Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

Marzo 8, 2010

Ferran Canal. Nos queda la parábola.

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Ediciones B, 1998. 320 páginas.

Ferran Canal, Nos queda la parábola
Activismo ecológico

Cuando he leído un libro y no recuerdo nada, malo. Mucho no me puede haber gustado. Así que emprendí la relectura de Nos queda la parábola con un poco de escepticismo, a pesar de los habituales halagos del prologuista.

Un misterioso meteorito ha impactado en un monte cercano a Barcelona. Lo recoge Guifré Faust, activista ecológico que se verá iluminado por un mensaje: el meteorito -una esfera perfecta de inusitada densidad- es en realidad un agujero negro enviado por seres extraterrestres. Si no cambiamos nuestra política, destruirán la tierra. Haciéndose pasar por su hermano gemelo, astrofísico, difundirá su visión en un congreso, iniciando un proceso de imprevisibles consecuencias.

A medida que iba leyendo mi prevención se esfumaba; no estaba nada mal, y dejando de lado algunos errores de novelista primerizo -párrafos en ocasiones farragosos- la narración era ágil y las aventuras, absorventes. Pero lo que quizá fue el fallo que lo sepultó en el olvido es que la trama no concluye en nada; los cabos de la historia quedan abiertos. Si bien no es este un argumento para condenar a un libro, si que lo ha sido para no recordarlo.

A destacar las críticas a la sociedad en la que vivimos y la condena de la violencia como medio para solucionarlas, aunque en ocasiones sea también un defecto. No he encontrado más obras del autor, así que aunque el libro parece preparado para una segunda parte, publicada no está.


Extracto:[-]

La respuesta es sencilla: por algún medio que esta vez reconozco no saber, el agujero negro está neutralizado, pero hay quien puede activarlo en cualquier momento si así lo desea. Esto precisamente es lo que deben recordar nuestros gobiernos, y más que nadie aquellos que gobiernan a nuestros gobiernos.

Mentalmente sopesé cómo su afirmación, aunque absurda, podría explicar el fracaso momentáneo de los científicos en sus análisis del meteorito, pues un ente de tal naturaleza no permitiría que cualquier radiación incidente sobre él se le escapase, razón de más para no mencionarle el tema. En todo caso yo ya tenía tomada mi decisión sobre lo que iba a hacer, siempre conforme a los planes preestablecidos. Adelantándose a mi réplica, el señor De Cepeda creyó oportuno exponer su opinión sobre lo que acababa de oír.

—Está usted divagando, señor mío. No sabemos, de manera fehaciente, si los agujeros negros conservan la masa que absorben, o si la proyectan (como algunos dicen), a otros puntos del espacio-tiempo. Tampoco entiendo que si, según pretende, hay un plan para eliminar a nuestra incómoda especie de la escena interplanetaria, el método previsto comporte la aniquilación de cualquier clase de vida existente en nuestro planeta, y a la Tierra misma, de paso. En resumen, cuanto acaba de decir me parece demencial.

Guifré Faust no pareció acusar el efecto de aquellas palabras y se lo sacudió con nuevas vaguedades.

—Me consta que no será así, la Tierra, o su equivalente, seguirá existiendo en alguna parte, con toda su riqueza biológica, salvo nosotros.

Setiembre 28, 2009

John Varley. Playa de Acero.

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Ediciones B, 2005. 720 páginas.
Tit. Or. Steel Beach. Trad. Carlos Gardini.

John Varley, Playa de Acero
Futuro caótico

Siempre he recordado con cariño aquella persistencia de la visión de Varley, pero por los últimos libros que voy leyendo me estoy dando cuenta de que existen dos varleys y el último no me gusta.

Unos invasores omnipotentes han obligado a la humanidad a abanonar la tierra y refugiarse en la luna y el resto de planetas del sistema solar. En la luna el periodista hildy trabaja para el padloide más popular, El pezón de la noticia, y se verá arrastrado a un experimento muy particular que está llevando a cabo OC, el ordenador central, una especie de Gran Hermano bueno que controla los sistemas de seguridad de la tierra y vigila sin descanso el bienestar de los humanos. El problema, que el índice de suicidios se está disparando.

Irregular y aburrida. Sólo se anima un poco en las últimas páginas, pero para entonces ya estás deseando que acabe. No juega en su favor que tenga 700 páginas. La narración en primera persona se hace cansina, y las explicaciones de la protagonista se hacen excesivas. Este error, tan común en los novatos escritores de ciencia ficción es de difícil comprensión en un veterano.

Yo no la recomiendo, pero en La tercera fundación todos los comentarios son positivos. A mi me alegró terminarla y de momento voy a aparcar al autor hasta que no vea algo muy recomendado.

Descárgalo gratis:

Varley, John – Playa de acero.pdf

(Necesitarás el programa Emule)


Extracto:[-]

Et tu, Hildy? Periodista, entrevístate a ti misma. ¿Por qué crees que te pusiste a construir una maldita cabana en la pradera solitaria? ¿No era por esa sensación de asfixia, de continuas limitaciones sobre los sueños que tuviste en tu infancia? ¿Cómo te atreves a compadecer a este hombre, a este empresario frustrado? Si él terminó en este pueblo fronterizo de juguete porque ansiaba liberarse de las restricciones de una economía manejada por máquinas, ¿por qué crees que tú viniste aquí? Ninguno de ambos pensó en ello, pero ambos vinimos.
Lo cierto era que yo amaba el periodismo, pero me faltaban noticias. Tendría que haber nacido en la época de Upton Sinclair, William Randolph Hearst, Woods-tein, Linda Jaffe, Boris Yermankov. Habría sido un gran corresponsal de guerra, pero en mi mundo no había guerras. Podría haber revelado grandes escándalos, pero el único lodo que Luna me permitía escarbar era la blanda melaza de la farándula. ¿Notas políticas? ¿Para qué molestarse? La política perdió ímpetu cuando la televisión se hizo cargo de casi todas las funciones de gobierno… ¡y nadie lo notó! Eso habría servido para una buena noticia, pero a nadie le importaba un bledo. El OC administraba el mundo mejor que los humanos, así que no tenía caso hacer alharaca. Lo que aún llamábamos política era una travesura infantil en comparación con ese mundo enérgico y rudo sobre el cual había leído en mi adolescencia. ¿Qué me quedaba? El periodismo amarillo más amarillo, una mera fantochada.

[...]

Sufren considerables lesiones en los tejidos, pero sobreviven. Los bebés han sobrevivido períodos aún más largos. Se pueden rea-lizar tareas útiles (como enfundarse en un traje de emergencia) durante un minuto. Las exposiciones de cinco a diez segundos perforan los tímpanos y duelen como el demonio, pero no causan otros daños. La aeroembolia es fácil de tratar.
¿Entonces a qué vienen tantas alusiones a un «milagro»? En poco tiempo determiné que no había visto un prodigio sobrenatural, sino técnico. Y, con franqueza, sentí alivio. Los dioses son personajes caprichosos, y yo no me desvivía por demostrar su existencia. ¿Qué tal si veía la zarza ardiente y resultaba ser que el Poder que se ocultaba en ella era un niño psicópata, como el Dios cristiano? Es Dios, ¿verdad? Lo ha demostrado y hay que obedecerle. ¿Y si nos pide que sacrifiquemos a nuestro hijo en una altar consagrado a su ego descomunal, o que construyamos un gran barco en el jardín, o que le vendamos nuestra esposa al caudillo local, lo extorsionemos y le contagiemos la gonorrea? (¿No me creéis? Génesis 12:10-20. Se aprenden cosas interesantísimas en la iglesia.)
El hecho de que el milagro fuera obra humana no lo rebajaba en absoluto. Me entusiasmaba aún más. En alguna parte de ese enorme basurero alguien estaba haciendo cosas que nadie más sabía hacer. Y si no figuraba en la biblioteca, era posible que el OC no supiera nada sobre ello. O que lo supiera y lo ocultara. ¿Por qué?

Setiembre 24, 2008

Cordwainer Smith. En busca de tres mundos.

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Ediciones B, 2007. 329 páginas.
Tit. Or. Queest of three worlds. Trad. Carlos Gardini.

Cordwainer Smith, En Busca deTres Mundos
Aventuras de Casher O’Neill

Dentro de la publicación de las obras completas de Cordwainer Smith por parte de Nova el cuarto y último volumen es básicamente la novela En busca de tres mundos, ya reseñada en este Cuchitril (si quieren leerla sólo tienen que seguir el enlace). Lo he comprado por tener completa la colección y porque se incluyen una serie de relatos que no encajaban dentro del mundo de la instrumentalidad. Son lo siguientes:

La guerra número 81-Q

En el futuro las guerras se realizan en un espacio alquilado y por medio de aeronaves de control remoto.

La ciencia occidental es tan maravillosa

En un cerro de china hay un marciano condenado a ser la 1.387.229a encarnación subalterna oriental de un Lohan, y está deseando estudiar ingeniería y afiliarse al partido comunista.

Nancy

Las presiones de la soledad del espacio son tan fuertes que para evitar caer en la locura a los astronautas les implantan un chip con un curioso virus. Si no resisten pueden activarlo y conocer a Nancy.

La flauta de Bodidharma

Un orfebre fabricó una flauta que sonaba en unas frecuencias especiales capaces de trastornar a quien las escuchan. Esa flauta la tuvo Bodidharma (Buda).

Angerhelm

Los rusos han captado una curiosa transmisión que les está volviendo locos. Todo el entramado de espionaje y contraespionaje se movilizará para saber que significa y que mensaje transmite.

Los buenos amigos

Un viajero espacial está enfermo ¿Cuándo podrá ver a sus compañeros de viaje? ¿Se encuentran bien?

Los mejores La ciencia occidental es tan maravillosa -extracto al final- y Angerhelm, con la descripción de los movimientos diplomáticos entre las dos superpotencias. Del último relato debió sacar el padre de Julio Iglesias su peculiar muletilla:

Raro raro raro. Es raro raro raro pensar sin cerebro. Pensar sin cerebro es como un truco pero no es un truco. Hablar cuesta aún más, pero se puede hacer.

La novela no está mal y el genio de Cordwainer Smith brillaba mejor en los relatos, así que el libro, en conjunto, está bastante bien. Están a cinco euros en bolsillo, así que por veinte euros pueden hacerse con toda la obra completa. También pueden descargarlo en los siguientes enlaces:

Smith, Cordwainer – Los Señores de la Instrumentalidad I – Piensa azul, cuenta hasta dos.pdf

Smith, Cordwainer – Los Señores de la Instrumentalidad II – La Dama muerta de Clown Town.pdf

Smith, Cordwainer – Los Señores de la Instrumentalidad III – Norstrilia.pdf

Smith, Cordwainer – Los Señores de la Instrumentalidad IV – En busca de tres mundos.pdf

(Te hará falta el programa EMule)

Escuchando: Romanza de Duquesa. Francisco Asenjo Barbieri.


Extracto:[-]
Kungsun había tomado una decisión. Era comunista, pero también era chino: un chino aristócrata y un hombre versado en las tradiciones de su país. Kungsun usó una forma cortésmente arcaica del dialecto cortesano de Pequín cuando dijo, en tono mucho más amable:

—Honorable y estimado demonio, es inútil que intentes afiliarte al Partido Comunista. Admito que es muy patriótico de tu parte, como demonio chino, tratar de unirte al grupo progresista que lidera al pueblo chino en su incesante lucha contra los perversos imperialistas norteamericanos. Aunque me convencieras a mí, creo que no lograrías persuadir a las autoridades del Partido. Lo único que puedes hacer en el nuevo mundo comunista de la Nueva China es convertirte en un refugiado contrarrevolucionario y emigrar a territorio capitalista.

El marciano pareció huraño y afligido. Los miró con expresión taciturna mientras sorbía el vino. A sus espaldas, Li roncaba durmiendo contra una rueda del camión.

—Entiendo, joven, que comienzas a creer en mí —dijo persuasivamente el marciano—. Ni siquiera tienes que admitir mi existencia. Sólo creer un poquito en mí. Me alegra ver que tú, secretario Kungsun, estás dispuesto a mostrarte educado. No soy un demonio chino, pues en un principio era un marciano a quien eligieron para formar parte de la Asamblea Inferior de la Concordia, pero que por culpa de un comentario inoportuno debe continuar viviendo como la 1.387.229a encarnación subalterna oriental de un Lohan durante trescientas mil primaveras y otoños antes de regresar. Supongo que andaré por aquí mucho tiempo. Por otra parte, me gustaría estudiar ingeniería, y creo que sería mucho mejor ser miembro del Partido Comunista que ir a un lugar extraño.

Farrer tuvo una inspiración.

—Tengo una idea —le dijo al marciano—. Pero antes de que la cuente, ¿podrías hacer desaparecer estos malditos camiones y llevarte la zakowka? Se me hace agua la boca pero, lamento decirlo, no puedo aceptar tu hospitalidad.

El marciano agitó la mano para complacerlo. Los camiones y las mesas desaparecieron. Li, que estaba apoyado en un camión, se desplomó en la hierba. Masculló algo en sueños y siguió roncando. El marciano se volvió hacia sus huéspedes.

Farrer retomó el hilo de sus pensamientos: —Dejando de lado la cuestión de si existes o no, te aseguro que conozco el Partido Comunista Ruso y que mi colega, el camarada Kungsun, conoce el Partido Comunista Chino. Los partidos comunistas son algo maravilloso. Conducen a las masas en su lucha contra los malvados norteamericanos. ¿Comprendes que si no continuáramos la lucha revolucionaria, todos tendríamos que beber Coca-Cola cada día?

—¿Qué es Coca-Cola? —preguntó el demonio.

—No sé —respondió Farrer. —Entonces, ¿por qué tienes miedo de bebería? —Eso carece de importancia. He oído decir que los capitalistas obligan a todo el mundo a bebería. El Partido Comunista no puede perder el tiempo formando secretariados sobrenaturales. Si tuviéramos un secretario demoníaco, echaríamos a perder nuestras campañas antirreligiosas. Te aseguro que el Partido Comunista Ruso no lo tolerará, y nuestro amigo te asegurará que no hay lugar para ti en el Partido Comunista Chino. Queremos que seas feliz. Pareces ser un demonio muy amistoso. ¿Por qué no te vas? Los capitalistas te recibirán bien. Son muy reaccionarios y muy religiosos. Incluso podrías encontrar gente que creyera en ti.

Setiembre 1, 2008

Varios. Premio UPC 2003.

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Ediciones B, 2004. 462 páginas.

Premios UPC 2003
Muestrario Ciberpunk

Ya sé que a pesar de lo que dice Miquel Barceló los premios UPC no son lo más de lo más. Pero viendo el material que está ganando Hugos y Nebula casi son preferibles. En la selección de estos premios hay de todo, como en botica.

Jordi Font Agustí. Traficantes de Leyendas.

Una compañía ha conseguido introducir falsos recuerdos en la mente humana, a lo desafío total y lo utilizan para introducir falsas leyendas acerca del origen de personas de origen humilde que han llegado lejos y que quieren un pasado acorde a su situación. A pesar de ser el ganador es la peor novela de todo el volumen. Escaso interés y no muy bien escrita.

Yoss. Polvo rojo

La humanidad apenas pinta nada en el orden estelar. Comercian algo a través de una estación creada por los extraterrestres. Pero ha escapado un delincuente con unos extraños poderes PSI y un no menos estrambótico robot tendrá que conseguir detenerlo. Entretenida; la mezcla novela negra + ciencia ficción suele funcionar muy bien.

Vladimir Hernández. Sueños de interfaz

En un ambiente ciberpunk de primera categoría el protagonista, un antiguo soldado, salva a unas extrañas muchachas cuyos implantes cerebrales parecen ser el resultado de experimentos de vanguardia. Para salvarlas y sacar un beneficio intentarán vender la tecnología. Muy bien escrita; tecnología creíble, decorados minuciosos. El único defecto es que la trama argumental es algo simple, pero el resto aguanta muy bien la historia.

José Antonio Bermúdez Santos. Factoría cinco

Estamos en un futuro post-apocalíptico. La humanidad sobrevive en el subsuelo; por el exterior sólo se atreven a circular los tanquistas; hobres y mujeres duras que se atreven a plantar cara a los peligros de la superficie. Hay una misión peligrosa que sólo puede llevar a cabo El Tanquista, pero la misión esconde más de lo que parece. No está mal, aunque no mata.

Daniel Mares. Carne.

Rosencratz y Guildenstern son los dos astronautas a cargo de la estación espacial de Jupíter, aunque llevan años peleados por un motivo absurdo. Tendrán que dejar de lado su enemistad cuando llega una nave que dice proceder de Saturno y que no trae buenas noticias. Tenía ganas de volver a leer algo de Daniel Mares, y no me ha defraudado. Una historia que quizá hubiera necesitado de un poco más de espacio y algún pulido, pero que es la mejor del libro.

No es la primera vez que me gustan más los finalistas que el ganador, pero en esta ocasión la que más me ha gustado no entraba ni entre las tres primeras. Se nota que mi gusto no sintoniza con los del jurado.

A destacar la introducción de Orson Scott Card sobre el tema de la literatura accesible, con el que tampoco estaba de acuerdo y que me ha parecido bastante malo.

Escuchando: La Noche Es. Tahúres Zurdos.


Extracto:[-]

En Júpiter viven dos hombres.

Cuarenta y tres años llevan aquí, tiempo suficiente para odiarse. La convivencia ha discurrido por el peor de los caminos, al extremo de desencadenar una confrontación sin cuartel. La guerra civil en Júpiter va a cumplir ya su vigésimo cuarto aniversario. No ha habido bajas, por fortuna; el primer caído en tropas tan reducidas supondría el fin de la contienda, al tiempo que la mengua de la población joviana a la mitad. Hubo una batalla, la primera, pero fue tan cruenta y despiadada que los adversarios, ambos lisiados, decidieron mantener las hostilidades de un modo menos directo; así la guerra fría comenzó en el planeta rey.
Hoy tendrán visita. Después de cuarenta y tres años.

Rosencrantz es el bando perdedor. Como no es un conflicto sangriento, sólo se puede juzgar el curso de las operaciones por los lugares donde los guerreros se ven forzados a restringir sus pasos, por no toparse con el rival. Guildenstern conserva el habitat, el puente, los laboratorios; las zonas niás confortables de Elsinore, mientras que a Rosencrantz le restan las secciones de mantenimiento y los almacenes; debilidad de carácter seguramente. Rosencrantz se niega a reconocer la derrota, y se ufana de su existencia espartana, orgullos que ocultan la rabia por no ser capaz de enfrentarse abiertamente a su adversario. Tanta distancia procura abrir entre ambos, tanta soledad busca, que si pudiera poner al gigante gaseoso entre ellos, lo haría. No siendo capaz de tal proeza se limita a cruzar el largo cable de cincuenta kilómetros hasta Iliria, apenas un esqueleto en construcción. El estallido de las hostilidades terminó con las obras de Iliria. Rosencrantz controla el acceso al cable, y en un risible brote de rabia, amenazó a Guildenstern con matarle si aparecía por ahí. Quedó él solo a cargo de la construcción, que no prosiguió, en fútil protesta por las ofensas recibidas. Con el tiempo, aburrido de tanta guerra, pasa las horas rumiando su odio maquinando fastidiosos planes, cortando la iluminación en esta zona o el soporte vital de aquella otra; guerra sucia.

Cuando llega la llamada, Rosencrantz está sentado frente a un monitor, el único acceso a Porcia que tiene en su sección, contemplandc el casus beli que les llevó a la situación actual: una imagen profanada por ruido blanco, tanto que en ella sólo se vislumbra una silueta femenina, apoyada con languidez en una barandilla, junto a un lago o estanque.

¦ Deseas que complete la imagen?

—No. ¿Podemos acaso devolver el brillo a la flor agostada por el invierno sólo con la promesa de otra primavera? ¿La juventud a la ancianidad maquillando su rostro ajado? ¿Enjugar las lágrimas de la madre por el hijo perdido con fa esperanza de la concepción de otro? No, Porcia. Tales dones están reservados a la divinidad, y los fatuos intentos del artista tratando de remedar la obra del creador sólo sirven para mostrarnos los límites de nuestra condición. ¿Cómo va la cometa?

¦ Tiempo de vuelo: 20′ 34″
¦ Hidrogeno recogido 45%
¦ Otros gases 15% —

Temperatura ?

¦ 143K

—Imaginas lo hermoso que debe ser volar como ella, arriba, entre nubes tan tenues que sólo sus alas de libélula pueden sustentarla. ¿Por qué las más bellas tareas son siempre llevadas a cabo por criaturas sin conciencia ni entendimiento para apreciarlas? Así los pinceles no paladean el color en el que se bañan, ni la aguja de la costurera diferencia si teje burdo lino o hilo de oro para un príncipe. Tráela a casa, Porcia, dejemos que concluya trabajo tan poco disfrutado. Ya tenemos suficiente y hoy hace frío.

Julio 21, 2008

Connie Willis. Remake.

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Ediciones B, 1997. 286 páginas.
Tit. Or. Remake. Uncharted Territory. Trad. Rafael Marín Trechera.

Connie Willis, Remake
Cortejo alienígena

No es la primera vez que aparece Connie Willis en estas páginas y ya he declarado mi rendida admiración por ella. Este volumen alberga dos novelas cortas, un género muy habitual en la ciencia ficción:

Territorio inexplorado

Findriddy y Carson son dos exploradores en un planeta reseco. Su mayor preocupación no son los peligros que puedan acechar en su superficie, sino en evitar que su guía les multe por perturbar el modo de vida local. Evelyn Parker, un socioexozoólogo se une a ellos desde una rendida admiración.

Remake

En el futuro, los actores sobran. Gracias a la tecnología digital pueden conseguirse las más famosas caras del pasado y hacerlas actuar sin ninguna queja. ¿Tiene sentido que una joven aspirante a actriz esté obsesionada con llegar a ser bailarina?

Probablemente sean las dos novelas más flojas que leído de esta autora. Aún así, son mejores que muchas de otros autores. Willis siempre sigue un esquema fijo, hay un McGuffin que mueve la historia. En la primera novela son los ritos de cortejo y la identidad sexual. En el segundo los guiones de las películas de Hollywood.

Pero si en Territorio inexplorado el argumento resulta creíble, en Remake uno no acaba de creerse del todo esa especie de televisión de ida y vuelta a prueba de copias sobre la que se basa toda la novela. Quizá por eso, y pese a haber sido finalista de los Hugos, me ha gustado menos que la primera. Quizá sea tenga menos pretensiones, pero es fresca y, como todo lo de Willis, está muy bien escrita.

Para leer sólo cuando ya sean fans de la escritora.

Escuchando: El Monstruo. Los Shains.


Extracto:[-]

—Sí—dijo Ev—. ¿Hice algo mal?

—¿Mal? —estalló Carson—. ¿Mal?

—No te acalores —dije—. Bult no puede multar a Ev hasta que sea miembro de la expedición.

—Pero no comprendo —balbuceó Ev—. ¿Qué he hecho mal? Si sólo conduje el rover…

—Levantar polvo, dejar huellas de neumáticos, emitir humo…

—Los vehículos con ruedas no están permitidos fuera de las instalaciones del gobierno —le expliqué a Ev, que nos miraba asombrado.

—Entonces, ¿cómo van por ahí? —preguntó.

—No vamos —dijo Carson, mirando al poni de Bult, que parecía a punto de desplomarse otra vez—. Explícaselo, Fin.

Yo sentía demasiado cansancio para explicar nada, menos aún sobre la idea del Gran Hermano de cómo explorar un planeta.

—Cuéntale tú lo de las multas mientras yo resuelvo esto con Bult —dije, y me dirigí a la zona vallada atravesando el compuesto.

Para mí no hay nada peor que trabajar para un gobierno con complejo de culpabilidad. Lo único que hacíamos en Booh-te era explorar el planeta, pero el Gran Hermano no quería que nadie los acusara de «implacable expansión imperialista» y de arrasar a los indígitos como hicieron cuando colonizaron América.

Así que crearon todas esas reglas para «preservar los ecosistemas planetarios» (lo que implicaba que no se nos permitía construir presas o matar la fauna local), y «proteger a las culturas indígenas de la contaminación tecnológica» (lo que significaba que no podíamos darles agua de fuego ni armas), e implantaron multas por romper las normas.

Y ahí fue donde cometieron el primer error, porque pagaban las multas a los indígitos, y Bult y su tribu sabían reconocer una ventaja en cuanto la veían, y antes de que te dieras cuenta te multaban por dejar pisadas, y Bult compraba contaminación tecnológica a diestro y siniestro con lo que recaudaba.

Supuse que estaría en la zona de la puerta, hundido hasta la segunda articulación en objetos de consumo, y no me equivoqué. Cuando abrí la puerta, estaba abriendo una caja de paraguas.

—Bult, no puedes cargarnos las multas cometidas por el rover —dije.

Él sacó un paraguas y lo examinó. Era de esos plegables. Sostuvo el paraguas ante él y pulsó un botón. Se encendieron luces por todo el reborde.

—Destrucción de superficie terrestre —dijo.

Le tendí su cuaderno.

—Ya conoces las reglas. «La expedición no es responsable de las violaciones cometidas por cualquier persona que no sea miembro oficial de ella.»

Él seguía enfrascado con los botones. Las luces se apagaron.

—Bult miembro —dijo, y el paraguas se abrió y se cerró, a un pelo de mi estómago.

—¡Cuidado! —Salté hacia atrás—. Tú no puedes cometer infracciones, Bult.

Bult soltó el paraguas y abrió una gran caja de dados, cosa que haría feliz a Carson. Su ocupación favorita, aparte de echarme la culpa de todo, es el juego.

—¡Los indígitos no pueden cometer infracciones! —exclamé.

—Tono y modales inadecuados —dijo él.

También sentía demasiado cansancio para esto, y seguía teniendo que hacer el informe y el paradero. Lo dejé desempaquetando una caja de cortinas de baño y me marché.

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