Cuchitril Literario

Diciembre 19, 2007

José Luis Cano. Antonio Machado. Poesía y prosa. Biografía.

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Editorial Bruguera, 1982, 1984. 574 páginas.

Antonio Machado, Poesía y prosa. Biografia
Amplia selección

Si se quiere tener una visión general sobre la vida y obra de Antonio Machado, éste es su libro. En sus casi seiscientas páginas el editor nos ofrece una cronología, una biografía bastante extensa -aunque mejorable- y una buena selección de textos. Una antología poética, prosas de Juan de Mairena, anteriores y de la guerra e incluso un epistolario.

La biografía nos situa al autor en su contexto; no puede decirse que Machado tuviera una vida de rosas. La muerte de Leonor, su mujer, le llevó a pensar en el suicidio. Su muerte en el exilio, casi desnudo, como los hijos de la mar, todavía nos conmueve.

Libro tan compacto sólo puede degustarse poco a poco; me costó bastante acabarlo ya que sólo lo leía por la noche, antes de dormir. Incluso un patán como yo puede disfrutar con la poesía de Machado, y además he descubierto su excelente prosa. Mucho había oído hablar de Juan de Mairena, y por fin he podido leerlo. Seguro que Machado era un profesor excelente.

No es un libro para eruditos, pero la intención de abarcarlo todo se agradece. Ha sido bueno conocer un poco más a Antonio Machado.

Escuchando: Paranoia Blues. Paul Simon.


Extracto:[-]

De ningún modo quisiera yo –habla Juan de Mairena a sus alumnos– educaros para señoritos, para hombres que eludan el trabajo con que se gana el pan. Hemos llegado ya a una plena conciencia de la dignidad esencial, de la suprema aristocracia del hombre; y de todo privilegio de clase pensamos que no podrá sostenerse en lo futuro. Porque si el hombre, como nosotros creemos, de acuerdo con la ética popular, no lleva sobre sí valor más alto que el de ser hombre, el aventajamiento de un grupo social sobre otro carece de fundamento moral. De la gran experiencia cristiana todavía en curso, es ésta una consecuencia ineludible, a la cual ha llegado el pueblo, como de costumbre, antes que nuestros doctores. El divino Platón filosofaba sobre los hombros de los esclavos. Para nosotros es esto éticamente imposible. Porque nada nos autoriza ya a arrojar sobre la espalda de nuestro prójimo las faenas de pan llevar, el trabajo marcado con el signo de la necesidad, mientras nosotros vacamos a las altas y libres actividades del espíritu, que son las específicamente humanas. No. El trabajo propiamente dicho, la actividad que se realiza por necesidad ineluctable de nuestro destino, en circunstancias obligadas de lugar y de tiempo, puede coincidir o no coincidir con nuestra vocación. Esta coincidencia se da unas veces, otras no; en algunos casos es imposible que se produzca. Pensad en las faenas de las minas, en la limpieza y dragado de las alcantarillas, en muchas labores de oficina, tan embrutecedoras… Lo necesario es trabajar, de ningún modo la coincidencia del trabajo con la vocación del que lo realiza. Y este trabajo necesario que, lejos de enaltecer al hombre, le humilla, y aun pudiera degradarle, el que debe repartirse por igual entre todos, para que todos puedan disponer del tiempo preciso y la energía necesaria que requieren las actividades libres, ni superfluas ni parasitarias, merced a las cuales el hombre se aventaja a los otros primates. Si queda esto bien asentado entre nosotros, podremos pasar a examinar cuanto hay de supersticioso en el culto apologético del trabajo. Quede para otro día, en que hablaremos de los ejércitos del trabajo.

Escribir para el pueblo –decía mi maestro– ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas inagotables que no acabamos nunca de conocer. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Por eso yo no he pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, de saber popular. Siempre que advirtáis un tono seguro en mis palabras, pensad que os estoy enseñando algo que creo haber aprendido del pueblo.

Porque se avecinan tiempos duros, y los hombres se aperciben a luchar —pueblos contra pueblos, clases contra clases, razas contra razas—, mal año para los sofistas, los escépticos, los desocupados y los charlatanes. Se recrudecerá el pensar pragmatista, quiero decir el pensar consagrado a reforzar los resortes de la acción. ¡Hay que vivir! Es el grito de bandera, siempre que los hombres se deciden a matarse. Y la chufla de Voltaire: Je ríen vois pas la nécessité no hará reír, ni, mucho menos, convencerá a nadie. Y esta cátedra mía —la de Retórica, no la de Gimnasia— será suprimida de real orden, si es que no se me persigue y condena por corruptor de la juventud.

Aprendió tantas cosas –escribía mi maestro, a la muerte de un su amigo erudito–, que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas.

He Andado Muchos Caminos

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancòlicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adònde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.

Noviembre 5, 2007

Honoré de Balzac. La piel de zapa.

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Editorial Bruguera, 1980. 280 páginas.
Tit. Or. La peau de chagrin. Trad. Rafael Cansinos Assens.

Honoré de Balzac, La Piel de Zapa
Cuidado con lo que deseas

Yo ya conocía el argumento de este libro: un joven entra en posesión de una extraña piel con poderes mágicos. Con ella en su poder hará realidad todos sus deseos pero ¡cuidado! cada vez que se cumpla uno la piel disminuirá de tamaño. Cuando se haya reducido a nada, morirá. Pero yo pensaba que era un cuento, no una novela. Pensaba que el argumento no da para más.

Pero la trama le sirve de excusa a Balzac para exponer una serie de retratos bajo nuestros ojos. La galería infinita dónde el joven encuentra al misterioso anciano que le hace el regalo maldito. La cena de intelectuales, de ribetes surrealistas -en mi opinión, lo mejor de todo el libro. La vida austera del protagonista dedicado a su gran obra. El teatro de la ópera, el amor…

Incluso un enfrentamiento entre los poderes mágicos de la piel y los más avanzados métodos científicos de la época, que intentan evitar su progresivo empequeñecimiento mediante sofisticados artilugios mecánicos. Todo en vano. La piel impondrá su ley.

El final se me hizo un poco pesado -ya no tenemos el paladar decimonónico- pero el libro es muy recomendable.

Escuchando: Like Eating Glass. Bloc Party.


Extracto:[-]

Así que ya nos pasemos esa hermosa época de su vida en suntuoso hotel cuidando chuchos, o en un hospital espulgando harapos, nuestra existencia, ¿no es exactamente la misma? Ocultar nuestro pelo blanco bajo un pañuelo a cuadros rojos y azules o bajo encajes, barrer las calles con escobas o las gradas de las Tullerías con raso, sentarnos junto a adoradas chimeneas o calentarnos con un rescoldo en un lebrillo de barro rojo, asistir al espectáculo de la Gréve o ir a la Opera, ¿hay tanta diferencia entre una, cosa y otra?

—Aquilina mía, nunca tuviste tanta razón en medio de tus desesperos —dijo Eufrasia—. Sí; las cachemiras, las blondas, los perfumes, el oro, la seda, el lujo, todo cuanto brilla y agrada, sólo le sienta bien a la juventud. Sólo el tiempo podría tener razón contra nuestras locuras, pero la felicidad nos absuelve. Reíos de lo que digo —exclamó, lanzándoles una venenosa sonrisa a ambos poetas—, pero ¿no tengo razón? Prefiero morir de placer a morir de enfermedad. No tengo la manía de la perpetuidad ni mayor respeto por el género humano al ver lo que de él hace Dios. Dadme millones y me los comeré; no querría guardar un céntimo para el año que viene. Vivir para agradar y reinar, ése es el fallo que dicta cada latido de mi corazón. Y la sociedad me aplaude; porque ¿no alimenta sin cesar mis derroches? ¿Por qué Dios me da todas las mañanas la renta de lo que todas las noches me gasto? Como no nos ha puesto entre el bien y el mal para elegir lo que nos disgusta o revienta, muy tonta sería yo si no me divirtiese…

—¿Y los demás? —dijo Emilio.

—¡Los demás! ¡Allá ellos! Prefiero reírme de sus sufrimientos a tener que llorar por los míos. Yo desafío al hombre a que me cause la menor pena.

-Pero ¿cuánto has sufrido tú para pensar así? -preguntó Rafael.

—¡A mí me han dejado plantada por una herencia, eso! —replicó ella, adoptando una actitud que hizo resaltar todos sus encantos—. Y cuenta que me había pasado los días y las noches trabajando para mantener a mi amante ¡Oh!, no quiero ser más víctima de ninguna sonrisa, de ninguna promesa, y aspiro a hacer de mi vida una larga juerga.

—Pero —exclamó Rafael— ¿entonces la felicidad no dimana del alma?

—Pues bien —saltó Aquilina—: ¿no es nada eso de verse admirada y halagada, triunfar sobre las demás mujeres, incluso las más virtuosas, apabullándolas con nuestra hermosura y nuestra riqueza? Además, que vivimos más en un día que una buena burguesa en diez años, y con eso está todo dicho.

—Pero una mujer sin virtud, ¿no es odiosa? —díjole Emilio a Rafael.

Lanzóles Eufrasia a los dos una mirada viperina y, con inimitable acento de ironía, respondió:

—¡La virtud! ¡Esa se la dejamos a las feas y contrahechas! ¿Qué harán sin ella las pobres?

—¡Vamos, cállate! —exclamó Emilio—. No hables de lo que no conoces.

—¡Oh, que no la conozco! —replicó Eufrasia—. Entregarse para toda la vida a un ser aborrecido, saber criar chicos que te abandonan y decirles «¡Gracias»! cuando te hieren en el corazón, ésas son las virtudes que le imponéis a la mujer y, encima, como recompensa por su abnegación, venís a agravar sus sufrimientos tratando de seducirla y, si se resiste, la comprometéis. ¡Bonita vida! Más vale mantenerse libre, amar a los que nos agradan y morir jóvenes.

—Pero ¿no temes pagar algún día todo eso?

—Pues bien —respondió Eufrasia—: en vez de entreverar mis goces con penas, dividiré mi vida en dos partes: una juventud de alegría cierta y no sé qué incierta vejez, en que todo lo sufriré con gusto.

Agosto 31, 2007

John Dos Passos. Manhattan Transfer.

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Editorial Brugera, 1980. 472 páginas.
Tit. Or. Manhattan Transfer. Trad. José Robles.

John Dos Passos, Manhattan Transfer
Historias de la gran manzana

Mi primera quedad bloguera me sirvió para conocer a J.J. Merelo, uno de los históricos de la blogosfera y hacer bookcrosing con él. Yo le llevé un libro de Juan José Millás y el me trajo una edición en inglés de Manhattan Transfer.

No es casualidad que la pereza sea uno de los pecados capitales. Aunque habitualmente leo libros técnicos en inglés -mi profesión me obliga- no tengo la cultura suficiente como para leerme un clásico de tantos quilates. Resultado: lo fui postergando. Mi mujer tenía -casualidades de la vida- una edición en castellano y ahí vi mi oportunidad. Empecé una lectura a dos bandas, cuando me sentía perdido en inglés echaba mano del castellano. Por desgracia a partir de la mitad del libro imperó de nuevo la pereza y el inglés languideció en la mesilla.

La historia es fragmentada y veloz, como el corazón de la gran manzana, escenario que impregna la vida de los protagonistas. Todo al ritmo de una metrópolis frenética, donde todo es posible. El lechero de ayer puede ser el poderoso sindicalista del mañana. El niño rico se convierte en un modesto periodista.

Dejando de lado su extraordinaria calidad literaria es un retrato de una época en la que el sueño americano brilla con toda su fuerza: Manhattan es una ciudad dura, pero cualquiera puede prosperar o encontrar su sitio.

Muy bueno.

Escuchando: Acción. Seguridad Social.


Extracto:[-]

A grandes zancadas, cojeando un poco a causa de sus pies ampollados, Bud descendía Broadway. Pasó por delante de solares vacíos donde brillaban latas de conserva entre hierbas y matojos de zumaque y zuzón; pasó entre filas de carteleras y anuncios de Bull Durham; pasó por delante de chozas y casucas abandonadas, dejando atrás vertederos llenos de escombros y ruedas, donde los volquetes descargaban cenizas y escorias; pasó ante moles de roca gris que las perforadoras de vapor taladraban y roían continuamente, ante excavaciones desde las cuales subían trabajosamente a la calle carros cargados de cascote y greda. Hasta que se encontró andando por aceras nuevas, entre filas de casas de ladrillo amarillo. Bud miraba los escaparates de las tiendas de comestibles, de las lavanderías chinas, de los lunch-rooms, de las tiendas de flores, de las verdulerías, sastrerías y reposterías. Al pasar por debajo del andamiaje de un edificio en construcción, su mirada se cruzó con la de un viejo que estaba sentado al borde de la acera, componiendo lámparas de aceite. Bud se paró a su lado, se subió los pantalones, carraspeó:

—Oiga, ¿no puede usté decirme de un buen sitio donde me den trabajo?…

—Buenos sitios donde den trabajo no los hay, amigo-Malos, sí, de sobra… Yo dentro de un mes y cuatro días cumpliré los sesenta y cinco, y he trabajado desde que tenía cinco años, creo, y no he encontrado un buen empleo aún.

—Yo con cualquier trabajo me contento.

—¿Tiene usté tarjeta de la Unión?

—No tengo ná.

—Sin tarjeta no le darán trabajo en el gremio de constructores —dijo el viejo.
Se restregó los pelos grises de su barbilla con el dorso de la mano, y volvió a sus lámparas. Bud se quedó mirando la selva de vigas de hierro, blancas de polvo, del nuevo edificio, pero al fijarse en un hombre de sombrero hongo que le miraba por la ventanilla de la caseta del vigilante, echó a andar, molesto, arrastrando penosamente sus pies: «Si pudiera meterme en el mismo centro…»

En la otra esquina se agolpaba la gente alrededor de un automóvil blanco, muy alto. Nubes de humo salían de la parte de atrás. Un policía sostenía a un chiquillo por los sobacos. Desde el coche un hombre colorado, blancas patillas de morsa, gritaba enfurecido:

—Le digo a usted, guardia, que tiró una piedra… Esto tiene que acabar. Un policía ponerse de parte de los pillos y granujas…

Una mujer con el pelo recogido sobre la coronilla en un moño tieso, vociferaba amenazando con el puño al hombre del auto:

—¡Por poco me pilla, guardia, por poco me pilla!

Bud se arrimó a un joven, con mandil de carnicero, que llevaba una gorra de baseball echada hacia atrás.

Abril 15, 2007

Antología Ciencia Ficción 15.

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Editorial Bruguera, 1975. 191 páginas.

CienciaFiccion15
Ciencia ficción militar

Hacía tiempo que no encontraba una de estas antologías -que no tuviera ya-. Son relatos de la revista Fantasy and Sciencie Fiction y tienen su solera -más de treinta años- pero no están nada mal. La presentación, y quizás la dirección, corre a cargo de Carlo Frabetti del que me acabo de enterar hace poco que fue guionista de la mítica Bola de cristal. Ya lo había visto en los títulos de crédito de algún que otro programa de televisión, y si hubiera sabido que tuvo algo que ver con ese programa mítico de mi infancia, le hubiera admirado un poco más.

Los relatos incluidos en esta selección son:

Más profundo que la oscuridad. Greg Benford

Para ganar una guerra lo mejor es encontrar el punto flaco del enemigo. ¿Qué mejor sitio para encontrarlo que en los terrores atávicos?

La ley desconocida. Avram Davidson

El presidente de los Estados Unidos tiene a su cargo un poder inmenso, aunque sujeto por las leyes… salvo que hay una que desconoce.

Sabotaje. Christopher Anvil

Los terrestres se enfrentan a una especie cuya especialidad es el ataque piscológico…¿conseguirán vencer en tan extraña batalla?

En negro de todos los colores. Neil Saphiro

En un estilo como el de Cordwainer Smith un apuesto teniente despertará a una bella telépata para realizar una delicada misión… si el amor no se interpone.

Bumbarbum.Avram Davidson

En un mundo post apocalíptico un joven mutante encontrará la manera de utilizar en su provecho una extraña maquinaria que, según dicen, es capaz de producir grandes destrozos…

No es de los mejores de esta colección, pero tiene un nivel de calidad más que aceptable. Volúmenes inencontrables con autores en ocasiones no muy conocidos pero que dejan buen sabor de boca. Si encuentran alguno de saldo, hagan la prueba.

Escuchando: Maki Navaja, el último chorisso. Tijuana in blue.

Febrero 4, 2007

Mario Vargas Llosa. Pantaleón y las visitadoras.

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Editorial Bruguera, 1980. 284 páginas.

Mario Vargas Llosa, Pantaleon y las visitadoras
Servicio de compañía

Con Vargas Llosa hice una de las cosas más estúpidas que pueden hacerse: no leerlo por motivos ideológicos. Aún peor, tampoco conocía tanto del escritor como para calificarlo. De ser tan gañán me libró mi disciplina; entre la colección RTVE de Salvat estaba Los cachorros y me había impuesto como tarea leer todos los libros de esa colección. Lo empecé con desgana pero lo acabé con entusiasmo: había descubierto a un autor excelente.

El ejército está recibiendo numerosas quejas: las tropas destacadas en la selva no dejan de molestar a las mujeres de los campesinos y se están produciendo numerosos altercados. La solución pasa por crear un servicio de visitadoras que se encargue de entretener a los soldados. Al mando de tan peculiar servicio colocarán a Pantaleón Pantoja, el más eficiente, cumplidor, responsable y aburrido capitán del ejército. El éxito que obtendrá superará todas las expectativas.

Este es, sin duda, el libro más divertido que he leído en mucho tiempo. Tiene momentos de verdadera carcajada, y se lee con una perenne sonrisa en los labios. Según cuenta el autor, la idea está basada en hechos reales: realmente existió un servicio de visitadoras organizado por el ejército Peruano. No es difícil de creer, pero tal material, en manos expertas, se convierte en una increíble farsa capaz de conjugar lo extremadamente cómico con un excelente -y a veces crítico- retrato de la sociedad de la época. Pantaleón organiza el servicio como el buen militar de intendencia que es, de una manera óptima y eficaz. Lo que el pobre no esperaba es que tanto éxito podía ser contraproducente.

Pero la calidad del libro no sólo radica en la sabrosa historia. Escrito mitad como informes militares, mitad como diálogos entremezclados, sorprende lo cuidadoso del estilo y los buenos resultados que obtiene con él. ¿Quién dijo que los experimentos estilísticos sólo son para libros de vanguardia infumables? Aquí tenemos un excelente ejemplo de lo contrario.

Resumiendo: un pedazo de libro que no deben perderse.

Escuchando: Señorita. Los Rodriguez.


Extracto:[-]
Parte número dos

ASUNTO GENERAL: Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines.

ASUNTO ESPECIFICO: Rectificación de estimaciones, primeros enganches y distintivos del SVGPFA.

CARACTERÍSTICAS : secreto.
FECHA Y LUGAR: Iquitos, 22 de agosto de 1956.

El suscrito, capitán EP (Intendencia) Pantaleón Pantoja, oficial responsable del SVGPFA, respetuosamente se presenta ante el general Felipe Collazos, jefe de Administración, Intendencia y Servicios Varios del Ejército, lo saluda y dice:

1. Que en el parte número uno, del 12 de agosto, en el acápite relativo al número de visitadoras que requeriría el SVGPFA para cubrir la demanda de 104.712 prestaciones mensuales que arrojó grosso modo la primera estimativa del mercado (se pide permiso de la superioridad para el uso de este nombre técnico), el suscrito calculó aquél en “un cuerpo permanente de 2.115 visitadoras de la máxima categoría” (veinte prestaciones diarias), trabajando full time y sin contratiempos. Que esta tabulación adolece de un grave error, del que es único culpable el suscrito, a causa de una visión masculinizada del trabajo humano, que, imperdonablemente, le hizo olvidar ciertos condicionamientos privativos del sexo femenino, los mismos que, en este caso, infligen a esa contabilidad una nítida corrección, por desgracia en sentido desfavorable para el SVGPFA. ES así que el suscrito olvidó deducir, en el número de dias de trabajo de las visitadoras, los cinco o seis de sangre que evacúan mensualmente las mujeres (días de regla o período) y en los que, tanto por ser costumbre extendida en los varones no tener relación carnal con la hembra mientras menstrua como por hallarse sólidamente afincado en esta región de la Patria el mito, tabú o aberración científica de qlie mantener contactos íntimos con mujer sangrante produce impotencia, se las puede considerar inhabilitadas para conceder la prestación. Lo cual, claro está, traumatiza la anterior estimativa. Que tomando en consideración este factor y señalando, de manera laxa, un promedio mensual de 22 días hábiles por visitadora (excluidos los cinco de menstruación y sólo tres domingos, pues no es desatinado suponer que un domingo de cada mes coincida con la sangre cíclica) el SVGPFA requeriría un plantel de 2.271 visitadoras del máximo nivel, operando a tiempo completo y sin percances, es decir 156 más de lo que equivocadamente había calculado el parte anterior;

2. Que ha procedido a reclutar sus primeros colaboradores civiles en las personas, ya mencionadas en el parte número uno, de Porfirio Wong, (a) Chino, Leonor Curinchila, (a) Chuchupe y Juan Rivera, (a) Chupito. Que el primero de los mentados percibirá un haber básico de 2.000 (dos mil) soles mensuales y una bonificación de 300 (trescientos) soles por misión en el campo y cumplirá las funciones de enganchador, para lo cual lo sindican sus muchas relaciones en el medio de mujeres de vida disipada, tanto de establecimiento como ‘lavanderas’, y jefe de convoy encargado de la protección y control de los envíos de visitadoras a los centros usuarios. Que la contratación de Leonor Curinchila y su conviviente (ésta es la relación que la une a Chupito) resultó más fácil de lo que el suscrito suponía cuando les propuso una colaboración con el Servicio de Visitadoras en los momentos que les dejara libres su negocio. Es así que, habiéndose creado una cordial atmósfera de confidencias en la segunda visita efectuada por el suscrito a Casa Chuchupe reveló a éste la dicha Leonor Curinchila que estaba a punto de quebrar y que venía considerando hacia algún tiempo el traspaso de su establecimiento. No por falta de clientela, pues los concurrentes al local aumentan a diario, sino debido a obligaciones onerosas de variada índole que debe distraer el negocio en favor de las Fuerzas Policiales y Auxiliares. Es así, por ejemplo, que para la renovación anual del permiso de funcionamiento que recaba en la Comandancia de la Guardia Civil, Leonor Curinchila debe desembolsar, aparte de los derechos legales, gruesas sumas en calidad de obsequio a los jefes de la sección Lenocinios y Bares para posibilitar el trámite. Fuera de ello, los miembros de la Policía de Investigaciones (PIP) de la ciudad, que son más de treinta, y un buen número de oficiales de la G. C, han contraído la costumbre de requerir gratuitamente los servicios de Casa Chuchupe, tanto en lo que se refiere a bebidas alcohólicas como a prestaciones, bajo amenaza de sentar parte acusando al local de escándalo público, que es motivo de cierre inmediato. Que fuera de esta sangría económica pertinaz, Leonor Curinchila ha tenido que resignarse a que le subieran de manera geométrica el alquiler del local (cuyo propietario es nada menos que el Prefecto del Departamento), so pena de expulsión. Y. finalmente, que Leonor Curinchila se hallaba ya fatigada por la intensa dedicación y el ritmo febril y desordenado que exige su trabajo —malas noches, atmósfera viciada, amenaza de riñas, estafas y chantajes, falta de vacaciones y de descanso dominical—, sin que esos sacrificios redundaran en ganancias apreciables. Por todo lo cual aceptó gustosa la oferta de colaborar con el Servicio de Visitadoras tomando ella misma la iniciativa de proponer no un trabajo eventual sino exclusivo y permanente, y demostrando mucho interés y entusiasmo al ser informada de la naturaleza del SVGPFA. Que Leonor Curinchila, quien ha llegado ya a un acuerdo con Humberto Sipa, (a) Moquitos, dueño de una casa de diversión en el distrito de Punchana, para traspasarle Casa Chuchupe, laborará en el Servicio de Visitadoras en las siguientes condiciones: 4.000 (cuatro mil) soles mensuales de sueldo, más 300 (trescientos) soles de bonificación por trabajo en el campo y derecho a cobrar un porcentaje no mayor del 3%, sólo durante un año, sobre los haberes de las visitadoras contratadas por su intermedio. Sus funciones serán las de jefe de personal del SVGPFA, encargándose del reclutamiento, fijación de horarios, turnos y elenco de los convoyes, control de operaciones y vigilancia general del elemento femenino. Que Chupito percibirá un salario básico de 2.000 (dos mil) soles, más 300 (trescientos) soles por misión en el campo, y será responsable de mantenimiento del centro logístico (con dos adjuntos: Sinforoso Caiguas y Palomino Rioalto) y jefe de convoy. Que estos tres colaboradores se han incorporado al SVGPFA el lunes 20 de agosto a las 8 horas a.m.; 3. Que deseoso de dar una fisonomía propia y distinta al SVGPFA y dotarlo de signos representativos que, sin delatar sus actividades al exterior, permitan al menos a quienes lo sirven reconocerse entre si, y a quienes servirá identificar a sus miembros, locales, vehículos y pertenencias, el suscrito ha procedido a designar el verde y el rojo como los colores emblemáticos del Servicio de Visitadoras, por el siguiente simbolismo:

a. verde por la exuberante y bella naturaleza de la región Amazónica donde el Servicio va a fraguar su destino y

b. rojo por el ardor viril de nuestros clases y soldados que el Servicio contribuirá a aplacar;

Que ha dado ya instrucciones para que tanto el puesto de mando como los equipos de transporte del Servicio de Visitadoras luzcan los colores emblemáticos y que ha mandado hacer, por la suma de 185 soles (recibo adjunto), en la hojalatería “El Paraíso de la Lata”, dos docenas de pequeñas escarapelas rojiverdes (sin ninguna inscripción, por supuesto), susceptibles de ser llevadas en el ojal por los varones y prendidas en la blusa o el vestido por las visitadoras, insignias que, sin romper las normas de discreción exigidas al SVGPFA, harán las veces de uniforme y carta credencial de quienes tienen y tendrán el honor de integrar este Servicio.

Dios guarde a Ud.

Firmado:

capitán EP (Intendencia) PANTALEON PANTOJA

ce. al general Roger Scavino, comandante en jefe de la V Región (Amazonia)

Adjunto: un recibo.

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