Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

noviembre 18, 2011

Rafael Reig. Manual de literatura para caníbales.

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Debate, 2006. 314 páginas.
Rafael Reig, Manual de literatura para caníbales
Con retraso

Tenía ganas de leer este libro y la generosidad de una amiga me lo permitió. Había leído buenas críticas y disfrutado mucho con Sangre a borbotones. Además, soy seguidor de su bitácora: Rafael Reig, una de las pocas de un escritor de fama que no es un escaparate publicitario, y además a veces dice lo mismo que yo (aunque mejor).

El libro trata de la saga de los Belinchón, escritores de casta que siempre van un paso por detrás de las tendencias literarias. A la vez que nos reímos con su mal ojo obtenemos también un resumen divulgativo del panorama histórico de la literatura canibal entre 1808 y 2008.

El autor aprovecha para saldar cuentas con escritores clásicos y no tanto, me sorprendió mucho el vapuleo a Cela -y no porque no lo merezca, sino porque nunca lo había visto escrito con tanta vehemencia. En los capítulos finales aparecen un sin fin de nombres de escritores actuales que Reig aprovecha para encuadrar de una manera general (y supongo que también para hacer amigos).

No estoy de acuerdo con muchas de las cosas que aquí se dicen, pero creo que la mejor manera de enseñar literatura es mediante libros como éste, que se toman con humor lo que parece consagrado y que, como decían los clásicos, enseñan deleitando. Cuando mis hijos tengan que estudiar estos temas en el instituto, este libro les estará esperando.

Mejores reseñas aquí: Rafael Reig: Manual de literatura para caníbales y aquí: Manual de literatura para caníbales, de Rafael Reig

Calificación: Muy bueno.

Un día, un libro (79/365)

Extracto:
La corporación
A la puerta de la Residencia le esperaba un taxímetro con el motor encendido. El vehículo atravesó Madrid a gran velocidad y se detuvo en el hotel Palace.
Pepe Ortega descendió, miró a ambos lados para asegurarse de que nadie le seguía y entró en el hotel.
Llamó a la puerta de la suite presidencial.
—Dígame.
—Todas las tortillas de patata son redondas —aseguró Ortega.
—Adelante.
Era la clave convenida.
A la mesa había cinco hombres de mediana edad, aspecto discreto y mandíbulas implacables. Pepe les llamaba «la Corporación» y los había identificado con números, ya que nunca le habían dicho sus nombres.
Sabía que entre los cinco controlaban más de la mitad del capital financiero nacional.
—Caballeros, la cosa marcha —dijo Ortega con entusiasmo.
Ninguno respondió y Ortega comenzó a perder el aplomo que tanto le había costado reunir. Él era el gallo del gallinero. A los poetas los tenía en un puño. Esas cien señoras que formaban «la vida cultural» madrileña comían en su mano. Los periodistas temblaban como gelatina en su presencia. Sus queridas marquesas, esas mujeres fáciles en una edad difícil, se le abrían de piernas o se la chupaban a la más mínima indicación, en cuanto les hablaba de la «orificada tortilla». Madrid era suyo, sin embargo…
Esos cinco hombres siempre le intimidaban. Ahora, de pronto, se sentía un payaso con sus zapatos de dos colores, su pajarita, su canotier y el ridículo bastón.
Aquellos tipos ni siquiera eran elegantes. ¿Para qué? Ellos tenían el poder real.
Iban vestidos con trajes anodinos. No se entusiasmaban con nada. Jamás daban muestras de impaciencia. Ni sonreían ni se disgustaban.
¿Arte deshumanizado? Bueno, pues ahí tenía Ortega la deshumanización y, la verdad, así, vista de cerca, le daba escalofríos.
Pepe Ortega tragó saliva y repitió con un hilo de voz:
—Sí, en efecto, la cosa marcha. Muy pronto verán resultados.
—Mire, señor —dijo Número 2 con tono de resignada paciencia—, no se preocupe por eso.
—El ROÍ es cosa nuestra, Ortega, no tenemos prisa —añadió Número 3, y luego, ante el gesto de perplejidad del filósofo, aclaró—: Return ofthe Investment.
—El retorno de la inversión está calculado a medio o largo plazo, ya se lo hemos dicho —remachó Número 5.
Ortega asintió. Número 2 volvió a tornar la palabra:
—Number one: consiga una generación literaria. Arrégleselas como quiera, no nos concierne. Y no repare en gastos. Le hemos montado una Residencia a la inglesa, una Revista de Occidente, una editorial, en fin… lo que haga falta. Y number two: consiga un arte impopular…
—Un arte antipopular, más bien —puntualizó Número 5.
—Correcto. Un arte que divida al público en dos grupos: una minoría que «lo entiende» y una mayoría que «no lo entiende».
—Es como el cubismo, Ortega, ya sabe, esos monigotes que pintan en París. ¿Ha oído hablar de ello?
¿Cómo podían tratarle así a él, al primer filósofo de España, al seductor de aristócratas, al hombre que había leído a Kant y a Hegel en su intraducibie alemán?
Ortega sintió que la rabia le hinchaba las venas de la frente. Sabía que se le estaban poniendo las orejas rojas como pimientos. La Corporación lo notaría y él no podía hacer nada por impedirlo. Cuanto más pensaba en ello, más se le enrojecían, lo sabía.
—Por supuesto —respondió ofendido—. Conozco muy bien la pintura de Picasso…
—Le felicito, Ortega —le interrumpió Número 5.
—La pintura es más rentable —comentó Número 3.
—Hay que tener paciencia, esta es una inyersión a largo plazo —observó Número 2—. Cuando pase lo que tiene que pasar.


Registrado, se le encontró en los bolsillos el tenedor y la cuchara, reveladores de su procedencia del Penal, unos papeles impresos y una carta con un retrato.
El retrato, manchado de sangre y barro, era de una mujer joven que sostenía en sus brazos una niña delgadita y de mirada triste.
La carta estaba firmada por «Goyita», y en ella aquella pobre mujer consolaba y daba esperanzas al desgraciado, hablándole de su pronta liberación, «ya que nunca has hecho nada».
Al final, algo más emocionante crispó mis nervios: después de la firma de aquella, una mano infantil había trazado torpemente:
«Papito mucos vesos y abrazos de tu nenita».

Como dejó dicho Alejo Carpentier: «En España hacía falta mucho más valor para soportar momentos de enternecimiento que para vivir momentos de peligro».

mayo 18, 2011

Jesús M. Carazo. La Ciudad donde habita Caribdis.

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Editorial Debate, 1987. 166 páginas.

Jesús M. Carazo, La Ciudad donde habita Caribdis
C’est l’amour

No recuerdo como llegó este libro a mi biblioteca; ni me sonaba el autor ni me llamaba la atención la portada. A veces tengo la impresión de tener intrusos en la biblioteca, polizones en busca de lectura.

El argumento es bastante sencillo. Un profesor español viaja a Burdeos para poder acabar un libro sobre Goya. Allí conoce a una chica francesa con la que entabla relaciones, aunque él está casado. Descubrirá que hay otras maneras de vivir la vida, más francas, y se debatirá entre la Escila del matrimonio y el Caribdis de la infidelidad.

No hay mucha originalidad en la trama, más allá del retrato de los españoles de la época, celosos y poco europeos, y del descubrimiento de una nueva manerade vivir. Pero está bien escrita, suena sincera, hay escenas tiernas y tristes, y un final que no por imaginable deja de conmover.

Me solidarizo con algunas reflexiones del protagonista. Sobre los coches:

¿querría venir él a su apartamento a tomar ese café? Monleón aceptó encantado. «Vous avez une voiture?», preguntó la muchacha. No, no, él odiaba los automóviles; era una de las servidumbres de la vida moderna que no estaba dispuesto a aceptar. Además, le espantaba la idea de hacerle daño a alguien, de atropellar a un niño.

Sobre los franceses:

Quizá por eso algunos fragmentos resultaban demasiado escolásticos, ligeramente faltos de imaginación. (Había cierta pedantería en sus palabras, pero la pedantería parecía ser uno de los males endémicos de aquel país.)

Me ha dejado buen sabor de boca. Deja de ser un polizón para convertirse en miembro de la tripulación.


Extracto:[-]

Monleón sintió que aquel flujo de ondas que desde hacía un rato le recorría el cuerpo se le agolpaba muy cerca de su vientre, como si ahora se hallase allí el motor de los deseos, el centro de su ser. ¡Santiago y cierra, España!, pensó, y un instante después se encontró fundido en un beso lleno de violencia que, por un impulso misterioso y sincrónico, parecía haber sido iniciado a un tiempo desde ambos lados del sofá. Y en aquel beso arrebatado y febril anduvo él buscando la totalidad de lo femenino, océano sin límites donde esa noche deseaba perderse. (Porque en ese cuerpo que ahora se estremecía bajo el suyo abrazaba él a todas las alumnas que le llenaban el despachito de palpitaciones nostálgicas, a las desconocidas que alguna vez le habían dado materia para sus fantasías, a Maite, la amiga de Pilar, la de mirada de tigre… Así que, tras siete años de penitencia, volvía él para vengarse, como Orestes, para vengarse de tanta represión, de tanta lujuria rebelde y contenida.) Agnés había comenzado a agitarse como una olla de agua puesta a hervir y él estaba seguro de que ya nada podría detener la ebullición, sobre todo ahora que sus besos ampliaban los límites venciendo una ligera resistencia. Por fin, la muchacha pareció hacerle donación de su cuerpo y cayó en otro éxtasis no muy distinto del que minutos antes le había provocado la música de Purcell. Monleón le desató los botones de la blusa y dejó al descubierto un rosado pasaje por el que se internó, tembloroso, explorando los valles, las colinas, la tibieza del gran desfiladero, la entrada de la gruta palpitante… Resultaba extraño que aún guardase él cierto control, que aún pudiera pensar —mientras besaba la punta de sus senos— en cómo le contaría todo aquello a Vázquez. Sin embargo, cuando ella lo llevó tras la cortina hasta una cama que fue preciso descubrir apresuradamente, cuando le quitó la ropa con una inusitada pericia, cuando le acarició aquí y allá y lo atrajo
por fin entre sus muslos, Monleón se sintió también tragado por aquel torbellino de excitación que poseía ya a la muchacha. Bajo su cuerpo, ella comenzó a deshacerse en gemidos tan dulces que parecían estar diciendo que a este mundo se venía sólo a sentir aquel cautiverio suave, aquella abrasadora delicia, para morirse luego, unas horas o unos años después. Porque lo demás, es decir, la cultura, el progreso, las artes, eran sólo excrecencias, tumores, perifollos, y toda la palabrería que llenaba las bibliotecas, un montón de cenizas, peladuras, detritus. Y mientras esa turbadora idea se le mostraba en la oscuridad con el fulgor de una revelación, seguía él arrancando, como esquirlas punzantes, aquellas quejas de animal herido que eran a un tiempo gritos de dolor y voces de ánimo al verdugo. Después, la muchacha apartó su rostro, sollozando, golpeándose contra la almohada, y huyó deprisa hacia los manantiales del placer. Monleón se sintió invadido por una insólita ternura y abrazó con fuerza aquel cuerpo blando, abierto, res extensa, res expectante, lo único absoluto de una habitación que comenzaba a perder sus límites, a dilatar sus muros, ahora que él se dejaba ya arrastrar hacia un abismo negro, caliente, espeso…

octubre 15, 2008

Manuel Lozano Leyva. Los hilos de Ariadna.

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Editorial Debate, septiembre, octubre 2007. 522 páginas.

Manuel Lozano Leyva, Los hilos de Ariadna
Nuevas visiones

Uno de los libros que más me gustó del 2007 fue De Arquímedes a Einstein, divulgación científica de la que se encuentra pocas veces. No debo ser el único al que le gustó el libro y gracias a eso podemos disfrutar de Los hilos de Ariadna, parecido pero diferente.

En esta ocasión no son los mejores experimentos científicos los que vertebran el libro, sino los diez descubrimientos que, en opinión del autor, han cambiado más nuestra imagen del mundo. Aunque es una selección personal y como tal podríamos opinar sobre si sobra o falta algo, no cabe duda de que los descubrimientos que aquí aparecen cambiaron la visión del mundo. La lista es la siguiente:

Las galaxias (Los ladrillos del universo)
Los átomos (Los pilares de la materia)
La simetría en el microcosmos (La belleza íntima del mundo)
La tectónica de placas (Continentes a la deriva)
La piedra Rosetta (La civilización misteriosa)
La circulación de la sangre (La ciencia cruel)
La evolución selecta (La irreverencia de la ciencia)
Los genes (La evolución discreta)
Los microorganismos (El mundo invisible)
Del cero al infinitésimo (La diferencia entre nada y un poco)

De lo más grande (galaxias) a lo más pequeño (átomos) pasando por la dinámica terrestre, incluyendo las leyes que gobiernan el universo y un vistazo sobre las matemáticas. Sobre el mundo vivo una explicación de la evolución, los genes, los organismos más pequeños, el funcionamiento del cuerpo humano y el funcionamiento de las civilizaciones.

Al no estar centrado en un único experimento, cada capítulo abarca una extensión mayor de la historia de la ciencia. Pero no se pierde en profundidad porque la extensión del libro es mayor que en De Arquímedes a Einstein. Los datos biográficos que aporta de cada científico siguen siendo novedosos e interesantes, y la prosa no ha perdido nada de su gracia. Sigue transmitiendo el mismo amor por la ciencia y mi mayor pena es que lo he cogido en la biblioteca y lo tengo que devolver.

Una anécdota de Pauli:

Hablaremos de Pauli, un físico genial pero de un humor de perros.Ya he dicho, para zaherir cariñosamente a mis colegas químicos más que nada, que cuando el estudio del, átomo empezó a tomar seriedad tuvo que pasar de manos de los químicos a las de los físicos. Esta inofensiva rivalidad quizá fuera Pauli el que la introdujo, porque su mujer, seguramente cargada de razones, lo abandonó y se fue con un profesor de química. La reacción del genio fue montar en cólera y clamar: «¡Con un simple químico! ¡Si al menos se hubiera ido con un torero español…!».

Una dedicatoria de Medeliev, del que no sabía nada y me he quedado enamorado:

Esta investigación está dedicada a la memoria de una madre por su hijo menor. Ella lo educó por sus propios medios mientras dirigía una fabrica. Lo instruyó con el ejemplo, lo corrigió con amor, y, para hacer que se dedicara a la ciencia, dejó Siberia con él gastando sus últimos recursos y fuerzas. En su lecho de muerte, ella le dijo: «Refrena las quimeras, insiste en el trabajo y no en las palabras, busca pacientemente las verdades científica y divina». Ella comprendió que los métodos dialécticos engañan muy a menudo; cuánto queda por aprender y cómo, con la ayuda de la ciencia sin violencia, con amor pero con firmeza, se eliminan toda superstición, mentira y error, porque la ciencia conlleva la certeza de verdades aún no descubiertas, libertad de futuros desarrollos, bienestar general y felicidad íntima. Dmitri Mendeléiev considera sagradas las palabras de su madre moribunda.

Medeleiev decía que su educación se basaba en tres pilares: Todo en el mundo es ciencia, según su cuñado Bessargin, Todo en el mundo es arte, según el soplador de vidrio Timofei y Todo en el mundo es amor, según su madre María. Para enmarcarlas.

Un autor que les hará enamorarse de la ciencia.

Escuchando: Protection. 08001.


Extracto:[-]

Y ya tenemos al norteamericano alto y guapo en el Queen College de Oxford, donde lo primero que hizo fue adoptar el acento vernáculo de aquella insigne universidad. Pero lo hizo de forma tan exagerada que se convirtió en el hazmerreír de todos: oxonienses y colegas norteamericanos. A los primeros les divertían los fallos tan graciosos que cometía; los segundos encontraban inexplicable que Edwin adoptara un acento que ellos evitaban que se les contagiara, como si de la peste se tratara, al considerarlo una auténtica mamarrachada.Tanto le impresionó Oxford a Hubble que inmediatamente solicitó el ingreso en el equipo de remo. Lo obtuvo, remó como un loco y terminó lesionado, por lo que al fin se pudo dedicar a estudiar leyes, nada de astronomía, porque no era cuestión de enemistarse con su padre, aunque poco a poco fue asistiendo a algunos cursos de astronomía.

Un norteamericano en la Europa de la primera década del siglo xx con dólares en el bolsillo era un personaje fuera a donde fuera. Por ejemplo, en Alemania. Allí el joven Hubble quedó gratamente impresionado. ¡Qué eficiencia, qué poderío militar! El deporte que eligió practicar durante su larga estancia en Alemania no podía ser más apropiado a su sentimiento: esgrima, pero la esgrima que se practicaba en los duelos de honor, si bien no participó en ninguno de verdad.

Cuando Edwin regresó a Estados Unidos, concretamente a Kentucky, donde se había mudado su familia después de la reciente muerte del padre, causó sensación. O estupefacción, lo dejo a la imaginación del lector, porque se presentó vistiendo pantalones bombachos, un reloj de pulsera (una excentricidad como la anterior en aquel lugar y en aquella época), un anillo en cada dedo meñique, un sombrerito de paja, una capa y un bastón de caña.Y, encima, hablando de aquella manera que al principio no se le entendía y después provocaba la risa tonta.

El mejor empleo que encontró Hubble fue de profesor de instituto. Enseñaba ciencias y, curiosamente, español. Tenía a los chavales fascinados, porque, por una parte, lo consideraban amanerado hasta el ridículo, pero, por otra, era un maestro del baloncesto. Tanto fue así que como entrenador llevó al equipo del colegio hasta el tercer puesto del campeonato estatal.Y ya estamos en el infausto 1914, año en que empezó la Gran Guerra.Y la guerra, cosa que a poquísima gente le pasa, fue para Hubble una bendición.

Harto del instituto, solicitó plaza en los observatorios astronómicos. Era un momento muy apropiado porque se estaban construyendo nuevos telescopios por todo el país. Las respuestas por carta eran lacónicas, pero en cuanto le hacían una entrevista personal, quienquiera que se la hiciera caía presa de los encantos del atlético y simpático astrónomo. Empezó en el Observatorio Yerkes de la Universidad de Chicago, que estaba a unos cien kilómetros de la ciudad. Hubble inició allí un periodo de cuarenta años mirando al cielo nocturno. Corría el año 1915. Comenzó a observar lo que entonces se llamaban nebulosas tenues. A continuación, paso a hacer una breve digresión para que el lector no se líe con los términos antiguos y modernos.

Lo que Hubble estudiaba era lo que hoy llamamos galaxias: conjuntos de centenares de miles de millones de estrellas, polvo estelar y muchas más cosas de las que todavía no sabemos nada, y que muy pronto las describiremos más adecuadamente. La palabra «galaxia» era la preferida por Shapley, curiosamente porque él no creía que hubiera más que una, aunque pronto se convenció de su abundancia. Así pues, y para más ironía, Hubble dedicó su vida profesional a estudiar objetos que casi se podían considerar bautizados por el que sería su enemigo mortal: el propio Shapley. La palabra nebulosa se utiliza hoy día para designar no las manchas tenues con las que Húbole comenzó su carrera de astrónomo, sino a las* nubes de polvo que vagan por nuestra galaxia y que son remanentes de explosiones su-pernovas, o sea, los restos de las estrellas muertas. Los cúmulos globulares son parecidos a lo que se suponía antiguamente: inmensas agrupaciones de estrellas (entre miles y centenares de miles) más o menos esféricas y que están situadas normalmente por encima y por debajo del disco galáctico de estrellas.

marzo 14, 2008

Roger Penrose. El camino a la realidad.

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Editorial Debate, 2006. 1472 páginas.
Tit. Or. The road to reality. Trad. Javier García Sanz.

Roger Penrose, El camino a la realidad
Enciclopedia fisicomatemática

Lo primero que llama la atención de este libro es el peso. Casi mil quinientas páginas de 15×25 centímetros pesan lo suyo, aunque sean de papel da bajo gramaje. Lo segundo -y aquí es cuando empiezas a tener miedo- es el título de los capítulos: Suavidad compleja; funciones holomorfas, Álgebras de Grassman, Secciones transversales de fibrados, La dinámica hamiltoniana como geografía simpléctica… la pregunta es ¿estaré a la altura? Va a ser que no.

Aunque el título parece de un manual barato de autoayuda mística, lo que esconde el último libro del físico y matemático Roger Penrose es una enciclopedia con toda la información necesaria para conocer el estado actual de la física. Para conocer como funciona el mundo, debemos conocer las ecuaciones que lo describen. Para entender éstas, debemos aprender la matemática que tienen detrás.

Las primeras quinientas páginas hacen un repaso del aparato matemático más utilizado en la física. El nivel de dificultad es alto y hasta se incluyen ejercicios para los lectores valientes. Confieso haberme perdido en más de un capítulo; como dice el refrán quien mucho abarca, poco aprieta. Es complicado meter en pocas páginas temas que suelen darse en un trimestre de universidad. Así que o los conoces o echas mano de ayuda externa o, como he hecho yo, te conformas con enterarte a medias.

Me ha hecho ilusión ver la derivación de la famosa fórmula de Euler E2PIi=1. También es ilustrativo el ejemplo de un objeto espinorial. Para mostrar como pueden ser necesarias dar dos vueltas de 360 grados para volver al punto de partida muestra un cinturón largo fijo en un extremo y sujeto entre las páginas de un libro en el otro. Al darle una vuelta al libro el cinturón tiene un giro. Pero al darle otra los dos giros se cancelan y tenemos el estado inicial (pueden probarlo en casa).

Por desgracia este tipo de ejemplos escasean y lo que abundan son lass ecuaciones puras y duras. Aún así, el libro intenta mantener el tono divulgativo: en medio de una explicación de una n-forma epsilon representada por una cantidad con n subíndices asimétricos añade que algunos preferirían incorporar un factor n!-1 ¡y nos indica el capítulo donde se explica la notación factorial (!)! Creo que cualquiera que haya llegado hasta aquí es perfectamente capaz de entender esa notación.

Una vez superado el rubicón matemático se reduce el número de ecuaciones por segundo, aunque el nivel sigue siendo alto. Un breve capítulo introductorio acerca de como era la física antes del siglo XX y enseguida pasa a explicar -con todo lujo de detalles- como funciona la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. En la actualidad son las teorías que utilizan los físicos para describir el mundo, pero tienen sus problemas.

El primero es que son dos teorías incompatibles que describen dos aspectos diferentes de la realidad y que nadie sabe -por el momento- como unirlas en una teoría de todo. La tendencia es a intentar cuantizar la relatividad, aunque a Penrose no le parece tan claro que ese sea el camino correcto.

El segundo problema es que la mecánica cuántica es la teoría científica más exactamente comprobada, pero es de difícil interpretación. ¿Podemos imaginar un objeto que sea a la vez onda y partícula? Las probabilidades que aparecen en las ecuaciones ¿son reales o sólo revelan que no tenemos una teoría final? Todo esto viene por lo que se conoce como la paradoja de la medida: la evolución de una partícula viene dada por la ecuación de Schrodinger, que es probabilística, pero cuando se realiza una medida se colapsa el estado y tenemos un valor determinado. Antes de la medida ¿Estaba la partícula en ese valor o no? ¿Era sólo una función probabilística? Tan liados están los científicos que Penrose enumera hasta seis posibles interpretaciones:

a) La de Copenhage
b) Muchos universos
c) Decoherencia por el entorno
d) Historias consistentes
e) Onda piloto
f) Nueva teoría con R objetiva

La wikipedia en inglés tiene un artículo entero dedicado al tema: Interpretation of quantum mechanics. Me gustaría hacer hincapié que la confusión está en la interpretación de las ecuaciones, no en las ecuaciones mismas, que funcionan -como ya he dicho- a la perfección. De ahí la frase ¡Cállate y calcula! atribuida a Richard Feynman.

Estos problemas han llevado a los físicos a pensar que tiene que existir una teoría que englobe a las dos y que aporte claridad a nuestra interpretación del mundo. Se mencionan las polémicas supercuerdas, de las que algunos físicos dicen que son física del futuro que ha aterrizado por error y otros opinan que son pura basura. A Penrose le gusta la belleza matemática que encierran, y cree que puede salir algo útil de aquí, pero no puede asegurarlo. También menciona su propia teoría de twistores, aunque tiene la honradez de decir que a pesar de llevar toda su vida trabajando en ella no está entre las más consideradas en la actualidad.

El problema de estos y otros avances es que de momento no hacen predicciones que se puedan comprobar experimentalmente y, como afirma el autor con buen tino, la elegancia matemática puede ser una pista de que estamos en el camino correcto, pero la última palabra la tiene siempre el experimento:

Creo que no hay que negar el valor de tales consideraciones estéticas[...]Creo que la necesidad de tal coherencia, en cualquier modelo físico propuesto, es indiscutible[...]Pero, a pesar de si indudable valor, la elegancia y la coherencia en las matemáticas de una teoría física están muy lejos de ser suficientes[...]sin las restricciones del experimento y la observación, tales motivaciones llevan con frecuencia mucho más allá de lo que está justificado fisicamente.

Me ha sorprendido que Penrose no sea partidario de la inflacción y de la extraña crítica de que la denominación de up, down y strange de los quarks sea bastante poco imaginativa, pero en general -y hasta donde alcanzan mis conocimientos- la presentación que hace del estado actual de la física es completa, rigurosa y equlibrada.

Ahora las críticas. ¿Es un libro de divulgación? No. Si no tienes un conocimiento previo de lo que se explica en el libro, lo más seguro es que no te enteres de nada. Yo he conseguido enterarme de lo que ya sabía y de un poquito más. Para ser un libro de divulgación le sobran páginas técnicas y le faltan aclaraciones. ¿Quién es, entonces, el lector de este libro? Estudiantes de matemáticas que quieran hacer un doctorado en física, o viceversa. Profesionales que quieran saber la opinión de Penrose de las diferentes corrientes en la física. Como dice un amigo mío Penrose convence por agotamiento; después de tantas ecuaciones a ver quien es el listo que le dice que no.

No lo recomiendo al lector de a pie. Coincido en que le sobran ecuaciones con esta crítica en Cosas mías y no entiendo muy bien la frase de esta reseña del Portal-Cifi:

El libro incluye fórmulas pero eso no ha de asustar a nadie. Roger Penrose ha intentado poner las justas y necesarias para sostener sus explicaciones. Resulta accesible a cualquiera que, aun sin tener una sólida formación científica, sienta inquietudes por las teorías que explican el funcionamiento de nuestro universo.

Yo me asusté y hasta le cogí paquete al libro: fue un alivio acabarlo. Sólo para valientes.

Escuchando: Rat a Tat Tat, America. Dick Kent.


Extracto:[-]

Todo esto parece muy razonable. Pero el problema es que el factor numérico calculado por el que hay que escalar el valor desnudo, con respecto al valor vestido, ¡resulta ser infinito! Este infinito puede ser identificado con claridad como uno de los infinitos en el cálculo electrodinámico cuántico (básicamente diagramas como el de la Fig. 26.9a y desarrollos del mismo). Se puede adoptar el punto de vista de que, de acuerdo con alguna teoría futura, las integrales divergentes deberían ser reemplazadas por algo finito, quizá porque hay un «corte» que interviene a distancias muy pequeñas, i.e., a momentos muy grandes (§21.11), y el factor de renormalización correcto debería ser algún número finito bastante grande, antes que oo. (De hecho, en términos de las «unidades naturales» a las que llegaremos más adelante —en §27.10—, la carga vestida medida del electrón es de aproximadamente 0,0854, y es tentador imaginar que el valor de la carga desnuda debería ser l,por ejemplo. Esto correspondería a un factor de escala de 11,7062, o aproximadamente \ 137, en lugar de oo.) Otro punto de vista es considerar que la carga desnuda no es más que una conveniencia conceptual, y adoptar la postura de que la noción de «carga desnuda» es realmente «carente de significado», porque es «inobservable».

Cualquiera que sea la posición filosófica que se adopte sobre esta cuestión, la renormalización es un aspecto esencial de la QFT moderna. De hecho, tal como están las cosas, no hay ninguna forma aceptada de obtener respuestas finitas sin un procedimiento semejante de «reescalamiento infinito» aplicado no necesariamente solo a la carga, o a la masa, sino también a otras magnitudes. Las teorías en las que funciona este tipo de procedimientos se denominan renormalizables.

En una QFT renormalizable es posible reunir todas las partes divergentes de los diagramas de Feynman en un número finito de «paquetes» que pueden ser «escalados» mediante la renormalización, estimando que cualesquiera expresiones divergentes remanentes se cancelarán mutuamente de acuerdo con ciertos principios generales (tales como los principios de simetría que desempeñan un papel importante en el modelo estándar). La QED es una teoría renormalizable, y así lo es el modelo estándar en conjunto. La mayoría de las QFT, por el contrario, son no renormalizables. Un punto de vista común entre los físicos de partículas es considerar la renormalizabilidad como un principio de selección para las teorías propuestas. Por consiguiente, cualquier teoría no renormalizable sería automáticamente rechazada como inade-cuada para la naturaleza. De hecho, este principio ha proporcionado una poderosa guía hacia la elección concreta de teoría que ha llegado a ser el modelo estándar de la física de partículas en el siglo xx que hemos encontrado en el capítulo 25. Así pues, desde este punto de vista, la predominancia de infinitos en las QFT no es algo «malo» en absoluto, sino que es una característica que puede volverse poderosamente en nuestro favor.28 Muy pocas teorías superan el test de la renormalizabilidad, y solo aquellas que sí lo superan tienen una oportunidad de ser consideradas aceptables para la física.

Pese a todo, no todos los físicos suscriben en rigor esta postura. Incluso el premio Nobel Gerard’t Hooft, que proporcionó el ingrediente clave para demostrar la renormalizabilidad del modelo estándar, ha expresado ciertas reservas sobre la estricta adhesión a la renormalizabilidad. (En 1971, mientras aún era un estudiante de doctorado en la Universidad de Utrech, ‘t Hooft conmocionó a la comunidad física al demostrar la renormalizabilidad de las teorías donde hay una simetría «espontáneamente rota», que se convirtió en una característica esencial de la teoría electrodébil.) En cierta ocasión me expresó su punto de vista de que la importancia de la renormalizabilidad de una teoría depende del tamaño de la constante de acoplamiento en la interacción que se considera. Mencionó concretamente la gravedad, que es extraordinariamente débil comparada con las fuerzas de la física de partículas, pese a lo cual su teoría cuántica resulta ser no renormalizable según los enfoques estándar para la cuantización de las ecuaciones de Einstein.

enero 31, 2006

Ignacio Echevarría. Trayecto.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 5:54 pm
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Editorial Debate, 2005. 329 páginas.

Trayecto
Hacer de la reseña un arte

Comencé este Cuchitril con modestia; no soy escritor ni erudito y apenas sabía como me iba a salir de ésta. 280 reseñas después todavía sigo modesto, aunque al menos veo que he sobrevivido. Con la intención de ver como lo hacen los que de verdad saben del tema he leído La guerra contra el cliché y Entre paréntesis. Cuando leí en el excelente blog El lector a la sombra sobre la existencia de este libro corrí raudo a comprarlo.

El volumen recoge más de setenta reseñas publicadas entre 1990 y 2005. La amplitud del periodo de tiempo abarcado permite que el resultado sea una radiografía de la actual narrativa contemporánea española. La colección de reseñas está precedida por un prólogo que es toda una declaración de intenciones y un modelo a seguir por cualquiera que quiera dedicarse a reseñar y está cerrada por una sección de ‘Calas’ -seis breves artículos sobre literatura.

Como dice Francisco Herrera que dice Gándara que dice de Echevarría, la reseña es un género obligado a provocar y estimular. Echevarría lo consigue dándonos, de paso, una excelente visión de conjunto sobre el estado de la literatura en nuestro país. Mucho más constructivo que los ataques de La fiera literaria e igualmente efectivo.

Cuando empecé a leerlo pensaba dosificarme las reseñas. Leer, quizás, de diez en diez, o de veinte en veinte. Pero cuando empecé ya no pude parar hasta el final del libro. Me ha alegrado coincidir en gustos, me ha descubierto autores que prometen y me ha avisado sobre algunos que es mejor dejar de lado. Y sobre todo me ha enseñado lo que es escribir una buena reseña. Gracias, lector, por la recomendación.

(Un día, un libro 295/365)
Escuchando: The sea below. Jet Lag.