano de la escalera donde me la encontré el día en el que supe su secreto.
En uno de mis viajes de trabajo, me paré junto a un arcén, justo al lado de un cartel que indicaba una fuente. Hacía calor y pensé que un paseo y un poco de agua me espabilarían y valla si me espabiló. Bajé el pequeño barranco sin problemas pero justo cuando veía la fuente a pocos metros, vi a mi vecina de la mano de un hombre pelirrojo. Ese hombre no era su marido. Me quedé de piedra, por un momento no supe que hacer pero al instante, di unos pasos hacia atrás y me oculté tras un árbol. La cuestión estaba clara, el hombre le acariciaba la tripa. La mujer, en avanzado estado de buena esperanza, sonreía. No salía de mi asombro ¿Cómo era posible que a más de 50 kilómetros nos pudiéramos encontrar? No hacía más de una semana que mi vecino me contaba lo contento que estaba con lo del próximo nacimiento de su hijo ¿Por qué tenía que ser precisamente yo el que descubría semejante secreto? Intenté quedarme inmóvil pero por ese extraño efecto del destino que siempre intenta llevarnos la contraria, estornudé compulsivamente con un ruido espantoso. Retrocedí unos pasos, tropecé con una piedra y caí rodando ladera abajo para llegar a aterrizar casi en los pies de la parejita. Me levanté, la saludé con la expresión de un tonto y me volví a paso ligero hasta mi coche. Los secretos pesan mucho. Desde luego ya os digo que no he vuelto a parar para beber agua en carretera. Mi mujer, tan acertada como siempre, cuando subimos con los vecinos en el ascensor, acaricia el pelo del niño y comenta como le gustan los pelirrojos. No se lo conté ni a ella. Mi vecina me mira con odio y a mí siempre me da por estornudar.


Su mujer de toda la vida lo había abandonado. Germán se había convertido en una sombra de sí mismo, así que fui a buscarlo a su casa, la que antes era “de ellos”, y revolví ese cubículo fantasma hasta que lo encontré. Estaba sumergido en un sillón azul, con las pantuflas colocadas en el pie contrario. “Salgamos” le propuse, y a la quinta vez lo convencí.
La primera parada fue en un bar de copas. No tenía ganas de hablar así que buscamos el sitio más ruidoso que había en la ciudad. A las cuatro de la mañana, después de seis cubatas, aparecimos como por arte de magia en una discoteca de gente mayorcita. Me separé de él sólo para ir a vomitar (no estaba acostumbrado a beber, eso se notaba por la pose de muñeco descolado que iba adquiriendo con el paso de la noche, o mejor dicho, con el “atropello” de la noche). Nadie volvió a referirse a aquella madrugada en que nos despertamos abrazados en la estación de metro. Y ese terna no es el que me ocupa, así que sabrán comprender.
El caso es que volvimos a hablarnos al tiempo y quedamos para cenar juntos. Llegué al restaurante excusándome porque un tema de trabajo me había retenido más de la cuenta, y lo encontré detrás de un gran tazón de sopa. Ahí fue, nomás llegar, cuando ante mi cara de sorpresa me lo confesó: “a mí me encanta la sopa, colega” -sollozaba como rescatándose de una humillación legendaria- “era ELLA, mi ex, quien la odiaba” El camarero le ofreció un pañuelo, Germán se sonó la nariz con estridencia. El caldo humeaba cómplice.


Mi jefe ascendió a jefe de forma meritoria, es decir que tuvo el mérito de estar en el momento justo y en el lugar oportuno, ya que cuando su antecesor se jubiló él era el único que podía acreditar algún título académico, título que todos nos preguntábamos cómo la había conseguido; D. Gregorio ya también a las puertas de la jubilación y a quien ya casi todo lo que fuera laboral le importaba bastante poco, dándole un golpecito en la espalda al recién nombrado jefe con título le dijo:
- Así que jugamos a la lotería, eh?
sin embargo mi jefe, que como toda prueba de tener luces sólo podía mostrar un título, sonrió a D. Gregorio y le dijo:
No, no D. Gregorio, yo sólo juego en Navidad Pues eso, le respondió el buen hombre
Pero el recién director, que antes de cura fue monaguillo, no únicamente se diferenciaba de nosotros en tener un título, sino que además, mientras estuvo de currante y después también, no daba muestras de notar la diferencia higiénica entre sus compañeros (y compañeras) y él, sirva a modo de ejemplo que en verano difícilmente se podía estar a su lado y cuando llegaba esa época del año, quedaba sorprendido de que nadie le acompañara a tomar café ya que todos le argumentaban que en verano no solían tomar café, esta excusa unánime por parte de todos no le hizo cuestionarse nunca a que se debía, para corroborar lo que comento les diré que un día el Cife (de Cifuentes) le dejó un desodorante encima de la mesa aprovechando que el jefe, entonces aún plebe, fue al lavabo, pues bien, sin darse por aludido, miró el botecito y preguntó en voz alta:
¿Alguien se ha dejado un desodorante en mi mesa?
Bueno, ahora ya tienen alguna referencia sobre el nuevo director, a quien seguiremos llamando el jefe, aunque eso represente una reiteración algo molesta, pero ustedes tampoco me van a dar un premio literario y en cambio yo les cuento un secreto laboral, como seguidamente van a ver, ya que en cuanto jefe yo ya no podía divulgar todo lo que veía.
Ya ubicado en su nuevo despacho y aislado del resto de sus excompañeros, ahora sus subordinados y yo en calidad de persona colaboradora más cercana, a primera hora de la jornada organizábamos el día, pues bien mientras despachábamos era el momento que él aprovechaba para su higiene, esto era:
1 – Hacía un rastreo de la mugre de sus uñas con la ayuda de la uña del índice y el pulgar de la otra mano
2 – Hacía una verificación dental con la lengua, es decir que la hacia circular por la parte externa de los dientes y si notaba algún rastro de cena, o de comida, vayan ustedes a saber, con los mismos dedos índice y pulgar de limpieza de las uñas, se metía los dedos en la boca y se sacaba el obstáculo bucal.
3 – Mientras me decía a quien teníamos que llamar había prospecciones en su nariz con el dedo índice ya comentado anteriormente, fruto de sus excavaciones iban a parar a un arrugado pañuelo que luego de manera desordenada guardaba en su bolsillo.
Ah! Me olvidaba, a todo ello hay que sumar mi propia imaginación, ya que cuando hacia higiene nasal yo siempre pensaba: “ahora es cuando se come la burilla”.
Como pueden imaginar salía de su despacho con el estómago revuelto pero ya el colmo fue un día que yo llegué antes al curro, y él ya estaba, la mala casualidad hizo que ese día ambos llegáramos antes, cuando entré me pareció oir un sonido que no pude identificar, como había moqueta y él no esperaba que hubiera nadie, no percibió mi presencia y entonces, entonces…. pude identificar esa especie de ruido sordo, como han cenado lo diré finamente: estaba liberando su intestino de vientos inútiles, ese fue mi final, me mareé, vomité y pasé una mañana que ni les cuento, hasta el punto que todos me decían que me fuera a casa, que no podía estar trabajando así, que eso sería la cena que se me había puesto mal, en fin… todo (y todas) muy solícitos, incluso él salió y para que todos vieran que ni el cargo ni el título se le habían subido a la cabeza se ofreció a llevarme a casa para que no tuviera que conducir mi propio coche, esa sola posibilidad me llevó precipitadamente al lavabo con unas violentas arcadas.
Para mi alivio, enseguida se vio que no era apto para la tarea encomendada y lo trasladaron a otro departamento: Le ofrecieron el cargo a D. Gregorio, que aún no teniendo título era mucho más válido para aquel trabajo, y que a mi me hubiera agradado mucho como jefe, pero rehusó argumentando que quería llegar a tranquilo a su jubilación la cual tenía próxima.
Ya se que no es un gran secreto, pero sí en mi ámbito laboral, ya que aún no he comentado a nadie porqué aquel día tuve que irme a casa.


Mi mejor amiga, la que había sacado las oposiciones a la primera, me confesó años más tarde que tuvo enchufe.
Y luego vi que llevaba un tanga de leopardo en su bolso: el mito destrozado definitivamente.


Mis amistades son bastante sosas y en mi empresa hay secretos que podría hacer temblar a algún politicucho, pero no los diré por aquí (cuando me jubile y con pasta por medio). Pero uno que se puede contar es que pillé a mi jefe acostándose con la de contabilidad en la oficina, y hay que tenerlos cuadrados porque tiene a su mujer de secretaria. Le debe gustar el más difícil todavía.


Su secreto: vio un accidente bastante aparatoso en la carretera y no se paró a ayudar. Le dio miedo. Buscó noticias para ver que había pasado pero no pudo enterarse -era antes de Internet-. Puede que no pasara nada o puede que muriera alguien. El no se lo quita de la cabeza y según afirma, sólo me lo ha contado a mí.


Eran muy jóvenes y muy inconscientes. O no. El caso es que soñaban con la química, los ácidos, los humos y las explosiones. Las droguerías eran su mundo y allí pasaban las tardes de la mitad de los laborables de la semaa. Eran cuatro y se complementaban a las mil maravillas. No existía Internet, pero la información circulaba, fluida, por un submundo de colegas, amiguetes, conocidos o no tan conocidos. El día de los hechos estaban exultantes. Habían conseguido el mayor petardo imaginable a sus tiernos quince años. El caso es que tamaño bicho no podía desperdiciarse, así que dieron el gran paso en su vida de inventores. Y pasaron a los anales de la comarca ¿Alguien ha oído hablar del descarrilamiento del tren de la costa hace cosa de 30 años y que terminó con la movilización de la guardia civil de unos cinco pueblos?

diciembre 14, 2009

Libros y Lecturas

Filed under: Audiovisual — Palimp @ 11:26 am
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Con un día de retraso les traigo el audiovisual del domingo. Como otras veces, un ciclo de las conferencias de la Fundación March que me ha parecido interesante:

Libros y Lecturas

Cinco momentos especiales del hecho de la lectura en la historia. La última, sobre Elias Canetti, una de mis entradas más criticadas (desgraciadamente con poco fundamento). El conferenciante tampoco me ha aclarado mucho el sentido de Masa y Poder.

Se habla mucho de la invención de la imprenta, lo que en su momento debió ser tan traumático como ahora internet. Los gobiernos intentaron controlar la libre difusión de escritos, sin mucho éxito. Lo mismo que ahora. Es indudable que losbeneficios que la imprenta trajo al ser humano (aunque no a los árboles). Si no me cren, pueden leer el siguiente poema:

A la invención de la imprenta

Les copio dos fragmentos:

¡Oh, insensatos! ¿Qué hacéis? Esas hogueras
que a devorarme horribles se presentan
y en arrancarme a la verdad porfían,
fanales son que a su esplendor me guían,
antorchas son que su victoria ostentan.
En su amor anhelante
mi corazón extático la adora,
mi espíritu la ve, mis pies la siguen.
No: ni el hierro ni el fuego amenazante
posible es ya que a vacilar me obliguen.
¿Soy dueño, por ventura,
de volver el pie atrás? Nunca las ondas
tornan del Tajo a su primera fuente
si una vez hacia el mar se arrebataron:
las sierras, los peñascos su camino
se cruzan a atajar; pero es en vano,
que el vencedor destino
las impele bramando al Oceano.

Llegó, pues, el gran día
en que un mortal divino, sacudiendo
de entre la mengua universal la frente,
con voz omnipotente
dijo a la faz del mundo: «El hombre es libre».
Y esta sagrada aclamación saliendo,
no en los estrechos límites hundida
se vio de una región: el eco grande
que inventó Guttemberg la alza en sus alas;
y en ellas conducida
se mira en un momento
salvar los montes, recorrer los mares,
ocupar la extensión del vago viento,
y sin que el trono o su furor la asombre,
por todas partes el valiente grito
sonar de la razón: «Libre es el hombre».

Totalmente aplicables a la nueva revolución digital.

También he descubierto que el tema del pirateo no es nuevo. Si hoy la gente va con camaras para grabar las películas de estreno, en aquella época existían los memorillas (véase: Juntos pero no revueltos), personajes que:

se aprendían de memoria las obras, las dictaba al salir (con disparates enormes) y las vendía.

Para acabar un par de enlaces (uno doble):

Modelos de negocio: Cómo ganar dinero en un mundo perfectamente copiable (I) y (II)

Interesante artículo sobre la situación de los derechos de autor, de lo que destaco -además de sus numerosos ejemplos de como ganar dinero a pesar de y gracias a las copias- lo siguiente:

En presencia de las tecnologías actuales, la copia privada (masiva, pero privada) es un hecho natural inevitable o, mejor dicho, sólo evitable mediante dos catástrofes: o la vuelta a una sociedad preindustrial o la implantación de un estado policial. Cualquier legislación de derecho de autor equilibrada habría de preservar la copia privada con todas sus consecuencias.

Pero tampoco es cierto que, como lamenta Javier Marías, por culpa de la copia privada vaya a llegar un día en que ‘ya no habrá más canciones ni películas ni series de televisión ni novelas nuevas’. Por cada novelista que vive de los royalties de sus libros hay un centenar que vive de otra cosa[...]

Ya que hablamos de libros y lecturas les recomiendo este artículo:

El lenguaje mudo

Del que me gustaría copiarles entero el final, pero para no fastidiar el artículo sólo copio una parte.

Sea como fuere, esto sucede una y otra y otra vez: la felicidad infantil de sumergirse en una conversación inesperada con un completo desconocido para descubrirse, horas después -y bajo toneladas hipercalóricas de “¿Leíste a tal?” “¡Si! ¿Y leíste a tal?” “¡Sí! Y leíste a tal?”- pensando que ese, sí, es el comienzo de una gran amistad.

No poseemos los libros de una biblioteca, ellos nos definen a nosotros.

Otro enlace más de propina:

Pipilotti Rist recoge el premio Joan Miró

Soy seguidor de la obra de Pipilotti Rist, una videoartista suiza que también ha publicado algún disco con Les Reines Prochaines. Si tienen curiosidad buceen por su web, aunque yo no he encontrado los vídeos que más me gustan de ella.

diciembre 11, 2009

Más derechos de autor

Filed under: Noticias — Palimp @ 7:39 pm
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Mientras vuelvo de mis preocupaciones domésticas les dejo un par de enlaces de los muchos que hay sobre el tema:

Sobre los derechos de autor

Todo por la pasta

De los que destaco las frases siguientes:

Otro problema respecto a los “derechos del autor”: si no tienes manera práctica de ejercer tu derecho, es que en realidad no es tal derecho. Por mucho que se empeñen el ministerio de cultura, la SGAE y el sursum corda, ningún megaportal de contenidos, ningún cierre de webs, ninguna prohibición del P2P va a impedir que quien quiera acceda gratis al contenido que le apetezca. No hay ni habrá tecnología para impedirlo. Entonces ¿tiene sentido empeñarse en reivindicar este derecho? Como mucho, se trata de uno de esos derechos retóricos, como el “derecho a una vivienda digna”, que quedan bien por escrito pero no tienen ninguna consecuencia práctica.

Los artistas lo saben, y la industria lo sabe. Pero usan el argumento para convertir el “derecho a manejar mi creación” en “derecho a que el gobierno garantice mis ingresos”. Y esto es algo muy distinto

“Las ventas de CD’s y DVD’s bajan”, se quejan amargamente las discográficas y las majors. Cojones, y las de ábacos también han bajado mucho desde que la gente quiere calculadoras.

Insisto: por mucho que quisiéramos evitar las copias no hay mecanismos para controlarlas y ya nadie quiere Cd’s. Como consumidor no me preocupan las leyes que puedan sacar, pero los artistas deberían preocuparse porque la SGAE y la COalición tengan tan poca vista. En vez de gastarse 30 millones de euros en un megaportal de contenidos podían invertir un millón en desarrollar una aplicación web Creative Commons para que las usen las discográficas grandes y pequeñas y el resto en ayudas a la digitalización y publicidad de sus contenidos. Seguramente se llevarían una sorpresa.

diciembre 4, 2009

Los tiempos han cambiado

Filed under: Noticias — Palimp @ 8:33 am
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Internet está revuelta. El anteproyecto de la ley de la Economía Sostenible deja abierta la puerta para que una comisión -y no un juez- pueda cerrar una web por supuestos delitos a la ley de propiedad intelectual, saltándose el procedimiento judicial, no sha dejado con la boca abierta a todos. Una buena entrevista sobre qué permitirá y no esta ley puede leerse aquí:

Entrevista a David Bravo

Ni la industria ni el gobierno entienden que los tiempos han cambiado de manera irrevocable y que la mejor manera de proteger los derechos de los creadores no es con este tipo de leyes. Considero que descargar canciones y películas está mal, si no desde el punto de vista legal, al menos desde el punto de vista ético. Los creadores tienen todo el derecho a poder vivir de su trabajo y, sobre todo, a establecer los límites de uso de su producción.

Nunca he estado de acuerdo con manifiestos que hablan de cultura gratis porque en este mundo lo único que se puede disfrutar de una manera gratuita es la cultura. Para tener una vivienda es inevitable hipotecarse, para comer y vestirse hay que pagar, pero cualquiera puede ir a una biblioteca y disfrutar de libros, música y películas sin coste alguno. Reclamar cultura gratis para descargarse películas es, como bien decía Fuckowsky, como pedir cubatas gratis alegando el derecho básico a la alimentación.

Ayer compré un disco duro para un cliente. Ese disco duro se usará exclusivamente para hacer copias de seguridad de las bases de datos de la empresa. Pero pagué un canon de 12 euros. Nunca he estado de acuerdo con el canon, que es un impuesto que no cobra el gobierno, sino una entidad independiente y poco transparente. Cuando se aprobó la reciente subida pude leer en muchos sitios que el canon era la mejor manera de proteger los derechos de los autores. No entiendo pues, si entonces era suficiente, como es que ahora hacen falta medidas más drásticas.

Medidas que serán totalmente inútiles. ¿Saben por qué existe el P2P? porque se cerraron las páginas -como Napster o AudioGalaxy- que centralizaban la gestión de las descargas. Si mañana prohiben el P2P surgirá otro modelo de distribución que se saltará las normativas. Tecnológicamente una bendición, ya que la tecnología P2P se ha utilizado para otros menesteres y no hubiera surgido de no ser por los esfuerzos censores de los gobiernos.

Ningún sistema anticopia ha funcionado, y lo único que consiguen es que los usuarios que compran el producto original no puedan reproducirlos en el ordenador, o que les de problemas con ciertos reproductores. En consecuencia, seguro que muchos de ellos han preferido descargarse copias piratas que no les den tantos problemas.

La gente no compra música por muchas razones, pero la principal es que ya nadie quiere un CD. Los reproductores de MP3 y los móviles han dejado obsoleto al soporte físico. Si quiero escuchar un disco en mi reproductor no prentendan que vaya a la tienda, compre el CD, lo ripee para pasarlo a MP3 y lo copie. Cuando con un click me bajo la canción en el eMule en cinco minutos y ya lo tengo preparado para escuchar.

Cuando se inauguró iTunes pensé ¿Quién va a pagar por una canción cuando te la puedes bajar gratis? Pues muchísima gente. A lo mejor es que la gente no es tan pirata como cree la industria, y si se le facilitan los medios para obtener un producto de una manera fácil y a un precio asequible prefieren ser legales. Si eres legal, eres legal, pero si no me lo pones fácil seguiré siendo ilegal.

La industria discográfica y audiovisual sigue estancada en un modelo de negocio obsoleto. La revolución digital tendría que haberles lanzado a publicaciones de catálogos de canciones para descarga en línea, tiendas dónde sea fácil comprar una canción, portales dónde puedas descubrir a nuevos autores e incluso poder poner a la venta de nuevo a todo lo que tengan descatalogados. En vez de eso se dedican a combatir inútilmente el pirateo. Con esto lo único que han conseguido es que la gente siga utilizando programas como el eMule porque es el único sitio dónde pueden conseguir lo que quieren. Ellos mismos están contribuyendo a crear una cultura del pirateo que luego será muy difícil de erradicar.

No lo conseguirán con ninguna ley. La revolución digital ha cambiado por completo el uso y disfrute de los contenidos. Hoy existe el streaming, las radios digitales, la posibilidad de copiar un archivo en segundos con la misma calidad que el original, el correo electrónico… Es imposible impedir que se distribuyan los archivos. No recuerdo dónde he leído que sería como si un comerciante vendiera las berenjenas con la condición de que sólo se hicieran salteadas ¿Es eso posible de controlar? No. ¿Es justo que si tengo un disco de un artista lo pueda copiar a todos mis amigos en segundos y que el creador no cobren un duro por ello? Seguramente no, pero es imposible de impedir.

Basta de leyes que enturbian el panorama digital y más actualización de modelos de negocio. Por el bien de todos.

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