Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

noviembre 30, 2010

Exonario

Filed under: Noticias — Palimp @ 1:59 pm
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Alguien, en algún momento, debió dar nombre a las cosas. Nombrar objetos no debió ser difícil. Me imagino a los primeros poseedores del lenguaje al ver un animal nuevo, pongamos un elefante, y pensar en alguna manera de designar a ese bicho.

Pero las coas inmateriales son harina de otro costal. ¿Quién pensó que ese sentimiento de añoranza de algo debía llamarse nostalgia? ¿O que cuando algo se repite podemos llamarlo patrón?

El lenguaje evoluciona y aparecen palabras nuevas o nuevos significados de algunas existentes (me estás rayando). Pero la sociedad está evolucionando más rápido que el lenguaje y alguien ha pensado ponerle remedio. Se llama Jorge Mux, es un aficionado profesional y ya lleva cuatro años inventando palabras imprescindibles para nombrar conceptos que están flotando en el ambiente:

Exonario

Como Catalán de adopción que soy sufro de apoquinalgia, que es dolor intenso que produce por lo general al ruin o tacaño un gasto económico a su entender excesivo. Como todo el mundo he sufrido cronoclepsia, o robo del tiempo ajeno. Y soy capaz de distinguir una vulgar equivocación de una equinvocacion, que es cuando muchas personas invocan a una misma entidad a la vez.

Buceen por sus páginas; miles de tesoros les están esperando.

noviembre 29, 2010

Ian Stewart. Cartas a una joven matemática.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 3:18 pm
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Drakontos bolsillo, 2009. 234 páginas.
Tit. Or. Letters to a young matemathician. Trad. Javier García Sanz.

Ian Stewart, Cartas a una joven matemática
Sabios consejos

No es el primer libro que reseño de mi admirado Ian Stewart. Es un excelente divulgador de las matemáticas y con una imaginación desbordante.

En esta ocasión el libro son una serie de capítulos que son cartas a una joven interesada en las matemáticas. Dos son los hechos destacables: en primer lugar que cubren perfectamente la historia de alguien que comience a pensar en hacerse matemático, desde lo que podríamos llamar el bachillerato hasta el post doctorado o trabajo investigativo. Para cada una de las fases el autor tiene una serie de consejos que dar, que serán sin duda de interés para quien se encuentre en esa situación.

En segundo lugar se las arregla para introducir divulgación matemática de la buena entre tanto consejo, consiguiendo que el libro tenga interés también para los que no vamos a seguir esa opción profesional.

Como muchos de los libros de divulgación que leo últimamente, me atrapó más que un superventas y me dejó un muy buen sabor de boca. Muy recomendable.


Extracto:[-]

Dejemos aparte la cuestión de la utilidad de tales matemáticas; las aplicaciones también son importantes, pero ahora estamos hablando de creatividad e imaginación. Ten una actitud demasiado «práctica» y ahogarás la verdadera creatividad, para perjuicio de todos. El último teorema de Fermat, como acabó conociéndose el problema, resultó ser muy profundo y muy difícil. Es poco probable que la demostración de Fermat, si existía, fuera correcta. Si lo era, nadie más la ha concebido, ni siquiera ahora, cuando sabemos que Fermat tenía razón. Generaciones de matemáticos abordaron el problema y no llegaron a nada. Algunos simplificaron las cosas; demostraron que no podía hacerse con potencias quintas, digamos, o potencias séptimas. El teorema sólo fue demostrado en 1994, al cabo de trescientos cincuenta años, por Andrew Wiles. Su demostración se publicó al año siguiente. Probablemente recuerdes un documental que se emitió por televisión.

Los métodos de Wiles eran revolucionarios y demasiado difíciles incluso en un nivel de licenciatura o de doctorado. Su demostración era muy ingeniosa y muy bella, e incorporaba resultados e ideas de docenas de otros expertos. Una gran hazaña.

El programa de televisión era muy emocionante. Muchos espectadores rompieron a llorar.

La demostración del último teorema de Fermat va por encima del temario de licenciatura. Es demasiado avanzada para los cursos que seguirás. Pero, por supuesto, te impartirán cursos más elementales sobre la teoría de números, que demuestran teoremas como «todo número

entero positivo es una suma de cuatro cuadrados como máximo». Quizás, elijas teoría de números algebraica, donde verás como los grandes matemáticos del pasado recortaron fragmentos del último teorema de Fermat, y entenderás cómo toda el álgebra abstracta emerge de ese proceso. Éste es un mundo nuevo que pasa casi totalmente inadvertido para la gran mayoría de las personas.

Casi todos hacemos uso de la teoría de números todos los días, aunque sólo sea porque constituye la base de los códigos de seguridad de Internet y de los métodos de compresión de datos utilizados en la televisión por cable y por satélite. No hace falta conocer la teoría de números para ver la televisión (de lo contrario, los índices de audiencia de muchos programas bajarían), pero si nadie supiera de teoría de números los delincuentes se harían con nuestras cuentas bancarias y no pasaríamos de tres canales. Así que el área general de las matemáticas en la que repercute el último teorema de Fermat es indudablemente útil.

Es poco probable, sin embargo, que el propio teorema sea de mucha utilidad. Muy pocos problemas prácticos se basan en sumar dos potencias elevadas para obtener otra potencia semejante. (Aunque me han dicho que al menos un problema en física depende de ello.) Los nuevos métodos de Wiles, por el contrario, han abierto nuevas conexiones importantes entre áreas de nuestra disciplina hasta ahora separadas. Seguramente estos métodos resultarán importantes un día, muy probablemente en física fundamental, que hoy es la mayor consumidora tanto de conceptos y técnicas matemáticos profundos como abstractos.

noviembre 26, 2010

Cuento de navidad a subasta

Filed under: Noticias — Palimp @ 7:27 pm
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Si ayer hablábamos de experimentos literarios en la red hoy traigo aquí otro experimento de nuestra amiga Neus. Ha escrito un cuento de navidad ambientado en una cena de empresa y ha editado 20 ejemplares. Ya tienen dueño 19, y el restante se pone a subasta. Los beneficios irán a la Asociación Europea contra el Cáncer de Cuello de Útero (ECCA) y el precio de salida es de un euro. Toda la información en su bitácora:

Office Party: Se subasta ejemplar único

Anímense a participar.

noviembre 25, 2010

Creación digital

Filed under: Noticias — Palimp @ 2:15 pm
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La red ha dado la facilidad a muchas personas para publicar de una manera rápida cosas que en otras épocas se hubieran quedado en el cajón. Buscando de todo hay y algunas bitácoras dedicadas a la creación tienen una calidad estupenda.

Pero hay otras que sin salir del ámbito de la ficción intentan explorar las nuevas posibilidades que la red ofrece. Muchos escritores aprovechan el Twiter para crear microficciones. Otros aprovechan el estilo diario propio de la bitácora para hacer una novela en línea. Es el caso de Diego Llergo, que publica Diario rojo del caos, el diario de un asesino en serie que va publicando por entregas. Aprovecen para echar un vistazo también a Las orillas del estigia, narración en retazos.

Aprovecho para barrer para casa. Hace tiempo participo en las Histories veïnals, relatos a cuatro manos facilitados por la comunicación en la red. En esta ocasión el organizador ha decidido hacer caso de mis locuras y amparar los Hipertextos vecinales, relatos que cada escritor participante puede continuar o desdoblar, creando un texto que se va bifurcando en diferentes opciones. Pueden verlo aquí: Hipertext Veïnals.

Si tienen sugerencias de creaciones digitales que aprovechen de una manera u otra las herramientas que ofrece la red estaré agradecido si las ponen en los comentarios.

noviembre 24, 2010

Émile Zola. Una Pagina de Amor.

Filed under: Novela — Palimp @ 1:38 pm
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Editorial Salvat, 1971. 236 páginas.

Émile Zola, Una Pagina de Amor
Amores culpables

Cuando la gente se asusta ante los clásicos siempre digo lo mismo; que el libro tostón es un invento del siglo XX, que la novela del XIX habrá envejecido mejor o peor, pero siempre es entretenida. Bueno, pues me equivocaba.

El libro cuenta la historia de los amores entre Elena y el doctor Deberle. Pero éste está casado, por lo que andarán toda la novela luchando con sus sentimientos hasta que, por evitar el adulterio de su mujer, Elena propicia sin querer las circunstancias para la consumación de su amor. Pero las cosas no irán demasiado bien.

No me atrevería a decir que Zola es un mal escritor. Ni soy quien para hacerlo, ni el canon ni mi propio criterio me lo indican. Pero me he aburrido lo indecible leyendo el libro. Los personajes no me han caído simpáticos, el drama no me ha conmovido, y lo único que pensaba era ¿cuándo llegara el final?. Algunas páginas me gustaron (pongo un fragmento al final) pero fueron las menos. Las descripciones de París de los finales de los capítulos son una maravilla (pongo otro fragmento) pero en general las descripciones, aunque sean buenas, me aburren (soy así). En definitiva, aún reconociendo la calidad del libro ha sido una lectura penosa.

Un detalle gracioso; los todo a cien no son un invento moderno:

—¡Qué feo es! ¿verdad? —exclamó Paulina, que había seguido las miradas de Elena —. Dime, hermanita: ¿ te das cuenta de que todo lo que has comprado es de pacotilla? El flamante Malignon llama a tu pabellón japonés un bazar de «todo a peseta»… Por cierto que me he encontrado a tu flamante Malignon. Iba con una señora; ¡bueno!, una señora… La pequeña Florence, del «Varietés».

Descárgalo obras del autor:

Obras de Émile Zola


Extracto:[-]

Ocho días transcurrieron. El sol se levantaba y se ponía sobre París, en el gran espacio de cielo que recortaba la ventana, sin que Elena tuviera conciencia del tiempo, implacable y rítmico. Sabía a su hija condenada y permanecía como aturdida por el horror del desgarramiento que en ella se producía. Era una espera sin esperanza, con la certeza de que la muerte no perdonaría. Ya no tenía lágrimas; caminaba silenciosamente por la habitación, permaneciendo siempre de pie y cuidando a la enferma con gestos lentos y precisos. A veces, vencida por la fatiga, caía sobre una silla y la miraba durante horas. Juana iba debilitándose; los vómitos, muy dolorosos, la destrozaban; la fiebre ya no desaparecía. Cuando el doctor Bodin venía, la examinaba un momento y dejaba una receta; y su vencida espalda, al retirarse, expresaba una impotencia tal, que la madre ni le acompañaba para interrogarle.
Desde el día siguiente al de la crisis, el reverendo Jouve las visitaba. El y su hermano llegaban cada tarde y cambiaban un apretón de manos con Elena sin atreverse a pedir noticias. Se habían ofrecido para velar a la niña por turno, pero ella los despedía hacia las diez; no quería a nadie por la noche en la habitación. Una tarde, el sacerdote, que parecía muy preocupado desde la víspera, la llevó aparte:


A la izquierda, otra brecha descendía; los Campos Elíseos marcaban un desfile regular de astros, del Arco de Triunfo a la plaza de la Concordia, donde brillaba el chisporroteo de una pléyade; luego, las Tullerías, el Louvre, los grupos de casas al borde del río, el Hótel-de-Ville al fondo, formaban unos trazos sombríos, separados de vez en cuando por el cuadro luminoso de una gran plaza; y más lejos, en la dispersión de los tejados, las luces se esparcían, sin que se pudiese distinguir otra cosa que el hundimiento de una calle, el recodo de un bulevar, el ensanchamiento de una plazuela incendiada. Sobre la otra orilla, a la derecha, sólo la Explanada se dibujaba claramente, con su rectángulo de llamas, semejante a algún Orion de las noches de invierno que hubiese perdido su tahalí; las largas calles del barrio de Saint-Germain espaciaban sus luces tristes; más lejos, los barrios populosos, braseros encendidos de pequeños fuegos apretados, lucían en una confusión de nebulosa. Hasta en los arrabales y alrededor del horizonte, había como un hormigueo de mecheros de gas y de ventanas iluminadas, que eran como una polvareda luminosa que llenaba las lejanías de la ciudad con esas miríadas de soles, de estos átomos planetarios que el ojo humano no puede descubrir. Por momentos se hubiese podido pensar en una fiesta gigante en un monumento ciclópeo iluminado, con sus escaleras, sus rampas, sus ventanas, sus frontones, sus terrazas, su mundo de piedra, cuyas líneas de farolillos marcaban con sus trazos fosforescentes, la rara y enorme arquitectura. Pero la sensación que dominaba era la de un nacimiento de constelaciones, de un engrandecimiento continuo del cielo.

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