Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

Marzo 6, 2010

Google no es un monopolio

Archivado en: Noticias — Palimp @ 7:21 am
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Perdonen que me salga de los temas habituales de esta bitácora, pero estoy un poco harto de la repetición de que google es un monopolio. En mi ignorancia pensaba que igual había una definición de monopolio que yo desconocía, pero una consulta a las fuentes me ratifica en mi opinión. Veamos que dice la RAE:

1. m. Concesión otorgada por la autoridad competente a una empresa para que esta aproveche con carácter exclusivo alguna industria o comercio.

2. m. Convenio hecho entre los mercaderes de vender los géneros a un determinado precio.

3. m. acaparamiento.

4. m. Ejercicio exclusivo de una actividad, con el dominio o influencia consiguientes. Monopolio del poder político, de la enseñanza.

5. m. Situación de mercado en que la oferta de un producto se reduce a un solo vendedor.

Los casos que nos ocupan son el 1 y el 5, y ni google tiene una concesión ni es el único vendedor de ninguno de sus servicios. Buceando en otras definiciones encuentro:

monopolio
1. Concesión otorgada por la Administración a una sociedad para que ejerza con carácter de exclusiva una actividad.
2. Situación de mercado en que existe un único ofertante para un producto o servicio y múltiples demandantes, por lo que el primero puede establecer los precios que le convengan.

Muy parecida a la anterior. En el diccionario de la wikipedia:

Situación del mercado en la que existe sólo un vendedor para un mismo producto, produciendo de acuerdo a la economía clásica y neoclásica una desviación de la competencia perfecta.

Del artículo de la wikipedia:

Un monopolio (del griego monos ‘uno’, polein ‘vender’) es una situación de privilegio legal o fallo de mercado en la cual, para una industria que posee un producto, un bien, un recurso o un servicio determinado y diferenciado, existe un productor (monopolista) oferente que posee un gran poder de mercado y es el único de la industria que lo posee.[1]

Se debe tener en cuenta que en dicho mercado no existen productos sustitutivos, es decir, no existe ningún otro bien por el cual se pueda reemplazar y, por lo tanto, este producto es la única alternativa que tiene el consumidor para comprar. Suele definirse también como «mercado en el que sólo hay un vendedor», pero dicha definición se correspondería más con el concepto de monopolio puro.

Otras definiciones:

Monopolio: Industria en la que existe sólo un productor de un bien o servicio.

La fama de google viene por su buscador y no sólo existen más buscadores (sí, además de bing o yahoo, ¿Saben que todavía está altavista?), sino que en el resto de servicios -correo, vídeos e incluso publicidad- tiene una saludable competencia. Una competencia que está a un click de distancia. En internet la competencia entre buscadores es perfecta, porque el usuario para ir a un buscador u otro tiene que hacer lo mismo: teclear. En todo caso Bing tendría ventaja porque es el buscador por defecto del internet explorer.

En la calle donde viven mis padre hay dos bares. Uno siempre está lleno y en el otro no hay ni grajos. ¿Debería poner una demanda por monopolio?

En El País acostumbran a criticar a google, en una línea editorial que a veces roza lo ridículo. Como en la siguiente noticia:

Un quesero contra Google

En esta entrada intenté hacer un comentario criticando que se les ve el plumero y el texto no ha salido. Tienen todo el derecho a censurar los comentarios que no les gusten, pero me parece feo.

Marzo 5, 2010

Andrés Amorós. La Zarzuela de cerca.

Archivado en: Ensayo — Palimp @ 7:57 am
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Editorial Espasa Calpe, 1987. 284 páginas.

Andrés Amorós, La Zarzuela de cerca
Acercando el género

Releo este libro porque no recordaba nada de su contenido. Raro, porque me gusta la Zarzuela. La relectura me ha aclarado la razón de mi amnesia. No es un ensayo de Andrés Amorós, sino una colección de ensayos o tesis de alumnas suyas de un curso.

La recopilación es bastante desigual, y si bien hay algunos son interesantes, otros son bastante flojos y se limitan a transcribir con comentarios superficiales libretos de zarzuela. También, al estar escrita por manos diferentes, se repite mucha información que resulta redundante y en ocasiones cansina. Pero es lo que hay porque como se afirma en el libro:

La crítica en general ha tratado con parquedad el tema de la zarzuela. Con este trabajo pretendemos facilitar al interesado en la zarzuela un material bibliográfico que reunido, por primera vez, y comentado, pueda orientar la selección previa de fuentes que toda investigación requiere. Con este propósito se recogen aquí, si no exhaustivamente por las razones que enseguida veremos, sí en su gran mayoría, los libros, ensayos, trabajos, artículos, conferencias, etcétera, que se han escrito sobre el tema.

Al comenzar la labor de recogida de materiales para llevar a cabo nuestro objetivo, las dificultades fueron haciéndose patentes. En primer lugar, nos sorprendía la escasez de estudios monográficos sobre el tema; muchos, como se verá, sólo aluden a la zarzuela de modo tangencial, porque conviene en el momento de ocuparse de otros géneros teatrales o formas musicales; en segundo lugar, ha resultado en ocasiones difícil encontrar algunos libros, ya antiguos, de los que se hicieron tiradas muy pequeñas, o que pasaron casi inadvertidos en el momento de su publicación, o bien se trata de artículos que salieron en revistas de vida efímera o en folletos sueltos que no se han considerado dignos de pasar a la custodia de las bibliotecas españolas.

Supongo que algo habrá mejorado desde el 87, pero la Zarzuela siempre ha sido un patito feo, más desde que se asocia con un españolismo rancio con el que no tiene nada que ver. Porque el género chico compartía cartel con espectáculos como el de la Bella Chiquita, que provocó la indignación de los padres de familia de entonces:

ȃsta cree haber cumplido sus deberes morales retirando del cartel a aquella hermosa joven los días de moda, por ser éstos los de abono. (…) Pero no ha accedido a rescindir el contrato con la hermosa chiquilla, porque entiende que las funciones en que el público puede aceptar o no el espectáculo que se anuncia, sería ridículo imponerle la moralidad que pretenden los “señores padres de familia”.

»Y hace bien la empresa. Porque el que no quiera, o no pueda, o no deba presenciar escenas que lastiman la pureza de sus delicados sentimientos, que no vaya al Circo. Así de fácil.»

Seguidamente, dice que igual o mayor inmoralidad hay «en los vestidos escotados que lucen damas distinguidas en las funciones de nuestro Teatro Real.
»Porque, como tentación, es para mí mucho más irresistible la de una mujer
con el seno mal guardado a los ojos de un galán,
que todas las contorsiones y los movimientos lascivos de la Bella Chiquita.»

Destaco en negrita un consejo que se puede aplicar a los moralistas de todo pelaje y en todo tiempo. Si te parece inmoral, no vayas a verlo. He hablado de género chico que ¡ojo! no es lo mismo que zarzuela. Es una zarzuela corta y, normalmente, de temas más populares, pensada para representarse en los teatros por horas:

En la década de 1890 a 1900 son mayoría los teatros dedicados a funciones por horas con la obligada limitación del sistema con la reducción de la obra a un acto. Este teatro, que por sus dimensiones fue calificado de «teatro chico» o «género chico», y que comprendía obras en un acto con o sin música, fue enfrentado tenazmente por la crítica al «teatro grande» (obras ofrecidas en «función completa» y de dos» o más actos). Se acusó a los teatros por horas de la decadencia del teatro grande. Los defensores y los enemigos de uno y de otro desencadenarán una encarnizada polémica en la prensa y escritos de la época que durará décadas y que finalizará, aunque sin que cejen las protestas, con el definitivo triunfo del teatro chico en la última década del siglo pasado.

Que solían tener cuatro espectáculos de una hora de duración, en el que el último solía ser el de más éxito. Para acabar esta entrada en la que copio el defecto de alguna de las tesis de repetir con comentarios de poca enjundia fragmentos del libro les pongo aquí la adaptación de un cuento de Ariosto por Benavente para la zarzuela La copa encantada. En ella se reafirma la máxima ojos que no ven, corazón que no siente. Porque no siempre nos aprovecha conocer la verdad:

Interesante tesis la que se deduce de la pieza de Benavente, y que pensamos debió de causar bastante escándalo en la época. La alternativa planteada es el conocimiento de la verdad («la verdad siempre, la verdad sobre todo» [Esc. II]), que prefiere Leonato, a la felicidad («los únicos felices son los engañados») que supone el ignorar «ciertas verdades». La filosofía de los personajes Sempronio y Bartolo, que se resume en la frase de éste «Hay ciertas cosas que no adelanta nada conocerlas» (Esc. X), supone un duro golpe al sentido del honor entendido en la sociedad española del momento, y especialmente oreado en el teatro neorromántico de Echegaray. Ambos personajes, Sempronio, y todavía más Bartolo, encarnan el antihonor, la postura contraria a la que se esperaba en todo marido «ultrajado»: preferir ignorar «su deshonra», o lo que es más sorprendente para la moral de la época, no darle importancia. Así, cuando Leonato pregunta a Sempronio: «¿Habéis visto nada más ridículo que un marido engañado?», contesta Sempronio: «Eso es como todo. Hay algunos que lo sobrellevan con tanta dignidad, con tanta grandeza, que no pueden por menos de inspirar respeto…» (Esc. Ip> postura ésta que se aproxima a la tolerancia y perdón que van apareciendo en el nuevo teatro realista, tanto de Benavente como de Galdós.

Bartolo, hombre sencillo de origen humilde, se niega rotundamente a beber en la copa para compro-bar si su mujer Dorotea le engaña o no: «No soy tan necio como estos otros y como el señor Leonato, nunca entendí que a los maridos importe tanto que su mujer les engañe, siendo así que es la única falta
que ellas han de ocultarle, y así ocultarán las demás que son muchas y más molestas…» (Esc. IX), y termina Bartolo su discurso con la nota de humor que subyace en todo su alegato en defensa de la mujer, que, aunque engaña a su marido, procura por ello darle gusto en todo «para que no tenga tropiezo en qué reparar» (Esc. IX): «…Yo ahora os digo que el ser engañado no quita salud ni apetito, ni salta ojo, ni quiebra pierna ni brazo…, que eso del honor nadie sabe a punto fijo dónde cae ni a dónde para, y es mal de locos quejarse de lo que no duele.» Los caballeros que lo escuchan piensan que es un villano y un ruin, pero Maese Sempronio le apoya: «Hablas como un sabio, Bartolo, y tu filosofía es la verdadera.» Estas palabras suponen la censura definitiva al concepto del honor que había regido desde siempre en el teatro español, y desde luego una intención de quitarle trascendencia.

Marzo 4, 2010

Crítica literaria en las cajas de ahorro

Archivado en: Noticias — Palimp @ 10:14 am
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Conversación real:

Palimp: Hola, me dejé ayer un libro en el cajero automático y venía a ver si por casualidad lo habían dejado aquí.
Amable cajero: Si, nos han dejado un libro ¿Es el Ulises?
P: No, otro. También me dejé dos revistas.
AC: Pues no, sólo tenemos el Ulises.
P: ¿El de Homero o el de Joyce?
AC: El de Joyce. Por eso se lo habrán dejado.

Marzo 3, 2010

Gonzalo Torrente Ballester. Los años indecisos.

Archivado en: Novela — Palimp @ 7:47 am
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Editorial Planeta 1997. 236 páginas.

Gonzalo Torrente Ballester, Los años indecisos
Primeros pasos

Creía tener devorado todo de mi admirado Torrente Ballester pero no; encontré por dos euros este libro que no recordaba haber leído y así era. Mirando en la wikipedia veo que hay otros que irán cayendo cuando las bibliotecas sean propicias.

Un joven que aún no tiene 20 años se inicia como escritor y periodista. Le han ofrecido un puesto mal pagado en Asturias y no acaba de decidirse, pero una conversación con su padre le anima a ello. De ahí viajará a Madrid, de vuelta a la casa materna y otra vez a Madrid, colaborando con mayor o menor fortuna en diarios de no mucho postín. En el camino, el retrato de una serie de personajes y de amores que se cruzan en su camino.

Algo tiene que haber de autobiográfico porque los pasos iniciales del aspirante a periodista coinciden con los del propio autor, pero no del todo, claro. No coincido con la contraportada que afirma que es uno de los más indiscutibles logros de su larga y brillantísima carrera, pero nunca hay que tomarse en serio estas cosas. No me ha parecido uno de sus mejores libros pero el oficio está, la historia tiene interés -me atrapó como lo hace un superventas- y es divertido imaginar que puede haber de cierto en las historias que cuenta.

Gonzalo Torrente Ballester no necesita recomendaciones, además de ser un escritor al que le tengo mucho cariño. Pero si no han leído nada de él, hay otros libros mejores por donde empezar.


Extracto:[-]

Conocí el Ateneo. Era un lugar agradable donde la gente leía y ponía los pies donde podía. No tuve tanta suerte con Fulano (Claudel) y Zutano (Cocteau): éste no figuraba en el catálogo; aquél sí, pero sólo con una pieza, L’Otage, que no me servía para nada porque era una pieza teatral. De todas maneras, apunté el número, por si acaso, y me puse a curiosear. Eché un vistazo a los periódicos del día. Me detuve más, como era lógico, en aquel donde yo iba a trabajar. Miré también los de Madrid, que acababan de llegar: traían lo de siempre, que si patatín, que si patatán, y un discurso completo de un diputado, o como se llamasen entonces, que no lo recuerdo. El discurso era una hermosa pieza retórica: no decía nada, pero usaba, eso sí, las más bellas palabras. Daba gusto leerlo, aun a sabiendas de su vacuidad. El discurso lo repetían los tres diarios de la mañana; es de suponer que también vendría en los de la tarde.

Domínguez me esperaba paseando. Di pronto con él. Le dije de dónde venía y que no había encontrado nada que me sirviese de Fulano y de Zutano. Entonces, él se echó a reír y me dijo:
—No tenía usted que haber hecho caso a lo que le dijeron aquellos de anoche: son de lo más distinguido de esta intelectualidad, pero le puedo asegurar que ninguno de ellos ha leído los autores que han citado, Fulano y Zutano principalmente. Quizá haya sido a mí a quien oyeron esos nombres, quizá haya sido a otro, pero le puedo asegurar que no los han leído por la sencilla razón de que ninguno de los cuatro lee el francés. Usted lo lee, ¿verdad?

—Y lo hablo —le respondí.

—Pues no lo diga usted a nadie. Que no lo sepa nadie, sobre todo en el periódico donde va usted a trabajar: le cargarían con todas las tareas de traducción, y si viene por aquí cualquier franchute tendrá usted que acompañarlo, emborracharse con él e ir de putas, cosa que no le recomiendo, lo de emborracharse, porque aquí es difícil beber el vino tinto que se bebe en otras partes. Aquí todo el mundo va a la sidra, que es lo más rico y lo más barato, pero la borrachera de sidra no es buena. En cuanto a lo otro, además de feas, están enfermas, y si quiere usted agarrarse una mierda para toda la vida, no tiene usted más que ir con una de ellas. Hágame caso. Aquí no viene más que lo que sobra en Santander y en Gijón, dos puertos de mar que saben lo que hacen: echan para aquí lo que les sobra, lo que no les sirve, y aquí el género nos lo dejan peor los mineros, que tienen más dinero que nosotros. Hágame caso y, por todo lo que le dije, calle lo del francés, pero no deje usted de cultivarlo, de leer lo que pueda, sobre todo si son novelas o poemas. Esos de ayer, que a usted le recomendaron a Fulano y a Zutano, son discípulos de Valéry, pero de segunda o de tercera mano a través de sus imitadores españoles. Escúchelos, pero no les haga caso.

Marzo 1, 2010

Andrea Camilleri. Ardores de agosto.

Archivado en: Novela — Palimp @ 7:11 am
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Ediciones Salamandra, 2009. 254 páginas.
Tit. Or. La vampa d’agosto. Trad. Maria Antonioa Menini Pagés.

Andrea Camilleri, Ardores de agosto
Comisario a la parrilla

Ya me habían presentado -y fue un placer- al comisario Montalbano (el nombre es un homenaje a Manuel Vazquez Montalbán). Mina me regaló éste junto con otros y reitero mi agradecimiento.

En pleno agosto, con un calor insoportable, lo último que apetece es investigar un asesinato. Por suerte en verano no hay crímenes; el problema es si un crimen cometido en octubre de hace seis años se descubre ahora. Y precisamente en una casa alquilada por los amigos de su novia Livia. El encuentro del cadáver provocará la marcha de los inquilinos, un enfado de su novia y la puesta en marcha de una investigación bajo el sol abrasador de Sicilia.

Engancha. Como que esta mañana viniendo más temprano de lo habitual al trabajo he ido leyéndolo por la calle (el barrio gótico a las seis y media de la mañana es cuando está más tranquilo; puedo asegurarlo). El carácter vitalista socarrón y melancólico de Montalbano hace que le cojas cariño y la trama está bien construída. Mi olfato de lector de novelas policiacas apuntaba a una pista, se iba acabando el libro y parecía que me equivocaba, pero no: estaba en lo cierto. No les diré sobre qué porque a nadie le gusta que le digan que el asesino es el mayordomo.

Un apunte sobre la traducción. Hay personajes que hablan diferente, supongo que porque utilizan dialectos del italiano. En castellano también hablan diferente. No soy quien para saber si con acierto o no; pero siempre he defendido que hay que intentar este tipo de cosas.

Novela negra de muy agradable lectura.


Extracto:[-]

—Rumores.
—¿O sea?
—Le gustan mucho las menores de edad.
—¿Un pedófilo?
—Dottore, no sé cómo se le puede llamar, el caso es que le gustan las chávalas de entre catorce y quince años.
—¿Y las de dieciséis no?
—No; le parecen un poco pasadas.
—Será de esos que van a menudo al extranjero, que practican el turismo sexual.
—Sí, señor, pero aquí también encuentra. Dinero no le falta. Dicen en el pueblo que una vez los padres de una chica querían denunciarlo, pero él les soltó una millonada y salió bien librado. Otra vez, por haber desvirgado a otra chica, pagó con un apartamento.
—¿Y dónde encuentra gente dispuesta a venderle a la hija?
—Dottore, ¿ahora no tenemos libre mercado? ¿Y el libre mercado no es signo de democracia, libertad y progreso?
Montalbano lo miró estupefacto.
—¿Por qué me mira así, dottore?
—Porque eso que has dicho habría tenido que decirlo yo…


Los otros huevos le dieron uno en la frente y dos en el pecho.
Montalbano se quedó ciego. Se llevó el pañuelo a los ojos para limpiárselos, y cuando estuvo en condiciones de ver de nuevo entre los pegajosos párpados, descubrió que el campesino lo estaba apuntando directamente con el fusil de caza.
—¡Fuera de mi casa, policía de mierda!
Montalbano salió corriendo.
¡Sus compañeros se las habrían hecho pasar moradas a aquel desgraciado! Las manchas de la camisa eran tan grandes que por delante la prenda parecía de un color y por detrás de otro. Tuvo que regresar a Marinella para cambiarse. Y allí encontró a Adelina, fregando el suelo.
—Dutturi, ¿con huevos le han dado?
—Sí, un pobre hombre. Voy a cambiarme.
Se lavó con el agua caliente que salía de la cañería y se puso una camisa limpia.
—Me marcho, Adeli.
—Dutturi, li quería decir que mañana no podré vinir.
—¿Por qué?
—Voy a ver a mi hijo mayor, que istá en la cárcel de Montelusa.
—¿Y el pequeño?
—Ése también istá en la cárcel, pero en Palermu.
Adelina tenía dos hijos, ambos delincuentes que se pasaban la vida entrando y saliendo de la cárcel.
Montalbano también los había puesto a la sombra algunas veces. Pero los chicos siempre le habían mostrado aprecio. Incluso era padrino del hijo de uno de ellos.
—Dale recuerdos.

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