Aitor Zárate. Cambio de vida.
Editorial ESIC, 2006, 2007. 230 páginas.
A todos nos gustaría tener pasta y no sufrir por la hipoteca, y mi amigo Manolito Márquez no es una excepción. Así que se leyó este libro para ver si podía dejar el trabajo y dedicarse a la buena vida. Como no se quedó convencido del todo me pasó el libro para que le diera mi opinión.
Veamos lo que anuncia la contraportada:
Me va a enseñar las claves que llevaron a una persona absolutamente normal (con hipoteca, tarjeta de crédito, préstamo del coche, seguridad social, plan de pensiones y un sueldo normal) y cambiando sus hábitos con respecto al dinero, a conseguir en 12 años, no solamente la independencia financiera sino ser rico.
El protagonista hace una visita a Roberto Santa Rita, rico gracias a su técnica particular, que le enseñará mediante breves lecciones estructuradas a través de 21 tarjetas. Mitad libro de autoayuda, mitad economía divulgativa, nos vende que siguiendo estos simples consejos podemos llegar a conseguir lo que todos queremos: la independencia económica.
Atrayente ¿no? No es el primer libro sobre como hacerse millonario, y el que tenga tantas ediciones no es sinónimo de eficacia, sino de la situación económica del país. Porque el libro es bastante flojo, y los trucos, nada del otro mundo.
El único consejo útil es que no es conveniente gastar alegremente (aunque para saber esto no hace falta ser economista). El resto, veámoslos uno a uno.
El autor es un defensor del alquiler frente a la compra, como tantos economistas que, sin embargo, casi siempre viven en pisos de propiedad. Siempre se dice que en este país no hay cultura de alquiler, y yo me pregunto ¿la culpa es de la cultura, o de las condiciones del mercado? Yo he vivido 19 años de alquiler y ahora estoy muy contento con haber comprado un piso -a pesar del pedazo de hipoteca que pago y de haber sido siempre enemigo de tener una propiedad. Tengo una cuota que va a ser más o menos fija, cada cinco años no me pueden aumentar un 50% el importe del alquiler -y mucho menos echarme- y si hay algo que no me guste puedo reformarlo sin que por ello me suban el alquiler. Si tuviera un contrato indefinido no me lo pensaría: viviría de alquiler. Pero tal como está montado el sistema, no tengo ninguna duda: si te lo puedes permitir económicamente, lo mejor es comprarte un piso.
La única alternativa que propone el autor es la multipropiedad. No soy experto en el tema, pero conozco gente que ha invertido en ese campo, y aunque no están descontentos tampoco hablan maravillas… si en vez de invertir en multipropiedad hubieran comprado un apartamento pequeño en la costa estarían más contentos.
Otra gran revelación es el mercado de futuros. Como puede verse en la Wikipedia la cosa no es nueva; se negocia con futuros sobre materias primas desde hace más de dos siglos, y sobre productos financieros desde hace dos décadas. Pero el autor lo utiliza como una especia de abracabadabra de connotaciones maravillosas. Como muestra, la anécdota en la que epata a un empleado de un banco:
“Imagino que si el fondo es de renta variable española principalmente estará indexado al Ibex 35 (índice de referencia en España)”.
“Sí señor”, contestó él, ufano, creyendo que dominaba la situación.
“Entonces, si el Ibex 35 sube el primer año un 30%, mi fondo subirá también un 20% más o menos (lógicamente menos que el índice por el efecto de las comisiones que nos cobra la gestora del fondo perteneciente al banco)”.
“Quizás un poco más”, añadió el bancario convencido.
“Y si el Ibex 35 cae un 30%, ,mi fondo caerá un 20%, ¿no?”.
“Sí, tenemos buenos gestores y en este último supuesto habríamos batido al mercado…”
“.. .Que es lo que usted me diría si yo viniese preocupado por esa hipotética pérdida del 20%, ¿no es así?”.
“Sí, así es”.
Entonces llegó mi momento:
“Y si son tan buenos gestores, ¿por qué no se han cubierto con futuros?”.
“Eh, bueno…” balbuceó mi interlocutor, que iba poniéndose pálido por momentos”.
Aquel señor no tenía ni idea de qué eran los futuros, cómo funcionaban ni qué era aquello de cubrirse, técnicamente denominado cobertura.
“Si no le importa, quisiera hablar con el director de la oficina”.
Todo eso está muy bien pero ¿Cómo nos hacemos ricos? El autor tiene un método para invertir en la bolsa que expone de manera sucinta y que el protagonista probará con éxito en directo invirtiendo por internet. No es difícil. Si pensamos que una acción va a subir nos ponemos largos, es decir, compramos acciones. Si pensamos que va a bajar, nos ponemos cortos,o lo que es lo mismo, vendemos acciones que no tenemos porque las compraremos en el futuro. ¿Y si nos equivocamos? Aquí está la gracia: ponemos un stop-loss, una orden que venderá automáticamente las acciones si bajan -o suben- de determinado precio. Con esto evitamos perder más de una cantidad fija de dinero.
Veamos un ejemplo. Hay unas acciones que creo que van a subir y están a 50 dólares. Compro mil y pongo un stop-loss en 48. Si las acciones suben a 55 he ganado 5000 dólares. Si bajan hasta 48 el sistema me las vende automáticamente y habré perdido 2000 dólares. Nunca puedo perder más de lo que marco en el stop-loss. Parece un buen truco: limitamos las pérdidas pero no ponemos coto a las ganancias.
¿Funciona? No Esto no es más que una martingala, cambiando el casino por la bolsa. No descarto hacer un simulador como hice con el casino virtual. Veamos un ejemplo. Yo tengo 6000 dólares y hago una operación como en el ejemplo anterior. Si pierdo tres veces seguidas -y no es tan difícil- me quedo sin dinero. Y aunque gane puede ser que sea menos que el stop-loss que he puesto. En el mismo libro el autor se cubre las espaldas diciendo que un 90% de los novatos que usan este sistema se arruinan. Igual que en cualquier martingala; el problema no es del que la usa, sino del propio sistema.
Pero hay más problemas con estos métodos. En El blog salmón explicaron una situación muy interesante en el artículo Las manos fuertes de la bolsa. Si hay gente que tiene una gran cantidad de acciones de una empresa puede venderlas provocando una caída de la cotización. La caída hace saltar los stop-loss, con lo que se provoca una avalancha de ventas y un desplome del precio. Es el momento para volver a comprar a bajo precio. Las Manos fuertes se llevan el beneficio y los inversores han perdido acciones y dinero.
- Oiga, oiga -me dice el autor- ¿Es usted un experto en bolsa?
- Pues no.
- Entonces a callar y ustedes no le hagan caso: no sabe de lo que habla.
- No sabré de bolsa, pero sí de martingalas: todas parecen funcionar a corto plazo, pero a la larga te vacían el bolsillo. Pero ya que aparece por aquí permítame un par de preguntas. Si usted ya se ha hecho millonario ¿Por qué se dedica a escribir libros y a explicarlo?
- Porque me prometí a mi mismo que si conseguía mi objetivo ayudaría a los demás a hacerlo también.
- Tanta bondad le honra. ¿Y por qué, si este método funciona, no lo está usando todo el mundo?
- Porque la gente es muy ignorante y no se atreve a probar nuevos métodos.
Y yo que me lo creo. Si gano todos los días 6000 euros jugando a la bolsa lo más normal es contarlo a todo el mundo para que haga lo mismo y además montar cursos los fines de semana para explicar el método. Si hay una manera de hacerse rico que funciona la gente no va a probarla porque todos somos muy conservadores y no hay nadie que vaya a arriesgarse. Ni siquiera aquellos a los que le sobra el dinero para probar lo que sea. Las mismas preguntas que desmontaban los trucos para ganar al casino (¿Por qué me lo cuentas? ¿Por qué no lo usa todo el mundo?) funcionan con este sistema.
La cosa no acaba aquí. Si cuando leo a Platón siempre pienso que son libros amañados, porque Sócrates nunca tiene un adversario a la altura, en este libro el servilismo del protagonista consigue ruborizarnos. Él va ahí a aprender, y no osaría llevar la contraria al experto, maestro y sensei. Tanto es así que el efecto al final es contraproducente; tanta coba empacha.
Mucho peor son los detalles tipo secta. Si el lector tiene dudas, lo más normal es que consulte con sus amigos. Pero el autor bloquea cualquier posible buen consejo repitiendo a lo largo del libro que no hay que hacer caso a quien no sabe de economía. Así, si un buen amigo le hace ver que es muy raro que alguien venda duros a cuatro pesetas, siempre le podremos decir ‘y tu que sabrás de economía’. También es de recibo las constantes referencias al apoyo de tu pareja. No te puedes hacer millonario sin ese apoyo. Así, si la parte más interesada en que tengas la cabeza encima de los hombros pone alguna objección le podremos replicar ‘Cómo quieres que me haga rico si no estás a mi lado’.
Resumiendo: nadie te va a cambiar un sobre con muchos billetes morados repetidos y si hubiera un atajo eficaz para hacerse rico, ya habría cola.
Escuchando: Las cosas lentas. Portonovo .
Extracto:[-]
Dicen que, como mucho, usamos el 15% de nuestro cerebro, así que voy a intentar que tengas que estrujarlo hasta donde seas capaz. No nos andaremos por las ramas aunque parezca que, a veces, repito las cosas, entiende que todo tiene su razón de ser y en este caso tenemos que grabar una serie de ideas a sangre y fuego, tirando a la basura todas aquellas que estén obsoletas. Habrá gente que diga: “Yo no quiero cambiar de vida”. Yo afirmaría que lo que tendrían que decir es: No soy “capaz” de cambiar de vida. Es evidente que si queremos cosas mejores, y no sólo me refiero al dinero, tenemos que cambiar nuestros planteamientos. ¿Quién puede decir que no quiere conseguir la independencia financiera y mejorar como persona? ¡Nadie! Puede parecer que me centro demasiado en el aspecto económico, pero en primer lugar estamos aquí para hablar de ello, además de que la consecución de la independencia financiera y el crecimiento personal están más íntimamente ligados de lo que te imaginas. El dinero tiene que constituir el medio y nunca el fin. Si se tiene un objetivo, se conocen las reglas de este mundillo y se elabora un plan, el dinero vendrá solo; tendremos que actuar, “mojarnos”, como se dice coloquialmente, pero vendrá. Así que seamos consecuentes y no digamos tonterías como: “No quiero cambiar de vida”. Sé que habrá personas que no estarán de acuerdo con lo que hice y planteo, otras lo estarán pero no se atreverán a dar el paso y otras que se pondrán manos a la obra inmediatamente.



