Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

Julio 15, 2009

Ambrosio García Leal. El sexo de las lagartijas.

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Editorial Tusquets, 2008. 214 páginas.

Ambrosio García Leal, El sexo de las lagartijas
¿Por qué existe el sexo?

El anterior libro de Ambrosio García Leal, La conjura de los machos era una exposición rigurosa y divulgatica sobre lo que la biología actual conoce acerca del sexo. En esta ocasión, además de profundizar más en el tema, el autor expone sus propias soluciones al enigma de la reproducción.

El título del primer capítulo no es irrelevante ¿Por qué existe el sexo?. Su ubicua presencia nos lo hace natural, pero la reproducción asexuada ha demostrado ser eficaz en muchos organismos. El sexo tiene un doble coste: por un lado sólo se transmiten la mitad de los genes a la descendencia, con lo que se pierden combinaciones genéticas óptimas, por otro la existencia de dos sexos reduce a la mitad los indivíduos reproductores. Sin contar con el esfuerzo de buscar y seleccionar una pareja adecuada.

Si esto es así alguna ventaja tiene que tener la reproducción sexual que compense estos costes. Hasta los años sesenta la opinión predominante era que su propósito era que los hijos no fueran idénticos a los progenitores, pero como bien indica el autor esta explicación contraviene la ortodoxia neodarwinista, porque requiere que los individuos renuncien a un beneficio genético inmediato en aras de una ventaja a más largo plazo. Una explicación más razonable en términos de ventaja a corto plazo es que el sexo suele estar ligado a la dispersión:

El juego de la vida es como una lotería: los organismos asexuales lo apuestan todo a un número, mientras que la reproducción sexual permite diversificar la apuesta, lo que incrementa las posibilidades de acertar. Así pues, el sexo sería la mejor opción reproductiva incluso a corto plazo cuando la progenie debe afrontar un destino incierto.

En el segundo capítulo, Sexo, parásitos e incertidumbre, el autor introduce lo que el considera la mejor explicación al rompecabezas del sexo; la independencia de la incertidumbre del entorno, cuyo aparato matemático se incluye en el apéndice. Los organismos no pueden aislarse de su entorno, y cuando éste es cambiante es importante tener una capacidad de anticipación. Pero esto implica la pérdida de la identidad genotípica, lo que de nuevo choca con la selección darwiniana a nivel de indivíduo.

No es la primera vez que se propone una unidad de selección diferente del individuo. Ronald Fisher interpretaba la reproducción sexual en términos de selección de grupo, y Richard Dawkins ha defendido que la unidad de selección es el gen. Para el autor la individualidad relevante en términos de reproducción es el grupo mínimo formado por la pareja de progenitores,[...] y la identidad que se perpetúa no es la genotípica, sino [...] la identidad de especie..

El tercer capítulo explica las razones por las cuales hay sólo dos sexos y no varios como en algunas especies de plantas. Desmonta también la concepción errónea de Trivers según la cual existe un conflicto sexual entre los dos sexos. En primer lugar la reproducción es una empresa cooperativa, no competitiva, y en segundo lugar los indivíduos no se perpetuan, ya que las identidades de los progenitores se confunden en la descendencia.

Todos los mitos relacionados con la guerra de los sexos, incluyendo el famoso estereotipo de que los machos son promiscuos mientras que las hembras son monógamas, se desbaratan en el capítulo cuarto. Para los que piensen que a los machos les interesa tener un harén de hembras y que la monogamia es un mal invento les convendría saber como es la vida del elefante marino norteño:

En un estudio de campo clásico, se constató que, de 115 machos congregados en las playas del islote de Año Nuevo, frente a la costa californiana, durante una temporada de cría, sólo cinco (los más dominantes) efectuaron 123 de las 144 cópulas observadas. La gran mayoría de los machos de esta especie no llega a conocer el sexo y, en todo caso, tienen que esperar hasta los cinco o seis años de edad para tener alguna opción de acceder a las hembras. Para colmo, sólo uno de cada cien supera los nueve años de edad, porque suelen morir prematuramente, extenuados y quebrantados por las secuelas de los combates.

Independientemente del regimen reproductivo las hembras tienen garantizado el sexo y la reproducción, pero en un regimen monogámico y pagando la cuota de una inversión parental los machos tienen al menos una oportunidad de tener descendencia.

En los últimos capítulos se explora la posibilidad de que sea adaptativa la violencia sexual -en el mundo natural la violación es la excepción y no la regla-, el funcionamiento de la selección sexual -y cual es la función de algo en apariencia poco ventajoso- y la polémica cuestión de si existen diferencias en los cerebros de hombres y mujeres. Numerosos estudios sobre competencia en diferentes aspectos cognitivos (matemáticas, orientación espacial) parecen indicar la existencia de un dimorfismo sexual. Pero estos estudios suelen encontrar unas diferencias casi imperceptibles y, como recuerda el autor:

La naturaleza es amoral y apolítica. Nuestra igualdad sexual es un resultado contingente de la evolución humana. La selección natural podría haber convertido a los machos homínidos en enanos descerebrados, como los machos de Ceratias. Pero no lo hizo, como tampoco les dotó de capacidades mentales ausentes o disminuidas en el otro sexo. En principio, no hay ninguna buena razón para pensar que la selección natural haya favorecido alguna diferencia intelectual innata entre varones y mujeres. Mientras no haya pruebas de lo contrario (pruebas fehacientes que vayan bastante más allá de los resultados de un test psicológico) es la igualdad sexual, y no la diferencia, la que debe darse por sentada.

Si los libros de divulgación científica son escasos y, en ocasiones, de un nivel bastante bajo, en este caso nos encontramos con lo contrario. No sólo se divulga de una manera rigurosa y bien documentada los conocimientos actuales sino que el autor va más allá al proponer interesantes soluciones a las aparentes paradojas que nos plantea el sexo. Si son correctas o no tendrán que decidirlo los expertos, pero después de la lectura de los dos libros de Ambrosio García Leal he llegado a una conclusión clara: el sexo es aún más interesante de lo que me pensaba.

Julio 1, 2008

Va de sexo

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Acaba de salir el número 10 de la revista Narrativas, un monográfico sobre literatura erótica. Felicidades a Magda Díaz y Morales y Carlos Manzano por llegar a este número redondo. Un número que en esta ocasión tiene una buena cantidad de relatos y hasta cuatro fragmentos de novela. Ficción de alto voltaje.

Portadanum10

Hoy a las siete de la tarde en el CosmoCaixa de Barcelona, Sala Ágora (Teodor Roviralta 47-51) Ambrosio García Leal presenta su nuevo libro El sexo de las lagartijas, controversias sobre la evolución de la sexualidad. Un libro que ya he comenzado a leer y que me está descubriendo que el sexo es mucho más interesante de lo que me pensaba -y ya pensaba que era mucho. El autor responde a una pregunta en apariencia inocente ¿Por qué existe el sexo?. Una presentación que no se deben perder.

El sexo de las lagartijas de Ambrosio García Leal presentado por Jorge Wagensberg
Martes 1 de julio de 2008 a las 19:00 h.
CosmoCaixa Barcelona, Sala Ágora, C/Teodor Roviralta 47-51

Ambrosio García Leal, El sexo de las lagartijas

Agosto 29, 2005

Ambrosio García Leal. La conjura de los machos.

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Ed. Tusquets, 2005. 384 pag.

Garcia Leal Conjura Machos

El por qué del sexo

Imagino el escándalo que los primeros libros de Freud debieron provocar. Decir en una sociedad con una moral victoriana que el sexo es el principal motor de las motivaciones humanas debía ser algo más de lo que podían aceptar. Quien lo decía tenía una poderosa teoría que parecía explicar -y curar- enfermedades mentales de las que en ese momento se sabía tan poco implicaba que había que tomárselo en serio.

Tan en serio se tomó que aún hoy en día el psicoanálisis es una terapia extendida, a pesar de las dudas sobre su eficacia. Su mayor problema es, aunque sea paradójico, lo que parecía su mayor virtud: su capacidad para explicar todo. Tanto explica que al final no explica nada. Las intuciones de Freud tienen un escaso -o nulo- sustrato científico y experimental.

Todo lo contrario que la sociobiología. Basándose en que todo comportamiento procede de una larga evolución y que debe servir a algún propósito, consiguió un rotundo éxito al proponer modelos que lograban explicar el altruismo que se observa en muchas especies -sobre todo en los insectos sociales-. ¿Cómo puede ser adaptativo el sacrificarse por un hermano? Porque este comparte la mitad de los genes contigo. Salvar a tres hermanos es más ventajoso que salvarse a uno mismo.

Pero la rigurosidad científica de la sociobiología no le ha impedido convertirse en el origen de la avalancha de libros como ‘Los hombres son de marte, las mujeres son de venus’ o ‘Porque los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas’. Libros que con una caradura sin precedentes explican sin ningún tipo de verosimilitud toda la gama de comportamiento moderno. ¿Por qué las mujeres no entienden los mapas? Porque como no iban a cazar, no tienen una mente espacial. ¿Por qué a los hombres les gusta dormir del lado de la puerta? Para vigilar la cueva. De nuevo el mismo problema: explicar tanto no es explicar nada.

Mientras estas actitudes se circunscriban a los best-sellers no pasa nada. Más preocupante es el hecho de que científicos más serios caigan de vez en cuando en los mismos errores. Sobre todo cuando se habla del tema que Freud colocaba en el centro de la psicología humana: el sexo. En este contexto un título como ‘La conjura de los machos’ puede dar la impresión de ser poco serio. Nada más lejos de la realidad.

El ser humano es un animal muy particular. También, o sobremanera, en el sexo. Las hembras humanas han ocultado el celo y su apetencia sexual no depende del mismo. El orgasmo femenino es muy raro en el reino animal. El macho humano tiene uno de los penes más grandes -si lo comparamos con los primates- y la hembra es la única que posee pechos. ¿Somos monógamos o polígamos? ¿La homosexualidad es innata o adquirida? ¿A que se deben estas particularidades?

El autor irá revelando, con una rigurosidad excepcional, la explicación de todas nuestras rarezas. En el primer capítulo ¿Por qué existen los machos? nos tirará por tierra el mito de la guerra de los sexos. La meta de los progenitores es el éxito reproductivo, no engañarse entre ellos. La mantis que devora al macho después de la cópula no es un monstruo. Es el macho el que realiza la mejor inversión para su descendencia: ofrecerse como proteínas para sus hijos. En El mito de la hembra monógama veremos, entr otras cosas, que la infidelidad no sólo beneficia al macho que la practica. A una hembra puede interesarle ligar sus genes con un macho ‘promiscuo’ porque sus descendientes heredarán el comportamiento y se reproducirán más. En El comercio de la carne leeremos el motivo del ‘contrato sexual’. Como su título indica ¿Sirve para algo el orgasmo femenino? explica varias hipótesis para el origen del orgasmo femenino. Los capítulos 5 y 6 La ley del más bello y Y la mujer se hizo niña nos ayudarán a comprender las causas del dimorfismo sexual entre hombre y mujer; en particular el por qué del tamaño de penes y pechos. Con Un mono bisexual y pederasta entenderemos los impulsos bisexuales humanos y con ¿Es el hombre un lobo para la mujer? las posibles causas de la violencia de género. Que en las actuales culturas de cazadores-recolectores prácticamente no exista este tipo de violencia parece sugerir que se trata de una construcción cultural. Por último, en ¿Retorno al Edén? el autor nos explicará su visión de la libertad sexual.

Muchas de las explicaciones, como bien indica el autor en el prólogo, se mueven en el terreno de las hipótesis. Pero plausibles y muy bien documentadas. Sólo en el último capítulo el autor deja el rigor de lado para expresar sus opiniones personales, algunas más polémicas que otras. Para muestra, un botón; que la única educación sexual que tengan los jóvenes en las escuelas sean la prevención de enfermedades es como si en un curso de gastronomía sólo se enseñara cómo no intoxicarse. Ahora bien ¿A quién le correspondería educar lúdicamente en el sexo?

Uno de los mejores libros que he leído sobre este tema y, por descontado, el más actual y documentado. Gustará por igual al experto que quiera saber el estado de las últimas investigaciones, como al lector curioso que esté dispuesto a aprender con un libro bien escrito, ameno, y totalmente exento de especulaciones gratuitas. Imprescindible.

(Un día, un libro 140/365)
Escuchando: En mi salsa. Arianna Puello.