Cuchitril Literario

Setiembre 24, 2008

Cordwainer Smith. En busca de tres mundos.

Archivado en: Ci-Fi — Palimp @ 12:57 pm
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Ediciones B, 2007. 329 páginas.
Tit. Or. Queest of three worlds. Trad. Carlos Gardini.

Cordwainer Smith, En Busca deTres Mundos
Aventuras de Casher O’Neill

Dentro de la publicación de las obras completas de Cordwainer Smith por parte de Nova el cuarto y último volumen es básicamente la novela En busca de tres mundos, ya reseñada en este Cuchitril (si quieren leerla sólo tienen que seguir el enlace). Lo he comprado por tener completa la colección y porque se incluyen una serie de relatos que no encajaban dentro del mundo de la instrumentalidad. Son lo siguientes:

La guerra número 81-Q

En el futuro las guerras se realizan en un espacio alquilado y por medio de aeronaves de control remoto.

La ciencia occidental es tan maravillosa

En un cerro de china hay un marciano condenado a ser la 1.387.229a encarnación subalterna oriental de un Lohan, y está deseando estudiar ingeniería y afiliarse al partido comunista.

Nancy

Las presiones de la soledad del espacio son tan fuertes que para evitar caer en la locura a los astronautas les implantan un chip con un curioso virus. Si no resisten pueden activarlo y conocer a Nancy.

La flauta de Bodidharma

Un orfebre fabricó una flauta que sonaba en unas frecuencias especiales capaces de trastornar a quien las escuchan. Esa flauta la tuvo Bodidharma (Buda).

Angerhelm

Los rusos han captado una curiosa transmisión que les está volviendo locos. Todo el entramado de espionaje y contraespionaje se movilizará para saber que significa y que mensaje transmite.

Los buenos amigos

Un viajero espacial está enfermo ¿Cuándo podrá ver a sus compañeros de viaje? ¿Se encuentran bien?

Los mejores La ciencia occidental es tan maravillosa -extracto al final- y Angerhelm, con la descripción de los movimientos diplomáticos entre las dos superpotencias. Del último relato debió sacar el padre de Julio Iglesias su peculiar muletilla:

Raro raro raro. Es raro raro raro pensar sin cerebro. Pensar sin cerebro es como un truco pero no es un truco. Hablar cuesta aún más, pero se puede hacer.

La novela no está mal y el genio de Cordwainer Smith brillaba mejor en los relatos, así que el libro, en conjunto, está bastante bien. Están a cinco euros en bolsillo, así que por veinte euros pueden hacerse con toda la obra completa. También pueden descargarlo en los siguientes enlaces:

Smith, Cordwainer - Los Señores de la Instrumentalidad I - Piensa azul, cuenta hasta dos.pdf

Smith, Cordwainer - Los Señores de la Instrumentalidad II - La Dama muerta de Clown Town.pdf

Smith, Cordwainer - Los Señores de la Instrumentalidad III - Norstrilia.pdf

Smith, Cordwainer - Los Señores de la Instrumentalidad IV - En busca de tres mundos.pdf

(Te hará falta el programa EMule)

Escuchando: Romanza de Duquesa. Francisco Asenjo Barbieri.


Extracto:[-]
Kungsun había tomado una decisión. Era comunista, pero también era chino: un chino aristócrata y un hombre versado en las tradiciones de su país. Kungsun usó una forma cortésmente arcaica del dialecto cortesano de Pequín cuando dijo, en tono mucho más amable:

—Honorable y estimado demonio, es inútil que intentes afiliarte al Partido Comunista. Admito que es muy patriótico de tu parte, como demonio chino, tratar de unirte al grupo progresista que lidera al pueblo chino en su incesante lucha contra los perversos imperialistas norteamericanos. Aunque me convencieras a mí, creo que no lograrías persuadir a las autoridades del Partido. Lo único que puedes hacer en el nuevo mundo comunista de la Nueva China es convertirte en un refugiado contrarrevolucionario y emigrar a territorio capitalista.

El marciano pareció huraño y afligido. Los miró con expresión taciturna mientras sorbía el vino. A sus espaldas, Li roncaba durmiendo contra una rueda del camión.

—Entiendo, joven, que comienzas a creer en mí —dijo persuasivamente el marciano—. Ni siquiera tienes que admitir mi existencia. Sólo creer un poquito en mí. Me alegra ver que tú, secretario Kungsun, estás dispuesto a mostrarte educado. No soy un demonio chino, pues en un principio era un marciano a quien eligieron para formar parte de la Asamblea Inferior de la Concordia, pero que por culpa de un comentario inoportuno debe continuar viviendo como la 1.387.229a encarnación subalterna oriental de un Lohan durante trescientas mil primaveras y otoños antes de regresar. Supongo que andaré por aquí mucho tiempo. Por otra parte, me gustaría estudiar ingeniería, y creo que sería mucho mejor ser miembro del Partido Comunista que ir a un lugar extraño.

Farrer tuvo una inspiración.

—Tengo una idea —le dijo al marciano—. Pero antes de que la cuente, ¿podrías hacer desaparecer estos malditos camiones y llevarte la zakowka? Se me hace agua la boca pero, lamento decirlo, no puedo aceptar tu hospitalidad.

El marciano agitó la mano para complacerlo. Los camiones y las mesas desaparecieron. Li, que estaba apoyado en un camión, se desplomó en la hierba. Masculló algo en sueños y siguió roncando. El marciano se volvió hacia sus huéspedes.

Farrer retomó el hilo de sus pensamientos: —Dejando de lado la cuestión de si existes o no, te aseguro que conozco el Partido Comunista Ruso y que mi colega, el camarada Kungsun, conoce el Partido Comunista Chino. Los partidos comunistas son algo maravilloso. Conducen a las masas en su lucha contra los malvados norteamericanos. ¿Comprendes que si no continuáramos la lucha revolucionaria, todos tendríamos que beber Coca-Cola cada día?

—¿Qué es Coca-Cola? —preguntó el demonio.

—No sé —respondió Farrer. —Entonces, ¿por qué tienes miedo de bebería? —Eso carece de importancia. He oído decir que los capitalistas obligan a todo el mundo a bebería. El Partido Comunista no puede perder el tiempo formando secretariados sobrenaturales. Si tuviéramos un secretario demoníaco, echaríamos a perder nuestras campañas antirreligiosas. Te aseguro que el Partido Comunista Ruso no lo tolerará, y nuestro amigo te asegurará que no hay lugar para ti en el Partido Comunista Chino. Queremos que seas feliz. Pareces ser un demonio muy amistoso. ¿Por qué no te vas? Los capitalistas te recibirán bien. Son muy reaccionarios y muy religiosos. Incluso podrías encontrar gente que creyera en ti.

Setiembre 23, 2008

¿Qué superhéroe eres?

Archivado en: Noticias — Palimp @ 11:12 am
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Yo soy mi superhéroe preferido:
You are Spider-Man
You are intelligent, witty, a bit geeky and have great power and responsibility.


Click here to take the Superhero Personality Test

Más cosillas. La actualización de esta bitácora ha dejado de tener puntualidad alemana. A la culpable se le puede perdonar todo. El material se me va acumulando y espero que no acabe devorándome.

Intentaré a partir de ahora incluir un enlace de descarga de los libros reseñados o del autor. Ahora hay una sentencia firme según la cual enlazar a redes P2P no es delito. Creo sinceramente que en el caso de los libros proporcionar material electrónico incrementa las ventas de los libros en papel. Y si no, que se lo digan a nuestro querido Paulo Coelho: Paulo Coelho multiplica por diez sus ventas gracias a la descarga gratuita.

Dejaré de incluir la línea escuchando…. Desde que existe Last.fm mi perfil incluye mucha más información sobre lo que escucho: Palimp.

El veí de dalt ha publicado su intervención en Escriure en temps digitals: Les paraules del veí. También Magda participó en la Fiesta del libro en una mesa redonda sobre La literatura y los blogs y nos lo cuenta en Fiesta de Libros. Una mesa redonda a la que me hubiera encantado asistir.

Setiembre 22, 2008

Haruki Murakami. Tokio Blues.

Archivado en: Novela — Palimp @ 9:19 am
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Editorial Tusquets, 2005. 383 páginas.
Tit. Or. Norwegian Wood. Trad. Lourdes Porta Fuentes.

MurakamiTokioBlues
Aquellos maravillosos años

Entre una cosa y otra hace casi más de dos meses que no escribo una reseña (y no les digo lo que tengo acumulado), así que ¿Qué mejor para comenzar que un libro de Murakami? El tercer libro que leo de este autor y seguro que no será el último.

Cual magdalena proustiana el escuchar la canción de los Beatles Norwegian Wood activa el mecanismo de la memoria del protagonista, que retrocede 18 años a su época de estudiante. Una habitación compartida, el suicidio de su mejor amigo, y sus extrañas relaciónes. Las que mantiene con Naoko, que fue novia de su amigo (internada en una especie de hospital mental un tanto extraño) y con Midori, a la que conoce en la universidad.

Esta fue la novela que lo lanzó a la fama y la que dicen que es más comercial. No aparecen, como en La caza del carnero salvaje o La crónica del pájaro que da cuerda al mundo, elementos sobrenaturales, pero comparte la misma atmósfera de irrealidad. El sanatorio donde está internada Naoko tiene un curioso método de terapia. Los personajes que rodean al protagonista tienen historias fuera de lo normal. En esto coincido con Francisco Herrera cuando afirma que hay una continuidad entre sus novelas.

A mí me ha recordado por momentos a Auster (al de antes), y no me ha decepcionado en absoluto. Lo seguiré leyendo y les seguiré informando.

Descárgalo gratis:

Haruki Murakami - Tokio Blues (Norwegian Wood).pdf

(Te hará falta el programa EMule)

Escuchando: Mar De Tranquilidad. Lagartija Nick.


Extracto:[-]

Leía mucho, lo que no quiere decir que leyera muchos libros. Más bien prefería releer las obras que me habían gustado. En esa época mis escritores favoritos eran Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald, Raymond Chandler, pero no había nadie en clase o en la residencia que disfrutara leyendo a este tipo de autores. Ellos preferían a Kazumi Takahashi, Kenzaburó Óe, Yukio Mishima, o a novelistas franceses contemporáneos. Así pues, no tenía este punto en común con los demás, y leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaban de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus páginas, me sentía feliz.
A los dieciocho años, mi libro favorito era El centauro, de John Updike, pero cuando lo hube releído varias veces, perdió su chispa y cedió la primera posición a El gran Gatsby, de Fitzgerald, obra que continuó encabezando mi lista de favoritos durante mucho tiempo. Tomar El gran Gatsby de la estantería, abrirlo al azar y leer unos párrafos se convirtió en una costumbre, y jamás me decepcionó. No había una sola página de más. «¡Es una novela extraordinaria!», pensaba. Me hubiera gustado hacer partícipes a los otros chicos de tal maravilla. Pero a mi alrededor no había nadie que leyera El gran Gatsby. Dudo que lo hubieran apreciado. En 1968 leer El gran Gatsby no llegaba a ser un acto reaccionario, pero tampoco podía calificarse de encomiable.

Pese a todo, conocí a una persona que había leído El gran Gatsby, y nos hicimos amigos precisamente por ello. Se lla-

maba Nagasawa y estudiaba Derecho en la Universidad de Tokio, dos cursos por encima de mí. Nos conocíamos de vista, ya que vivíamos en la misma residencia, hasta que, un día en que yo estaba leyendo El gran Gatsby en un rincón soleado del comedor, él se sentó a mi lado y me preguntó qué leía. «Elgran Gatsby», le dije. «¿Es interesante?», me preguntó. Le respondí que lo había leído tres veces, pero que cuanto más lo releía más párrafos interesantes encontraba. «Un hombre que ha leído tres veces El gran Gatsby bien puede ser mi amigo», repuso como hablando para sí mismo. Y nos hicimos amigos. Corría el mes de octubre.

Cuanto más conocía a Nagasawa, más extraño me parecía. A lo largo de mi vida, me había cruzado, había encontrado o conocido a muchas personas extrañas, pero jamás a nadie que lo fuera tanto. Leía muchísimo más que yo, pero tenía por principio no adentrarse «n una obra hasta que hubieran transcurrido treinta años de la muerte del autor. «Sólo me fío de estos libros», decía.

-No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo precioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo. ¿Sabes?, la vida es corta.

-¿Y qué escritores te gustan? -le pregunté.

-Balzac, Dante, Joseph Conrad, Dickens -me respondió al instante.

-No son muy actuales que digamos.

-Si leyera lo mismo que los demás, acabaría pensando como ellos. ¡El mundo está lleno de mediocres! A la gente que vale la pena le daría vergüenza hacer lo que hacen ésos. ¿No te has dado cuenta, Watanabe? Los únicos medianamente decentes de toda la residencia somos tú y yo. El resto son basura.

-¿Por qué lo dices? -Me sorprendí.

-Porque lo sé. Lo llevan escrito en la cara. Basta con mirarlos. Además, nosotros dos leemos El gran Gatsby.

Setiembre 21, 2008

Julio Caro Baroja

Archivado en: Audiovisual — Palimp @ 1:55 pm
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Para esta tarde de domingo, sesión doble. En primer lugar una entrevista de Julio Caro Baroja en el programa A Fondo:

En segundo lugar, y dentro de las conferencias de la Fundación March, siete charlas. Tres sobre antropología social y criminología y cuatro acerca del Folklore y mundo clásico. Yo he escuchado estas últimas y aunque es un orador algo lento, lo que dice está lleno de sentido:

Conferencias de Julio Caro Baroja en la Fundación March

Setiembre 18, 2008

Chuck Palahniuk. Nana.

Archivado en: Novela — Palimp @ 7:56 am
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DeBols!llo, 2005. 262 páginas.
Tit. Or. Lullaby. Trad. Javier Calvo.

Chuck Palahniuk, Nana
Poema mortal

Hay autores que empiezan a sonar por todas partes y te entran ganas de leerlos. Don Absence recomendaba mucho a Chuck Palahniuk, El club de la lucha me encantó y este libro estaba en edición de bolsillo así que ¿por qué no comprarlo?

El hijo del periodista Carl Streator falleció de muerte súbita y, en un alarde de sensibilidad, le encargan una serie de artículos sobre el tema. Descubre que en todas las casas donde ha muerto un niño había una antología de poemas africanos. Uno de ellos, una nana, tiene el poder de matar a quien se lo recita. La nana es un conjuro sacrificial y parece que pertenece a un libro que contiene más conjuros. Junto con Helen Hoover, cuyo hijo murió en las mismas circunstancias, la secretaria de Helen y el novio de ésta recorrerán los Estados Unidos para destruir todos los ejemplares del libro mientras intentan encontrar el grimorio original.

El argumento es de los que me resultan interesantes, y así es durante las tres cuartas partes del libro. Pero al final empieza a cojear y acaba un poco en el aire. No se qué me esperaba, pero reconozco que cuando me lo leí (escribo esto seis meses después de haber leído el libro -y lo publico un año después de escribirlo-) me decepcionó un poco. Es lo malo de las expectativas. Sin embargo ahora lo recuerdo mejor de lo que me pareció en ese momento, sobre todo después de haber leído otro libro suyo que es peor.

Como me gusta el estilo, seguiré probando con otros títulos suyos. Las reseñas próximamente aquí.

Escuchando: Puerto Rico. Horacio “el negro” Hernández


Extracto:[-]
Llevo las formas a la cocina y bajo la luz se vuelven azules, grises y blancas. Son de plástico duro y quebradizo. Son simples fragmentos. Tejas y persianas y salientes ornamentales de tejado diminutos. Escalones y columnas y marcos de ventana en miniatura. No se puede distinguir si es una casa o un hospital. Hay paredes diminutas de ladrillo y puertecitas. Esparcidas sobre la mesa de la cocina, podrían ser partes de una escuela o de un hospital. Sin ver la imagen de la caja, sin las instrucciones de montaje, los minúsculos canalones y ventanas de buhardilla podrían pertenecer a una estación de trenes o a un manicomio. A una fabrica o a una cárcel.

No importa cómo lo montes, nunca estás seguro de que esté bien.

Los pedacitos, las cúpulas y chimeneas, se agitan al compás del ruido que viene a través del suelo.

Esos musicoadictos. Esos calmofóbicos.

Nadie quiere admitir que somos adictos a la música. No es posible, simplemente. Nadie es adicto a la música, a la televisión ni a la radio. Simplemente necesitamos más, más canales, una pantalla más grande, más volumen. No soportamos estar sin ella, pero no, no somos adictos.

Podríamos apagarla cuando quisiéramos. Coloco un marco de ventana en una pared de ladrillo. Lo pego con un pincelito del tamaño de un pintaúñas. La ventana es del tamaño de una uña. El pegamento huele a laca del pelo. El olor hace pensar en naranjas y en gasolina.

El dibujo de los ladrillos de la pared es tan delicado como una huella dactilar. Coloco otra ventana en su sitio y le aplico pegamento con el pincel.

La vibración del sonido atraviesa las paredes, recorre la mesa, luego el marco de ventana y por fin mi dedo. Esos distradictos. Esos concentrafóbicos. El viejo George Orwell lo entendió todo al revés. El Gran Hermano no está mirando. Está cantando y bailando. Está sacando conejos de una chistera. El Gran Hermano está ocupado en reclamar tu atención a cada momento que pasas despierto. En asegurarse de que siempre estés distraído. En asegurarse de que permanezcas abstraído.

En asegurarse de que se te marchite la imaginación. Hasta que sea tan útil como tu apéndice. En asegurarse de que tu atención siempre está ocupada.

Y esta forma de ser alimentado es peor que ser observado. Si el mundo te mantiene siempre ocupado, nadie tiene que preocuparse por lo que tienes en mente. Si la imaginación de todo el mundo está atrofiada, nadie más será nunca una amenaza para el mundo.
Me abro con el dedo un botón de la camisa y me meto la corbata dentro. Con la barbilla pegada al nudo de la corbata, introduzco con las pinzas una ventanita de cristal dentro de cada uno de los marcos. Usando una cuchilla, corto las cortinas de plástico en fragmentos más pequeños que un sello de correos, cortinas azules para el piso de arriba, amarillas para la planta baja. Pego las cortinas, algunas abiertas y otras cerradas. Hay cosas peores que descubrir a tu mujer y tu hijo muertos. Puedes ver cómo los mata el mundo. Puedes ver cómo tu mujer envejece y se aburre. Puedes ver a tus hijos descubriendo todas las cosas del mundo de las que has intentado salvarlos. Las drogas, el divorcio, el conformismo, las enfermedades. Todos los bonitos libros, la música, la televisión. Las distracciones.

A toda esa gente a quien se le ha muerto un hijo tienes ganas de decirles: adelante. Culpaos.

A la gente que amas les puedes hacer cosas peores que matarlos. Lo normal es quedarse mirando cómo el mundo lo hace por ti. Solamente tienes que leer un periódico.

La música y las risas te consumen los pensamientos. El ruido los ahoga. Todos los sonidos distraen. Te duele la cabeza de respirar pegamento.

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