José Sanchis Sinisterra. Terror y miseria en el primer franquismo.
Editorial Catedra, 2003. 272 páginas.
Ya he declarado en el Cuchitril mi admiración por Sanchis Sinisterra, autor al que elegí para cerrar el ciclo Un día, un libro. Intentaré seguir reseñando cuantas obras suyas pueda.
Terror y miseria en el primer franquismo es un homenaje a la obra de Brecht Terror y miseria en el Tercer Reich, que abarca el periodo que empieza en 1939, triunfo del golpe militar franquista y que acaba en 1953, cuando España alcanza un acuerdo económico con los Estados Unidos (contra el comunismo valía todo, incluso aliarse con una dictadura). Son nueve piezas breves que constituyen un testimonio de los años más oscuros de nuestra memoria.
El autor no quería denominar a estas piezas teatro histórico, así que escogió el más acertado nombre Teatro de la memoria, porque ese es su objetivo; intentar que no se olvide la historia para que no tengamos que repetirla. El hambre de Plato único, la uniformidad ideológica y violenta de Filas prietas, la persecución ideológica de El sudario de tiza, el desarraigo de Dos exilios, las torturas en Intimidad…
Las ediciones de Cátedra son de lujo y esta no es una excepción: un excelente prólogo, y unos apéndices con trabajos de estudiantes de instituto y testimonios sobre la época. Un libro imprescindible.
Escuchando: Do you realize. The Flaming Lips.
Extracto:[-]
B. ¡Santos Justo y Pastor! ¿Nuestra primera dama?
A. Ya ve qué ejemplo. Luego, que nadie se extrañe de lo que pasa en los parques, en los guateques, en las playas…
B. Ni de que permitan volver a Ortega y a Gasset y a Dalí
A. Todo es uno y lo mismo: «Gilda», Ortega, los guateques
B. Y el escote de doña Carmen.
A. El principio del fin.
B. ¿Y para esto ganamos la guerra, hace diez años?
A. Esa es otra: cada año, menos fusilados.
B. Y en las cárceles, más presos comunes y menos políticos.
A. Y en Barcelona ya están volviendo a permitir el catalán.
B. ¡No será verdad!
A. No en la calle, naturalmente, pero sí en algunos lugares de tolerancia.
B. Esa es la madre del cordero, don Abundio: la tolerancia. Se empieza tolerando y se acaba claudicando.
A. La culpa de todo, a mi modesto entender, la tienen los turistas, que propagan los aires mefíticos de la Europa liberal y filocomunísta.
B. Eso, y la pertinaz sequía.
A. Y el mambo.
B. Y «La Codorniz».
A. Y la escalera esa.
B ¿Qué escalera?
A Una de una comedia que van a estrenar, si Dios no lo remedia.
R ¿La del rojo ese que estaba en la cárcel?
A Nosecuantos Vallejo, creo que se llama.
g Sí, de una historia en una escalera mugrienta, creo…
A Pues ya ve, don Bolonio, hasta el teatro está infectado de pesimismo torticero y corrosivo.
B. Y por ahí se afloja la reciedumbre de la raza y el temple viril de la juventud.
A. No me extrañaría que, un día de estos, mis braceros me pidieran aumento de jornal.
B. Lo mismo que los obreros de mis fábricas.
A. Productores, querrá usted decir.
B. Perdón, sí… Productores.
A. Cáspita, qué novedad.
B. ¿Novedad? ¿Dónde?
A. Ahí al lado, esa puerta…
B. ¿Qué le pasa?
A. Está abierta.
B. ¿Y eso qué tiene de particular? Las puertas, ya se sabe.
A. ¿Usted la había visto abierta alguna vez?
B. Ahora que lo dice…
A. Yo pensaba que la casa estaba abandonada, pero mire…
B- Ya veo, ya… De abandonada, nada.





