Reseñas nada sesudas de los libros que caen en mis manos

Cuchitril Literario

noviembre 12, 2011

Lou Marinoff. Más Platon y menos Prozac.

Filed under: Ensayo — Palimp @ 6:34 am
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Ediciones B, 2001. 514 páginas.
Tit. Or. Plato no Prozac! Trad. Borja Folch.
Lou Marinoff, Más Platon y menos Prozac
Una terapia más

No sabía qué iba a encontrar en este libro, porque si bien comulgo con la idea que puede deducirse del título, que una buena educación y la sabiduría de los que nos precedieron pueden ayudarnos a encarar las dificultades de la vida mejor que los medicamentos, no sabía por dónde iba a tirar el autor.

A las pocas páginas ya lo tenía claro, y con una opinión bastante negativa. Aunque coincido en que mucha gente encuentra que algo falta en sus vidas (cito una cita):

Cada vez se agolpan más pacientes en nuestras clínicas y consultorios quejándose de vacío interior, de la sensación de una absoluta y definitiva falta de sentido en sus vidas. Podemos definir el vacío existencial como la frustración de lo que cabe considerar la fuerza motivadora más elemental del hombre, a la que podríamos llamar [...] la voluntad de significar.

El autor empieza criticando todas las terapias excepto la suya (psiquiatría, psicoanálisis, psicología…), de una manera en ocasiones acertada, como cuando llama religión al psicoanálisis:

Finalmente, la ciencia y la filosofía siguieron caminos divergentes, y la medicina occidental (tras siglos de estar en manos de charlatanes, barberos, frenólogos y vendedores de aceite de serpiente) se alió con la ciencia. La psiquiatría evolucionó como una rama de la medicina primigenia en el siglo XViii y se estableció como tal durante el xx, a partir de Freud. La medicina sigue siendo un equilibrio entre ciencia y arte: escáneres TAC y mucho tacto con los enfermos, quimioterapia y técnicas de visualización, electrocardiogramas y segundas opiniones. El psiocanálisis freudiano y todas sus versiones desarrolladas por discípulos disidentes (Jung, Adler, Reich, Burrow y Horney, entre otros) se han convertido más que nada en una religión cismática. Los psicoanalistas seguidores de Freud y Jung están tan enfrentados y se profesan tanta hostilidad como los judíos ultraortodoxos y los reconstruccionistas, los cristianos católicos y los protestantes, o los musulmanes sunitas y los chiítas. No es preciso haberse doctorado en medicina para ser psicoanalista; basta con adherirse (a toda costa) a una doctrina en concreto.

Pero bastante desencaminada en el resto; reducir a los psiquiatras a gente que tira de manual para encajar a cada paciente en un trastorno y medicar en consecuencia es cargar demasiado las tintas. Además dedica bastante tiempo a vendernos la moto, o sea, su terapia, el asesoramiento filosófico.

¿Qué es esto? Pues parecido a cualquier otra terapia, pero basada en el conocimiento filosófico. Lo que no está mal, en los autores clásicos y modernos encontramos muchos consejos útiles para orientar nuestra vida, y puestos a hablar con alguien, mejor que sepa dar consejos.

Pero tengo mis dudas acerca de su eficacia. Por ejemplo, critica la catársis del psicoanálisis, algo que yo siempre he pensado. Si un trauma viene por algún recuerdo enterrado, desenterrarlo no nos tiene por qué curar inmediatamente -ni, a lo mejor, nunca. De la misma manera escuchar un buen consejo puede no tener ningún efecto en nosotros. Sin embargo relata múltiples casos y en todos los pacientes, tras escuchar el consejo del autor, automáticamente rehacen sus vidas conforme a sus sabias palabras.

Que no digo yo que a veces somos capaces de hacer ese salto mental que nos aclara lo que eran brumas, pero lo más normal es lo contrario. Si uno está sufriendo por algo, la muerte de un ser querido, por ejemplo, ya le pueden decir las más sesudas teorías sobre el tiempo, que seguirá sufriendo igual.

Pero además en algunos de los ejemplos el autor no queda nada bien. Ante una mujer que quería tener hijos pero su marido no estaba todavía preparado le aconseja consultar el Yijing -que yo siempre he llamado I Ching. Allí encuentran una serie de consejos sobre el papel de la esposa -bastante machistas, por cierto- y ella entiende que debe esforzarse en ser una buena esposa y así su marido se dará cuenta de que será una buena madre y cambiará su actitud. Un cliente que no sabía si dejar a su madre en el hospital o llevársela a casa es conminado a hacer una tabla de decisión, al igual que en la teoría de juegos, poniendo en cada casillero lo que pasaría en el mejor de los casos o en el peor de sus dos opciones. En primer lugar ese tipo de tablas se hacen cuando hay dos oponentes, porque se supone que los dos jugarán racionalmente y se pretende buscar el punto de equilibrio -si lo hay. No funciona si el oponente es el azar. Pero aunque así fuera y como honestamente se recoge en el libro la tabla no le sirvió de nada al cliente, aunque parece que se fue más tranquilo.

Al ser un libro de segunda mano estaba lleno de subrayados y marcas. La única anotación se encontraba tras este párrafo:

No se salta de ninguna parte a otra. Siempre se está en algún lugar. A pesar de que no quiera estar donde se encuentra ahora o no sepa dónde está, de todos modos estará en algún punto de su camino. Churchill pensaba que había dejado escapar la oportunidad de realizarse en su vocación, sin comprender que estaba todavía en el camino correcto, aunque aún no hubiera llegado a su destino. Si usted, al igual que Churchill (disfrute de esto ahora, pues no cada día tendrá ocasión de decir: «¡Oh, sí, soy como Winston Churchill!»), piensa que está perdido, quizás es porque todavía no ve la pauta que debe seguir. Quizá se dirige sin saberlo hacia algo (o ya está implicado en algo) que es importante para usted.

Tras el cual estaba escrito:

eso espero!

Lo que me proporcionó un momento de ternura. No todo es malo en este libro, hay algún fragmento aprovechable, como la anécdota de que cuando estaba en un atasco y pasaba al lado de un cementerio pensaba en la suerte que tenía de estar en el atasco, porque eso significaba que estaba vivo. O el párrafo que dejo como extracto.

Pero en general es bastante decepcionante, y la mejor prueba es que no parece que el asesoramiento filosófico haya desplazado al resto de terapias, ni siquiera en Estados Unidos.

Calificación: Regular (mezcla de algunos trozos buenos con muchos muy malos).

Un día, un libro (73/365)

Extracto:
El existencialismo fomenta también la autenticidad, la responsabilidad personal y el libre albe-drío. Así pues, la buena noticia es que tiene la oportunidad de elegir el modo de abordar el vacío creado al declarar muerto a Dios. Muchas personas examinan el existencialismo de un modo superficial, concluyen que la vida no tiene sentido y se preguntan por qué, si es así, han de molestarse por hacer nada. He aquí mi argumento favorito para evitar ese derrumbe en la depresión existen-cial: si la vida, tai como la conocemos, es en realidad un accidente de lo más inverosímil, cuánta más razón para apreciarla. Si venimos de la nada y ‘ vamos hacia la nada, yo propongo que pasemos el tiempo que nos queda celebrando la existencia misma de la vida. El tiempo que pasamos aquí posee un valor incalculable (de hecho, deberíamos decir que es un tiempo insustituible). Viva, pues, con autenticidad. El único problema es que tiene que descubrir lo que significa para usted vivir auténticamente, pero sin duda implicará, al menos, un compromiso (no una huida) con la vida misma. En lugar de desesperarse, utilice su libre albedrío para optar por una apreciación renovada de cada momento de su vida.

febrero 16, 2011

Alfonso Mateo-Sagasta. Ladrones de tinta.

Filed under: Novela — Palimp @ 6:55 am
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Ediciones B, 2006. 574 páginas.

Alfonso Mateo-Sagasta, Ladrones de tinta
Detective quijotesco

Si un libro tiene en la portada la etiqueta bestseller me da aprensión. El que esté libre de prejuicios que tire la primera piedra. Pero como el argumento gira alrededor del Quijote y estaba de saldo me animé a comprarlo.

Isidoro de Montemayor no tiene ni mal corazón ni mal oficio, y cuando su jefe, Francisco Robles, le encarga que averigüe quien le está haciendo la competencia al publicar una segunda parte falsa del Quijote se frota las manos. Con el dinero extra podrá hacer avanzar el procedimiento para obtener su carta de hidalguía. Lo que no imaginaba era que su periplo iba a ser largo, y aparecerían en él una gran cantidad de escritores famosos e incluso el amor…

Juzgándolo como bestseller, está muy bien. Entretenido, con ritmo, te atrapa en el argumento. La época está muy bien elegida y aparecen Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Tirso de Molina y, por supuesto, Cervantes. La oportunidad del protagonista de estar en el origen de todas las salsas, al estilo de Forrest Gump, y ser la inspiración para anécdotas de Quevedo, el pseudónimo de Tirso, o el argumento de Fuenteovejuna es totalmente increíble, pero como tal es gracioso y funciona muy bien.

La documentación del autor ha debido ser abundante, y así retrata la época con gran cantidad de detalles. Época sucia, injusta, y pobre. Se ponen en clave de ficción todas las teorías que se tienen actualmente sobre la identidad de Avellaneda, aunque como buen autor de ficción se inclina por una solución novelesca que no descubriré aquí.

El autor acaba de ganar hace poco el premio CajaGranada de novela histórica. Para pasar un rato agradable.


Extracto:[-]

Desde ese momento su pueblo de acogida tendría una deuda permanente con ellos y estaría obligado a pagarles una pensión anual. Sacedillo es un lugar pequeño, así que a su padre, además, no le costaría mucho comprar tierras, hacerse nombrar regidor, alcaide, familiar de la Inquisición y todos esos cargos que dice usted que ostentaba.

—Quiere decir que…

—Que compró la hidalguía —afirmó fríamente don César—. O lo intentó, al menos, porque algo le salió mal. Por algún motivo no pudo falsificar el libro parroquial como había hecho con el padrón municipal.

—Pero el que falte alguna inscripción puede deberse a un error —dije intentando pensar fríamente.

—En efecto. Por eso busqué las fechas de nacimiento y defunción de las cuatro generaciones anteriores de Monte-mayor de acuerdo a los datos que usted me había facilitado, y nada. No hay ni un solo Montemayor en el libro parroquial de Sacedillo. Muy raro, ¿no le parece? Sólo constan las muertes de sus padres. Eso no podía ser casualidad. Me planteé dos opciones. O había una confabulación para impedir que el último Montemayor disfrutara de los beneficios de su linaje, o todo era una pura invención de su padre, si me permite decirlo tan crudamente. Para descartar la primera revise cuidadosamente los libros, comprobé que no había páginas arrancadas, tachaduras ni intrusiones, y una vez confirmado este último extremo no me quedó más remedio que aceptar la realidad.

—Que no soy hidalgo —dije sintiendo cómo todo mi mundo se tambaleaba.

—¡No, hombre! —exclamó don César risueño—. Que el serlo le va a salir un poco más caro de lo previsto. —¿Qué quiere decir?

—Yo soy de los que creen que la verdadera nobleza reside en los actos más que en la sangre. O al menos se reparte por igual. Y usted, don Isidoro, ha vivido como hidalgo toda su vida. Sería una pena estropearlo ahora. Claro que habrá que acabar el trabajo iniciado por su padre.

—¿Es posible?

—Amigo mío, le seré franco: ¿cómo decía el poeta? Sí. Sólo dos linajes hay, el tener y el no tener.

Se detuvo en el «no tener» y me dedicó una mirada socarrona.

—Desde luego que es posible, y creo haber descubierto su escollo. Al parecer, el sacristán anterior tenía vocación de cartujo y carácter de perro braco, pero por suerte para nuestra causa murió de peste.

—Igual que mi padre.

—Igual que media España. Pero el sacristán actual es un hombre encantador que mantiene barragana y cuatro hijos, y se le ve proclive a llegar a acuerdos razonables.

Hizo una pausa para darme tiempo a entender su propuesta.

—Tampoco pide demasiado, un par de doblones por asiento. Entre nacimientos y muertes, contando que podemos decir que alguna de las mujeres nació en otro sitio, unos trece o catorce asientos, menos los dos de la muerte de sus padres, que esos sí constan, los he visto, pues por unos veinte o veinticinco doblones quedaría todo arreglado.


Del patio se alzó de pronto un rugido que salvó mi desconcierto, las tripas de un dragón quejándose de hambre. Que-vedo se asomó a la ventana. Yo le seguí atraído por el escándalo. Se oían voces, insultos, risas. Un penetrante olor a podrido se extendió por la habitación. Alguien había vertido un aceite pestífero en las lamparillas de la escena y el teatro entero olía a cloaca. Quevedo prorrumpió en una carcajada abierta. Me acerqué un poco más. En el escenario, un jorobado vestido de negro (que supuse que sería el autor) insultaba impotente a los reventadores que se agolpaban a las puertas sujetándose las tripas de risa. Quevedo cerró la ventana, pero del mal olor ya no había quien se librara.

noviembre 15, 2010

Nancy Kress. Una luz extraña.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 5:39 pm
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Ediciones B, 2007. 524 páginas.
Tit. Or. An alien light. Trad. Salo Sadi.

nancy Kress, Una luz extraña
Investigando la humanidad

A Miquel Barceló no le tomo en cuenta sus prólogos entusiastas porque sé que más que a un comercial que quiere venderte la moto estoy leyendo a un editor convencido de la calidad de su producto. Pero si afirma que

es una novela con sugerentes ideas y especulaciones servida en un envoltorio estilístico y lingüístico de lujo

uno se espera algo más de lo que me he encontrado. El propio Barceló reconoce que algo se ha perdido en la traducción -de un autor desconocido del que no hay referencias en Google y cuyos derechos la editorial no ha podido pagar-, y aunque espera que no sea mucho una de dos: o realmente hay diferencia o bien el original no era tan fantástico. Porque el resultado es bastante mediocre.

Hay una guerra interplanetaria entre la humanidad y los geds. Como estos no entienden muy bien a los humanos han localizado una colonia que ha perdido el contacto con el resto de planetas y que viven en un mundo preindustrial. Encerrándolos en un entorno artificial intentarán descubrir los secretos del comportamiento humano.

La idea central es un tópico desde los tiempos de Campbell; los seres humanos tienen algo especial que los diferencia del resto de razas del espacio:

Nunca había existido una especie que practicara la violencia intraespecie y que sobreviviera para alcanzar la tecnología de propulsión estelar.

Hasta los humanos.

Ellos habían ocasionado el caos, llenando el espacio con una tecnología que no deberían tener y una territorialidad tan fuerte como la de los geds. Una especie joven y temeraria que prefería estrellas amarillas y antiestéticas, respiraba oxígeno y cambiaba tan rápidamente que resultaba impredecible en la batalla, luchando tanto entre ellos como contra la Flota. Esto era lo que más sorprendía a los geds… luchaban entre sí con la tecnología de propulsión estelar. No deberían existir; deberían destruirse asimismo en sus mundos nativos, y que los supervivientes terminaran reducidos a un estado de barbarie.

A veces lo hacían. Pero no con demasiada frecuencia, y eso no había forma alguna de comprenderlo. No era genéticamente posible. Empero existía, y los humanos existían, y las naves humanas, y las geds, existían… tumbas brillantes, congeladas, radiactivas, flotando en el vacío. Tumbas que no podían solucionar nada.

Este tópico ya un tanto gastado e inverosimil no me hubiera molestado demasiado si el desarrollo posterior hubiera tenido cierto vuelo. Pero las peripecias de los humanos peleándose y reconciliándose mientras descubren la ciencia no son especialmente atractivas e interesantes. Personalmente no me ha provocado ni frío ni calor, y me han sobrado la mitad de páginas.


Extracto:[-]

—Eso no importa —dijo ella alegremente—. Funciona.

—¿Dónde conseguiste todas estas cosas?

—Las compré. Hice intercambio. Las cogí de la Sala de Enseñanza. Cuando las había usado, intercambiaba más. Grax no me decía la proporción correcta de ácido y agua. Por eso me preguntó: «¿Cómo pudiste descubrirlo?» Yo quería decirle: «Por magia y seducción, y continuando bajo ambas lunas», pero él no habría comprendido la broma. Encontré la proporción, y ahí está la fea, ridicula y maravillosa cosa. ¡Y funciona!

Sacó la mano del aparato, hizo un rápido saludo que los artesanos del vidrio usaban en el taller para señalar una buena hornada —un chasquido del pulgar medio burlón, medio triunfante—, y puso de nuevo la mano sobre el aparato, con los ojos brillantes. Kelovar no dijo nada.

—No hay nada en esta cosa que no pueda ser creada en Delysia, excepto el alambre ged, y un herrero hábil sabría cómo hacerlo. Es una mezcla de minerales, dijo Grax, e incluso si un herrero o armero no pudieran descubrir la mezcla, podrían crear una diferente que produciría igual cantidad de calor sin quemarse. Se pueden probar diferentes mezclas de minerales. Me pregunto por qué ningún maestro soplador de vidrio hace nunca esto. Nosotros continuamos usando los mismos materiales y cambiando sólo los diseños. Nunca pensamos en estos experimentos geds… simplemente nunca pensamos en ello. Quizá si yo fundiera algo… Hay un herrero en el salón próximo, lo dijo Ordun. Puedo preguntarle.

Dio un salto. Kelovar, que aún estaba arrodillado junto al aparato, le abrazó con fuerza una pierna, y ella bajó la mirada con sorpresa.

—Tú no vas a ninguna parte. Este juego infantil puede esperar.

junio 25, 2010

Jasper Fforde. El pozo de las tramas perdidas.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 4:03 pm
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Ediciones B, 2008. 420 páginas.
Tit. Or. The well of lost plot. Trad. Pedro Jorge Romero.

Jasper Fforde, El pozo de las tramas perdidas
La gran biblioteca

La tercera parte de la saga y la última de momento publicada en España. Hay otras dos pendientes -esperemos que de momento (Actualización: Ya ha salido el cuarto). Thursday Next se esconde en la Gran Biblioteca, en la que cada letra del abecedario tiene un piso. Allí, en el pozo de las tramas perdidas se oculta en una mala novela. Pero con los consejos de la protagonista la calidad del libro puede cambiar.

Me ha parecido el más flojo de los tres, aunque sigue manteniendo el interés en este extraño mundo que gira alrededor de la trastienda de los libros. Espero impaciente las otras dos entregas. Mientras pueden leer las siguientes reseñas: El pozo de las tramas perdidas, BEM on line.

Una saga que gustará, en palabras del autor, a todos los que les gusten los libros.

Descárgalo gratis:

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

—Bien—suspiré, intentando captar la idea—. Siempre había pensado que las novelas simplemente… bien, se escribían.

—Escribir no es más que la palabra que empleamos para describir el proceso de grabación —respondió Snell mientras seguíamos caminando—. En el Pozo de las Tramas Perdidas conectamos la imaginación del escritor con los personajes y tramas de forma que tengan sentido en la mente del lector. Después de todo, puede argumentarse que leer es un proceso mucho más creativo e imaginativo que escribir; merece tanto respeto el lector que recrea una emoción, o los colores del cielo durante la puesta de sol, o el olor de la brisa cálida de verano en la cara, como el escritor… quizá más.

Era una idea original; la sopesé.

—¿En serio? —respondí, algo dubitativa.

—¡Claro que sí! —Snell rio—. «La espuma batiendo los guijarros» no significa nada a menos que imagines las olas cayendo sobre la zona de mareas o sientas las olas estremecer la playa bajo tus pies, ¿no?

—Supongo que no.

—Los libros —dijo Snell— son una forma de magia.

Lo pensé un momento y eché una ojeada a la caótica fábrica de ficción. Mi marido era o es novelista. Siempre había querido saber qué le pasaba por la cabeza y aquello, suponía, era lo más cerca que iba a estar de saberlo.7 Seguimos caminando, dejando atrás una tienda llamada Ha pasado un minuto. Vendía recursos descriptivos para el paso del tiempo; esa semana tenían en oferta especial los cambios de estación.

—Bien, gracias, señorita Havisham —murmuré—, la gente de allí está muy preocupada de que vayan a destruir el libro bajo sus pies.

—Con razón —respondió Havisham—. Lo he leído. Cada día se destruyen cientos de libros como Heights. No pierdas el tiempo ni malgastes energía con ellos. En el Pozo cada cual cuida de sí mismo. Yo me mantendría al margen y no haría demasiados amigos. Tienen la costumbre de morirse justo cuando empiezan a caerte bien. Siempre sucede así. Es narrativo.

—Heights no es mal lugar para vivir —dije, con la esperanza de ganarme su compasión.

—Sin duda —murmuró ella, con la mirada perdida—. Recuerdo cuando estaba en el Pozo, cuando creaban Grandes esperanzas. Era la chica más feliz del mundo cuando me dijeron que iba a trabajar con Charles Dickens. La primera de mi clase en la Universidad Genérica y, modestia aparte, bastante guapa. Creía que haría una joven Estella admirable: tan refinada como hermosa, altiva y orgullosa. Al final superaría el autoritario malhumor de su benefactora irascible para encontrar el amor verdadero.

—Y… ¿qué pasó?

—No era lo suficientemente alta.

—¿Lo suficientemente alta? ¿Para un libro? ¿Eso no es como no tener el color de ojos adecuado para trabajar en la radio?

—Le dieron el papel a una putita que recuperaron de una obra de Thackeray destruida. La vaca. No me extraña que la trate tan mal… ¡ese papel debería haber sido mío!

junio 23, 2010

Jasper Fforde. Perdida en un buen libro.

Filed under: Ci-Fi — Palimp @ 12:32 pm
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Ediciones B, 2007. 350 páginas.
Tit. Or. Lost in a good book. Trad. Pedro Jorge Romero.

Jasper Fforde, Perdida en un buen libro
A fondo

En la segunda parte de las aventuras de Thursday Next se complican las cosas. Si el primer libro parecía un vivieron felices y comieron perdices, en éste toda la felicidad se va al garete y Thursday, además de enfrentarse a la todopoderosa Goliat tendrá también como enemiga a Aornis Hades, hermana de Acheron Hades, el villano de la primera parte de esta serie. Aornis es una mnemonomórfica, capaz de alterar la memoria de las personas.

Fforde construye un universo muy particular abriendo el interior d los libros. Es una pena que la mayor parte de las referencias sean de literatura inglesa, pero se disfruta igual. Lo reseña Mon: Perdida en un buen libro y JJ: Lost in a good book.

Descárgalo gratis (en inglés):

Jasper Fforde – Lost in a Good Book.pdf

(Te hará falta el programa EMule)


Extracto:[-]

El experimento neandertal se concibió para crear lo que se denominaba de manera eufemística «contenedores de pruebas médicas», criaturas vivas lo más parecidas posible a los humanos sin que fueran legalmente humanas, recreadas a partir de células encontradas en un antebrazo de Homo Llysternef neanderthalensis conservado en un cenagal de turba cerca de Llysternef, Gales. El experimento fue un éxito rotundo. Por desgracia para la Goliath, incluso los técnicos médicos más crueles se negaron a realizar experimentos con seres inteligentes capaces de hablar, así que se entrenó al primer grupo de neandertales para ser «unidades de combate desechables», un proyecto que se desestimó en cuanto se descubrió la falta de instinto agresivo de los neandertales. Por consiguiente, se los liberó en la comunidad como mano de obra barata y se convirtieron en una forma apreciada de desgravar impuestos. Machos estériles con una esperanza de vida de unos cincuenta años pronto pasarán a formar parte de la creciente lista de «fracasos» de la industria genética.

GERHARD VON SQUID Neandertales: de vuelta tras una breve ausencia

Las coincidencias son fenómenos extraños. Me gusta la referida a sir Edmund Godfrey, a quien en 1678 encontraron asesinado y abandonado en una cuneta de Greenberry Hill, Londres. Arrestaron y acusaron del crimen a tres hombres: el señor Green, el señor Berry y el señor Hill. Mi padre me había contado que, por lo general, no creaba ningún problema pasar de las coincidencias: no eran más que el descubrimiento aleatorio de un hecho pertinente entre un millón de posibles interconexiones diarias. «Para a un desconocido en la calle —me decía y rebuscad en vuestro pasado. No tardaréis en encontrar una coincidencia asombrosa imposible-de-atribuir-al-azar.»

Supongo que tenía razón, pero no explicaba cómo era posible que dos pinchazos frente a la estación, una radio rota, un billete caído del cielo y un Skyrail llegando en el preciso momento salieran juntos de la nada.

Entré en el único vagón del Skyrail y me senté delante. Las puertas se cerraron con un suspiro y nos deslizamos sin fricción sobre los lagos Cerney mientras atravesábamos Wessex. Estaba allí por alguna razón, me decía, y miraba a mi alrededor buscando cuál podía ser. Ei conductor neandertal del Skyrail tenía la mano sobre el acelerador y miraba el paisaje distraídamente. Se le agitaban las cejas y, ocasionalmente, olisqueaba el aire. El vagón iba casi vacío; siete personas, todas mujeres y ninguna conocida.

—Tres vertical —exclamó una mujer bajita que miraba un periódico doblado, a medias para sí y a medias para las demás—. ¿Dispuesta siempre a curiosear? Once letras.

Nadie respondió. Seguimos moviéndonos y dejamos atrás la estación Cricklade sin parar, para disgusto de una mujer enorme vestida con ropa cara que se enfadó visiblemente y apuntó al conductor con el paraguas.

—¡Eh, tú! —aulló como un capitán durante una tormenta—. ¿Qué haces? ¡Quería bajar en Cricklade, maldito seas!

El conductor no pareció notar el insulto y murmuró una disculpa. Lo que evidentemente no fue suficiente para la mujer chillona y ofensiva, que usó el paraguas para golpear en las costillas al pequeño neandertal. Él no gritó de dolor; se limitó a hacer una mueca, cerrar la puerta del conductor y asegurarla con el cierre. Le quité el paraguas a la mujer, que conmocionada y horrorizada por mi acción gritó:

-¿Qué…?

—No lo haga —le dije—, es desagradable.

—¡Majaderías! —dijo entre carcajadas, de forma estridente y molesta—. ¡No es más que un neandertal!

—Entrometida —dijo una de las pasajeras taxativa, mirando fijamente un anuncio de Gravetubo que se encontraba a la altura de los ojos.

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