Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

diciembre 15, 2010

Baltasar Porcel. Cavalls cap a la fosca.

Filed under: Novela — Palimp @ 5:21 pm
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Edicions 62, 2007. 254 páginas.

Baltasar Porcel, Cavalls cap a la fosca
Orígenes negros

Cuando escribo esto no hace mucho de la muerte de Baltasar Porcel, al que conocía más por sus artículos periodísticos que por su obra literaria. Leer este libro era a la vez un homenaje y una manera de solucionar esa falta.

Obsesionado por la saga familiar, un escritor reconstruye y rememora en París la oscura historia de su familia. Los Vadell han sido una familia importante en Andratx, pero su historia comienza con un crimen abominable y esa herencia maldita no se despegará de la familia.

Al contrario que en La ilustre casa de Ramires cualquier tiempo pasado no es mejor, sino bastante peor. Los Vadell son unas buenas piezas de las que uno no puede estar orgulloso, y el último descendiente hará bien en intentar zafarse de ese ambiente asfixiante.

Yo no soy lector de este libro. Su lenguaje poético y enrevesado se me ha hecho algo pesado y difícil de seguir. No es un libro malo, o no me lo parece, pero no es mi estilo. Al relatar -aunque de manera fragmentaria- la historia de la familia nos encontramos breves historias, anécdotas y sucedidos que no carecen de interés (siendo como son frecuentemente truculentos). A mis ojos miopes estos cuentos me mantenían en la lectura.

Sobre la posibilidad de que sea en parte autobiográfico podemos leer este artículo: L’ELEMENT AUTOBIOGRÀFIC EN LA NARRATIVA DE BALTASAR PORCEL. Repito; a mí no me ha gustado pero creo que puede gustar.


Extracto:[-]

Per ventura perquè tampoc no pensava en la meva pròpia mort… I ara se n’ha anat: m’ho ha tornat a robar tot, m’ha tornat a expulsar del món que m’havia fet… Marxaré no sé a on, a treballar, a fer qualsevol cosa que em pugui tornar a empènyer. Si quedo aquí, em moriré… I s’aixecà i partí. Jo crec que no vaig dir-li ni una paraula en tot el temps. Ni ell devia esperar que li’n digués… Un parell d’anys més tard, quan hagué casat la seva filla, vaig sentir dir que ja no era per aquí. Cap notícia més no n’he tingut, de Daniel de Vadell».

El vicari va callar, i afegí després, pensatiu: «Digueren que en partir es va dur la banderola, la dels Vadell, que no sé si saps que en va fer posar una a casa seva, en comprar l’hort… Els tres cavalls sobre la negror del drap… És una niciesa, ja ho sé, però vaig pensar que era com si els cavalls haguessin sortit de l’oriflama i haguessin galopat cap a la fosca i haguessin esclafat a tothom que se’ls hagués posat per davant… Sí, no els veia morts a la clastra, jo, els cavalls. No els hi veig. Que deuen galopar, sempre. En la nit, sense genet. I deixen darrere la destrucció…».

Uns morts als quals l’àvia oferia les seves minúscules, múltiples llums cada Nit de Tots Sants; uns morts que després s’havien agrupat àvids, a sobre de mossèn Dionís… Si no hi hagués els papers, el seu record ni existiria. Els papers i jo: la fragilitat… I a darrere aquell pou d’esbojarrament: iqui era Mariona de Vadell? Allí s’alçava, visionària, proveïda d’un esburbat i fragmentari coneixement del final del Cisma, amb una irracional fe en l’ocult papat de Carrier… Com podia una persona morir per tot allò, enfonsat en els segles pretèrits? Vaig prendre una copa, a l’hotel, brillant de neons, ple d’accents de tot el món, de netedat, i dintre meu una dona morta feia dos-cents anys es debatia, brogent de desviada espiritualitat…

diciembre 13, 2010

Isaac Asimov. Trilogía del imperio.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 6:27 pm
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Editorial Alamut, 2009. 498 páginas.
Tit. Or. The stars, like dust. The currents of space, Pebble in the sky. Trad. Carlos Gardini.

Isaac Asimov, Trilogía del imperio
Antes de la fundación

Pese a su fama, Asimov no es uno de mis escritores preferidos de ciencia ficción. Pero pensaba que siempre tenía una calidad mínima que hace que sus relatos, aunque no me maravillen, los lea con agrado. También pensaba que había leído toda su obra de ficción. Y me equivocaba en las dos.

Se me había pasado esta Trilogía del imperio compuesta por las novelas Polvo de estrellas, Las corrientes del espacio y Un guijarro en el cielo. Ha sido un gran acierto de mi mujer resolver mi ignorancia con este regalo. Pero después de leerlo hubiera preferido seguir en la ignorancia.

Las tres novelas ocurren antes de la fundación, cuando el imperio galáctico todavía no se había formado. La primera gira alrededor de las andanzas de un joven granjero -pero de una familia de renombre- y una princesa y su tío para buscar un supuesto mundo rebelde que los libre de la dominación de los tirannios (sutilezas no, gracias). La segunda se centra en un mundo dónde florece el kyrt, una planta muy buscada en toda la galaxia y que no ha conseguido cultivarse en ningún otro mundo. Un espacioanalista ha descubierto algo que pone en peligro la vida de todo el planeta, pero una mano oscura consigue quitarlo de la circulación, aunque no definitivamente. La última está ambientada en una tierra destruia y radioactiva que ignora que es el origen de la humanidad, a excepción de una secta religiosa y un arqueólogo con atrevidas tesis. Pero la tierra prepara en secreto una venganza.

Aunque se lee con facilidad y el argumento te atrapa bastante, los personajes son más planos de lo que es habitual en Asimov y las historias parecen más indicadas para un público juvenil por la sencillez de sus supuestos. En Polvo de estrellas la traducción me chirriaba en ocasiones, algo extraño porque el traductor no es un cualquiera y las otras dos están bien traducidas. En mi opinión no está a la altura de otras obras de Asimov, y si esa altura no era para mí muy alta, se quedan peligrosamente debajo de míninos. Para fans irredentos.


Extracto:[-]

Pongo en negrita un chiste macabro que se sigue adaptando y por lo visto se seguirá contando dentro de muchos siglos:


Ésta era su oportunidad de ponerse a prueba. Estaba en un avión donde sólo había terrícolas, y se sentía cómodo. O casi. Bueno, sentía cierto nerviosismo.

Arvardan miró las caras comunes y normales de los demás pasajeros. ! Se suponía que los terrícolas eran diferentes, pero, ¿habría podido distinguirlos de los hombres comunes si se hubiera cruzado con ellos en una multitud? Le parecía que no. Las mujeres no eran desagradables… Frunció las cejas. Desde luego, aun la tolerancia tenía sus límites. El matrimonio mixto, por ejemplo, era impensable.

El avión era, en su perspectiva, un vehículo pequeño de construcción imperfecta. Usaba energía atómica, pero la aplicación del principio distaba de ser eficiente. Ante todo, la unidad energética no estaba bien protegida. Quizá la presencia de rayos gamma y una alta densidad de neutrones en la atmósfera fueran menos importantes para los terrícolas que para otros.

Entonces la vista lo cautivó. Desde el color morado oscuro de la extrema estratosfera, la Tierra presentaba un aspecto fabuloso. Los vastos y brumosos parajes que se veían (en parte oscurecidos por apiñamientos de nubes iluminadas por el sol) mostraban la tonalidad naranja de un desierto. Detrás de ellos, alejándose lentamente del estratojet, se veía la borrosa y blanda línea nocturna, en cuyas sombras chispeaban las zonas radiactivas.
Apartó los ojos de la ventanilla al oír risas. Una pareja de edad, robusta y simpática, era el centro de atención.
Arvardan codeó a su vecino.

—¿Qué sucede?

—Cumplen cuarenta años de casados, y están haciendo la gran gira.

—¿La gran gira?

—Alrededor del mundo.

El hombre mayor, rojo de placer, contaba vivazmente sus experiencias e impresiones. En ocasiones su esposa intercalaba meticulosas correcciones sobre detalles intrascendentes, que eran recibidas con óptimo humor. Los demás escuchaban fascinados, y Arvardan pensó que los terrícolas eran tan cálidos y humanos como cualquier pueblo de la Galaxia.

—¿Y cuándo le llegan los Sesenta? —preguntó alguien.

—Dentro de un mes —fue la jovial respuesta—. El 16 de noviembre.

—Ojalá le toque un día agradable —dijo su interlocutor—. Mi padre llegó a los Sesenta en medio de una lluvia torrencial. Nunca vi semejante diluvio. Yo iba con él (ya sabe, la gente quiere compañía en un día así), y él se quejaba de la lluvia a cada paso del camino. Teníamos un biciclo abierto, y nos empapamos. Le dije: «Oye, papá, ¿de qué te quejas? Piensa que yo tengo que regresar».

Estalló una carcajada general, y la pareja del aniversario la compartió de buena gana. Arvardan se estremeció al sentir una clara e incómoda sospecha.

diciembre 1, 2010

Max Aub. Campo Francés.

Filed under: Novela — Palimp @ 4:32 pm
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Suma de Letras, 2004. 264 páginas.

Max Aub, Campo Francés
Error

En la cuarta entrega del laberinto mágico Aub intenta un experimento. Escribir un libro como si fuera un guión de cine. Es algo que le va bien al estilo del escritor, que tan buena mano tiene para los diálogos y las escenas. Sin embargo, en mi opinión, resulta ser el libro más flojo de los seis.

Se describe la vida de los prisioneros en los campos de refugiados franceses. Digo bien, prisioneros, porque se trataron más bien de campos de concentración, una antesala de lo que después serían los campos nazis. No es Aub el único que describe así la situación, y yo he podido hablar con gente que lo vivió en persona y así lo dicen. Se les trató como auténticos prisioneros de guerra.

Por eso dejo en segundo plano los fallos que pueda encontrar a la estética del libro y recomiendo su lectura aunque sólo sea por saber la historia. Aub aprovecha sus libros para discutir sobre ideología y a veces para enjuciar las decisiones de los dirigentes, pero en este y en su último libro denuncia una situación que no ha tenido mucho eco. El mal trato que dio Francia a los refugiados españoles fue un gran error histórico, un preámbulo al horror de la segunda guerra mundial.

Descárgalo gratis:

Campo Francés

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

Alemania y Rusia firman un pacto de no agresión. En Dantzig se publica un Decreto nombrando a
Forster jefe del Estado de la ciudad. El embajador inglés en Berlín, sir Neville Henderson, entrega a
Hitler un mensaje personal del jefe del gobierno británico, señor Chamberlain.

Actualidades alemanas: Letrero: 24 de agosto de 1936, superpuesto a la llegada de Ribbentrop a
Moscú.

INTERIOR DE UN BARRACÓN DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE VERNET D’ARIEGE

En una tarima de un metro de ancho están acostados Leo Weicsen y Juan. Hablan en voz baja.

WEICSEN. Me van a expulsar y me duele horriblemente. Desde que recuerdo, fui del partido.

JUAN ¿Qué has hecho?

WEICSEN. Provocar yo mismo mi expulsión.

JUAN. No te entiendo.

WEICSEN. Siempre luché por lo que consideré no sólo justo, sino irremediable.

JUAN ¿Y? ¿Ya no crees en la victoria del proletariado?

WEICSEN. Sí. Pero a este precio, no vale la pena.

JUAN ¿Qué precio?

WEICSEN. La guerra.

JUAN ¿Crees que la firma del pacto germano-soviético es la guerra?

WEICSEN. Sí.

JUAN ¿Te das cuenta de lo que va a ganar la URSS?

WEICSEN. Desde aquí, encerrados, fuera de juego como estamos, es posible que se pueda considerar así. Pero piensa en los millones de trabajadores que van a morir.

JUAN ¿No habíamos quedado en que de todos modos habría guerra?

VOZ DE KARPATY ¿Queréis callar?

WEICSEN. (Más bajo.) Es otra cosa. No se puede hacer lo que Stalin ha hecho. No es decente.

JUAN. Pues lo hizo.

WEICSEN. Contra ello me rebelo.

JUAN. Te vas a quedar solo.

WEICSEN. Lo sé.

JUAN. Ni yo te dirigiré la palabra.

WEICSEN. Lo sé.

JUAN. Pediré que me trasladen a otra barraca.

WEICSEN. No te preocupes, ya lo harán ellos por su cuenta.

JUAN. Acabarás vendido.

WEICSEN ¿Lo crees?

JUAN. No, pero… podrías pensarlo un poco más.

WEICSEN. Es inútil: le di la carta a Carlos.

VOZ DE KARPATY ¿Queréis callar, hijos de Satanás? ¿No podéis discutir tonterías a otra hora?

VOCES. ¡Chist! ¡Chist!

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