Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

abril 16, 2014

Lorenzo Silva. La sustancia interior.

Filed under: Novela — Palimp @ 7:59 am
          0 votos

Destino, 1999. 420 páginas.

Lorenzo Silva, La sustancia interior
Catedral metafísica

Me lo encontré de intercambio y como Lorenzo Silva no me desagrada, me lo llevé para casa. La mención en la contraportada de la construcción de una catedral me tiró un poco para atrás, pero no tine nada que ver con pestiños como los pilares de la tierra, y sí más con Kafka o Buzzati.

Un artista llega a la catedral para encargarse de la sillería del coro. Pero no es una catedral al uso: esconde un entramado de intrigas entre los que construyen la obra, los canónigos encargados de administrar la construcción y una extraña mujer.

A veces el tema le viene un poco grande, y algunos diálogos que pretenden ser profundos suenan algo ridículos. Pero en general sale airoso y se deja leer sin aspavientos.

Calificación: Regular.


Extracto:[-]

Si no causas problemas, peor o mejor, te dejan vivir. No sé de marcas como la que dices tener. Sí he visto llorar a los hombres más insolentes, cuando se los llevaban los guardias. No me atrevo a figurarme cómo lloraron después.
—Yo no lloraré cuando me lleven. Estoy preparado. Hace días que los espero.
—¿Y después?
—No soy un héroe. Haré lo que se tercie. Excepto olvidar mi marca. Pase lo que pase, no me lo permitirá.
Aulo reflexionó en silencio. Eligió las palabras:
—Habría estado dispuesto a creer que eras libre, o que luchabas por serlo. Ahora tengo la sensación de que vives bajo dos esclavitudes. La de todos y la tuya propia. Una golpea contra la otra y tú eres el campo de batalla. No te envidio, maestro. No quedará gran cosa de ti cuando acabe la pelea.
El extranjero asintió, con indolencia.
—Nunca lo había mirado así —reconoció—. Eres un sujeto lúcido, capataz. ¿Por qué sirves a los canónigos? Es más: ¿por qué te cuidas tanto de lo que ellos descuidan?
—Tengo mujer e hijos. Nací aquí y aquí moriré. Aunque he reunido algunos motivos para odiarles, no me cuesta dilucidar lo que me conviene.
—Gracias por la franqueza. Antes siempre me parecía que me esquivabas.
-—Y te esquivo —aclaró Aulo—. No esperes que mueva un dedo en tu favor. Iré a Ennius y le contaré lo que me has dicho, sin atenuar nada.
—Te lo ruego.
—Luego, cuando vengan por ti, te entregaré a los guardias, y por lo que a mí se refiere, esta tarde no he hecho más que darte el mensaje de Ennius y recibir tu insensata respuesta. Negaré haberte dicho nada más y me creerán, así que no desperdicies el tiempo acusándome.

marzo 27, 2013

Ingo Schulze. 33 momentos de felicidad.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 7:05 am
          0 votos

Ingo Schulze, 33 momentos de felicidad
Destino, 2001. 336 páginas.
Tit. Or. 33 augenblicke des Glücks. Trad. Belén Santana.

Un libro sorpresa, diferente y original, hasta el punto de que en muchas ocasiones no me he enterado de lo que estaba leyendo. La premisa y excusa es una carpeta encontrada en un tren con 33 historias que son las que componen el libro, supuestamente unidas por tener un momento de felicidad y por situarse en San Petersburgo.

Las historias van de lo crudo a lo surrealista, a veces todo junto, en ocasiones encuadrando el contesto, otras mostrando un fragmento casi poético pero poco inteligible (para un gañán como yo). Sin título se identifican por la primera frase. Así en el relato que comienza con En Rusia, lo único que puede hacer uno es marcharse… tras las innumerables quejas del protagonista la historia acaba fuera de madre con una escena de amor fraternal y multitudinario. La historia de Irina y Anatoli, aparentemente anodina, desvela una crueldad decarnada y violenta.

En ¿Ha visto? ¡Mal asunto! se narra en un puñado de páginas un suceso de novela negra a ritmo trepidante con prosa de altura. Y en la historia de Antonina Antónovna sus hijas tienen la suerte de encontrar a un rico que se casará con ellas sacándolas de la miseria (un final feliz estremecedor).

Algunos de los cuentos son muy buenos. Se sale de lo común.

Calificación: Muy bueno.

Extracto:
Iván Topóryshkin padre encarga la comanda para todos los invitados presentes en la mesa. El camarero dice de pronto: «Pero eso no está bueno».
Los que están sentados a la mesa alzan la vista hacia él.
-¡Eso no está bueno! -repite el camarero, intercambiando una mirada con cada uno de los invitados, incluido Iván Topóryshkin padre.
Iván Topóryshkin padre señala de nuevo el plato con el número 3012 y dice: «¡Quiero esto!».
-¡Pero eso no está bueno! -dice el camarero por tercera vez, apunta el número 3012 y se dirige a la cocina.
En ese momento todos los invitados se echan a reír, incluido Iván Topóryshkin padre. Ríen tanto que sus rostros rozan las servilletas colocadas entre los cubiertos y es necesario llamar al encargado.
-¡Eso no está bueno! -resopla Iván Topóryshkin padre, y todos los rostros vuelven a rozar las servilletas que tienen delante.
-¡Qué desfachatez! -dice el encargado. Pero finalmente todo sale a la luz; se manda llamar al camarero y es despedido. Una camarera sirve la comida, incluido el número 3012.
-El tres mil doce no está bueno -dice Iván Topóryshkin padre, deja el cuchillo y el tenedor sobre la mesa y coge la servilleta. Se manda llamar al encargado y se vuelve a contratar al camarero.
Historias como ésta siempre logran infundirme ánimo.

agosto 19, 2012

Lorenzo Silva. Nadie vale más que otro.

Filed under: Cuentos — Palimp @ 9:00 am
          0 votos

Lorenzo Silva, Nadie vale más que otro
Destino, 2006. 216 páginas.

No sé dónde lo compré, y además creo que ya lo había leído, pero como relectura veraniega ha cumplido su misión. Cuatro relatos ambientados también en verano que a pesar de su rápida resolución incluyen todos los elementos de una buena historia. Llevan o siguientes títulos:

Un asunto rutinario
Un asunto familiar
Un asunto conyugal
Un asunto vecinal

Mi preferido el tercero, donde un crimen aparentemente de género se resuelve de una manera tan rápida como inesperada. La intervención de la mafia del este en el cuarto ayudando a resolver el crimen de un ecuatoriano también me ha gustado.

Se me olvidaba decir -aunque para muchos esté de más- que los protagonistas son los guardia civiles Bevilacqua y Chamorro. El primero, psicólogo, dice en un momento:

[...]hacer el comentario tópico sobre la gente que decide estudiar Psicología.

- Es así. La mitad estamos pirados al entrar. Y la otra mitad, al salir.[...]

Otro fragmento que me viene bien a estas edades:

[...]El buen Dios, que hace lobos asesinos, también ha de hacer perros policías como nosotros. El buen Dios tiende a preferir las cosas simétricas.

-¿Eres teólogo, ahora?

- No, Virginia. Me falta poco para los cuarenta. Y eso me pone místico.

Calificación: Bastante bueno.

Un día, un libro (352/365)

abril 8, 2012

Josep Pla. Girona, un llibre de records.

Filed under: Novela — Palimp @ 6:14 am
          0 votos

Josep Pla, Girona, un llibre de records
Destino, 1976. 228 páginas.

Otro libro del que recuerdo perfectamente cuando lo leía, volviendo en autobús de un curso que impartía lejos de casa.

Parece una autobiografía de los años en la escuela, aunque desconozco si hay partes inventadas. Ahora que se ha puesto de moda la metaficción y resulta que se practica desde los años 50. Estaría bien leer el siguiente libro: Josep Pla, ficció autobiogràfica i veritat literària, que seguramente aclarará las cosas.

La prosa no es tan perfecta como en El quadern gris, pero si se tiene Girona en mente es de agradable lectura, sean o no veraces las anécdotas que se cuentan.

Curioso este fragmento sobre la biblioteca:

La Biblioteca Provincial tenia una característica molt curiosa: no hi anava mai ningú a llegir. Llevat del bibliotecari que n’obria la porta, gairebé cada dia, en els cinc anys de la meva estada a l’Institut, no hi vaig veure entrar mai ànima vivent. Anys després vaig aventurar-m’hi amb la timidesa que inspiren el llocs arrecerats i solitaris i el bibliotecari em féu els honors amb un aire d’autèntica sorpresa. Em vaig trobar amb una petita, deliciosa biblioteca, obscura i severa, una mica trista i melangiosa. Encarats a migdia tenia uns finestrals, mig tapats amb unes cortines negroides, a través dels quals es veia un paisatge meravellós sobre Girona, els arbres de la Devesa, les terres del país i al fons les muntanyes blaven-ques de les Guilleries. Era a darrers de juny, feia un dia esplèndid i les glopades de llum jugaven sobre els rostolls puntejats per les garberes i gavellons, de blat i de civada, posats en files simètriques. En contrast amb el paisatge lluminós i vivent, els llibres, tocats pel color de la pols —entre groguenc i ala de mosca—, tenien un aire pansit i cadavèric.
—No ve mai ningú, ni per casualitat… —digué el bibliotecari, desolat, amb els ulls baixos.
Enlluernat per la llum dels finestrals, vaig atrevir-me a dir-li:
—Qui vol que vingui? ,;Si vostè no fos bibliotecari, se li ocorreria de venir ací alguna vegada?
—No senyor —em contestà ràpid—. No vindria mai…

Aunque lo más frecuente es encontrar descripciones como la siguiente:

Situats en aquest punt, podíem emprendre un d’aquests tres camins: pel Portal de la Barca, arribar fins a la Devesa; prendre el Portal de França, del qual no queda més que el nom, i per la carretera general arribar fins al Pont Major, seguint, a la inversa, el mateix camí de la nostra primera arribada a la ciutat, amb la tartana i la Perla; trencar a la dreta i, passant per davant de l’església de Sant Pere i la Porta de Sant Daniel, arribar a la vall del mateix nom, o pujar a l’àrid roquisser de Montjuïc.
El pont sobre l’Onyar a Sant Pere en aquella època era un passadís de fustes amarrades a unes estaques mig corcades. . D’allà estant es veia Girona de baix a dalt i el conjunt monumental es presentava agarberat i lligat al voltant de Sant Felip i de la catedral. Era una impressionant feixa de ratlles verticals, una gran piràmide de pedra mantinguda sobre el pilot de cases, desferres i ruïnes del barri baix. El paratge era poc respectable: era freqüentat per vagabunds, gitanos i captaires i per alguna ruïna humana desfeta i pintada. La gitaneria hi esquilava el bestiar i hi feia els seus tractes. Hi havia barbers que afaitaven cara al sol. S’hi arreglaven cassoles i paraigües. S’hi jugava la carta. La pobra gent rentava la roba en les aigües tèrboles. En els bassiols estancats, hi cantava el gripau i el vent somicava a les canyes brutes de fang. Els pianos de maneta hi feien saltironejar la nota popular i canalla. S’hi venia el bunyol, el cacauet i l’avellana.
Arribàvem a la Devesa a través d’aquell paratge incert en què l’Onyar es vessa en el Ter. Sota els alts plàtans del lloc hi solia haver caravanes de gitanos ambulants —sovint caravanes estrangeres que havien vingut de les quimbambes. El gitano, a camp ras, té mala pinta i sol tenir un aspecte anormal. Sota d’un pont, a l’ombra d’uns arbres, guanya. És un ésser que necessita una forma que el cobreixi i que l’enquadri. Llavors les composicions que forma tenen gràcia.
Algunes tardes anàvem a caminar cap a la carretera de Sant Gregori. Passat el pont sobre el Ter, trobàvem a l’esquerra el restaurant de la Barca, on es podia menjar una bona matelota d’anguiles locals, la granota i la carpa. De vegades, a la terrassa, sota els arbres, s’hi veia un o altre, entaulat. La carretera de San Gregori, a l’hivern, a les hores de sol, té una claredat dolça i suau. Travessa un paisatge tancat a migdia pels arbres del Ter, d’una finor gairebé tímida, trèmula, manyaga, amb una atmosfera adés pura com el cristall, adés tocada d’una vaporositat rosada.
Si anàvem al Pont Major, seguíem el suburbi de Pedret, llarg carrer de cases encaixonat entre la via del ferrocarril, la carretera i la presa del Ter. Antigament, a Pedret, s’hi anava a prendre les aigües —que eren, sembla, picants—. Per les aigües del riu pausades i mortes, hi passava de vegades una barca com una caixa de morts, amb un home que remava. Després enfilàvem la carretera de França, que en aquest punt és ombrejada de magnífics arbres. Carretera enllà, fèiem de vegades una estació a la residència dels Salesians, on assistíem a una somnolenta funció religiosa de diumenge a la tarda, que s’acabava cantant una salve mandrosa amb molts de badalls.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (221/365)

enero 11, 2012

Jorge Juan. Nada es gratis.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 6:51 am
          0 votos

Destino, 2011. 240 páginas.
Jorge Juan, Nada es gratis
La crisis

Un regalo de reyes de parte de alguien a quien quiero mucho, que quiere desasnarme económicamente y algo ha conseguido.

Jorge Juan es el pseudónimo de un conjunto de economistas que escriben en el blog del mismo nombre que el libro Nada es gratis, que acabo de descubrir y apuntarme. Vivimos en una de las peores crisis del sistema capitalista y a todos nos gustaría saber como hemos llegado aquí y como podemos salir del pozo.

En el libro se explica bastante bien las razones del desaster, además del funcionamiento de las autonomías, impuestos y demás. En ese aspecto, muy bien.

Respecto a como salir de la crisis, también dan ideas. Algunas pueden sonar algo radicales, como poner un pago por visita en atención primaria (aunque ahora que se paga por receta en Cataluña no parece tan extraño). Otras son de difícil puesta en práctica, como una reforma de la educación. Algunas me parecen buenas y otras no tanto, pero lo seguro es que como no hagamos algo, este país no tiene solución.

Calificación: Bueno.

Un día, un libro (133/365)

Extracto:
Las cajas se desmelenan

Pero esto aún no explica una explosión del crédito hipotecario. ¿Cómo es posible que hubiera financiación para algo que no era, en la mayor parte de los casos, más que castillos en el aire?
En Estados Unidos la respuesta fue la titularización de la deuda hipotecaria de peor calidad. Esto suena muy complicado, pero no era más que poner juntas docenas de hipotecas de mala calidad, dividirlas en trocitos y venderlas a terceros inversores con la idea de que «malo sería que todas las hipotecas nos fallen a la vez» (aunque claro, luego resultó que sí, que todas fallaron a la vez).
La respuesta en España fue distinta. Una vez más, Spain is different. Para entender lo que nos pasó hay que mirar a la estructura de nuestro sistema financiero.
El sistema financiero español está dividido en dos partes más o menos iguales. Por un lado, están los bancos de toda la vida, con accionistas convencionales que se reparten los beneficios que obtengan del negocio. Por el otro, tenemos un sector sin ánimo de lucro: básicamente las cajas de ahorro. Las cajas son instituciones peculiares, con fines sociales, que originalmente tenían una sólida base territorial y a las que sólo se les permitía operar en la provincia donde tenían su sede.
Estas instituciones fueron poco a poco sometidas, debido a las reglas de movimientos de capitales de la Unión Europea, a un proceso de liberalización y desregulación. Sin embargo, como tantas veces pasa en España, el proceso se paró a la mitad y las cajas nunca estuvieron sujetas a la disciplina del mercado. Muchas cajas jugaron el papel de un adolescente que aún no ha madurado, pero al que sus padres dan libertad porque «ya es mayorcito» y «él verá lo que hace».
Primero, a partir de 1988, se permitió a las cajas operar en toda su región, aunque con excepciones. Luego, con la entrada en vigor de la segunda directiva de la Unión Europea sobre banca, el 31 de diciembre de 1992, estas restricciones desaparecieron. Desde ese momento, las cajas eran libres de operar a lo largo y ancho de todo el país, con excepciones sólo si no alcanzaban la solvencia que requería la legislación.
El resultado de estos cambios normativos fue un gran aumento de la competencia y una diversificación geográfica intensa de las cajas. Uno se encontraba con una sucursal de Caja Madrid en la mitad del Ampurdán y con una de Caja Sur en el Bierzo. Mientras que en 1991 había veinticinco provincias en las que una sola caja poseía una cuota de mercado del 75 por ciento, en 1995 eran sólo diecisiete provincias, diez en 1999 y ninguna en 2007. Del mismo modo, las sucursales de las cajas se multiplicaron como hongos hasta llegar a la inaudita cifra de casi 25.000 sucursales a comienzos de 2008, una por cada 1.800 habitantes. Fruto de esta expansión, las cajas de ahorro ganaron cuota de mercado frente a los bancos, del 40 por ciento en 1991, al 47 por ciento en 1999 y al 54,5 por ciento en 2007.

Página siguiente »