Cuchitril Literario

Mayo 7, 2008

Juliette Frolich. Los Cuentos de Andersen.

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Editorial Crítica, 1987. 348 páginas.
Trad. Agustín López Tobajas y María Tabuyo.

Juliette Frolich, Los Cuentos de Andersen
Maravilla de lo cotidiano

Encontrar escritores de algunos países del Reto 2008 es bastante difícil, pero en el caso de Dinamarca la elección sólo puede ser una: Hans Christian Andersen. El danés más internacional, cuyas obras han sido traducidas a más de 150 idiomas y cuyas ventas pueden competir con el otro gran best-seller mundial, la biblia.

El título de este libro me hizo suponer que tendría algún estudio o comentario sobre la vida y cuentos de Andersen, ya que tengo prácticamente todos en formato electrónico (los pueden descargar aquí: Descargar cuentos de Andersen). El prólogo demuestra bastante conocimiento sobre el autor, pero apenas ocupa una docena de páginas y se hace corto. La selección supongo que intenta combinar los cuentos más famosos con otros desconocidos:

La princesa y el guisante
Las flores de la pequeña Ida
Pulgarcita
La pequeña ondina
El traje nuevo del emperador
El firme soldado de plomo
El baúl volador
Ole Cierraojos
El ángel
El ruiseñor
El patito feo
El abeto
La Reina de las Nieves. Cuento en siete historias
El hada del saúco
La aguja de zurcir
La pastora y el deshollinador
La sombra
Historia de una madre
El cuello duro
Los cinco de una vaina de guisante
La hija del Rey del Fango
El viento cuenta la historia de Valdemar Daae y sus hijas
Los doce de la diligencia
Lo que hace el marido, bien hecho está
La musa del nuevo siglo
La mariposa
«Los fuegos fatuos están en la ciudad», dijo la destiladora del pantano
La tetera
Vaeno y Glaeno
El lisiado

Títulos como La cerillera, el soldadito de plomo, la princesa y el guisante o las habichuelas mágicas son tan clásicos como el Quijote. La moraleja de El traje nuevo del emperador sigue siendo válida en un mundo de vende humos y de tecnología 3.0. Empecé a leerlos por Abuelita (reproducido al final) un cuento poco conocido pero que me gustó tanto que me hizo suponer que tenía ante mí horas de feliz lectura. Pero no ha sido así.

Dejando de lado que en toda autor hay obras de calidad desigual, lo que menos me ha gustado es una presencia bastante asfixiante de demagogia religiosa. Y no tiene nada que ver el que yo sea ateo. En muchos cuentos de Oscar Wilde hay valores similares, pero tratados de una forma bastante diferente. Wilde recupera los valores de ternura y amor, mientras que Andersen no siente tanta compasión por sus criaturas.

El mejor ejemplo es La sirenita. Se ha criticado mucho la adaptación de Disney porque tiene un final feliz con boda incluida, mientras que en el original la pequeña ondina muere. Lo que nadie dice es que la muerte no es el final del cuento. Los seres del agua no tienen alma -por eso viven alegres y despreocupados- y la boda con el príncipe le daría una alma a la protagonista. Al no conseguir casarse parece que su destino es fatal, pero no, porque existen unas hadas aéreas que tampoco tienen alma, pero pueden ganarla haciendo buenas obras. Como la sirenita tiene buena planta, también tendrá su oportunidad de ganar un alma y encontrarse con dios. Si tengo que elegir entre los dos finales, me quedo con el de Disney.

En La cerillera encontramos algo parecido. La niña pobre muere de frío, pero el amor de su abuela, que está en el cielo, la salva llevándola al paraíso. En otra época la protagonista bien pudiera haber quemado la catedral para calentarse, y de paso robar el cepillo. Los padres de Andersen eran muy pobres, y aunque el autor dijo:

Mi vida es un hermoso cuento, variado y alegre. Si en mi juventud, cuando eché a andar por el mundo, pobre y solo, me hubiese encontrado con un hada poderosa que me hubiese propuesto: «Elige tu vida y tu destino, y después, de acuerdo a tu propia evolución y respetando los límites de lo que en este mundo se considera razonable, yo te protegeré y te guiaré», mi suerte no hubiera podido ser encauzada de manera más favorable, hábil o acertada de lo que de hecho lo ha sido. La historia de mi vida anunciará al mundo lo que ella me ha revelado a mí: que hay un Dios bondadoso que todo lo conduce para bien.

Parece que no es del todo cierto, y que siempre arrastró un cierto resentimiento:

Sin embargo, y como nos recuerda Per Olov Enquist basándose en una extensa documentación (Hans Christian Andersen y el patito feo, Ed. Doxa, Lund, 1984), lo cierto es que Andersen no nació de un huevo de cisne. Por el contrario, aquel hombre llamado Hans Christian Andersen tuvo que debatirse contra el yugo de una doble restricción: nacido en la ciénaga del subproletariado urbano a comienzos del pasado siglo, contaba entre sus antepasados con una abuela mitómana y perturbada, un abuelo, loco oficial del pueblo, otra abuela prostituta, una madre, igualmente prostituta ocasional y alcohólica inveterada y un padre zapatero, sujeto a profundas depresiones. Debe a estos antecedentes una fisonomía ingrata, un aspecto exterior que invita a la caricatura y sobre todo una mentalidad depresiva de tendencias netamente paranoicas. Lejos de ser «el cisne ignorado», H. C. Andersen es, tristemente, un patito feo y, lejos de ser «feliz», será durante toda su vida, incluso en el momento del reconocimiento y de la gloria, un ser egocéntrico, narcisista, solitario, angustiado…

El cuento del patito feo sería, pues, la historia del autor; un cisne incomprendido entre patos. La libertad que se toman algunos para cambiar los cuentos muchas vecen los mejoran. Cuando leí Lo que hace el marido bien está me pareció un alegato por el entendimiento matrimonial. Tal como lo escribió el autor hace bueno el título: aunque el marido haga una tontería, estará bien.

Que mis preferencias vayan a Wilde no le quitan a Andersen sus méritos. Miles de reediciones lo avalan. Pero si van al original, tengan cuidado. La moralina, que no la moraleja, les asaltará cuando menos se lo esperen.

Reto 2008: Dinamarca.

Escuchando: San Francisco. Rufus Wainwright.


Extracto:[-]

Abuelita

Abuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos. También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores grandes, grandes, de una seda tan tupida que cruje cuando anda. Abuelita sabe muchas, muchísimas cosas, pues vivía ya mucho antes que papá y mamá, esto nadie lo duda. Tiene un libro de cánticos con recias cantoneras de plata; lo lee con gran frecuencia. En medio del libro hay una rosa, comprimida y seca, y, sin embargo, la mira con una sonrisa de arrobamiento, y le asoman lágrimas a los ojos. ¿Por qué abuelita mirará así la marchita rosa de su devocionario? ¿No lo sabes? Cada vez que las lágrimas de la abuelita caen sobre la flor, los colores cobran vida, la rosa se hincha y toda la sala se impregna de su aroma; se esfuman las paredes cual si fuesen pura niebla, y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol filtrándose entre el follaje, y abuelita vuelve a ser joven, una bella muchacha de rubias trenzas y redondas mejillas coloradas, elegante y graciosa; no hay rosa más lozana, pero sus ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de abuelita.

Sentado junto a ella hay un hombre, joven, vigoroso, apuesto. Huele la rosa y ella sonríe - ¡pero ya no es la sonrisa de abuelita! - sí, y vuelve a sonreír. Ahora se ha marchado él, y por la mente de ella desfilan muchos pensamientos y muchas figuras; el hombre gallardo ya no está, la rosa yace en el libro de cánticos, y… abuelita vuelve a ser la anciana que contempla la rosa marchita guardada en el libro.

Ahora abuelita se ha muerto. Sentada en su silla de brazos, estaba contando una larga y maravillosa historia.

- Se ha terminado -dijo- y yo estoy muy cansada; dejadme echar un sueñecito.
Se recostó respirando suavemente, y quedó dormida; pero el silencio se volvía más y más profundo, y en su rostro se reflejaban la felicidad y la paz; habríase dicho que lo bañaba el sol… y entonces dijeron que estaba muerta.

La pusieron en el negro ataúd, envuelta en lienzos blancos. ¡Estaba tan hermosa, a pesar de tener cerrados los ojos! Pero todas las arrugas habían desaparecido, y en su boca se dibujaba una sonrisa. El cabello era blanco como plata y venerable, y no daba miedo mirar a la muerta. Era siempre la abuelita, tan buena y tan querida. Colocaron el libro de cánticos bajo su cabeza, pues ella lo había pedido así, con la rosa entre las páginas. Y así enterraron a abuelita.

En la sepultura, junto a la pared del cementerio, plantaron un rosal que floreció espléndidamente, y los ruiseñores acudían a cantar allí, y desde la iglesia el órgano desgranaba las bellas canciones que estaban escritas en el libro colocado bajo la cabeza de la difunta. La luna enviaba sus rayos a la tumba, pero la muerta no estaba allí; los niños podían ir por la noche sin temor a coger una rosa de la tapia del cementerio. Los muertos saben mucho más de cuanto sabemos todos los vivos; saben el miedo, el miedo horrible que nos causarían si volviesen. Pero son mejores que todos nosotros, y por eso no vuelven. Hay tierra sobre el féretro, y tierra dentro de él. El libro de cánticos, con todas sus hojas, es polvo, y la rosa, con todos sus recuerdos, se ha convertido en polvo también. Pero encima siguen floreciendo nuevas rosas y cantando los ruiseñores, y enviando el órgano sus melodías. Y uno piensa muy a menudo en la abuelita, y la ve con sus ojos dulces, eternamente jóvenes. Los ojos no mueren nunca. Los nuestros verán a abuelita, joven y hermosa como antaño, cuando besó por vez primera la rosa, roja y lozana, que yace ahora en la tumba convertida en polvo.

Octubre 17, 2007

Moses I. Finley. La Grecia antigua.

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Editorial Crítica, 2000. 368 páginas.
Tit. Or. Economy and society in ancient Greece. Trad. Teresa Sempere.

M. I. Finley, La Grecia Antigua
Economía helénica

Leí este libro más o menos en la misma temporada en la que vi la película 300. Por un lado me sirvió para saber distinguir las burradas que se publicaron en algunas bitácoras sobre el tema griego. Por otro me quedó muy claro que quien acabó cortando el bacalao no fueron los espartanos, sino los atenienses. ¿Una victoria de la cabeza sobre el músculo? Ahí queda el debate.

Moses I. Finley fue un investigador riguroso y uno de los primeros en estudiar la economía de la antigüedad. Este libro es una recopilación de los siguientes artículos:

La ciudad antigua: de Fustel de Colanges a Max Weber y más allá
El imperio ateniense: un balance
Tierra, deuda y hombre acaudalado en la Atenas clásica
La libertad del ciudadano en el mundo griego
Entre esclavitud y libertad
Las clases sociales serviles de la Grecia antigua
La esclavitud por deudas y el problema de la esclavitud
El comercio de esclavos en la Antigüedad: el mar Negro y las regiones del Danubio
Innovación técnica y progreso económico en el mundo antiguo
Los archivos de palacio micénicos y la historia económica
Homero y Micenas: propiedad y tenencia
Matrimonio, venta y regalo en el mundo homérico

Que analizan diferentes aspectos de la cultura Griega, en especial el tema de la esclavitud. Había una diferencia entre ser un esclavo capturado en alguna guerra o ser un esclavo por deudas. La esclavitud no era una variable de sí o no, sino que tenía varios grados y estatus. Muy interesante es el artículo sobre la falta de innovación técnica en el mundo antiguo, causado, según el autor, por el modelo económico vigente. El artículo que cierra el libro, sobre el funcionamiento del matrimonio, nos ofrece una perspectiva económica sobre las costumbres de la época.

Es un libro que he disfrutado mucho. Como dicen en el prólogo, sus artículos no son divulgativos. Exponen una tesis basada en sus investigaciones y dan datos precisos. Pero no están escritos para expertos. Están escritos para que cualquier lector inteligente interesado en el tema pueda aprender de ellos, y su lectura es un verdadero placer.

Escuchando: Toca madera. Panzer.


Extracto:[-]
Tucídides, con su incomparable visión de la realidad, no la confundió con símbolos ni consignas. «Primero», escribe al empezar su narración sobre el medio siglo entre las guerras médicas y las del Peloponeso (I, 98, 1), «ellos [los atenienses] sitiaron Eion, junto al río Estrimón», todavía en manos persas, y luego la isla de Sciros, en el norte del Egeo. Sus poblaciones fueron reducidas a esclavitud y J«Í territorios ocupados por colonos atenienses. A continuación Atenas obligó a Carísto, ciudad de Eubea, a unirse a la liga: claramente el principio «voluntario» había tenido un recorrido muy corto. Pronto Naxos intentó abandonar la liga (es incierta la fecha exacta), pero Atenas la sitió y aniquiló. Naxos «fue la primera ciudad aliada que fue esclavizada en contra del uso establecido», comenta Tucídides (I, 98, 4), empleando su metáfora favorita para la interferencia ateniense en la autonomía de las ciudades sometidas al imperio.

Naturalmente, el imperio ateniense sufrió cambios importantes a lo largo de su existencia de más de medio siglo. Así ha ocurrido con cualquier otro imperio de una duración similar (o mayor) a lo largo de la historia. El establecimiento y explicación de los cambios es un tema histórico válido, pero me parece una equivocación la empresa de buscar un punto, en una línea continua, que nos permita decir que antes de él no había imperio y que lo hubo después de él. Caristo rehusó unirse a la alianza y se vio forzada a ella; Naxos intentó abandonarla y se le impidió por la fuerza. Y fueron sólo las primeras de muchas ciudades-estado en esa situación, sujetas a la autoridad de otro estado que actuaba para promocionar sus propios intereses, políticos y materiales.

No discuto que la «liga délica» (nombre moderno para el que no existe referencia antigua), fue bienvenida cuando se creó en 478 de C, tanto por la popularidad de su llamamiento de venganza, como, fundamentalmente, por la necesidad de librar al mar Egeo de las fuerzas navales persas. Los persas habían invadido dos veces Grecia sin éxito, y nadie en 478 podía abrigar la menor confianza en que el Gran Rey aceptaría las derrotas pasivamente y no haría un tercer intento. El control del Egeo era la medida más claramente protectora, y Atenas consiguió afortunadamente el liderazgo de semejante empresa. A un ateniense, Arístides, se le encomendó fijar el montante de dinero, o el número de barcos equipados y tripulados, que cada estado miembro proporcionaría para la flota fusionada de la liga. Los atenienses facilitaron los tesoreros de la liga {Helleno-tamiai) y el mando naval militar. En unos doce años (el número exacto depende de la fecha de la batalla del Eurimedonte, que ningún experto fecha más allá de 466 a. de C), se había cumplido el objetivo formal de la liga. La flota persa de doscientas trirremes, la mayoría de las cuales eran fenicias, fue capturada y destruida en una gran batalla por tierra y por mar, en la desembocadura del río Eurimedonte, en el sur de Asia Menor. Con todo, la «liga» siguió existiendo sin un momento de vacilación, y su número de miembros creció, voluntariamente o por coacción, según cada caso, exactamente igual que antes de la batalla del Eurimedonte.

El principal responsable de la política ateniense en aquellos años, y comandante en jefe de la batalla del Eurimedonte, fue Cimón. Había mandado personalmente el ataque a Eion, y de nuevo tomó d mando, en 465 a. de C, poco después del Eurimedonte, cuando Tasos, la isla del norte del Egeo más grande y rica, intentó dejar la alianza. Después de un asedio de más de dos años, Tasos capituló y fue condenada a entregar su flota (pagando en lo sucesivo su tributo en dinero), a desmantelar sus murallas, a pagar a Atenas una fuerte indemnización, y a entregar los puertos y minas que poseía en tierra firme.

Julio 13, 2007

Stephen Hawking. A hombros de gigantes.

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Editorial Crítica, 2003. 1135 páginas.
Tit. Or. On the shoulders of giants . Trad. Introducción, David Jou. Sobre las revoluciones… Carlos Mínguez y Mercedes Testal. Diálogo… Carlos Solís y Javier Sádaba. Las armonías… José Luis Arántegui Tamayo. Principios… Eloy Rada García. Einstein, Javier García Sanz.

Stephen Hawking, A Hombros de Gigantes
El timo de la estampita

Dicen que en los artículos de los periódicos hay que poner la información en orden de relevancia, para que el editor pueda cortarlo sin que se pierdan datos. Siguiendo esta regla lo primero que tengo que decir es que este libro es un engaño, un timo, una estafa al lector. Un artefacto editorial diseñado para sacar los cuartos a la gente y que aconsejo no comprar. Dicho ya esto, pueden saltarse tranquilamente el resto de la entrada o seguir leyendo si quieren saber como defiendo mi tesis.

Nos encontramos con un libraco de más de mil páginas y un precio superior a los cuarenta euros -ahora, que cuando lo compré me costó bastante más. El nombre de Stephen Hawking puede llevar al comprador a pensar que se trata de algún libro de divulgación científica al estilo de la Historia del tiempo, e incluso en alguna web he visto a alguien definirlo así (ése no se ha leído ni la contraportada). Pero no. Primer engaño. No es un ensayo, sino la recopilación del texto íntegro de cinco de los libros más importantes en la historia de la física y la astronomía: Sobre las revoluciones de las esferas celestiales de Nicolás Copérnico, Diálogos sobre las dos nuevas ciencias de Galileo Galilei, Las armonías del mundo de Johannes Kepler, Principios matemáticos de Isaac Newton y El principio de la relatividad de Albert Einstein.

Bueno, pensará alguien, no está mal; cinco libros clave de la ciencia comentados por un gran físico. Seguro que se aprende algo. Tampoco. El señor Hawking se limita a poner el nombre en la portada y -supongo- a pasar por caja. Cada uno de los libros tiene una breve introducción de apenas cuatro páginas (por ejemplo, hay mucha más y mejor información de los autores en la wikipedia). Los libros en sí no están comentados, no tienen apenas notas y las que hay parecen puestas al azar; ni clarifican, ni destacan.

Deben estar pensando que soy masoquista. Algo sí, pero con matices. Creo que el libro es un engaño puesto que se vende lo que no es, pero no creo que sea un mal libro. Muchas veces es interesante ir a las fuentes de los descubrimientos para poder apreciar como surgieron, los tanteos de los científicos, su intuición… y algo de eso puede verse en este libro. Vamos a la reseña propiamente dicha.

Sobre las revoluciones de las esferas celestiales de Nicolás Copérnico

La iglesia no manda tanto como antes, y de ahí las rabietas que llevamos presenciando unos cuantos años. Quieren pero no pueden. Las cosas no eran así en la época de Copérnico, hasta el punto de que retrasó la publicación de De Revolutionibus Orbium Coelestium más de trece años y avisando de que sólo era una hipótesis. Sabía la que se le iba a caer encima. Contradecir a las escrituras y afirmar que era el sol y no la tierra el centro del firmamento incluyó al libro dentro del índice de libros prohibidos de la iglesia hasta el año 1835.

El libro empieza defendiendo el heliocentrismo con diversas razones de aire precientífico. Todavía Galileo Galilei no había desarrollado el método científico. Para poder desarrollar su modelo del mundo incluye todo el aparato matemático que necesita, incluyendo una completa exposición de la trigonometría plana y esférica, así como una multitud de tablas de declinaciones. Estas tablas serían útiles en su momento, pero para mí, que no me voy a poner a comprobar los datos, sobran un poco. Aquí hubieran sido de utilidad unas buenas notas.

El mayor problema del sistema Ptolemaico era que para poder explicar los movimientos de los planetas necesitaba recurrir a un ingenioso invento matemático: los epiciclos. Se suponía que los planetas giraban alrededor de la tierra, pero a la vez giraban sobre un círculo más pequeño situado en su órbita. Uno podría suponer que con el sistema Heliocéntrico desaparecían los epiciclos, pero esto no era así. Como Copérnico pensaba que el movimiento de los planetas era circular en vez de las elipses que son en realidad necesitaba seguir usándolos, aunque en menor cantidad. Más que por simplificar los cálculos de las posiciones de los planetas el sistema acabó imponiéndose por las contribuciones de Galileo y Kepler.

Diálogos sobre las dos nuevas ciencias de Galileo Galilei

Galileo Galilei es el creador del método científico; establecer hipótesis y realizar experimentos para comprobarlas. Sus aportaciones a la ciencia fueron muchas -es quizás el mayor hombro en el que se apoyó Newton- y también sufrió la censura de la iglesia, aunque parece ser que más por cabezonería que por otra cosa, ya que el papa le tenía simpatía.

Esta obra es un diálogo entre tres personajes: Salviati, que representa al autor y expone sus teorías, Sagredo una persona normal pero inteligente y Simplicio, cuyo nombre lo dice todo y es el que se dedica a contradecir a Salviati, con escaso éxito como es de imaginar. Con estos mismos sujetos escribió su más famosa Diálogo sobre los principales sistemas del mundo, dónde defendía el sistema Copernicano. En este libro discute acerca de las leyes de la mecánica, la caida de los objetos -que cerquita estuvo de las leyes del movimiento-, los péndulos, la resistencia de los objetos…

Es el libro más entretenido del volumen y el que más he disfrutado. Describe métodos experimentales realmente ingeniosos y algunos completamente visionarios. Para explicar que algo puede tener infinitos vacíos y ser, sin embargo, finito, pone el ejemplo de una circunferencia con otra interior. Si la hacemos rodar una vuelta tanto la exterior como la interior han recorrido el mismo camino, pero una es más pequeña que otra. Tendría que venir Cantor mucho tiempo después para explicarlo.

Las armonías del mundo de Johannes Kepler

Algún día tengo que releer Los sonámbulos de Koestler para reseñarlo aquí y contar algo más de la vida de Kepler. Tuvo que tragar carros y carretas cuando trabajó con Tycho Brahe. Galileo no le hizo el menor caso. Su madre fue acusada de brujería. Él mismo era bastante hipocondríaco y algo místico. Aún así gracias a las observaciones de Brahe y una fina intuición logró desentrañar el movimiento planetario -el otro hombro de Newton- al usar elipses en vez de círculos.

Si el anterior era el libro más entretenido éste es el más infumable. Está seleccionado porque es el que describe la tercera ley de Kepler, la de las proporciones -y la que primero olvidamos en la escuela- y es la primera vez que se publica en castellano, pero está lleno de misticismo y es un hueso duro de roer. Cada planeta tiene una melodía propia, y la de la tierra es Mi Fa Mi, porque -sic- reina la miseria y el hambre -miseria y famine-.

Principios matemáticos de Isaac Newton

No es descabellado decir que Newton es el mayor genio de la física de todos los tiempos -puesto disputado con Einstein. Sí, se apoyó en las leyes del movimiento de Galileo y en las del movimiento planetario de Kepler, pero con esos mimbres tejió un sistema físico que dominó la ciencia por completo hasta la llegada de la relatividad. No sólo en la física; todas las ciencias se hicieron newtonianas.

Y todo está aquí, en este libro. Empieza con unas cuantas definiciones, sigue con las leyes del movimiento y a partir de aquí se dedica a explicarlo todo: el movimiento de los planetas, la caída de los cuerpos, la gravedad, las mareas, los fluidos. Para esto tiene que desarrollar de cero un nuevo aparato matemático: el cálculo diferencial e integral, que tantas disputas le traería con Leibniz. Aquí es dónde más he echado de menos unas notas aclaratorias; de vez en cuando era capaz de ver que lo que se estaba demostrando era algo importante, pero no hubiera estado de más que un experto nos lo indicara y aclarara conceptos. Ocupa casi la mitad del libro.

El principio de la relatividad de Albert Einstein

Einstein no necesita presentación; seguramente es el físico más conocido de todos los tiempos. En el siglo XIX se creía que el edificio de la física ya estaba construído y que apenas faltaban cuatro detalles para completarlo. No sabían lo se venía encima; la mecánica cuántica y la relatividad iban a revolucionar la física y a invalidar todas las teorías anteriores. Einstein contribuyó al nacimiento de una y creo prácticamente de la nada la otra.

En la primavera de 1905 Einstein mandó cuatro artículos a la revista alemana Annalen der Physik, y cada uno de ellos era una gran contribución a la física. Un punto de vista heurístico sobre la producción y transformación de luz. demostraba mediante el efecto fotoeléctrico que la luz podía considerarse como particulas individuales, fotones. Esto fue el origen de la dualidad onda-partícula y es la base de la mecánica cuántica. Sobre el movimiento requerido por la teoría cinética molecular del calor de pequeñas partículas suspendidas en un líquido estacionario explicaba el movimiento browniano como las colisiones de los átomos, considerados por aquel entonces un concepto útil pero imaginario. Sobre la electrodinámica de cuerpos en movimiento es, pese a su brevedad, la exposición y demostración de la teoría de la relatividad restringida. Basándose en los resultados experimentales que demostraban que la velocidad de la luz era la misma independientemente del observador dedujo unas nuevas ecuaciones del movimiento un tanto contrarias a la intuición, pero que encajaban perfectamente con las observaciones. Por último ¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido de energía? demostraba la equivalencia entre masa y energía, demostraba la famosa ecuación E=mc2 y sentaba las bases de la energía nuclear. En este libro encontramos los dos últimos artículos.

Por si esto fuera poco Einstein presentó en 1915 las bases de su teoría de la relatividad general, que revolucionó el concepto de espacio y tiempo; ya no existía un marco preferente o absoluto y la gravedad dejaba de ser un campo para convertirse en la geometría del universo. Sobre esta matería se incluyen cinco artículos: Fundamentos de la teoría de la relatividad general, El principio de Hamilton y la teoría de la relatividad general, Sobre la influencia de la gravitación en la propagación de la luz, Consideraciones cosmológicas sobre la teoría de la relatividad general y ¿Desempeñan los campos gravitatorios un papel esencial en le estructura de las partículas elementales de la materia?

Es la parte más dura matemáticamente hablando del libro, pero también la más interesante.

Visto lo visto podría parecer que la selección, al fin y al cabo, no está tan mal. Depende. Si ya conoces todo lo que aquí se explica porque lo has leído en otros libros de divulgación el libro puede resultar interesante. Pero en ese caso quizás también sea innecesario. Pero si es la primera vez que te enfrentas a estos conceptos el libro no te va a enseñar mucho. Sinceramente no soy capaz de pensar en el lector ideal de este libro. Historiadores de la física o profesionales con interés arqueológico. Para el resto -yo incluído- hay mejores libros de divulgación.

Escuchando: Va A Estallar El Obús. Obús.


Extracto:[-]

SALV. ES ciertamente aguda la objeción del señor Simplicio, por lo que es necesario o bien dejarla como insoluble o encontrar una solución no menos sutil. Aunque el aire comprimido pesaba, cómo lo hemos visto, lo mismo que la arena, dejará de pesar una vez puesto en libertad en su elemento, mientras que la arena conservará evidentemente su peso. Por esa razón, para realizar tal experiencia convenía elegir un lugar y un medio en donde el aire, no menos que la arena, pudiera pesar; porque, como tantas veces se ha dicho, el medio sustrae del peso de cualquier cuerpo sumergido en él el peso de una porción de dicho medio igual al volumen del cuerpo inmerso; de modo que el aire le quita todo el peso al aire. Para realizar, por tanto, la experiencia con todo rigor, habría que hacerla en el vacío, en donde todo cuerpo ejercería toda su gravedad, sin disminución alguna. Así que si nosotros pesáramos, señor Simplicio, una porción de aire en el vacío ¿quedaríais asegurado y convencido del hecho?

SIMP. Sin duda alguna, sólo que se trata de desear o de buscar lo imposible.

SALV. Será bien grande el favor que me deberéis si realizo yo esta vez, en gracia vuestra, lo imposible. No quiero, sin embargo, venderos lo que ya os he dado, porque en la experiencia que acabo de describiros hemos pesado el aire en el vacío y no en el aire o en cualquier otro medio lleno. Si al cuerpo inmerso en un medio fluido se le quita algo de su peso, proviene esto, señor Simplicio, de que el medio se resiste a dejarse abrir, a dejarse apartar para ser finalmente elevado; testimonio de lo cual es su prontitud en llenar el espacio que ocupaba tan pronto como el cuerpo inmerso lo abandona; porque si el medio no se resistiese a ningún efecto de tal inmersión, nada haría en contra de aquélla. Decidme ahora, cuando tenéis en el aire el frasco, lleno ya con el mismo aire, que se encuentra contenido naturalmente, ¿qué división, qué separación o, en definitiva, qué cambio puede padecer el aire del medio exterior por efecto del aire suplementario, que se infunde, por la fuerza, en el frasco? ¿Aumenta, acaso, el frasco de modo que el aire del medio tenga que retirarse para dejarle sitio? Ciertamente, no. Podemos, sin embargo, afirmar que el aire introducido en el recipiente no queda inmerso en el aire circundante, al no ocupar espacio alguno, sino que es como si lo metiéramos en el vacío. Más aún, lo metemos ahí realmente, ya que se coloca en los vacíos que no llena totalmente el aire no condensado. No soy capaz, verdaderamente, de ver diferencia alguna entre dos naturalezas de medio interior y medio exterior, cuando en ésta el exterior no presiona en modo alguno al interior y en aquélla, el interior no hace nada para rechazar al exterior. Tales son las condiciones de cualquier materia en el vacío y del aire comprimido en el recipiente. El peso, por tanto, que encontramos en el aire condensado es el mismo que encontraríamos si estuviera esparcido libremente en el vacío. Bien es verdad que el peso de la arena utilizada como equilibrante lo hemos obtenido al aire libre y que, en el vacío, habría sobrepasado la justa medida. H»; que decir, pues, que el aire pesado es, en realidad, algo más pesado que la arena que su vio de contrapeso; es decir, de lo que pesaría la misma cantidad de aire en el vacío.

SIMP. Me parecía, ciertamente, que las experiencias descritas dejaban todavía algo que desear, pero ahora me veo completamente tranquilizado.

SALV. LO que yo he expuesto hasta el momento y de manera particular, lo que hace a las diferencias de peso que, por muy grandes que sean, no afectan en nada a las diferentes velocidades de los móviles, de modo que en lo que éstas dependen de sus pesos, todos deberían moverse a la misma velocidad; todo esto, repito, es tan nuevo y tan inverosímil a primera vista que si no hubiera forma de elucidarlo y hacerlo más claro que la luz del día, más valdría callarse y no decir nada. Pero como ya he abierto la boca, es necesario que no se me escape ninguna experiencia ni ningún argumento que lo pueda ratificar.

SAGR. NO sólo ésta, sino otras muchas de vuestras proposiciones están tan alejadas de las opiniones y doctrinas comúnmente aceptadas que si se les diera publicidad, suscitarían un buen número de opositores dada la innata inclinación de los hombres a no ver de buen grado que otros descubran con sus propios medios verdades o errores, que habían pasado desapercibidos para ellos. Dándoles el título de innovadores doctrinarios, tan poco grato a muchos oídos, se las ingenian para cortar los nudos que no pueden deshacer y para hacer saltar, con minas subterráneas, los edificios que habían construido, con los instrumentos [128] habituales, pacientes trabajadores. Pero como nos encontramos nosotros lejos de pretensiones semejantes, las experiencias y los razonamientos aducidos hasta el momento nos bastan para que quedemos tranquilos. En el caso, sin embargo, de que tengáis experiencias y razones aún más palpables, las escucharemos nosotros con sumo agrado.
SALV. La experiencia consistente en tomar dos cuerpos tan diferentes de peso como se pueda, haciéndolos caer desde cierta altura para observar así si sus velocidades son iguales, presenta alguna dificultad, ya que si la altura es grande, el medio, que bajo la presión del cuerpo que cae se abrirá siendo empujado lateralmente, opondrá un freno mucho mayor al escaso momento de un móvil muy ligero que a la gran fuerza [violenta] de uno muy pesado. De este modo, el cuerpo ligero, en un espacio largo, quedará muy retrasado. Y si, por el contrario, la altura es pequeña, se podría muy bien pensar o que no hay diferencia alguna de velocidad, o que es inobservable, en caso de haberla.

Setiembre 5, 2005

[*] Jan Harold Brunvand. El fabuloso libro de las leyendas urbanas.

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Tit. Or. Too god to be true. The colosal book of urban legends (vol. I y II). Trad. Manu Berástegui.
Ed. Crítica, 1980, 2000. 251 pág.

Credulidad divertida

Soy un verdadero fan de las leyendas urbanas. No sólo me parecen divertidas, o interesantes, o sugerentes metáforas. También me parece estar viendo mitología viva. Ver como se crean y difunden rumores, aunque algunos sean totalmente increíbles, me parece impagable.

Lo malo es que mucha gente se las cree de verdad. Como no van a serlo, si le sucedieron a un amigo de un amigo (uadua). Si les dices que la historia es ‘un cuento’ te vuelves de repente un aguafiestas. Cuantas veces, después de oir como cierta alguna historia que yo sabía leyenda urbana, y comentarlo, me he visto mirado con unos ojos de ‘estás más guapo callado’. Conclusión, muchas veces lo he hecho: no he abierto la boca. Pero siempre he tenido ganas de decir; ese es un cuento que se contó por primera vez en…

Así que cuando vi en la librería este libro-recopilación, me lancé sobre él y me puse a husmear la ‘calidad’ del mismo. Había visto las palabras ‘best-seller’ en la portada y eso es algo que me da alergia. Pero los miedos eran infundados. Es un libro bueno y muy bien documentado.

El autor lleva años ejerciendo como folklorista y recopilando diferentes versiones de leyendas urbanas. Tantos años en la profesión han dado como resultado un libro extenso, pero no aburrido, con muchas de las ‘típicas’ leyendas urbanas de siempre, pero también con muchas más o menos desconocidas. Y todas ellas con comentario y una explicación sobre los orígenes. Cuesta creer que cuentos que se siguen contando como verdaderos se remonten al siglo XIX.

Fuera del análisis de los orígenes y unos breves comentarios introductorios, las leyendas son las verdaderas protagonistas del libro. Agrupadas en dos libros y varias categorías, atendiendo a su temática, nos ofrecen el más completo muestrario que haya leído nunca. Para que no se diga que no trabajo, voy a exponer las 23 categorías del libro, incluyendo un ejemplo de cada una de ellas.

LIBRO I

Conclusiones precipitadas

Un oficinista de nueva york está haciendo footing una mañana cuando otro corredor choca con él con bastante fuerza. Instintivamente, se lleva la mano a la cartera y descubre que ya no la lleva en el bolsillo. Decidido a no sentirse víctima, el hombre se da la vuelta, persigue al presunto ladrón, lo agarra y le grita enfadado “Dame la cartera”.
El otro hombre, terriblemente intimidado, le da la cartera. Una vez llega al trabajo, y depués de contar a sus compañeros el incidente, le llaman por teléfono. Es su mujer que le avisa que se ha dejado la cartera en casa.
(una versión parecida, con un reloj, está publicada en un libro de 1918)

Cuentos clásicos caninos

Hans y Edna se llevaron a Rosa, su caniche, a un restaurante durante sus vacaciones en Hong Kong y le pidieron al camarero que le diera algo de comer. El camarero no les entendía bien pero, finalmente, cogió al perro y se lo llevó a la cocina, y pensaron que allí le darían aldo de comer.
El camarero regresó al cabo de un rato con una fuente tapada. Cuando al pareja levantó la tapa de plata, encontraron a Rosa.

(Yo he oído muchas versiones, pero el periodista Herb Caen la publicó por primera vez en 1939)

Su merecido

Es difícil elegir porque hay varias muy buenas. Pondré la siguiente porque me la contó un amigo como cierta y al decirle que no me la creía me miro con una cara…

Una familia alemana está de vacaciones por España. La abuela muere en el asiento de atrás; los dos niños estaban sentados con ella. Los padres deciden llamar a la embajada, pero como losniños estaban histéricos, envuelven a la abuela en una manta y la ponen en la baca. Llegan a una estación de servicio y van a llamar por teléfono. Cuando vuelven, descubren que les han robado el coche.
(Una variante es que deciden poner a la abuela en la vaca para ahorrarse el gasto de la repatriación. El escritor Anthony Burguess afirma haberse inventado la historia en 1930, aunque lo cierto es que lleva circulando desde comienzo de los 90)

Automanía

Un hombre encarga una matrícula con la palabra ‘Ninguna’ (en estados unidos puede hacerse) y nunca le ponen una multa, porque cuando la policía ve ‘ninguna’ en la casilla de la matrícula creen que era un coche sin licencia y que no se le puede seguir la pista.
(Una versión de esta historia la han comentado hace poco en microsiervos y lo peor es que en snopes, guía de la veracidad de las leyendas urbanas lo dan como cierta (digo ‘lo peor’ porque hay que ser mendrugos). Merece la pena leer la historia)

Aventuras sexuales

Una pareja pasa una noche en un motel ‘de citas’ con la habitación sugerentemente decorada, y varios espejos (incluyendo uno en el techo). Se lo pasan divinamente, entre su pasión y el ‘morbo’ de verse reflejados en tantos espejos. Al cabo de los años, en otro hotel mirando el canal porno ¡se ven a ellos mismos!. El hotel les había filmado a través de los espejos y había vendido la cinta como película porno.
(Existen muchas versiones de esta historia, pero ya Anaïs Nin tenía un cuento con una versión; a un joven americano le ofecen en París 500 francos por acostarse con una guapa mujer que padece de ninfomanía. El acepta, y al cabo de los años un amigo le explica que en París por 1000 francos pudo ver como una pareja hacía el amor en directo. Buen negocio.)

Que bochorno

“Estaba saliendo con una chica maravillosa, y la invité a pasar el fin de semana en el apartamento de mis padres en la playa. Me dijo que sí, y pensé que, con un poco de suerte, podríamos ir más allá de los besos. Fui a la farmacia a comprar preservativos, y estaba tan contento que bromeé con el farmaceútico diciendo que ‘tenía un plan estupendo’ con ‘una tía muy marchosa’. Cuando por la tarde fui a recoger a la chica ¿Quién me abrió la puerta? Su padre, el farmacéutico al que le había comprado los condones.”
(Versión un tanto arreglada por mí, cómo dice en el libro, esta historia tenía más sentido hace ya algunos años, cuando no había este libertinaje sexual ;-))

Humor malsano

En un hospital encontraban a un paciente muerto en la misma cama todos los viernes por la mañana. No había causa aparente y se realizaron exhaustivas comprobaciones del equipo del aire acondicionado y de posibles infecciones bacterianas, que no dieron ningún resultado.
Sin emabrgo, una investigación más detallada reveló la causa. Todos los viernes entraba una limpiadora que quitaba el enchufe de la máquina de respiración asistida, enchufaba su enceradora, y se ponía a trabajar. Cuando acababa, volvía a enchufar el aparato y se iba. El ruido de la enceradora le impedía oir las quejas y los estertores de la muerte. La dirección ha informado que se ha instalado otra toma de corriente y el incidente no se ha vuelto a repetir.
(Circuló por internet a partir de 1996, ya que apareció publicado en el ‘Cape Times’, periódico de sudafrica, pero se referían a un ‘rumor sin confirmar’ y, efectivamente, jamás se localizó el hospital en cuestión)

La fiera de mi niña

Una pareja noruega decide tomarse unas largas vacaciones invernales, al sol. Llega el gran día y lo tienen todo preparado, pero la niñera se retrasa. La llaman y les dice que ha tenido una avería con el coche, pero que iría andando, que llegaría en quince minutos. Por no perder el avión, la pareja sujeta al niño en la sillita, y se van. Durante las largas vacaciones no se enteraron de que, de camino a casa, a la niñera la había atropellado un camión y la había matado. Cuando regresaron, encontraron a su hijo muerto de inanición, todavía atado a la sillita.
(Rumor que apareció en la decada de los 70. En otras versiones el perro se come al niño. Macabro total)

Pasan cosas extrañas

Un cura acaba de instalarse en su nueva parroquia, cuando una anciana llama a la puerta. Es de noche, pero la mujer le ruega que vaya a una dirección, donde le necesitan mucho. Tanto insiste la anciana, que al final va. Llama a la puerta y sale un señor que le pregunta quien es. El dice que le han pedido que venga, que alguien le necesitaba. El señor se echa a reir, y le pregunta quien le ha pedido eso. El cura le describe a la anciana y la cara del dueño de la casa cambia del todo. Confiesa haber llevado una vida malvada de delito. El cura le conmina a abandonar esa vida y ponerse en paz con Dios, y el hombre acaba por hacer una confesión sincera. El sacerdote le da la absolución y le pide que para demostrar que su arrepentimiento es verdadero, que vaya al día siguiente a misa. Al día siguiente, ve que el hombre no había ido, y decide visitarlo. Al llegar a la casa le comunican que ha muerto. Pasa a ver el cadaver, y en el salón ve un cuadro donde está la anciana que fue a visitarle por la noche. Al preguntar quien es, le contestan ‘Es la madre del muerto. Falleció hace 10 años’.

(No podían faltar leyendas urbanas con referencia a lo sobrenatural. Esta apareció en un libro de 1957, aunque su origen es anterior. Una idea parecida -la madre que busca la salvación del hijo- está en el argumento de la película ‘Sin noticias de Dios’, y como base de otros muchos relatos)

LIBRO II

Negocios raros

¿Recuerdas una campaña que se lanzó hace mucho, cuando los ejecutivos empezaban a ir en avión?
¿Aquella en que la compañía aérea permitiía que su mujer viajara gratis para demostrar que el viaje no tenía ningún peligro?
¿Sí, esa misma? ¿Sabes que pasó? La compañía mandó una carta a todas las mujeres que habían participado en la oferta para preguntar que les había parecido el viaje. El noventa por ciento de las respuestas fue ‘¿Que viaje en avión?

(Tan viejo como 1943. Versiones parecidas con otras ofertas han seguido circulando desde entonces. Dentro de la categoría de negocios raros están esas extrañas recopilaciones de cartoncitos de paquetes de tabaco, o lengüetas de refresco para ‘conseguir una silla de ruedas a un niño inválido’. Como decía un amigo mío, el niño inválido ya debe de tener un transatlántico. Y, por cierto, no envíen esos correos que prometen móviles gratis si los reenvias a 40 personas. La promoción ya ha acabado, lo se de buena tinta.)

El trabajo dignifica

El pianista ciego George Shearing viajaba en avión de Los Ángeles a Seattle. El vuelo hacía escala en San Francisco. En la parada, el piloto, un grana ficionado al jazz, se acercó para saludar al pianista. Cuando se ofreción para hacer cualquier cosa que estuviera en su mano, Shearing le dijo que le agradecería si alguien saba a su perro de paseo. El propio piloto se brindó a hacerlo, y le dio una vuelta por la pista, cerca del avión. Cuando los pasajeros vieron que el piloto iba con un perro guía, la mayoría abandonó el vuelo, que siguió trayecto casi vacio.

Analfabetos Tecnológicos

Un cliente llama al servicio técnico para que le arreglen el ‘posavasos’ del ordenador. El técnico, alucinado, le vuelve a preguntar por si no ha oído bien. ‘Sí, dice el cliente, lo empujé demasiado fuerte y ahora se ha atascado’. El técnico pregunta que donde está el posavasos. ‘En la parte de arriba de la torre, ya sabe, esa repisita que sale para poner la taza de café’, ‘Me temo que está poniendo el café en el CDROM’, le dijo el técnico.

(No da origenes, pero yo he visto, en mis propias carnes, cosas peores; apuntar con el ratón a la pantalla, preguntar dónde está la tecla OK -pronunciado OC-, arreglar redes encendiendo el router, y un largo etcétera sin contar a los que van de listos, como en una tira de Dilbert: Jefe:’Tenemos que migrar a SQLSEVER’. Dilbert: ‘Lo quiere en verde o morado’. Jefe: ‘Creo que el verde tiene más RAM’)

Inteligencia criminal

Un representante viajaba a última hora del día cuando decide recoger a un autoestopista para no quedarse dormido. Cuando lo hace, ve que el hombre va sin afeitar y mal vestido. Por si acaso, decide que recogerá a otro autoestopista. El segundo tiene pinta de universitario, y se sentó en el asiento de atrás. Cuando llevaban unos kilómetros, el segundo autoestopista saca una pistola y le ordena que pare y que bajen del coche haciendo una seña con la pistola. Al dejar de apuntarles, el primer autoestopista noquea al asaltante de un derechazo y le quita la pistola y la cartera. Intenta repartir el dinero, pero el conductor, agradecido por haberse librado del robo, declina la oferta. ‘Es nuevo en el negocio’, dice el primer autoestopista ‘Yo, que ya llevo veinte años en el negocio, no cometo errores estúpidos’. Al ver la cara de horror del conductor, se rie y le dice ‘No se preocupe, hoy no trabajo, sólo voy de visita a ver a mi madre’.

(Una historia parecida la cuenta Jasper Maskelyne en un libro de 1938)

Naturaleza humana

Lo primero que se oye por la mañana en Manitou es el tren de madrugada que va a Chicago. Es demasiado temprano para levantarse, y demasiado tarde para volver a dormir. Allí tienen la leyenda de que los pitidos matutinos de esa tartana son responsables de la alta natalidad de la ciudad.

(Aparece en la novela Kitty Foyle de 1939, pero han aparecido versiones modernas. En la costa se achaca a la sirena antiniebla.)

Vagabundos del reino animal

Hace unas semanas un barco de rescate ruso recogió del mar a unos pescadores japoneses y los detuvo cuando afirmaron que su barco se había hundido después de ser alcanzado ¡por una vaca! ¿Imposible? La investigación reveló que miembros del ejército ruso robaron un par de vacas y las transportaron en un avión. En pleno vuelo, los animales se pusieron tan nerviosos que tivieron que arrojarlos para evitar un accidente.

(Se contó por primera vez en 1990, pero Reuters la ha hecho circular alguna que otra vez con posterioridad)

Malditas Mascotas

Unos obreros están arreglando unas cañerías y nos se dan cuenta de que ha habido un escape dentro de la casa. Cuando lo arreglan y abren todas las ventanas de la casa para que se airee, descubren que el periquito de la dueña está muerto en la jaula. Decididos a solucionarlo van a la tienda de animales más próxima a comprar un periquito igual. Cuando la señora llegó a casa y vió al periquito por poco le da un infarto: ‘¡El periquito estaba muerto esta mañana cuando me fui de casa y ahora mirén, es un milagro, ha vuelto a la vida!!’.

Comedias disparatadas

Una señora encuentra una cucaracha en su casa. La tira al retrete, pero como todavía se mueve, le echa un bote entero de insecticida. Cuando llega el marido y se sienta en el vater, enciende un cigarrillo, tirando la cerilla a la taza. Con la cantidad de insecticida inflamable, la taza estalla en llamas. Vienen los camilleros a recoger al accidentado y, cuando este les explica lo que le ha pasado, empiezan a reir, con lo que se les cae el señor por las escaleras y se rompe, además, un brazo.

(A esta historia le tengo un particular cariño porque la vi impresa en un periódico hace ya muchos años -y fui tan crédulo que la di por buena-. En el libro cuentan una variante con gasolina.)

Falsas Alarmas

Virus ‘Buenos tiempos’

La Comision Federal de Comunicaciones FCC emitio un aviso el pasado miercoles con respecto a un tema de mayor importancia para cualquier usuario regular de Internet. Aparentemente, un nuevo virus de computadora ha sido creado por un usuario de American Online que no tiene paralelo en su capacidad destructora. Otros virus mejor conocidos, como el Stoned, Airwolf y el Michaelangelo palidecen en comparacion de las posibilidades de esta nueva creacion de una mente perversa. Lo que hace a este virus tan terrorifico, dijo la FCC, es el hecho de que ningun programa necesita ser intercambiado para que una nueva computadora sea infectada. Puede esparcirse a traves de los sistemas existentes de correo electronico de la Internet. Una vez que alguna computadora es infectada, uno de varios da~os puede ocurrir. Si la computadora contiene un disco duro, este sera muy probablemente destruido. Si el programa no es detenido, el procesador de la computadora entrara en un ciclo (loop) binario infinito de complejidad enesima, el cual puede da~ar gravemente el procesador si se deja corriendo demasiado tiempo.
Desafortunadamente, la mayoria de usuarios de computadora novatos no se dan cuenta de lo que esta ocurriendo hasta que es demasiado tarde”. Luego indica que si se recibe un mensaje de correo electronico con el tema del mensaje (subject) diciendo “Good Times” que no se lea y que se borre inmediatamente. Por ultimo dice que se corra la voz mandando copia del mensaje de aviso a otras personas.
(Obtenido de hackemate)

Virus ‘Malos tiempos’

Este virus te corrará el disco duro. Se cargará toda la información de todos los discos que haya cerca del ordenador. te cambia la temperatura del frigorifico y la comida que tengas se perderá. Magentiza las bandas de las tarjetas de crédito, reprograma el número secreto del cajero automático, jode el tracking del video y el sistema operativo del DVD para que sólo reproduzca la zona 48 (Películas de Burkina Fasso). Raya todos los CD’s o te los cambia por una recopilación de Georgie Dan y King Africa. Detecta si tienes copias ilegales de música o películas y da tu dirección a la SGAE y a las fuerzas de seguridad. Envía un correo con insultos a tu jefe, declaraciones obscenas a las mujeres de tu lista de correo, y una declaración de homosexualidad a los hombres (a la inversa si eres mujer). Te cambia el dentrífico por superglue, el champú por crema depilatoria, y mejor no comentar lo que hace con la mayonesa. También te contagia el herpes y te deja la tapa del retrete abierta…

Este virus actua incluso si no tienes correo electrónico. TENGA MUCHO CUIDADO!!!

Virus ‘No tengo tiempo’

Hola, como no tengo tiempo de programar un virus, te pido que cuando recibas este correo me reenvies a toda tu lista de correo, elimines algunos archivos del disco duro (si puede ser de la carpeta de windows mejor, pero si no, pues nada, el que quieras), y bloquees el ordenador de alguna manera (abre muchas ventanas, y seguro que al final se cuelga). Y, por supuesto, pon mucha cara de miedo.

Gracias por tu colaboración.

(Por desgracia, siguen y siguen llegando avisos de ‘virus’ muy muy peligrosos. Las parodias de más arriba son la mejor respuesta.)

Identificación errónea

En una conferencia sobre discriminación asistía el reverendo Jesse Jackson (dos veces candidato a la presidencia). Mientras esperaba delante del hotel a que llegar su limusina, se le acercó una señora blanca que le dijo ‘No sabe lo que me alegra encontrarlo, si no, no hubiera podido llevar las maletas hasta el ascensor’. Y tras decir esto, le dio un dólar. El reverendo cogió el dólar, le dio las gracias a la señora, y se montó en la limusina que le esperaba, conducida por un chofer blanco.

(Aunque pueda tener un origen real, se ha adjudicado a muchas personalidades. Una variante es que algún famoso negro o hispano está cortando el cesped de su casa y una señora le pregunta que cuanto le pagan. La respuesta es ‘no me pagan nada, pero la señora de la casa me deja dormir con ella’)

Píldoras universitarias

Queridos papá y mamá
Siento haber tardado tanto en escribir, pero se me quemó el papel cuando los manifestantes quemaron la residencia de estudiantes. Ya he salido del hospital y el médico dice que recuperaré la vista tarde o temprano.
Bill, el maravilloso chico que me salvó de las llamas, se ha ofrecido a compartir su pequeño apartamento hasta que reconstruyan la residencia. Es de buena familia, o sea que no os sorprenderá que vayamos a casarnos. Espero que no sea un problema que sea heroinomano; el dice que lo puede dejar cuando quiera, además, yo lo he probado y realmente no es tan malo como cuentan. Y una buena noticia ¡Váis a ser abuelos!
Por favor, no hagáis caso del ejercicio de redacción anterior. No hubo incendio, ni hospital ni novio ni drogas. Pero si he suspendido química y quería que recibiérais la noticia en la debida perspectiva.

(Se cuenta desde la década de los sesenta y yo vi un consejo parecido en un libro para adolescentes)

Leyendas urbanas verdaderas

Una mujer ha denunciado a una tienda de artículos deportivos acusando a un empleado de obligarla a demostrar que estaba embarazada porque creyó que estaba robando un balón de baloncesto. Pide 100.000 dolares por daños y perjuicios y 500.000 por retención ilegal y negligencia.

(Por lo visto, es verdad, aunque se desestimó la denuncia)

El libro acaba con algunas parodias de leyendas urbanas. Si han oído alguna historia parecida a las que aquí se comentan, no lo duden, es un mito. El Amigo de un Amigo no merece la confianza que le da, tire del hilo, y sacará el ovillo. Pero vaya con cuidado, que la gente prefiera un engaño divertido a una verdad aburrida.

Si quieren más información, pueden encontrarla en las siguientes páginas:

http://club.telepolis.com/leyendasurbanas/

http://personal.telefonica.terra.es/web/totumrevolotum/2003_11_08_archive.html

http://www.urbanlegends.com/

http://www.snopes.com/

http://www.rincondelcurioso.com/leyendasurbanas.php

(Un día, un libro 147/365)
Escuchando: Bésame mucho. Rosa Passos.

Setiembre 3, 2005

[*] Fernando Lázaro Carreter. Estudios de lingüística.

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Ed. Crítica, 1980, 2000. 251 pág.

Recopilación ‘de aluvión’

Hace ya unos días pasé por casa de un buen amigo a comer y como es un hacha de la lingüística, rebusque en su biblioteca a ver que le podía pedir prestado (ya comenté en otro post que de las dos clases de tontos, los que prestan libros, y los que los devuelven, yo pertenezco a las dos). Libros tiene muchos, y muy buenos, pero la mayoría son ‘demasié pa mi cuerpo’, así que le pedí dos; ‘Introducción a la sintaxis generativa’ y éste.

Lázaro Carreter, que falleció hace poco (aunque no encuentro ninguna noticia por Internet), se hizo famoso por su columna, publicada despues en libro, ‘El dardo en la palabra’, dónde se dedicaba a denunciar todo tipo de ‘malas costumbres’ en el lenguaje. Con él descubrí lo mal que hablaba y la cantidad de barbarismos que utilizo. Lo sigo haciendo, pero por lo menos ahora soy consciente.

En este libro no encontraremos ninguna recomendación del buen decir, sino una recopilación de artículos sin mucha relación entre sí, supongo que editados para aprovechar el tirón del éxito del ‘dardo en la palabra’. Los artículos están muy bien, y pueden dividirse en dos apartados; los que tratan de lingüística, y los que, teniendo como tema el lenguaje, son de ámbito más general.

Entre los primeros encontramos ‘Sobre el problema de los interfijos’, ‘El problema del artículo en español’, ‘Sobre la pasiva en español’ y ‘Transformaciones nominales y diccionario’. Aunque algo antiguos, son temas que se siguen debatiendo en la actualidad. Para disfrute de los linguistas.

Los segundos los puede leer un iletrado como yo, y son ‘El primer diccionario de la academia’, ‘El mensaje literal’, ‘La literatura como fenómeno comunicativo’, ‘Lengua literaria frente a lengua común’, ‘Literatura y folklore: los refranes’, ‘La lengua de los refranes ¿Espontaneidad o artificio?’ y ‘Lenguaje y generaciones’. He disfrutado con la historia de la academia española y con las reflexiones acerca del lenguaje, el folklore y la literatura. Para leer de uno en uno y saborear.

(Un día, un libro 145/365)
Escuchando: 39 grados. Quique González.

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