Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

noviembre 30, 2011

Michael Cunningham. Las horas.

Filed under: Novela — Palimp @ 8:00 pm
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El Aleph, 2003. 218 páginas.
Tit. Or. The Hours. Traducción: Jaime Zulaika.

Michael Cunningham, Las horas
Woolf revisitada

Tenía ganas de leer este libro; la película me gustó mucho y lloré a placer. Si como es habitual la prosa vence a la imagen merecería la pena. Así ha sido.

Las horas son tres historias interconectadas. Virginia Woolf delineando el argumento de su libro La señora Dalloway. Laura Brown, un ama de casa que debería ser feliz pero no lo es mientras prepara una tarta para el cumpleaños de su marido. Clarissa Vaughan prepara una fiesta para su amigo Richard, que ha recibido un importante premio literario.

Además de lo que al autor introduce en la trama, lo que todas las historias tienen en común es a Virginia Woolf. El libro es un homenaje en la estructura y en la prosa. Esto puede que le reste originalidad al libro pero que gusto da leer un libro de Virginia ambientado en la época actual.

Y sin embargo donde en la Woolf es sentimiento trágico, esa melancolía que se filtra en cada una de sus páginas, aquí se transforma en luminosidad. Puede que el estilo se asemeje, pero el alma es muy diferente. Me quedo, sobre todo, con las partes de Clarissa, que contienen algunas de las mejores páginas que he leído este año.

Me ha gustado volver a la historia, pero me gustará, dentro de algún tiempo, retornar también a esta prosa.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (91/365)


Extracto:[-]

Cruza la calle Ocho. Ama, sin poderlo remediar, el televisor roto y abandonado en la acera, junto a una sola zapatilla blanca de charol. Ama el carro del vendedor ambulante, repleto de brécoles, melocotones y mangos, cada uno con una etiqueta que anuncia un precio en medio de signos de puntuación profusos: «$1.49!!», «¡3 por UN dólar!», «¡50 centavos cada uno!!!». Más adelante, debajo del arco, una anciana con un vestido oscuro y de buen corte parece que canta, plantada exactamente entre las estatuas gemelas de George Washington, como guerrero y como político, ambas efigies destruidas por el clima. Es la algarabía y la palpitación de la ciudad lo que conmueve;
su espesura; su infinita vida. Conoces la historia de que Manhattan era un erial comprado con collares de cuentas, pero te parece imposible creer que ño siempre ha sido una ciudad; que si la excavas encontrarás debajo las ruinas de otra más antigua y después las de otra y otra más. Bajo el cemento y la hierba del parque (ha entrado en el parque ahora, donde la anciana canta y echa la cabeza hacia atrás), yacen los huesos de los sepultados en la fosa común que fue simplemente pavimentada, hace cien años, para construir Washington Square. Clarissa camina por encima de los cadáveres mientras unos hombres susurran ofertas de drogas (a ella no), y tres muchachas negras pasan zumbando en sus patines y la anciana canta, desafinando, iiiiii. Clarissa se siente voluble y jubilosa por la suerte que tiene, por su buen calzado (comprado en Bar-ney, pero aun así); delante tiene, en definitiva, la compacta miseria del parque, visible incluso por debajo de su capa de césped y flores; ahí están los camellos de droga (¿llegarían a matarte, llegado el caso?) y los lunáticos, los aturdidos y los desnortados, la gente cuya estrella, si alguna vez la tuvieron, les ha abandonado. Así y todo, ella ama del mundo que sea crudo e indestructible, y sabe que hay otras personas que también deben de amarlo, tanto ricas como pobres, aunque nadie hable de las razones concretas. ¿Por qué, si no, seguimos viviendo, por muy comprometidos, por muy dolidos que estemos? Aunque estemos aún más allá que Richard; aunque estemos descarnados, lacerados de lesiones, nos caguemos en las sábanas; a pesar de todo, desesperadamente, queremos vivir.


Fugazmente, mientras Julia está vuelta de espaldas, Clarissa y Mary se encuentran cara a cara. Idiota, piensa Mary, aunque se esfuerza en mantenerse caritativa o, como mínimo, serena. No, que se joda la caridad. Cualquier cosa es mejor que las boyeras de la vieja escuela, vestidas para ligar, burguesas hasta la médula, viviendo como marido y mujer. Más vale ser un franco y abierto gilipollas, mejor ser el puto John Wayne que una tortillera bien vestida que tiene un trabajo respetable.

Fraude, piensa Clarissa. Has engañado a mi hija, pero a mí no me engañas. Distingo a una ligona nada más verla. Lo sé todo sobre la técnica de impresionar. No es difícil. Si gritas lo bastante fuerte y durante el tiempo suficiente, se formará un corro para averiguar el motivo de todo ese ruido. Es la naturaleza de la multitud. No se queda parada mucho tiempo, a no ser que les des la razón. Eres tan mala como la mayoría de los hombres, igual de agresiva, igual de pretenciosa, y tu hora llegará y pasará.

noviembre 29, 2011

Libro electrónico: Sí, no, depende.

Filed under: Noticias — Palimp @ 10:19 am
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No ha eclosionado todavía el libro electrónico (se han vendido más dispositivos físicos -lectores- que libros) y ya está armada la polémica. Todo el mundo dice la suya y yo no quiero ser menos.

¿Polémica?

Tal y como escriben algunos parece que se estén formando escuadrones estilo farenheit 451 para eliminar los libros de papel (y a sus defensores). En realidad el libro electrónico es sólo otro formato para leer y ni siquiera obligatorio. Polemizar al respecto es como si cuando se empezó a poner entradas a la venta en internet se hubieran formado bandos: unos defendiendo el método tradicional, porque nada puede sustituir el calor humano de las largas filas, donde incluso pueden surgir amistades y romances, frente a los que piensan que es mucho más cómodo comprar las entradas desde casa evitando esperas. No pasó nada de eso; cada quien escoge la opción que más le gusta.

Lo mismo ocurre con el libro electrónico, es otra opción mas a elegir, y hasta donde me alcanza tener mas opciones nunca ha sido un problema. Que cada cual examine sus necesidades y escoja en consecuencia.

A continuación, mi opinión sobre qué elegir según el segmento al que pertenezcas.

Para las mayorías

He estado leyendo las estadísticas de lectura de este país y me he deprimido un poco, aunque no me he sorprendido. Por propia experiencia sé que cuando alguien te dice que le gusta leer lo que quiere decir es que se lee, como mucho, tres libros al año, todos ellos del anticanon (Follet, Coelho y demás superventas). Los españoles con hábitos de lectura leen según algunas encuestas una media de 4,7 libros y según otras sube hasta 8. Me he querido poner en el caso mejor y voy a suponer que hay un 80% de lectores que leen como máximo 10 libros al año. ¿Es útil el libro electrónico para este colectivo? No.

Ninguna de las ventajas del ebook se aplican aquí. No hace falta tener cien libros en el dispositivo, porque a menos de un libro por mes incluso en las vacaciones con llevar un solo libro basta. Suponiendo 70 años de lectura se acumularían 700 libros que si bien hacen bulto, no molestan mucho en una casa. Por contra el libro en papel tiene a su favor, en primer lugar, el romanticismo. Cansado estoy de escuchar lo bien que huelen los libros de papel, señal inequívoca de que te gusta más el libro de toda la vida y no sabes qué argumentos dar. La razón principal por la que el libro de papel es mejor es porque es prácticamente indestructible: lo puedes tirar al suelo, mojarlo, churruscarlo, doblarlo, matar bichos y no cargar sus baterías durante un mes. Todavía puedes seguir leyéndolo. Además en algunos casos están bien editados con un tipo de letra cuidado, márgenes adecuados y son agradables a la vista. Los libros electrónicos son uniformes, prácticamente todos tienen el mismo tipo de letra y no hay mucho juego para el diseño.

La gran masa de lectores debería seguir con el formato tradicional, aunque seguramente un 70% se cambiará al electrónico porque está de moda.

Para los ancianos, para los ansiosos, para los aislados, para los internacionales

Otros colectivos, sin embargo, estarán encantados con las ventajas del libro electrónico. El hábito de lectura disminuye drásticamente con la edad, pero hay gente mayor que lee y que agradecerán poder poner un tipo de letra grande y no dejarse la vista. Es posible que incluso la introducción del libro electrónico aumente el número de lectores.

Aunque pocos, hay personas que leen mucho, más de 30 libros al año. En estos casos siempre se acumula una gran cantidad de libros en casa, algo que siempre es un problema (y no digamos si leen los dos en la pareja). Tenerlos en un disco duro evita agobios. También el irse de vacaciones y no tener que llevar el cargamento de libros. Si el viaje dura 8 horas, ida y vuelta 16, puedes llevar 6 libros y un par más por si acaso. Más cómodo el lector.

Este verano estaba en Logroño y me quería comprar un libro de divulgación científica. Me fui a la mejor librería y cuando vi la oferta se me cayó el alma a los pies. Si esto pasa en una capital de provincia que no pasará en pueblos perdidos. Con el libro electrónico tienes la posibilidad de comprar lo que quieras (de momento lo que haya), bajártelo al dispositivo y empezar a leer.

Internet nos ha abierto una ventana al mundo. Ahora podemos conocer que escritores lo están petando al otro lado del charco. Pero no podemos comprar sus libros porque no están distribuidos aquí. Pero está el libro electrónico podemos comprarlo aunque se haya editado en la conchinchina por una editorial desconocida.

Para todos estos colectivos -y algunos más que ahora no se me ocurren- el libro electrónico es una decisión acertada. Aún así la mayoría lo combinará con el libro de papel seguramente por romanticismo.

Para las editoriales

De momento el mundo editorial no está haciendo nada bien las cosas; hay poca oferta, no es fácil adquirir los libros, tienen miedo a la piratería, el precio de un libro electrónico es superior a las ediciones en bolsillo…

Para una editorial el libro electrónico es el mejor invento del mundo. Desaparecen los problemas de distribución, no sólo los gastos, sino también el que sus libros no aparezcan en los mostradores porque tal como le llegan al librero los devuelve. No hay que descatalogar nada, siempre puedes tener tus libros disponibles y aunque los libros raros sólo los compren dos personas, si tienes un fondo de 1000 libros son 2000 ventas. Puedes tener un control al momento de las mismas y comprobar si tus campañas de marketing son eficaces. Ahorras gastos de impresión y almacenaje. Puedes vender en todo el mundo.

Si yo fuera una editorial regalaría libros electrónicos con 20 títulos de mi catálogo, e intentaría conseguir que todo el mundo olvidara el papel. Bajaría los precios de los libros a 3 euros, porque los compradores tienen un presupuesto y si por 20 euros se compran un libro, por 3 euros se comprarán 10. Evitaría la piratería mediante los precios bajos y la facilidad para la adquisición de los mismos (también inundaría los canales habituales con libros falsos, para que a la gente le resultara más cómodo no arriesgarse).

No creo que haya ninguna editorial que haga esto, pero que no se diga que no es porque no les han avisado.

Para los que vienen

Tengo una apuesta con mi amigo Mezkal. En cinco años los ordenadores de sobremesa desaparecerán de las casas y serán sustituidos por los tablets. Todo el mundo tendrá uno, que actuará como centro de ocio portátil, ventana a internet y… lector de libros electrónicos. Las futuras generaciones van a venir con un tablet debajo del brazo. Estudiarán con su tablet, navegarán con su tablet, leerán sus libros de texto en el tablet y también sus primeros libros de ficción. Éste es el futuro a corto plazo. Si fuera una editorial, ya me estaría poniendo las pilas.

Álvaro Cunqueiro. Merlín y familia.

Filed under: Cuentos,Novela — Palimp @ 6:16 am
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Ediciones Destino, 2003. 218 páginas.
Álvaro Cunqueiro, Merlín y familia
Merlín en Galicia

Sigo devorando -y disfrutando- cuanto encuentro de Cunqueiro, que si bien no ha tenido el reconocimiento que se merece, una vez puesto sobre la pista vas encontrando libros aquí y allá.

Siguiendo la estela de las mocedades de Ulises (o más bien al revés), el autor sitúa al Merlín artúrico en Galicia, y desde los ojos de su criado nos cuenta las historias de los increíbles personajes que le hacen visitas buscando su sabiduría. No hay una trama, sino múltiples cuentos con fuerte sabor celta que se mueven entre las brumas de lo fantástico. Incluye apéndice al final con listado de personajes.

Me ha recordado a algunos libros de Italo Calvino, y veo que son casi contemporáneos; otra manera de entender lo fantástico que no es igual al realismo mágico, pero que se anticipa. El único defecto es que lo he leído después de su Ulises, que me parece mucho más logrado. Pero el disfrute, e incluso más de una sonrisa, están garantizados.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (90/365)

Extracto:
La Novela De Mosiú Tabarie

Je luy donne ma librame, et le
Romman du Pet au Diable,
lequel maistre Gui Tabarie
grossoya, qu’est hom verítable.
Par cayers est soubz une table.
Combien qu’íl soit rudement faíct,
la matiére es sí tres notable,
qu’elle amende tout le meffaict.

François Villon: Grand Testament

Pues este verano encontré —iba el río seco, y la gente y el ganado pasaban enjutos por los pasos de la Valifia, yo tuve la barca amarrada en el padrón, y me sobró tiempo para holgar en la casa—; encontré, digo, dos entregas de la “Novela del Pedo del Diablo” que me regaló el moro Alsir, y leyéndolas, puestos los anteojos que ahora cotidianamente preciso, me eché a reír, y me vienen ahora ganas de contar lo principal de esta novela, que del demonio que en ella se habla, Cobillón titulado, nos llegaron noticias a Miranda cuando tuvo mi amo que viajar a Gaula a quitarle el aroma de azufre a un condado de aquel reino, y fue que primero creyeron que dieran con una mina, e inquiriendo, inquiriendo, salió que no era más que una bandería de demonios que Lucifer Mayoral mandara vaciar sobre Inglaterra, y que dejara allí, en una cueva, la ropa vieja. Con el azufre que tenían aquellos harapos se podía azufrar medio Ribeiro. Este Cobillón era un demonio muy fino, que estudiara para perfumista en Florencia de Italia, donde tomó la costumbre de bañarse en agua franchipana. Contaba la novela que había en Soria una viuda moza muy devota de San Ciríaco, y siendo rica por su casa, y bien heredada del difunto, quería levantar al santo una ermita justamente en una montiña donde acostumbraban pasar los calores del tiempo de la siega las brujas de tierra de Osma. Requirieron estas toledanas para volver a la viuda del acuerdo a un demonio bostezador y aragonés, pero pronto supo la viuda que quien la tentaba era el demonio, porque tenía un olfato sutil y venteador, y cazaba los olores malignos que pasaban volando. Se buscó entonces en toda la Satanía un demonio que no diese señales de azufre y tuviese humano perfume, y no había otro preparado sino Cobillón, que estaba por aquella estación en París perfumando francesas. Ya había buscado albañiles la viuda, y corría prisa torcerle la intención. Llegó a Soria, pues, Cobillón, vestido de cuatro puntillas, haciéndose pasar por pariente de los linajes sorianos, dando propinas y limosnas, y anunciando que por un casual traía en el bolsillo un pomo con agua destilada de la barba de San Ciriaco. Saberlo la viuda y convidarlo a chocolate todo fue uno, y Cobillón iba de levita verde y bastoncillo de plata, cadena de oro en el chaleco, y colgado de ella, el pomito con el agua de San Ciríaco. La viuda, este es el caso, se enamoró en un repente de aquel dionisio, que le dio a oler el agua de San Ciríaco y le prometió teñirle con camomila de Malta un lunar con pelo que tenía en la barbilla, y la invitaba, sin más demoras, a partir para Tarragona, donde tenía su palacio, y los podría casar su capellán, que era primo del señor primado. Doña Florínda, que así se llamaba aquella viuda, pidió un día para contestar, que Cobillón le concedió de grado. Y en aquel día de plazo, un ama seca que fuera del difunto y que andaba en las labores de la casa, le sopló a la viuda si no sería otro demonio el pretendiente. Doña Florinda se confesaba que sólo venteaba rosas, agua franchipana y licor del Polo en aquel galán, cuyas miras de casamiento le derretían las mantecas, que en verdad eran lucidas, blancas y apetitosas, pero no dejaba de imaginar cómo descubrir el engaño, si de verdad lo había en aquel trato. Cobillón, por la chimenea, oyera la conversación de la viuda con el ama seca, y dispuso de todos sus perfumes para no delatarse: se bañó en agua franchipana como solía, lavó los pies con secante de lirio, engomó los rizos con miel de rosas, y para disfrazar los alientos, bebió un frasco de vino de nardo. La viuda le contó a Cobillón el caso del demonio bostezador, y cómo andaban las brujas trastornando sus planes de hacer la ermita de San Ciríaco, y el miedo que ella tenía de ser tentada del demonio mayor y su selección de cornudos. Y con lágrimas en los ojos, y pidiéndole perdón por estar tan enamorada, requirió la viuda a Cobillón a que soltase un viento, a ver a qué olía, Cobillón se hizo rogar, pero viendo que la viuda seguía llorando, y suponiendo él, con su saber de demonio, que el vino aromado que bebiera ya estaría en las tripas bajas, juntó fuerzas y soltó un grande y sonoro meteoro, que tal tamborileó en sus bragas ceñidas como redoble de parada. Y toda aquella cámara se llenó de un dulcísimo aroma de nardo florido, con lo cual la viuda se echó en los brazos del demonio Cobillón. Cobillón la llevó en carroza a Tarragona, y en la espuerta de la carroza iba en dos arcas el oro de la viuda, y ya se veían a lo lejos las torres primadas, cuando Cobillón, entre beso y beso le pidió a doña Florinda que atendiese a un nuevo perfume, y mismo en la nariz aquella tan sutil le soltó una vaharada de azufre, gritándole entre risas que se acostaba con un maligno adoctrinado. La viuda se murió de dolor, sin apearse de la carroza, y Cobillón, con el oro se volvió a París de perfumista.
Cuento esta novela porque fue la primera que leí, y mucho le gustaba a mi amo que la contase, máximo cuando habíamos comido al almuerzo castañas, y en llegando al viento de la carroza yo decía: ¡con perdón de los presentes!, y hacía mi gracia. También la cuento para que se vea en qué fiestas pasábanlos los inviernos en Miranda, cuando venía el tiempo de las nevadas, se cegaba de agua el camino de la vega, y los perros ladraban al lobo que pasaba de día al pie de las casas. ¡Ojalá volvieran tiempos idos!

noviembre 28, 2011

Terry Pratchett. ¡Voto a Bríos!

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 6:02 am
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DeBols!llo, 2009. 400 páginas.
Tit. Or. Jingo. Trad. Javier Calvo.
Terry Pratchett, ¡Voto a Bríos!
Antipatriotismo

Otra novela del mundodisco con la guardia como protagonista (mis preferidas), que tiene su propia entrada en la wikipedia: ¡Voto a Bríos!. Yo la leí hace mucho en traducción no oficial, siguiendo mi esquema habitual.

Ha aparecido una isla entre Ankh-Morpork y la ciudad Klatchiana de Al-Khali. Ambas ciudades intentarán conquistar el territorio, lo que provocará altercados dentro de Ankh-Morpork. El príncipe Khufurah es asesinado y Vimes viajará a Klatch con la misión de detener a su supuesto asesino. Vetinari es depuesto de su cargo y viajará en un curioso artefacto inventado por Leonardo de Quirm.

Los recelos que sienten los habitantes de Ankh-Morpork hacia los klatchianos es un trasunto muy reconocible de la paranoia desatada en muchos países contra los musulmanes. Si los ánimos están exaltados es muy fácil que las situaciones se descontrolen y que gente normalmente pacífica cometa actos de los que se arrepentirá después.

Impagable la escena en la que ofrecen a Vimes ojos de cordero para comer y éste da su opinión sobre el asunto (si quieren saber cual es, lean el libro).

Calificación: Muy bueno (es de Pratchett).

Un día, un libro (89/365)

Extracto:
—¿Cómo? Oh… no es más que algo que solían decir las mujeres a los hombres cuando los mandaban a la guerra. Vuelve con tu escudo o encima de él.
—¿Encima de tu escudo? —dijo Nobby—. ¿Quieres decir… como usándolo de trineo o algo así?
—Como muerto —dijo Angua—. Quería decir: vuelve como vencedor o no vuelvas.
—Bueno, yo siempre vuelvo con el escudo —dijo Nobby—. Por ahí no hay problema.
—Nobby —suspiró Colon—. Tú solías volver con tu escudo, con el escudo de todos los demás, con un saco de dientes y con quince pares de botas todavía calientes. En una carreta.
—Bueeeno, no tiene sentido ir a la guerra si no vas a estar en el bando ganador —dijo Nobby, embutiéndose la pluma blanca en el casco.
—Nobby, tú siempre estabas en el bando ganador, más que nada porque te quedabas escondido a un lado esperando a ver quién ganaba y entonces le afanabas el uniforme bueno a algún pobre fiambre. Yo oí una vez que los generales no le quitaban ojo a lo que tú llevabas, para saber cómo estaba yendo la batalla.
—Muchos soldados han servido en varios regimientos distintos —dijo Nobby.
—No, claro, si tienes razón. Pero normalmente no durante la misma batalla —replicó el sargento Colon.

Y entonces se dio cuenta de por qué estaba pensando así.
Era porque quería que hubiera conspiradores. Era mucho mejor imaginar a un grupo de hombres en una habitación llena de humo, enloquecidos e impulsados al cinismo por el poder y los privilegios, conspirando mientras se bebían su coñac. Uno tenía que aferrarse a aquella clase de imágenes, porque si no tal vez se viera obligado a afrontar el hecho de que las cosas malas pasaban porque la gente normal y corriente, la misma que cepillaba a su perro y contaba cuentos a sus niños en la cama, era capaz de salir después a la calle y hacerle cosas horribles a otra gente normal y corriente. Era mucho más fácil echarles la culpa a Ellos. Resultaba del todo deprimente pensar que Ellos eran Nosotros. Si eran Ellos, entonces nada era culpa de nadie. Pero si éramos Nosotros, ¿qué decía eso de Mí? Al fin y al cabo Yo soy uno de Nosotros. Por fuerza. Ciertamente nunca he pensando en Mí mismo como uno de Ellos. Siempre somos uno de Nosotros. Y son Ellos los que hacen las cosas malas.

noviembre 27, 2011

Tirar la piedra y esconder la mano

Filed under: Noticias — Palimp @ 8:27 pm
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Hace poco Alberto Fernández, creador de la bitácora Cerebros no lavados, denunció la existencia en la Universidad de Girona de un postgrado de arquitectura con un temario bastante pseudocientífico. Después de que el asunto saltara a la prensa, e incluso de que el organizador del curso dijera que la campaña en contra del curso tenía un tono amenazador -cosa que no es cierta- la universidad decidió retirar el postgrado. Pero no contentos con eso, cambiaron el temario, y en El fondo del asunto confrontan los dos temarios de una manera clara:

El juego de las diferencias de la Universidad de Gerona

Desaparece cualquier referencia al Feng-Shui, y clases como ‘Nociones básicas de energética oriental’ se transforman en ‘Nociones básicas físicas: espectro leyes y detección’. Algo bastante estúpido, porque en estos tiempos es fácil acceder a la caché de google, hacer una captura de pantalla, y demostrar que se ha alterado el producto.

Entiendo que una universidad se dedique a montar este tipo de cursos. La crisis aprieta y todo ingreso es bienvenido. Pero no todo vale, y comprometer la seriedad de la universidad con temarios sin validez científica es un juego peligroso. Pero tirar la piedra y esconder la mano es más vergonzoso aún. Además de que cambiar el temario es darle la razón a Alberto; si estuvieran seguros de sus asignaturas no tendrían por qué cambiarlas.

La disyuntiva es curiosa; si anuncian que en un curso dan Feng-Shui, se arriesgan a que los critiquen. Pero si no lo anuncian -aunque luego lo impartan- se arriesgan a que no les venga el público objetivo, lo que todavía es peor.

En cualquier caso un aplauso a Alberto Fernández y a todos los que velan para que el oscurantismo no invada las universidades españolas.

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