Cuchitril Literario

Enero 23, 2008

Nueva Dimensión 46.

Archivado en: Ci-Fi — Palimp @ 3:29 pm
* * * *   4 votos

Editorial Dronte, 1973. 130 páginas.

Nueva Dimension 46
La corriente del tiempo

Este número es una traducción de ADVENTURES IN TIME AND SPACE, 1954 de Raymond J. Healy Y J. Francis McComas y como su nombre indica trata sobre todo de viajes en el tiempo. La propia Nueva dimensión haría una compilación parecida e incluiría uno de los cuentos que aquí aparecen. Aquí tienen la lista (enlace en dreamers):

Alfred E. van Vogt. Negra Amenaza (Black Destroyer, 1939)

Una expedición llega a un planeta en ruinas habitado sólo por un extraño ser parecido a un gato. Desde el punto de vista del extraterrestre, hambriento de potasio, la expedición aparece como una oportunidad única de sobrevivir.

Lewis Padgett. Armario Temporal (Time Locker, 1943)

Padgett es el pseudónimo de Kutnerr y Moore, que entre otras escribieron las aventuras de un extraño inventor que cuando estaba borracho era un genio pero cuando estaba sobrio era incapaz de saber que es lo que había inventado. En este caso el artefacto es un extraño armario en el que al meter cosas se empequeñecen y distorsionan.

Maurico A. Hugi (Eric Frank Russell). Ratones Mecánicos (Mechanical Mice, 1941)

El inventor de una eficaz batería ha inventado otra máquina de la que desconoce su función, pero que parece generar unos ratones mecánicos bastante sospechosos.

P. Schuyler Miller. Nunca Existieron (As Never Was, 1944)

Si se pudiera viajar en el tiempo sería una revolución para la arqueología. Pero el origen de algunos de los objetos encontrados puede estar envuelto en un misterio imposible de desentrañar.

Ross Rocklynne. Silencio (Quietus, 1940)

A una tierra devastada llega una expedición extraterrestre que encontrará a los últimos supervivientes de nuestra especie. Pero los intentos de ponerse en contacto con ellos puede que no resulten como esperaban.

Robert Moore Williams. El Regreso del Robot (Robots Return, 1938)

Otro futuro post apocalíptico y otra vista, en este caso de una expedición de robots que buscan los restos de su civilización original.

Quedaron fuera de la compilación original los relatos Requiem de Heinlein y Farewell to the master de Bates. No hay páginas verdes y el editorial se excusa de los ataques de que publican mucha SF antigua.

Es una compilación de hace más de cincuenta años -mucho en este género- pero ha aguantado con bastante dignidad. El mejor, sin duda, es Armario temporal que apareció en la Biblioteca básica de ciencia ficción, número 3 (enlace en dreamers).

Escuchando: Four Women. Dee Dee Bridgewater.


Extracto:[-]

Galloway tocaba de oído, lo que podría haber estado bien si hubiera sido músico… pero era un científico. Un científico borracho y errático, pero bueno/ Había deseado ser un técnico experimentador, y hubiera resultado excelente en esa tarea, pues, a veces, tenía un destello de genio. Desafortunadamente, no había tenido dinero para una tal educación especializada, y ahora Galloway, que profesionalmente era supervisor de máquinas inte-gradoras, mantenía su laboratorio simplemente como hobby. Era el laboratorio de aspecto más extraño en seis estados. Galloway había pasado diez meses construyendo lo que él llamaba un órgano de licor, que ocupaba la mayor parte del espacio disponible. Podía reclinarse en un sillón confortablemente tapizado y, manipulando botones, verter bebidas en maravillosa cantidad, calidad y variedad hacia su encallecida garganta. Dado que había fabricado el órgano de licor durante un largo período de borrachera, no lograba recordar los principios básicos de su construcción. En cierta manera, esto era una verdadera pena.

Había un poco de todo en el laboratorio y, en mayor parte, eran cosas incongruentes. Los reostatos estaban ataviados con pequeñas falditas, como bailarinas de ballet, y tenían caras sonrientes hechas con arcilla. Un generador llevaba el nombre de «Monstruo», y otro, mucho más pequeño, ostentaba el de «Burbujas». Dentro de una retorta se veía un conejo de porcelana, y sólo Galloway sabía cómo había logrado meterlo allí. Justo junto a la puerta había un monstruoso perro de hierro, originalmente pensado para los jardines Victorianos, o quizá para el infierno, y sus orejas, ahuecadas, servían como soportes para tubos de ensayo.

—Pero, ¿cómo lo haces? —preguntó Vanning.

Galloway, con su enjuta figura reclinada bajo el órgano de licor, lanzó un martini doble hacia el interior de su boca.

—¿Eh?

—Ya me has oído. Podría conseguirte un excelente trabajo si usases ese loco cerebro tuyo. O, al menos, aprendieses a hacer ver que lo utilizabas.

—Lo intenté —murmuró Galloway—. No sirve. No puedo trabajar cuando me concentro, excepto en cosas mecánicas. Creo que es mi subconsciente el que debe de tener un alto C.I.

Noviembre 19, 2007

Nueva Dimensión 32.

Archivado en: Ci-Fi — Palimp @ 8:27 am
* * * *   3 votos

Editorial Dronte, 1972. 152 páginas.

Nueva Dimension 32
Sinfonías transdimensionales

Otro ejemplar de esta mítica colección que conseguí en la última feria del libro antiguo y de ocasión. Contiene los siguientes relatos:

Artillero Novato. Kenneth Bulmer

El Muro de Eryk. H. P. Lovecraft y Kenneth Sterling

Y Entonces Hubo Paz. Gordon R. Dickson.

¿Hombre o Rata? Edward Wellen.

El Plenipotenciario. Gérard Klein.

La Larga Noche. Ray Russell.

Afuera del Mundo. Félix y Daniel Obes Fleurquin.

Un Hombre de Hierro. Dal Stivens.

Un Puñado de Almendras. Sergio Schaaf.

Supervivientes. Arthur Dekker Savage.

Empleo Preferido. Dave Dryfoos.

Matar la Violencia. Jorge Enrique Oviedo.

¡ Viva el Rey !. Edward Ludwig.

La Sinfonía Desencantada. James G. Huneker.

El Bistec. Janine Louvet.

La mayoría relatos cortos, muchos de un par de páginas y bastante flojos. Se salvan Supervivientes y ¿Hombre o Rata?. Al ser breves buscan la idea sorprendente y después de más de treinta años ya no sorprenden lo mismo.

De los largos destacar el clásico La Sinfonía Desencantada sobre un compositor que ha creado una sinfonía con la capacidad de tranportar a la cuarta dimensión y El Muro de Eryk, sobre un asfixiante laberinto invisible en la superficie de Venus. Por contra Artillero Novato es apenas una narración bélica trasplantada al futuro.

Escuchando: Edith And The Kingpin. Elvis Costello.


Extracto:[-]

Pobloff comenzó a silbar el segundo tema de su sinfonía. Era un hombre bajo y gordo con una cabeza alta sobre la que se erguía un cabello parecido a las púas de un erizo; cuando sonreía, sus pequeños ojos lunares se cerraban por completo, y se abría su gran boca: una trampa repleta de blancos dados de hueso pulimentado; cuando reía, sonaba como una tuba roncando… La Naturaleza había estado dudando si darle el perfil de un Napoleón o de un polichinela. Era moreno, absolutamente inofensivo y nativo de Rusia, aunque llevaba mucho tiempo residiendo en Balak.

La mujer de Pobloff le sacaba el polvo a su viejo piano.

—En el nombre de Dios, Luga, deja en paz mi manuscrito —le conjuró.

Ella le replicó, aunque él siguió silbando:

—¿Otra música original? —dijo irónicamente inquisitiva, mientras danzaba alrededor de la blanca estufa de porcelana; desparramaba montones de partituras que cubrían el apartamento como hierbas silvestres crecidas en un callejón desierto; apartaba estuches de violín que resonaban; tumbaba una pajarera vacía y finalmente abría de par en par las contraventanas metálicas, dejando paso a una inundación de luz solar… era primeros de mayo, pero en Balak, con su clima del Sureste de Europa, el tiempo era tan cálido como en un día de julio en París.

—¡Hurra! —aulló repentinamente Pobloff—. ¡Ya lo tengo, ya lo tengo!

Luga lo miró acerbamente.

—Supongo que esta vez es seguro que le prenderás fuego al mundo, amigo; y, entonces, Ricardito Strauss vendrá a pedirte consejos. ¿Cómo vas a llamar a este nuevo poema sinfónico, Pobloff? ¡Por favor, dale mi nombre! —Le gritó, en el pasillo, a una criada que holgazaneaba, y se alejó, dejando a Pobloff alegre y nada afectado.

—¡Uf! —exclamó, cuando el sarcasmo de ella penetró finalmente a su conscien-cia— ¡Lo llamaré «La Cuarta Dimensión»… así lo llamaré! ¡Luga! ¿Dónde está ese gato perezoso? Luga, tráeme algo de té, estoy sediento.

Y de nuevo silbó el segundo tema de su nueva sinfonía.

Pobloff amaba las matemáticas aún más que la música… y adoraba la música. Le agradaba compararlas entre sí, y a menudo citaba a Leibnitz: «La música es un ejercicio oculto de la mente que inconscientemente lleva a cabo cálculos aritméticos». Para él, aseguraba a sus amigos, la música era una especie de matemáticas sensoriales. Antes de abandonar San Petersburgo para establecerse en Ba-lak como su Kapellmeister, había estudiado en la Universidad con el famoso Lo-batchewsky y había aprendido de él no pocas de las radicales teorías que hablaban de la problemática cuarta dimensión. Había leido con ávido interés los experimentos de J. K. F. Zollner que habían hecho caer al infortunado físico de Leipzig en una melancolía incurable. ¡Ah, qué locos aquéllos! El movimiento perpetuo, la cuadratura del círculo, la cuarta dimensión espacial… ¡todo eran variaciones del antiguo misterio alquímico, la vana búsqueda de la piedra filosofal, la transmutación de los metales sin valor, el Abracadabra cabalístico, la búsqueda de lo absoluto! Y, no obstante, hombres sinceros, del todo cuerdos y con conocimientos científicos habían considerado seriamente esa hipótesis matemática. Pobloff había leído a Cayley, y «Flatland» de Abbot, al tiempo que le habían fascinado inconmensurablemente las ingeniosas especulaciones de W. K. Clifford y del norteamericano Simón Newcomb. Le importaban poco, siendo músico e idealista, las más burdas demostraciones de fenómenos hipernorma-les, aunque durante un tiempo había dudado ante los misteriosos caminos de la posesión demoníaca, las adivinaciones subliminales y los extraños ruidos que emanan de las almas caídas en estupor hipnótico. El testimonio de un hombre como el Profesor Crookes, que había sido testigo de experiencias de levitación humana, le hacía estremecerse; pero al fin había vuelto a sus pasiones primitivas: la música y las matemáticas.

Zollner había probado, a su entender, la existencia de una cuarta dimensión al volver del revés una pelota de goma virgen sin romperla; pero Pobloff estaba más absorto en lograr la demostración de que el Tiempo podía ser mostrado en dos dimensiones. A menudo citaba a Hugh Craig, que comparaba al Tiempo con un río siempre fluyendo, pero que permanecía: si uno salía de su curso en un momento determinado, y volvía a entrar en él una hora después, ¿no significaría eso que el Tiempo tenía dos dimensiones? Y la música… ¿cuál era el lugar de la Música en el” esquema eterno de las cosas? ¿Acaso la armonía con su estructura vertical y el fluir horizontal de la melodía no eran pruebas en sí mismas de que la misma música no era más que otra dimensión en el Tiempo?

Setiembre 3, 2007

Varios Autores. Nueva Dimensión 17.

Archivado en: Ci-Fi — Palimp @ 8:04 am
* * *     2 votos

Editorial Dronte, 1970. 168 páginas.

Nueva Dimension 17
Editoriales alarmistas

Otra vez con nuestra querida colección Nueva Dimensión, otra vez de los primeros números (tuve suerte en la librería de segunda mano porque estos números están buscadísimos), cuyo contenido es el siguiente (obtenido de dreamers):

Al Borde del Desastre, Peter Hawkins

Un cuento sobre unas misteriosas canicas que se recogen en la superficie de Venus y que sirven como combustible. Flojilla.

…En la Línea de Puntos, Lloyd Biggle, Jr

En un mundo en que la publicidad ha desaparecido porque se convence por medios hipnóticos aparece un vendedor del siglo XX que encontrará su oportunidad cuando se prohíba la hipnosis. Entretenido y divertido.

Nadie Tomará Tu Lugar, Anthony Jacobson

La mujer del protagonista inventa unos robots perfectos y le deja una copia de si misma antes de emprender un viaje interestelar que sufre un accidente. Se deja leer.

El Bosque, Sánchez Ávila

Surrealista historia que sucede en un bosque, con ilustraciones del autor. Normalilla.

Proyectil Dirigido, Philip E. High

En una guerra inesperada hasta las naves mercantes tienen que convertirse en naves de guerra. Pero hay que tener cuidado con los imprevistos. Entretenida.

Mucha Noche, Víctor Mora

Tierna historia ambientada en un futuro postapocalíptico.

La Batalla, Robert Sheckley

En el día del juicio final, contra las huestes de Satanás hay que oponer lo mejor en armamento ¿o no? Historia con sorpresa.

La Noche de la Derrota, Massimo Pandolfi

La invasión de una ciudad por un indestructible ejército de insectos. Flja.

El Cruce, Sandro Sandrelli

En el espacio tiempo hay que vigilar porque carril se conduce. Divertida.

El Dólar de John Jones, Harry Stephen Keeler

¿Qué pasaría si alguien coloca un Dólar a interés compuesto durante 40 generaciones? Los protagonistas del relato están a punto de descubrirlo. Divertido, de lo mejor del volumen.

Como ven el conjunto es bastante flojo; hasta la mítica Nueva Dimensión tenía sus horas bajas. A destacar la crónica de la Heicon’70, con puntos de vista bastante diferentes. Otro punto a destacar: los editoriales catastrofistas de la época, en el número 16 sobre la superpoblación y en éste sobre la dependencia de la electricidad. Que publicaran tantos relatos en ambientes post apocalípticos tampoco es casualidad.

Escuchando: A Mellow Sweet Sixteen. Rave-Ons.


Extracto:[-]
El General Fetterer ladró —¡Descansen!— mientras entraba apresuradamente en la sala de mando. Obedientemente, sus tres generales se pusieron en posición de descanso.

—No tenemos mucho tiempo —dijo Fetterer, mirando su reloj—. Repasaremos el plan de la batalla otra vez.

Caminó hasta al pared y desenrolló un gigantesco mapa del desierto.

—De acuerdó con nuestra mejor información teológica, Satán va a disponer sus fuerzas en estas coordenadas —indicó un punto con un índice regordete—. En la primera línea estarán los diablos, demonios, súcubos, íncubos y demás soldados. Bael mandará el flanco derecho, Buer el izquierdo. Su Satánica Majestad dirigirá el grueso de la tropa.

—Bastante medieval —murmuró el General Dell.

Entró el ayuda de campo del General Fetterer, con el rostro brillante y alegre por la idea de la Venida.

—Señor —dijo—, el sacerdote está otra vez afuera.

—Póngase firme, soldado —dijo inflexible Fetterer—. Aún hay una batalla que luchar y ganar.

—Sí, señor —contestó el ayuda, y se puso rígido, mientras algo de la alegría se borraba de su rostro.

—El sacerdote, ¿eh? —el General Fetterer se frotó las manos pensativamente. Desde la Venida, desde que se había conocido la inminente Batalla Final, todos los elementos religiosos del mundo se habían convertido en insoportables. Habían
dejado de pelearse entre ellos, lo que era loable, pero ahora estaban tratando de dirigir los asuntos militares.

—Mándele irse —dijo Fetterer—. Ya sabe que estamos planeando el Armaged-don.

—Sí, señor —dijo el ayuda. Saludó meticulosamente, dio media vuelta y salió al paso.

—Sigamos —continuó el General Fetterer—. Tras la primera línea de defensa de Satanás estarán los pecadores revividos, y varias fuerzas elementales del mal. Los ángeles caídos actuarán como bombarderos. Los cazas interceptores de Dell se enfrentarán a ellos.

El General Dell sonrió hoscamente.

—Al establecer contacto, el cuerpo autómata de tanques de MacFee se dirigirá hacia el centro de la línea —prosiguió Fetterer—, apoyado por la infantería robot del General Ongin. Dell dirigirá el bombardeo con armas H de la retaguardia, que supongo será una masa compacta. Yo cargaré con la caballería mecanizada aquí y aquí.

Julio 10, 2007

Varios Autores. Nueva Dimensión 16.

Archivado en: Ci-Fi — Palimp @ 10:03 am
          0 votos

Editorial Dronte, 1970. 168 páginas.

Nueva Dimension 16
Contra la censura

Seguimos con las reseñas de la colección Nueva Dimensión, esta vez de los primeros números, cuyo contenido es el siguiente (obtenido de dreamers):

Un Novicio para Su Grandeza, Ángel Torres Quesada

En un futuro postapocalíptico un señor feudal intenta volver a poner en marcha la civilización con ayuda de un novicio. Entretenido, como todo lo de Torres Quesada, pero poco más.

El Mejor Recuerdo, Richard Wilson

Un padre y un hijo sobreviven en órbita tras una guerra nuclear. Cada noche escuchan el único programa de radio que se emite. Aunque no está mal, no acaba de gustarme, y eso que se ha reproducido en muchas antologías.

¿Quien Habla de Conquista?, Christopher Anvil

Unos extraterrestres intentan desestabilizar la tierra con unos aparatos de televisión muy especiales, ya que con ellos se puede espiar a los vecinos. Sencillo pero bastante gracioso.

…Alas, en la Noche, Nathalie Charles-Henneberg

En un castillo digno del conde Drácula parece haber unas cuantas obras de arte famosas provenientes del expolio de la segunda guerra mundial. A ratos el interés decae, pero está bien escrito y es original.

Cuento de la Máquina Calculadora Que Luchó con un Dragón, Stanislaw Lem

Para librarse de un dragón que asola un reino consultan con una maquina calculadora muy especial. Para tratarse de Lem, bastante flojo.

Todos los Caminos del Universo, R.C. Demarco

Uno de los viajeros de un tren-gusano despierta durante el viaje -algo imposible- y contempla una extraña visión. Onírico y algo envejecido.

Un Camino Hacia el País del Sol, Carlos María Federici

Parece que todo tiempo pasado fue mejor, y, si te concentras mucho, puede ser posible volver atrás. Muy lírico, me ha gustado mucho.

La Puerta Cerrada, Dimitri Bilenkin

Un accidente en marte de consecuencias fatales puede llevar a un gran descubrimiento. Lo habran puesto de relleno, porque es muy malo.

El Gran Juez, Alfred E. van Vogt

Un inventor es juzgado y condenado a muerte por el gran juez, pero parece tener un as en la manga. De lo más flojo del libro.

La Marca de la Bestia, Rudyard Kipling

Es muy peligroso burlarse de los dioses locales, siempre tienen alguna maldición a mano con la que castigarte… Lo mejor del volumen. Stephen King tiene un libro llamado Maleficio con una estructura muy parecida; me gusta pensar que uno puede enfrentarse incluso a los dioses.

Aparecen también unas tiras cómicas de un Moebius que todavía no había llegado a la línea clara.

Como nota destacable comentar que el número 14 de la revista fue retirado del mercado por incluir un cuento que a la censura no le gustó demasiado, y publicaron el siguiente aviso:

Secuestro

El cuento en cuestión era Gu ta gutarrak de la argentina Magdalena Mouján Otaño y se decía que atentaba contra la unidad de España ¿Les suena? El cuento es una delicia, de lo mejor de la ciencia ficción hispanoamericana, y pueden leerlo íntegro aquí: Gu ta gutarrak. Creo que les gustará aunque no les guste la ciencia ficción.

Escuchando: Coge el Tren. Mermelada.


Extracto:[-]

—¿Conoce usted Bielobejié? —preguntó el jefe.

—Como todo el mundo —le respondí—. El bosque de los antiguos confines entre Polonia y Rusia. Un parque estatal. Pildusky cazó uros en él, Goering también.

—No le pregunto sobre esto. ¿No era polaca su madre? ¿Conoce el castillo de Norwid?

—En el siglo diez y nueve Ciprien Norwid escribió cómo Promethidion, y…

—No hablo del contemporáneo de Mickiewizc, sino de una vieja mansión en pleno bosque. Lea esto, y lo comprenderá.

Me tendió un documento oficial. El jefe (representábamos en Varsovia al Servicio de Daños de Guerra y Recuperaciones) se expresa principalmente mediante gruñidos. Es comprensible: los bienes franceses son difíciles de recuperar a lo largo de la cortina de hierro… dos ejércitos han pasado por allí. Todo ha sido más o menos roto, incendiado, destruido. Por ello, aún era más sorprendente la carta adjunta al documento de la embajada.

Un tal Adam Krasek, pariente y heredero de los condes de Norwid, confesaba que el último de aquellos nobles señores había sido lo que se llama un criminal de guerra. Había formado parte de la Wehrmacht durante la ocupación de Francia, luego en Italia. Coleccionista, su botín había sido considerable. De Francia, Krasek mencionaba unos Renoir, Cézanne, un Matisse, y algunas telas del siglo dieciocho. Krasek se ponía a disposición de las Comisiones Aliadas para restituir estas obras maestras.

—Un bello gesto, ¿no? —preguntó el patrón.

—Me pregunto en qué consiste el interés del señor Adam…

—¿No cree usted en los gestos nobles y bellos, en el desinterés?

—No se me paga para que crea en tonterías.

—¡Juventud pervertida! —Me pregunto a menudo qué es lo que sabe y lo que ignora el patrón de mí. Por otra parte, no hay nada en mi pasado que le importe: soy un excelente maniquí administrativo y una secretaria pasable—. Se me ha sugerido —añadió—, al margen de esta correspondencia, que Krasek no tiene derecho a ninguna posibilidad de recuperar estos bienes, puestos bajo secuestro por el Estado. Nosotros podríamos reclamar La Mujer de Azul y El Jardín Bajo la Lluvia. Y, en este caso, el heredero del pirata no vería con malos ojos una gratificación…

—Astuto. Pero, ¿en qué me concierne a mí todo eso?

El patrón me contempló como si esperase enviarme dentro de una maleta sanguinolenta con destino a Berlín. Luego dijo:

—Siempre me asombra que una chica inteligente, y usted lo es, desagradable pero inteligente, pueda no comprender que dos más dos hacen cuatro. Usted habla polaco y, según me han dicho, ha estado en Bellas Artes. Además, es usted el único miembro de mi misión disponible en este momento. Por consiguiente, irá al castillo de Norwid a hacer el inventario de los bienes restituibles. La acompañará un experto italiano, y Krasek les recibirá al llegar.

Claro está que podía haber replicado que aquel fin del verano me parecía agotador, el bosque de Bielobejié siniestro, y que el viaje no me decía nada. Pero se me paga por hacer este trabajo, y además tengo una debilidad por La Mujer de Azul.

Y, por otra parte, ¿qué hacer en una Varsovia a la que se le han arrancado sus encantos, cuando, a los veintisiete años, alta, con el rostro en forma de corazón y trenzas de color ceniza, no se espera nada de la vida, cuando todo ha sido ensuciado, estropeado y además se ha abandonado, tras una pelea salvaje, a alguien en París que tiene derecho a despreciaros? Me fui a hacer las maletas.

Setiembre 30, 2005

La mejor ciencia ficción de los años 60.

Archivado en: Ci-Fi — Palimp @ 3:35 pm
*         1 votos

Ed. Dronte Argentina, 1978. 348 pag.

Mejor Ciencia Ficcion 60

Reconozco ser un vicioso de las recopilaciones. Siempre he comprado revistas de música, de esas que regalan un CD con canciones de catorce grupos distintos. También con los libros. Las colecciones de relatos de autores diferentes me parecen una excelente oportunidad de descubrir gente interesante.

En esta ocasión es la extinta y mítica editorial Dronte. Extinta para desgracia de todos los amantes de la ciencia ficción, aunque naciera con vocación para ello y de ahí el nombre, una especie de pájaro similar al Dodo y que corrió la misma suerte. Mítica porque ahi quedan, además de sus colecciones, los 148 números de la revista Nueva Dimensión la más longeva y en mi opinión la de más calidad de las revistas de ciencia ficción en español.

El libro contiene los siguientes relatos:

- Hombres de buena voluntad, de Ben Bova y Myron R. Lewis
- Cuando soplan los vientos cambiantes, de Fritz Leiber
- Villaverde, de Tom Purdom
- Alga marina, de Edward Jesby
- Para cada acción…, de C. C. MacApp
- El clímax en el mundo subterráneo, de Colin Free
- Ahora es siempre, de Thomas M. Disch
- El último hombre solitario, de John Brunner
- Picos para entregar, de Christopher Anvil
- Los competidores, de Jack B. Lawson
- Reunión de estrellas, de Robert Lory
- Lo no recordado, de Edward Mackin
- Vampiros, S.L., de Josef Nesvadba
- ¿Qué le sucedió al sargento Masuro?, de Harry Muslish
- Cuatro especies de imposible, de Norman Kagan
- ¡Oh, ser un Blobel!, de Philip K. Dick
- Un nicho en el tiempo, de William F. Temple

Que extraigo de la caché de google de la también extinta y mítica Cyberdark (no, si esto se va a convertir en un memorial). La calidad de los relatos es bastante desigual, destacando ‘Hombres de buena voluntad’, ‘Ahora es siempre’, ‘El último hombre solitario’, ‘¡Oh, ser un Blobel!’ y ‘Un nicho en el tiempo’. Entretenidos son ‘Para cada acción…’, ‘Reunión de estrellas’ y ‘Vampiros, S.L.’ que recuerdo haber leído en alguna otra antología. Poca new age pese a ser de los sesenta y un volumen discreto para lo que podía haber hecho el buen gusto de Sebastian Martínez, Domingo Santos y Luis Vigil.

(Un día, un libro 172/365)
Escuchando: Escuela de calor. Radio Futura.