Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

enero 29, 2012

Jennifer Ouellette. Cuerpos negros y gatos cuánticos.

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Jennifer Ouellette, Cuerpos negros y gatos cuánticos
La física al alcance de todos
Belacqua, 2008. 392 páginas.
Tit.Or. Black bodies and quantum cats. Trad. Luz Freire.

Me llevé prestado este libro de la biblioteca con mucho entusiasmo; la divulgación científica me encanta y últimamente me engancha más que un superventas. Pero el prólogo me dejó un poco frío. La autora no es física y se disculpa de antemano de los errores que pueda cometer. Malo, porque si los expertos ya se equivocan a veces, un profano hablando de mecánica cuántica puede liarla parda.

Pero no, me equivocaba por completo. El rigor es absoluto, no se dice nada incorrecto y la autora no sólo es amena y clara, también tiene talento. La prueba es que aunque la mayor parte de las cosas que aquí explica ya las sabía, he disfrutado mucho con su lectura.

El libro es una serie de artículos sobre diferentes descubrimientos e inventos científicos, cronológicamente ordenados. Para explicar conceptos utiliza comparaciones con elementos de la cultura popular, películas, personajes de cómics, etcétera. Además tienen sabor; la autora sabe como tocar la fibra del lector.

Entre los temas, además de los clásicos teoremas o descubrimientos científicos, se incluyen inventos como las montañas rusas, que servirán de entretenimiento tanto a los lectores no acostumbrados a la divulgación, como a los que sí, por la novedad. A mi me han resultado muy interesantes.

Si uno posee una cultura científica básica es probable que este libro no le diga nada nuevo, pero lo que dice lo dice muy bien y merece la pena leerlo. Y si no la posee es un excelente medio para adquirirla.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (151/365)

Extractos:
La mayor parte de las primeras críticas a su obra provinieron de colegas en astronomía como Tycho Brahe, un noble danés nacido en 1546. La vida de Brahe está marcada por dos extraños incidentes. Llevaba atada a la cabeza una nariz falsa de plata, pues había perdido parte de su propia nariz cuando le fue cortada en un duelo. También sufrió una muerte muy rara. Dice la leyenda que mientras cenaba con el emperador de Dinamarca, Brahe sintió la necesidad de orinar, pero hubiera sido un acto muy grosero levantarse de la mesa antes que el rey. Así pues, se le reventó la vejiga y falleció unos días después; quizá la única persona en la historia que murió a causa de la buena educación.


Se cree que el pintor holandés Jan Vermeer (1632-1675) utilizó la cámara oscura. El dibujante y litógrafo estadounidense Joseph Pennell ya había especulado sobre esta posibilidad en 1891, y a modo de prueba mencionó la «perspectiva fotográfica» de algunos cuadros de Vermeer. Otros observadores han notado que Vermeer parece reproducir ciertos efectos «fuera de foco», como en su tratamiento de los toques de luz: la reflexión de la luz en superficies brillantes. Acerca de dónde pudo haber aprendido óptica, se sabe que su contemporáneo Antoni van Leeuwenhoek, experto en microscopios, vivía en Delft, a unas pocas calles de la casa de Vermeer. Algunos estudiosos han sugerido incluso que Leeuwenhoek sirvió de modelo para dos cuadros de Vermeer de temas científicos: El astrónomo y El geógrafo. En ambos, el modelo se parece de modo singular a retratos conocidos de Leeuwenhoek.


Era un acto muy convincente, pero a la larga Mesmer despertó las sospechas del rey Luis XVI; quizá irritado por el apego servil de su mujer hacia el médico, nombró una comisión especial en 1784 para investigar los métodos de Mesmer. La comisión incluía a Ben-jamin Franklin (por entonces el experto más reconocido en electricidad), Antoine Lavoisier (descubridor del oxígeno) y al notorio doctor Guillotin, que al final perdería su propia cabeza en el aparato que lleva su nombre. (Los revolucionarios franceses no carecían del sentido de la ironía.) Uno de los discípulos más importantes de Mesmer llevó a cabo varias «demostraciones» del magnetismo animal en la casa de Franklin en París, con resultados catastróficos para Mesmer. Con los ojos vendados, los pacientes no podían determinar siquiera si el «mesmerizador» estaba presente, y la comisión resolvió que las «curas» de Mesmer eran el resultado de una impresionante teatralidad unida a la imaginación del paciente. Después del enorme desprestigio, Mesmer se recluyó en Suiza, donde vivió en la sombra.


Babbage era una de esas personas que la gente ama o detesta. Entre sus seguidores estaban Charles Darwin y Ada Lovelace, hija del poeta romántico Lord Byron, que comprendió la importancia de las «máquinas pensantes» aun cuando sus contemporáneos lo ridiculizaban. Entre los detractores, estaban la madre de Ada y el poeta Thomas Carlyle, que en una oportunidad describió a Babbage como «una mezcla de sapo y víbora». Es cierto que Babbage podía ser fastidioso, e incluso pomposo a veces, y tenía el don de pro-mocionarse a sí mismo de modo solapado, pero también podía ser encantador cuando quería. Amaba los números y le fascinaban hasta el cansancio los detalles insignificantes, y reunió una colección de «libros de chistes» para analizar científicamente la «causa del ingenio». Imagínense al comediante Jerry Seinfeld interrumpiendo su monólogo a cada minuto para explicarle al público por qué fue gracioso un chiste. Babbage no podía evitarlo. En Cambridge, había cofundado la Sociedad Analítica —en esencia, el primer club de matemáticas colegiado— y una vez, como «diversión», ideó una serie de tablas de mortalidad, que constituyen hoy en día un instrumento básico de las industrias aseguradoras modernas. («Un hombre con tanto talento para los números e inclinación por el halago estaba destinado a terminar en seguros de vida», dijo en son de burla el historiador Benjamín Woolley en La novia de la ciencia?) Babbage incluso descifró el código «Vigenere» alrededor de 1854, lo que se creía imposible; muchos historiadores consideran esta hazaña como el descubrimiento más importante en criptoanalisis desde el siglo ix. De todos modos, éstas eran meras fruslerías. Su verdadero interés estaba en otra parte.

enero 18, 2012

Jesús Cuadrado. Psicopatología de la viñeta cotidiana.

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Jesús Cuadrado, Psicopatología de la viñeta cotidiana
Glenat, 200. 460 páginas.
Con voz propia

Cuando compré este libro (a buen precio, por cierto) pensé que o bien era muy interesante, o bien un ladrillo. Lo que no me imaginaba es que iba a ser las dos cosas.

Ladrillo porque Jesús Cuadrado habla con un lenguaje propio lleno de alusiones que para entenderlas hay que saber de quién se está hablando. Como es una recopilación de artículos y algunos son bastante antiguos vaya usted a saber a qué se refiere el autor.

Interesante porque lo que se puede descifrar nos presenta una visión lúcida y muy particular del mundo del cómic. Leyéndolo parece que se ha ganado muchos enemigos y no es de extrañar, porque no es hombre de pelos en la lengua.

No me arrepiento de su lectura, aunque se me ha hecho muy cuesta arriba.

Calificación: Ladrillo interesante.

Un día, un libro (140/365)

Extracto:
Por el futuro, ni un duro
Estaba allí, el compa, con un mochilón azulado y montañero y me pensé que le habían tocado los ciegos (o algún conseller cultural, que viene a ser la misma cosa) y que se iba a llevar, de una tacada, todos los tebeos de la tienda (incluida la colé Relatos del Nuevo Mundo), pero no; tan sólo estaba de acampada cursiva.
O sea, y voy al principio (que luego, el Cels, gran literato, acúsame de oscuridad textual): como cada lunes, a eso de la una peeme, estaba yo tostoneando a Eolo (uno de la línea clara, fracción Douglas Sirk, y que se parece un poco a Benito el Breve, pero que sabe leer) en una tienda de tebeos de Madrid que dirige, dicen, el impulsor del hoy hibernado, ay, Tribulete (observad, compás, que no doy pistas para hacer publicidades encubiertas y descaradas: respetuoso me levanté hoy, véase), y me lanzaba ya a la mesa de novedades para devorar el segundo número de Nómada (todos mis allegados, afines y delfines, saben de mi devoción por esta serie auténtica revolución gráfica, apabullante producto cultural, ejemplo del no va más narrativo, verdadera escuela de la neoguionación, en fin, la monda; que no duermo, vamos), cuando me encontré a David Muñoz, el Acraverde, junto a su compa Nacho Cabezas (no, el primo, no, que Nacho también sabe leer), ambos cargados con el mochilón, ya os dije, azul (no falangista, que yo sepa). Y me enteré de que, como cuatro horas después, empezaría una feroz guardia a codazos y soplamocos para matricularse en su facultad.
O sea, reprincipio. David y Nacho son unos recompas que llevan un programa —Adicción— en una emisora de radio —Onda Verde— de un barrio mercadero (que no matancero) del Madrid de mis ligues (que no del Matanzos), con broncas (que sí del Matanzos) y fríos (que no sé). Cada lunes, como a las dieciocho peeme, se sientan (me han dicho que hay sillas) y encaran los micros (me han dicho que hay dos y medio) para comunicar novedades (que nadie les manda), comentar festivales (viajan por su cuenta y apechugan con su riesgo), encadenar entrevistas (algunos historietis-tas y críticos condescienden) y notificar aconteceres del mundillo (todo se lo traducen, sonorizan, escriben y montan ellos solitos, sin más protección que la de San Bakunin, a quien el Dios Negro nos guarde y conserve por muchas eras, en estos tiempos de advenedizos y reculones).

La estricnina y los violones
Y, para colmo, se las dan de progres y nos dejan fuera a casi todos; nos dejan como mirando a la derecha. A todos los que no estamos de acuerdo con ellos, a los que no compramos con devoción sus mentiras, sus seudonoticias, sus amarillismos. Y eso que empezaron como avanzadilla, los de Diario 16, digo. Lo último ha sido lo del Rabo, menudo golfo. Es un tipo que, se supone, va de artista plástico (de cauchos, más bien), y, cuando así va, firma como Álvarez Plágaro (menuda plaga; piojoso, o así); pero, como las pelas no le llegan con lo de la tela de conejo, desciende a hacer historietas y firma como Álvarez Rabo; para despistar y porque le da como vergüenza.
Así es que el tipo, a requerimiento del comisario de la exposición Nuevas Viñetas, el Hernández Cava, se compromete a hacer una historieta. Pero esta expo va de nuevos riesgos estéticos, de vértigos formales, de compromisos personales con el medio, que no de panfletitos fanzineros; que así es la cosa.
Que la Historieta, en el terruño, está mal, muy mal; invadida por los usacos y desprovista de casi todo apoyo estatal, no puede ya arriesgarse en aventuras radicales y rompedoras como hace, exactamente, diez años: cuando estaban los Cairo o los Madriz. Ya no nos quedan tebeos inteligentes (porque los tebeos también pueden ser inteligentes, no más que otras artes o medios, pero tampoco menos). Y, de aquellos tiempos (y de antes, mucho antes que el Rabo jugara, pobre, a acragüito), nos queda el Cava, un guionista que es ya Historia en nuestros tebeos y el hombre que se inventó el Madriz y nos regaló Medios Revueltos; y ahora, cada año y desde cuatro, con el apoyo escénico del arquitecto Jesús Moreno (otra inteligencia amordazada), rescata para el público inquieto (que aún queda), para el nuevo lector (que alguno habrá), incluso para el no enterado (mogollón), páginas nuevas de autores nuevos. Y todo con una mínima defensa de un centro oficial: el Instituto de la Juventud, una de las divisiones del Ministerio de Asuntos Sociales. Todo muy por los pelos, bien es cierto, pero ahí están las cuatro convocatorias y un montón de páginas publicadas, en labor paralela, en la revista Injuve.

enero 12, 2012

Ramon Solsona. Ull de bou.

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Quaderns crema, 1995. 222 páginas.
Ramon Solsona, Ull de bou

No conocía nada del autor, llegó a mis manos a través de la basura, en unas cajas que contenían libros muy interesantes, señal de que pertenecían a la biblioteca de alguien con gusto.

Es una recopilación de artículos periodísticos, y aunque suelo huir de este tipo de libros reconozco que me ha gustado mucho, y que se encuentran pequeñas joyas. Por culpa de uno de los artículos estuve buscando el portal de las ramblas donde los tacones de las prostitutas habían dejado marca.

Ahora al ver la contraportada veo que hay una continuación con artículos humorísticos, Ull de vaca. Será cuestión de hacerse con él.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (134/365)

Extracto:
SIDA I ABSTINÈNCIA SEXUAL
L· arquebisbe de Barcelona dedicava la seva darrera glossa dominical a la sida. Ho feia amb un sol argument: l’abstinència sexual és l’única manera d’evitar la malaltia. I recolza l’afirmació sobre unes referències que van des de Màgic Johnson fins a l’Organització Mundial de la Salut.
L’absència d’altres consideracions al voltant de la sida, l’apologia de la continència com a única garantia recorda la vella cançó: el sexe és pecat. Mentre uns sectors de la societat insisteixen en la prevenció i malden per no tenyir d’apocalipsi les relacions sexuals, altres fan sonar les trompetes perquè tothom sàpiga que s’ha acabat el bròquil de la permissivitat, que un càstig diví està posant les coses al seu lloc. L’homosexualitat ha arribat massa lluny; el matrimoni és l’únic reducte, natural i limitat, on es foguegen les passions. Això no ho diu el senyor arquebisbe, però la seva glossa destil·la aquest esperit.
([Sexe segur? Ni això: no sexe. La jerarquia eclesiàstica, que tan obsessivament ha predicat contra el sexe, se sent amb una aura profètica: «({Ho veieu? Ja us ho dèiem i no ens volíeu creure: el sexe mata.» Introduint la repugnància i el fàstic en la sexualitat, fins i tot la reproducció humana serà una proesa. És com aconsellar no fer cap esport per no prendre mal.
què és dolent el sexe? Quan el món ja fa molts anys que ha digerit les relacions pre-matrimonials, els bisbes encara posen obstacles a les maritals. Quan els adolescents accedeixen al sexe sense informació ni precaució, els bisbes diuen que no els ha arribat l'edat. El sexe és plaer i aquest és el vell tabú. Se'l reprova dient que el plaer és la perversió de l'esperit, materialisme vil. Doncs miri, senyor bisbe, tinc l'absoluta convicció que em relaciono amb moltes persones, catòliques i no catòliques, que no tenen un concepte pecaminós del sexe i no tinc a ningú per pervers. No parlo de dis-bauxats, sinó de gent madura i entenimentada.
No dubto gens ni mica que monsenyor Carles està preocupat per la sida. Però diumenge no va parlar de la sida sinó contra el sexe. Si de debò hagués intentat posar la plàtica dominical al servei de la prevenció de la sida, també hauria parlat del grup de més risc, que és el dels drogaaddictes: ni una paraula.


Hi ha una escola de falsificadors lúdics que podríem emparentar amb el bigoti i les celles de Groucho Marx. Maurizio De Fazio, Lello Pendiglione i Pierluca Sabatino són tres joves napolitans que durant una temporada es van dedicar a enviar cartes i postals amb segells inventats. O sigui, descaradament falsos. Al costat de dibuixos més o menys filatèlics, apareixien missatges humorístics com aquests: «Saló Mundial del Cotxe Robat», «Bicentenari de la Camorra de Campània», «Però, da Terra és rodona?», «Campionat del Món de Caca sobre el Prat», «Dia de la Supressió dels Drets dels Infants», «Primer Conveni Mundial del Segell Fals»… Els joves napolitans exhibeixen les seves obres amb els mata-segells dels serveis postals. Es vanten d’haver-los burlat amb tota la cara. Però també amb tot l’enginy i la necessària quota artística d’aquest tipus d’obra. Són falsos, sí, però únics, imaginatius. Recorden aquell venedor furtiu de jerseis amb cocodril que, quan li van preguntar si eren autèntics Lacoste, va respondre: «Gairebé.»

enero 11, 2012

Jorge Juan. Nada es gratis.

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Destino, 2011. 240 páginas.
Jorge Juan, Nada es gratis
La crisis

Un regalo de reyes de parte de alguien a quien quiero mucho, que quiere desasnarme económicamente y algo ha conseguido.

Jorge Juan es el pseudónimo de un conjunto de economistas que escriben en el blog del mismo nombre que el libro Nada es gratis, que acabo de descubrir y apuntarme. Vivimos en una de las peores crisis del sistema capitalista y a todos nos gustaría saber como hemos llegado aquí y como podemos salir del pozo.

En el libro se explica bastante bien las razones del desaster, además del funcionamiento de las autonomías, impuestos y demás. En ese aspecto, muy bien.

Respecto a como salir de la crisis, también dan ideas. Algunas pueden sonar algo radicales, como poner un pago por visita en atención primaria (aunque ahora que se paga por receta en Cataluña no parece tan extraño). Otras son de difícil puesta en práctica, como una reforma de la educación. Algunas me parecen buenas y otras no tanto, pero lo seguro es que como no hagamos algo, este país no tiene solución.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (133/365)

Extracto:
Las cajas se desmelenan

Pero esto aún no explica una explosión del crédito hipotecario. ¿Cómo es posible que hubiera financiación para algo que no era, en la mayor parte de los casos, más que castillos en el aire?
En Estados Unidos la respuesta fue la titularización de la deuda hipotecaria de peor calidad. Esto suena muy complicado, pero no era más que poner juntas docenas de hipotecas de mala calidad, dividirlas en trocitos y venderlas a terceros inversores con la idea de que «malo sería que todas las hipotecas nos fallen a la vez» (aunque claro, luego resultó que sí, que todas fallaron a la vez).
La respuesta en España fue distinta. Una vez más, Spain is different. Para entender lo que nos pasó hay que mirar a la estructura de nuestro sistema financiero.
El sistema financiero español está dividido en dos partes más o menos iguales. Por un lado, están los bancos de toda la vida, con accionistas convencionales que se reparten los beneficios que obtengan del negocio. Por el otro, tenemos un sector sin ánimo de lucro: básicamente las cajas de ahorro. Las cajas son instituciones peculiares, con fines sociales, que originalmente tenían una sólida base territorial y a las que sólo se les permitía operar en la provincia donde tenían su sede.
Estas instituciones fueron poco a poco sometidas, debido a las reglas de movimientos de capitales de la Unión Europea, a un proceso de liberalización y desregulación. Sin embargo, como tantas veces pasa en España, el proceso se paró a la mitad y las cajas nunca estuvieron sujetas a la disciplina del mercado. Muchas cajas jugaron el papel de un adolescente que aún no ha madurado, pero al que sus padres dan libertad porque «ya es mayorcito» y «él verá lo que hace».
Primero, a partir de 1988, se permitió a las cajas operar en toda su región, aunque con excepciones. Luego, con la entrada en vigor de la segunda directiva de la Unión Europea sobre banca, el 31 de diciembre de 1992, estas restricciones desaparecieron. Desde ese momento, las cajas eran libres de operar a lo largo y ancho de todo el país, con excepciones sólo si no alcanzaban la solvencia que requería la legislación.
El resultado de estos cambios normativos fue un gran aumento de la competencia y una diversificación geográfica intensa de las cajas. Uno se encontraba con una sucursal de Caja Madrid en la mitad del Ampurdán y con una de Caja Sur en el Bierzo. Mientras que en 1991 había veinticinco provincias en las que una sola caja poseía una cuota de mercado del 75 por ciento, en 1995 eran sólo diecisiete provincias, diez en 1999 y ninguna en 2007. Del mismo modo, las sucursales de las cajas se multiplicaron como hongos hasta llegar a la inaudita cifra de casi 25.000 sucursales a comienzos de 2008, una por cada 1.800 habitantes. Fruto de esta expansión, las cajas de ahorro ganaron cuota de mercado frente a los bancos, del 40 por ciento en 1991, al 47 por ciento en 1999 y al 54,5 por ciento en 2007.

enero 10, 2012

Julio Cortázar. Cartas a los Jonquières.

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Alfaguara, 2010. 574 páginas.
Edición de Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga.
Julio Cortázar, Cartas a los Jonquières
El cronopio original

24 de agosto de 1953. Cortázar acaba de casarse ante dos testigos y celebra su boda con ellos en un restaurante chino. Le acaban de encargar la traducción de Poe (ahora canónica) por la que le pagarán la fortuna -para él- de 2.500 dólares. Pero como no le dan ningún anticipo tiene que pedir prestado dinero a su amigo Eduardo para poder llevar a cabo su plan: irse a Roma a vivir mientras traduce y una vez cobre recorrer Italia.

Ésta es sólo una de las penalidades que pasó Julio Cortázar cuando empezó a vivir en París, y que he descubierto gracias al regalo inesperado y generoso de un buen amigo. Las cartas enviadas al pintor y poeta argentino Eduardo Jonquières nos dan acceso a la intimidad de un escritor inimitable, uno de los mejores escritores de cuentos del siglo XX.

Tantas páginas de cartas me parecieron, a priori, farragosas y decidí que partiría su lectura en bloques. Pero cuando empecé a leer no pude parar y lo leí seguido. Es cierto que se lee como una novela, y nos permite ver lo que no se aprecia en una biografía. El Cortázar que surge de estas páginas, por suerte, encaja con la imagen que tenía de él. La edición, exquisita, las notas justas y todo bien traducido para los ignorantes como yo.

Me ha gustado mucho.

Calificación: Muy bueno. Para los admiradores de Cortázar, imprescindible.

Un día, un libro (132/365)

Algunos extractos:
Supongo que Marisandra crece y crece. No importa que pierda sus ángeles, María; ganará en cambio los hombres, que con todas sus macanas son unos bichos extraordinarios. Yo no creo que los ángeles sean felices, hay algo de bobo en la mayoría de ellos que los hacen encantadores pero sin comparación posible con nosotros. Realmente somos grandes. Cuando pienso en lo que somos capaces de hacer, metidos en este pozo de aire, en este saco de carne, en este mar de ignorancia… Creo que a todos les pasa igual después de cumplir el ciclo de las grandes catedrales francesas: uno se siente más fuerte y más seguro. Un animal capaz de construir semejantes colmenas espirituales es mucho más que un ángel, que sólo puede celebrar. (Es la diferencia entre el creador y el crítico, ¿no te parece?)


El otro día se me ocurrió que si tengo tiempo y ganas, voy a escribir un Manual de instrucciones. Esto nació de que Aurora y yo habíamos ido a San Giovanni in Laterano para seguir explorando el museo (que es fenomenal, incluso la parte etnográfica tan divertida, pero sobre todo los sarcófagos cristianos y los mosaicos de las termas de Caracalla). Como faltaba un rato para que abrieran, libamos un timballo de lasagna en una tavola calda, y nos metimos en el palacio de la Scala Santa. Tú sabrás que por dicha Scala se sube de rodillas, pues Santa Helena la importó a Roma después de sacarla de casa de Pilatos. Noté entre varias cosas notables, que vendían unos libritos con “instrucciones para subir la Scala Santa” y me pareció muy bien. Tan bien me pareció que me di cuenta hasta qué punto estamos huérfanos de buenas instrucciones para hacer cantidad de cosas importantes. Harían falta instrucciones para beber una tacita de café, por ejemplo, o para sentarse en una silla. Son cosas elementales —es decir profundas, o sea malentendidas. ¿Cómo se enciende un fósforo? ¿Tú sabes}. No, tú lo enciendes. Pero, ¿y si del fósforo, por tu torpeza, te brota una enorme cebolla de verdeo? Etc, etc. Reconoce, con todo, que el Manual se impone. Alguien tendría que escribirlo. (Un inglés, probablemente.)


Ayer cumplí cuarenta y un años. Je viens d’avoir trente ans, decía Jean el de la estrella en un hermoso poema que has de recordar, y lo decía con tanta tristeza como yo. Cuarenta y uno es una cifra horrible para quien cree que el mundo es hermoso pero ajeno, ajeno a mis sentidos que sólo conocen una ínfima parte, a mi inteligencia que es incapaz de aprehenderlo en sus estructuras más elementales. Ahora empieza de veras el declive, la década que nos lleva a los cincuenta. ¡Y yo que me siento siempre con veinte años, tan tonto, tan crédulo, tan entusiasta, tan esperanzado como entonces! Pero los signos físicos me llaman a la realidad. Me enfermo más seguido, me canso mucho más pronto. Hasta hace cinco años podía pasar una noche en blanco y seguir perfectamente al otro día; ahora, si me acuesto después de medianoche, lo pago al día siguiente. No puedo beber tanto vino, no puedo comer tantas cosas, no puedo leer tantas horas. Cosas profundamente materiales empiezan a ahilarse, a adelgazarse sutilmente, como si el mundo iniciara sigiloso su retirada, dejándome cada vez más sus imágenes a cambio de sus materias… Supongo que esta melancolía (acompañada a la vez de una extraordinaria exaltación, de un deseo como nunca de hacer cosas, de conocer, de querer) se debe a una vistosa transformación de mi fórmula sanguínea, derivada de un virus filtrable más que jodido y que me tuvo parte de este mes entre que me levantaba y me caía.

(Esta última me llamó la atención porque yo tengo ahora estos años, y me he sentido bastante identificado)

- Bello país ha de ser
el de América, papá
- ¿Te gustaría ir allá?
- Tendría sumo placer
- Pues te vas a joder
porque no te he de llevar

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