Bret Easton Ellis. American Psycho.
Ediciones B, 1991. 470 páginas.
Tit. Or. American Psycho. Trad. Mariano Antolín Rato.
La primera obra que leí de Bret Easton Ellis fue Menos que cero, sin conocer nada del autor, sólo porque estaba en la biblioteca y estaba publicada por Anagrama. Conocía de oídas -cosas de ser lector de El víbora- American Psycho pero no pude leerlo hasta que llegué a Barcelona y me lo prestó mi compañero de piso. El esclavo lector me ha proporcionado la ocasión de releerlo.
Patrik Bateman es un joven ejecutivo a la última. Conoce a la perfección como hay que vestirse, cuales son los sitios de moda y que grupos hay que escuchar. También es un asesino en serie que viola, tortura y mata a sus víctimas.
No es de extrañar que causara sensación en su momento. La descripción de los crímenes es cruda y sin concesiones. Pero, a diferencia de lo que pensé leyendo Tentativa me parece que su uso es totalmente correcto y el resultado una novela de altura.
No estoy de acuerdo con la frase de la contraportada que advierte:
Patrick es un ciudadano cualquiera de una ciudad cualquiera de Occidente. Patrick es uno de los nuestros.
Pues será de los tuyos, porque la vidorra a base de gimnasio, fiestas, coca, modelos y trajes de alta costura no se da mucho en mi entorno. De ahí a deducir que la carencia emocional de Patrick pueda estar relacionada con su modo de vida, y que los ejecutivos no tienen sentimientos sólo hay un paso.
Pero el libro también admite otras lecturas, incluso la posibilidad de que todos los crímenes no sean más que imaginaciones de una mente enferma. En cualquier caso un libro que recomiendo -por algo lo he leído dos veces- y veremos como resultan los otros dos que tengo por leer del autor: Las leyes de la atracción y Lunar Park.
Escuchando: Duro Y Potente. Banzai.
Extracto:[-]
Elizabeth se lo está haciendo con Christie. Las dos están desnudas en mi cama, con todas las luces de la habitación encendidas, mientras yo estoy sentado en la silla Louis Montoni junto al futón, observándolas atentamente, variando la posición de sus cuerpos. Ahora hago que Elizabeth se tumbe de espaldas y levante las piernas, separándoselas todo lo que puede, y luego empujo a Christie por la cabeza hacia abajo y hago que le lama el coño —no que se lo chupe, que se lo lama como un perro con sed— mientras le manosea el clítoris; luego, con la otra mano, mete dos dedos en el coño abierto y mojado, mientras la lengua remplaza a los dedos y luego coge los dedos pegajosos que ha tenido metidos en el coño de Elizabeth y los empuja dentro de la boca de Elizabeth, haciendo que se los chupe. Luego hago que Christie se tumbe encima de Elizabeth y que le chupe y muerda los pechos, grandes, hinchados, que la propia Elizabeth también se acaricia, y luego les digo que se besen con fuerza y Elizabeth se mete la lengua que ha estado lamiendo su propio coño, pequeño y rosa, en la boca, hambrienta como un animal, y se ponen a saltar una encima de otra, juntando los coños. Elizabeth gime ruidosamente, envuelve con sus piernas las caderas de Christie, dando sacudidas contra ella. Las piernas de Christie están abiertas de tal modo que, por detrás, puedo verle el coño, mojado y abierto, y encima de él, el ojo del culo sin pelos.
Christie se sienta y se da la vuelta y, mientras todavía sigue encima de Elizabeth, aprieta su coño contra la cara anhelante de Elizabeth y enseguida, como en una película, como los animales, las dos se ponen a chupar y manosear febrilmente el coño de la otra. Elizabeth, con la cara completamente roja, con los músculos del cuello tirantes como los de una loca, trata de enterrar la cara en el coño de Christie y luego le abre mucho las nalgas y se pone a chuparle el agujero del culo, haciendo sonidos guturales.
—Muy bien —digo, con voz monótona—. Mete la lengua en el ojo del culo de esa puta.
Mientras pasa esto yo le doy vaselina a un gran consolador blanco sujeto a un cinturón. Me pongo de pie y separo a Christie de Elizabeth, que se retuerce encima del futón con la mente perdida, y sujeto el cinturón alrededor de la cintura de Christie y luego hago volverse a Elizabeth y hago que se ponga a cuatro patas y que Christie se la folle con el falo consolador a lo perro, mientras yo manoseo el coño de Christie, luego su clítoris, luego su ojo del culo, que está tan abierto y mojado por la saliva de Elizabeth que meto el dedo índice sin esfuerzo y su esfínter se pone tenso, se relaja y se contrae alrededor del dedo. Hago que Christie saque el consolador del coño de Elizabeth y que ésta se tumbe de espaldas mientras Christie se la folla en la posición del misionero. Elizabeth se manosea el clítoris mientras le da besos enloquecidos de lengua a Christie hasta que, involuntariamente, echa la cabeza hacia atrás, con las piernas alrededor de las caderas de Christie, que suben y bajan, con la cara tensa, la boca abierta, la pintura de labios manchada por los fluidos del coño de Christie, y grita:
—Dios Dios me corro folíame que me corro —pues les he dicho que me hicieran saber cuándo tenían orgasmos y hablasen de ello.



