Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

febrero 18, 2011

Alberto Méndez. Los girasoles ciegos.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 6:57 am
2 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

Editorial Anagrama, 2004-2008. 158 páginas.

Alberto Méndez, Los girasoles ciegos
Duelo

Es un lugar común decir que se hacen muchas películas de la guerra civil. Puede que debiera ser extensivo para los libros. Pero no estoy de acuerdo en ninguno de los dos casos. Sería como decir que se hacen muchas películas que traten del amor, o que transcurran en Nueva York.

Alberto Méndez murió sin saber el éxito que tendría su libro. Toda muerte es una tragedia, pero morir al inicio de una carrera prometedora también lo es para los lectores. Porque los cuatro relatos incluídos en este voleumen presagiaban futuros libros de calidad. La lista es la siguiente:

Si el corazón pensara dejaría de latir

Un capitán de intendencia franquista se rinde al enemigo justo cuando las tropas de Franco están a punto de entrar en la capital.

Manuscrito encontrado en el olvido

A través de un manuscrito encontrado en una cabaña se reconstruye la tragedia de un hombre que intentaba huir a Francia y al que el invierno atrapó con su hijo recién nacido.

El idioma de los muertos

Un prisionero salva su vida por haber conocido al hijo del coronel que le está juzgando.

Los girasoles ciegos

Después de la guerra existieron muchos topos, republicanos que se escondieron en sus casas intentando evitar la muerte. Ricardo vive escondido en un armario, con miedo a ser descubierto.

Todos los protagonistas son gente de cultura -filósofos, poetas, músicos, intelectuales- a los que la guerra los ha arrancado de su mundo para enfrentarlos con la brutalidad de la vida, y sus destinos devienen trágicos. En la introducción se afirma que España no ha cumplido con el duelo de la guerra civil y así es. Estos relatos intentan ser parte de ello.

Además de las historias está muy bien escrito. Seguro que esa no es la causa de que tenga 23 ediciones -ahora posiblemente más- pero ayuda a disfrutar aún más de su lectura. Muy recomendable.


Extracto:[-]

La primera vez que el capitán Alegría estuvo cerca del riesgo fue, precisamente, el día que comienza esta historia. Su decisión no fue la de unirse al enemigo sino rendirse, entregarse prisionero. Un desertor es un enemigo que ha dejado de serlo; un rendido es un enemigo derrotado, pero sigue siendo un enemigo. Alegría insistió varias veces sobre ello cuando fue acusado de traición. Pero eso ocurrió más tarde.

En una confidencia inoportuna que días más tarde utilizaría el fiscal militar para pedir su muerte con ignominia, Alegría confesó a un suboficial intachable que los defensores de la República hubieran humillado más al ejército de Franco rindiéndose el primer día de la guerra que resistiendo tenazmente, porque cada muerto de esa guerra, fuera del bando que fuera, había servido sólo para glorificar al que mataba. Sin muertos, dijo, no habría gloria, y sin gloria, sólo habría derrotados.


Con el hambre lo primero que se muere es la memoria.

febrero 17, 2011

Ligando

Filed under: Audiovisual — Palimp @ 8:52 am
0 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

Visto aquí: Dando por culo

febrero 16, 2011

Alfonso Mateo-Sagasta. Ladrones de tinta.

Filed under: Novela — Palimp @ 6:55 am
0 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

Ediciones B, 2006. 574 páginas.

Alfonso Mateo-Sagasta, Ladrones de tinta
Detective quijotesco

Si un libro tiene en la portada la etiqueta bestseller me da aprensión. El que esté libre de prejuicios que tire la primera piedra. Pero como el argumento gira alrededor del Quijote y estaba de saldo me animé a comprarlo.

Isidoro de Montemayor no tiene ni mal corazón ni mal oficio, y cuando su jefe, Francisco Robles, le encarga que averigüe quien le está haciendo la competencia al publicar una segunda parte falsa del Quijote se frota las manos. Con el dinero extra podrá hacer avanzar el procedimiento para obtener su carta de hidalguía. Lo que no imaginaba era que su periplo iba a ser largo, y aparecerían en él una gran cantidad de escritores famosos e incluso el amor…

Juzgándolo como bestseller, está muy bien. Entretenido, con ritmo, te atrapa en el argumento. La época está muy bien elegida y aparecen Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Tirso de Molina y, por supuesto, Cervantes. La oportunidad del protagonista de estar en el origen de todas las salsas, al estilo de Forrest Gump, y ser la inspiración para anécdotas de Quevedo, el pseudónimo de Tirso, o el argumento de Fuenteovejuna es totalmente increíble, pero como tal es gracioso y funciona muy bien.

La documentación del autor ha debido ser abundante, y así retrata la época con gran cantidad de detalles. Época sucia, injusta, y pobre. Se ponen en clave de ficción todas las teorías que se tienen actualmente sobre la identidad de Avellaneda, aunque como buen autor de ficción se inclina por una solución novelesca que no descubriré aquí.

El autor acaba de ganar hace poco el premio CajaGranada de novela histórica. Para pasar un rato agradable.


Extracto:[-]

Desde ese momento su pueblo de acogida tendría una deuda permanente con ellos y estaría obligado a pagarles una pensión anual. Sacedillo es un lugar pequeño, así que a su padre, además, no le costaría mucho comprar tierras, hacerse nombrar regidor, alcaide, familiar de la Inquisición y todos esos cargos que dice usted que ostentaba.

—Quiere decir que…

—Que compró la hidalguía —afirmó fríamente don César—. O lo intentó, al menos, porque algo le salió mal. Por algún motivo no pudo falsificar el libro parroquial como había hecho con el padrón municipal.

—Pero el que falte alguna inscripción puede deberse a un error —dije intentando pensar fríamente.

—En efecto. Por eso busqué las fechas de nacimiento y defunción de las cuatro generaciones anteriores de Monte-mayor de acuerdo a los datos que usted me había facilitado, y nada. No hay ni un solo Montemayor en el libro parroquial de Sacedillo. Muy raro, ¿no le parece? Sólo constan las muertes de sus padres. Eso no podía ser casualidad. Me planteé dos opciones. O había una confabulación para impedir que el último Montemayor disfrutara de los beneficios de su linaje, o todo era una pura invención de su padre, si me permite decirlo tan crudamente. Para descartar la primera revise cuidadosamente los libros, comprobé que no había páginas arrancadas, tachaduras ni intrusiones, y una vez confirmado este último extremo no me quedó más remedio que aceptar la realidad.

—Que no soy hidalgo —dije sintiendo cómo todo mi mundo se tambaleaba.

—¡No, hombre! —exclamó don César risueño—. Que el serlo le va a salir un poco más caro de lo previsto. —¿Qué quiere decir?

—Yo soy de los que creen que la verdadera nobleza reside en los actos más que en la sangre. O al menos se reparte por igual. Y usted, don Isidoro, ha vivido como hidalgo toda su vida. Sería una pena estropearlo ahora. Claro que habrá que acabar el trabajo iniciado por su padre.

—¿Es posible?

—Amigo mío, le seré franco: ¿cómo decía el poeta? Sí. Sólo dos linajes hay, el tener y el no tener.

Se detuvo en el «no tener» y me dedicó una mirada socarrona.

—Desde luego que es posible, y creo haber descubierto su escollo. Al parecer, el sacristán anterior tenía vocación de cartujo y carácter de perro braco, pero por suerte para nuestra causa murió de peste.

—Igual que mi padre.

—Igual que media España. Pero el sacristán actual es un hombre encantador que mantiene barragana y cuatro hijos, y se le ve proclive a llegar a acuerdos razonables.

Hizo una pausa para darme tiempo a entender su propuesta.

—Tampoco pide demasiado, un par de doblones por asiento. Entre nacimientos y muertes, contando que podemos decir que alguna de las mujeres nació en otro sitio, unos trece o catorce asientos, menos los dos de la muerte de sus padres, que esos sí constan, los he visto, pues por unos veinte o veinticinco doblones quedaría todo arreglado.


Del patio se alzó de pronto un rugido que salvó mi desconcierto, las tripas de un dragón quejándose de hambre. Que-vedo se asomó a la ventana. Yo le seguí atraído por el escándalo. Se oían voces, insultos, risas. Un penetrante olor a podrido se extendió por la habitación. Alguien había vertido un aceite pestífero en las lamparillas de la escena y el teatro entero olía a cloaca. Quevedo prorrumpió en una carcajada abierta. Me acerqué un poco más. En el escenario, un jorobado vestido de negro (que supuse que sería el autor) insultaba impotente a los reventadores que se agolpaban a las puertas sujetándose las tripas de risa. Quevedo cerró la ventana, pero del mal olor ya no había quien se librara.

febrero 15, 2011

Más libros regalados, entrevista

Filed under: Noticias — Palimp @ 1:36 pm
0 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

Por fin recordé lo que me había dejado pendiente el otro día. Hablar de una serie de autores que regalan sus libros y que apareceren en la bitácora amiga Oteando desde proa (buena gente). Las entradas:

Compartir esfuerzos

Iniciativas estratosféricas

Los libros:

Javier Casado – Rumbo al cosmos

José Melchor Hernández – Varios libros

Todos gratis para descarga y algunos pintan muy bien.

Ya hablé por aquí de los Escépicos en el pub. Pues nos han hecho una entrevista para La Vanguardia digital:

Juan Pablo Fuentes: “El escéptico no es el que desconfía de todo, sino el que mira atentamente”

Es agradable aparecer en un titular. Hago referencia a la etimología de la palabra escéptico, que significa, según el diccionario filosófico de Ferrater Mora, lo siguiente:

Pero el verbo griego σκέπτομαι significa “mirar cuidadosamente” (una cosa, o en torno), “vigilar”, “examinar atentamente”. Según ello, el vocablo ‘escéptico’ significa originariamente “el que mira o examina cuidadosamente”. ‘Escepticismo’ significa entonces “la tendencia a mirar cuidadosamente”

Definición que me parece muy apropiada a mi sentir como escéptico.

febrero 14, 2011

José María Merino. La glorieta de los fugitivos.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 7:29 am
0 votos ¿Has leído este libro? Vota para darnos tu opinión

Páginas de espuma, 2007. 234 páginas.

José María Merino, La glorieta de los fugitivos
Disparos certeros

Si comentando el libro Cuentos de los días raros afirmé que era decepcionante ahora me toca envainármela y reconocer que esta Glorieta de los fugitivos me ha encantado.

No pongo la lista habitual porque al ser cuentos muy breves sería casi interminable. Pero su corta extensión está compensada con su excelente calidad. No se si la diferencia entre aquel libro y éste se debe al tamaño de los cuentos, pero si es así hay que reconocer que Merino fabrica unas excelentes minificciones.

Algunas son realmente excepcionales. Crudas como otra historia navideña, nostálgicas como Caracola, rotundas como Historia de Don Quijote.

Lleno de joyas.


Extracto:[-]

CARACOLA

EN LA NIÑEZ creía que ese rumor que suena dentro de las caracolas era el eco del mar. Lo re-cuerda muchos años después, cuando pone junto a su oído la enorme caracola. Y, en efecto, oye el ruido del mar, ese sordo bramar del oleaje lejano, pero también escucha graznidos de gaviotas que pasan, la sirena de un barco, y por fin una voz que canta, eran muy jóvenes, brillaba el sol del verano, paseaban por la playa cogidos de la mano y ella cantaba esa misma canción, una canción que habla de lo que guardan las caracolas, esta caracola que resuena en su oído mientras el chamarilero contempla con aire suspicaz al hombre mayor que lleva ya más de veinte minutos con los ojos cerrados y una de las viejas caracolas de su tienda apoyada en la oreja derecha.

HISTORIA DE DON QUIJOTE
EN UN LUGAR de La Mancha vivió un ingenioso hidalgo y caballero que estuvo a punto de derrotar a la Realidad.

« Página anteriorPágina siguiente »