Cuchitril Literario

Julio 4, 2008

David Lagmanovich. Varios autores. La otra mirada.

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Menos cuarto ediciones, 2005. 334 páginas.

La Otra Mirada
Antología del microrrelato hispánico

Tal como explica David Lagmanovich el microrrelato -o minificción- cobra altura en el siglo XX. No es que antes no los hubiera, pero es en el mundo moderno, con nuestras prisas urbanas, cuando los escritores buscan la condensación máxima: menos es más. No hace mucho la revista Wired pidió a treinta escritores que escribieran un cuento en no más de seis palabras (Lo leí en Apostillas literarias, que nos mandaba a un artículo en Letras Libres). Algunos de los resultados no estaban mal:

Steven Meretzky propuso “Muy confundido, leyó su propio obituario” (He read his obituary with confusion); Bruce Sterling escribió “Era muy caro seguir siendo humano” (It cost too much staying human), y Ben Bova puso “Salvó al mundo volviendo a morir” (To save humankind he died again), los que podrían ser, además, brillantes inicios de novela. En cuanto a la ya mencionada Atwood, empleando una audaz elipsis jugó con la lógica secreta que vincula dos hechos o noticias: “Hallan cadáver incompleto. Médico compra yate” (Corpse parts missing. Doctor buys yatch).

Pero ninguno a la altura del microrrelato de Hemingway que inspiró la idea: “For sale: baby shoes, never worn”, cuya traducción puede ser todavía más corta pero igual de impactante: Vendo patucos, sin usar. No podrían imaginar lo triste que me parece.

Aunque los hay más cortos, el arquetipo para los lectores hispanoamericanos es el del dinosaurio de Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí.

No quiero olvidarme de citar la bitácora Cuentos de cien palabras, en la que Jordi Cebrián ha publicado una cantidad enorme de cuentos con exactamente cien palabras, entre los que se encuentran joyas como la siguiente:

Libros letales

Me leyeron el futuro, y me informaron de cual iba a ser el último libro que leería antes de morir. Se trataba de una obra menor de Joyce, quien nunca me había interesado. Pese a todo, me hice el firme propósito de no leer jamás, por si acaso, nada de ese autor.

Han pasado muchos años. Conocí a una mujer excepcional, de la que me enamoré. Es doctorada en literatura, especializada en Joyce, e insiste en que debo conocer toda su obra. Me avergoncé de contarle mis miedos, y, por amor, arriesgo la vida leyendo los libros que me recomienda.

El libro reune a una gran cantidad de escritores junto con dos o tres relatos mínimos. Divididos en cuatro partes, empieza con los precursores e iniciadores, entre los que están Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez o Alfonso Reyes, sigue con los clásicos -no podían faltar Borges, Cortázar y Monterroso y con la sección Hacia el microrrelato contemporáneo -con autores de la talla de Ana maría Matute, Max Aub y Virgilio Piñera- y acaba con el microrrelato hoy, con una gran cantidad de autores entre los que están Mario Benedetti, Javier Tomeo, Juan José Millás, Cristina Peri Rossi, Eduardo Galeano o Antonio Di Benedetto.

No todos tienen la misma calidad, pero el conjunto es muy atractivo. Para degustar poco a poco.

Escuchando: Ese Viejo Rock & Roll. Revólver.


Extracto:[-]

El hijo de la lavandera

Al hijo de la lavandera le tiraban piedras los niños del administrador porque iba siempre cargado con un balde lleno de ropa, detrás de la gorda que era su madre, camino de los lavaderos. Los niños del administrador silbaban cuando pasaba, y se reían mucho viendo sus piernas, que parecían dos estaquitas secas, de esas que se parten con el calor, dando un chasquido. Al niño de la lavandera daban ganas de abrirle la cabeza pelada, como un melón-cepillo, a pedradas; la cabeza alargada y gris, con costurones, la cabeza idiota, que daba tanta rabia. Al niño de la lavandera un día lo bañó su madre en el barreño, y le puso jabón en la cabeza rapada, cabeza-sandía, cabeza-pedrus-co, cabeza-cabezón-cabezota, que había que partírsela de una vez. Y la gorda le dio un beso en la monda lironda cabezorra, y allí donde el beso, a pedrada limpia le sacaron sangre los hijos del administrador, esperándole escondidos, detrás de las zarzamoras florecidas.

Este tipo es una mina

No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros.

De L’Osservatore

A principios de nuestra Era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

Esa hormiga

Esa hormiga odiaba al león. Tardó diez mil años pero se lo comió todo, poco a poco, sin que él se diera cuenta.

Sobre libros no hay nada escrito

Reunir tantos libros, estudiar tanto murmura el ahora ex estudiante, mientras la patrulla deletrea títulos y el jefe dictamina con un dedo para que vengan de pronto cuatro milicos a quemar lo que quieran, y todavía cuadrándose, con cada veredicto, a la orden cabo Gutenberg..

En defensa del oficio

Los que no escriben saben que escribir es fácil. Que para ello sólo es necesario un jardín, una mujer y un hombre que, por alguna circunstancia de la vida, ha olvidado la cita. Los que no escriben saben que eso es suficiente para escribir una novela o un cuento, según si en medio del hombre y la mujer interviene un tercero con intenciones de contrariarlo todo. De eso dependen la extensión y la intención de la historia. Sin embargo, los que escriben piensan todo lo contrario, y si se empeñan en estar horas enteras frente a la página en blanco, quemándose las pestañas y la sesera, creando largos e intrincados argumentos, es sólo porque quisieran encontrar, finalmente, esa verdad que de tan buena fuente saben los que no escriben.

La niña

La niña llegó en el barco de carga. Tenía la naricilla gorda, hinchada, y los ojos de otro color que los suyos. En el pecho le habían puesto una tarjeta que decía: “Sabe hablar algunas palabras en español. Quizá alguien español la quiera”.
La quiso un español y se la llevó a su casa. Tenía mujer y seis hijos, tres nenas y tres niños.
—¿Y qué sabes decir en español, vamos a ver?
La niña miraba al suelo.
—¿Ser nice? —Y todos se reían—. Me custa el soco-late. —Y todos se burlaban.
La niña cayó enferma. “No tiene nada”, decía el médico. Pero se estaba muriendo. Una madrugada, cuando todos estaban dormidos y algunos roncando, la niña se sintió morir. Y dijo:
—Me muero. ¿Está bien dicho?
Pero nadie la oyó decir eso. Ni ninguna cosa más. Porque al amanecer la encontraron muda, muerta en español.

Junio 30, 2008

Roberto Bolaño. El Secreto del mal.

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Editorial Anagrama, 2007. 186 páginas.

Roberto Bolaño, El Secreto del mal
Retazos

En 2007 los admiradores de Bolaño hemos tenido la alegría de ver la publicación de dos libros: La universidad desconocida, recopilación de su obra poética y este El secreto del mal, fragmentos y bocetos de relatos rescatados del ordenador del autor.

Como siempre, aquí tienen la lista de los cuentos -o fragmentos- incluídos en el libro:

La colonia Lindavista
El secreto del mal
El viejo de la montaña
El hijo del coronel
Sabios de Sodoma
La habitación de al lado
Laberinto
Derivas de la pesada
Crímenes
No sé leer
Playa
Músculos
La gira
Daniela
Bronceado
Muerte de Ulises
El provocador
Sevilla me mata
Las Jornadas del Caos

Algunos están completos -y no son inéditos- como Playa. Otros, pese a su estado fragmentario, funcionan bien tal y como están -un ejemplo podría ser Muerte de Ulises (aunque también podría ser el inicio de toda una novela)-. Los más son apenas esbozos que se truncan inesperadamente en lo mejor dejándonos en el vacío -y la sensación, extraña, no deja de tener su interés-: El secreto del mal es uno de ellos.

Este libro me provoca sentimientos contradictorios. Por un lado me parece excesiva la publicación de un libro como éste. Como si se intentara aprovechar el tirón Bolaño para vender lo más posible. Pero por otro no sólo lo he comprado, sino que lo he disfrutado y agradezco su publicación. ¿Me convierte esto en un necrófago?

Muy recomendable para todos los bolañistas. El resto, mejor abstenerse.

Escuchando: Teenage Queen. The Real Pros


Extracto:[-]

Hoy, que está tan de moda hablar de los nihilistas, aunque cuando se habla de éstos la gente se refiere a los terroristas musulmanes, que precisamente de nihilistas no tienen nada de nada, no estaría de más visitar la obra de un verdadero nihilista. El problema con Lamborghini es que se equivocó de profesión. Mejor le hubiera ido trabajando como pistolero a sueldo, o como chapero, o como sepulturero, oficios menos complicados que el de intentar destruir la literatura. La literatura es una máquina acorazada. No se preocupa de los escritores. A veces ni siquiera se da cuenta de que éstos están vivos. Su enemigo es otro, mucho más grande, mucho más poderoso, y que a la postre la terminará venciendo, pero ésa es otra historia.

Los amigos de Lamborghini están condenados a plagiarlo hasta la náusea, algo que acaso haría feliz al propio Lamborghini si pudiera verlos vomitar. También están condenados a escribir mal, pésimo, excepto Aira, que mantiene una prosa uniforme, gris, que en ocasiones, cuando es fiel a Lamborghini, cristaliza en obras memorables, como el cuento «Cecil Taylor» o la nouvelle Cómo me hice monja, pero que en su deriva neovanguardista y rousseliana (y absolutamente acrítica) la mayor parte de las veces sólo es aburrida. Prosa que se devora a sí misma sin solución de continuidad. Acriticismo que se traduce en la aceptación, con matices, ciertamente, de esa figura tropical que es la del escritor latinoamericano profesional, que siempre tiene una alabanza para quien se la pida.

De estas tres líneas, las tres líneas más vivas de la literatura argentina, los tres puntos de partida de la pesada, me temo que resultará vencedora aquella que representa con mayor fidelidad a la canalla sentimental, en palabras de Borges. La canalla sentimental, que ya no es la derecha (en gran medida porque la derecha se dedica a la publicidad y al disfrute de la cocaína y a planificar el hambre y los corralitos, y en materia literaria es analfabeta funcional o se conforma con recitar versos del Martín Fierro) sino la izquierda, y que lo que pide a sus intelectuales es soma, lo mismo, precisamente, que recibe de sus amos. Soma, soma, soma Soriano, perdóname, tuyo es el reino.

Arlt y Piglia son punto y aparte. Digamos que es una relación sentimental y que lo mejor es dejarlos tranquilos. Ambos, Arlt sin la menor duda, son parte importante de la literatura argentina y latinoamericana y su destino es cabalgar solos por la pampa habitada por fantasmas. Allí, sin embargo, no hay escuela posible.

Corolario. Hay que releer a Borges otra vez.

Junio 24, 2008

Sergi Pàmies. La gran novel·la sobre Barcelona.

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Quaderns crema, 1997. 140 páginas.

Sergi Pàmies, La gran novel·la sobre Barcelona
El mundo al revés

Sigo impertérrito devorando libros de Sergi Pàmies: mi carcácter metódico y algo cuadriculado me lo impone. Un libro de cuentos de 1997 -no se dejen engañar por el título- que incluye los siguientes:

Nadala

La noche de navidad un famoso es reclamado por su ligue, que le da una desagradable sorpresa: está embarazada.

La set

El protagonista del cuento tiene grandes problemas con la bebida: es abstemio.

Llista de la compra

Un hombre de ordenadas costumbres ve en el supermercado a una mujer idéntica a Virginia Woolf.

Fraternitat

Reproducido al final de la entrada.

La Música clàssica

Un domingo que no tiene nada que hacer Abel decide hacerse homosexual.

Llit de matrimoni

Si tu mujer siempre te interrumpe cuando hablas, al final llega un momento en que dejarás de hacerlo.

Deu paràgrafs

Una escritora escribe un cuento sobre una mujer que cose un botón.

Romeo i Julieta

Una pareja se conoce en una fiesta: flechazo instantáneo. Arrebatados por la pasión escapan de la fiesta.

La próxima estació

El maquinista de un tren se jubila y en su útlimo día, cuando pasa cerca de un prado donde siempre está la misma vaca….

La maduresa

El protagonista es un cascarrabias: todo le molesta. Pero descubre que, de repente, ya no es así.

L’Hemisferi Sud

Un tio se monta en un taxi, se deja llevar por las circunstancias y se mete en unas aventuras inverosímiles.

Suite

Leyendo una entrevista sobre Elton John el protagonista cambiará su vida.

El sistema Mètric decimal

Un camarero contempla como un cliente mide todo: la mesa, los platos, la nota…

Amigdalitis

El edificio de oficinas dónde trabaja el protagonista va desapareciendo poco a poco.

La gran novela sobre Barcelona

Rodajas de Barcelona van pasando; nos detenemos en la oficina de objetos perdidos dónde uno de los funcionarios ha encontrado el manuscrito de una novela, decide leerla, la novela presenta fragmentos de Barcelona…

El tema de muchos de los cuentos es la inversión de lo cotidiano, aunque los resultados difieren: La set me parece bastante flojo, y aunque La Música clàssica y Suite tienen su gracia no son lo mejor del libro. Cuando toca el registro lírico, como en Fraternitat se supera a sí mismo.Llit de matrimoni, Deu paràgrafs y Romeo i Julieta son de lo mejor del libro, y el broche final lo pone La gran novela sobre Barcelona, cerrando muy bien el círculo de todo el libro.

En conjunto Pàmies es un escritor al que tengo que seguir recomendando.

Escuchando: Bienvenidos. Miguel Rios.


Extracto:[-]

Nací porque mi hermano mayor insistió mucho. Mis padres siempre comentaban que, durante un tiempo, les hizo la vida imposible. Les decía a todas horas: «Quiero un hermano», con la misma tozudería que explotaba para conseguir un juguete o un helado. La prueba de que fue eficaz es que, unos meses más tarde, nací yo. Quizá por eso de vez en cuando me pregunto cuánta gente debe de haber nacido porque un hermano convenció a sus padres (que habían decidido no tener más hijos) de que engendraran a otro. Parado en la acera de una calle transitada, observo las caras de la gente. Busco alguna señal, una marca que los identifique como personas nacidas gracias a la insistencia de un hermano: una determinada manera de caminar o un lunar en la mejilla derecha (como el que yo tengo y que no tiene nadie más en la familia). También siento curiosidad por saber si tuvo que insistir mucho.

Y entonces lamento no habérselo preguntado cuando todavía era posible. Y me emociono, claro, como hoy, que he ido al cementerio para visitar su tumba, justo al lado de la de mis padres. No me he puesto a hablar con él, como veo que hacen otros visitantes con sus muertos. Sé que le habría parecido ridículo. Callo, pues, aunque me repito mentalmente: «Me gustaría que estuvieses vivo.» Me lo repito más de cincuenta veces, más de cien, porque, aunque sé que no lo resucitaré, me da la impresión de que le devuelvo el favor que él me hizo insistiendo.

Junio 9, 2008

Sergi Pàmies. L’ultim llibre de Sergi Pàmies.

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Quaderns crema, 2000. 148 páginas.

PamiesUltimolibro
Los últimos serán los primeros

Como las golondrinas de Becquer los libros de Pàmies retornan a la biblioteca y allí estoy yo para sacarlos en préstamo. Como Sísifo en su tarea, yo también retorno al gimnasio para ver si consigo mejorar mi figura. Me lo llevé para leerlo mientras hacía ejercicios y casi me lo acabo. Nueve relatos de los que, como es habitual, aquí tienen la lista:

El Preu
L’Oceà Pacífic
La Fama
La Bèstia
Les Dues Cares De La Mateixa Moneda
El Futur
La Màquina De Fer Pessigolles
La Popularitat
Cobertura

Un ejecutivo que cada vez que escucha un CD en su coche muere el intérprete, alguien que no se parece a nadie en una ciudad donde todos se parecen a alguien, un cazador que encontrará a una extraña bestia y dos personajes públicos víctimas de los rumores son algunos de los personajes que pueblan estas páginas. Quizá no todos sean redondos pero la calidad media es muy alta.

Personalmente me quedo con La Màquina De Fer Pessigolles, que pueden leer al final y Cobertura. Pámies es un maestro en retratar en un par de páginas emociones extremas, sobre todo de desamparo. La lectura de La Màquina… me enrojeció los ojos en pleno gimnasio, lo que no quedó muy viril que digamos.

Me sigue gustando lo que voy leyendo de Sergi Pàmies. Lo seguiré haciendo y, por supuesto, reseñando.

Escuchando: Concierto para violín n.º 5, 2. Mozart.


Extracto:


LA MÀQUINA DE FER PESSIGOLLES

La penúltima vegada que el pare va entrar a la llibreria de la plaça—d’això fa un any— va ser amb la seva filla. Cada diumenge, venien a comprar-hi el diari i, de passada, xafardejaven per la secció de llibres infantils. ‘Fullejaven volums il•lustrats amb cocodrils vermells, conills blaus, girafes verdes, i al pare l’admirava aquesta obsessió per canviar el color de les coses: taronges grogues, plàtans roses, pomes morades. De tant en tant, se n’enduien un. A la filla li feia il•lusió portar el llibre fins al taulell, deixar-lo al costat de la caixa i esperar que la dependenta—sempre la mateixa—el fiqués dins d’una bossa i li digués alguna cosa. Un dia, la dependenta li va regalar un ou de xocolata embolicat amb paper de plata. La criatura el va dur a la mà com un trofeu i no el va obrir fins que van arribar a casa. De diumenge en diumenge, aquesta cerimònia es va anar convertint en una tradició. Amb una insistència que incomodava una mica el pare—sobretot quan només compraven el diari—, la filla es plantava davant del taulell esperant—amb el silenci d’algú que tot just comença a parlar i els ulls ben oberts—rebre l’ou que la dependenta li donava.

Fins que va passar el que va passar.

El pare no va tornar a la llibreria. Durant mesos, va haver de refer-se, medicar-se, trobar el nord. De tant en tant, una ventada d’abatiment ho destruïa tot i calia tornar a començar: bafarades de passat que, organitzades en emboscada, l’atacaven amb imatges d’una nitidesa insultant, com quan recordava el dia que van inventar el joc de la màquina de fer pessigolles. El pare la perseguia movent els dits de les mans com si fossin les potes d’una aranya, s’acostava a la criatura, l’aixecava enlaire i, imitant la veu d’un monstre televisiu, deia: «Compte amb la màquina de fer pessigolles!» I ella en demanava més i reia amb una riallada que el pare no tornarà a sentir mai més. D’això fa un any, encara que li sembli que n’hagin passat trenta.

Ahir, però, va haver de tornar a la llibreria. S’havia compromès a comprar un llibre per un amic que fa anys—la vida continua, no es cansen de repetir-li-ho—i, com que ho havia anat deixant fins a l’últim moment, no li va quedar més remei que passar per un dels pocs llocs oberts en diumenge. En el moment d’entrar-hi, va desitjar que, com a mínim, la dependenta no fos la mateixa. També va prometre’s no acostar-se a la secció de llibres infantils i posar en pràctica tots els consells de la gent que, de bona fe, ha intentat ajudar-lo. La dependenta era la mateixa. El va saludar com si de debò s’alegrés de veureli li va preguntar per la nena. Fent el cor fort, el pare va mantenir un somriure de circumstàncies travat als llavis, fins que, entre dents, va aconseguir mentir:

—Està una mica constipada. S’ha quedat a casa.

Amb una amabilitat que ell no esperava, la dependenta li va oferir un ou de xocolata:

—Té. Dóna-l’hi de part meva.

Va sortir de la llibreria sense el llibre que havia anat a comprar. Va entrar al cotxe. Va mirar l’ou. Abans que els dits li tremolessin massa, el va desembolicar procurant no trencar-lo i, a poc a poc, se’l va anar menjant. Senscgana. Incapaç de guardar-lo, perquè li hauria recordat massa la filla. Incapaç de llençar-lo, perquè li hauria semblat una traïció a la seva memòria intensa, perdurable.

Mayo 26, 2008

Jordi H. Rofa, Josep Melero, Joan Vigó y Sr. X. A dues Llengües i quatre mans.

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Edicions El Portal, 2008. 176 páginas.

A dues llengües i quatre mans
Cahondeo

Hay un vecino en la blogosfera cuya escalera está muy concurrida. Pueden verlo en Malerudeveuret. El 27 de mayo presentarán este libro y a mí me apetecía leerlo. Uno lleva tiempo siguiendo esa bitácora y sabe que de ahí pueden salir muchas cosas buenas.

Así es. A dues Llengües i quatre mans es una serie de relatos pornohumorísticos escrito al alimón entre los cuatro componentes de Progula. Uno empieza la historia y la va pasando al resto de componentes, que la continúan. Cada cual escribe en catalán o castellano, según lo considere y el resultado son unas historias delirantes con quiebros sorprendentes y mucho sentido del humor.

Cumplen su definición perfectamente. Son humorísticas, porque te arrancan verdaderas carcajadas. Lo estaba leyendo en la fila del banco y tuve que dejarlo porque no me aguantaba la risa. Son pornográficas porque animan los órganos genitales. Tuve que dejar de leerlo en el metro porque me ponían de muy buen humor :)

Hay escenas impagables: el pajillero impenitente, el medium gigoló, el record gayness de sodomías… No tarden, busquen el libro en su librería más cercana y prepárense para pasar un buen rato… en más de un sentido.

Buenísimo.

Mañana se presenta el libro en l’original. No falten.


Extracto:[-]

El momento de tomar tierra ya estaba cerca. Tal era la emoción que sentía en aquellos instantes que le sorprendieron los últimos tres o cuatro metros de la operación en caída libre.

Los entumecidos músculos de Santo Tomás de Torquemada no supieron reaccionar ante el tremendo batacazo que siguió a la caída. Tras unos instantes de vacilación, el santo reaccionó irguiéndose sobre sus pies, que reconocieron la casi olvidada presa de la gravedad, después de quinientos años levitando a la vera del Señor. Su vista se depositó de inmediato sobre sus propias manos. En ellas vio las manos curtidas de un hombre de unos treinta o cuarenta años y eso le complació: “Gracias, Señor, por esta dosis de juventud”. Acto seguido, observó su vestimenta, compuesta por su sempiterno hábito blanco cubierto por la capa negra que abrazaba sus hombros y parte del pecho. “Para in sécula”, pensó el santo, sumido en un instante de gozo. Sus temblorosas manos recorrieron su rostro, que reconoció como el de aquel Primer Inquisidor General de España, él mismo, tantos años atrás. Le alegró también comprobar que su cabellera era como la de entonces, luciendo la tonsura coronilla, es decir, una corona de pelo que rodeaba, a la altura de la frente, el resto de una cabeza vacía de cabellos.

Tras esta obligada introspección física, Santo Tomás de Torquemada pasó a ocuparse de su entorno. Frente a él todo era playa y mar. Una playa en la que no había un alma. Una playa vacía. Acababa de amanecer, sin duda, y no entendía el santo cómo no habían acudido ya los pescadores a iniciar sus labores. Se volvió y contempló con estupor las enormes edificaciones, como grandes templos, que presidían lo que debía ser una avenida principal. Sin embargo, tampoco allí parecía haber nadie.
Se volvió hacia el disco solar, que emergía lentamente, indeciso, al Este sobre las rocas. Hincó sus rodillas en la arena y, entrelazando sus manos, adoptó la posición que había sabido mantener tan divinamente los últimos cinco siglos. Se sintió mejor y se dispuso a meditar sobre el papel que de él se esperaba en esa villa. Fue su Señor quien decidió que fuera él el que visitase la tierra con la finalidad de valorar la evolución que había sufrido la Fe durante estos últimos siglos. Sin embargo, le extrañaba el hecho de que le propusieran para la misión dos santos que ni él mismo conocía. Tanto San Voltaire como San Groucho Marx habían pensado en él y eso le llenaba de orgullo. También ellos habían pensado en la villa de Lloret de Mar como destino adecuado para sus observaciones, insistiendo reiteradamente ambos en que la reencarnación se produjese en el mes de agosto, como finalmente había sucedido. Recordando las caras sonrientes de los dos santos en el momento de su partida, pensó Santo Tomás de Torquemada que tal vez no les había agradecido suficientemente la confianza que habían depositado en él y decidió dedicarles setenta años de víspera y letanías, tarea que comenzó en ese preciso instante.
Tuvo que ser un pelotazo en su sudorosa cara lo que le hiciera abrir los ojos al santo, abandonando así su divina absorción bajo aquel sol bíblico.

—I’m sorry —fueron las palabras de la impía criatura de cabellos rubios con los pechos al descubierto y con un pequeño trapo como única vestimenta que se encontraba a menos de un metro de él.

—¡Hereje! —exclamó el santo cruzando los brazos ante su propio rostro evitando así aquella visión.

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