Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

diciembre 31, 2011

Nueva Dimensión 6.

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Ediciones Dronte, 1968. 164 páginas.
Nueva Dimensión 6
Clásico

Hace poco me quejaba de la imposibilidad de tener números tempranos de esta revista, y no mucho después pude comprar este número 6, que supongo que será lo más bajo que pueda conseguir, ya que los cinco primeros números ya no se encontraban cuando la revista estaba viva.

Lo singular de este número son la reseña de la primera semana de cine de terror de Sitges, los comentarios sobre la película 2001, recien estrenada, y la novela corta El enigma de otro mundo, de la que todavía no se había hecho la versión cinematográfica más famosa. Es lo que tiene leer cosas de hace 43 años, que hablan de novedades que para ti ya son venerables clásicos.

La lista de contenido sacada de aquí (Nueva dimensión 6):

El Enigma de Otro Mundo, John W. Campbell, Jr.
La Edad de la Benevolencia, Arthur Sellings
Las Paredes, Keith Laumer
Flores en Sus Ojos, Kurt Luif
Un Capítulo de Historia Literaria, Ov.S. Crohmalniceanu
El Sol Naranja, Camil Baciu
El Despertar del Profesor Bern, Vladimir Savchenko
La Gema, H.H. Browning
Sobre el Tiempo y Texas, William F. Nolan
Un Rumano en la Luna, Henric Stahl
¡ Maldito Matasellado !, Paul Wyszkowski
Sueños de Cristal, Marcial Souto Tizón

Calificación: Bueno

Un día, un libro (122/365)

Extracto:
En el humbral aparecieron Norris y Me Ready, y también se veía acudir a otros hombres que tiritaban.
—¿Lo ha visto alguien por aquí? —preguntó Norris, con aire ingenuo—. Tiene un metro y medio de estatura… tres ojos encarnados… los sesos saliéndosele del cráneo. ¿Se cercioró alguien, para asegurarse de que no se trataba de una humorada extravagante? Si es así, creo que todos nos uniremos para atarle a Connant al cuello el animalito de Blair, como el albatros del Ancient Mariner.
—No es una humorada —dijo Connant, estremeciéndose—. Ojalá lo fuera… Yo preferiría llevar…
Se interrumpió. Desde el pasillo llegó un aullido salvaje y alucinante. Los hombres se tornaron rígidos, bruscamente, y se volvieron a medias.
—Creo que lo han localizado —concluyó Connant.
En sus oscuros ojos brillaba un raro malestar. Se lanzó hacia su litera de la Casa del Paraíso y volvió casi inmediatamente con un pesado revólver calibre 45 y un hacha para hielo. Esgrimía ambos cuando se lanzó por el pasillo hacia la sección de los perros.
—Habrá tomado por el pasillo que menos le convenía… y habrá ido a parar entre los perros. Escuchen… Los perros han roto sus cadenas…
El casi aterrorizado aullar de la jauría se había convertido en un salvaje alboroto propio de una cacería. Las voces de los animales retumbaban de una manera atronadora en los angostos corredores, y entre ellos se distinguía un grave gruñido de odio. Un grito penetrante de dolor, una docena de ladridos furiosos.
Connant se lanzó hacia la puerta. Pisán-
dole los talones, lo siguieron McReady, y luego Barclay y el comandante Garry. Otros hombres se lanzaron hacia el edificio de la administración y en busca de armas… a la casa de los trineos. Pomroy, que estaba a cargo de las cinco vacas del Gran Imán, se lanzó por el pasillo en dirección opuesta: tenía en mente una horquilla de dos metros, de largos dientes.
Barclay se detuvo en plena carrera al ver que la gigantesca mole de McReady se apartaba bruscamente del túnel que llevaba a la sección de los perros y desaparecía en un recodo. Con indecisión, el mecánico vaciló durante un instante, con el extintor en las manos, no sabiendo a qué lado correr. Luego, siguió las anchas espaldas de Connant. Sea cual fuere la intención de McReady, se podía confiar en que la pondría en práctica con éxito.
Connant se detuvo en el recodo del pasillo. Su respiración se escapó repentinamente de su garganta, sibilante.
—¡Santo Dios!…
Su revólver se descargó atronadoramen-. te; tres ondas sonoras envaradoras y tangibles retumbaron a lo largo de los angostos pasillos. Otras dos. El revólver cayó sobre la endurecida nieve del rastro y Barclay vio que el hacha para hielo adoptaba una posición defensiva. El vigoroso cuerpo de Connant le bloqueaba la visión, pero más allá oía algo maullante y que reía con una risita demencial. Los perros estaban más tranquilos: había una mortal seriedad en sus graves gruñidos. Escarbaban en la endurecida nieve y las cadenas rotas tin-: tineaban sonoramente.

diciembre 30, 2011

Antonio Romar y Pablo Mazo Agüero. Aquelarre, Antología del cuento de terror español actual.

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Salto de página, 2010. 408 páginas.
Antonio Romar y Pablo Mazo Agüero, Aquelarre, Antología del cuento de terror español actual
Pasaje oscuro

Una recopilación bastante irregular de cuentos de terror. Al principio bien, pero antes de la mitad del libro la calidad baja bastante, aunque por suerte se recupera en los últimos cuentos. En general merece la pena -los cuentos buenos son más que los malos y éstos últimos no lo son tanto- pero uno tiene la sensación de que podría haber estado mejor.

Abunda más el terror psicológico que el monstruo y el ambiente sofocante que el susto, lo que para mí está bien. Algunos son realmente desasosegantes. La lista es la siguiente:

Juan José Plans, La mancha
Cristina Fernández Cubas, El ángulo del horror
José María Latorre, Instantáneas
Pilar Pedraza, Mascarilla
Norberto Luis Romero, El banquete del señorito
José Carlos Somoza, La luz de la noche
Ángel Olgoso, El espanto y otros microrrelatos
David Jasso, Carroñeros del miedo
Juan Ramón Biedma, El escombral
David Torres, Palabras para Nadia
Félix J. Palma, Los arácnidos
Care Santos, Círculo Polar Ártico
José María Tamparillas, Cosecha de huesos
Ismael Martínez Biurrun, Medusas
Santiago Eximeno, Huerto de cruces
Lorenzo Luengo, La cotorra de Humboldt
Emilio Bueso, El hombre revenido
Alfredo Álamo, La cirugía del azar
Marian Womack, Nox Una
Alberto López Aroca, La mercancía
Marc R. Soto, Gatomaquia
Miguel Puente, Caries
José Miguel Vilar-Bou, La luz encendida
Matías Candeira, Exploradores

Calificación: En general, bueno.

Un día, un libro (121/365)

Extracto;
—Las gaviotas no atacan a no ser que se las moleste —el médico desgrana frases como ésta para observar mi conducta. Luego informa de que no hace falta ninguna inyección, la herida es superficial y está limpia.
—Ya le digo que le hemos hecho una primera cura en casa. En realidad ha sido mi mujer la que ha insistido en traerlo, por si acaso.
—Ahá —murmura. Pero nada de «han hecho bien» o «siempre es mejor asegurarse».
Su venganza consiste en retenerme con diez minutos de papeleo antes de salir. Mientras relleno líneas punteadas en el mostrador de admisión, Bernabé se pone a jugar con una muchacha que espera sola y no parece en absoluto enferma. Tiene menos de veinte años y me mira con una gran sonrisa cada vez que Bernabé hace alguna tontería.
—Qué encanto de crío —dice cuando por fin me acerco—. Me lo comería.
Y yo me iría a vivir contigo ahora mismo, pienso. Su cuerpo es algo más que un cuerpo hermoso, es una representación de todo lo que no puedo tener. Al salir por las puertas de cristal vuelvo la cabeza una última vez; la chica corre a abrazar a un muchacho que sale de la consulta con una muñeca vendada. Nada grave. Harán el amor en lo que les cueste llegar a su tienda de campaña. Quizá él decida no utilizar preservativo y la deje embarazada, me digo. Y lo deseo de un modo sádico que me revuelve el estómago.
Cuando estoy atando a Bernabé en su silleta del coche, suena el teléfono.
—Estamos volviendo —le digo a mi mujer. Luego cuelgo como si estuviera conduciendo y no pudiera atenderla ni un segundo más.

diciembre 29, 2011

Quim Monzó. Vuitanta-sis contes.

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Quaderns crema, 2000. 637 páginas.
Quim Monzó, Vuitanta-sis contes
La crema

Ni sé las veces que he leído estos cuentos de Monzó, y no me canso. Uno de mis escritores de cuentos preferidos, que aunque en Cataluña tiene merecida fama, fuera de aquí no es tan conocido. Lo mismo que le pasa a Pere Calders, otro monstruo.

Este volumen contiene una selección de sus libros de cuentos, realizada por el mismo autor. La crema de la crema, vamos. Me ha servido para apartar algunos para las sesiones de narración oral. Cuentos como el que reproduzco al final son para mí canónicos.

Adjunto como siempre la lista completa y la recomendación de que lo lean:

UF, VA DIR ELL
Història d’un amor
En un temps llunyà
Sobre la no compareixença a les cites
Uf, va dir ell
Sobre la volubilitat de l’esperit humà
Splassshf
Fum
Tot de prats als ulls
Underworld
La creació
Sobre la futilitat dels desitjós humans
Noia del mehari
Confidència

OLIVETTI, MOULINEX, CHAFFOTEAUX ET MAURY
Redacció
Thomson, Braun, Corberó, Philíshave
Préssec de poma
La dama salmó
Cacofonia
Globus
El nord del sud
Trucs
Nines russes
To choose
La carta
Quatre quarts
Un cinema
El regne vegetal
Oldeberkoop

L’ILLA DE MAIANS
CARRER DELS DIES FEINERS
Barcelona
Casa amb jardí
Filologia
Febre
No tinc res per posar-me
Ferrocarril

A HANDKERCHIEF OR NECKERCHIEF OF SOFT TWILLED SILK
La filantropia del mobiliari
El segrest
Literatura rural

LA CASA DE LA ESTILOGRÀFICA
Halitosi
Porc bullit amb salsa de rave
No n’estigui tan segur
Anís del Mono
La qualitat i la quantitat

EL PERQUÈ DE TOT PLEGAT

L’honestedat
L’amor
Vida matrimonial
La submissió
El cicle menstrual
La inòpia
La fe
Pigmalió
La immolació
L’enteniment
El determini
L’admiració
Per què les busques dels rellotges giren en el sentit de les busques dels rellotges?
La gelosia
Amb el cor a la mà
La inestabilitat
Sant Valentí
L’eufòria dels troians
Quarts d’una
L’afany de superació
El jurament hipocràtic
La micolo-gia
El gripau
La bella dorment
La monarquia
La fauna
La força de voluntat
La fisonomia
La divina providència
El conte

GUADALAJARA
Vida familiar
A les portes de Troia
Les llibertats helvètiques
Gregor
Fam i set de justícia
El dia de cada dia
La vida és tan curta
El poder de la paraula
La literatura
La força centrípeta
Estratègies
Vida dels profetes
Durant la guerra
Els llibres

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (120/365)

Extracto:
VIDA MATRIMONIAL
Per tal de firmar uns documents, el Zgdt i la Bst (casats des de fa vuit anys) han d’anar a una ciutat llunyana. Hi arriben a mitja tarda. Com que fins l’endemà no podran resoldre l’afer, busquen un hotel on passar la nit. Els donen una habitació amb dos llits individuals, dues tauletes de nit, una taula per escriure (hi ha sobres i paper de carta amb la capçalera de l’hotel, en una carpeta), una cadira i un minibar amb un televisor al damunt. Sopen, passegen pel costat del riu i, quan tornen a l’hotel, cadascun es fica al seu llit i treu un llibre.
Pocs minuts més tard senten que a l’habitació del costat carden. Senten clarament el grinyol del somier, els gemecs de la dona i, més fluix, els esbufecs de l’home. El Zgdt i la Bst es miren, somriuen, fan algun comentari de broma, es desitgen bona nit i apaguen el llum. El Zgdt, calent per la cardada que encara sent a través de la paret, pensa a dir-li alguna cosa a la Bst. Potser ella s’ha posat tan calenta com ell. Podria acostar-s’hi, asseure’s al llit, fer broma sobre els veïns d’habitació i, com aquell qui res, acariciar-li primer els cabells i la cara i, tot seguit, els pits. Molt probablement, la Bst s’hi apuntaria de seguida. Però i si no s’hi apunta? i si li enretira la mà i fa petar la llengua o, pitjor encara, li diu: «Noen tinc ganes»? Fa anys no hauria dubtat. Hauria sabut, just abans d’apagar el llum, si la Bst en tenia ganes, si els gemecs de l’habitació del costat l’havien encès o no. Però ara, amb tants anys de teranyines al damunt, res no és clar. El Zgdt es gira de costat i es masturba procurant no fer gens de fressa.
Deu minuts després d’haver acabat, la Bst li pregunta si dorm. El Zgdt li diu que encara no. A l’habitació del costat ja no gemeguen; ara hi ha una conversa en veu baixa i rialles soterrades. La Bst s’aixeca i va cap al llit del Zdgt. Aparta els llençols, s’hi estira i comença a acariciar-li l’esquena. La mà baixa de l’esquena fins a les natges. Sense prou coratge per dir-li que s’acaba de masturbar, el Zgdt li diu que no en té ganes. La Bst deixa d’acariciar-lo, hi ha un silenci breu, llarguíssim, i se’n torna al seu llit. Ell sent com aparta els llençols, com s’hi fica dins, com es regira. A cada regirada, al Zgdt se li multipliquen els remordiments per haver-se masturbat sense haver intentat abans saber si la Bst voldria cardar. Se sent, a més, culpable de no haver-li dit la veritat, çiTan poca confiança es tenen, tan estranys són ja l’un per l’altre, que ni això no li pot dir? Precisament per demostrar que no són del tot estranys, que encara hi ha una espurna de confiança, que potser poden revifar la foguera, agafa coratge, es gira cap a ella i li confessa que fa uns minuts s’ha masturbat perquè pensava que ella no tindria ganes de cardar. La Bst no diu res.
Minuts després, el Zgdt suposa, pels sorolls disimulats que li arriben, que la Bst es masturba. El 22clt sent una tristesa immensa, pensa que la vida és grotesca i injusta, i esclata a plorar. Plora contra el coixí, enfonsant-hi la cara tant com pot. Les llàgrimes són abundants i calentes. I quan sent que la Bst ofega el gemec final contra el tou de la mà, xiscla amb un xiscle que és el xiscle que ella es mossega.

diciembre 28, 2011

Otros escritores se suman a la postura de Lucía Etxebarría

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Hace poco la escritora Lucía Etxebarría afirmaba que dejaría de escribir por culpa de la piratería (noticia). A la bola de nieve que se desató en internet hay que añadir ahora otro efecto dominó: más de cien autores populares se han unido a este movimiento, que algunos -con sorna- han empezado a llamar el síndrome Bartleby-Sparrow

Mientras el gobierno no haga nada por defender nuestros derechos, nos declaramos en huelga de bolis caídos ha afirmado Ruíz Zafón, que también ha visto un descenso acusado de sus ventas. El movimiento no es local y escritores de la talla de Dan Brown o Ken Follet se han manifestado afirmando que seguirán el ejemplo de Lucía. Estamos completamente desprotegidos, afirman.

Una nueva edad de oro

Los editores están preocupados: Si el ejemplo cunde nos veremos obligados a editar autores de menor tirada, aunque de mayor calidad. Un ejecutivo de Planeta advierte de los peligros: Podría conducirnos a una nueva edad de oro de las letras, y nos obligaría a editar cosas decentes. Si la gente educa el gusto la infección podría extenderse al cine o la televisión, No descarto que tengamos que quitar programas del corazón si la cosa sigue así, ha declarado un directivo de Telecinco, alarmado por la noticia, ya hemos contratado una serie de documentales de animales carroñeros y alimañas salvajes, para que la transición sea suave.

La industria en peligro

Si las editoriales estaban sufriendo ante la amenaza del libro electrónico, esta huelga puede terminar de hundirlos. Grandes nubarrones se ciernen sobre la industria cultural, cada vez más cercada por la piratería y los formatos digitales. Desde este humilde cuchitril animamos a todos aquellos que estén descargando libros de estos escritores a que dejen de hacerlo. Sólo de imaginar un mundo sin Pilares de la tierra o Alquimistas se me ponen los pelos de punta.

Actualización: Algunas veces acertamos hasta sin quererlo: Ruiz Zafón suspende la venta de sus novelas en formato ebook.

Brian Goodwin. Las manchas del leopardo.

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Tusquets, 1998. 308 páginas.
Tit. Or. How the leopard change its spots. Trad. Ambrosio García Leal.
Brian Goodwin, Las manchas del leopardo
Entorno

A veces uno lee cosas con las que está basicamente de acuerdo, pero la manera de explicarlo del autor hace que sólo te salten pegas. Te produce la sensación curiosa de estar atacando tus propias ideas por culpa de otro. Algo así me ha pasado con este libro.

La premisa básica es que los genes no lo explican todo. Los organismos se mueven en un entorno que determina la posible funcionalidad de los mismos, así que en muchas ocasiones un gen se limita a dar unas instrucciones cuyo resultado sufrirá muchas variaciones dependiendo de como se desarrolle.

Hoy en día, con el genoma de muchas especies completamente secuenciado y con la epigenética en auge, es algo que se da básicamente por supuesto. Las instrucciones del ADN no sólo se complementan con las restricciones físicas, también hay genes que se activan o no dependiendo de las células de la madre, los recursos disponibles, etcétera.

En este aspecto podemos decir que el autor tenía razón hace ya 13 años. Sin embargo, las razones que expone no son convincente y, en algunos casos, incluso son bastante criticables. Llega a afirmar lo siguiente:

Los nuevos tipos de organismos simplemente irrumpen en la escena evolutiva, persisten durante periodos de tiempo variables y luego se extinguen. Así pues, el supuesto darwiniano de que el árbol de la vida es consecuencia de la acumulación gradual de pequeñas diferencias hereditarias no parece estar sustentado por una evidencia significativa. Algún otro proceso debe ser el responsable de las propiedades emergentes de la vida, los rasgos distintivos que separan un grupo de organismos de otro —peces y anfibios, gusanos e insectos, colas de caballo y gramíneas—. Queda claro que falta algo. La teoría de Darwin parece ser válida para la evolución a pequeña escala: puede explicar las variaciones y adaptaciones intraespecíficas responsables del ajuste fino de las variedades a los diferentes hábitats. Pero las diferencias morfológicas a gran escala entre los tipos orgánicos, que son el fundamento de los sistemas de clasificación biológicos, parecen requerir otro principio distinto de la selección natural que opera sobre pequeñas variaciones, algún proceso que haga surgir formas orgánicas claramente diferenciadas. El problema es cómo surgen las estructuras orgánicas innovadoras, el orden evolutivo emergente, que ha sido siempre un foco de atención primario en biología.

No es el primero en criticar a Darwin, ni será el último, pero no da muchos argumentos para desconfiar del mecanismo aceptado de la evolución.

Si a esto le sumamos un tonillo de vender la moto el total nos deja un libro que defiende cosas correctas por los motivos equivocados y que, aun siendo interesante de leer, deja bastante que desear.

Calificación: Normal.

Extracto:Comenzaré señalando algunas de las inconsistencias que surgen de las ideas de Darwin y Weismann, así como del trabajo de Mendel y toda una hueste de continuadores de la obra de todos ellos en este siglo. Algunas de estas inconsistencias ya han sido consideradas en el capítulo 1, y otras serán consideradas después.
1. La proposición de que «el juego de cromosomas en el huevo fecundado constituye el conjunto completo de instrucciones para determinar la cronología y detalles de la formación del corazón, el sistema nervioso central, el sistema inmunitario y todos los demás órganos y tejidos requeridos para la vida» (C. Delisi, 1988) es incorrecta. Estas instrucciones, que definen un programa genético, pueden determinar la composición molecular de un organismo en cualquier momento de su desarrollo, pero son insuficientes para explicar el proceso que conduce a un corazón, un sistema nervioso, un miembro o cualquier otro órgano del cuerpo. La razón es, como vimos en el capítulo 1, que el conocimiento de la composición molecular de algo no es, en general, suficiente para determinar su forma. Esto es física elemental. Para explicar las formas que puede adoptar un sistema hace falta conocer también los principios de organización implicados. Sólo entonces se puede comprender la influencia de la composición molecular en el desarrollo de una forma particular. La morfología de los organismos no puede explicarse sólo por la acción de sus genes. Una de las manchas distintivas del leopardo se desvanece.
2. El ADN de un organismo no es autorreplicante; no es un «replicador» independiente. El ADN no puede replicarse de forma fiel y completa fuera del contexto de una célula en división; lo que quiere decir que es la célula la que se reproduce. En un experimento clásico, Spiegelman (1967) demostró lo que pasa con un sistema replicador en un tubo de ensayo, sin ninguna organización celular alrededor. Las moléculas replicantes requieren una fuente de energía, elementos de construcción (las bases nucleotídi-cas; véase figura 1.1) y un enzima que propicie el proceso de polimerización implicado en la copia de las plantillas moleculares. Pero el resultado interesante fue que estas plantillas iniciales no eran copiadas fielmente. Las secuencias copiadas se iban haciendo cada vez más cortas, hasta alcanzar la mínima longitud compatible con la retención de la propiedad de autocopiado. A medida que se acortaban, el proceso de copiado se aceleraba. De esta forma se produjo una selección natural: las plantillas más cortas, que se copiaban a sí mismas más rápido que las otras, se hicieron más numerosas, mientras que las más largas fueron desapareciendo gradualmente. Esto se parece a una evolución darwiniana dentro de un tubo de ensayo. Pero lo interesante es que esta evolución condujo a un incremento de la simplicidad. La evolución real tiende a incrementar la complejidad, con especies cada vez más elaboradas en cuanto a estructura y comportamiento (aunque el proceso puede invertirse). Pero el ADN solo no puede evolucionar más que hacia la simplicidad. Para que pueda evolucionar la complejidad, el ADN tiene que estar en un contexto celular; es el sistema en su totalidad el que evoluciona como una unidad reproductora. Así pues, la noción de un replicador autónomo es otra mancha del leopardo que resulta ser una abstracción incorrecta, y también se desvanece.

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