Cuchitril Literario

Enero 18, 2008

Andrew Crumey. Pfitz.

Archivado en: General — Palimp @ 9:14 am
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Ediciones Siruela, 2000. 192 páginas.
Tit. Or. Pfitz. Trad. José Luis López Muñoz.

Andrew Crumey, Pfitz
Ciudades de Papel

No podía entrevistar a Andrew Crumey sin haber leído algo de su producción, y en la biblioteca del Pasaje del Vapor Viejo conseguí encontrar este libro. No está mal representado Crumey en las bibliotecas, aunque no haya muchos ejemplares y estén algo dispersos.

Un príncipe, desolado por la muerte de su amada, decide construir una ciudad como mausoleo. Se pone manos a la obra y se diseña la ciudad hasta el más mínimo detalle. Tanto que al final no quedan fondos para contruirla. Pero no importa; los planos de la ciudad cumplen el mismo papel. Pero ésta no fue la única ciudad que el príncipe decidio contruir de modo imaginario, y superada la cincuentena decide embarcarse en el proyecto más ambicioso de su vida: planear, hasta el último detalle, la creación de Rreinnstadt. Schenk es un cartógrafo que trabaja en la construcción de esta ciudad y lleva una vida tranquila, midiendo paisajes imaginarios, hasta que un breve apunte en un mapa le dará la posibilidad de entrar en contacto con la mujer que puede ser el amor de su vida.

Inevitable pensar en Italo Calvino al leer este libro. Si Calvino es bueno, Crumey no se queda atrás y nos regala un príncipe con una curiosa obsesión, un cartógrafo enamorado y literato a la fuerza, un conde y su ingenioso criado, y una construcción metaliteraria llena de sorpresas. El príncipe, invención de Crumey, inventa a su vez ciudades que no son reales, habitadas por personajes fruto de la imaginación de los trabajadores del príncipe -sección biografías-. Pero los habitantes de la ciudad imaginaria pueden ser escritores, que escriben libros que… dejaremos aquí la breve descripción del juego de espejos con que el autor construye la estructura de la novela.

Breve, pero sabrosa, como un delicado pastel de mil hojas que encierran diferentes sabores. Una joyita que me reafirma la calidad de este autor al que debo agradecer a Elipsis que me lo descubriera. Muy recomendable.

P.D. Otra opinión completamente diferente pueden encontrarla aquí
Escuchando: Goodbye planet earth. Goodbye planet.


Extracto:[-]

-Piense en Rimmler, por ejemplo. Somos cinco las persornas que trabajamos en él. Antes de nada, biografía lo crea: ahí donde empiezan todos. Y en algún momento de sus primeros años, se advierte con claridad que su vocación será literaria (Rimmler contó con el aliento de un inteligente profesor de retórica). Luego nos llaman a nosotros. Hasta ese momento, todo lo que existe de Rimmler son algunas fechas (su muerte sólo un dato provisional; pueden suceder muchas cosas cuando el departamento de patología mete las narices) y unas cuantas anécdotas de aquí y de allí. No hay una personalidad claramente definida; no hay una esencia. Todo eso sólo apare cuando Rimmler se convierte en autor. Rimmler es lo que Rimmler escribe.

»Los cinco analizamos algunas ideas generales. Sabemos qué clase de libios lee, conocemos sus antecedentes familiares y otros detalles parecidos. Nos ponemos de acuerdo sobre cuatro cosas: título, marco, estilo y argumento. Luego nos separamos y empezamos a escribir. Al cabo de una semana comparamos lo que hemos hecho. Lo despedazamos todo y lo volvemos a unir (bromeo, por supuesto; el proceso es en realidad muy sutil y requiere años de práctica). Sintetizamos nuestros distintos textos en uno solo. Lo que conseguimos es algo totalmente nuevo. Ninguno de nosotros en particular es responsable del resultado; contiene algo de cada uno y algo más por añadidura. Algo más grande que la suma de las partes, el ingrediente extra que emerge es la personalidad de Rimnler. Se trata de un proceso mágico, difícil de explicar, pero que sucede siempre. Al cabo de una semana, el nuevo autor ha adquirido ya vida propia.

»Luego nos separamos de nuevo para la parte siguiente. Sabemos cómo empieza la historia y sabemos quién la está escribiendo. Podemos empezar a pensar como Rimmler mientra escribimos; tratamos de imitarlo al escribir. De nuevo combinamos nuestras producciones, moldeándolas hasta conseguír la forma correcta. Y así sucesivamente.

»A medida que se termina cada nuevo fragmento del libro lo enviamos a biografía, para que tengan una imagen más completa de la persona cuya vida escriben. En el libro hay una historia de amor, ¿podría estar basada en la realidad? Si bien se mira, todo escrito es en cierta medida autobiográfico. Así que los biógrafos hacen sus investigaciones, y quizá descubran que Rimmler se relacionó con una institutriz con quien se cruzaba todos los días en el parque. Biografía nos manda los detalles; y nosotros podremos utilizarlos de nuevo en su obra cuando surja la ocasión.

-Fascinante -dijo Schenck-. Pero, si me perdona por decirlo, todo suena un poquito artificial. ¿Cómo es posible que una obra original de narrativa, e incluso una personalidad, puedan ser el producto de un grupo tan numeroso de personas?

-¿Está seguro de que no es así como sucede siempre? Cuando me siento para escribir una obra de Rimmler, ¿cuántas voces oigo dentro de mi cabeza? ¿Está seguro de que usted mismo es en realidad una sola persona y no muchas dentro de un cuerpo?

-Muy bien, pero ¿qué me dice de Spontini? ¿Cómo se vuelve loco un escritor?

-Hay muchas clases de locura. Quizás se produjo un desacuerdo entre los elementos de los que estaba compuesto. En casos así pueden surgir tensiones, conflictos. Es una cosa que sucede.
Schenck procuraba asimilar todo lo que oía. El proceso completo parecía muy misterioso, improbable. Y sin embargo las estanterías de aquella dependencia estaban llenas hasta rebosar de sus frutos, la inacabable sucesión de libros terminados.

-Hay una cosa que no entiendo del todo. Si varias personas trabajan para producir un autor, ¿cómo consiguen llegar con tanta frecuencia a una personalidad única? A mí me parecería más normal que cada escritor fuese por su lado.

-El proceso de promediar es una gran ayuda, una vez que el trabajo se revisa y se reúne. Pero también debe usted recordar que lo que nos mantiene unidos a todos en la liga de escritores (de la que soy asociado principal, de primera clase) es el convencimiento de un propósito común. Todos trabajamos para Rreinnstadt y para nuestros autores, sin buscar la fama personal ni el aplauso del público. Desaparecer en el trabajo, ésa es nuestra meta. Y cuando estamos creando la personalidad de un autor, debo decir que algunos trucos del oficio sirven para que las cosas avancen. Es algo que se aprende con los años.

-¿Cómo, por ejemplo?

-En primer lugar, hay que empezar por el lector. Muy al principio de la composición, llegamos a un acuerdo sobre el destinatario del libro. Todo autor escribe para un lector concreto; puede ser una persona de carne y hueso, o un recuerdo, o una fantasía, pero lo tiene siempre presente en la imaginación. Pensamos que un libro es bueno si nos hace sentir que somos el lector concreto en el que pensaba el autor. Cuando sucede eso, el libro «nos habla». Es uno de los trucos del oficio. Y una vez que nos ponemos de acuerdo sobre nuestro lector, el objetivo es escribir en esa dirección. Primero se inventa al lector, y luego surge el autor de manera natural.

-Me pregunto quién podría ser el lector de Spontini.

-Confío en que sea capaz de averiguarlo. En el piso de arriba tienen unos horarios bastante irregulares, pero estoy seguro de que a la larga conseguirá usted que lo atiendan.
Luego el encargado volvió a su trabajo. Al verlo entrar otra vez en acción, Schenck descubrió que había aumentado su respeto por aquel fragmento de la personalidad de Rimmler.

El departamento de creación seguía cerrado sin explicación alguna, de manera que Schenck regresó a la división de cartografía. Sus arremolinados cursos de agua carecían de interés. Estaba pensando en Spontini, en Pfltz, en aquellas personalidades imposibles de apresar. No sabía aún quién era Pfitz; el personaje sobre el que Schenck había escrito no pasaba de ser una pura invención. Y sin embargo ya había adquirido su propia vida, su propia personalidad.

Diciembre 3, 2006

Andrew Crumey. Mobius Dick.

Archivado en: Ci-Fi, Novela — Palimp @ 1:34 pm
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Editorial Elipsis, 2006. 364 páginas.
Tit. Or. Mobius Dick. Trad. Jordi Mundó Blanch.

Andrew Crumey, Mobius Dick
Entrelazado cuántico

Cuando empecé la bitácora no imaginaba que llegaría un día en el que me iban a regalar libros sólo para que escribiera sobre ellos. El regalo de un libro se agradece incluso cuando éste es una porquería, como en el caso del Cristo clonado. Cuando no sólo merece la pena, sino que te permite descubrir a un buen autor, el placer es doble.

El profesor John Ringer tiene que dar una conferencia en Craigcarron, un pequeño pueblo escocés en el que existe una central nuclear que están desmantelando. Harry Dick está ingresado en un hospital aquejado de un extraño síndrome que le impide controlar sus recuerdos: el Desorden Anómalo de Memoria (DAM). Mientras Ringer descubre la construcción de un extraño dispositivo cuántico capaz de obtener enegía del vacío, Harry intentará recuperar su memoria mediante terapia de escritura. Pero sus dos historias están más relacionadas de lo que parecen, y su desarrollo puede alterar completamente el curso de la realidad;


Una cinta de moebius es una cinta que sólo tiene una cara (como en la ilustración de Escher), pero el libro se inspira más en otro cuadro de Escher, Manos dibujando. Cada uno de los dos protagonistas escribe la historia del otro dejando en suspenso la pregunta ¿cual de las dos es ficción y cual realidad? Según Schrödinger, que también aparece en el libro, podemos colocar a un gato en una situación en la que puede estar a la vez vivo y muerto. Las diferentes historias del libro parecen coexistir también en un extraño entrelazamiento cuántico.

Añadan unas gotas de acción, dos cucharadas de erudición (ya desde el comienzo: LLámame: H) y salpiquen con unas gotas de ironía (¡esos teléfonos Q!). El resultado es un libro bien construido, entretenido, repleto de ideas y situado, pese a todo, más cerca del mainstream que del slipstream. Un gran descubrimiento que queda especialmente recomendado. Y no porque me lo hayan regalado, sino porque me ha gustado. Mucho.

Escuchando: Answering with questions. Los Valendas.


Extracto:[-]
-Siempre me ha intrigado saber cómo les llega la inspiración a los físicos.

Desde el otro lado de la mesa, Helen le miró con una expresión que prometía algo más que conversación.

La inspiración de Schródinger era el sexo. Mientras se preparaba para pasar unas vacaciones en un sanatorio en el que ya había estado antes, se las ingenió para conseguir que una amante le acompañara. Y fue así cómo este oscuro físico, que hasta entonces no había realizado nada de especial valor, de repente descubrió la ecuación de ondas cuánticas.
Puede que se tratara de pura casualidad. Quién sabe, quizás el gran mensaje iba destinado a otra persona. Quizás Dios marcó el número equivocado, y fue Shródinger y no el verdadero destinatario quién bajó de la montaña con su H?-E? en el bolsillo: su billete hacia la fama mundial, el que le permitía ocupar un lugar en la historia. Como le ocurría a Mann -y a cualquier otra persona- nunca había contemplado la posibilidad de que un hecho así pudiera deberse a la fortuna. Cuando el viento sopla a nuestro favor, preferimos llamarlo destino o talento.

-Acaso las montañas tengan algo mágico -sugirió Ringer.

-Lo mismo ocurrió con Nietzsche -dijo Helen-. Iba de excursión por las montañas suizas cuando tuvo la visión de Zarathustra.

-Y enloqueció -recordó Ringer.

-Nietzsche tiene mucho que ver con Doktor Faustus -dijo ella con semblante grave; cuando bajó la cabeza, él alcanzó a adivinar, como si se tratara de una visión, la forma de sus dos pezones presionando por debajo de su jersey rojo-. Nietzsche veía la música como la expresión esencial de la existencia. Era la idea de Schopenhauer, y pasó a ser también el credo de Wagner. Pero Mann se dio cuenta de que la filosofía del Idealismo, con su misticismo y su irracionalidad, sólo podía desembocar en la locura colectiva del fascismo.
Al igual que ocurría con la historia de las cicloides que Ringer estaba escuchando unos años más tarde, esa era una teoría muy sugerente, pero no había forma de contrastar su validez (a menos que uno pudiera rebobinar la historia y ver de nuevo la secuencia sin Nietzsche, para comprobar si Hi-tler tomaba de nuevo el poder). Pero con Helen había sido mucho más paciente, puesto que nada de lo que hablaban tenía que ver con los hechos o con la razón. De lo que se trataba era de las expectativas qué él tenía sobre el cuerpo desnudo de ella; se trataba de la promesa -lista para ser consumada- de azar y belleza, y de la momentánea sensación de sentirse rabiosamente vivo.

Somos animales irracionales: la naturaleza nos hizo así. De modo que, por muy abstractas que fueran, sus palabras y las de Helen no eran sino la forma codificada de un mensaje más importante que decía: -Existe un punto en el espacio-tiempo en el que estás obligado a hacer el amor, y tu tarea consiste en encontrarlo.

Acaso dijera «Llámame: H». Al cabo de muchos años desde la última vez que se vieron, el teléfono móvil de Ringer había recibido una señal que había cruzado el cosmos, y aquí estaba él, escuchando una conferencia que le había traído el recuerdo de Helen. Se trataba de una coincidencia absurda. Y la misma carga ficticia alentaba el desarrollo de Cicloides viciosas.

Octubre 28, 2006

Entrevista a Andrew Crumey

Archivado en: Audiovisual — Palimp @ 10:53 pm
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La editorial Elipsis ha tenido a bien enviarme un ejemplar de Möbius Dick, la última novela de Andrew Crumey. Un libro muy interesante que verán reseñado en breve en estas páginas.

También me preguntaron si me gustaría entrevistar al autor, que estaría el 23 y 24 de octubre en España. Ni que decir tiene que respondí afirmativamente y el lunes pasado pude realizar la entrevista que les reproduzco a continuación. Para hacer la trancripción he tenido que resumir algunos fragmentos, pero al final encontrarán tres archivos de audio con la integridad de la entrevista.

Andrew Crumey

CL En primer lugar me gustaría felicitarle por la publicación de este libro, creo que tiene cuatro o cinco publicados en España

AC Creo que este es el cuarto

CL El principio de D’Alembert, Pfitz,…

AC También ‘El señor MEE’

CL Yo sólo he leído este último, Möbius Dick y Pfitz. Por cierto ¿Cómo se pronunciaría?

AC Fiss, con pronunciación alemana.

CL Su libro arranca con una conferencia de una postmodernista deconstruccionista, me recordó un poco al libro de Sokal -en castellano se publicó como Imposturas intelectuales. Yo veo una actitud crítica a esa manera de hacer crítica literaria, y al respecto tengo dos preguntas ¿Esto es una respuesta a los que dijeron que usted era un autor postmoderno? Una manera de diferenciarse; de decir yo no soy postmoderno, o no soy postmoderno de esta manera

AC Mi primer libro fue calificado como postmoderno, pero yo distingo entre tener un estilo postmoderno y ser postmoderno filosóficamente. Como escritor utilizo todo el arsenal de trucos postmodernos: narración múltiple, intertextualidad… diferentes métodos de narrración. Pero el postmodernismo filosófico lo que viene a decir que la realidad es como una novela postmoderna. En la segunda parte del Quijote los protagonistas ven publicada la primera parte, algunos dirán que así es como funciona la realidad, pero yo creo que Cervantes estaba gastando una broma. Lo que hizo Sokal fue colocar una parodia, un pastiche que unía la física cuántica con la crítica literaria en una revista de prestigio como si fuera en serio, y fue aceptado en una revista literaria. Creo que los postmodernos no son unos charlatanes, hay un nivel en el que todo esto es razonable, aunque hay cosas que son completamente ridículas. El propio protagonista de Möbius Dick no está de acuerdo con esta manera de ver la realidad, pero el libro avanza en contra de sus creencias. Una manera de leer este libro es ver que los dos lados filosóficos son plausibles.

CL Podríamos hablar largo y tendido sobre esta cuestión…

AC Pregunta corta, respuesta larga…

CL Pero ligando un poco con esto, parece que la mecánica cuántica está de moda, la usa todo el mundo: desde curanderos a fabricantes de electrodomésticos. Los teléfonos Q que aparecen en el libro creo que son una ironía, una manera de reirse de todo esto, porque al final son cuánticos de verdad. ¿Cual es su opinión acerca de este abuso de la mecánica cuántica?

AC Los curanderos en general explican lo que hacen en términos místicos, por lo que usan cuanquier idioma que pueda explicar sus métodos. No creo que todos los curanderos son charlatanes, y cualquier persona que intenta hacer el bien a los demás está intentando hacer algo por el mundo (si exceptuamos a los que se aprovechan de esto). Ellos creen en lo que hacen y buscan una manera de explicar su misticismo, pero yo no veo ninguna conexión entre la mecánica cuántica y lo que ellos hacen. No tiene mucho sentido.

CL En Pfitz utiliza el recurso de la construcción de una ciudad imaginaria para jugar con el concepto de una realidad cambiante. En Möbius Dick es la superposición de estados de una onda cuántica y el trastorno de memoria el que le permite jugar con la realidad. ¿Por qué le resulta tan atractivo este concepto?

AC Es cierto que hay un parecido entre los dos libros. La idea subyacente es la de simulación: a mí me gustaban mucho los videojuegos de simulación, como Sim City, de hace diez años, y el proceso de la conciencia como una simulación también, como podría ser en Matrix. En Möbius Dick hay una idea que viene de la ciencia: el universo es una simulación, el universo es un enorme computador cuántico. ¿Y qué calcula este ordenador gigantesco? Pues lo que va a hacer el universo en el siguiente instante. Esto soluciona un viejo dilema del siglo XVIII de Laplace: si se conociera la posición de todas las partículas del universo podría predecirse el futuro, pero el tamaño del ordenador que lo calculara sería el del universo. Como el viejo dilema del determinismo y el libre albedrío, puede ser que las leyes de la naturaleza sean deterministas pero a efectos prácticos esto no sirva de nada.

CL Como las leyes de la mecánica cuántica, que son deterministas pero no nos permiten predecir lo que va a pasar…
La ciencia ficción parece estar en horas bajas, pero cada vez hay más escritores del mainstream que utilizan elementos fantásticos en sus novelas. Por ejemplo, Murakami, Amis, McEwan… ¿Usted se siente más cercano a una tradicción de ciencia ficción, como Brian Aldiss o J.G. Ballard o a la corriente general con elementos fantásticos como podría ser Amis, Murakami?

AC No me veo como un escritor tradicional de ciencia ficción, no he leído suficiente del género. He crecido viendo películas de ciencia ficción en la televisión, pero no soy un gran lector, así que no me siento cualificado para escribir obras de ciencia ficción. Por otro lado los lectores habituales de ciencia ficción no se sienten muy atraídos por el libro porque no sigue las normas del género. Veo una distinción entre la literatura realista e idealista. Las primeras se basan en el uso del detalle, las novelas tienen que adaptarse a lo que ocurre en la realidad. Para los idealistas el uso es más simbólico, sólo tienen que aparecer los detalles suficientes. Murakami es un idealista, McEwan es realista y Kafka es idealista; yo me inscribo en esta línea.

CL Suele decirse que tanto la realidad como el arte son contingentes, casuales, podrían haber ocurrido o no. Mientras que en la ciencia es al revés; si alguien no hubiera descubierto la ecuación de Einstein, otro la hubiera descubierto. Pero en el libro se deja entender que la ciencia podría ser también casual: si Schrödinger no hubiera descubierto la mecánica de ondas quizá esa interpretación no hubiera triunfado y la visión de la mecánica cuántica sería diferente.

AC En la ciencia hay dos partes diferenciadas: la ecuación y la interpretación. Las ecuaciones predicen lo que va a pasar en un experimento, por ejemplo, si disparamos una bala podemos saber dónde va a caer. La interpretación de esas ecuaciones no está tan definida y es bastante cultural. Si Einstein no hubiera existido seguro que alguien hubiera descubierto como se curva la luz, pero sin sus antecedentes quizá no hubiera sido así. En la famosa ecuación de Einstein la interpretación popular según la cual la materia y la energía son equivalentes está equivocada: son equivalentes la masa y la energía. Heisenberg y Shcrödinger obtuvieron ecuaciones diferentes: para el primero era la función de onda y para el segundo las matrices, más abstractas y matemáticas, y quizá una tercera persona hubiera obtenido otras ecuaciones que respondieran a los mismos datos. El principio de incertidumbre de Heisenberg según el cual cuando observas algo lo modificas es una idea vieja…

CL El libro se puede leer de muchas maneras, pero una posible lectura es que el mundo tal y como lo conocemos desaparece, mientras que el mundo en el que Schrödinger no descubre su mecánica ondulatoria parece sobrevivir. ¿Hacer o no un determinado descubrimiento puede tener unas consecuencias de tal magnitud?

AC Si cambias una cosa, por pequeña que sea, eso puede provocar grandes cambios acumulativos: no sólo que Schrödinger descubriera o no la función de onda, que un simple mosquito pique a alguien o la simple división de un átomo pueden hacerlo. Parece que sólo los grandes acontecimientos pueden cambiar el curso de la historia pero para mí cualquier acontecimiento pequeño puede hacerlo.

CL Voy a acabar con una pregunta típica. Aunque a ningún escritor le gusta que le digan que su libro puede parecerse a otro o puede tener influencias de algún escritor, leyendo su libro uno puede acordarse de El hombre en el castillo de Philip K. Dick, en el alguien es trasladado a un universo paralelo en el que Hitler ganó la guerra… Pero no es eso lo que quería preguntar, sino que autores han influido en usted, a que escritores admira…

AC No he leído ese libro. No puedo hablar demasiado sobre los autores vivos, pero a quienes admiro sin reservas es a autores como Cervantes -Quijote-, en primer lugar, Sterne -Tristan Shandy-. De los actuales, el que más me gusta es Milan Kundera y los que son muy diferentes a mí; en la diferencia está la riqueza. Murakami también me gusta mucho.

Cl Ya la última. Actualmente la narrativa británica es bastante potente: hay autores británicos muy interesantes, un poco a la sombra de Granta. Te consideras un escritor ‘generación Granta’?

AC Hay una historia interesante sobre Granta: me telefonearon para decirme que estaba en la lista, y yo les dije que pensaba que era para autores menores de cuarenta años. Me preguntaron que cuantos años tenía -cuarenta y uno, en esa época-. Colgaron y llamaron para decirme que estaba fuera de la lista. Así que no formo parte de la generación Granta (risas). No tengo miedo de ser de mediana edad y estoy orgulloso de ello.

CL Pues parece usted muy joven.

AC ¡Muchas gracias!


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