Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

Setiembre 30, 2009

Enrique Moreno Baez. Antología de la Poesía contemporánea.

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Editorial Salvat, 1970. 200 páginas.

Enrique Moreno Baez, Antología de la Poesía contemporánea
Repaso cronológico

Es muy arriesgado utilizar ciertos adjetivos. Si uno ve un comercio llamado Ferretería Moderna adivina de inmediato que tiene más de cien años. Si un libro se titula Poesía contemporánea la primera pregunta es ¿Contemporánea de qué?

Publicado en 1970 incluye poemas de más de cien autores, ordenados por la fecha de nacimiento. El primero es Unamuno, nacido en 1864 y el último es Carlos Murciano, de 1931. Vamos, que el más joven tiene ahora 78 años. Muy actual no es, como puede verse.

Como gañán confeso en poesía poco puedo decir de los textos seleccionados. Hay muchos de temática religiosa y familiar, algo que no debe sorprender ya que se publicó durante la dictadura de Franco. Pero aparecen León Felipe y Gil de Biedma. Supongo que su mejor virtud es su diversidad.

Les dejo con los poemas que más me han llamado la atención:

PEDRO SALINAS

Afán para no separarme
de ti, por tu belleza.
Lucha
por no quedar en donde quieres tú:
aquí, en los alfabetos, .
en las auroras, en los labios.
Ansia
de irse dejando atrás
anécdotas, vestidos y caricias,
de llegar,
atravesando todo lo que en ti cambia,
a lo desnudo y a lo perdurable.
Y mientras siguen dando vueltas y
vueltas, entregándose,
engañándose,
tus rostros, tus caprichos y tus besos,
tus delicias volubles, tus contactos
rápidos con el mundo,
haber llegado yo
al centro puro, inmóvil, de ti misma.
Y
verte cómo cambias
— y lo llamas vivir —
en todo, en todo, sí,
menos en mí, donde te sobrevives.

FERNANDO GUTIÉRREZ

«Calle de los Naranjos» se la llama
y nunca hubo naranjos en la calle.
Solamente dos plátanos cansados
dicen dónde comienzan las aceras.
Más allá de los plátanos, la sombra
que va de casa a casa se desliza
como si hablara sola. Así la calle,
con el lejano canto de los gallos,
se ha quedado en el tiempo y la costumbre,
dueña de soledades y sin dueño,
con un aire sin alas que ya tiene
aroma de violetas sin perfume.
El sol llega tan solo a los balcones:
como un pájaro alegre y amarillo
se posa en su cintura de muchacha
y se pone a mirar tras los cristales.
La calle está pensando algunas veces
en que el viento es delgado cuando pasa
de balcón a balcón, de piedra a piedra,
y de un dulce vecino a otro vecino
menos dulce quizá, pero que tiene
los mismos pensamientos que los otros
y un poco la figura de la calle.
El tiempo no camina. Y nadie pasa
nunca por ella, solamente el niño
que se quiere esconder por no ir a clase
y con el tacto de los sueños vive
ese espacio sin fin de sus bolsillos
donde el mundo del hombre está tan lejos:
puntas de lápiz y papel de plata,
seis cromos de la guerra del catorce,
dos bolas de cristal… Únicamente
para perder tesoros como éstos
se hace mayor el niño y se hace hombre.

RAMÓN DE GARCIASOL

A UNA POBRE MUJER

Y tendrás hijos, porque la semilla
prenderá en tus entrañas, que la esperan
sin conocer el asco que tu carne
tiene al sentir la carne que te cubre
y te fecunda el vientre y te envilece,
aunque tu boda vino en los periódicos
y te bendijo un cura y fuimos gentes
todas muy respetadas, muy de orden,
a dar fe de que Dios así quería.
Tu padre, ya cumplido, irá al casino,
apostará al frontón, a ver revistas
que alegren su vejez con desnudeces
que mueven hambre, turbias ambiciones,
consumiéndose a sorbos, dulcemente.
Los domingos y fiestas a su misa;
a comulgar los viernes; algún día
que le ande la conciencia escrupulosa
al cementerio a orar ante la madre,
a llevar unas flores, unas lágrimas.
Y tendrás hijos, sin que nadie sepa
la náusea por tus días de unos labios
que por tus labios hozan sin respeto,
el terror a unas manos que recorren
autorizadas por la ley tu espalda
— avispero de miedos subconscientes —,
tus pechos santos — abejar de vida —,
toda tú sin que puedas rebelarte.
Y tendrás hijos que no sabrán nunca
que eres mujer que sientes y padeces:
solo -madre serás, su clara madre.
Ignorarán las llagas de tu oído,
temeroso de oír noche tras noche,
cuando se quedan la mujer y el hombre
ante la eternidad en las tinieblas,
una voz que no rima con tus pulsos,
unas palabras que no sabrá nadie.
Y tendrás hijos, porque la semilla
se junta a la semilla oscuramente
y se hace carne y sangre y forma, verbo
más allá del dolor, la preferencia,
el rostro conocido, el ansia, el sueño,
y se convierte en ser sin darse cuenta,
en simple caso, ejemplo que proclama
el tremendo misterio de la vida,
que para darse a luz en criatura
no espera acuerdo, ignora la conciencia,
no necesita amor, sino contacto:
roce carnal y torpe fantasía.

¡ Qué escarcha por tu sangre de jilgueros,
qué luto por ru voz acribillada,
qué noche por tus ojos ateridos,
qué cementerio el corazón quemado,
pobre mujer, estatua de nostalgia!

BLAS DE OTERO

EN EL PRINCIPIO
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua;
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada;
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria;
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

CANCIÓN
Por los puentes de Zamora,
sola y lenta, iba mi alma.
No por el puente de hierro,
el de piedra es el que amaba.
A ratos miraba al cielo,
a ratos miraba al agua.
Por los puentes de Zamora,
lenta y sola, iba mi alma.

CARLOS EDMUNDO DE ORY

AUTOELEGÍA
Mi forma mi carácter mi deseo
Pensando que la noche azul se ponga
no sueño nada en detrimento mío
La corona que tengo en la cabeza
la soporto con gran resignación
Soy un rey desterrado en un retrete
No tengo pantalones y me escondo
debajo de mi cama muerto de hambre
Me alimento de muchas musarañas
La casa apuntalada de mis versos
es todo mi dominio personal
Y se orina mi alma por mis ojos
Si medito me duermo en un rincón
y el sueño que podía serme útil
se mete en una pierna y no sé en cuál
Mi candor mi paciencia mi descuido
Busco trabajo y pierdo mi salud
rezando mientras subo la escalera

RAFAEL MORALES

A LA CALAVERA DE UN POETA
Nada ya cabe en esta calavera
donde la pulpa del soñar vivía,
donde, apresada, la ilusión tendía
una rama feliz de primavera.
Nada ya cabe tras la frente fría,
hermana de la piedra y la madera,
donde ha tomado forma duradera
solo la ausencia pálida y sombría.
Secáronse jardines de repente,
las alas se quedaron sin aliento
bajo el cielo pequeño de la frente.
Y ahora mana, sin voz ni pensamiento,
por los ojos desiertos una fuente
de solitario polvo ceniciento.

ELADIO CABAÑERO

LA DESPEDIDA
Adiós, hijo, ya no nos volveremos a ver.
(De una carta de mi padre.)
Como el olvido es malo, nunca olvido;
han pasado estos años… Ahora veo
que es necesario hablar de despedirnos,
de un documento extraño que se firma
para dejar de ver a los que amamos.
A solas pienso:
«Esto tan ancho sé que no es el mundo,
»ni esta sed, este silencio;
»la gran apuesta, la esperanza
»de la victoria — entre pared y pared —
«tampoco.»
A todo esto, padre,
verás cómo no puedo despedirme.
La vida es la noticia que no se puede olvidar
más fácilmente;
verás cómo no puedo decir nada.
Vivir, seguir
esta perdida apuesta es lo que importa
aunque estemos en medio de la calle
sin nada que vender ni que ponernos.
(Entre las cosas viejas de la casa,
tu tapabocas roto, tu boina,
ropas tuyas
tan cargadas de tiempo; y aquella carta
que pareciera cursi si no fuera
porque es tan de verdad.) A todo esto…
«Hay que ser generosos,
»los demás están solos, necesitan
«que alguien se ocupe de ellos
«porque el amor más mínimo les falta;
«amamos poco al hombre», tú me dices.
Leo tu carta pensando
que siempre he sido un torpe y que no he visto
cómo eras tú hasta ahora que me faltas.
Aquellos ojos en mis ojos, música
entre los dos, y aquellas manos,
no los pude apreciar porque hasta entonces
vivíamos sin un luto.
Bien recuerdo las cosas:
si íbamos a comer, estaba madre
atareada y fuerte entre nosotros;
bien lo estoy recordando…
Nos iba así la vida y yo era un niño
en libertad en las calles de su pueblo
que mirando a su abuelo pensó en Dios.
No amamos bien al hombre.
Recordando aquel pan y aquella cárcel,
viéndote emocionado,
fiado en la verdad, claro, indefenso,
he vuelto a deshacer la despedida
para que ser tu hijo sea decirte
que no estás sin amor.
No me despido.
La temblorosa rúbrica de irse
hoy la recojo de tus manos, padre;
que no te olvido en la desgracia, no.
Sosténme,
sepa tu corazón, si ahora me escuchas,
que eres más bueno cada vez y que amo
la pequeña limosna de mi vida
antes de despedirnos para siempre.

Enero 12, 2009

Vicente Haya. El espacio interior del Haiku.

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Shinden Ediciones, 2004. 120 páginas.

Vicente Haya, El espacio interior del Haiku
Antología comentada

La poesía no es lo mío. No porque no me guste, sino porque me falta criterio; lo mismo me gusta una poesía mala que no le veo el aquel a una buena. Sabía -más o menos- lo que era un Haiku, sobre todo porque se han puesto muy de moda, pero aparte de su estructura de 5/7/5 sílabas no sabía nada más.

Nunca es tarde para aprender y nada mejor que esta antología comentada de Vicente Haya, un enamorado de la cultura japonesa y de los Haikus, que explica claramente que es un Haiku, ofrece una cuidada selección de diferentes estilos y comenta cada uno sin alardes de erudito ni interpretaciones rebuscadas.

El Haiku no tiene simbolismos; es el reflejo de una vivencia, intenta transmitir un momento especial para el poeta. Puede ser un momento sublime o algo tan vulgar y cotidiano como las ganas de evacuar. ¿Quién no ha sentido un estremecimiento especial por nada particular? Una puesta de sol, caminar bajo la lluvia, una combinación de colores, una sonrisa… Transmitir esa sensación es la labor del Haiku. Nada más y nada menos.

Por eso los elementos del Haiku no son metáforas de nada; la luna es la luna y una hoja es una hoja. Tampoco hace falta, la vida es una metáfora de si misma. Con este libro he podido entender a la perfección todo el sentido de sus poesías. Una delicia.

Escuchando: Lost in the Congo. Doyle Bramhall.

Agosto 27, 2008

Jorge Luis Borges. Fervor de buenos aires.

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Jorge Luis Borges, Obras Completas
RBA – Instituto Cervantes. Obras completas.

Borges fue una de mis primeras lecturas, y ya me apasionó en mi adolescencia. Tenía ganas de leerlo así, integral, de comienzo a fin, y no en libro sueltos y antologías -aunque fueran personales-. Ya he indicado muchas veces en estas páginas mi ceguera para la poesía, viene, creo yo, de mi incapacidad para juzgar buenos o malos los versos. No es raro descubrir que tampoco sé muy bien que decir sobre un libro de poemas. Esta bitácora quiere ser un archivo de mis lecturas, así que aparecerán por aquí aunque lo que tenga que decir es prácticamente nada. Puede que algún lector compasivo pueda enriquecer el texto con sus comentarios.

Borges lo escribió en 1923 y lo distribuyó introduciendo ejemplares en los bolsillos de sus amigos, como bien dicen en este artículo de La Nación:

Cómo nació en 1923 “Fervor de Buenos Aires”.

El libro puede leerse entero aquí: Fervor de Buenos Aires, y personalmente me quedo con los poemas El truco, donde a partir de un hecho cotidiano como una partida de cartas se sugiere la repetición eterna, La rosa, ideal -y tópico- que no puede alcanzarse y Caminata, paseo del poeta por las calles de Buenos Aires. Los reproduzco a continuacion.

EL TRUCO

Cuarenta naipes han desplazado a la vida.
Pintados talismanes de cartón
nos hacen olvidar nuestros destinos
y una creación risueña
va poblando el tiempo robado
con floridas travesuras
de una mitología casera.
En los lindes de la mesa
la vida de los otros se detiene.
Adentro hay un extraño país:
las aventuras del envido y quiero,
la autoridad del as de espadas,
como don Juan Manuel, omnipotente,
y el siete de oros tintineando esperanza.
Una lentitud cimarrona
va demorando las palabras
y como las alternativas del juego
se repiten y se repiten,
los jugadores de esta noche
copian antiguas bazas:
hecho que resucita un poco, muy poco,
a las generaciones de los mayores
que legaron al tiempo de Buenos Aires
los mismo versos y las mismas diabluras.

LA ROSA

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín de la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

CAMINATA

Olorosa como un mate curado
la noche acerca agrestes lejanías
y despeja las calles
que acompañan mi soledad,
hechas de vago miedo y de largas líneas.
La brisa trae corazonadas de campo,
dulzura de las quintas, memorias de los álamos,
que harán temblar bajo rigideces de asfalto
la detenida tierra viva
que oprime el peso de las casas.
En vano la furtiva noche felina
inquieta los balcones cerrados
que en la tarde mostraron
la notoria esperanza de las niñas.
También está el silencio en los zaguanes.
En la cóncava sombra
vierten un tiempo vasto y generoso
los relojes de la medianoche magnífica,
un tiempo caudaloso
donde todo soñar halla cabida,
tiempo de anchura de alma, distinto
de los avaros términos que miden
las tareas del día.
Yo soy el único espectador de esta calle;
si dejara de verla se moriría.
(Advierto un largo paredón erizado
de una agresión de aristas
y un farol amarillo que aventura
su indecisión de luz.
También advierto estrellas vacilantes.)
Grandiosa y viva
como el plumaje oscuro de un Ángel
cuyas alas tapan el día,
la noche pierde las mediocres calles.

Febrero 23, 2007

Marqués de Santillana. Obras Completas.

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Editorial Planeta, 1988. 460 páginas.

Marqués de Santillana, Obras Completas
Guerrero y letrado

Uno de los peligros del esclavo lector es la gente malintencionada que se dedica a votar los libros más pesados de la lista. No puedo criticarlo; la culpa es mía por ponerlos. Mr. Chick Pea decidió apadrinar este tocho y no me ha quedado otro remedio que leerlo.

Íñigo López de Mendoza, más conocido como el Marqués de Santillana, tuvo una vida ajetreada. De familia noble, mantuvo siempre fidelidad a Juan II, por lo que éste le concedió el marquesado. Pero su vida militar no le impidió ser uno de los hombres más cultos de su tiempo y llegó a reunir una importante biblioteca. La espada no estaba reñida con la pluma.

Esta edición de sus obras completas está a cargo de Ángel Gómez Moreno y Maximilian P.A.M. Kerkhof, expertos medievalistas que facilitan la tarea de leer un texto difícil para un lector profano como yo. Aunque la grafía está modernizada no lo está el texto, y leer en castellano antiguo es más duro de lo que parece. Por suerte las abundantes notas clarifican muchas palabras y referencias.

Seré sincero; leer 450 páginas de versos en castellano antiguo no es lo más entretenido del mundo. Una serranilla como la siguiente:

[LA MOCA LEPUZCANA]
De Bitoria me partia un
dia desta semana por me
passar Alegria, do vi moca
lepuzcana.
Entre Gaona e Salvatierra,
en esse valle arbolado donde
s’aparta la sierra, la vi
guardando ganado, tal commo
ell alvor del dia, en un hargaute
de grana, qual tod’ onbre
la querría, non vos digo por
hermana.
Yo loé las de Moncayo e
sus gestos e colores, de lo qual
non me retrayo, e la moçuela
de Bores; però tal filosomía en
toda la Sumontana çierto non
se fallaria, nin fue tan fermosa
Yllana.
De la moca de Bedmar, a
fablarvos çiertamente, razón
hove de loar su gràcia e buen
continente; mas tanpoco
negaria la verdad: que tan
loçana, après la senora mía,
non vi dona nin serrana.

es entretenida, pero al resto es difícil hincarle el diente. El poema que más me ha gustado ha sido el de Bías contra fortuna, que pueden leer en edición facsimili en Cervantes Virtual, y del que les dejo aquí el comienzo:

I
B(ías) ¿Qué es lo que piensas, Fortuna?
¿Tú me cuydas molestar
o me piensas espantar,
bien commo a niño de cuna?
F(ortuna) ¡Cómmo!… Y ¿piensas tú que non?…
Verlo has.
B. Ffaz lo que fazer podràs,
ca yo bivo por razón.

II
F. ¿Cómmo entiendes en deffensa
o puédeslo presumir,
o me cuydas resistir?
B. Sí, ca non te fago offensa.
F. Subjudgados soys a mi
los humanos.
B. Non son los varones magnos,
nin curan punto de ty.

III
F. ¿Puedes tú ser eximido
de la mi juridiçión?
B. Sí, que non he devoçión
a ningund bien infingido.
Glòria nin triumpho mundano
non lo atiendo;
en sola virtud entiendo,
la qual es bien soberano.

IV
F. Tu çibdad faré robar
e serà puesta so mano
de mal prínçipe tyrano.
B. Poco me puedes dañar:
mis bienes llevo comigo;
non me curo,
assí que yo voy seguro
sin temor del enemigo.

V
F. Tu casa serà tomada,
non dubdes, de llano en llano,
B. e metida a sacomano.
Tomen, que non me da nada.
Màs serà de cobdiçioso
quien tomaré
ropa do non la fallarée
pobredad es grand reposo.

Me gusta el estoicismo del protagonista, esa chulería ante el destino como diciendo Mándame lo quieras que yo lo aguanto todo. También podemos encontrar un poema precursor de los hoygan de hoy en día:

¡Oyan, oyan los mortales,
oyan e prendan espanto, oyan
este triste canto de las batallas
campales, qu’el Amor tan
desiguales hordenó por me
prender: oyan, sy quieren
saber los mis infinitos males.

En definitiva, hay cosas que merecen la pena incluso para un patán como yo, pero el resto es mejor dejarlas a los paladares exigentes y a medievalistas convencidos. Tomar en grandes dosis puede resultar fatal.

Escuchando: How strong is a woman. Ann Peebles.


Extracto:[-]

Ca çiertamente, bienaventurado Príncipe, assí commo yo este otro dia escrevía a un amigo mío: «la sçiencia non enbota el fierro de la lança, ni faze floxa la espada en la mano del cavallero». Nin, si queremos passar por la «Segunda Dècada de Tito Libio, fallaremos que Aníbal dexasse la passada de los Alpes, que son entre las Galias e Vxonia, nin la del Ruédano, que es el Ros, nin después las çercas de Capoa e de Taranto e de Noia, nin el sitio de los paulares de Roma, a donde se falla haver perdido él un ojo, por fuyr e apartarse de los trabajos corporales, tanpoco de las lluvias, nieves e vientos; commo Catón de follar las trabajosas Sirtes de Libia, que se llama Ethiopía o mar arenoso, por los grandes calores, ynçendios e desmoderados fuegos; nin por temor de los poçonosos aspios, nonbrados sepes, paroras, çerastas, nin todos los otros linages de poçonosas sierpes, lo cual todo contrastava e resistia la su espada invicta; nin las roncas e soberviosas ondas del mar ayrado, nin las pre-nosticaçiones vistas, assí de la garça bolar en alto, commo de la corneja passearse presurosamente por el arena; nin después de las seíïales que eran vistas en la luna, las quales todas eran amonestaçiones del pobrezillo barquero, inpedieron la passada del César Antonio; nin al mesmo César[...]

Noviembre 13, 2005

Basho, Matsuo; “Senda hacia tierras hondas”

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Poesia Hiperión, Madrid 1993
ISBN 84-7517-390-X

Oku no hosomichi

O “Sendas de Oku”, o “Senda hacia tierras hondas” de Matsuo Basho (1644-1694).

Breve, muy breve. Nunca había tenido el menor interés por Japón, salvo por algunos haikus de Issa, pero este libro ha sido una revelación. Mezcla de diario de viajes y poesía pone tanto del lado del escritor como del lector, haciendo trabajar la mente en la medida que se desee, no tiene acertijos, ni florituras descriptivas y los episodios rara vez superan la cuartilla, pero el mundo que reflejan es increíblemente rico.

(Un día, un libro 217/365)


La última, por el momento, reseña del posteador invitado Luis. Gracias, y ya sabes que las puertas de mi blog están abiertas. Invitación que hago extensible a quien se anime a enviar reseñas.

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