Cuchitril Literario

Junio 24, 2008

Sergi Pàmies. La gran novel·la sobre Barcelona.

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Quaderns crema, 1997. 140 páginas.

Sergi Pàmies, La gran novel·la sobre Barcelona
El mundo al revés

Sigo impertérrito devorando libros de Sergi Pàmies: mi carcácter metódico y algo cuadriculado me lo impone. Un libro de cuentos de 1997 -no se dejen engañar por el título- que incluye los siguientes:

Nadala

La noche de navidad un famoso es reclamado por su ligue, que le da una desagradable sorpresa: está embarazada.

La set

El protagonista del cuento tiene grandes problemas con la bebida: es abstemio.

Llista de la compra

Un hombre de ordenadas costumbres ve en el supermercado a una mujer idéntica a Virginia Woolf.

Fraternitat

Reproducido al final de la entrada.

La Música clàssica

Un domingo que no tiene nada que hacer Abel decide hacerse homosexual.

Llit de matrimoni

Si tu mujer siempre te interrumpe cuando hablas, al final llega un momento en que dejarás de hacerlo.

Deu paràgrafs

Una escritora escribe un cuento sobre una mujer que cose un botón.

Romeo i Julieta

Una pareja se conoce en una fiesta: flechazo instantáneo. Arrebatados por la pasión escapan de la fiesta.

La próxima estació

El maquinista de un tren se jubila y en su útlimo día, cuando pasa cerca de un prado donde siempre está la misma vaca….

La maduresa

El protagonista es un cascarrabias: todo le molesta. Pero descubre que, de repente, ya no es así.

L’Hemisferi Sud

Un tio se monta en un taxi, se deja llevar por las circunstancias y se mete en unas aventuras inverosímiles.

Suite

Leyendo una entrevista sobre Elton John el protagonista cambiará su vida.

El sistema Mètric decimal

Un camarero contempla como un cliente mide todo: la mesa, los platos, la nota…

Amigdalitis

El edificio de oficinas dónde trabaja el protagonista va desapareciendo poco a poco.

La gran novela sobre Barcelona

Rodajas de Barcelona van pasando; nos detenemos en la oficina de objetos perdidos dónde uno de los funcionarios ha encontrado el manuscrito de una novela, decide leerla, la novela presenta fragmentos de Barcelona…

El tema de muchos de los cuentos es la inversión de lo cotidiano, aunque los resultados difieren: La set me parece bastante flojo, y aunque La Música clàssica y Suite tienen su gracia no son lo mejor del libro. Cuando toca el registro lírico, como en Fraternitat se supera a sí mismo.Llit de matrimoni, Deu paràgrafs y Romeo i Julieta son de lo mejor del libro, y el broche final lo pone La gran novela sobre Barcelona, cerrando muy bien el círculo de todo el libro.

En conjunto Pàmies es un escritor al que tengo que seguir recomendando.

Escuchando: Bienvenidos. Miguel Rios.


Extracto:[-]

Nací porque mi hermano mayor insistió mucho. Mis padres siempre comentaban que, durante un tiempo, les hizo la vida imposible. Les decía a todas horas: «Quiero un hermano», con la misma tozudería que explotaba para conseguir un juguete o un helado. La prueba de que fue eficaz es que, unos meses más tarde, nací yo. Quizá por eso de vez en cuando me pregunto cuánta gente debe de haber nacido porque un hermano convenció a sus padres (que habían decidido no tener más hijos) de que engendraran a otro. Parado en la acera de una calle transitada, observo las caras de la gente. Busco alguna señal, una marca que los identifique como personas nacidas gracias a la insistencia de un hermano: una determinada manera de caminar o un lunar en la mejilla derecha (como el que yo tengo y que no tiene nadie más en la familia). También siento curiosidad por saber si tuvo que insistir mucho.

Y entonces lamento no habérselo preguntado cuando todavía era posible. Y me emociono, claro, como hoy, que he ido al cementerio para visitar su tumba, justo al lado de la de mis padres. No me he puesto a hablar con él, como veo que hacen otros visitantes con sus muertos. Sé que le habría parecido ridículo. Callo, pues, aunque me repito mentalmente: «Me gustaría que estuvieses vivo.» Me lo repito más de cincuenta veces, más de cien, porque, aunque sé que no lo resucitaré, me da la impresión de que le devuelvo el favor que él me hizo insistiendo.

Junio 9, 2008

Sergi Pàmies. L’ultim llibre de Sergi Pàmies.

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Quaderns crema, 2000. 148 páginas.

PamiesUltimolibro
Los últimos serán los primeros

Como las golondrinas de Becquer los libros de Pàmies retornan a la biblioteca y allí estoy yo para sacarlos en préstamo. Como Sísifo en su tarea, yo también retorno al gimnasio para ver si consigo mejorar mi figura. Me lo llevé para leerlo mientras hacía ejercicios y casi me lo acabo. Nueve relatos de los que, como es habitual, aquí tienen la lista:

El Preu
L’Oceà Pacífic
La Fama
La Bèstia
Les Dues Cares De La Mateixa Moneda
El Futur
La Màquina De Fer Pessigolles
La Popularitat
Cobertura

Un ejecutivo que cada vez que escucha un CD en su coche muere el intérprete, alguien que no se parece a nadie en una ciudad donde todos se parecen a alguien, un cazador que encontrará a una extraña bestia y dos personajes públicos víctimas de los rumores son algunos de los personajes que pueblan estas páginas. Quizá no todos sean redondos pero la calidad media es muy alta.

Personalmente me quedo con La Màquina De Fer Pessigolles, que pueden leer al final y Cobertura. Pámies es un maestro en retratar en un par de páginas emociones extremas, sobre todo de desamparo. La lectura de La Màquina… me enrojeció los ojos en pleno gimnasio, lo que no quedó muy viril que digamos.

Me sigue gustando lo que voy leyendo de Sergi Pàmies. Lo seguiré haciendo y, por supuesto, reseñando.

Escuchando: Concierto para violín n.º 5, 2. Mozart.


Extracto:


LA MÀQUINA DE FER PESSIGOLLES

La penúltima vegada que el pare va entrar a la llibreria de la plaça—d’això fa un any— va ser amb la seva filla. Cada diumenge, venien a comprar-hi el diari i, de passada, xafardejaven per la secció de llibres infantils. ‘Fullejaven volums il•lustrats amb cocodrils vermells, conills blaus, girafes verdes, i al pare l’admirava aquesta obsessió per canviar el color de les coses: taronges grogues, plàtans roses, pomes morades. De tant en tant, se n’enduien un. A la filla li feia il•lusió portar el llibre fins al taulell, deixar-lo al costat de la caixa i esperar que la dependenta—sempre la mateixa—el fiqués dins d’una bossa i li digués alguna cosa. Un dia, la dependenta li va regalar un ou de xocolata embolicat amb paper de plata. La criatura el va dur a la mà com un trofeu i no el va obrir fins que van arribar a casa. De diumenge en diumenge, aquesta cerimònia es va anar convertint en una tradició. Amb una insistència que incomodava una mica el pare—sobretot quan només compraven el diari—, la filla es plantava davant del taulell esperant—amb el silenci d’algú que tot just comença a parlar i els ulls ben oberts—rebre l’ou que la dependenta li donava.

Fins que va passar el que va passar.

El pare no va tornar a la llibreria. Durant mesos, va haver de refer-se, medicar-se, trobar el nord. De tant en tant, una ventada d’abatiment ho destruïa tot i calia tornar a començar: bafarades de passat que, organitzades en emboscada, l’atacaven amb imatges d’una nitidesa insultant, com quan recordava el dia que van inventar el joc de la màquina de fer pessigolles. El pare la perseguia movent els dits de les mans com si fossin les potes d’una aranya, s’acostava a la criatura, l’aixecava enlaire i, imitant la veu d’un monstre televisiu, deia: «Compte amb la màquina de fer pessigolles!» I ella en demanava més i reia amb una riallada que el pare no tornarà a sentir mai més. D’això fa un any, encara que li sembli que n’hagin passat trenta.

Ahir, però, va haver de tornar a la llibreria. S’havia compromès a comprar un llibre per un amic que fa anys—la vida continua, no es cansen de repetir-li-ho—i, com que ho havia anat deixant fins a l’últim moment, no li va quedar més remei que passar per un dels pocs llocs oberts en diumenge. En el moment d’entrar-hi, va desitjar que, com a mínim, la dependenta no fos la mateixa. També va prometre’s no acostar-se a la secció de llibres infantils i posar en pràctica tots els consells de la gent que, de bona fe, ha intentat ajudar-lo. La dependenta era la mateixa. El va saludar com si de debò s’alegrés de veureli li va preguntar per la nena. Fent el cor fort, el pare va mantenir un somriure de circumstàncies travat als llavis, fins que, entre dents, va aconseguir mentir:

—Està una mica constipada. S’ha quedat a casa.

Amb una amabilitat que ell no esperava, la dependenta li va oferir un ou de xocolata:

—Té. Dóna-l’hi de part meva.

Va sortir de la llibreria sense el llibre que havia anat a comprar. Va entrar al cotxe. Va mirar l’ou. Abans que els dits li tremolessin massa, el va desembolicar procurant no trencar-lo i, a poc a poc, se’l va anar menjant. Senscgana. Incapaç de guardar-lo, perquè li hauria recordat massa la filla. Incapaç de llençar-lo, perquè li hauria semblat una traïció a la seva memòria intensa, perdurable.

Mayo 26, 2008

Jordi H. Rofa, Josep Melero, Joan Vigó y Sr. X. A dues Llengües i quatre mans.

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Edicions El Portal, 2008. 176 páginas.

A dues llengües i quatre mans
Cahondeo

Hay un vecino en la blogosfera cuya escalera está muy concurrida. Pueden verlo en Malerudeveuret. El 27 de mayo presentarán este libro y a mí me apetecía leerlo. Uno lleva tiempo siguiendo esa bitácora y sabe que de ahí pueden salir muchas cosas buenas.

Así es. A dues Llengües i quatre mans es una serie de relatos pornohumorísticos escrito al alimón entre los cuatro componentes de Progula. Uno empieza la historia y la va pasando al resto de componentes, que la continúan. Cada cual escribe en catalán o castellano, según lo considere y el resultado son unas historias delirantes con quiebros sorprendentes y mucho sentido del humor.

Cumplen su definición perfectamente. Son humorísticas, porque te arrancan verdaderas carcajadas. Lo estaba leyendo en la fila del banco y tuve que dejarlo porque no me aguantaba la risa. Son pornográficas porque animan los órganos genitales. Tuve que dejar de leerlo en el metro porque me ponían de muy buen humor :)

Hay escenas impagables: el pajillero impenitente, el medium gigoló, el record gayness de sodomías… No tarden, busquen el libro en su librería más cercana y prepárense para pasar un buen rato… en más de un sentido.

Buenísimo.

Mañana se presenta el libro en l’original. No falten.


Extracto:[-]

El momento de tomar tierra ya estaba cerca. Tal era la emoción que sentía en aquellos instantes que le sorprendieron los últimos tres o cuatro metros de la operación en caída libre.

Los entumecidos músculos de Santo Tomás de Torquemada no supieron reaccionar ante el tremendo batacazo que siguió a la caída. Tras unos instantes de vacilación, el santo reaccionó irguiéndose sobre sus pies, que reconocieron la casi olvidada presa de la gravedad, después de quinientos años levitando a la vera del Señor. Su vista se depositó de inmediato sobre sus propias manos. En ellas vio las manos curtidas de un hombre de unos treinta o cuarenta años y eso le complació: “Gracias, Señor, por esta dosis de juventud”. Acto seguido, observó su vestimenta, compuesta por su sempiterno hábito blanco cubierto por la capa negra que abrazaba sus hombros y parte del pecho. “Para in sécula”, pensó el santo, sumido en un instante de gozo. Sus temblorosas manos recorrieron su rostro, que reconoció como el de aquel Primer Inquisidor General de España, él mismo, tantos años atrás. Le alegró también comprobar que su cabellera era como la de entonces, luciendo la tonsura coronilla, es decir, una corona de pelo que rodeaba, a la altura de la frente, el resto de una cabeza vacía de cabellos.

Tras esta obligada introspección física, Santo Tomás de Torquemada pasó a ocuparse de su entorno. Frente a él todo era playa y mar. Una playa en la que no había un alma. Una playa vacía. Acababa de amanecer, sin duda, y no entendía el santo cómo no habían acudido ya los pescadores a iniciar sus labores. Se volvió y contempló con estupor las enormes edificaciones, como grandes templos, que presidían lo que debía ser una avenida principal. Sin embargo, tampoco allí parecía haber nadie.
Se volvió hacia el disco solar, que emergía lentamente, indeciso, al Este sobre las rocas. Hincó sus rodillas en la arena y, entrelazando sus manos, adoptó la posición que había sabido mantener tan divinamente los últimos cinco siglos. Se sintió mejor y se dispuso a meditar sobre el papel que de él se esperaba en esa villa. Fue su Señor quien decidió que fuera él el que visitase la tierra con la finalidad de valorar la evolución que había sufrido la Fe durante estos últimos siglos. Sin embargo, le extrañaba el hecho de que le propusieran para la misión dos santos que ni él mismo conocía. Tanto San Voltaire como San Groucho Marx habían pensado en él y eso le llenaba de orgullo. También ellos habían pensado en la villa de Lloret de Mar como destino adecuado para sus observaciones, insistiendo reiteradamente ambos en que la reencarnación se produjese en el mes de agosto, como finalmente había sucedido. Recordando las caras sonrientes de los dos santos en el momento de su partida, pensó Santo Tomás de Torquemada que tal vez no les había agradecido suficientemente la confianza que habían depositado en él y decidió dedicarles setenta años de víspera y letanías, tarea que comenzó en ese preciso instante.
Tuvo que ser un pelotazo en su sudorosa cara lo que le hiciera abrir los ojos al santo, abandonando así su divina absorción bajo aquel sol bíblico.

—I’m sorry —fueron las palabras de la impía criatura de cabellos rubios con los pechos al descubierto y con un pequeño trapo como única vestimenta que se encontraba a menos de un metro de él.

—¡Hereje! —exclamó el santo cruzando los brazos ante su propio rostro evitando así aquella visión.

Mayo 21, 2008

Luis Sepúlveda. Patagonia Express.

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Editorial Tusquets, 1995, 1999, 2001, 2004. 180 páginas.

Luis Sepúlveda, Patagonia Express
Viaje al fin del mundo

El primer libro de Luis Sepúlveda fue Mundo del fin del mundo. No sabía que el autor era famoso, lo leí porque lo editaba Tusquets y no me gustó nada. Después leí su famosa novela El viejo que leía novelas de amor, que es bastante mejor, pero que a mí me pareció por debajo de su publicidad.

Pero nadie se puede resistir a que le regalen un libro dedicado con sello de la ciudad de Ushuaia, la más austral del planeta. Patagonia Express es la historia de un viaje, un viaje interminable entre la tierra del fuego, el amazonas, andalucía… la historia de esa ruta personal que es la vida.

En ocasiones me ha recordado a Pérez-Reverte -y no para bien- con ese aire de personas de que han vivido de todo, mitad chulo, mitad cínico. Incluso hay una referencia a la Moleskine, ahora tan cool:

Recuerdo todo esto mientras espero sentado sobre un barril de vino, frente al mar, en el sur del mundo, y tomo notas en una libreta de hojas cuadriculadas que Bruce me obsequió justamente para este viaje. Y no se trata de una libreta cualquiera. Es una pieza de museo, una auténtica Mo-leskín, tan apreciada por escritores como Céline o Hemingway, y que ya no se encuentran en las papelerías. Bruce sugirió que antes de usarla hiciera como él: primero numerar las hojas, luego anotar en la contratapa por lo menos dos direcciones en el mundo y, finalmente, prometer una recompensa a quien devolviera la libreta en caso de pérdida. Cuando le comenté que todo eso me parecía demasiado inglés, Bruce respondió que, justamente gracias a esa clase de medidas de precaución, los ingleses conservan la ilusión de ser un imperio; en cada colonia grabaron a sangre y fuego la idea de la pertenencia a Inglaterra y, cuando las perdieron, a cambio de una pequeña recompensa económica, las recuperaron bajo el eufemismo de la Comunidad Británica de Naciones.

Las Moleskín provenían de las manos de un artesano encuadernador de Tours cuya familia venía fabricándolas desde comienzos de siglo, pero, una vez muerto el artesano, ninguno de sus descendientes quiso continuar con la tradición. Nadie debe lamentarse por ello. Son las reglas del juego impuestas por una pretendida modernidad que día a día va eliminando ritos, costumbres y detalles que muy pronto recordaremos con nostalgia.

Seguro que ahora ya no las utiliza :) .

Autobiográfica y sincera, de momento es el libro que más me ha gustado del autor. Los personajes que aparecen conforman una fauna curiosa y atractiva. Lo confieso; el final del libro consiguió enternecerme. Éste, lo recomiendo, pero con el resto de su producción, tengan cuidado.

Escuchando: Heaven’s In Your Eyes. Louis Eliot.


Extracto:[-]

Un día de junio de 1976 se acabó el viaje a ninguna parte. Gracias a las gestiones de Amnistía Internacional salí de la cárcel, y aunque rapado y con veinte kilos menos, me llené los pulmones con el aire denso de una libertad limitada por el miedo a perderla nuevamente. Muchos de los compañeros que quedaron dentro fueron asesinados por los militares. Mi gran orgullo es saber que no olvido ni perdono a sus verdugos. He obtenido muchas y bellas satisfacciones en mi vida, pero ninguna se compara con la alegría que da abrir una botella de vino al saber que alguno de esos criminales fue ametrallado en una calle. Entonces levanto la copa y digo: «Un hijo de puta menos, ¡viva la vida!».

A algunos de mis compañeros que sobrevivieron los he encontrado por el mundo, a otros no los volví a ver, pero todos ocupan un lugar de preferencia en mis recuerdos.
Un día, a fines de 1985, en un bar de Valencia me topé sorpresivamente con Gálvez. Me contó que vivía en Italia, en Milán, que tenía la nacionalidad italiana y cuatro bellísimas hijas, todas italianas. Luego del abrazo largo y llorado nos largamos a charlar de los viejos tiempos, y naturalmente que la gallina fue parte del tema.

—Que en paz descanse —dijo Gálvez—. Fui el último de los antiguos que salió en libertad, a finales del setenta y ocho, y la llevé conmigo. Vivió feliz y gorda en mi casa de Los Angeles hasta que murió de vieja. Está enterrada en el jardín bajo una lápida que dice: «Aquí yace Dulcinea, señora de caballeros imposibles, emperatriz de ninguna parte».

Mayo 16, 2008

Varios autores. Parábola de los talentos.

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Editorial Gens, 2006. 220 páginas.

Parábola de los talentos
De lo bueno lo mejor

Ya reseñé este libro en Papel en blanco y por eso ha tardado en aparecer por aquí. Tanto que lo he vuelto a leer con el mismo placer que la primera vez. Parábola de los talentos es una antología de relatos de autores inéditos o poco conocidos pero muy bien escogidos.

La primera felicitación es para el editor. El cuento es el gran maltratado por el sector editorial en este país. Los autores desconocidos no animan precisamente las ventas. Un libro como éste es casi un acto de fe, fe en que la calidad tiene un valor al margen de modas o ventas. Hay que agradecerle también el buen ojo en la selección de autores. Aquí tienen la lista:

Matías Candeira
María José Codes
José Delclaux
Aldara Fernández de Córdova
Elena González
Elena del Hoyo
Ignacio Jáuregui
Julio Jurado
Juan Carlos Márquez
Inés Mendoza
José Luis Pereira
Enrique Triana

Me sorprendió la alta calidad media de los relatos, teniendo en cuenta los pestiños que se publican por ahí de autores más consagrados. Un libro que empieza con tres relatos de Matías Candeira comienza con buen pie. Cada cual tendrá su gusto, pero a mí me han llamado la atención Tarta de frambuesas de José Delclaux, donde la aparente normalidad de un desayuno de buena familia esconde su escasa moralidad, Carnaval de Elena González, de emociones contenidas, Las preposiciones de Blint de Juan Carlos Márquez, construido de manera impecable y de un resultado espectacular, La cuchara y Piso interior de Enrique Triana, relatos muy diferentes -casi postapocalíptico el primero, totalmente realista el segundo- pero igualmente teñidos de amargura.

Como ya he dicho, el resto están a la altura y si he destacado estos es más por cuestión de gusto que de calidad. Búsquenlo en su librería o pídanlo a la editorial. No se arrepentirán.

Escuchando: Music Is the Victim. Scissor Sisters.


Extracto:[-]

De 17.00 a 18.30 horas Lickmaner permanece junto a Blint en las instalaciones de la Piscina Municipal de Diorguen. Las cinco o seis primeras ocasiones ambos se mantienen de pie, charlando de naderías al otro lado de la gruesa cristalera junto a las madres y abuelos que siguen con entusiasmo las evoluciones natatorias de sus hijos y nietos respectivos. Blint jamás hace ademán de mirar el agua en el transcurso de ese primer periodo de aproximación, pero, al menos, (y este es un detalle que ilusiona sobremanera a Lickmaner) tolera la cercanía de esta sin sufrir vértigos ni ataques de ansiedad reseñables.

Desde que el delegado del Gobierno Herber van Aubert diera luz verde con su silbato a la inundación de Strimbergein, el chico no ha vuelto a tener contacto directo con el agua salvo el preceptivo para mitigar la sed. Para asearse (siempre en una intimidad rigurosa con el objeto de no alertar a sus padres), se las apaña con una esponja húmeda y jabonosa, la cual desliza de arriba abajo por su piel blanquísima con notoria repugnancia. Como nunca emplea el agua necesaria para un aclarado correcto, a resultas de esa pertinencia, su piel va degenerando hasta convertirse en un territorio reseco, escamado e indómito.

Durante las siguientes semanas Lickmaner logra que el chico se siente en el graderío contiguo a la piscina olímpica, de espaldas al agua y al bullicio, y, a excepción de una crisis achacable a la visión nítida del reflejo ondulante del agua en la cristalera, Blint soporta la nueva situación con cierto aplomo. Los sábados y los domingos por la tarde, en ausencia de Lickmaner, son Bor y Valiak quienes acompañan a su hijo. Cubierto por albornoces de cachemir, el trío suele matar el rato jugando a los naipes; si bien en ocasiones, para cumplir con algún encargo urgente, Valiak dedica parte de la tarde a zurcir calcetines. Ante tan estrafalaria actitud, el resto de usuarios reacciona con un asombro solo equiparable al espectáculo hipnótico que deparan varios bebés dando sus primeras brazadas en una piscina aledaña.

En marzo, de camino a la piscina con Blint, sucede algo que pone sobre aviso a Lickmaner. De manera repentina comienza a caer una lluvia Hgera y, lejos de contrariarse y de buscar refugio inmediato bajo un alero o una marquesina como es su costumbre, el chico se empapa con naturalidad, sin ninguna clase de aspavientos. Hasta la fecha ese es el primer síntoma revelador de que el trauma puede llegar a remitir, y Lickmaner no quiere pasar por alto el atisbo de oportunidad. Minutos más tarde, no sin denuedo, el profesor logra que su pupilo y paciente se coloque por primera vez en muchos meses bajo una ducha. La situación, en cualquier caso, sigue siendo de palpitante anormalidad. La cara del chico está muy pálida, casi parece transparente a la luz de los focos fluorescentes del techo. Las piernas le flaquean. Un reguero.de sudor frío zigzaguea por su mejilla izquierda. Lickmaner teme que, en cuanto presione el botón de acero e irrumpa el chorro de agua, Blint caerá desmayado.

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