Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

noviembre 23, 2010

Bitácoras y Libros XII: De vuelta a casa

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EL pasado sábado celebramos la duodécima edición de Blocs i Llibres / Bitácoras y Libros en Barcelona. Después de casi medio año y con poco tiempo de aviso estuvimos casi en familia, pero nos lo pasamos muy bien.

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Los participantes con bitácora fuimos:

Anna (Veleidades vitales)
El Listo (El Listo)
Franco Chiaravalloti (Decati SOnde Teibol
Frida, (Porque el mundo me ha hecho así)
María José (32 líneas)
Musa Rella (Las tres musas)
Vigo (La librería, Poemas en inglés, Poemas en francés)
Palimp (Cuchitril Literario)

Tras la cena fuimos a nuestro bar de siempre, donde pillamos mesa de milagro y nos estuvimos todo el rato hablando y sin pedir nada, ya que no se acercó nadie a atendernos, y no nos importó. Vimos al escritor Javier Calvo y al actor Alex O’dogherty.

Nos despedimos sin tardar tanto como la otra vez… y es que la edad no perdona. La próxima reunión está prevista para enero, así que preparen las agendas, que esta vez se avisará con tiempo.

Los deberes:

Son las dos de la noche Hora de volver a casa. Voy hacia donde tengo aparcado el coche. Le doy al mando. Bip Bip. Las luces del hyundai coupé me saludan, Entro dentro y meto la llave en el contacto. Pongo la radio. Suena el último éxito de Nirvana, ¡Qué bien que vengan a Barcelona la próxima semana! Ya tengo las entradas y tengo ganas de que el tiempo pase rápidamente hasta que llegue el día del concierto. Apenas hay tráfico. Todos los semáforos en verde. En apenas unos minutos cruzo Barcelona por la Diagonal y me planto en Pedralbes. Callejeo unas esquinas más y ya estoy por fin en el hogar dulce hogar. El conserje sube la valla de la entrada. Aparco. Me meto en el ascensor. Estoy cansado y me quito los zapatos. Le doy al ático. Al abrirse la puerta del ascensor aparece directamente el recibidor de mi apartamento. Dejo el móvil y ia cartera en el mueble de ta entrada. La claridad de la luna hace que el reflejo azulado de la piscina de la terraza, se propague al interior por las paredes del comedor. Enciendo las luces y subo las escaleras. Entro en la habitación de mis dos hijas. Me acerco hacia ellas y sin que se den cuenta le doy a cada una un beso de buenas noches. Entro en mi despacho y conecto mi ordenador para mirar el correo. Entre varios e-mails intrascendentes, me alegro al encontrar uno de mi editor, en el que me comunica que mi último libro de ensayos: “Pornoliteratura y otras florituras” ya está entre ios libros más vendidos del último mes. Recibo también una invitación de varios días para un ciclo de conferencias en ia Universidad de Austin. Tendré que consultar ia agenda. En el comedor veo que mi mujer se ha traído de! taller el último cuadro en el que trabaja. Desde hace unos meses está muy inspirada y su pintura me parece cada vez más bella. Entro en la habitación. Me desvisto y me meto en la cama. Ella se gira al notar el contacto y medio abre los ojos

- ¿Qué tal te lo pasaste?

- Estuvo bien. Nos reímos mucho. Todos me felicitaron por el libro. Ya sabes como son estas cosas.

- ¿Viste el cuadro?

- Sí, me gusta. Los colores son más intensos. Y se nota una especial delicadeza en cada pincelada,

- Vale, vale. Yo también te quiero. Lo habíamos manaña.

- Ok, Bonita -le digo mientras acaricio sus cabellos y dejo que estos se entremezclen entre mis dedos,


Acaba la reunión y me encamino para casa. Camino despacio por las ramblas, cuando alguien se coloca silenciosamente a mi lado. Es Terelu. He soñado tantas veces con ella que no me sorprende tenerla a mi lado. Le invito a venir a mi casa y acepta encantada, mirándome con lujuria. Me pregunta si puede llamar a una amiga. Claro, le digo. Nos está esperando en el portal Es Lucía Lapiedra. La noche, por fin, se pone interesante.


-Bueno, pues hasta la próxima, pero que sea pronto.

Me dirigía hacia la boca de metro cuando caí en la cuenta de que un sábado de
madrugada la espera podía ser de veinte minutos y mi vejiga no aguantaría ni tres. Así
que opté por entrar en aquel bar tipo pub irlandés tan de moda en los noventa. Me pedí
una cerveza en la barra y acto seguido fui al aseo. Desde allí se oían unas risotadas
tremendas y afiné el oído.
-Yo tengo mucho talante, tanto por detrás como por delante.
Salí de allí rápidamente a por mi cerveza, pero no conseguía ver quién era el dueño de
aquella voz tan peculiar.
-Montilla, te vamos a hacer papilla.
La gente se arremolinaba y no había forma.
-Y ahora cantemos el himno no oficial de la campaña: todos queremos Más, todos
queremos Más, todos queremos Más, Más y Más, y mucho Más.
Cuando por fin pude acceder a la primera fila me encontré abrazados a un conocido
travestí con un aspirante a presidente, dos candidatos en plena c(h)ampaña.


Me gustaría tener que escapar de un par de dinosaurios que aterrorizan Barcelona para llegar a tiempo a mi laboratorio secreto y poder combatir a la invasión extraterrestre que nos amenaza desde unos días -las naves cada vez se acercan más a la tierra- Una aparición mariana me indicará las calles libres de escombros mientras una horda de ratas modificadas genéticamente me entregan un mensaje de las profundidades: los ejércitos oscuros se nos unirán en la lucha con el enemigo común. Un mensaje en el móvil me avisa de que el proyecto NeoManhattan (cien científicos locos arrancados de los castillos de medio mundo) ha encontrado el arma que estábamos buscando. Suspiro aliviado, la humanidad todavía tiene un futuro.


Salí del metro abrochándome la chaqueta. Eran cerca de las cinco de la mañana y había refrescado. Hasta entonces no me había dado cuenta de lo avanzado de la hora. Todavía conservaba una medio sonrisa un poco boba, producto del último cubata, y el recuerdo de las bajas pasiones despertadas por Terelu había conseguido que no me afectara el ambiente de resaca incipiente que flotaba en el vagón. Pero aquel soplo de brisa, anuncio de un amanecer que empezaba a clarear por detrás de Monjuich me había despejado de golpe.
Hay muy poco tráfico en mi calle, incluso en las horas puntas. Es una calle estrecha y antigua; la mayoría de edificios, aunque rehabilitados, son del siglo XIX, o principios del XX, y conservan un aire rural acentuado por las tapias, provistas de grandes puertas cocheras, que aparecen a intervalos, ocultando viejos jardines o patios traseros, muchas veces convertidos en talleres. Mis pasos resonaban en las aceras, estrechas y ya cuarteadas, mientras caminaba a paso vivo, con las manos en los bolsillos, deseando meterme en la cama.
Pocos metros antes de llegar a mi casa, allí donde se cruza con la mía otra calle aún más estrecha, apenas un callejón, me encontré con una limusina aparcada. No es algo que se vea a menudo en mi barrio así que me la quedé mirando. No sabría decir la marca ni el modelo, pero me recordaba a las que llevan a las estrellas de Holywood a la gala de los Osear. Recuerdo que pensé que era un poco pronto para ir a buscar a la novia, ya que sólo se me ocurría que alguien la hubiese encargado para una boda. De pronto, y sin apenas ruido, la puerta trasera se abrió y por ella asomó una mano de mujer enguantada me hizo señas de que subiera al coche.
Al principio, no me lo creía, pero como no había nadie más en la calle no podía ser que estuviera llamando a otra persona, de manera que pensé que acaso quisiera preguntarme una dirección o donde estaba la farmacia de guardia, así que me acerqué. No estaba preparado para lo que me encontré.
Dentro de la limusina me esperaba una auténtica belleza, enfundada en un vestido de noche de gasa blanca y cubierta de joyas. “Soy el fantasma del éxito -me dijo- Sube a mi coche y te mostraré aquello que ambicionas”.
El desenlace, quizá por falta de espacio (no olvidemos que hay que leer más deberes), quizá por mi cobardía natural, es un verdadero anticlímax. Salí zumbando de aquella pirada y me metí corriendo en la cama, jurándome, como tantas otras veces, que no volvería a mezclar.


¿Para qué inventar? Caminar en paz hasta casa rememorando los buenos momentos pasados y esperar que en breve pueda volver a ver a estos buenos amigos. Deseos sencillos pero muy satisfactorios.


El encuentro Bitácoras y libros había sido todo un éxito, como siempre. Aquella noche, la temática había girado entorno…no piensen mal, no sean reiterativos. No había girado entorno al escote de Terelu Campos. (La verdad es que yo no me acordaba de que Terelu Campos hubiera sido tema de nuestras tertulias en ningún encuentro, pero leyendo las reseñas de Palimp en su blog sobre todas las Bitácoras anteriores, lo vi escrito y he querido utilizarlo para animar esta historia, basada en hechos verídicos). La cuestión había ido a parar algo más lejos, a mundos paralelos, a teorías esotéricas, a ese tema clásico entre los aprendices de escritor: “e/ otro”. Como no pensar en un alter ego que actúa a tus espaldas, que te utiliza y que incluso escribe por ti. Qué desilusión enterarnos que detrás de todos los premios Planeta existe esa especie de negro, escritor nocturno, que trabaja desde los sueños del que da la cara en las fotos. Así llegó la hora de marchar a casa y me dirigí a la parada del autobús. Me encontraba muy animado y despierto. Me senté tranquilamente debajo de la marquesina. Si hubiera sido fumador, me hubiera filmado un buen pitillo como aquellos que se echan después de un buen polvo. Pero mi carácter curioso me llevó a fijarme en un individuo que esperaba el autobús, justo en la parada de enfrente. Me llamó la atención el color de su chaqueta de un verde chillón como la mía. No me hubiera imaginado nunca que alguien más, se atreviera a llevar otra igual. A mi me costó muchísimo comprarla, lo hice como un desafío a los dictados de la moda. Después, me fijé en su cara y en sus gafas de pasta negra. Tal vez les parezca una tontería pero el parecido a mí era inaudito. Las gafas clavadas. La pose, podría decirse que algo más desgarbada que la mía, como si fuera yo mismo pero algo más cansado. El caso es que temí que llegara su autobús y se marchara antes de que pudiera acercarme a él y comprobar si era un espejismo. Me froté los ojos y como loco, crucé la calle sin mirar. Después, todo fue una verdadera pesadilla. Me desperté en la camilla de un hospital, mareado. Me registré todos los miembros y me di cuenta de que estaba entero. Suspiré, miré a mí alrededor y me sentí aliviado. Unos segundos después, recordé a aquel tipo y sentí mucho miedo. Tal vez todo había sido una casualidad pero desconfío tanto de las casualidades, desde entonces no paran de llegarme ofertas de las editoriales e invitaciones para reseñar libros en mi blog.
Les cuento esto para tengan cuidado al volver a casa y si les pasa algo parecido, no se extrañen que a los pocos meses les llamen y les comuniquen que han ganado el premio Planeta o que les editan un libro. De todas formas, les confieso, que no es nada agradable tener el escalofrío perpetuo que te produce sentirse un hombre duplicado.


Lujuria, lujuria desenfrenada. Un morenazo de metro noventa que sea guapo y esté cuadrado, y si tiene un amigo igual que él, mejor. Sin vergüenza, que esto es secreto. Un polvo de los que hacen época,o o mejor dos o tres. Que tranquila me iba a quedar.


Me abducen unos extraterrestres y me meten en un zoo extraterrestre (como el de Kurt Vonnegut) y durante un tiempo lo único que tengo hacer es comer, dormir y aparearme.
Y luego me devuelven y miro el facebook y tengo muchas peticiones de amigos y miro el paypal y he vendido 5 libros!!


¡Buf! Cuando vuelvo a casa no tengo el cuerpo para esperar que me pase nada. ¡Si apenas aguanto sin dormirme! La edad no perdona… Ojalá me encontrara al amor de mi vida, pero no tendría fuerzas ni para irme a la cama en su compañía. Dejémoslo en que me encuentre un fajo de billetes de 500 euros, que siempre vienen bien.


Domingo 21 de noviembre, 2:00 am
Vengo caminando por la calle Tarragona con las solapas levantadas y jugueteando con las monedas que guardo en los bolsillos. Paso sobre unas tablas que cubren un agujero de una obra en construcción. Las tablas ceden, caigo en el pozo, caigo y caigo, es un tobogán que hace curvas. Acabo desenvocando en un suelo blando, está todo oscuro. Me refriego los ojos, los entorno y veo un cartel: Lletraferit. Entro con timidez, me sacudo la chaqueta y me bajo las solapas. Saludo con una sonrisa tímida, con los ojos entrecerrados.


Este ya es un universo para lelos. Lleno de gilipollas que te amargan la vida. Sería bonito estar en otro universo, uno en el que la gente esté mejor educada y en el que si no son buenos, por lo menos sean amables. ¿Alguien sabe como se viaja allá?


Iba caminando y me caí a un pozo ciego.


El Raval es mucho más seguro que antes, pero todavía hay que tener cuidado con ciertas calles oscuras. Si vas desprevenido puede salir un indeseable de cualquier portal con una navaja y dejarte sin nada: cartera, movil, reloj… Este llevaba casi cien euros y un reloj de puta madre. A ver si al final lo mejor de las Bitácoras y Libros es lo que pesco volviendo a casa.

noviembre 22, 2010

Arthur C. Clarke. Relatos de diez mundos.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 2:23 pm
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Editorial Edhasa (Nebulae), 1979. 250 páginas.
Tit. Or. Tales of ten worlds. Trad. Ingrid Tempel de Graelis.

Arthur C. Clarke, Relatos de diez mundos
Caminando por el espacio

Otro autor famoso que, como Asimov, es muy famoso pero a mi no me apasiona. También leo sus relatos con placer, pero no es de mis preferidos. El libro es una colección de los siguientes relatos:

Recuerdo a Babilonia
Verano en Icaro
Fuera de la cuna, para siempre en órbita…
¿Quién está ahí?
Odio
En el cometa
Una mona en la casa
La salida de Saturno
Hágase la luz
La muerte y el senador
Problemas de horario
Antes del Edén
Un ligero caso de insolación
Perra estrella
El camino al mar

Me gusta más cuando se pone lírico (La muerte y el senador, sobre las posibilidades de curar enfermedades en el espacio) que cuando es más cotidiano (Odio, sobre un pescador de perlas que descubre una cápsula hundida), aunque su mejor registro está en sus fundamentadas visiones del futuro (equivocadas en años, pero que más tarde o más temprano re harán realidad: La salida de Saturno, un empresario con mucha visión de futuro). Destacables son sus incursiones en el humor (Hágase la luz, de la colección de la taberna del ciervo blanco o incluso En el cometa, como salir de una situación imposible: la pérdida de los ordenadores).

En general se leen con gusto.

Descárgalo gratis:

Arthur C Clarke – Relatos de Diez Mundos.pdf

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

Steelman se sentía muy aliviado ahora que ya se sabía la noticia. La compasión de sus enemigos no era tan dura de aceptar como había temido, ya que de la noche a la mañana había dejado de tener enemigos. Hombres que no le habían hablado en años, excepto para injuriarlo, enviaron mensajes de indudable sinceridad. Viejas peleas se evaporaron, o resultaron estar fundadas en malentendidos. Era una pena tener que morir para aprender esas cosas…

También aprendió que, para un hombre público, morir era un trabajo agotador. Había que nombrar sucesores, aclarar confusiones legales y financieras, concluir asuntos de estado y partidarios. La labor de una vida enérgica no podía terminar repentinamente, como una luz eléctrica que se apaga. Era asombrosa la cantidad de responsabilidades que había contraído, y lo difícil que era desligarse de ellas. Nunca le había resultado fácil delegar el poder (un defecto fatal, habían dicho muchos críticos, en un hombre que deseaba ser Jefe del Ejecutivo), pero ahora tenía que hacerlo, antes
de que se le escapara para siempre de las manos.

Era como si se le estuviera acabando la cuerda a un gran reloj, y no hubiera nadie para dársela de nuevo. Mientras regalaba sus libros, leía y destruía viejas cartas, cerraba cuentas y archivos inservibles, dictaba instrucciones finales y escribía notas de despedida, tenía a veces una sensación de completa irrealidad. No sentía dolor; nunca hubiese adivinado que no le quedaban años de vida activa por delante. Solamente unas pocas líneas en un cardiograma se interponían entre él y su futuro, como un gigantesco obstáculo. O como una maldición, escrita en un lenguaje extraño que sólo los médicos podían leer.

Ahora, Diana, Irene o su marido, llevaban los niños a verlo casi todos los días. En el pasado nunca se había sentido cómodo con Bill, pero eso, lo sabía, había sido culpa suya. No podía esperar que un yerno reemplazara a un hijo, y era injusto culpar a Bill por no estar hecho a imagen de Martin Steelman, hijo. Bill tenía su propia personalidad; había cuidado de Irene, la había hecho feliz, y era un buen padre para sus hijos. Que careciera de ambición era un defecto —si de veras se lo podía llamar así- que el senador estaba dispuesto a perdonar.

Podía pensar incluso, sin dolor ni amargura, en su propio hijo, que había transitado por este camino antes que él, y que ahora yacía —una cruz entre muchas— en el cementerio de las Naciones Unidas de Ciudad del Cabo. Nunca había visitado la tumba de Martin; cuando tuvo tiempo los hombres blancos no eran populares en lo que quedaba de África del Sur. Ahora, si lo deseaba, podía ir, pero no sabía si sería justo atormentar a Diana con semejante misióa Sus propios recuerdos no lo molestarían por mucho tiempo más, pero ella quedaría con los suyos.

noviembre 18, 2010

Leer de noche y sin luna

Filed under: Noticias — Palimp @ 7:07 am
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Vía Barrapunto llego al siguiente artículo de Pérez Reverte donde opina sobre el libro electrónico:

Leer con luz de luna

Que me ha resultado curioso por el conjunto y por los detalles, muy del autor. Recomiendo la lectura del mismo antes de continuar, es cortito y se lee rápido.

Por lo visto Hace tiempo que me preguntan por el libro electrónico. Qué opino y cómo veo el futuro, la desaparición del papel, los formatos clásicos y demás.. Su respuesta en cada uno de los párrafos es un poco incoherente:

Párrafo 1. Le da lo mismo (Mi trabajo es ocuparme del contenido: contar historias y que la gente las lea. Del soporte se ocupan otros.) y además no hay por qué elegir, son complementarios (Al hablar de libro de papel y libro electrónico, lo usual es oponerlos. Obligarte a elegir, como siempre. O conmigo o contra mí. Y no es ésa la cuestión.).

Párrafo 2. El ebook te permite hacer muchas cosas (Además, mientras lees puedes zapear a tu correo electrónico, escuchar música, ver imágenes y cosas así. Todo muy salpicadito, multimedia.) pero eso es un problema porque la lectura es otra cosa (Porque leer no tiene nada que ver con eso. Me refiero a leer de verdad, en comunión estrecha con algo que educa tu espíritu, que te hace mejor y consciente de ti mismo) y si hay que elegir, viva el papel (He dicho que libro de papel y libro electrónico deberían ser complementarios; pero si me obligan a elegir, diré alto y claro que no hay color. Y que, llegado a ese extremo, la pantalla portátil me la refafinfla. )

Párrafo 3. El ebook no tiene ni tendrá el encanto del papel (Ninguna conserva la arena de la playa o la mancha de sangre que permiten evocar, años después, un momento de felicidad o un momento de horror que jalonaron tu vida) y el que no elija el papel no es un lector (Quien crea que esa trinchera extraordinaria, su confortable compañía, la felicidad inmensa de acariciar lomos de piel o cartoné y hojear páginas de papel, pueden sustituirse por un chisme de plástico con un millón de libros electrónicos dentro, no tiene ni puta idea. Ni de qué es un lector, ni de qué es un libro.)

El contraste del aire conciliador del primer párrafo con la afirmación tajante del último es tan brutal que sólo se explica suponiendo un poco de mala idea del autor. Si le da lo mismo ¿A qué tanta beligerancia?

Si lo he traído hoy aquí es porque estoy en desacuerdo con el fondo y con la mayoría de las frases del artículo, así que me perdonarán que me desahogue contestándolas.

Nada en contra con el primer párrafo. Como léctor voy a seguir combinando papel y libro electrónico hasta que me muera porque sí se complementan. En formato electrónico tengo obras que son imposibles de conseguir en papel y otras que no quiero tener en papel pero que tengo curiosidad por leer. Cuando sea viejo me encantará poder aumentar el tamaño de la letra en vez de tener que ir con lupa.

Tampoco veo ningún problema en las capacidades multimedia. No sólo porque permitan integrar fotos y vídeos en los textos que lo necesiten. También permitirán insertar notas ‘al pie’ de una manera más cómoda, e incluso añadir diccionarios y otras fuentes de referencia para textos oscuros. ¿Hay peligro de desparrame? No. Cuando estás leyendo, estás leyendo. Sea en el ebook o en papel. Yo leo en el metro, delante del ordenador e incluso andando. Las mismas interrupciones me pueden atacar desde fuera del libro. Aquí se contradice un poco; las bombas no son capaces de interrumpir esa conexión mágica, pero la tentación de enviar un correo desde el ebook sí, por lo visto.

Se nota que Pérez Reverte nunca ha leído un libro electrónico. Yo lo he hecho y la lectura me ha enganchado igual que en el papel. Pero es que además se puede anotar en los márgenes, subrayar y otras cosas. Con el programa que uso yo puedo destacar, añadir una nota, un punto de página, un enlace o incluso un dibujo. Puedo seleccionar fragmentos y luego, de un vistazo, ver todos los que haya seleccionado. Puedo copiar y pegar. O puedo no hacer nada, que es lo más habitual.

No he vivido ninguna de las fascinantes aventuras del curtido Pérez Reverte, con bombas o en desiertos iluminados por la luna. Pero he podido leer mi libro electrónico en el hospital sin molestar a nadie, y en el autobús sin dejarme los ojos por la escasa luz. Incluso leo por la noche mientras mi mujer duerme tranquila. Si se va la luz, no me hace falta buscar mecheros (además ya no fumo). Podría leer en el desierto incluso sin luna.

Puede que yo no sepa leer de verdad, aunque he visto a gente igual de enganchada con libros de poca enjundia que ni te hacen mejor ni educan tu espíritu. Incluso he visto a gente absorta en las aventuras del capitán Alatriste. Pero yo no soy quién para decir qué libros son los que se pueden leer de verdad y cuales pueden ser pasto de los ebooks. No habrá una cuesta de Moyano ni un mercado de San Antonio, pero están por nacer las páginas que recomienden y vendan libros oscuros, y las redes sociales y clubs de lectura donde se intercambien archivos.

Si Pérez Reverte esta harto de las pantallas, yo estoy harto del fetichismo del libro, aunque yo también sea culpable. Me gusta como al que más un libro bien editado, pero me gusta más el contenido. Leí la última página del Diccionario de las artes de Azúa en el camastro de mi primer cuartucho en Barcelona, pero no lo tengo porque era de la biblioteca. El fragmento de La isla del día de antes de Eco que me hizo consciente de mi mortalidad lo leí en el autobús de camino a Logroño, y ni siquiera me acuerdo de quién era el libro. Me prestaron Las olas y hasta hace poco no lo tenía en mis estanterías. Si lo que recuerda el momento de felicidad es la arena en el libro lo mismo te lo puede recordar los calzoncillos que llevabas ese día. Si nada decora mejor que un buen libro es que lo estamos utilizando para algo bien triste, para decorar.

Pero Pérez Reverte aún va más lejos y además del fetichismo del libro se adelanta a los tiempos convirtiéndose en victimista del libro. Ya se imagina convertido en miembro de una casta de élite mal vista por los lectores de a pie (los que no leen de verdad) y se pone la venda antes de la herida. Como no hay mejor defensa que un buen ataque, saca sus 30.000 libros de los pantalones sin darse cuenta de que no por tenerla más larga se es mejor amante -y siempre me ha parecido de mal gusto presumir de tamaño. Le felicito por tener una casa en la que poder albergar cómodamente esa cantidad, ya que yo no me acerco ni de lejos a esa cifra y tengo mis libros repartidos por varios sitios. Protegido tras esa trinchera puede afirmar sin complejos que si prefieres el ebook ni eres lector ni sabes lo que es un libro. Aunque a él, por lo visto, lo que le gusta es acariciar sus lomos y hojear sus páginas. A los lectores de verdad no les hace falta ni leer.

Bonus: Enlace a una entrevista de Arrabal, ese genio:

Entrevista a Fernando Arrabal: “Lo único que hago de izquierdas es decir que soy de izquierdas”

De la que destaco al hilo del artículo de hoy:

-Internet permite tener un contacto con sus lectores. Mire el caso de Pérez-Reverte…

-¿Quién?

-Pérez-Reverte. Dijo que Moratinos era un “mierda” por llorar.

-Usted me habla de dos personas que no conozco.

noviembre 17, 2010

Max Aub, Campo de Sangre

Filed under: Novela — Palimp @ 11:27 am
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Suma de letras, 2003. 496 páginas.

Max Aub, Campo de Sangre

El tercer libro de la saga se centra en Barcelona y la batalla de Teruel. Las brigadas internacionales que parecían dar una esperanza al final del segundo libro no han conseguido decantar el triunfo para la república. Teniendo en cuenta que Aub escribió este libro cuando la guerra ya había acabado y se encontraba en campos de concentración franceses no es de extrañar que cualquier atisbo de esperanza haya desaparecido del libro.

La descripción de Barcelona y, sobre todo, de los personajes que la pueblan es de un detalle exquisito. Esta es una de las mejores bazas de Aub, y en la página 326 encontramos casi una declaración de principios:

El novelista que pudiera convertirse en mosca, sabiendo taquigrafía, buen novelista sería

Mosca no fue, pero sin duda tenía una memoria prodigiosa que le ayudó a construir estas novelas con cientos de personajes con identidad y nombres propios. Un fragmento de batalla:

A medida que sube la carretera crece la niebla, el frío, el sueño.

De pronto el trueno del cañón ondeando a través de todo.

—Para cosernos a la tierra y no olvidarnos del cielo —dijo sonriendo, como disculpándose, el viejo archivero.

Otra reseña: Campo de sangre

Descárgalo gratis:

Campo de sangre

(Descarga directa)


Extracto:[-]

No acabo de creer que hayan matado a Federico García Lorca. Saldrá cualquier mañana. Es imposible. Imposible.
—¿Para qué han hecho ustedes la guerra?
—Para asesinar a Federico García Lorca.
Eso lo comprende uno. Una escuela:
—Niño, ¿por qué se sublevó el general Franco en 1936?
—Para matar a Federico García Lorca.
Valía un millón de españoles. Si es verdad que lo han matado han ganado la guerra. Lo demás es por añadidura. Y la tierra tembló y las tierras se hendieron. Y abriéronse los sepulcros. Esta vez para que entraran.
Se ven desde las barandas por el monte, monte, monte, mulos y sombras de mulos cargados de girasoles.
¿Quién daría la orden de matar a Federico? Porque ese hombre existe.
Dos Córdobas de hermosura. Córdoba quebrada en chorros. Celeste Córdoba enjuta.
«Fedra» en Mérida. Margarita Xírgu. Séneca y don Miguel, su encuentro no es casual: teatro para leer. A don Miguel no le ha importado nunca el actor: el personaje. Ni la manera de representar: el hecho en sí. Aquellos escándalos de Valle. ¡Dios, si
viviera Valle! El solo hecho de la existencia del teatro, drama de Unamuno. Todo lo demás se le antoja superfluo. Desprecio de lo externo y razón de su fracaso. Le importa lo subjetivo, la vida interior del personaje. El personaje de don Miguel, o el personaje tercio o cuarto de don Miguel, o rincón de don Miguel, y los antagonistas trocitos de don Miguel, puestos allí para batir bien el cobre. Y el público: acostumbrado a que le expliquen las cosas. El teatro o la física de los sentimientos. Física sentimental: si me acerco con los brazos implorantes: amor. Todo le importaba un comino. El drama: un personaje; los demás, fantoches. Teatro de adentro. Hacer una comedia en que no haya más personaje que el protagonista, que sus sentimientos y recuerdos se muevan como personajes; entren y salgan. Diálogo con el 28 de febrero, con el abrazo y el arbolillo del 19 de marzo. El sentimiento de inferioridad sorprendiendo al deseo imaginándose la desnudez de… La fotografía del decorado de una comedia que se representaba en el interior de una cabeza. Tonterías checoeslovacas. Sería una comedia perfectamente tonta. Autorretrato. Como dicen los franceses: por él mismo. Sí. Hay que empezar la comedia por un diálogo del catalán con su mujer. Jugar con el equívoco.
—¿Me visto de luto? .
—¡No faltaba más! ¿Qué iba a decir la gente?
—¿Y a los otros? ¿Qué les digo?
¦—¿Cómo que qué dices?
—Ya salió.
—¿Qué salió?
—Nada, hijo, nada. Que en cuanto se te habla, te pones…
—¿Me pongo?

noviembre 16, 2010

Blocs i Llibres a Barcelona / Bitácoras y Libros en Barcelona (XII)

Filed under: Noticias — Palimp @ 1:44 pm
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BLB

Después de mucho tiempo se convoca una nueva edición de la Bitácoras y Libros / Blocs i Llibres en Barcelona. Será este sábado 20 de noviembre y empezará, como siempre, a las 20:00 h. en el Lletraferit de Barcelona.

¿Qué es esto?

Entre los bitacoreros existe una larga tradición de celebrar reuniones o quedadas para poder ver en persona a tus conocidos en la red. Hasta hay una entrada en la wikipedia: Beers & Blogs

Los amantes de los libros, escritores o seguidores de bitácoras no vamos a ser menos y para compartir unas horas de conversación y buena compañía se han montado estas reuniones. ¿Requisitos para asistir? Que te apetezca. Ya llevamos once ediciones: la primera , la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, séptima, la octava, la novena, décima y la undécima.

Programa

La reunión empezará el sábado 20 de noviembre a las 20:00 h. en el bar Lletraferit, situado en la calle Joaquín Costa 43. El mapa es el siguiente:


Ver mapa más grande

Está muy cerca de la plaza Universidad. No es necesario llegar a las 20:00. Si alguien quiere venir más tarde, no hay problema, estaremos hasta las 21:30 h.

La cena, como viene siendo habitual, la haremos en el restaurante Eucaliptus (ver mapa). Como tenemos que hacer reserva es importante que confirméis la asistencia a la cena lo más pronto posible.

Para tomar las últimas copas -si alguien se anima- iremos al bar Raval, si cabemos y nos tratan bien. De todas maneras, no habrá ningún problema en encontrar un sitio y se aceptan sugerencias.

Deberes

Siempre hay algún trabajo anónimo para hacer; esta vez no será una excepción:

La Bitácoras y Libros ha acabado, te estás encaminando a tu casa… ¿Qué podría pasarte, te gustaría que te pasara, podría pasarte en un universo paralelo?

Si sólo quieres pasarte a tomar una copa no hay problema, pero si quieres asistir a la cena hay que confirmar asistencia. Podéis hacerlo en los comentarios o enviando un correo a liblit@gmail.com.

Difúndelo en tu bitácora, llama a tus amigos, escríbelo en las paredes…

¡Os esperamos!

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