Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

Marzo 5, 2010

Andrés Amorós. La Zarzuela de cerca.

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Editorial Espasa Calpe, 1987. 284 páginas.

Andrés Amorós, La Zarzuela de cerca
Acercando el género

Releo este libro porque no recordaba nada de su contenido. Raro, porque me gusta la Zarzuela. La relectura me ha aclarado la razón de mi amnesia. No es un ensayo de Andrés Amorós, sino una colección de ensayos o tesis de alumnas suyas de un curso.

La recopilación es bastante desigual, y si bien hay algunos son interesantes, otros son bastante flojos y se limitan a transcribir con comentarios superficiales libretos de zarzuela. También, al estar escrita por manos diferentes, se repite mucha información que resulta redundante y en ocasiones cansina. Pero es lo que hay porque como se afirma en el libro:

La crítica en general ha tratado con parquedad el tema de la zarzuela. Con este trabajo pretendemos facilitar al interesado en la zarzuela un material bibliográfico que reunido, por primera vez, y comentado, pueda orientar la selección previa de fuentes que toda investigación requiere. Con este propósito se recogen aquí, si no exhaustivamente por las razones que enseguida veremos, sí en su gran mayoría, los libros, ensayos, trabajos, artículos, conferencias, etcétera, que se han escrito sobre el tema.

Al comenzar la labor de recogida de materiales para llevar a cabo nuestro objetivo, las dificultades fueron haciéndose patentes. En primer lugar, nos sorprendía la escasez de estudios monográficos sobre el tema; muchos, como se verá, sólo aluden a la zarzuela de modo tangencial, porque conviene en el momento de ocuparse de otros géneros teatrales o formas musicales; en segundo lugar, ha resultado en ocasiones difícil encontrar algunos libros, ya antiguos, de los que se hicieron tiradas muy pequeñas, o que pasaron casi inadvertidos en el momento de su publicación, o bien se trata de artículos que salieron en revistas de vida efímera o en folletos sueltos que no se han considerado dignos de pasar a la custodia de las bibliotecas españolas.

Supongo que algo habrá mejorado desde el 87, pero la Zarzuela siempre ha sido un patito feo, más desde que se asocia con un españolismo rancio con el que no tiene nada que ver. Porque el género chico compartía cartel con espectáculos como el de la Bella Chiquita, que provocó la indignación de los padres de familia de entonces:

»Ésta cree haber cumplido sus deberes morales retirando del cartel a aquella hermosa joven los días de moda, por ser éstos los de abono. (…) Pero no ha accedido a rescindir el contrato con la hermosa chiquilla, porque entiende que las funciones en que el público puede aceptar o no el espectáculo que se anuncia, sería ridículo imponerle la moralidad que pretenden los “señores padres de familia”.

»Y hace bien la empresa. Porque el que no quiera, o no pueda, o no deba presenciar escenas que lastiman la pureza de sus delicados sentimientos, que no vaya al Circo. Así de fácil.»

Seguidamente, dice que igual o mayor inmoralidad hay «en los vestidos escotados que lucen damas distinguidas en las funciones de nuestro Teatro Real.
»Porque, como tentación, es para mí mucho más irresistible la de una mujer
con el seno mal guardado a los ojos de un galán,
que todas las contorsiones y los movimientos lascivos de la Bella Chiquita.»

Destaco en negrita un consejo que se puede aplicar a los moralistas de todo pelaje y en todo tiempo. Si te parece inmoral, no vayas a verlo. He hablado de género chico que ¡ojo! no es lo mismo que zarzuela. Es una zarzuela corta y, normalmente, de temas más populares, pensada para representarse en los teatros por horas:

En la década de 1890 a 1900 son mayoría los teatros dedicados a funciones por horas con la obligada limitación del sistema con la reducción de la obra a un acto. Este teatro, que por sus dimensiones fue calificado de «teatro chico» o «género chico», y que comprendía obras en un acto con o sin música, fue enfrentado tenazmente por la crítica al «teatro grande» (obras ofrecidas en «función completa» y de dos» o más actos). Se acusó a los teatros por horas de la decadencia del teatro grande. Los defensores y los enemigos de uno y de otro desencadenarán una encarnizada polémica en la prensa y escritos de la época que durará décadas y que finalizará, aunque sin que cejen las protestas, con el definitivo triunfo del teatro chico en la última década del siglo pasado.

Que solían tener cuatro espectáculos de una hora de duración, en el que el último solía ser el de más éxito. Para acabar esta entrada en la que copio el defecto de alguna de las tesis de repetir con comentarios de poca enjundia fragmentos del libro les pongo aquí la adaptación de un cuento de Ariosto por Benavente para la zarzuela La copa encantada. En ella se reafirma la máxima ojos que no ven, corazón que no siente. Porque no siempre nos aprovecha conocer la verdad:

Interesante tesis la que se deduce de la pieza de Benavente, y que pensamos debió de causar bastante escándalo en la época. La alternativa planteada es el conocimiento de la verdad («la verdad siempre, la verdad sobre todo» [Esc. II]), que prefiere Leonato, a la felicidad («los únicos felices son los engañados») que supone el ignorar «ciertas verdades». La filosofía de los personajes Sempronio y Bartolo, que se resume en la frase de éste «Hay ciertas cosas que no adelanta nada conocerlas» (Esc. X), supone un duro golpe al sentido del honor entendido en la sociedad española del momento, y especialmente oreado en el teatro neorromántico de Echegaray. Ambos personajes, Sempronio, y todavía más Bartolo, encarnan el antihonor, la postura contraria a la que se esperaba en todo marido «ultrajado»: preferir ignorar «su deshonra», o lo que es más sorprendente para la moral de la época, no darle importancia. Así, cuando Leonato pregunta a Sempronio: «¿Habéis visto nada más ridículo que un marido engañado?», contesta Sempronio: «Eso es como todo. Hay algunos que lo sobrellevan con tanta dignidad, con tanta grandeza, que no pueden por menos de inspirar respeto…» (Esc. Ip> postura ésta que se aproxima a la tolerancia y perdón que van apareciendo en el nuevo teatro realista, tanto de Benavente como de Galdós.

Bartolo, hombre sencillo de origen humilde, se niega rotundamente a beber en la copa para compro-bar si su mujer Dorotea le engaña o no: «No soy tan necio como estos otros y como el señor Leonato, nunca entendí que a los maridos importe tanto que su mujer les engañe, siendo así que es la única falta
que ellas han de ocultarle, y así ocultarán las demás que son muchas y más molestas…» (Esc. IX), y termina Bartolo su discurso con la nota de humor que subyace en todo su alegato en defensa de la mujer, que, aunque engaña a su marido, procura por ello darle gusto en todo «para que no tenga tropiezo en qué reparar» (Esc. IX): «…Yo ahora os digo que el ser engañado no quita salud ni apetito, ni salta ojo, ni quiebra pierna ni brazo…, que eso del honor nadie sabe a punto fijo dónde cae ni a dónde para, y es mal de locos quejarse de lo que no duele.» Los caballeros que lo escuchan piensan que es un villano y un ruin, pero Maese Sempronio le apoya: «Hablas como un sabio, Bartolo, y tu filosofía es la verdadera.» Estas palabras suponen la censura definitiva al concepto del honor que había regido desde siempre en el teatro español, y desde luego una intención de quitarle trascendencia.

Febrero 22, 2010

Andreu Buenafuente. Sense Llibre.

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Editorial Planeta, 1999. 240 páginas.

Andreu Buenafuente, Sense Llibre
Orígenes

El primer programa de Buenafuente se llamaba Sense Títol y aunque yo nunca llegué a verlo algo debía tener porque fue el comienzo de una brillante carrera. Así que tocaba sacar un libro mediático explicando interioridades del programa y sucesos varios.

Normalmente este tipo de libros no suele valer mucho, pero este cumple con nota. Además de información útil para los admiradores de Buenafuente y su equipo contiene una serie de reflexiones generales que son interesantes de leer. Incluyendo la cita de Perich que inicia el libro:

¡Que maravilla, la tele! Te permite no hablar en casa y te da temas de conversación para hablar fuera de casa

La numeración de las páginas empieza por el final, originialidad que me ha gustado y que te permite saber en todo momento cuanto te falta para acabar. Algunas de las cosas que comenta Buenafuente se han mantenido a lo largo de los años, e incluso en algunas ha sido profeta. Por ejemplo, su admiración por Chiquito de la Calzada sigue incólume:

Fa molts mesos que dic «Sil» en lloc de «Sí», i «Nor» per dir que no. I el que és més preocupant: no trobo cap motiu raonable per deixar de fer-ho. Chiquito és únic. A la taula del despatx hi tinc emmarcada la postal que em va dedicar quan va venir al «Sense Títol». Doncs bé: faig com els toreros, sempre li reso una pregària abans d’afrontar una reunió important. Sé que el Gran Pare Espiritual de tota una generació d’humoristes ens observa les vint-i-quatre hores del dia i ens ajuda sempre que pot. Ja ho va dir en una entrevista: «Después de la muerte no sé si hay vida, però seguro que hay Fanta y Coca-Cola.» Això només ho pot dir un visionari. L’Església catòlica s’hauria de plantejar seriosament la beatificació de Chiquito. Però beatificar-lo en vida, eh? No fo-tem. La imatge del papa Joan Pau II al balcó de la plaça de Sant Pere, acompanyat d’un senyor baixet i calb, amb camisa estampada, esdevindria una de les imatges clau del segle xx, comparable a la caiguda del mur de Berlín, l’arribada de l’home a la Lluna o la compareixença als jutjats de Ruiz Mateos disfressat de Superman.

¿Por qué hacer un programa en directo? Porque es más fresco, el público lo disfruta más… así que aventura lo siguiente:

Assistiríem a un nou gènere anomenat «enregistrament en directe» que, potser, qualsevol dia veiem en alguna cadena. Si s’espatlla una camera en directe, continues amb una camera menys i surts del pas com pots. No hi ha cap altre remei. Normalment, fas una mica de broma, comentes el problema i a tothom li fa molta gràcia veure com un pobre home se’n surt d’aquell fangar de despropòsits. Tot queda «molt fresc i molt humà» i, si afegeixes allò de «són les coses del directe», tothom té la sensació d’haver-ho viscut abans. En canvi, si estàs enregistrant-ho, tens garantida mitja hora d’espera fins que el problema se soluciona. I la feinada més important és tractar de mantenir un clima de festa i emoció al plató. És evident que al públic no li agrada esperar, per molt que els mentalitzin abans d’entrar amb un entrepà en una mà i un refresc a l’altra. Quan vam enregistrar el programa especial de cap d’any de 1997, a Molins de Rei, vam batre tots els rècords coneguts fins aleshores. El públic va entrar al teatre cap a les quatre de la tarda i no el va abandonar fins passada la mitjanit. A la porta del teatre s’hauria de construir un monument que recordés per sempre aquelles víctimes: una estàtua dedicada a l’espectador desconegut, de mida real, amb el cul quadrat i aspecte d’estar patint una deshidratació.

Que es precisamente lo que hacer ahora: un programa en directo grabado. ¿Se puede competir con un Madrid-Barça? Pues no:

És com si el Rodríguez Picó ens fes una predicció catastròfica. Sabem que hi haurà tempesta i que «perdrem» abans de baixar de l’autobús. I és aleshores quan recordem allò que quasi havíem oblidat: que nosaltres no fem el programa per l’audiència —només faltaria!—, sinó per passar-ho bé. No tan sols tornem a dir mentides, sinó que ens les creiem; estem convençuts que, a pesar de tot, «sempre ens quedarà París, o sigui, el públic fidel del programa». Mireu: recordo un «Sense Títol» gloriós en què vam pretendre desafiar un partit del Barca pel Canal 33. Érem joves i inexperts. Més joves i més inexperts que ara, vull dir. Suposo que teníem l’autoestima més alta del que és recomanable, perquè vaig insistir al cap de programes, l’Albert Rubio: «Tu confia en mi, ja veuràs com no te’n penediràs.» Ell va provar de convènce’m, és clar; va dir que la parròquia del programa, per molt fidel que fos, miraria el futbol i passaria de nosaltres. Però jo no m’ho volia creure. «Et miraran a tu, et miraran a tu», em repetia davant del mirall del camerino. M’havia dutxat i el mirall era ple de baf; suposo que això m’impedia veure la meva pròpia imatge des-collonant-se de riure. El convidat era Gabino Diego, el programa pintava bé i no s’intuïa cap núvol de tempesta a l’horitzó. Bé: suposo que no veia cap núvol, ni res, perquè m’havia tret les ulleres abans de dutxar-me; això explica aquell atac de miopia estratègica que fins i tot un nen de sis anys hauria detectat.

Pero ahora, con las descargas y el streaming no hay esos problemas. La gente puede que no vea el programa, pero lo verá mañana en la web o se lo descargará (la mayor parte de los programas de Buenafuente se encuentran en el eMule).

Un libro de agradable lectura, aunque lo veo difícil de encontrar (yo mismo lo encontré en la calle).

Incluye una sección de fotos entre las que se pueden encontrar joyas como estas (click para ampliar):

Buenafuente Buenafuente2

Febrero 10, 2010

Michael White. Lenguas viperinas y soñadores tranquilos.

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Espasa Calpe, 2002. 460 páginas.
Tit. Or. Acid tongues and tranquil dreamers. Trad. Hugo Romero.

Michael White, Lenguas viperinas y soñadores tranquilos
Genios con mal genio

Cuando me paso por la biblioteca de la Sagrada Familia siempre aprovecho para llevarme algunos libros de divulgación científica, de los que no están mal surtidos. Éste me llamó la atención, basado en la premisa de que el enfrentamiento puede ser un buen motor del progreso científico.

Analiza los casos de Newton contra Leibniz por la prioridad del cálculo infinitesimal, el de Lavoisier y Priestley en los orígenes de la química moderna, la defensa de la teoría de la evolución por parte de Darwin y la oposición de Owen (el que acuñó la palabra dinosaurio), la lucha entre Edison y Tesla por el método adecuado de instalación eléctrica (alterna o contínua), la carrera por la bomba atómica (que no fue tal, porque alemania iba muy retrasada), el desciframiento del ADN, en el que triunfaron Watson y Crick frente al imponente Pauling, la carrera espacial entre rusos y americanos y, por último, el enfrentamiento entre Bill Gates y Larry Ellison, de Oracle (hoy sería con Steve Jobs o con Google).

El estilo periodístico del libro me chirriaba un poco al tratar de los grandes clásicos de la ciencia, pero no quedaba mal en los enfrentamientos modernos. No sé si la tesis del autor se cumple y podemos considerar la rivalidad como un acicate de la investigación, pero no cabe duda de que en algunos casos ha sido así.

Contiene una serie de datos interesantes. Por ejemplo, que el sentido de la frase a hombros de gigantes podría tener un sentido diferente:

Aunque Newton y Hooke se odiaban, mantuvieron una fingida caballerosidad en su correspondencia y en sus encuentros en la Royal Society de Londres, pero ambos adornaban sus comentarios hacia el otro con dardos envenenados. El más famoso de estos es aquel que Newton dirigió a Hooke con pretendida inocencia: «Si puedo ver más allá es porque estoy subido a hombros de gigantes». Hooke era un enano deforme.

Siempre había considerado a Tesla un iluminado, pero después de las veces que le robó la compañía de Edison le he cogido un tremendo cariño nacido de la solidaridad. Además, en la batalla de las corrientes Edison no jugó limpio:

Brown escribió un libro financiado por Edison y titulado El peligro comparativo para la vida de la corriente alterna y directa (The Comparative Danger to Life of the Alternating and Continuous Current). Era poco más que una colección de artículos de periódicos, discursos y descripciones de sus demostraciones con animales a la que había añadido informes de una serie de fuentes terriblemente espurias que condenaban el uso doméstico de la AC. A principios de 1889 escribió un panfleto, de nuevo financiado por Edison, que fue enviado a cada alcalde, político, agente de seguros y hombre de negocios prominente de cualquier población norteamericana con una población superior a 5.000 habitantes.

«Me dirijo a usted por un asunto de VIDA O MUERTE, que puede afectarle personalmente en cualquier momento», comenzaba la declaración de Brown. Continuaba menospreciando los métodos de Tesla y Westinghouse, afirmando que estaban únicamente guiados por intereses comerciales, e informaba sin verificación, de las espantosas muertes de inocentes usuarios de AC. Después de llamar a la AC «esa CORRIENTE ASESINA», Brown concluía su diatriba con el ruego a sus lectores de que hicieran todo lo que pudieran para prohibir el uso de cualquier corriente por encima de los 300 voltios en sus pueblos y ciudades, algo que ayudase a prevenir que el sistema de Westinghouse operase porque los transformadores debían estar cerca de las zonas habitadas.

Sin contar con las simpatías espiritistas de Edison:

Edison también era excéntrico en sus inclinaciones espirituales. En 1878, mientras ganaba fama como inventor, se convirtió en un activo miembro del movimiento de la teosofía, una fantástica reunión seudointelectual de místicos y ocultistas que había establecido en Nueva York Madame Helena Blavatsky en 1875. Los miembros del movimiento creían en fuerzas ocultas y entes etéreos que supuestamente guiaban a la humanidad hacia un curso predeterminado, y proponían que la raza humana estaba colocada ante el umbral de un estado divino.
[...]
Hacia el final de su vida, Edison incluso hablaba de una máquina que proclamaba que había diseñado y que permitiría a los vivos oír las voces de los muertos. «He estado trabajando durante algún tiempo en la construcción de un aparato para ver si es posible que las personalidades que han dejado esta tierra se comuniquen con nosotros», dijo a un periodista.

Durante la segunda guerra mundial se produjo un incidente que pocos conocen. Heisenberg estuvo a punto de morir asesinado:

El hombre es Morris Berg, un antiguo campeón de béisbol, ahora agente secreto de la Office of Strategic Service (OSS, un cuerpo de inteligencia norteamericano precursor de la CÍA). Su misión es determinar, a partir de la conferencia de Heisenberg, si los científicos alemanes han descifrado el secreto para construir armas atómicas. Si concluye que los alemanes están cerca de poder crear algo semejante, delante de los científicos reunidos sacará su pistola y disparará a Heisenberg entre los ojos.

No obstante, para Berg la charla se ha convertido en una cascada de palabras sin sentido; lo. escrito en la pizarra se asemeja a jeroglíficos borrosos. Comienza a sentirse nervioso. ¿Qué está diciendo Heisenberg? ¿Qué significan los símbolos? Siente cómo las palmas de sus manos se vuelven pegajosas. ¿Puede realmente matar a ese hombre a sangre fría? Si lo hiciera, sin duda sería capturado y ejecutado, y ¿para qué? Quizá este hombre es inocente. Aunque los conocimientos físicos de Berg son extremadamente limitados, es un magnífico lingüista; aun así, la mayor parte de lo que oye no tiene sentido; podrían ser las palabras de un culpable o las de un inocente.

Berg se calma poco a poco. Lentamente saca la mano del bolsillo. No puede continuar con el asesinato, no tiene ninguna evidencia, ninguna razón real, y no puede acabar con la vida de un hombre inocente sin una prueba definitiva. Al concluir Heisenberg su exposición, Berg se levanta con los demás, intercambia unas pocas palabras con los que están junto a él y se marcha tranquilamente.

Una defensa de los gastos en investigación espacial, que tanta tecnología nos han dado:

Mucha gente sigue diciendo que los programas espaciales soviético y estadounidense representaron y siguen representando un gasto exagerado de dinero y recursos humanos. Esto es un error. Indudablemente, la carrera hacia la Luna influyó de forma directa en la tecnología actual tanto como la gran batalla de Tesla y Edison, la construcción de la bomba atómica o la química radical de Lavoisier.

En la informática el tiempo pasa muy rápido. Cuando se escribió este libro estábamos ante el lanzamiento del Windos 95 ¡Que tiempos!:

Este es un momento emocionante para Bill Gates y Microsoft. La compañía acaba de lanzar Windows 95 y unas semanas más tarde anuncia que la venta media del nuevo producto es de un millón de copias a la semana. A pesar de las numerosas críticas, muchas de las cuales acusan a Gates de amasar la mayor fortuna del mundo revendiendo al público un producto que ya tenían, es fácil intuir que el líder de Microsoft puede estar contento. «He tenido más suerte que la mayoría», admite, e inclinándose hacia delante, añade despacio: «Este es uno de los momentos más excitantes de la historia para hacer lo que yo hago. La gente dice que vivo en el futuro, pero no es verdad; estoy enganchado con lo que está ocurriendo ahora».

Para aprender alguna cosa más.

Enero 28, 2010

Martine Kittler. Té.

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Editorial Zendrera Zariquiey, 1996. 38 páginas.
Trad. Àngels Fabregat.

Martine Kittler, Té
Five o’clock

En la vida me hubiera imaginado leyendo un libro de este estilo si no fuera por el reto 2010. Este librito me sirve para la difícil papeleta de un título de dos letras.

Tras una breve introducción con curiosidades e historia del té se pasa directamente al recetario en el que se encuentran algunas maneras de alegrar con diversos licores esta infusión. Encontramos también un apartado sobre varios consejos para saber preparar un buen té.

Me ha alegrado ver varias fotos de samovares que después de años leyendo literatura rusa no sabía lo que eran y no se me había ocurrido mirar en internet.

En este libro no hay ni mención, pero les recomiendo leer este artículo de la wikipedia:

Guerras del opio

Porque el consumo inglés de té fue una de las causas de la introducción del opio en China. Hasta una inocente infusión puede ser causa de varios males.

Enero 13, 2010

Neus Arqués. Marketing para escritores.

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Editorial Alba, 2009. 210 páginas.

Neus Arqués, Marketing para escritores
El arte también se vende

Eres escritor. Te has dejado los cuernos escribiendo tu obra maestra. Ha sido difícil pero ya está ¿Y ahora qué? Ahora viene otro proceso que también tiene sus dificultades: conseguir que publiquen tu obra, conseguir que se venda, conseguir que se hable de ella. No es suficiente con quedarse de brazos cruzados esperando a que te descubran, el autor tiene que poner de su parte. Como dice la autora:

Escribimos para ser leídos y para llegar al lector es necesario publicar. Pero no es suficiente. En un mercado donde vales lo que vale tu último libro, es imprescindible vender. Y para ello es imprescindible conseguir visibilidad. El mercado nos ofrece oportunidades (la aparición de nuevas editoriales, el potencial de los formatos asociados a las nuevas tecnologías…) y dificultades (saturación de la oferta y estancamiento de la demanda). Los escritores debemos conocer unas y otras para convertirnos en activos valiosos en la promoción de la propia obra.

Neus Arqués puede hablar con conocimiento de causa. Publicó su libro Un hombre de pago en autoedición, y empezó su propia campaña de marketing. Creo una bitácora, regaló libros a quien estuviera interesado en reseñarlos y otra serie de acciones que detalla en el libro y que no voy a repetir aquí. Entre otras cosas porque no es la primera vez que hablo de ella y siempre con sincera admiración. Consiguió que una editorial publicara su libro, ya hay traducciones al portugués y al ruso (en la que este humilde blog aparece en la contraportada Desde Rusia con amor) y su segunda novela Una mujer como tú ha sido publicada por Martínez Roca. Los consejos que da en este libro están basados en su propia experiencia y serán valiosos tanto para escritores que empiezan como para aquellos que quieran dar visibilidad a su obra.

En un mundo cada vez más saturado de información la visibilidad es un bien escaso y además de hacer hincapié en esta idea el libro proporciona técnicas para hacer que el libro obtenga más visibilidad en todas las fases del trayecto que va desde el manuscrito hasta la publicación. Ofrece pistas para poder llegar mejor a editoriales y agentes, cómo negociar con las mismas una vez estén interesados en el libro, cómo no se debe abandonar la batalla con la publicación, ya que el proceso de marketing es cuando empieza y es conveniente que el autor esté involucrado y, sobre todo, cómo aprovechar las nuevas tecnologías para que jueguen a nuestro favor y no en nuestra contra.

Libro de obligada lectura para todo escritor, aunque ya tenga libros en el mercado. Sobre todo si acaba de publicar su primer libro; las editoriales sólo apostarán por un autor si su primer libro se ha vendido bien.

Por el camino yo -que no soy escritor- he aprendido muchas más cosas. Por ejemplo, que los que trabajan leyendo libros para las editoriales tienen que olvidarse del placer de la lectura:

Es necesario tener en cuenta que el lector editorial no hace una lectura desprevenida y que el propósito de ésta no es la búsqueda del placer porque el fin particular que pretende alcanzar con su tarea es darle al editor los argumentos necesarios para que decida si la obra que ha leído merece ser publicada o no. Para alcanzar este fin el lector debe identificar, entender y analizar aspectos fundamentales como la estructura del texto, su línea argumental y los dispositivos utilizados tanto para la construcción como para el desarrollo del argumento y de los distintos elementos que componen la obra.

Comenta en varias ocasiones como a veces es aconsejable la libre distribución de contenidos:

Parece un contrasentido, pero no lo es. La liberación de contenidos en Internet suele traducirse en un aumento de ventas de ese mismo contenido en formato papel. ¿Por qué? Porque ese contenido gratuito incrementa la visibilidad de la obra y de su autor. Lo entiende muy bien Paolo Coelho, quien «piratea» sus propios libros y los publica en abierto. Esta decisión entronca con su «experiencia rusa». En Rusia su libro El Alquimista no despegaba. En 1999 apareció la primera copia pirata en ruso en Internet y las ventas empezaron a aumentar. Hoy Paolo Coelho ha vendido más de diez millones de ejemplares en ese país.

Escribir es una profesión escalable, con lo que tiene de bueno y de malo:

El actual mercado editorial prima la venta del máximo número de ejemplares porque escribir es una profesión con economías de escala. Un panadero elabora un panecillo para cada cliente, pero un autor no escribe un libro para cada lector. Una vez escrito, tanto puede leerlo un lector como un millón: el esfuerzo creativo del autor es el mismo. Por lo tanto, estamos ante una profesión cuyo éxito radica en que ese esfuerzo inicial A se traduzca en unos resultados comerciales B lo más amplios posible. En ese deseo coinciden la editorial (que quiere vender mucho) y el autor (que desea ser leído por muchos). Sin embargo, igual sufriríamos menos si fuésemos panaderos. Como señala el analista y matemático Nas-sim Taleb, «las profesiones con economías de escala sólo son buenas si tienes éxito; son más competitivas, producen desigualdades monstruosas y están mucho más sometidas al azar, con disparidades enormes entre esfuerzo y recompensa -unos pocos se llevan la mayor parte del pastel, excluyendo al resto (sin que tengan culpa)». La adecuada gestión de estas claves de Marketing resulta entonces necesaria pero puede no ser suficiente: la buena suerte juega un papel importante[...]

Consejos para los blogs de escritores válidos también en general:

Los blogs sirven para acercarnos a nuestros lectores y compartir un tema de interés. El enfoque «yo, mi, me, conmigo» no interesa a nadie. Los autores que seguimos son aquellos que se muestran perplejos, interesados, indignados, jubilosos por temas que a nosotros también nos conmueven. Entonces, desde ese sentimiento compartido, nos acercamos a su obra. En cambio, si un autor en su web o blog nos recibe con un panfleto publicitario a toda página, no creo que nos quedemos mucho rato con él. ¿Por qué íbamos a hacerlo?

Otro error común es pensar que a la mañana siguiente de haber publicado nuestro primer post, tendremos cientos de comentarios y recibiremos otro centenar de correos interesándose por contactar con nosotros, autores. En la vida real no funciona así. Si llegamos a una fiesta, el resto de invitados no lo deja todo por venir a saludarnos y sacarnos a bailar, ¿verdad? En Internet sucede exactamente igual: es necesario tejer relaciones, acercarse, escuchar y participar. Y eso requiere interacción y tiempo. Si alguien te dice que en dos días conseguirás una audiencia, desconfía.

¿Quieres publicar tu libro, que sea visible y que se venda? Leer Marketing para escritores te será de mucha ayuda. La fama póstuma es muy romántica, pero la fama en vida es más satisfactoria.

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