Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

julio 6, 2009

Connie Willis. El espíritu de la navidad.

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La factoría de ideas, 2006. 382 páginas.
Tit. Or. Miracle and Other Christmas Stories. Trad. Domingo Santos.

Connie Willis, El espíritu de la navidad
Milagros y epifanías

Navidad y Willis. ¿Se puede pedir más? Se puede; el libro me costó dos euros. Mi escritora preferida de ciencia ficción escribiendo sobre la navidad a bajo coste. La piel de gallina, señores.

A Connie Willis también le gusta la navidad y va escribiendo historias. No es fácil porque ya se han dicho muchas cosas, aunque algunas sean tan deprimentes como La cerillera de Andersen. Ya había leído alguna en el Isaac Asimov Magacine, pero ninguna de las siguientes, incluídas en este libro:

Milagro
Posada
En la tienda de juguetes de Coppelius
El poni
Adaptación
La garra de gato
Boletín de noticias
Epifanía

Los más flojos, en mi opinión, los de terror: En la tienda de juguetes de Coppelius y El poni. La garra de gato, parodia de los cuentos de detectives en clave de ciencia ficción y Boletín de noticias -dónde todo el mundo empieza a ser amable debido a una posible invasión extraterrestre- son divertidos, como divertida es la idea de base de Milagro: la hermana de la protagonista ha pedido tanto por ella que ha aparecido un espíritu de la navidad dispuesto a hacerle el mejor presente. Se convierte en una tierna historia de amor y una contínua crítica a ¡Qué bello es vivir!.

La mano maestra de la autora se deja ver en Posada, con José y María perdidos en el espacio tiempo y apareciendo en el presente, Adaptación, una vuelta de tuerca de Dickens y Epifanía, bello relato sobre unos reyes magos contemporáneos. Me gusta el brindis que aparece al final de Adaptación:

-¡Por sir Walter Scott, que sabía como mantener la Navidad!
- Y por el señor Dickens, el fundador de la fiesta.
-¡Y por los libros! que instruyen y nos sostienen en los tiempos difíciles.
-”¡Apilad más madera! El viento es helado; pero dejad que silbe a voluntad, mantendremos nuestras Navidades alegres pese a todo”

El talante de la autora le va como anillo al dedo al tema. He leído malas críticas de este libro por la red pero para mí es de los que repiten lectura. Cada navidad.

Descárgalo gratis:

Willis, Connie – Miracle and Other Christmas Stories.pdf (En inglés)

Otros libros de la autora:

Connie Willis – El Libro del Dia del Juicio Final.doc

Transito – Connie Willis.pdf

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto: Pueden leer el excelente prólogo en esta entrada: Me gusta la navidad

diciembre 25, 2008

Me gusta la navidad

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No me importa que me llamen abrazanenúfares. Soy una persona muy familiar y no los veo porque vivo lejos (a lo mejor por eso soy tan familiar). En estas fiestas, como dice el anuncio, uno vuelve a casa a encontrarse con los suyos.

Además, siempre he pensado que cualquier excusa es buena para tener una fiesta. Hace tiempo que no estoy un fin de año toda la noche de juerga, pero el espíritu permanece. Quizás algún dia vuelva a las andadas.

No me molestan lo papanoeles, la cantidad de gente que hay por la calle, ni los simpáticos gruñones que navidad tras navidad protestan y reniegan del espíritu de estas fiestas. ¿Consumismo? Sólo si tú quieres y lo que hagan los demás no importa. ¿Hipocresía? Si un malnacido intenta portarse bien cuatro días siempre será mejor que nunca ¿no? Igual hasta le coge gusto.

Es sabido que estas fiestas tienen raices paganas. El solsticio de invierno marca el punto en el que el sol vuelve a calentar la tierra, el dios renace y trae esperanza y prosperidad. Esto queda muy bien explicado en el especial de navidad de las Reflexiones de Repronto cuya frase final es, como es habitual, certera y genial. No la reproduzco porque tienen que ver el capítulo entero.

Pero paganismos aparte la historia cristiana también tiene su aquel, incluso para un ateo como yo. Un dios hecho carne, naciendo con humildad en un pesebre, adorado por pastores y gente humilde, escapando de los poderosos, trayendo gloria a la gente de buena voluntad. Es un programa que cualquiera firmaría. No me sorprende que Connie Willis la considere una de las mejores historias de navidad. Como tampoco me extraña que aborrezca las historias de Andersen con niños pobres muriendo de frío. Esa pequeña cerillera debería haber dado mejor uso a sus fósforos; como cantaba el grupo Potato para calentar, vamos a quemar, el ayuntamiento y la catedral. Al final les transcribo completo el prólogo de Willis a su libro

Les dejo con un acompañamiento musical muy adecuado a estas fiestas. La versión de Kamakawiwo’ole de Somewhere Over the Rainbow. Una versión tan famosa que la he visto en dos o tres anuncios y que he podido rescatar gracias a las estupendas recopilaciones que hacen en Milinkito. Esta año va de Versiones bastante originales y les aseguro que no tienen desperdicio. La mejor manera de pasar estas bonitas fiestas.

Feliz navidad y un próspero año nuevo, lleno de lecturas, a todos.


Kamakawiwo’ole – Somewhere Over the Rainbow

Las imágenes de los árboles están tomadas de aquí: Unsual and creative christmas trees. Esta bitácora está de vacaciones hasta despues de reyes.

Connie Willis, prólogo al libro El espíritu de la navidad

Me encanta la Navidad. Toda ella: decorar el árbol y cantar en el coro y hornear galletas y envolver los regalos. Incluso me gustan las partes que la mayoría de la gente odia: ir de compras a los atestados centros comerciales y leer los boletines de noticias navideños que me envían la familia y los amigos e ir a ver a la familia y esperar junto a la cinta de los equipajes en el aeropuerto.

Está bien, he mentido. A nadie le gusta esperar junto a la cinta de los equipajes en el aeropuerto. Sin embargo me encanta ver a la gente salir de los aviones, y el muérdago y las velas, y el ponche de leche y huevo y los villancicos.
Pero, sobre todo, me encantan las historias y las películas sobre la Navidad. Está bien, he mentido de nuevo. No me encantan todas las historias y las películas sobre la Navidad. Qué bello es vivir, por ejemplo, y El abeto de Hans Christian Andersen.

Pero me encanta De ilusión también se vive y El árbol de Navidad que no fue decorado de Christopher Morley y el poema de Christina Rosetti Pleno invierno. Mi familia ve Juegos de amor en la universidad e Historias de Navidad cada año, y nosotros leemos en voz alta El traje para la nieve de ¡as Navidades pasadas de George V. Higgins cada Nochebuena, y buscamos ansiosamente nuevos clásicos que añadir a nuestras tradiciones.

No hay muchos. Eso se debe a que las historias de Navidad son mucho más difíciles de escribir de lo que parece, en parte porque el tema es más bien limitado y la gente lleva escribiéndolas desde hace cerca de dos mil años, de modo que simplemente han agotado todas las variaciones posibles de muñecos de nieve, Santa Claus y pastores.

Se han contado historias desde el punto de vista del cuarto rey mago (que fue asaltado camino a Belén), el posadero, la esposa del posadero, la muía y la estrella. Ha habido historias acerca de los Santa Claus de los grandes almacenes, falsos Santa Claus, Santa Claus quemados, Santa Claus sustitutos, Santa Claus reluctantes y Santa Claus sometidos a dieta, sin decir nada de la esposa de Santa Claus, sus elfos, sus renos, y Rudolph. Hemos tenido nacimientos en Navidad (¡por supuesto!), muertes, separaciones, encuentros, líos, intentos de suicidio y enfermedades de todo tipo. Y Navidad en Hawai, en China, en el pasado, en el futuro y en el espacio profundo. Hemos oído hablar de pastorcillos, de reyecitos magos, de angelitos y del ratoncito que no hacía ruido. No hay mucha cosa que no se haya dicho ya.

Además, el escritor de historias de Navidad tiene que caminar por la cuerda floja entre el sentimentalismo y el escepticismo, y la mayoría de escritores terminan cayendo en el cinismo o en la más empalagosa simpleza.

Y sí, estoy hablando de Hans Christian Andersen. Él inventó la ultrasensiblera historia lacrimógena, cuya trama Máximo Gorki, en un arranque de acrimonia, describió como tomando a una pobre niña o niño y abandonándolo «para que se helara en algún lugar debajo de una ventana, detrás de la cual suele haber un árbol de Navidad que arroja su radiante esplendor sobre él». Desamparadas muchachitas, firmes soldados de hojalata, incluso muñecos de nieve (fundidos, no helados) se enfrentan a un destino que ninguno de ellos (ni nosotros) merecemos, especialmente en Navidad.

Nadie, antes de la llegada de Andersen, había pensado en escribir unas historias de Navidad tan deprimentes. Ni siquiera Dickens, que había matado a un respetable número de niños en sus libros, mató al Pequeño Tim. Pero Andersen, al parecer proclive a estropear las vacaciones a todo el mundo, congelaba a los inocentes niños, fundía los leales juguetes hasta convertirlos en masas de plomo, y talaba inofensivos abetos que simplemente estaban allí tan tranquilos en el bosque, ocupados de sus propios asuntos, para convertirlos en leña.

Peor aún, inspiró a docenas de imitadores, que se dedicaron a matar piadosos niños (algunos de los cuales, debo admitir, eran absolutamente insufribles y merecían morir) y otra pobre gente durante todo el resto de la época victoriana.

En el siglo xx, el lacrimógeno estilo Andersen se trasladó al cine, con la estrella Margaret O’Brien (que definitivamente merecía morir) y otras estrellas infantiles, elegidas por su palidez y su habilidad para toser. Tenían títulos como La promesa y Vidas truncadas, que engañaban a los incautos espectadores que pensaban que iban a ver una alegre película de Navidad (N. del T.: El título original inglés de Vidas truncadas es The Christmas Tree, El árbol de Navidad) cuando realmente trataban de niños pequeños que sucumbían al envenenamiento por radiación en Nochebuena.

Cuando llegó la televisión, este tipo de historia se convirtió en el «episodio especial de Navidad» de muchas series televisivas, la peor de las cuales era La casa de la pradera, que mató a un enorme número de niños en ventiscas y otros desastres tipo pionero cada Navidad durante un buen número de años. ¿Acaso ninguno de sus guionistas había oído nunca que se supone que las historias de Navidad tienen un final feliz?

Bien, desgraciadamente, muchas veces sí los tenían, y de ello resultó una cantidad de improbablemente sentimentales y sacarinadas historias demasiado numerosas para mencionarlas aquí.

Así que, ¿hay alguna buena historia de Navidad ahí fuera? Apuesten a que sí, empezando con la original. El relato de la
primera Navidad (ya saben, el niño en el pesebre) tiene todos los elementos de una gran historia: dramatismo, peligro, efectos especiales, sueños y advertencias, traiciones, escapadas por los pelos y —combinada con la historia de la Pascua— el más feliz de todos los finales.

Y tiene grandes personajes: José, que se ve superado por lo que ocurre a su alrededor pero hace todo lo que puede; los reyes magos, que esperan un palacio y encuentran un establo; el vil Herodes que decía: «Cuando encontréis a ese rey, decidme donde está a fin de que pueda ir a adorarle», y enviaba luego a sus esbirros a intentar matar al niño; el ambivalente posadero, y María, con sus catorce años, que reflexionaba sobre todo ello en lo más profundo de su corazón. Es una gran historia…, no es extraño que haya durado dos mil años.

Las modernas historias de Navidad que me gustan (para una lista más completa, ver al final de este libro) incluyen El regalo de los magos de O’Henry, El viaje de los magos de T. S. Eliot, y La mejor representación de Navidad de todos los tiempos de Barbara Robinson, acerca de una representación de Navidad en una iglesia invadida por una pandilla de gamberros llamados los Vaqueros. Los Vaqueros intimidan a todo el mundo y fuman y maldicen y acuden solamente porque han oído que después hay refrescos. Y transforman lo que era una tranquila y aburrida representación de Navidad en algo extraordinario.

Puesto que soy escritora de ciencia ficción, me siento inclinada por supuesto hacia las historias de Navidad de ciencia ficción. La ciencia ficción siempre ha tenido la habilidad de hacernos ver el mundo desde un ángulo distinto, y la Navidad no es una excepción. La ciencia ficción ha contemplado la primera Navidad desde una nueva perspectiva (el clásico de Michael Moorcock He aquí el hombre) y bajo un nuevo envoltorio (Oscura concepción de Joe L. Hensley y Alexei Panshin).Nos muestra la Navidad en el futuro (La huella de una leyenda de Cyntia Felice) y la Navidad en el espacio (la maravillosa El regalo de Ray Bradbury). Y se centra en la propia Navidad (la inquietante El bosque virgen de Mildred Clingerman).

Mis historias de Navidad de ciencia ficción preferidas son La estrella de Arthur C. Clarke, que cuenta la historia de la estrella de Navidad que guió a los reyes magos a Belén, y la hilarante historia de Thomas Disch El compromiso de Santa Claus, en la cual dos intrépidos periodistas de investigación de seis años ponen al descubierto el impresionante escándalo que se esconde detrás de Santa Claus.,

También me gustan los misterios. Pensarán ustedes que el asesinato y la Navidad no encajan demasiado bien, pero el marco y la posibilidad de asesinatos conectados con el muérdago/budín de ciruela/Santa Claus ha inspirado a un gran número de escritores de misterio, empezando con Arthur Conan Doyle y su La aventura del carbunclo azul, que implica un ganso de Navidad. Algunos de mis misterios preferidos son El collar de perlas de Dorothy Sayers, Asesinato en Navidad de Agatha Christie, y El día más corto: Asesinato en la celebración de Jane Langton. Mi preferida absoluta es la cómica historia de John Mortimer «Rumpole y el espíritu de la Navidad», que presenta a un viejo y gruñón Scrooge en la figura de un abogado, Horace Rumpole, y su maravillosa esposa, La Que Tiene Que Ser Obedecida.

Las comedias son probablemente mi tipo preferido de historias de Navidad. Me encanta La Navidad de Dancing Dan de Damon Runyon (en realidad me encanta todo lo que escribió Damon Runyon, y si nunca lo han leído, deben ir a ver inmediatamente Ellos y ellas. Lo mismo puedo decir de P. G. Wodehouse, cuyo Jeeves y el espíritu de la Navidad y Otra canción de Navidad son puro Wodehouse, lo cual significa que son indescriptibles. Si tampoco han leído nunca a Wodehouse, ¡no saben lo que se han perdido! Escribió más de un centenar de libros: empiecen con cualquiera de ellos). Tanto Runyon como Wodehouse equilibran sentimiento y cinismo, ironía, y el espíritu de la Navidad, la naturaleza humana y los finales felices, sin el menor paso en falso.

Y luego está El árbol de Navidad que no fue decorado de Christoher Morley, escrita claramente como reacción a El abeto de Hans Christian Andersen. Al contrario que Andersen, Morley comprende que la finalidad de la Navidad es recordarnos no solo el sufrimiento, sino también la salvación. Su historia duele, luego desespera. Y luego regocija.

Casi todas las grandes historias (de Navidad u otras) poseen ese terrible momento en el que todo parece perdido, cuando estás seguro de que las cosas no funcionarán, los tipos malos ganarán, la caballería no va a llegar a tiempo, y ellos (y nosotros) no nos salvaremos. El western navideño de John Ford, Los tres padrinos, posee uno de estos momentos. Lo mismo que El milagro de Morgan ‘s Creeky De ilusión también se vive, que considero las mejores películas jamás rodadas sobre la Navidad.

Lo sé, lo sé, Qué bello es vivir se supone que es la mejor película jamás rodada sobre la Navidad, con diez millones de exhibiciones y merchandising complementario. (La última Navidad vi una alfombrilla para ratón de ordenador Qué bello es vivir.) Y no estoy negando que haya algunas grandes escenas en ella (vean mi historia El espíritu déla Navidadsobre este tema), pero la película tiene auténticos problemas. Por una parte, el villano Mr. Potter todavía sigue suelto y sin castigar al final de la película, algo que ningún buen cuento de hadas permite nunca. El desagradable pequeño psicólogo en De ilusión también se vive es sumaria y muy apropiadamente despedido, y el fiscal del distrito, que después de todo solo está haciendo su trabajo, se arrepiente.

Pero en Qué bello es vivir no solo Mr. Potter queda libre, sin que su villanía sea detectada, sino que ha demostrado ya ser un villano vengativo y malicioso. Puesto que esto no funciona, intentará evidentemente alguna otra cosa. Y el pobre George se ve todavía enfrentado a acusaciones de malversación, que la última vez que la vi no desaparecen simplemente porque devuelvas el dinero, aunque el policía esté sonriendo en la última escena.

Pero para mí el peor problema me parece ser que el final depende de la bondad de la gente de Bedford Falls, algo que (en especial a la luz de los acontecimientos anteriores) parece más bien una proposición aleatoria.

De ilusión también se vive, por su parte, no confía en eso. La ironía del milagro (y, enfrentémonos a ello, quizá lo que realmente irrita mi alma es que Qué bello es vivir es una obra completamente desprovista de ironía) es que el milagro ocurre no a causa del comportamiento de la gente, sino pese a él.

Se supone que la Navidad se basa en la abnegación y la inocencia, pero hasta el mismo final de De ilusión también se vive, virtualmente nadie excepto Kris Kringle exhibe esas cualidades. Más bien lo opuesto. Todo el mundo, incluso el héroe y la heroína, actúa por un cínico y muy moderno egoísmo. El Santa Claus de Macy’s se va de juerga inmediatamente antes del desfile del Día de Acción de Gracias de Macy’s, Doris contrata a Kris para salir de un aprieto .y salvar su trabajo, y John Payne invita a la niña Susan a presenciar el desfile como una forma de conocer a su madre.

Y pese a los decididos esfuerzos de Kris Kringle de restablecer el auténtico espíritu de la Navidad en la ciudad, la cosa continúa. Macy’s y luego Gimbel’s siguen con la broma de recomendar otros almacenes, no porque crean en ella, sino porque significa más dinero. El juez en el caso de la cordura de Kris dictamina favorablemente solo porque quiere ser reelegído. Incluso los carteros que proporcionan el desenlace solo desean librarse de todas las cartas amontonadas en sus oficinas.

Pero pese a esto (en realidad, en una deliciosa ironía, debido a esto), con solo muy débiles vislumbres de humanidad de los jefes, y pese a lo irremediable que parece todo, el milagro de Navidad ocurre, exactamente en el momento previsto. Tal como se repite cada año.

Es esta capa de simbolismo lo que hace de De ilusión también se vive una película tan satisfactoria. Junto con su guión (de George Seaton) y su perfecto reparto (en especial Natalie Wood y Thelma Ritter) y todo un número de deliciosos momentos (Santa Claus cantando un villancico holandés al pequeño huérfano holandés y el desastroso episodio del chicle y la disgustada expresión de Natalie Wood cuando se le dice que debe tener fe aunque las cosas no funcionen). Además, por supuesto, del hecho de que Edmund Gwenn puede hacer que cualquiera crea en Santa Claus. Todo eso se combina para convertirla en la mejor película jamás rodada sobre la Navidad.

No, sin embargo, en la mejor historia. Ese honor pertenece a Dickens y su inmortal Canción de Navidad. El rumor de que Dickens inventó la Navidad no es cierto, como tampoco lo es, probablemente, la historia de que, cuando murió, una pobre niña vendedora ambulante sollozó: «¿Dickens ha muerto? Entonces, ¿también ha muerto la Navidad?» Pero debería serlo.

Porque Dickens hizo lo imposible: no solo escribió una obra maestra que captura la esencia de la Navidad, sino una que era lo bastante buena como para sobrevivir a su propia fama. Ha habido un millón, la mayor parte de ellas horribles, de versiones en cine, televisión y musicales, con Scrooge interpretado por todo el mundo, desde Basil Rathbone hasta el Fonz, pero ni siquiera el peor de ellos ha conseguido dañar la maravillosa historia de Scrooge y el Pequeño Tim.Una razón de que sea una historia tan grande es que Dickens amaba la Navidad. (Y no es extraño. Su infancia fue la de Oliver Twist y la Pequeña Dorrit combinadas, sin ningún abuelo cariñoso o Arthur Clennam a la vista. Toda su vida adulta debió de parecer como una gran Navidad). Creo que uno tiene que amar la Navidad para escribir sobre ella.

Por otra parte, sabía mucho acerca de la naturaleza humana. Recordar el pasado, ver realmente el presente, imaginar las consecuencias de nuestras acciones en el futuro, son la forma por la cual crecemos y cambiamos. Dickens conocía esto años antes de Freud.

También sabía mucho acerca de escribir. La trama es sensacional, los diálogos estupendos, y la frase que abre el libro: «Dígase para empezar que Marley estaba muerto…» es superada tan solo por «Llámame Ismael» como una de las grandes primeras frases de la literatura. Sabía también cómo terminar las historias, y que se supone que las historias de Navidad tienen finales felices.

Finalmente, la historia nos emociona porque deseamos creer que la gente puede cambiar. No lo hace. Todos hemos aprendido por la amarga experiencia (aunque probablemente no tan amarga como la de Dickens) que el mundo está lleno de avarientos y ladrones, que Scrooge sigue siendo Scrooge hasta el final, y nadie alzará un dedo para ayudar al Pequeño Tim.

Pero la Navidad es acerca de alguien que ¿reía, pese a las pruebas abrumadoras, que la humanidad es capaz de cambiar y digna de ser redimida. Y la historia de la Navidad de Dickens es de hecho «la» Historia de la Navidad. Y el endurecido corazón que se abre al final es el nuestro.

Si parezco apasionada (y a veces susceptible) acerca de las historias de Navidad, es porque lo soy. Me encanta la Navidad, con toda su complejidad e ironía, y me encantan las historias sobre la Navidad.

Hasta tal punto que llevo años escribiéndolas. Aquí están…, un puñado de historias acerca de coros de iglesia y regalos de navidad y vainas del espacio exterior, acerca de deseos que se hacen realidad de formas que no esperabas y deseos que no se hacen realidad y deseos que no sabías que tuvieras, acerca de estrellas y pastores, reyes magos y Santa Claus, muérdago y Qué bello es vivir y tarjetas de felicitación sobre papel recicla-do. Incluso hay un asesinato. Y una historia acerca de una Navidad Aún Por Venir.

Espero que les gusten. ¡Y espero que tengan una muy feliz Navidad!

julio 21, 2008

Connie Willis. Remake.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 4:50 pm
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Ediciones B, 1997. 286 páginas.
Tit. Or. Remake. Uncharted Territory. Trad. Rafael Marín Trechera.

Connie Willis, Remake
Cortejo alienígena

No es la primera vez que aparece Connie Willis en estas páginas y ya he declarado mi rendida admiración por ella. Este volumen alberga dos novelas cortas, un género muy habitual en la ciencia ficción:

Territorio inexplorado

Findriddy y Carson son dos exploradores en un planeta reseco. Su mayor preocupación no son los peligros que puedan acechar en su superficie, sino en evitar que su guía les multe por perturbar el modo de vida local. Evelyn Parker, un socioexozoólogo se une a ellos desde una rendida admiración.

Remake

En el futuro, los actores sobran. Gracias a la tecnología digital pueden conseguirse las más famosas caras del pasado y hacerlas actuar sin ninguna queja. ¿Tiene sentido que una joven aspirante a actriz esté obsesionada con llegar a ser bailarina?

Probablemente sean las dos novelas más flojas que leído de esta autora. Aún así, son mejores que muchas de otros autores. Willis siempre sigue un esquema fijo, hay un McGuffin que mueve la historia. En la primera novela son los ritos de cortejo y la identidad sexual. En el segundo los guiones de las películas de Hollywood.

Pero si en Territorio inexplorado el argumento resulta creíble, en Remake uno no acaba de creerse del todo esa especie de televisión de ida y vuelta a prueba de copias sobre la que se basa toda la novela. Quizá por eso, y pese a haber sido finalista de los Hugos, me ha gustado menos que la primera. Quizá sea tenga menos pretensiones, pero es fresca y, como todo lo de Willis, está muy bien escrita.

Para leer sólo cuando ya sean fans de la escritora.

Escuchando: El Monstruo. Los Shains.


Extracto:[-]

—Sí—dijo Ev—. ¿Hice algo mal?

—¿Mal? —estalló Carson—. ¿Mal?

—No te acalores —dije—. Bult no puede multar a Ev hasta que sea miembro de la expedición.

—Pero no comprendo —balbuceó Ev—. ¿Qué he hecho mal? Si sólo conduje el rover…

—Levantar polvo, dejar huellas de neumáticos, emitir humo…

—Los vehículos con ruedas no están permitidos fuera de las instalaciones del gobierno —le expliqué a Ev, que nos miraba asombrado.

—Entonces, ¿cómo van por ahí? —preguntó.

—No vamos —dijo Carson, mirando al poni de Bult, que parecía a punto de desplomarse otra vez—. Explícaselo, Fin.

Yo sentía demasiado cansancio para explicar nada, menos aún sobre la idea del Gran Hermano de cómo explorar un planeta.

—Cuéntale tú lo de las multas mientras yo resuelvo esto con Bult —dije, y me dirigí a la zona vallada atravesando el compuesto.

Para mí no hay nada peor que trabajar para un gobierno con complejo de culpabilidad. Lo único que hacíamos en Booh-te era explorar el planeta, pero el Gran Hermano no quería que nadie los acusara de «implacable expansión imperialista» y de arrasar a los indígitos como hicieron cuando colonizaron América.

Así que crearon todas esas reglas para «preservar los ecosistemas planetarios» (lo que implicaba que no se nos permitía construir presas o matar la fauna local), y «proteger a las culturas indígenas de la contaminación tecnológica» (lo que significaba que no podíamos darles agua de fuego ni armas), e implantaron multas por romper las normas.

Y ahí fue donde cometieron el primer error, porque pagaban las multas a los indígitos, y Bult y su tribu sabían reconocer una ventaja en cuanto la veían, y antes de que te dieras cuenta te multaban por dejar pisadas, y Bult compraba contaminación tecnológica a diestro y siniestro con lo que recaudaba.

Supuse que estaría en la zona de la puerta, hundido hasta la segunda articulación en objetos de consumo, y no me equivoqué. Cuando abrí la puerta, estaba abriendo una caja de paraguas.

—Bult, no puedes cargarnos las multas cometidas por el rover —dije.

Él sacó un paraguas y lo examinó. Era de esos plegables. Sostuvo el paraguas ante él y pulsó un botón. Se encendieron luces por todo el reborde.

—Destrucción de superficie terrestre —dijo.

Le tendí su cuaderno.

—Ya conoces las reglas. «La expedición no es responsable de las violaciones cometidas por cualquier persona que no sea miembro oficial de ella.»

Él seguía enfrascado con los botones. Las luces se apagaron.

—Bult miembro —dijo, y el paraguas se abrió y se cerró, a un pelo de mi estómago.

—¡Cuidado! —Salté hacia atrás—. Tú no puedes cometer infracciones, Bult.

Bult soltó el paraguas y abrió una gran caja de dados, cosa que haría feliz a Carson. Su ocupación favorita, aparte de echarme la culpa de todo, es el juego.

—¡Los indígitos no pueden cometer infracciones! —exclamé.

—Tono y modales inadecuados —dijo él.

También sentía demasiado cansancio para esto, y seguía teniendo que hacer el informe y el paradero. Lo dejé desempaquetando una caja de cortinas de baño y me marché.

febrero 9, 2006

Connie Willis. El libro del día del juicio final.

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Ed. B, 2005. 782 páginas.
Tit. or. The Doomsday book. Trad. Rafael Marín Trechera.

LibroDiaJuicioFinal
La peste negra

Ya comenté en esta entrada que éste fue el primer libro que leí de Connie Willis. Como lo acaban de sacar en edición de bolsillo por un módico precio y era uno de los poco volúmenes que me faltan en la biblioteca de la autora me animé a comprarlo -y releerlo-.

Al igual que en Por no mencionar al perro… nos encontramos en el departamento de Historia y Kivrin, una estudiante, ha pedido viajar en el tiempo para estudiar la época medieval… justo antes de la peste negra. Tras conseguir convencer a su tutor y prepararse adecuadamente, la envían al pasado. Pero entonces ocurre algo grave; el técnico encargado de la operación cae gravemente enfermo y no saben si Kivrin ha llegado correctamente. Pero lo peor todavía está por llegar: una epidemia de origen desconocido pondrá a toda la ciudad en cuarentena.

Una de las principales bazas del libro es la alternancia entre la historia de Kivrin, la estudiante lanzada a un pasado que no es exactamente como lo esperaba encontrar, y los problemas de su tutor en una ciudad atacada por una epidemia. La otra es la capacidad de la autora para crear unos personajes totalmente creíbles a los que no se les puede dejar de coger cariño. Añadan unas grandes dosis de emoción, suspense, y una visión de primera mano de la sociedad medieval. El resultado es, sin duda, uno de los mejores libros de ciencia ficción contemporánea. No en vano ganó el premio Nébula, el Hugo y el Locus.

No es de mis libros preferidos de la autora, pero es todo un clásico. Muy recomendable.

(Un día, un libro 304/365)
Escuchando: El color de los días perdidos. Kiki d’akí

enero 3, 2006

Connie Willis. Por no mencionar al perro.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 7:24 pm
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Ed. B, 1999. 539 pág.
Tit. or. To say nothing about the dog. Trad. Rafael Marín Trechera.

WillisPorNoMencionarPerro
En busca del tocón perdido

Cuando leí este libro, hace ya unos cinco años, ya había leído de la autora ‘El libro del día del juicio final’, pero fue con este con el que me enamoré -literariamente hablando- de Connie Willis. Es extraño, porque todos sus libros siguen el mismo esquema de pareja de científicos que se conocen y al final se enamoran. También porque en muchas ocasiones ni siquiera tienen nada de ciencia ficción, aunque entren dentro de esa categoría difusa de ‘libros que les gustan a los que les gusta la ciencia ficción’. En ocasiones puede ser francamente ñoña. El caso es que no se por qué, pero es una autora que me gusta. Tanto que esta es la cuarta vez que me leo este libro, quizás el más divertido de su producción.

Ned Henry tiene una misión que cumplir: debe encontrar el tocón del pájaro del obispo, un horrible artefacto que es imprescindible para la correcta reconstrucción de la catedral de Coventry. De él depende que la unidad de viajes en el tiempo reciban el patrocinio adecuado por parte de lady Schrapnell, la millonaria promotora de la reconstrucción y que trae de cabeza a Ned. Pero un viaje apresurado parece que ha puesto en peligro la integridad del espacio tiempo y junto a Verity deberán encargarse de arreglarlo.

El título proviene del clásico de Jerome K. Jerome ‘Tres hombres en una barca’, cuyo subtítulo es ‘Por no mencionar al perro’, y la novela bebe del aire victoriano y humorístico de la obra de Jerome. Estamos ante una novela profundamente divertida, bien construida, y que deja un buen sabor de boca. Recomendable incluso para aquellos a los que no les gusta la ciencia ficción.

(Un día, un libro 267/365)
Escuchando: Sólo su voz. Juana Molina

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