Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

octubre 26, 2011

Tiemble después de haber reído (1)

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Tiemble después de haber reído (1)
Crisis con humor

Los de Fnac están cogiendo costumbre a montar antologías de cuentos y regalarlos por la compra de libros de bolsillos. Algo elogiable, pero yo que soy consumidor muy casual me encuentro con que tengo antologías a medias, y aunque acabarán apareciendo en los saldos, será más tarde que nunca.

En este caso con la crisis de fondo recogen una serie de relatos mitad humorísticos, mitad reflexivos, sobre el asunto monetario. La lista es la siguiente:

Ragtime is money, Rafael Castellano Gallego
Autófago, Rafael Castellano de la Puente
A mitad de precio, Jeffrey Archer
La pata de mono, William Wymark Jacobs
El prodigioso miligramo, Juan José Arreóla
El peso de mi negocio recae por completo sobre mí, Franz Kafka
Violación en California, Francisco Ayala
El tesoro, José Maria Eca de Queirós
Cleptomanía, Arturo Barea
El diablo de la botella, Robert Louis Stevenson
El presupuesto, Mario Benedetti
Un duro falso, Emilia Pardo Bazán
Andreuccio de Perugia, Giovanni Boccaccio
El doble, Jorge Luis Borges
Veinticinco vagabundos andrajosos, Charles Bukowski
Polizón, Mary Higgins Clark
La chaqueta embrujada, Dino Buzzati
El almohadón de pluma, Horacio Quiroga
Un visón propio, Truman Capote
El capote, Nikolái Gógol
El retablo de las maravillas, Miguel de Cervantes
Medidas de seguridad, Nadine Gordimer
Cuando los médicos están de acuerdo, Gilbert Keith Chesterton
Por asuntos del servicio, Antón Chéjov
Letrilla satírica, Francisco de Quevedo

Los mejores, sin duda, los clásicos (que bien viene no pagar derechos), inolvidable El capote. También muy destacable el de Bukowsky, del que adjunto un pequeño extracto por una frase que me impactó:

Hicimos el amor en medio de la tristeza.

Muy interesante también el relato de Rafael Castellano Gallego, que en realidad es la transcripción de una conferencia, donde reflexiona con mucho acierto sobre el humor.

Calificación: Buenos algunos, imprescindibles otros y más teniendo en cuenta que es gratis.

Un día, un libro (56/365)

Extractos:
En este caso del humor, convendría hacer una distinción según la especialidad de cada rama, que muy bien podría ser la clasificación del gracioso en extrahumorista e introhumorista.
Extrahumorista, aparte del caricato antes citado, es ese tipo alegre y divertido que triunfa en los guateques. Por lo general es un memorión imponente, que aprende chistes en lugar de empollarse la teoría de Weyl, el principio de las leyes diferenciales o la legislación comparada de Derecho Internacional. Sabe además contar los chistes con una gracia extraordinaria y servirlos recién salidos del horno de la maledicencia, que son cuando están mejor, como las ensaimadas.
El introhumorista, por el contrario, suele ser un individuo tristón y reconcentrado, que permanece silencioso en las reuniones, parte por timidez, parte porque prefiere escuchar las memeces que suele decir el prójimo. Así va tomando nota de los tópicos en boga y también de las frases vacías e hipócritas. Cuando ha reunido una prudente cantidad de esta materia prima, ensarta las piezas sueltas, con el mimbre de la sintaxis y pergeña así un artículo muy gracioso, por el cual le pagan treinta duros menos el descuento de utilidades.

Antes de dejar su grata compañía, quiero confesar una cosa: soy un apasionado de la música clásica y me entusiasma el desmelenado romanticismo de Tchaikowsky y de Schuman, así como las arquitectónicas concepciones musicales de Bach, de Mozart y de Haydn. Incluso he llegado a oír óperas en el Teatro Real de Madrid, cuando había Teatro Real y muchas otras cosas que no hay ahora. Pues bien, a pesar de ello, me gusta la música sincopada. Creo que al auténtico melómano le debe gustar la música que se hace con un criterio honrado y sin concesiones, se llame como se llame. El despreciar la música sincopada por sistema y calificarla de ruido insoportable es prueba de cortedad espiritual. Cuando uno llega a alcanzar la cumbre de una montaña, por alta que sea, se da cuenta de que no es la única cordillera existente. Recortándose en el horizonte, se ven los perfiles azulados de otras sierras, quizá más importantes que aquella donde nos encontramos. Bach, Bee-thóven, Mozart son verdaderos himalayas, de los cuales nosotros somos humildes sherpas. Pero sería absurdo decir que los Andes son chatos, simplemente porque no nos son familiares.

Se fue y oí tintinear sus tacones en el camino. Era la mejor mujer que podía haber encontrado y la había encontrado en un bar. Me retrepé en el sillón y contemplé el techo. Un golfo. Yo era un golfo. Siempre esa repugnancia hacia el trabajo, siempre intentando vivir de la suerte. Cuando Kathy regresó le dije que me sirviera un buen trago. Sabía hacerlo. Le quitó incluso el celofán al puro y me lo encendió. Parecía alegre y estaba muy guapa. Hicimos el amor. Hicimos el amor en medio de la tristeza. Me reventaba verlo irse todo: coche, casa, perro, mujer. Había sido una vida fácil y agradable.

—Hablo de las amas de casa —explicó Mr. Pond con aire dolorido—. Las buenas amas de casa. Las que tienen gran éxito. Interrumpen una conversación con la teoría de que se puede interrumpirla en cualquier momento. Bien exacta es la definición de una buena ama de casa: hacer que dos personas hablen cuando les desagrada, y separarlas cuando empieza a agradarles. Pero a veces producen los perjuicios más mortales y horribles: detienen conversaciones que no merecen ser reanudadas. Y esto es horrible, como el asesinato.
—Pero, si una conversación no merece reanudarse, ¿por qué es horrible detenerla? —preguntó el concienzudo Wot-ton, que seguía buscando laboriosamente el sentido común.
—Pues por eso es horrible detenerla —respondió Mr. Pond, casi con brusquedad, para persona tan cortés—. La conversación debería ser sagrada, porque es tan leve, tan tenue, tan trivial, si se quiere; en todo caso, tan frágil y fácil de destruir. Abreviar su vida es peor que un asesinato: es un infanticidio. Es como matar a un niño que trata de entrar en la vida. Ya no puede volvérsele a la vida, aunque se levantara de entre los muertos. Una buena conversación ligera no podrá ser compuesta más cuando se la hace pedazos, porque no se pueden recoger todos los pedazos. Recuerdo una espléndida conversación en casa de Trefusis, que comenzó porque hubo un trueno sobre la casa y un gato maulló en el jardín y alguien gastó una broma algo cruda acerca de una catástrofe. Y entonces Gahagan propuso una teoría en verdad preciosa deducida de los gatos y las catástrofes y estas cosas, y habría iniciado una espléndida conversación sobre un asunto político del continente.
—La cuestión catalana, supongo —dijo Gahagan riendo—. Pero me temo haber olvidado mi preciosa teoría.
—Eso es lo que yo digo —declaró Mr. Pond tristemente—. Sólo pudo ser propuesta entonces; debió de ser sagrada porque no valía la pena empezar de nuevo. La dueña de la casa nos la quitó de la cabeza[...]

octubre 25, 2011

Varios. Matar en Barcelona.

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Alpha Decay, 2009. 300 páginas.
Matar en Barcelona
Barcelona sangrienta

Recibí este libro como pago de una sesión de cuentos. Y acertaron de pleno. Con lo difícil que es regalar libros y con todos los que me han regalado no sólo nunca me he encontrado con alguna basura ilegible, sino todo lo contrario. En este caso un libro de encargo con varios relatos inspirados en crímenes sucedidos en la ciudad de Barcelona. Son los siguientes:

Javier Calvo – Festival de las luces
Gabriela Wiener – Estación de Naves
Raúl Argemí – El librero del ángel negro
Antonio Luque – Me siento haciendo un no8do .
Sabino Méndez – Otra carta robada
Francesc Seres – Morir en Barcelona
Manuel Vilas – Control
Llucia Ramis – La vergüenza
Mará Faye Lethem – Cuando más apuesto es el león es cuando anda buscando comida
Sebastia Jovani – Lléveme a casa
Elena Medel – Nuestras hijas
Darío Hernando – Cadáver exquisito

Cuya calidad es muy alta. Desconfiaba de estas antologías hechas a medida, pero tengo que cambiar mis prejuicios. Los crímenes no los he reconocido y los editores no dan ninguna pista. El de Javier Calvo supongo que es el de la vampira del Raval, aunque con un ángulo muy original, y el único que tengo seguro es el de Raúl Argemí, sobre el librero asesino, que vendía libros antiguos y luego mataba a los compradores para recuperarlos.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (55/365)

Extracto:
Se veían con regularidad. Quedaban para cenar; precisamente, la noche del día de su desaparición la víctima contó a su pareja que había quedado para cenar con Any en Barcelona.» Entonces aparece en la pantalla una mujer de unos cincuenta años, la dueña del gimnasio al que acudía Any Vilas todas las semanas. La dueña dice: «Me gustaría que quedara claro que a nuestro gimnasio acude una clientela muy selecta, jamás pensamos nada raro de Any, además era una dienta excepcional, con una figura exquisita.» Una voz en off aclara que «éste es uno de los gimnasios más caros de Barcelona, entre sus dientas figura nada menos que Paulina Rubio». Who pregunta: «¿Y quién demonios era Paulina Rubio?». Any Vilas le contesta: «Era una escritora muy famosa por aquel entonces, era una escritora en lengua catalana, sí, la recuerdo, era una mujer extremadamente culta, creo que había ganado premios muy importantes, era una celebridad de la literatura catalana.» Robert Palmer aclara: «Sí, yo he leído un libro suyo, uno que se titula La sombra del viento.» «Sí, ése», confirma Any.

octubre 24, 2011

Nicolás Buenaventura Vidal. Palabra de cuentero.

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Palabras del candil, 2010. 292 páginas.
Nicolás Buenaventura Vidal, Palabra de cuentero
Sincero y hermoso

Compré este libro hace exactamente un año, en el festival Munt de mots, cuando fui a contar cuentos infantiles con mi hija, y lo reseño ahora, cuando ayer hice lo mismo pero acompañado de los dos peques. Está bien que un libro de un cuentero esté acompañado de sesiones de cuentos.

Ya me lo recomendaron cuando lo compré, y acertaron plenamente. El autor va contando anécdotas, historias, reflexiones, todas relacionadas con las palabras y el arte de narrar. Se lee con mucho placer, y es de esos libros que uno sabe que volverá a leer una y otra vez.

Parece lógico que quien se gana la vida contando historias sea capaz de contarlas también bien en un libro, pero no es tan frecuente. Un libro muy recomendable y, para los del oficio, imprescindible.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (54/365)

Ojo a los extractos, que dejan el aroma del libro entero:

palabrotas
Lucía tenía 7 años. En los años 40, sí, del siglo pasado, y en una familia como la de ella, conservadora hasta los calzoncillos. Dice Lucía que era una niña piadosa que comulgaba todos los días. Por razones obvias, para comulgar tenía que confesarse regularmente y, para poder confesarse, algún pecado tenía que inventar. Un día le dijo al confesor: Es que tengo malos pensamientos. ¿Sí mijita? ¿Y qué malos pensamientos? Le preguntó el cura. ¿En qué piensas? En ¡Carajo! ¡Pendejo! ¡Maldita sea! y ¡Viva el partido liberal!
30 años después, a su hija, Yarima, que tendría unos 5 años, le estaban haciendo un tratamiento de prevención contra la rabia. Vivían en el campo, rodeados de animales. Yarima había sufrido la primera vacuna, iban hacia el consultorio médico, para la segunda, y antes de entrar le dice a Lucía y a Rafael, su padre: Si hoy me duele como ayer, grito ¡hijueputa!
Lucía, con un enojo fingido pero convincente, le preguntó si eso lo había aprendido en la escuela. Sí, mamá. Le contestó muy asumida. Desconcertada por el aplomo y la respuesta, Lucía siguió indagando ¿y los otros niños también dicen esas cosas ? No, mamá, yo soy la más adelantada, ellos apenas van por carajo y pendejo.

Hubo un dios que escapó a esa desagradable tentación divina de hacer al hombre, es decir al otro, a su imagen y semejanza. No era un dios triste y vencido, no.
Primero hizo la tierra y cuando la vio redonda, hermosa le sobraron restos, pedacitos, migajas, desechos…
Enseguida hizo el tiempo y en cuanto el tiempo se puso a andar quedaron restos, pedacitos, migajas, desechos…
Luego hizo los lagos, los ríos, los océanos y cuando las aguas crecieron y se pusieron a subir y bajar, a correr, había nuevamente restos, pedacitos, migajas, desechos…
Creó entonces los árboles y en cuanto la tierra estuvo toda verde y respiró, tenía, una vez más, entre sus manos, restos,pedacitos, migajas, desechos…
Todos esos restos, esos pedacitos, esas migajas, esos desechos… comenzaron a estorbarle y él se deshizo de ellos. Los botó al fondo de un abismo.
Continuó su feliz tarea de creador: hizo la distancia,
hizo la noche, hizo las estrellas hizo la luna, el día, la nube, la montaña, el sol, los vientos… Y cada vez, le sobraron restos, pedacitos, migajas, desechos… que arrojó al fondo del abismo.
Y el hombre—él, ella— tenía ganas de ser, tenía ganas de existir, pero Dios no lo hacía; estaba muy ocupado, o tal vez lo había olvidado. Ya en aquel entonces, el hombre soportaba mal el olvido. Y tenía tantas ganas de ser, tantas ganas de existir, que decidió hacerse, crearse a sí mismo. Y se hizo, allá, en el fondo del abismo, con todos esos restos, esos pedacitos, esas migajas, esos desechos…
Es por eso que en cada hombre hay un poco de tierra, hay un poco de tiempo, hay un poco de río, hay un poco de árbol…
Es por eso que cada mujer es un poco distancia, es un poco noche, un poco estrella, un poco luna, día, nube, sol, montaña y viento.

Somos una especie que necesita sentido, que produce y construye sentido constantemente, para poder vivir, para no morir. Una especie que necesita poner su huella en el mundo y reconocerla. Que necesita, más que nada, ser reconocida. Una especie que se empeña en marcar el espacio, en marcar el tiempo. Por algo las historias empiezan diciendo, érase una vez.
Contamos cuentos para espantar la muerte, para distraerla, para que se rezague, para que se enrede en los hilos de una hermosa trama y no encuentre el camino que indefectiblemente la llevará hasta nosotros. Contamos para aplazar la muerte noche tras noche, como Sherezada.

Es evidente, para mí, que crecer con cuentos no es lo mismo que crecer sin cuentos. Creo que quien crece con cuentos crece con la idea de que el pequeño puede derrotar al grande. De que por oscura que sea la noche, habrá un mañana. De que hay una oportunidad para cada ser humano en la vida. Creo que quien crece con cuentos crece con más palabras y creo que cuantas más palabras, más ideas, más pensamientos. Creo que uno no puede pensar lo que no puede nombrar, que no se le ocurre lo que no puede decir y para nombrar y decir necesita palabras. Creo que quien crece con cuentos cuenta con más alternativas para enfrentar las dificultades y un mayor número de miradas para evaluar una situación.
Pero estas son cosas que creo y no tengo cómo demostrar.

Una palabra, no menos fascinante. En Medellín, una mujer que trabajaba haciendo el aseo en casas ajenas, una empleada del servicio, como se dice… hay quienes han ido más lejos; han vuelto tácito el sujeto y han acuñado la expresión la del servicio. El hecho es que esta mujer tenía muy claras dos categorías a la hora de establecer su salario. Cuando le preguntaban cuánto cobraba, respondía: Si es sin piensa vale tres mil pesos diarios y sin es con piensa son cuatro mil. Muy a menudo sus interlocutores no entendían, le preguntaban: Cómo así, ¿sin pieza? ¿Sin cuarto? A lo que ella respondía con la siguiente explicación: Lo que quiero decir es que si usted me dice todo lo que hay que hacer y cómo hacerlo, es sin piensa. Pero si yo tengo que decidir qué hay que hacer de comer, el lugar de cada cosa en la cocina, cada cuánto hay que lavar los vidrios, si tengo que hacer la lista de las compras de la semana y todo lo demás, es con piensa, y con piensa, cuesta más.

pregunta y respuesta
Una vez le pregunté a una etnolingüista, Geneviéve Calame-Griaule, por qué había escuchado los mismos cuentos en lugares tan distantes como Korhogo, en Costa de Marfil, y el Amazonas colombiano, y ella me dijo: todos los pueblos del mundo se hacen las mismas preguntas: ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo llegamos? ¿Estamos solos? ¿Por qué nos tenemos que ir? ¿Qué pasa con los que se quedan?
La respuesta me gustó y me atrevería a pensar que cada pueblo da respuestas originales, y que el cuento está a medio camino entre la pregunta y la respuesta. No es la respuesta y es otra manera de hacer la pregunta, otro lugar a donde llegar con ella.

octubre 23, 2011

Los esqueletos de la plaza del Pedró

Filed under: Noticias — Palimp @ 6:27 am
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Dicho así parece el título de una novela de misterio, pero se trata de una noticia que pueden leer muy bien explicada aquí:

Hallan esqueletos humanos en las obras de la plaza del Pedró, en el Raval

Y una excelente foto del esqueleto la pueden ver aquí:

Trobat un esquelet a les obres de la Plaça del Pedró

La bitácora anterior es una de las mejores sobre los secretos de las calles de Barcelona, lástima que no se prodigue mucho.

Yo paso todos los días por esa plaza para ir a trabajar, así que también hice mis humildes fotos:

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Esta calle era una de las entradas a Barcino, la Barcelona romana, y es sabido que acostumbraban enterrar a sus muertos en lo que ahora llamamos vías funerarias. En la plaza de la villa de Madrid han restaurado algunas (pueden verse aquí: Vía Sepulcral romana de la Plaça Vila de Madrid.

A saber sobre cuantos esqueletos camino en mi paseo diario al trabajo. O, como dijo mi mujer, quién le hubiera dicho a ese romano que le iba a hacer una foto a su esqueleto con un móvil.

P.D. Tengo más cosas que decir sobre esta plaza, pero en otro momento

Stephen King. Tommyknockers.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 6:03 am
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RBA, 2003. 867 páginas.
Tit. Or. Tommyknockers. Trad. Edith Zilli.

Stephen King, Tommyknockers
Invasión mental

Ni me acuerdo la última vez que leí algo de Stepehn King, a pesar del buen recuerdo que tengo y de las veces que lo defiendo contra viento y marea. Pero me regalaron este libro y acertaron, no lo había leído.

La escritora Roberta Anderson encuentra un objeto metálico en el bosque. Empieza a desenterrar lo que parece ser parte de una nave espacial. Al hacerlo provocará que todo el pueblo cambie… a peor.

No me ha parecido una de sus mejores novelas (o igual idealizo el pasado), pero tiene los toques característicos de su talento. Los cambios físicos de los habitantes del pueblo provocan angustia. Los personajes, incluso los muy remotamente secundarios, tienen cara y ojos. Aquí se ha perdido un gran escritor serio, pero hemos ganado a un gran escritor de terror.

Cuidado con lo que encuentran en lo profundo del bosque.

Calificación: Bueno en general, muy bueno a veces.

Un día, un libro (53/365)

Extracto:
«No tengo miedo. De eso no.»
¿Que no? ¿Hombre a caballo, tú? Qué risa. Te daría un ataque al corazón si alguien te pidiera que fueras hombre a triciclo. Tu propia vida personal no ha sido un esfuerzo constante por destruir todas las bases de poder que tuviese. El matrimonio, por ejemplo. Nora era fuerte; al final tuviste que meterle un balazo en el rostro para liberarte de ella; pero cuando el juego estuvo sobre la mesa no lo sostuviste, ¿verdad? Te las arreglas para salirte con la tuya en cualquier situación, eso hay que reconocértelo. Hiciste que te despidieran de la cátedra y así eliminaste otra base de poder. Has pasado doce años regando con alcohol la pequeña chispa de talento que Dios te dio, en cantidades suficientes para apagarla. Y ahora, esto. Será mejor que huyas, Gard.
«¡Eso no es justo! ¡De veras, no es justo!»
Tal vez sí. Tal vez no. De un modo u otro, descubrió que la decisión estaba tomada ya. Apoyaría a Bobbi, al menos por un tiempo. Haría las cosas a su modo.
La alegre aseveración de Bobbi en cuanto a que todo estaba bien no concordaba con su agotamiento y su pérdida de peso. Lo que la nave enterrada había hecho con ella, era probable que también lo hiciera con él. Lo ocurrido (o dejado de ocurrir) esa tarde no demostraba nada: no se podía esperar que todos los cambios fueran instantáneos. Sin embargo, la nave, y la fuerza que emanaba de ella, fuera lo que fuese, tenía una gran capacidad para llevar a cabo cosas buenas. Eso era lo principal y… bueno, ¡a la mierda con los Tommyknockersl

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