Hace veinte años que tengo veinte años
Fa vint anys que tinc vint anys.
Vint anys i encara tinc força,
i no tinc l’ànima morta,
i em sento bullir la sang.
Hace veinte años que tengo veinte años.
Veinte años y todavía tengo fuerza,
y no tengo el alma muerta,
y siento bullir mi sangre.
Hoy cumplo 40 años. Una fecha típica para pasar revista a la vida, hacer balance y entrar en crisis al ver que ninguno de tus sueños de infancia o adolescencia se ha cumplido. Llevo unas semanas pensando en ello. La mida por el baremo que la mida no se puede decir que tenga una vida de éxito. Ni soy famoso, ni millonario, ni un intelectual de prestigio. Mi vida es bastante normal y corriente. Doméstica.
Sin embargo, me siento como un triunfador. Si pudiera volver veinte años atrás y hablar conmigo mismo me daría un par de buenos consejos, pero principalmente le diría a ese jovencito Nos lo vamos a pasar en grande. No tengo ningún sueño incumplido, ninguna espinita clavada. He hecho más o menos lo que quería hacer y las cosas no me han ido nada mal.
Tengo la misma divisa que mi gran amigo Carlos, Omnia mea me cum porto, de Bías, uno de los siete sabios. Siempre me ha importado más el arte y el saber que las riquezas materiales y vivimos en una época en la que la mayor parte del conocimiento humano está al alcance de cualquiera que tenga una conexión a internet y un nivel de vida medio.
Mi madre lo expresa -como sólo saben hacer las madres- mucho mejor: Hijo, con lo raro que eres y lo poco que te preocupa el dinero ya te imaginaba siendo un tirado, pero mírate ahora. He tenido mucha suerte. Acabo de levantarme a hacerme un café -descafeinado, que el espíritu tiene veinte, pero el cuerpo cuarenta- y le he dado un beso a mi mujer, que estaba durmiendo al pequeñajo. En la habitación está echando una siesta la nena, a la que el otro día le preguntaron
-¿y tú de quién eres?
- Del papa.
El otro día estaba con ella en la piscina, tan felices que llegué a pensar ¿A ver si me he muerto y estoy en el paraíso?.

Ser padre era el único sueño que no dependía de mí por completo, y por diversas razones que no vienen al caso pensaba que llegaría a los cuarenta sin conseguirlo. A falta de mes y medio ya tenía la familia al completo. Además es algo que ha superado todas mis expectativas. Lo imaginaba maravilloso, pero es aún mejor. Mi hermano me dice estás moreno. He tenido que ser padre para que me diera el sol.
Muchos amigos no tengo, ni siquiera en el Facebook, pero los que tengo son muy buenos. Los que he conocido personalmente y los que me ha traído de regalo internet, que no por no poder verlos me han dado menos alegrías. El sábado me iré de fiesta con algunos de los mejores. ¿Se puede pedir más a la vida?
A los cuarenta años recapitulo y espero seguir así otros cuarenta, por lo menos. No quiero nada más; me basta con no perder lo que ya tengo*.
* No me importaría perder esos kilos que sobran (o al menos no ganar más) pero tengo que resignarme a ir perdiendo pelo.


