Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

Mayo 22, 2009

Fernando Iwasaki. Neguijón.

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Editorial Alfaguara, 2005. 172 páginas.

Fernando Iwasaki, Neguijón
Podredumbre

No se dejen engañar por algunas críticas. No es una novela histórica, aunque esté ambientada en el siglo XVI y haga gala de una erudición a prueba de inquisiciones. Es más, muchísimo más.

El barbero ha llegado a la plaza del pueblo y todos aquellos con los dientes en mal estado se acercan con fatalidad a su consulta. La casualidad hace que se encuentren los mismos personajes que coincidieron en la fuga de una prisión de Sevilla, hace ya muchos años, en la que participó alguien ahora ilustre.

Lo primero que uno siente al leer este libro es Gracias por haber nacido en este siglo, dónde existe la anestesia. Ilustrado con grabados de la época, Iwasaki nos presenta un catálogo de enfermedades dentales y los métodos para curarlas que te pone realmente la piel de gallina -aunque no sea esa la intención.

Lo segundo es el asombro ante el humor y el buen hacer del autor. El libro se estructura en tres momentos temporales: la fuga de la cárcel, la cola ante el barbero y una breve aparición de una lucha naval. Estas ocasiones se mezclan indistintamente en el texto, y la mezcla de lenguaje del Siglo de Oro con una estructura moderna es muy eficaz.

Aunque en rigor no ocurre gran cosa el libro está trufado de parodias y referencias que según afirma el autor son reales y documentadas. Es uno de los libros que más me han gustado de este año, divertido y de calidad. Este Iwasaki está resultando todo un descubrimiento.

Escuchando: L’obrer. Accidents polipoetics.


Extracto:[-]

Así, el tránsito hacia la Plaza Mayor quedó interrumpido por una audiencia mugrosa que escuchaba entre arcadas cómo del fango de la nariz nacía una estirpe de gusanos peludos del grosor de un dedo, cómo de la corrupción de los abscesos brotaban lechosos enjambres de lombrices y cómo ciertos vomitivos permitían desaguar de los intestinos a los gusanos velludos de cabeza roja, tan gordos como un guisante y del largo de cuatro dedos. Utrilla levantó el frasco maloliente de salmuera y —mostrándolo a la multitud— declaró que ahí tenía encurtidos todos los linajes de anguilas, orugas y gusarapos que se criaban en las entrañas del hombre, menos al repugnante neguijón, que roe y socava los dientes.

Dios, en su infinita sabiduría —prosiguió Utrilla enfervorizado—, dispuso que en las dentaduras anidara el neguijón, para que el dolor de muelas nos acompañara por siempre como advertencia del eterno tormento de la muerte. Y una vez más recurrió a la autoridad de fray Luis de Granada, quien en su Guía de pecadores sentenció que el infierno era un perpetuo crujir de dientes y un nauseabundo lugar donde los neguijones devoraban los cuerpos y los demonios atenazaban las muelas por los siglos de los siglos.

Utrilla miró al cielo y meneó la cabeza resignado: la corrupción de nuestros cuerpos había
comenzado ya, pues supuraba en forma de callos, bubas, forúnculos y sabañones, por no hablar de la sarna, las llagas y los tumores. Pero si hasta los peores males tenían remedio —ya que los dedos gangrenados se cortaban y las almorranas se quemaban con cauterios de plomo y vitriolo romano—, en cambio el dolor de muelas y la corrupción de la boca eran para toda la vida, pues aunque las muelas podridas se arrancaran, los neguijones terminarían royendo las piezas vecinas. Y por eso al pecador y a la mujer hermosa, al hombre santo y al niño inocente les apestaba la boca a licor de cadáver insepulto.

La liturgia del dolor estaba a punto de comenzar y Utrilla demandó un sacrificio especial a los presentes: para atrapar un neguijón era preciso extraer más de una muela, cercarlo entre los pasadizos de la dentadura y ensartarlo con una astilla caliente sobre las encías. ¿No serían Dios y la ciencia bien servidos, aunque se perdieran unas cuantas muelas como sacrificio? Después de todo, una boca sin dientes jamás pecaría de gula, reiría más bien con recato, se guardaría del adulterio y no podría morder los frutos ponzoñosos del placer. Una boca sin dientes allanaría la salvación a través de una vida contemplativa, mística y anacoreta. Una boca sin dientes —en suma— retardaría la muerte, porque la corrupción de la carne comenzaba en las ciénagas de la dentadura.

Enero 4, 2008

José Antonio Millán. Nueva Lisboa.

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Editorial Alfaguara, 1995. 352 páginas.

José Antonio Millán, Nueva Lisboa
Sherezade virtual

En algún sitio de esta bitácora he comentado mis despites con los nombres de los escritores. Este libro lo compré pensando que era de Juan José Millás -hay que ser zoquete- pero siempre acabo teniendo suerte. Es un libro que vale la pena.

En un futuro lejano la humanidad ha preferido vivir en un entorno virtual simulado olvidando la realidad. Pero el último hombre sobre la tierra se enfrenta a la inteligencia artificial que controla el mecanismo. Puede acabar de sellar el pacto y dejar que toda la humanidad siga en sus sueños felices o elegir la vida real. Para ayudarle a tomar esa decisión el sistema artificial lo introducirá en un laberinto de historias.

La estructura del libro es la de las muñecas rusas: dentro de cada historia hay otra historia. Un navegante espacial narra sus desventuras en un planeta en el que era rey y una mujer le entretenía leyendo un libro en el que por casualidad aparece la historia de una mujer que entra en una realidad virtual -la Nueva Lisboa del título- y después de ciertas aventuras se pone a ver una película sobre una persona que viaja en el tiempo cada día que intentará que un escritor acabe una novela que… Todas las historias irán cerrándose dando respuesta a la pregunta del protagonista.

El tema de fondo siempre es el mismo: la realidad frente a lo virtual. En un sentido amplio, también la literatura construye un mundo virtual en el que podemos vivir. La novela es buena, es la segunda vez que la leo y me ha gustado tanto como la primera vez. Es una pena que José Antonio Millán no sea más prolífico, aunque siempre podemos visitar su página web y su bitácora El futuro del libro.

Escuchando: Hello Heavenly. Keziah Jones.


Extracto:[-]

La Nueva Lisboa que le había correspondido estaba a seiscientos kilómetros al norte, pero en su mismo distrito, de modo que un trayecto normal en el Tubo le pondría a sus puertas.

El azar le sentó al lado de un rodos, o al menos de alguien que llevaba el pelo como uno de ellos, y le miraba con ojos muy abiertos. No tardó mucho en descubrirse como un asiduo del Caldo.

—Con ésta llevaré, si Dios quiere, diez veces que me mojo.

—Vaya…

—Sí, y además he quedado con varios amigos allí. Se mojarán unos en Nueva Lisboa II, otros en la III; hemos sincronizado nuestras entradas. Somos amigos de Salto. Saltamos juntos desde hace años, empezamos en Johannesburgo. Usted sabe, el I es el africano.

Sonia contestó que ésta era su primera vez. No mencionó los largos años de ahorro, ni la noche, hacía varios meses, en que ella y su marido arrojaron la moneda al aire (y con frecuencia pensaba que habría sido mejor perder). Pero su acompañante, con tantos saltos, ¿no sería un millonario?, o tal vez había ganado puntos de una partida para otra.

—Ah, pues es algo delicioso —le animaba ahora—, tan real. Y quien pueda procurarse algunas cosas, pues ahí tiene el Ocho… Allí no hay peligro, ¿sabe? ¿Cómo va a haberlo? Algunos alquilamos automóviles, incluso, y corremos —se frotó las manos—. Y luego el Juego, claro. He buscado la cartera —Sonia conocía la variante más antigua del Juego, «La cartera perdida»—, pero confío en que esta vez sea algo cooperativo, como «Detrás de Rita»; mis amigos y yo vamos a formar equipo. Tenemos una cita en un viejo bar: ¡tranquiliza saber que todo permanece como lo dejaste, salto tras salto! Pero a alguno ni le conoceré. Ya sabe; es como en el Paraíso: a lo mejor resulta que el bienaventurado de al lado es tu esposa, pero permanecéis ajenos. Más de uno ya habrá acumulado bonificaciones exteriores, y te lo encuentras más alto, moreno, con todo el pelo —y se reía tapándose la boca: no llevaba mascarilla—… Claro que si el sesgo es individual nos convertiremos en rivales.

El Tubo zumbaba y se notaba el olor acre de las grandes aceleraciones. Sonia preguntó, bruscamente:

—¿Duele?

—En ningún momento, lo más doloroso fue eso —y señaló su cuero cabelludo. No se veía, claro, pero allí es donde debían de haberle implantado, una y otra vez, las diminutas unidades de conexión—. No es dolor, es desconcierto, o algo parecido a la sensación de estar borracho, o entrando en un sueño. Uno ve las calles, la gente; puede tocar incluso una verja de hierro: está fría y dura. Pero uno sabe que no es de verdad… O lo sabe al principio; luego, todos nos olvidamos: ¡hay tanto que hacer!

Sonia puso cara de concentración, esperando que fuera freno suficiente para su compañero de asiento, y recordó cuando, hacía veinte años, había comenzado el Campo. Puede que incluso presenciara por el canal la apertura de la Nueva Lisboa I, en Johannes-burgo. Recordaba haber visto en la pantalla el colosal monumento de ingeniería que había sido su sede: la Columna, luego replicada a escala menor en cada una de las Estaciones.

xxi. ¿PUEDO HACER LO QUE QUIERA EN EL CAMPO?

Durante la simulación se suspenderá temporalmente la vigencia de determinados artículos del Código Penal (véase la relación adjunta). Esto tiene por objeto animar las incidencias del Juego, pero cualquier abuso que se cometa fuera de este marco conducirá a penalizaciones. Determinadas acciones dispararán el mecanismo de retorno automáticamente, sin perjuicio de ulteriores sanciones.

XXII. LO QUE HAY QUE OBEDECER

Cualquier indicación u orden que aparezca marcada con el característico resplandor azulado deberá ser cumplida lo antes posible.
Todas las pistas o indicios propios del juego le llegarán por vía normal, y su seguimiento o no queda a la estrategia del jugador.

Junio 6, 2007

Terry Pratchett. Sólo tú puedes salvar a la Humanidad.

Archivado en: Ci-Fi — Palimp @ 9:30 am
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Alfaguara, 1994. 180 páginas.
Tit. Or. Only you can save the mankind. Trad. Miguel Martínez-Lage

Terry Pratchett, Solo tu puedes salvar a la humanidad
No mates al marciano

Las obras de Pratchett no se limitan al Mundo Disco. Además de unas cuantas obras en colaboración, como Buenos Presagios, que ya comentamos aquí, tiene escritas unas cuantas dirigidas al público juvenil. La más famosa es, quizá, la trilogía del éxodo de los Gnomos, pero tiene otras que iremos viendo en estas páginas.

Johnny tiene un nuevo juego de ordenador: Sólo tú puedes salvar a la humanidad. Para conseguir el objetivo hay que destruir el mayor número de naves ScreeWees posibles. Pero algo raro pasa en el juego, porque en la pantalla aparece un mensaje: Nos rendimos. No queremos más guerras. Johnny deberá convertirse en el salvador de la flota y protegerlos de los ataques de otros jugadores.

La idea de partida es original ¿Cómo se puede vencer a un enemigo que tiene vidas infinitas (como dice la capitana de las tropas ScreeWees: Son muy pocos, pero siempre vuelven a la carga)? Quizá el luchar con honor y morir gloriosamente no sea la respuesta y la única manera de salvar a su gente sea la rendición.

Aún así, en comparación con otros libros del autor, es bastante flojo. No es excusa que esté dirigido a un público juvenil, otros hay que pueden ser leídos por adultos y son disfrutados igual. Sólo para fans de Pratchett o para picar con el gusanillo de la lectura a sus hijos.

Actualización: Este videoclip puede ilustrar el antibelicismo del libro:

Escuchando: Never Gonna Let You Go. Delores Hall.


Extracto:[-]

La Capitana se recostó en su sillón, en el enorme, sombrío puente de mando. Tenía unas manchas amarillentas bajo los ojos, debidas seguramente a la falta de sueño que arrastraba desde hacía tiempo. Quedaban tantas cosas por hacer… La mitad de los cazas habían sufrido graves daños y los cruceros no estaban en buenas condiciones; por otra parte, apenas quedaba sitio y, con toda seguridad, no había alimentos suficientes para todos los supervivientes que fueron recogidos a bordo.

Levantó la mirada y se encontró con el oficial de artillería.

—No me parece una jugada muy sabia —dijo.

—Pero es la única que podía hacer —repuso la Capitana con cautela.

—¡No! ¡Es preciso que demos la cara y que sigamos luchando!
—Terminaríamos todos muertos —dijo la Capi-

tana—. Plantamos cara, luchamos y morimos. Así ha sido hasta la fecha.

—¡Pero morimos gloriosamente, como héroes!

—En esa frase que acaba de decir hay una palabra muy importante —dijo la Capitana— Y no es precisamente «gloriosamente», ni tampoco «héroes».

El oficial de artillería se puso verde de rabia.

—¡Ha atacado a cientos de nuestras naves!

—Y ahora ha dejado de hacerlo.

—De todos los demás, ninguno ha dejado de hacerlo —dijo el oficial de artillería—. ¡Son humanos! Y no es posible fiarse de un ser humano. Disparan contra todo lo que se les pone por delante.

La Capitana apoyó el hocico sobre una mano.

—Pero éste no actúa así —dijo—. Ha escuchado nuestro mensaje, ha hablado con nosotros. Ninguno había hecho eso antes. Es posible que éste sea el Esperado…, el Elegido, quiero decir.

El oficial de artillería plantó las dos manos superiores sobre la mesa y la miró furibundo.

—Bien —dijo—, he hablado con los demás oficiales. Yo no creo en las leyendas. Cuando se comprenda en toda su magnitud lo que acaba usted de hacer, le será retirado el mando de la flota.

Ella volvió hacia él unos ojos claramente cansados.

—Muy bien —dijo—. Pero por el momento sigo siendo la Capitana, sigo siendo la responsable de la flota, ¿lo entiende usted? ¿Tiene usted al menos una remota idea de lo que eso significa? ¡Márchese y déjeme en paz!

No le agradó la orden, pero no podía desobedecer. «Puedo ordenar que lo fusilen —pensó la Capitana—. Y no sería mala idea; así nos ahorraremos complicaciones que puedan surgir más adelante. Lo apuntaré en la lista de cosas por hacer; será el n.° 235 de los asuntos pendientes.»

Diciembre 15, 2005

[*] José María Merino. Cien años de Cuentos.

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Editorial Alfaguara 1998, 1999. 575 páginas.

Para chuparse los dedos

Este, junto al de Zarraluki, son los libros que cogí de la biblioteca. Si el de Zarraluki me encantó por méritos propios, la monumental selección que propone Merino me encanta por méritos propios y ajenos. De José María Merino tengo leído ‘Cuentos del reino secreto’, que me recordaron a Michael Ende, y si su labor como escritor me dejó buen sabor de boca, su tarea como seleccionador de esta antología me ha dejado la boca abierta.

Cien años de cuento nada menos, desde 1898 hasta 1998. Una selección cuidada y representativa de una gran cantidad de autores, que reflejan una excelente variedad estilística y temática. Exceptuando uno nacido en Francia y otro en cuba, todos los autores son españoles, así que no esperen encontrar a ningún maestro de la narrativa hispanoamericana; esa selección es todavía un trabajo pendiente.

La antología está ordenada, con buen criterio, por el orden de nacimiento de los autores, y no por el orden de publicación de los cuentos, aunque este dato suele figurar al final de los mismos. Uno siempre se pregunta si el antologista ha escogido con buen criterio; una buena prueba es comprobar si coincide con nuestro gusto. Que de Ana María Matute haya escogido el excelente cuento ‘Pecado de omisión’ me da confianza; yo también lo hubiera elegido.

Para saborear con tiempo, no como un servidor que lo devoró cual lepisma durante un viaje en autobús, no es muy caro (unos 21 €) para la cantidad y calidad de su literatura. Es un placer releer cuentos de autores conocidos y descubrir a desconocidos. Imprescindible en cualquier biblioteca.

Para que no se diga, dejo aquí el listado completo de los cuentos que conforman este volumen:

El amor que asalta
miguel de Unamuno

Malpocado
Ramón María de Valle Inclán

Golpe doble
Vicente Blasco Ibáñez

Lo desconocido
Pio Baroja

La mariposa y la llama
José Martínez Ruiz, Azorín

El muñeco de trapo
Jose María Salaverría

El hombre de la barba negra
Eduardo Zamacois

La doncella de oro
Gabriel Miró

Ejercicios Espirituales
Manuel Bueno

Don Paciano
Ramón Pérez de Ayala

El nefasto parecido
José Francés

Soina
Wenceslao Fernández Flores

Drama obscuro
Alfonso Hernández Catá

Eucaristía
Antonio de Hoyos y Vinent

El jardinero extático
José Moreno Villa

La tía Marta
Ramón Gómez de la Serna

Película
Benjamín Jarnés

Cuando, por fortuna, se tienen ‘cosas’
Tomás Borrás

La viuda de los Meyer (una historia de amor)
Jacinto Miquelarena

El testamento
Arturo Barea

Reo de muerte
José Díaz Fernández

El genio de la noche y el genio del día
Rosa Chacel

Juana Rial, limonero florido
Rafael Dieste

El único amigo
Edgar Neville

El buitre
Ramón J. Sender

Un astrónomo
Andrés Carranque de Ríos

La ingratitud
Max Aub

El misántropo
Samuel Ros

The Last Supper
Francisco Ayala

El comodoro
Gonzalo Torrente Ballester

Visita irreprochable
Manuel Andújar

Culpemos a la primavera
Camilo José Cela

Pasado mañana
Alonso Zamora Vicente

Concierto desesperado
Vicente Soto

Hotel Florida, Plaza del Callao
Juan Eduardo Zúñiga

Paulina y Gumersindo
Francisco García Pavón

El refugio
Miguel Delibes

Rosamunda
Carmen Laforet

El mar
Carlos Edmundo de Ory

Coro
Ramiro Pinilla

Elpozo encerrado
Antonio Pereira

Los hombres del amanecer
Ignacio Aldecoa

La trastienda de los ojos
Carmen Martín Gaite

Cuento de estío
Medardo Fraile

Pecado de omisión
Ana María Matute

Día de caza
Jesús Fernández Santos

La bruja de la calle Fuencarral
Alfonso Sastre

Los caballos
Jorge Ferrer Vidal

Syllabus
Juan benet

Recuerdo de un día de campo
Juan García Hortelano

Morgazo
Antonio Martínez Menchén

El Noroeste
Fernando Quiñones

Los ojos del niño
Daniel Sueiro

Cara y Cruz
Juan Goytisolo

Desembarazarse de Crisantemo
Gonzalo Suárez

La excursión

Francisco Umbral

Terror de Año Nuevo
Manuel Vicent

Testigo imparcial
Ricardo Doménech

El castillo en llamas
Ana María NAvales

Un encuentro
Javier Alfaya

Un relato corto e incompleto
Álvaro Pombo

Un cuento pequeño, hálito de penumbra
Elena Santiago

El gran Buitrago
juan Pedro Aparicio

A través del tabique
Marina Mayoral

Hotel Bulnes
luis Mateo Díez

Livingstone
Manuel Longares

El reloj de Bagdag
Cristina Fernández Cubas

Instantáneas
Jose María Latorre

El hombre que salía todas las noches
Juan José Millás

El origen del deseo
Soledad Puértolas

Nunca voy al cine
Enrique Vila-Matas

La ponedora
Gustavo Martín Garzo

Vacaguaré
Luis León Barreto

Diario Corrupto
Manuel de Lope

En el viaje de novios
Javier Marías

Retrato de familia
Roas Montero

El señor Link visita a un autor
Paloma Díaz Mas

El puentecito
Jose Antonio Millán

Los guerreros de bronce
Pedro Zarraluki

Teoría de la eternidad
Javier García Sánchez

No se mueve ni una hoja
Julio Llamazares

El hombre sombra
Antonio Muñoz Molina

Juicio Final (aldo Pertucci)
Agustín Cerezales

De un espía paradójico y de lo bien pagado que estaba
Adolfo García Ortega

Amor de madre
Almudena Grandes

Los mundos lejanos
Felipe Benítez Reyes

Cotidiana
Francisco javier Satué

Velocidad de los jardines
Eloy Tizón

Las musarañas
Juan Bonilla

Señoritas en sepia
Juan Manuel de Prada

(Un día, un libro 249/365)
Escuchando: Girls. Josmar

Noviembre 5, 2005

[*] Julio Cortázar. Cuentos Completos/2.

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Editorial Alfaguara, 1998, 2002. 510 páginas.
Recopilación de sus cuentos de 1969 a 1982

Literatura

Hay escritores buenos, hay escritores mejores, y luego está Julio Cortázar. Rabia me daba no poder reseñar nada de él y estaba a punto de releerme (por enésima vez) la colección de cuentos que tengo, cuando descubrí este volumen en la biblioteca. Algunos de los cuentos de aquí ya los había leído, aunque sólo una vez, y otros -oh maravilla- no los había leído, con lo que el placer ha sido doble.

Me es difícil hablar de Cortázar sin ser subjetivo. Uno, dentro de su humilde opinión, tiene sus preferencias en materia de escritores. Pero si, enfrentado a la pregunta fatídica de cual es tu escritor favorito, teniendo que elegir entre tantos y buenos, con mucha probabilidad daría el nombre de Cortázar. Y para no ser yo el que alabe sus cualidades, repetiré lo que pone en la solapa del libro:

Hay que leer a Cortázar. Siempre. Sus cuentos son la pintura genial del sueño de seres improbables, llenos de ternura, ausentes, mágicos. Es la síntesis mejor de su literatura, y es la oportunidad de aproximarse a su capacidad para crear con las palabras una atmósfera que se parece a un viaje interminable en el que él nos conduce con su mano maestra.

Las más de quinientas páginas de cuentos no sólo no empachan, sino que dejan con ganas de más; pero esa es la maldición de las obras completas: que ya no hay más. Hace tiempo que pensaba comprar esta recopilación de cuentos; pero no es precisamente barata y ya los había leído -o los tenía en otras ediciones. Y no es un libro que se encuentre de saldo. Cortázar es cualquier cosa menos de saldo. Así que me he conformado con sacarlo de la biblioteca, y me dolerá decirle adiós. Aunque la lectura de Cortázar nunca te dice adiós; se queda contigo para calentarte el alma. La literatura es contingente y podría imaginar un mundo sin Cortázar; pero sería, sin duda, un mundo más gris.

Sobre Julio se ha escrito mucho, y pueden encontrar una buena cantidad de enlaces aquí y también en esta otra página, pero es mucho mejor sentirlo; leerlo de primera mano. Disfrutar de esos cuentos que te llevan de la mano a un mundo misterioso pero cotidiano. Triste pero esperanzador. Trágico pero combativo. He hecho una selección de dos cuentos por libro, y he tenido la suerte de encontrar por la web enlaces al texto de los mismos. Les invito a dar mañana un paseo por la literatura de Cortázar. ¿Se vienen conmigo?

Pido paciencia por los enlaces anteriores, van algo lentos, pero la espera merece la pena)

Paseo Literario

Último Round
Sólo tres cuentos; Silvia, El viaje y Siestas. Leamos el primero:

Silvia
De Cortázar es, según creo, la frase que dice ‘Los que de niños fuimos un poco viejos, de viejos somos un poco niños’. Tan niños como para seguir creyendo en amigos invisibles, e incluso, enamorarse de ellos…

Octaedro
Con los siguientes cuentos: Liliana llorando, Los pasos en las huellas, Manuscrito hallado en un bolsillo, Verano, Ahí pero dónde, cómo, Lugar llamado Kindberg, Las fases de Severo, Cuello de gatito negro.

Lugar llamado Kindberg
Que decir de este cuento que me tuvo llorando tanto rato que ni me enteré del final; lo descubrí después, al leérselo a mi mujer. Que bien escrito y que tierno; sólo de recordarlo me lagrimean los ojos.

Las fases de Severo
Como si de un velatorio se tratara, asistiremos junto a los protagonistas a las diferentes ‘fases’ de Severo (la del sudor, la de las polillas), que no son sino un preludio a la ominosa fase de ‘los números’…

Alguien que anda por ahí
Cuentos: Cambio de luces, Vientos alisios, Segunda vez, Usted se tendió a tu lado, En nombre de Boby, Apocalipsis de Solentiname, La Barca o nueva visita a Venecia, Reunión con un círculo rojo, Las caras de la moneda, Alguien que anda por ahí, La noche de mantequilla.

Segunda vez
Nunca en mi vida he leído algo tan espantoso; en el sentido natural: que de miedo. No el miedo a los vampiros, a las noches oscuras o incluso a lo desconocido. El terror a lo real, eficaz e ineludible. Para poner los pelos de punta. Las conclusiones, sáquenlas ustedes.

Alguien que anda por ahí
Cuento que da título al volumen y homenaje de Cortázar a la revolución cubana. Un contrarevolucionario ve complicarse su misión por culpa de un extraño forastero que parece estar al corriente de todo.

Un tal Lucas
Me salto el habitual recuento de cuentos (pueden consultar en el enlace superior). Este volumen es especial; todos los relatos están impregnados de un sentido del humor muy particular y respiran un optimismo poco habitual en otros volúmenes de Cortázar. Dividido en tres partes, la primera y la tercera nos darán cuenta de las manías y peculiaridades de Lucas, alter ego de Cortázar, mientras que la segunda contiene veinte cuentos no por breves menos jugosos (y divertidos).

Lucas, sus hospitales (I)
Que muchas veces para llegar a nuestro destino es mejor dar un buen rodeo no podía explicarse de manera más clara (y con más humor) que con este cuento.

Vidas de Artistos
El arte es duro, todos lo sabemos. Qué mejor manera de contarlo que con estas vidas ejemplares, en las que podremos apreciar lo difícil que es el mundo del artista.

Lucas, sus discusiones partidarias
Si cuando hablábamos de Sabato se comentó el tema del ‘artista comprometido’ (y sobre todo en la letra sin sangre entra), en este cuento veremos la postura de Lucas al respecto: coherente, divertida y estimulante.

Queremos tanto a Glenda
Incluye los cuentos: Orientación de los gatos, Queremos tanto a Glenda, Historia con migalas, Texto en una libreta, Recortes de prensa, Tango de vuelta, Clone, Grafitti, Historias que me cuento, Anillo de Moebius.

Queremos tanto a Glenda
La pasión por las estrellas de cine puede llegar a extremos insospechados. Como llevar a un club de fans a conseguir, a cualquier medio, la perfección para su ídolo. Desde las modificar películas que no estén a su altura, hasta tomar medidas más drásticas…

Clone
Anuque no me parezca uno de los mejores, lo pongo aquí como homenaje a la serie de estupendos artículos que puso Carl Philip en su bitácora. Con este cuento, Cortázar se planteo un reto; ajustar la estructura de un cuento a la de una obra musical, precisamente de Bach: En este relato la «grilla» consistió en ajustar una narración todavía inexistente al molde de la Ofrenda Musical de Juan Sebastián Bach.[...] En este caso me serví de la realización de Millicent Silver para ocho instrumentos contemporáneos de Bach, que permite seguir en todos sus detalles la elaboración de cada pasaje, y que fue grabado por el London Harpsichord Ensemble en el disco Saga XID 5237.. Cada uno de los ocho personajes se corresponde con una ‘voz’ musical. Preocupado por como hacer que los personajes se conocieran entre sí antes de comenzar el cuento, encontró la solución cuando recordó la historia de Gesualdo:Una conversación casual me trajo el recuerdo de Carlo Gesualdo, madrigalista genial y asesino de su mujer; todo se coaguló en un segundo y los ocho instrumentos fueron vistos como los integrantes de un conjunto vocal; desde la primera frase existiría así la cohesión de un grupo, todos ellos se conocerían y amarían u odiarían desde antes; y además, claro, cantarían los madrigales de Gesualdo, nobleza obliga. El cuento está servido y el resultado, impecable.

Graffiti
Como no podía ser menos dado mi lacrimógeno estado de ánimo, selecciono esta historia de amor gestada a través de dibujos escritos en las paredes, rota por la represión dictatorial, y continuada más allá de lo concebible.

Deshoras
Último volumen de cuentos con los siguientes títulos:Botella al mar, Fin de etapa, Segundo viaje, Satarsa, La escuela de noche, Deshoras, Pesadillas, Diario para un cuento.

Pesadillas
Una joven permanece en coma en el hospital, mientras a su alrededor la ciudad parece sumirse en el caos. ¿Cuál es la peor pesadilla?

Diario para un cuento
Como último relato del libro me parece de una contundencia abrumadora, y triste, muy triste. Y, por supuesto, excelente.

Podría hablar mucho de Cortázar, pero acabaré con un pequeño inciso. Puede parecer sorprendente que lo tenga dentro de la categoría de Ciencia Ficción, pero, aunque no es ciencia ficción al uso, ¿Cómo catalogar un cuento donde el protagonista ha quedado atrapado dentro de una fotografía? ¿O dónde dos mujeres intercambian su posiciñon en la vida en medio de la nocha? ¿Cómo catalogar a un escritor que empieza su carrera hablando de una casa tomada por unas fuerzas misteriosas? Cortázar era admirador de Poe, y conviven en universos cercanos. La extraordinaria calidad de Cortázar eleva al género del misterio a la categoría de arte mayor.

Espero que hayan disfrutado del paseo y que sigan leyendo, siempre, a Cortázar.

(Un día, un libro 209/365)
Escuchando: Bajo tierra. Berna.

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