Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

junio 25, 2010

Jasper Fforde. El pozo de las tramas perdidas.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 4:03 pm
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Ediciones B, 2008. 420 páginas.
Tit. Or. The well of lost plot. Trad. Pedro Jorge Romero.

Jasper Fforde, El pozo de las tramas perdidas
La gran biblioteca

La tercera parte de la saga y la última de momento publicada en España. Hay otras dos pendientes -esperemos que de momento (Actualización: Ya ha salido el cuarto). Thursday Next se esconde en la Gran Biblioteca, en la que cada letra del abecedario tiene un piso. Allí, en el pozo de las tramas perdidas se oculta en una mala novela. Pero con los consejos de la protagonista la calidad del libro puede cambiar.

Me ha parecido el más flojo de los tres, aunque sigue manteniendo el interés en este extraño mundo que gira alrededor de la trastienda de los libros. Espero impaciente las otras dos entregas. Mientras pueden leer las siguientes reseñas: El pozo de las tramas perdidas, BEM on line.

Una saga que gustará, en palabras del autor, a todos los que les gusten los libros.

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Extracto:[-]

—Bien—suspiré, intentando captar la idea—. Siempre había pensado que las novelas simplemente… bien, se escribían.

—Escribir no es más que la palabra que empleamos para describir el proceso de grabación —respondió Snell mientras seguíamos caminando—. En el Pozo de las Tramas Perdidas conectamos la imaginación del escritor con los personajes y tramas de forma que tengan sentido en la mente del lector. Después de todo, puede argumentarse que leer es un proceso mucho más creativo e imaginativo que escribir; merece tanto respeto el lector que recrea una emoción, o los colores del cielo durante la puesta de sol, o el olor de la brisa cálida de verano en la cara, como el escritor… quizá más.

Era una idea original; la sopesé.

—¿En serio? —respondí, algo dubitativa.

—¡Claro que sí! —Snell rio—. «La espuma batiendo los guijarros» no significa nada a menos que imagines las olas cayendo sobre la zona de mareas o sientas las olas estremecer la playa bajo tus pies, ¿no?

—Supongo que no.

—Los libros —dijo Snell— son una forma de magia.

Lo pensé un momento y eché una ojeada a la caótica fábrica de ficción. Mi marido era o es novelista. Siempre había querido saber qué le pasaba por la cabeza y aquello, suponía, era lo más cerca que iba a estar de saberlo.7 Seguimos caminando, dejando atrás una tienda llamada Ha pasado un minuto. Vendía recursos descriptivos para el paso del tiempo; esa semana tenían en oferta especial los cambios de estación.

—Bien, gracias, señorita Havisham —murmuré—, la gente de allí está muy preocupada de que vayan a destruir el libro bajo sus pies.

—Con razón —respondió Havisham—. Lo he leído. Cada día se destruyen cientos de libros como Heights. No pierdas el tiempo ni malgastes energía con ellos. En el Pozo cada cual cuida de sí mismo. Yo me mantendría al margen y no haría demasiados amigos. Tienen la costumbre de morirse justo cuando empiezan a caerte bien. Siempre sucede así. Es narrativo.

—Heights no es mal lugar para vivir —dije, con la esperanza de ganarme su compasión.

—Sin duda —murmuró ella, con la mirada perdida—. Recuerdo cuando estaba en el Pozo, cuando creaban Grandes esperanzas. Era la chica más feliz del mundo cuando me dijeron que iba a trabajar con Charles Dickens. La primera de mi clase en la Universidad Genérica y, modestia aparte, bastante guapa. Creía que haría una joven Estella admirable: tan refinada como hermosa, altiva y orgullosa. Al final superaría el autoritario malhumor de su benefactora irascible para encontrar el amor verdadero.

—Y… ¿qué pasó?

—No era lo suficientemente alta.

—¿Lo suficientemente alta? ¿Para un libro? ¿Eso no es como no tener el color de ojos adecuado para trabajar en la radio?

—Le dieron el papel a una putita que recuperaron de una obra de Thackeray destruida. La vaca. No me extraña que la trate tan mal… ¡ese papel debería haber sido mío!

junio 23, 2010

Jasper Fforde. Perdida en un buen libro.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 12:32 pm
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Ediciones B, 2007. 350 páginas.
Tit. Or. Lost in a good book. Trad. Pedro Jorge Romero.

Jasper Fforde, Perdida en un buen libro
A fondo

En la segunda parte de las aventuras de Thursday Next se complican las cosas. Si el primer libro parecía un vivieron felices y comieron perdices, en éste toda la felicidad se va al garete y Thursday, además de enfrentarse a la todopoderosa Goliat tendrá también como enemiga a Aornis Hades, hermana de Acheron Hades, el villano de la primera parte de esta serie. Aornis es una mnemonomórfica, capaz de alterar la memoria de las personas.

Fforde construye un universo muy particular abriendo el interior d los libros. Es una pena que la mayor parte de las referencias sean de literatura inglesa, pero se disfruta igual. Lo reseña Mon: Perdida en un buen libro y JJ: Lost in a good book.

Descárgalo gratis (en inglés):

Jasper Fforde – Lost in a Good Book.pdf

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Extracto:[-]

El experimento neandertal se concibió para crear lo que se denominaba de manera eufemística «contenedores de pruebas médicas», criaturas vivas lo más parecidas posible a los humanos sin que fueran legalmente humanas, recreadas a partir de células encontradas en un antebrazo de Homo Llysternef neanderthalensis conservado en un cenagal de turba cerca de Llysternef, Gales. El experimento fue un éxito rotundo. Por desgracia para la Goliath, incluso los técnicos médicos más crueles se negaron a realizar experimentos con seres inteligentes capaces de hablar, así que se entrenó al primer grupo de neandertales para ser «unidades de combate desechables», un proyecto que se desestimó en cuanto se descubrió la falta de instinto agresivo de los neandertales. Por consiguiente, se los liberó en la comunidad como mano de obra barata y se convirtieron en una forma apreciada de desgravar impuestos. Machos estériles con una esperanza de vida de unos cincuenta años pronto pasarán a formar parte de la creciente lista de «fracasos» de la industria genética.

GERHARD VON SQUID Neandertales: de vuelta tras una breve ausencia

Las coincidencias son fenómenos extraños. Me gusta la referida a sir Edmund Godfrey, a quien en 1678 encontraron asesinado y abandonado en una cuneta de Greenberry Hill, Londres. Arrestaron y acusaron del crimen a tres hombres: el señor Green, el señor Berry y el señor Hill. Mi padre me había contado que, por lo general, no creaba ningún problema pasar de las coincidencias: no eran más que el descubrimiento aleatorio de un hecho pertinente entre un millón de posibles interconexiones diarias. «Para a un desconocido en la calle —me decía y rebuscad en vuestro pasado. No tardaréis en encontrar una coincidencia asombrosa imposible-de-atribuir-al-azar.»

Supongo que tenía razón, pero no explicaba cómo era posible que dos pinchazos frente a la estación, una radio rota, un billete caído del cielo y un Skyrail llegando en el preciso momento salieran juntos de la nada.

Entré en el único vagón del Skyrail y me senté delante. Las puertas se cerraron con un suspiro y nos deslizamos sin fricción sobre los lagos Cerney mientras atravesábamos Wessex. Estaba allí por alguna razón, me decía, y miraba a mi alrededor buscando cuál podía ser. Ei conductor neandertal del Skyrail tenía la mano sobre el acelerador y miraba el paisaje distraídamente. Se le agitaban las cejas y, ocasionalmente, olisqueaba el aire. El vagón iba casi vacío; siete personas, todas mujeres y ninguna conocida.

—Tres vertical —exclamó una mujer bajita que miraba un periódico doblado, a medias para sí y a medias para las demás—. ¿Dispuesta siempre a curiosear? Once letras.

Nadie respondió. Seguimos moviéndonos y dejamos atrás la estación Cricklade sin parar, para disgusto de una mujer enorme vestida con ropa cara que se enfadó visiblemente y apuntó al conductor con el paraguas.

—¡Eh, tú! —aulló como un capitán durante una tormenta—. ¿Qué haces? ¡Quería bajar en Cricklade, maldito seas!

El conductor no pareció notar el insulto y murmuró una disculpa. Lo que evidentemente no fue suficiente para la mujer chillona y ofensiva, que usó el paraguas para golpear en las costillas al pequeño neandertal. Él no gritó de dolor; se limitó a hacer una mueca, cerrar la puerta del conductor y asegurarla con el cierre. Le quité el paraguas a la mujer, que conmocionada y horrorizada por mi acción gritó:

-¿Qué…?

—No lo haga —le dije—, es desagradable.

—¡Majaderías! —dijo entre carcajadas, de forma estridente y molesta—. ¡No es más que un neandertal!

—Entrometida —dijo una de las pasajeras taxativa, mirando fijamente un anuncio de Gravetubo que se encontraba a la altura de los ojos.

junio 21, 2010

Jasper Fforde. El caso Jane Eyre.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 7:25 am
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Ediciones B, 2007. 350 páginas.
Tit. Or. The Erye affair. Trad. Pedro Jorge Romero.

Jasper Fforde, El caso Jane Eyre
Meterse en la trama

Todos los comentarios que había leído sobre esta obra eran elogiosos, y tenía la pinta de ser el tipo de ciencia ficción que me gusta. Tengo tanta suerte que me regalaron los tres editados hasta ahora para mi cumpleaños (de hace dos años), y me los leí de inmediato.

El mundo en el que se mueve Thursday Next es, como mínimo, peculiar. La clonación de animales es bastante habitual, un departamento de policía se encarga de las criaturas de la noche y los libros se protegen tanto que también hay una brigada dedicada a investigar los asuntos relacionados con ellos. Porque en este mundo el peligro no viene sólo de los plagios y los falsos manuscritos; hay quien se introduce en la trama de los libros y cambia las historias.

De los tres es el que más me ha gustado, el más redondo. Una buena reseña la pueden encontrar aquí: El caso Jane Eyre y mi recomendación: si tienen que empezar por uno de los libros de Fforde, empiecen por éste.

Descárgalo gratis:

Fforde, Jasper – Thursday Next 01 – El Caso Jane Eyre-doc.zip

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Extracto:[-]

Se detuvo y recogió el palo que el considerado Pilot le había traído en lugar del conejo que no podía atrapar.

—Comprenda, me puedo mover a cualquier punto del libro que desee, de inmediato y regresar a voluntad; las mejores partes de mi vida se encuentran entre el momento en que declaro mi amor verdadero a esa adorable niña endiablada y el momento en que el abogado y el tonto de Masón se presentan para arruinar mi boda y revelar a la loca del ático. Ésas son las semanas a las que más regreso, pero también voy a los malos momentos… porque sin una vara de medir a veces los mejores momentos se dan por supuestos. En ocasiones fantaseo que hago que John los detenga en la puerta de la iglesia y los retrase hasta que la boda termine, pero iría en contra de cómo debe ser.

—Por tanto, ¿mientras hablo con usted aquí…?

—… también conozco ajane por primera vez, la cortejo, luego la pierdo para siempre. Incluso ahora mismo la veo a usted, de niña, con expresión de miedo bajo los cascos de mi caballo…

Se palpó el codo.

—Y también siento el dolor de esa caída. Por tanto, verá que mi existencia, aunque limitada, no carece de sus ventajas.

Suspiré. Si la vida fuese así de simple; si uno pudiese saltar a las partes buenas y saltarse las malas…

—¿Ama a algún hombre? —me preguntó Rochester de pronto.

—Sí; pero hay mucho mal aire entre nosotros. Acusó a mi hermano de un crimen que yo consideré injusto poner sobre los hombros de un muerto; mi hermano nunca tuvo la oportunidad de defenderse y las pruebas no eran muy sólidas. Me resulta difícil de perdonar.

—¿Qué hay que perdonar? —exigió Rochester—. Haga caso omiso del perdón y concéntrese en vivir. Para ustedes la vida es corta; demasiado corta como para permitir que pequeños problemas destruyan una felicidad que sólo será suya durante un breve momento.

—¡Por desgracia! —respondí—. ¡Está comprometido para casarse!

—¿Y eso qué importa? —se burló Rochester—. ¡Probablemente sea alguien tan inadecuado para él como Blanche Ingram lo es para mí!

Pensé en Daisy Mutlar y efectivamente parecía haber grandes similitudes.

junio 18, 2010

John Steinbeck. Los hechos del Rey Arturo.

Filed under: Novela — Palimp @ 3:48 pm
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Editorial Salvat, 1994. 270 páginas.
Tit. Or. The acts of King Arthur and his Noble Kights. Trad. Carlos Gardini.

John Steinbeck, Los hechos del Rey Arturo
Camelot revisitada

Cuando en mi juventud leí casi todo lo de Steinbeck también cayó éste. En su momento me pareció muy bueno. Releyéndolo no me lo ha parecido tanto, pero al llegar a las páginas finales, con reflexiones del autor sobre la marcha del libro me siento culpable. Con la de trabajo que le costó escribirlo a uno le sabe mal sacarle defectos a la obra.

Todos conocemos más o menos leyendas sobre el rey Arturo y la tabla redonda. Steinbeck intenta actualizar las historias de Thomas Malory (un autor que merece libro aparte) con el objetivo de que sus lectores se emocionen tanto como lo hizo él cuando las leyó de niño. El objetivo se consigue, y eso es lo importante.

Algunas reflexiones me han llamado la atención:

—Te has topado con un misterio —dijo Merlín—. Poco después de la crucifixión de Jesucristo, José, un mercader de Arimatea que dio sepultura a Nuestro Señor, navegó hasta estas tierras con el cáliz sagrado de la Ultima Cena rebosante de sangre sagrada, y también con la lanza que el romano Longinus empuñó para traspasar el flanco de Jesús en la Cruz. Y José trajo estos objetos sagrados a la Islfi de Cristal, en Avalón, y allí fundó una iglesia, la primera de toda esta comarca. El cuerpo que yacía en el lecho era el de José, y la lanza, la de Longinus, y con ella heriste a Pelham, descendiente de José, y ése fue el Tajo de Aflicción del que te hablé hace mucho tiempo. Y en virtud de ello, la enfermedad y el hambre y la desesperación se propagarán por estas tierras como una plaga.
—No es razonable. No es justo —sollozó Balin.

El infortunio no es razonable, el destino no es justo, pero no obstante existen —dijo Merlín, y se despidió de Balin para siempre—. Pues —le dijo— no volveremos a encontrarnos en este mundo.
Luego Balin cabalgó por esa tierra de aflicción y vio gentes muertas y agonizantes por todas partes, y los vivos le gritaban:

—Balin, tú eres la causa de esta destrucción. Pagarás por ello. —Y Balin, angustiado, picó espuelas para dejar ese asolado territorio. Cabalgó ocho días, huyendo del mal, y no sin alegría abandonó esa atribulada comarca para internarse en un bello y plácido bosque. Su ánimo despertó y se despojó de sus oscuros atavíos. Sobre las copas de los árboles de un hermoso valle divisó las almenas de una espigada torre y enfiló hacia ella. Junto a la torre había un gran caballo sujeto a un árbol. En el suelo, un robusto y elegante caballero estaba sentado y gemía en voz alta.


Cuando Merlín vio a Nyneve, la doncella que sir Pellinore había traído a la corte, supo que se encontraba con su destino, pues en su pecho de anciano el corazón brincó como el corazón de un mozo y su deseo se impuso a la edad y la sabiduría. Merlín deseó a Nyneve más que a la vida, tal como lo había previsto, y la acosó sin darle reposo. Y Nyneve, usando de sus poderes sobre este Merlín imbecilizado por la vejez, ofreció su compañía a cambio de las artes del mago, pues era una de las doncellas de la Dama del Lago y gustaba de los prodigios.

Merlín no ignoraba la verdad de los hechos y conocía la fatídica culminación, pero su corazón enloquecía por la Doncella del Lago y nada podía hacer por evitarlo.

Fue al rey Arturo y le manifestó que era llegada la hora que una vez había predicho, pues su fin no estaba muy lejos. Le habló al rey sobre cosas futuras y le dio instrucciones sobre cómo afrontar el porvenir. Y ante todo le advirtió que cuidara con afán de la espada Excalibur y más aún de la vaina de la espada.

—Te la sustraerá alguien en quien confías —dijo Merlín—. Tienes enemigos que no conoces. —Y sentenció—: me echarás de menos. Vendrá el tiempo cuando querrás dar tu reino por tenerme contigo.
—Esto es incomprensible —dijo el rey—. Eres el hombre más sabio de este mundo y sabes lo que está por ocurrirte. ¿Por qué no elaboras un plan para ponerte a salvo?

—Porque soy sabio —respondió Merlín con serenidad—. En la lid entre la sabiduría y los sentimientos, la sabiduría nunca triunfa. Te he predicho el futuro con certeza, mi señor, pero no por saberlo podrás cambiarlo siquiera en el grosor de un cabello. Cuando llegue la hora, tus sentimientos te precipitarán a tu destino. —Y Merlín se despidió del rey que él mismo había creado.

Lectura recomendable para cualquier edad, pero sobre todo para que a los jóvenes les pique el gusanillo de la lectura.

P.D. Una reflexión de Steinbeck que lo hace favorable al libro electrónico y la digitalización masiva:

Por supuesto que el proyector de microfilms me entusiasma mucho. Claro que pesa diecisiete libras, pero puedes llevar una enorme biblioteca en una caja de zapatos. Vamos a divertirnos mucho con eso. Cuando Archie Mac Leish era bibliotecario del Congreso, microfilmó un montón de cosas que no podían retirarse. Estoy seguro de que algunas de las universidades y probablemente la Biblioteca Bíblica de Nueva York están haciendo lo mismo. ¿Hay algún modo de averiguar qué filmaron los diversos repositorios y si se puede conseguir?

Descárgalo gratis:

Steinbeck, John – Los Hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros [Spa].pdf

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

Luego los tres fueron ante el arzobispo y le contaron cómo la espada había sido extraída de la piedra, y él dio órdenes de que volvieran a reunirse los barones, quienes nuevamente intentaron sacar la espada. Todos fracasaron excepto Arturo.

Muchos de los señores, presa de la envidia y el furor, dijeron que era vergonzoso e insultante que el reino fuera gobernado por un muchacho cuya sangre no era real. La decisión se postergó hasta Candelaria, tras acordar una nueva reunión para esa fecha. Se designaron diez caballeros para vigilar la espada y la piedra. Se alzó una tienda para protegerla y a toda hora había cinco caballeros de guardia.

En Candelaria acudió un número aún mayor de señores para intentar sacar la espada, pero nadie pudo lograrlo. Arturo, al igual que antes, lo consiguió sin esfuerzo. Entonces los airados barones postergaron la resolución hasta Pascua, y de nuevo Arturo fue el único capaz de extraer la espada. Algunos de los grandes señores se oponían a que Arturo ciñera la corona y demoraron la prueba definitiva hasta Pascua de Pentecostés. Tan enfurecidos estaban que la vida de Arturo corría peligro. El Arzobispo de Cantórbery, aconsejado por Merlín, convocó a aquellos caballeros a quienes Uther Pendragon había hecho depositarios de su amor y su confianza. Hombres de la talla de Sir Bawdewyn de Bretaña, Sir Kaynes, Sir yifius y Sir Brastias, todos ellos y muchos más permanecieron día y noche cerca de Arturo para protegerlo hasta la Pascua de Pentecostés.

Cuando llegó Pentecostés, se reunió una gran multitud y hombres de toda ralea se esforzaron por sacar la espada de la piedra, sin que ninguno tuviera éxito. Luego Arturo subió a la piedra en presencia de todos los señores y de las gentes comunes, y extrajo la espada con facilidad y la exhibió ante todos ellos. El pueblo quedó convencido y declaró, a viva voz y al unísono:

—Queremos que Arturo sea nuestro rey sin más demora. Evidentemente, es voluntad de Dios que sea rey y mataremos a todo el que se interponga en su camino.

Y así, ricos y humildes se arrodillaron y solicitaron el perdón de Arturo por haber demorado tanto tiempo. Arturo los perdonó, y luego tomó la espada en sus manos y la depositó en el altar mayor. El arzobispo tomó la espada y tocó a Arturo en el hombro y lo armó caballero. Luego Arturo juró ante todos los señores y las gentes comunes que sería un rey justo y leal hasta el fin de sus días.
Ordenó a los señores que habían recibido honores y tierras de la corona que cumplieran con las obligaciones debidas a él. Y luego escuchó las quejas y acusaciones de los crímenes y desmanes perpetrados en el reino desde la muerte de su padre Uther Pendragon, que aludían a territorios y castillos tomados por la fuerza, a hombres asesinados, a caballeros, damas y gentileshombres asaltados y despojados durante ese período en que no había rey ni justicia. Y Arturo hizo devolver las tierras y posesiones a sus auténticos propietarios.

Cumplida esa tarea, el rey Arturo organizó su gobierno. Designó a sus caballeros más fieles para los altos cargos. Nombró a Sir Kay senescal de toda Inglaterra, a Sir Bawdewyn de Bretaña condestable, para que guardara el orden y la paz. A Sir Ulfius lo nombró chambelán, y a Sir Brastias guardián de las marcas del norte, pues del norte procedía la mayor parte de los enemigos de Inglaterra. En pocos años, Arturo conquistó el norte y tomó Escocia y Gales y, si bien algunas regiones se le opusieron por un tiempo, a todas concluyó por dominarlas.

junio 16, 2010

Paper de vidre.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 10:16 am
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Labreu edicions, 2005. 212 páginas.

Paper de vidre
Entrevistas que rascan

Barcelona es lo suficientemente grande como para no volver a ver nunca a esa chica con la que hablaste un día en una discoteca y no le pediste el teléfono y lo suficientemente pequeña para que a mi mujer le regalen esta recopilación de entrevistas de la revista paper de vidre días antes de que a mí me hubieran invitado a la presentación de la misma revista en su formato digital.

Mi mujer me dejó el libro por sus entrevistas a Empar Moliner y a Quim Monzó, pero me han gustado todas. Los entrevistadores saben lo que hacen y las reflexiones que surgen son muy interesantes.

Les emplazo a leer la revista en su formato digital, y les dejo unos brevísimos extractos:

Guillem Miralles: Coincidint amb la invasió a l’Iraq, la teva web ha canviat l’aspecte i es veu presidida per un «NO A LA GUERRA».
Ana Briongos: He de canviar el missatge, el meu missatge és «no a les guerres».
G.M.: Per què hi estàs en contra?
A.B.: De les guerres, la població civil sempre en surt perdent perquè impliquen morts i destrucció. Sempre hi haurà qui trobarà raons per justificar-les, però davant de la mort de centenars i milers de persones a mi, aquestes raons no em serveixen. Desconfio dels qui es prenen el paper de salvadors dels pobles oprimits a base de llançar-los bombes. De la mateixa manera que en alguns llocs del món hem avançat fins al punt d’abolir la pena de mort, espero que aconseguim que els conflictes es puguin resoldre d’una altra manera gràcies a persones especialment formades en el coneixement profund i respectuós de les altres cultures.


R.P. [...]No utilitzar recursos del llenguatge més elaborats que el «t’estimo» és una manera de treure’s la màscara, de perdre un cert pudor, però en detriment de la forma simbòlica de poetes com Rimbaud i Baudelaire, pels quals t’has declarat sempre influït?

R.M.: Sí, però és que la vida és més gran que una estètica i, en aquest cas, no era un recurs, era el que havia de dir a una persona concreta i el que em venia de gust. A la persona que t’estimes, no li dius coses estranyes, li acabaràs dient «t’estimo». En aquest disc hi ha una recerca artística de la senzillesa, que és paral·lela a una recerca humana de la senzillesa. En el mateix moment en què intentes fer més senzilles les lletres i les músiques, estàs fent més senzilla la teva vida. I detesto bastant aquest transcendentalisme a la francesa, del que sóc tan hereu i hi participo tant, que constantment ens ha de fer tenir actituds artístiques i, constantment, rebuscar les coses. I no és que vaigui a buscar la senzillesa, vai a buscar un punt més de senzillesa que el que tenia. I, d’altra banda, en aquesta senzillesa també hi ha una voluntat d’arribar a més persones.


‘Dones, manual d’instruccions’. Però no crec que cap s’hi atreveixi. El penjarien dels testicles. Podem fer burla de l’església catòlica, però no de l’Islam. Podem fer burla dels turistes alemanys o dels francesos, però no dels magribins. Podem ridiculitzar els homes, però no les dones. Es ben curiós. Per això m’agraden molt la Dorothy Parker i la Patrícia Highsmith. Perquè feien burla de les dones, també, sense agafar-se el tàmpax amb paper de fumar (refrany adaptat al món sostenible i no sexista d’avui en dia).

C.M.: T’estimo si he begut sortirà en castellà?

E.M.: Sí, al maig. Es titularà Te quiero si he bebido.

C.M.: Així podem assajar la pregunta clau: «Por qué no lo has escrito directamente en castellano?».

E.M.: «No descarto escribir libros directamente en castellano en el futuro, del mismo modo que no descarto cambiarme de sexo.»


J.M.: El filòsof deia que a la ciutat ideal no hi ha d’haver ni poetes ni artistes. Però veig que tu creus que sí. Quin paper hi juguen?

V.A.: Hi ha tres categories clàssiques. L’una vindria a ser la d’aquell que és posseïdor de la veritat i actua com a tal. Es la veritat de la religió. Normalment és un polític i les diverses idees polítiques que hi ha. Per exemple, avui el mediambientalisme creu posseir la veritat, però es basa tant en la realitat com en dades que són provisionals i falses. Després hi ha el que interroga la veritat, que vindria a ser el filòsof, al costat del qual, al meu entendre, hi ha el científic. I després hi ha una altra categoria, generativa i creadora, que és la del poeta i el tecnòleg, que estan a tocar. Modifiquen la realitat i, al modificar-la, ens interroguen sobre la modificació, i ells sí que estableixen una veritat; però aquesta és sempre provisional.


G.M.: També escriptors com el Ferran Torrent o el periodista Ramon Barnils van intentar obrir camí per aquesta via.

E.V.: Bé, Ramon Barnils va acabar escrivint a ElMundo. Tota aquesta escola que m’esmentes va quedar a la reserva índia. Com que el socialisme no els va agafar de bandera perquè eren catalans, han quedat com uns outsiders, descol·locats. Quan jo vaig fer l’article de ÏAvui vaig posar la línia per contrastar, i aquests autors podrien haver format part de la meva llista, sí. Però jo volia exposar que a l’escola em van ensenyar la Rodoreda, l’Espriu, el Carles Riba i llavors no estava preparat. Quan em vaig posar a escriure, vaig llegir una sèrie d’autors i vaig pensar: per què no me’ls han ensenyat abans? Amb Pla, Vallmitjana, Trabal o Gabriel Ferrater vaig quedar acollonit amb el vocabulari, i a un nano de divuit anys li interessa més una baralla entre prostitutes que els drames sentimentals de la Pilar Prim; la llengua ha de servir per insultar i per riure: si no serveix per això no serveix per a res.


G.M.:[...]O el moment d’ara convida a ser especialment pessimista?

Q.M.: A veure si ho sé explicar. A Catalunya, a cada bugada perdem un llençol. Això és tan evident que fins i tot els optimistes semblen estar-hi d’acord. Doncs bé, la gent té tendència a recordar només l’última bugada, de manera que li sembla que, total, només hem perdut un llençol… Jo, potser perquè sóc obsessiu, tinc tendència a recordar totes les bugades, no només l’última, i per això m’entristeix veure que, sumats un a un tots els llençols que hem perdut bugada rere bugada, n’hem perdut tantíssims que ens en queden ben pocs.

G.M.: Hi ha la possibilitat que deixi d’escriure algun dia perquè cregui que ja no té res més a dir?

Q.M.: No he escrit mai pensant que tingués res a dir, ni he escrit mai perquè somiés ser un escriptor. Vull dir: un escriptor que, més que escriure, el que vol és viure la vida d’”un escriptor que té coses a dir i un paper social que complir”. Escric perquè m’agrada escriure. M’agrada molt escriure. Jo diria que és el que més m’agrada fer. Si algun dia deixés d’escriure no seria, doncs, perquè no tingués res a dir sinó perquè escriure m’hauria deixat d’agradar.

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