Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

febrero 6, 2012

Umberto Eco. El péndulo de Foucault.

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Umberto Eco, El péndulo de Foucault
Lumen, 1989. 586 páginas.
Tit. or. Il pendolo di Foucault. Trad. Ricardo Pochtar, rev. Helena Lozano.
Templarios

Había leído este libro hace muchos años y apenas recordaba lo bueno que era en toda su extensión. Algo me sonaba de una lista malinterpretada por ocultistas y que en realidad no era para tanto, pero he disfrutado -seguramente más que en su momento- de todos los detalles de la trama.

Un buen resumen puede leerse en la wikipedia: El péndulo de Foucaukt y como voy con prisas no repetiré lo ya escrito.

Importante la crítica a las editoriales que hacen negocio con la gente que quiere publicar sus libros, una lacra que sigue existiendo todavía y ahora con internet todavía más. Por suerte los servicios de impresión bajo demanda permiten a cualquiera poder ver su libro publicado y no arruinarse en el proceso.

Pero el palo más gordo se lo llevan los amantes de conspiraciones históricas y del esoterismo en general, quedando completamente ridiculizados. Sin embargo y a pesar de losdardos certeros que sobre las novelas de templarios y griales lanza este libro años después El código DaVinci se hartaba de vender con los mismos tópicos gastados y volvía a poner de moda a templarios y otras hierbas. Una pena.

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (159/365)

Extractos:

Aquel día empecé a volverme incrédulo.
Es decir, me arrepentí de haber sido crédulo. Había sido presa de una pasión mental. Tal es la credulidad.
No es que el incrédulo no deba creer en nada. No cree en todo. Cree en una cosa cada vez, y en una segunda cuando deriva de alguna manera de la primera. Avanza como un miope, es metódico, no aventura horizontes. Dos cosas no relacionadas entre sí, creer en las dos, y con la idea de que, en algún lugar, haya una tercera, oculta, que las vincula, esto es la credulidad.
La incredulidad, lejos de excluir la curiosidad, la sostiene. Desconfiando de las cadenas de ideas, de las ideas amaba la polifonía. Basta con no creer en ellas para que dos ideas, ambas falsas, puedan chocar entre sí creando un bello intervalo o un diabolus in música. No respetaba las ideas por las que otros apostaban la vida, pero dos o tres ideas que no respetaba podían formar una melodía. O un ritmo, preferentemente de jazz.


—¿Y si el estúpido fuese usted?
—Estaría en buena y muy antigua compañía.
—Pues sí, la estupidez nos rodea. Y quizá para un sistema lógico diferente nuestra estupidez sea sabiduría. Toda la historia de la lógica es un intento por definir una noción aceptable de estupidez. Demasiado ambicioso. Todo gran pensador es el estúpido de otro.
—El pensamiento como forma coherente de estupidez.
—No. La estupidez de un pensamiento es la incoherencia de otro pensamiento.
—Profundo. Son las dos, falta poco para que Pílades cierre y aún no hemos llegado a los locos.
—Ya llego. Al loco se le reconoce en seguida. Es un estúpido que no conoce los subterfugios. El estúpido trata de demostrar su tesis, tiene una lógica, cojeante, pero lógica es. En cambio, el loco no se preocupa por tener una lógica, avanza por cortocircuitos. Para él, todo demuestra todo. El loco tiene una idea fija, y todo lo que encuentra le sirve para confirmarla. Al loco se le reconoce porque se salta a la torera la obligación de probar lo que se dice; porque siempre está dispuesto a recibir revelaciones. Y le parecerá extraño, tarde o temprano el loco saca a relucir a los templarios.
—¿Siempre?
—También hay locos sin templarios, pero los más insidiosos son aquellos. Al principio no se los reconoce, parece que hablan de manera normal, pero luego, de repente… —Iba a pedir otro whisky, pero recapacitó y pidió la cuenta—. A propósito de los templarios. El otro día un tío me dejó un original sobre ese tema. Seguro que es un loco, pero con rostro humano. El texto empieza sin estridencias. ¿Querría darle una ojeada?


—Un poco confuso —dijo Diotallevi.
—Es que no sabes ver las relaciones. Y no valoras como corresponde esa interrogación que aparece dos veces: ¿quién se casó en las bodas de Cana? Las repeticiones son claves mágicas. Naturalmente, he completado algunas cosas, pero completar la verdad es prerrogativa del iniciado. Esta es mi interpretación: Jesús no fue crucificado, y por eso los templarios renegaban del crucifijo. La leyenda de José de Arimatea encubre una verdad más profunda: Jesús, y no el Grial, llega a Francia, a la Provenza de los cabalistas. Jesús es la metáfora del Rey del Mundo, del verdadero fundador de los rosacruces. ¿Y con quién llega Jesús? Con su esposa. ¿Por qué los Evangelios no dicen quién se casó en Cana? Porque eran las bodas de Jesús, de las que no se podía hablar porque se había casado con una meretriz, María Magdalena. Por eso desde entonces todos los iluminados, desde Simón el Mago hasta Postel, buscan el principio del eterno femenino en un burdel. Por tanto, Jesús es el fundador de la estirpe real de Francia.

febrero 5, 2012

Javier Calvo. Mundo maravilloso.

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Javier Calvo, Mundo maravilloso
Mondadori, 2007. 550 páginas.

De este libro, además de lo que había oído del autor, me sedujo por su portada. Uno de esos casos en los que aciertas al juzgar un libro por la cubierta, ya que el contenido es todavía mejor.

Empiezo poniendo reseñas: en solodelibros empiezan con acierto diciendo que Javier Calvo no es nocillero. Totalmente cierto. En latormentaenunvaso hablan mucho sin decir casi nada, pero un comentario la pone a parir. Error.

Me dio la impresión de un best-seller bien escrito. Me gusta la prosa de Javier Calvo, y cuenta una historia de la que te engancha y además no es tramposo: hay resolución final, hay desenlace. No creo que sea casualidad que una supuesta novela de Stephen King salpique la trama.

¿De qué va? Pues hay un poco de todo, mafiosos, un protagonista que vive en el Gótico en un edificio que yo me empeño en asociar con el Palau Moxo y que tendrá que resolver su particular obsesión, como la niña Valentina Parini, enganchada al susodicho King.

Buena atmósfera, buena historia y buena prosa. ¿Alguien da más?

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (158/365)

Extracto:
El Enlace Americano vuelve a carraspear. Hace exactamente tres horas y media que los socios de Lorenzo Giraut tendrían que haberse presentado para formalizar la venta. De la que el Enlace Americano es el comprador. Hace tres horas que los dos hombres que esperan en la suite del Hotel In The Sands se quedaron sin temas de conversación. Hace cuarenta y cinco minutos que Lorenzo Giraut construyó su refugio en medio de la sala de estar y se encerró en el mismo con el teléfono y el carro de las bebidas a mano.
-Es posible que sus vuelos se hayan cancelado por culpa de la tormenta -dice Giraut en tono pensativo. Mirando su vaso medio lleno de Macallan. Luego asoma la cabeza por entre la pared de muebles de su refugio. Mira al Enlace Americano. La cara de Lorenzo Giraut tiene una cualidad vagamente estólida. Probablemente favorecida por sus mejillas caídas y sus cejas pálidas y muy finas-. Es posible que haya caído un rayo en el aeropuerto o algo parecido.
La gente que la televisión muestra llorando en el Vaticano y abrazándose y negando con la cabeza con expresión incrédula está llorando por la muerte del papa Juan Pablo I. Ya hace muchos meses que la televisión no enseña más que eventos francamente negativos. Unos terroristas han puesto bombas en el Palacio de Versalles. En América, Ted Bundy anda suelto dejando detrás de sí lo que se conoce técnicamente como un rastro de sangre. Martina Navratilova es la tenista número uno del mundo. Los Sex Pistols están de gira pese a la oposición de Toda la Buena Gente de Gran Bretaña. En el Hotel In The Sands de Camber Sands, Lorenzo Giraut está teniendo su primera intuición de que esta noche de septiembre puede ser La Noche En Que Termina La Vida De Lorenzo Giraut Tal Como Lorenzo Giraut La Había Concebido cuando oye un ruido brusco y estridente procedente del lugar donde está sentado el Enlace Americano. Como el ruido de alguien que acabara de ponerse de pie bruscamente provocando la caída de la silla de brazos donde estaba sentado. Giraut se termina de un trago el Macallan de su vaso y vuelve a asomar la cabeza por entre el parapeto de sillas y cómodas que componen la pared de su refugio. El Enlace Americano está de pie con su puro humeando en la mano junto a la silla de brazos volcada en el suelo. En actitud de estar escuchando. Con la cabeza muy quieta y ligeramente ladeada como la gente que está intentando oír algo. Algo que no es el ruido de los truenos ni tampoco los gritos tal vez despavoridos y tal vez desenfadados de los turistas que corren por la playa. La cara del Enlace Americano parece mucho más pálida que hace un momento.
Lorenzo Giraut frunce el ceño y escucha con atención. Definitivamente hay un ruido acercándose que no es el ruido de los truenos ni los gritos de los turistas bajo los primeros goterones de lluvia tormentosa. Giraut todavía no se ha dado cuenta de que el nuevo ruido es el ruido de las sirenas de los coches de policía. Algo en la naturaleza de la escena empieza a adquirir visos de escena dramáticamente crucial. De momento definitorio del que va a ser su destino. Sale a gatas del refugio y se sirve un segundo vaso de Macallan con tres cubitos de hielo.

febrero 2, 2012

James Ellroy. L.A. Confidential.

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James Ellroy, LA Confidential
Biblioteca El Mundo, 2002. 350 y 254 páginas.
Tit. Or. L.A. Confidential. Trad. Carlos Gardini.
Corrupción en Hollywood

El caso es que yo tenía la sensación de haber visto la película basada en este libro, pero ni leyéndolo me ha venido la historia a la cabeza. No sé si es que no la he visto o mi memoria es peor de lo que pensaba.

A través de los ojos de tres policías completamente diferentes entre sí (uno que intenta superar a su padre y que oculta una cobardía de guerra, otro que intenta superar una adicción y al que le gusta figurar y el último un poli duro obsesionado con el maltrato a las mujeres) iremos descubriendo los trapos sucios de una ciudad famosa por ser la fábrica de sueños.

Líbreme dios de criticar a un clásico del género negro, pero a mis ojos esta novela tiene bastantes fallos y no es el menor lo enrevesado de la trama, que cuesta en ocasiones seguir y no porque de la impresión de ser un recurso narrativo, sino por falta de capacidad del autor.

Sin embargo en la segunda parte -esta edición está dividida en dos volúmenes- la cosa se animó, la personalidad de los protagonistas se fija un poco, y en general, acabó gustándome. No es que crea que está exenta de errores, sino que los aciertos los compensan y el balance, para mí, es positivo.

Pueden encontrar una buena reseña aquí: L.A. Confidential.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (155/365)

Extracto:
El sargento Exley ordenó a White que lo dejara; White ignoró la orden; el sargento Exley sintió alivio cuando el prisionero se escabulló eliminando la necesidad de nuevas confrontaciones.
Ed torció la cara, siguió escribiendo: 25/12/51, los abusos de fuerza en los calabozos de la Central descritos con detalle. Probable intervención de un gran jurado, juntas interdepartamentales, la ruina del prestigio del jefe Parker. Una hoja nueva, observaciones sobre los presos que habían sido testigos, la mayoría encerrados por ebriedad. El hecho de que casi todos los policías habían bebido en exceso. Ellos eran testigos interesados; él estaba sobrio, era imparcial, había intentado dominar la situación. Necesitaba una salida ágil; el Departamento tenía que salvar su prestigio; las autoridades sentirían gratitud hacia el hombre que intentaba evitar la mala prensa, que había tenido la previsión de anticiparse a las consecuencias. Escribió la versión número dos.
Una digresión sobre la número uno; la acción concentrada en la responsabilidad de unos pocos: Stensland, Johnny Brownell, Bud White y un puñado de hombres que ya habían ganado su pensión o estaban por ganarla: Krug-man, Tucker, Heineke, Huff, Disbrow, Doherty. Carnada para arrojar a la Fiscalía si subía la fiebre acusatoria. Un punto de vista subjetivo, adaptado para coincidir con lo que habían visto los borrachos prisioneros, los atacantes que intentaban huir de su bloque para liberar a otros internos. La verdad apenas distorsionada: imposible que otros testigos la negaran. Ed firmó, escuchó por el conducto preparándose para la versión número tres.
Llegó lentamente. Voces urgiendo a Stensland a «despertarse para otra sesión»; White se marchó de las celdas, mascullando que era un desperdicio. Krugman y Tucker aulla-
ron insultos; les respondieron gimoteos. No más sonidos de White o Johnny Brownell; Lentz, Huff, Doherty recorriendo el pasillo. Sollozos y lamentos en español, una y otra vez.
6.14 de la mañana.
Ed escribió la versión número tres: ningún gimoteo, ningún «madre mía», los mexicanos incitando a otros internos. Se preguntó cómo calificaría su padre esos delitos: colegas atacados, los atacantes aporreados. ¿Cuál exigía justicia absoluta?
El ruido disminuyó; Ed intentó dormir pero no pudo; metieron una llave en la cerradura.
El teniente Frieling, pálido, temblando. Ed lo apartó, caminó por el corredor.
Seis celdas abiertas de par en par, las paredes embadurnadas de sangre. Juan Carbijal en su litera, una camisa empapada de sangre bajo la cabeza. Clinton Valupeyk enjugándose la sangre de la cara con agua del retrete. Reyes Chasco, una contusión gigante; Dennis Rice tratando de mover los dedos: hinchados, rotos. Dinardo Sánchez y Eze-kiel García acurrucados junto a la celda de los borrachos.
Ed pidió ambulancias. Las palabras «Hospital del Condado» casi le hicieron vomitar.

enero 28, 2012

David Safier. Maldito karma.

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David Safier, Maldito karma
Seix-Barral, 2010. 314 páginas.
Tit. Or. Mieses Karma. Trad. Lidia Álvarez Grifoll.
Reencarnación

Mi cuñada me recomendó este libro y a las dos semanas lo vi gratis en el sitio de intercambio. Yo empeñado en no comprar más libros y el destino poniéndolos delante.

La protagonista es una presentadora de televisión de éxito que, sin embargo, ha descuidado mucho a su familia y ha llegado hasta donde está a base de pisar muchas cabezas. Cuando muere de una manera un tanto absurda se verá reencarnada en una hormiga. Si quiere volver a ser humana tendrá que acumular buen karma.

Un libro entretenido que me leí en un plis-plas. Eso es bueno y malo: bueno porque la trama me enganchó, malo porque cuando algo lo lees tan rápido es porque mucha densidad literaria tampoco tiene. Los personajes son muy básicos y el final es un tanto flojo. Pero no me quejo, pasé el rato y aunque no solté ninguna carcajada, si bastantes sonrisas. Auguro película.

Aquí otra reseña: Maldito karma con un buen resumen, y otra: Maldito karma con la que estoy bastante de acuerdo.

Calificación: Para pasar el rato.

Un día, un libro (150/365)

Extracto:
En mi primera noche en Venecia, Nina hizo en la playa lo que mejor sabía hacer: volver locos a los italianos con sus angelicales rizos rubios. Yo, en cambio, me dedicaba a matar mosquitos a destajo y a preguntarme cómo se puede ser tan tonto para construir media ciudad en el agua. Mientras tanto, mantenía a distancia a los italianos impregnados de hormonas que Nina cazaba para mí. Uno de ellos se llamaba Salvatore. Sólo llevaba abrochados los dos botones inferiores de su camisa blanca, olía a masaje de afeitar barato y se tomaba mis «¡No, no!» como una invitación a meterme mano por debajo de la blusa. Me defendí con una bofetada y un «Stronzo!». No sabía qué significaba la palabra, sólo se la había oído decir a un gondolero que renegaba, pero hizo que Salvatore se pusiera increíblemente furioso. Me amenazó con golpearme si no cerraba la boca.
No dije nada más.
Me metió mano por debajo de la blusa. Me subió una oleada de pánico y asco. Pero no podía hacer nada. Estaba como paralizada de miedo.
Justo cuando iba a ponerme la mano en un pecho, Alex lo detuvo. Surgió de la nada. Como un caballero en un cuento de amor, en los que yo no creía gracias a mi padre. Salvatore se le encaró con una navaja. Dijo algún disparate en italiano y, aunque no entendí ni una palabra, la cantinela estaba clara: si Alex no se largaba de inmediato, se convertiría en la estrella de su propia versión de Amenaza en la sombra. Alex, que había practicado el jujit-su durante años, le quitó la navaja de la mano de una pa-
tada, con tanta fuerza que Salvatore decidió irse con el rabo entre las piernas, en el sentido literal de la palabra.
Mientras Nina pasaba la noche perdiendo la virginidad, Alex y yo estuvimos sentados a orillas de la laguna, hablando y hablando. Nos gustaban las mismas películas (Con faldas y a lo loco, Agárralo como puedas, La guerra de las galaxias), nos gustaban las mismas lecturas (El señor de los anillos, los cuentos de El pequeño rey y las tiras de Calvin y Hobbes) y odiábamos las mismas cosas (profesores).
Cuando el sol volvió a salir en Venecia le dije: «Creo que somos almas gemelas.» Y Alex contestó: «Yo no lo creo, lo sé.»
¡Cuánto nos equivocábamos!
Volví a guardar el móvil en el bolso y, de repente, me sentí sola en la blanda cama de mi habitación en un hotel de lujo. Terriblemente sola. Tenía que ser mi gran día, pero Alex no lo compartía conmigo. Y yo no quería llamarlo.
Lo tenía definitivamente claro: ya no nos queríamos. Ni siquiera un poco.
Y ese instante ocupó el puesto número tres de los peores momentos del día.

enero 27, 2012

Gonzalo Torrente Ballester. La Saga-Fuga de JB.

Filed under: Novela — Palimp @ 6:39 am
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Gonzalo Torrente Ballester, La Saga-Fuga de JB
Círculo de lectores, 1988. 568 páginas.
Obra maestra

Ni sé las veces que había leído, prestado y regalado este libro. Decidí volver a regalárselo a mi mujer, ya que no tenía ningún ejemplar en la biblitoeca familiar. Ya de paso, me lo releo. El mejor resumen es el que hay en la wikipedia, por el censor:

«De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.
Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.

¡Cuan equivocado el infausto censor! La recordaba buena, pero me ha resultado aún mejor. Alguna vez le he racaneado a Torrente Ballester la categoría de grande, aún siendo uno de mis escritores preferidos. Me desdigo. Alguien capaz de escribir este libro merece el más alto calificativo.

Me ha sorprendido el lenguaje, lo recordaba más asequible y no lo es tanto. A eso se debe, seguramente. que a pesar de haberla regalado tanto se ha leído tan poco. Pero merece la pena el esfuerzo. Además, es una novela tremendamente divertida. Una joya.

En el lamento de Portnoy también gusta, y en El País la ofrecieron por un euro. Bien para encontrar este libro imprescindible de saldo.

Calificación: Brillante.

Un día, un libro (149/365)

Extractos:
A veces, pensaba; a veces, imaginaba. Permanecía en su mente el ritmo del soneto, aunque sin acomodarse al de los pulsos, ruidosos, ni al de la lluvia, redoblando ya en las tejas. Confundidos, peleaban, querían imponerse, armaban un alboroto interior del que salió poco a poco un ritmo nuevo, aunque también endecasílabo: un ritmo que era como una orden, a cuya voz los acentos se desplazaban:
hacia atrás, una sílaba, dos sílabas hacia delante. Y todas las del verso fueron acometidas de una prisa tremenda por cambiar de lugar, por debilitarse o fortificarse:
los prefijos se constituían en desinencias; los semantemas, desconyuntados, buscaban afinidades
nuevas o se emparejaban a otros que les arrebataban la significación o se la trocaban. Verso a verso,
como en una pantalla
— espantado, estupefacto
—, Bastida veía surgir
insultos, crecer blasfemias,
afirmarse desprecios. La piedad y la tristeza se mudaban en crueldad y sarcasmo. ¡Aquel verso final, capaz de
avergonzar al hombre más infame!, «diclo rodí, feniltriclo, roetano». Jamás se hubiera atrevido a pensarlo; menos que nadie, de Julia. Y, sin embargo, allí estaba, con los otros del soneto. Acusándole.


Quienes dicen que
todas las mujeres son iguales, enuncian una de esas tonterías
que ninguna mente medianamente racional, ninguna sensibilidad
medianamente educada, pueden soportar sin alterarse y
sin reconocer a continuación que el número de imbéciles coincide
aproximadamente con el de arenas del mar.


Cogió el Corregidor la lámpara, y la elevó por encima de su
cabeza: mi sombra se volvió hacia el lugar ahora iluminado.
«Mire en aquel rincón: ése que encubre la sábana, es un cuerpo
en salmuera.» El Deán acudió inmediatamente a mi sorpresa.
«No un cuerpo cualquiera, señor Canónigo: no podíamos
inferir a la Santa tal ofensa. Es de una mujer virgen y, en
cierto modo, mártir. ¿Lo quiere contemplar vuesamerced? Lleva
ahí tres días, ni uno más. Y no lo hemos robado, sino comprado:
estaba destinado al descuartizamiento, y el verdugo
que se dejó sobornar nos lo hubiera dado gratis, de pena que
le daba.» Yo me acerqué al rincón, alcé la sábana y contemplé
el cuerpo joven, bellísimo, de una mujer. Mi sombra, asomada
por encima del hombro, lo contempló también, y, cuando me
di vuelta, se arrojó encima de él y empezó a examinarlo. «Esas
señales en las muñecas y en los tobillos me recuerdan el po-
cuerpo
murió en la cárcel del Santo Oficio.» «¿Bruja o hereje?
¿O acaso cristiana nueva?» «Una cristiana excelente, pero se
bañaba los sábados, y a don Asterisco le pareció costumbre
propia de paganos. La detuvieron, la examinaron, la interrogaron,
la torturaron, y la pobre expiró en el potro como un jilguerito.
» A mí me sacudió esa ira que no puedo dominar cuando
me encuentro ante cualquier barbaridad oscurantista. «¡Qué
idea tendrá ese bestia de lo que es un pagano y de la utilidad
de los baños semanales!» Adopté un tono profético, y mi sombra
extendió un brazo que apuntaba al futuro. «¡Día vendrá
en que los hombres y las mujeres se bañen todos los días por
meras razones de limpieza!» «¿Cómo los moros?», preguntó,
aterrado, el Corregidor; y, pisándole las palabras, doña Lilaila
salió de la penumbra en que había permanecido, y del mutismo.
«¿Y no será pecado…?» Me eché a reír. «¡Eso, sólo don Asterisco
puede decirlo!»

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