Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

marzo 31, 2011

Cualquier tiempo pasado fue peor

Filed under: Noticias — Palimp @ 7:02 am
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Soy de los que confían en el progreso tecnológico. Buena parte de mi optimismo radica en que me gusta la ciencia y creo que todo cuanto aumente nuestro conocimiento del mundo que nos rodea más tarde o más temprano nos traerá beneficios.

No es un simple prejuicio. Basta echar la vista atrás para ver que vivimos mucho mejor que antes. No solo por lo que decía Jay Gould acerca de a mortalidad infantil, ni por lo que con tanto humor relataba Iwasaki en Neguijón (¿Se imaginan tener un dolor de muelas hace cien años?). Es indudable que la medicina ha alargado la duración y la calidad de nuestra vida.

Yo vengo de una familia humilde y conozco de primera mano lo duras que son las faenas del campo o de la construcción. Sin máquinas que colaboren arar un campo o recoger patatas son tareas que no se las deseo a nadie. Si quieren saber cómo es vayan un año a vendimiar e imaginen todos los días así. La gente que alaba la vida natural no ha tenido que vivirla.

Ninguna mujer tendría que criticar a la tecnología, porque sin la lavadora, la nevera y los métodos anticonceptivos nunca hubieran podido incorporarse a la sociedad en pie de igualdad al hombre. Todavía hay mucho camino por recorrer, pero el primer paso se dio gracias a los adelantos científicos.

No entraré en lo increíble que le resultaría incluso al más rico de hace doscientos años la posibilidad de tener agua corriente, caliente o fria, luz con solo apretar un botón, fruta en cualquier temporada (y comida fresca en general), cruzar el océano en horas o tener una biblioteca de más de 500 libros.

Todo esto viene a raiz de un artículo que leí hace mucho en MalaPrensa:

El mundo progresa a pesar de todo

En el que se incluye este vídeo que viene a decir de manera gráfica lo que acabo de contarles:

marzo 30, 2011

Biblioteca al detalle

Filed under: Noticias — Palimp @ 4:50 pm
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Concretamente la del monasterio Strahov, en Praga:

Biblioteca Strahov

Puedes desplazarte y hacer zoom hasta ver las grietas de los libros. Impresionante.

Ramón Gómez de la Serna. ¡Rebeca!

Filed under: Novela — Palimp @ 6:53 am
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Ramón Gómez de la Serna, ¡Rebeca!
Espasa Calpe, 1974. 226 páginas.

Cherchez la femme

Si decimos de una película que es romántica lo más seguro es que no trate de tumbas ni aparecidos, y que lo que queramos decir es que es cursi. Igualmente llamamos surrealista a lo que es absurdo o sin sentido, cuando también tiene un significado preciso.

No sabía que me iba a encontrar en esta Rebeca, y es una novela realmente surrealista. El ingenio de Ramón Gómez de la Serna es aplicado aquí a la construcción de una prosa que parece un cadáver exquisito.

El argumento es sencillo. Acosado la familia, como cualquier hombre joven, para ver si tiene novia formal y se casa, el protagonista se inventa una novia llamada Rebeca. Construida en su imaginación esa mujer ideal, el resto del libro se dedicará a la búsqueda de ese ideal encarnado. En algunas mujeres se atisban rasgos de Rebeca pero ninguna parece encajar por completo.

No me gustan las greguerías. Pero este libro, cuyas páginas son en muchas ocasiones greguerías encadenadas, me ha encantado. Parece imposible que con una trama tan tenue se pueda sostener un libro, pero si incluye diálogos como los siguientes:

—Las porteras paren los gatos.
—La mujer mete nuestra alegría en su bolsillo negro.
—Los patos presagian la inundación de la tierra.
—Las bicicletas siempre atropellan… Yo llevo una atravesada como una espina de besugo.
—En la vida siempre están haciendo trajes de luto que hilvanan con hilo blanco.
—No merecen nada los que tienen enfundados sus sillones y sus sofás.
—La mujer es sólo un triángulo crespo.
—Somos víctimas de haber visto una vez «se alquila un cuarto».
Entre los dos y gracias a aquel hablar lo que les daba la gana creaban un ambiente de sobreposición.
—La criada no puede ser preocupación permanente, haga lo que haga.
—La política pase lo que pase no nos puede absorber.
—Debía haber atriles de piano para leer libros con la luz en silueta de los sueños.
—Hay que evitar que mueran las plazas, porque las plazas morirán si toda la recóndita credulidad de la ciudad no las defiende.
—¡Ah, el deseo de comerse los perfiles en relieve del aparador de nogal!
—Mientras, la cocinera sueña pestilencia en su alcoba inclusera.
—Crimen del gabinete que sobrelleva una modista muerta bajo la alfombra.
—Esqueleto de huesos de carretes.
—Alfombrilla de piel de lavandera a los pies de la cama.
—Y una papeleta de empeño como una participación de nichos o de tumbas.
—Hay violines fracasados que tienen dentro de la caja pájaros muertos.
—Como los tinteros que están llenos de golondrinas ahogadas.
—Los diccionarios son los cementerios del conocimiento.
—Y el pay-pay la virginidad del verano y de la brisa.
—Hay postales en que se nota que hay visita de médico.

La misma prosa te va arrastrando con su dulce vaivén.

En un momento del libro comenta la visión de una lápida con solo un nombre entre admiraciones -precisamente Rebeca. Puedo imaginar que en una vivencia similar del autor pueda estar el origen del libro. El protagonista va guardando en un armario objetos heterogéneos que delimitan el perfil de Rebeca, algo que también hacía Ramón.

Escrita en el 36, ajena al rumbo que iba a tomar España, sorprende por la riqueza de su prosa y su voluntad estética. Muy bueno.

Extracto:[-]

—¿Y tú, qué novia tienes? —le preguntó Asunción, la que había tenido el tifus y había echado un tipo de tiple 1900.
Luis sintió el deseo de fustigar aquellos culillos jóvenes y engañosos, y como sacándose del corazón una terrible confidencia dijo:
—Rebeca.
Todas sus primas se volvieron hacia él y su hermana le miró como una muerta.
—¿Rebeca? —le preguntó con voz enferma Teresa.
—Sí… Rebeca…
Entonces notó que había lanzado el nombre más pecaminoso y femenino que se le podía haber ocurrido.
Rebeca parecía haber salido de la Biblia y en vez de dar agua como la Samaritana daba un vino caliente hecho de sangre y de alcohol.


El lío de la existencia era cada vez mayor aunque sospechaba que siempre fue parecido. Se callaron la verdad los hipócritas antepasados.
No hay medio de distinguir la cama de la persona, y porque la cama está muerta se pega la muerte al que duerme en ella. Si las camas no estuviesen muertas no habría muerte.
Pasó de esa idea a la de que por eso los tornillos de la cabeza están flojos cuando quedan flojos los de la cama.
No tenía la voz que respondiese a su voz, la única manera de completar una calle bajo el sol sin la sensación del atropello de la vida.
Se acordaba de un viejo papel de empapelado en una habitación desportillada en que un pedazo de papel a medio arrancar tenía pústulas de yeso pegadas detrás, una enfermedad de calvicie de paredes, de lepra de gabinetes, que sólo cura en el alma la voz amiga.
«Quien no encuentra a Rebeca obrará siempre como un malvado o un vengativo. Gastará todo su ingenio en agrandar el lío de la vida.»
No hay que creer lo que escriben las mecanógrafas, sino lo que trazan en sus máquinas de coser las que cosen a máquina. En esa rotativa de sábanas está la confidencia de no haber encontrado la voz de los pozos, el permiso de morir de amor, la garantía de haber negado la maternidad.

marzo 29, 2011

Blocs i Llibres a Barcelona / Bitácoras y Libros en Barcelona (XIII)

Filed under: Noticias — Palimp @ 10:30 am
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BLB

¡Por fin una nueva edición de la Bitácoras y Libros / Blocs i Llibres en Barcelona!. Será este sábado 2 de abril y comenzara como viene siendo habitual a las 20:00 h. en el Lletraferit de Barcelona.

¿Qué es esto?

Entre los bitacoreros existe una larga tradición de celebrar reuniones o quedadas para poder ver en persona a tus conocidos en la red. Hasta hay una entrada en la wikipedia: Beers & Blogs

Los amantes de los libros, escritores o seguidores de bitácoras no vamos a ser menos y para compartir unas horas de conversación y buena compañía se han montado estas reuniones. ¿Requisitos para asistir? Que te apetezca. Ya llevamos once ediciones: la primera , la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, séptima, la octava, la novena, décima, la undécima y la duodécima.

Programa

La reunión empezará el sábado 2 de abril a las 20:00 h. en el bar Lletraferit, situado en la calle Joaquín Costa 43. El mapa es el siguiente:


Ver mapa más grande

Está muy cerca de la plaza Universidad. No es necesario llegar a las 20:00. Si alguien quiere venir más tarde, no hay problema, estaremos hasta las 21:30 h.

La cena, paa no perder la costumbre, la haremos en el restaurante Eucaliptus (ver mapa). Como tenemos que hacer reserva es importante que confirméis la asistencia a la cena lo más pronto posible.

Para tomar las últimas copas -si alguien se anima- iremos al bar Raval, si cabemos y nos tratan bien. De todas maneras, no habrá ningún problema en encontrar un sitio y se aceptan sugerencias.

Deberes

Siempre hay algún trabajo anónimo para hacer; esta vez no será una excepción:

¿Qué locura o tontería has hecho por amor o por acostarte con alguien?

Si sólo quieres pasarte a tomar una copa no hay problema, pero si quieres asistir a la cena hay que confirmar asistencia. Podéis hacerlo en los comentarios o enviando un correo a liblit@gmail.com.

Difúndelo en tu bitácora, llama a tus amigos, escríbelo en las paredes…

¡Os esperamos!

marzo 28, 2011

Enrique Jardiel Poncela. Ventanilla de cuentos corrientes.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 6:26 am
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Ediciones GP. 96 páginas.

Enrique Jardiel Poncela, Ventanilla de cuentos corrientes
Derroche de ingenio

Me encantan los libros minúsculos, llamados Pulgas. Son los auténticos libros de bolsillo porque te caben en cualquier sitio. El problema es que el contenido suele ser muy malo, así que no tengo muchos. Tengo el Fausto y fue una alegría encontrarme con este de Jardiel Poncela. Un escritor de mucho talento ninguneado porque en vez de dedicarlo al estilo literario se dedico a los jueos de ingénio. Y eso vende para un público pero no para otro.

En esta recopilación de cuentos breves y en ocasiones casi insustanciales aparecen muchas de las perlas del autor, como las siguientes:

- Creo que el amor es una especie de ascensor hidráulico; se le puede exigir que funcione bien durante cinco años; durante diez; durante quince; pero llega un momento en que se estropea y se niega a funcionar.

- ¿Y entonces?

- Entonces, señora, hay que subir a pie; es inevitable.

Durante tres horas largas hice todas aquellas operaciones que denotan la impaciencia en que se sumerge un alma: consulté el reloj, le di cuerda, volví a consultarlo, le di cuerda nuevamente, y, por fin, le salté la cuerda; sacudí unas motitas que aparecían en mi traje; sacudí otras del fieltro de mi sombrero; revisé dieciocho veces todos los papeles de mi cartera; tarareé quince cuplés y dos romanzas; leí tres periódicos sin enterarme de nada de lo que decían; medité; alejé las meditaciones; volví a meditar; rectifiqué las arrugas dé mi pantalón; Mee caricias a un perro, propiedad del parroquiano que estaba a la derecha; di vueltas al botoncíto de la cuerda de mi reloj hasta darme cuenta de que se había roto antes y que no tendría inconveniente en dejarse dar vueltas un año entero.

Triunfó en la vida. Y fracasó en el amor; porque se esforzaba en enamorar a las mujeres intensificando su elocuencia; nunca supo que a las mujeres sólo se las enamora intensificando los besos.

Como todo aquel que fracasa en amor, Mateo se hizo pesimista.
(Es absurdo, pero cuando un hombre ve su amor rechazado por una mujer morena, en lugar de dedicarse a buscar una mujer rubia, que sería lo lógico, se dedica a decir que la vida es una comedia odiosa, la Humanidad una jaula de chacales v la galvanoplastia una cosa importante.)

Con su pesimismo a cuestas, Mateo se hizo reconcentrado y hosco; paseaba solo, llamaba idiotas a loa vendedores de cacahuetes, pegaba puntapiés a los árboles v sacaba la lengua a las estatuas.

También se incluyen dos cuentos, uno sin utilizar la letra ‘e’ y otro sin utilizar la ‘a’, anticipándose al Oulipo y con más gracejo. Incluyo uno al final.

Un autor que merecería una buena reedición.


Extracto:[-]

EL CHOFER NUEVO (narración escrita sin utilizar la letra “a”)

Me lo cedió mi tío Heliodoro, y me Jo recomendó de un modo muy expresivo, diciéndome:

—Es un chófer único en el globo, créeme! Si dispone de un buen coche, este hombre consigue prodigios enormes, que en un circo le hubiesen hecho rico. Obedéceme y sírvete de él; tú tienes un coche estupendo y te mueres de tedio, ¿no es cierto? Pues te juro, querido sobrino, que cediéndote un chófer como Melecio te pongo en condiciones de ser testigo, e incluso intérprete, de emociones inconcebibles, sin precedentes en el mundo de lo locomotivo. Porque pomo este chófer no existen dos…

Melecio Volodio, el chófer propuesto, que presenció el momento descrito, sonrió entonces con gesto misterioso. Y no bien concluyó mi tío su elogio, el chófer rozó levemente el borde izquierdo de su sombrero frégoli, color crepúsculo griego, se inclinó con un gentil movimiento y murmuró:

—Tómeme el señor, que conozco mi oficio…

Y sin otros incidentes que mereciesen ser escritos, Melecio Volodio quedó elegido chófer de mi dieciséis cilindros con cien duros de sueldo.

Doce excursiones, que tuvieron un epilogo tristemente quirúrgico, me convencieron, en un solo mes, de que como Melecio no existió en el universo chófer ninguno.

Prescindo, diciendo esto, de su dominio peregrino del coche. Volodio no sólo conservó de continuo en los extremos de sus dedos los secretos de mi Mercedes, sino que en el tiempo que vivió conmigo domesticó el motor de un modo mirífico.

Pero este mérito resultó pequeño y ridículo enfrente de otros méritos inconcebi bles de Melecio Volodio.
Uno, sobre todos, me preocupó en extremo, y se convirtió de súbito en obsesión terrible de mis nervios.
El mérito en cuestión estribó, señores, en el frío desdén con que Melecio Volodio miró siempre el peligro.
¿Fue el desprecio de los bienes terrenos? ¿Fue un deseo de morir, fruto de desilusiones y de dolores ocultos? ¿Fue simplemente heroísmo? ¿O fue el gusto por servirme y el prurito de divertir, con emociones fuertes, mi vivir tedioso?

Lo ignoro; no lo sé… Pero es lo cierto que siempre que el chófer, nuevo puso en movimiento el motor de mi coche ejecutó sorprendentes ejercicios llenos de riesgos y sembró el terror en todos los sitios por donde metió el coche; destrozó los vidrios de infinitos comercios, derribó postes telefónicos y luminosos, hizo cisco trescientos coches de servicio público, pulverizó los esqueletos de miles de individuos, suprimiéndolos del mundo de los vivos, ea oposición con sus evidentes deseos de seguir existiendo; quitó de en medio todo lo que se le puso enirente: hendió, rompió, deshizo, destruyó: encogió mi espíritu, super-excitó mis nervios; pero me divirtió de un modo indecible, porque Melecio Volodio no fue un chófer, no; fue un simún rugiente.

¿Por aué este furor, este estropicio continuo? ¿Por qué, si Volodio dominó el coche como no lo dominó ningún chófer de los que tuve después?

Hice lo posible por conocer el ifondo del misterio, y lo logré por fin.

— ¡Melecio! —ie dije, volviendo de un terrible circuito que produjo horrendos efectos destructores—. Es preciso aue expliques lo que te ocurre. Muchos infelices muertos por nuestro coche piden un desquite… ;Que yo mire en lo profundo de tus ojos, Melecio Volodio!… Di… ¿Por qué persistes en ese feroz proceder, en ese cruel ejercicio?
Melecio inspeccionó el horizonte, medio sumido en el crepúsculo, y moderó el correr del coche.

Luego hizo un gesto triste.

—No soy cruel ni feroz, señor —susurró dulcemente—. Destrozo y destruyo y rompo y siembro el terror… de un modo instintivo.

—¡ De un mOdo instintivo! ¡ Pues entonces un enfermo, Melecio!

—No. Pero me ocurre, señor, que he sido muchísimo tiempo chófer de bomberos. Un chófer de bomberos es siempre el dueño del sitio por donde se mete. Todo el mundo le permite correr; no se le detiene; el sonido estridente e inconfundible del coche de los bomberos, de esos héroes con cinturón, es suficiente, y el chófer de bomberos corre, corre, corre… ¡Qué vértigo divino!

Concluyó diciendo:

-—Y mi defecto es que me creo que siempre voy conduciendo el coche de los bomberos. Y como esto no es cierto, y como hoy no soy, señor, el dueño del sitio por donde me meto, pues, ¡pulverizo todo lo gue pesco!…

Y Melecio prorrumpió en sollozos.

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